Confrontación con un mundo malvado

Confrontación con un mundo malvado

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2/10/2017

Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. (1 Pedro 4:14)

Nadie puede vivir para la gloria de Dios y sentirse totalmente cómodo en este mundo. Usted no debe ser aborrecible ni tratar de ser un inadaptado, pero si su vida es cristiana, entonces sufrirá algunos de los vituperios que soportó Él.

Vivimos en una época en la que muchos quieren hacer el cristianismo fácil, pero la Biblia dice que es difícil. Muchos quieren hacer a los cristianos encantadores, pero Dios dice que serán detestados. El cristianismo debe confrontar el sistema siendo diferente de él. Debe exponer el pecado antes de que pueda mostrar el remedio.

Asegúrese de que su vida refleje su devoción a Cristo. Eso es lo que lo distinguirá a usted del mundo.

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La fe salvadora no se satisface fácilmente

La fe salvadora no se satisface fácilmente

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Devocional por John Piper

Y si en verdad hubieran estado pensando en aquella patria de donde salieron, habrían tenido oportunidad de volver. Pero en realidad, anhelan una patria mejor, es decir, celestial. (Hebreos 11:15-16)

La fe ve el futuro prometido que Dios ofrece y lo «anhela». Insistamos en este pensamiento por un momento.

Hay muchas personas que diluyen lo que es la fe salvadora al hacer de ella una simple decisión que no conlleva ningún cambio en lo que uno desea y busca. Pero el punto de este pasaje es que vivir y morir por fe significa tener nuevos deseos y buscar nuevas satisfacciones.

El versículo 14 dice que los santos de antaño (que son elogiados por su fe en Hebreos 11) buscaban una patria diferente a la que este mundo les ofrecía. El versículo 16, mencionado anteriormente, dice que ellos estaban anhelando algo mejor que lo que una existencia terrenal podía ofrecer en el presente.

Ellos estaban tan aferrados a Dios que nada menos que el cielo podía satisfacerlos.

Esta es la verdadera fe salvadora: ver las promesas de Dios desde lejos y experimentar un cambio en los valores —de manera que uno desee y busque las promesas por encima de lo que el mundo tiene para ofrecer—.

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Mirar hacia arriba

10 Febrero 2017

Mirar hacia arriba
por Charles R. Swindoll

Job 26:1-14

He vivido bastante como para estar convencido de que el sufrimiento no es un enemigo. Parece extraño decir esto, pero la verdad es que el sufrimiento es un amigo. Pero no lo es hasta que reconozcamos que cosecharemos sus beneficios. Job está viviendo un vía crucis. Su desgracia en esta difícil situación lo ha obligado a concentrarse en las cosas que realmente importan.

Por fin he llegado a darme cuenta de que uno de los beneficios de experimentar tiempos de sufrimiento es que mi perspectiva se vuelve vertical. Charles Spurgeon, el gran predicador fue una persona controversial. La prensa de su tiempo disfrutaba grandemente armándole líos. Se aprovechaban de un blanco tan importante.

Normalmente, Spurgeon se defendía bien, pero hubo una ocasión en que comenzó a darse por vencido. Es que todos nosotros tenemos nuestro punto límite. Su esposa notó la depresión que no lo dejaba. Le preocupaba que perdiera su celo y las oportunidades que tenía mientras pasaba por ese período de dificultad, y eso la llevó a hacer algo extraño. Buscó en su Biblia el Sermón del monte donde Jesús dice:

Bienaventurados sois cuando os vituperan y os persiguen, y dicen toda clase de mal contra vosotros por mi causa, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos; pues así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. (Mateo 5:11-12)

Ella copió estas palabras en un pedazo de papel, y las puso en el trecho del dormitorio, sobre la cama de ambos. Cuando el predicador se dio vuelta boca arriba en la cama la mañana siguiente, parpadeó, y estando en esa posición leyó esas palabras, y volvió a leerlas en voz alta. Se enfocó verticalmente en lo que Dios estaba diciendo, y eso le produjo una renovación. Entonces siguió adelante con una nueva pasión. ¡Qué idea tan maravillosa y creativa tuvo la señora Spurgeon!

Lo que trato de decir es esto: Cuando estamos tendidos de espaldas, solo se puede mirar hacia arriba. Mantenga enfocada su atención en Dios, no en su dolor; y ocupe totalmente su mente pensando en Él.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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La cueva de Adulam (1)

La cueva de Adulam (1)

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David… huyó a la cueva de Adulam; y cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, vinieron allí a él. Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres. – 1 Samuel 22:1-2

El rey David es uno de los personajes más conocidos de la Biblia. Es el joven pastor que venció a Goliat, es el autor de numerosos salmos y el primer rey fiel a Dios en Israel. Pero David pasó por muchas dificultades antes de llegar al trono. Fue perseguido por sus enemigos, e incluso tuvo que vivir en una caverna.

Los hermanos de David se reunieron allí con él, persuadidos de que Dios lo había elegido para salvar a su pueblo. Otro grupo de personas también se refugió junto a David; no tenían ningún parentesco con él, pero tenían en común una cosa: lo habían perdido todo. Unos estaban sumidos en la tristeza, otros tenían deudas y otros se hallaban en amargura de espíritu.

La tristeza es ese sentimiento que experimentamos cuando ya no tenemos más puntos de referencia y no sabemos a dónde ir. Pero en una situación así, podemos experimentar realmente la confianza en Dios.

Las deudas pueden ser abrumadoras, pero la mayor de todas es la que tenemos con Dios debido a nuestro pecado. Así como esos hombres fueron a David, nosotros podemos ir al Salvador, quien pagó la deuda en nuestro lugar.

Por último, la amargura en el alma puede evocar el temor de la muerte, perspectiva que da un sabor amargo a las más hermosas alegrías. Refugiémonos en el Señor Jesús, quien dijo: “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25). Él es el Salvador, pero también el jefe y el centro de reunión de los cristianos.

2 Samuel 3:22-39 – Mateo 25:31-26:13 – Salmo 21:8-13 – Proverbios 8:22-27

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Mejor que el dinero, el sexo y el poder

Mejor que el dinero, el sexo y el poder

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Devocional por John Piper

Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa. (Hebreos 10:35)

Tenemos que meditar en la superioridad de Dios como nuestra gran recompensa por sobre todo lo que el mundo tiene para ofrecer. Si no lo hacemos, amaremos el mundo como el resto lo hace, y viviremos como todos los demás.

Tomemos las cosas que mueven al mundo y meditemos en lo bueno y perpetuo que Dios es en comparación. Consideremos el dinero, el sexo o el poder, y pensemos acerca de ellos en relación con la muerte. La muerte acabará con cada uno de ellos. Si vivimos para ellos, no conseguiremos mucho; y lo que lleguemos a conseguir, lo perdemos.

En cambio, el tesoro de Dios permanece, dura, va más allá de la muerte. Es mejor que el dinero porque Dios posee todo el dinero y es nuestro Padre. «Todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios» (1 Corintios 3:22-23).

Es mejor que el sexo. Jesús nunca tuvo relaciones sexuales y fue el ser humano más pleno y completo que existirá por siempre. El sexo es una sombra —una imagen— de una realidad más grande, de una relación y un placer que harán que el sexo parezca un bostezo.

La recompensa de Dios es mejor que el poder. No existe mayor poder humano que el de ser un hijo del Dios Todopoderoso. «¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?» (1 Corintios 6:3).

Y así continúa la lista. Dios es mejor y más permanente que todo lo que el mundo tiene para ofrecer.

No hay comparación. Dios gana —cada vez—. La pregunta es la siguiente: ¿Lo tendremos nosotros a él? ¿Nos despertaremos del trance de este mundo estupefaciente, para en su lugar ver y creer y regocijarnos y amar?

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Sentir lo que Dios siente

Sentir lo que Dios siente

2/9/2017

Sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. (Romanos 14:8)

Recuerdo a una joven que aprendió a sentir dolor cuando no se honraba a Dios. Salió de un pequeño pueblo en Virginia occidental para ir a vivir con un estudiante en la UCLA. Poco después la echó a patadas. Ella anduvo deambulando y trató de quitarse la vida varias veces, pero cada vez sobrevivió. Mi hermana y yo la conocimos y tuvimos la oportunidad de guiarla a Cristo. Poco después de eso ella decidió volver a su pueblo natal para hablarles de Cristo a su mamá y a sus amigas.

Varios meses después, me escribió una carta. Esto es algo de lo que escribió:

“Puedo casi sentir la insoportable tristeza que Dios siente cuando alguien lo rechaza y no lo glorifica. ¡Él es Dios! Él nos hizo. Él nos lo dio todo. Seguimos dudando y rechazándolo. ¡Es horrible! Cuando pienso en cuánto lo herí, espero que algún día yo pueda compensar eso.

“Está muy claro para mí que debe glorificarse a Dios. Él lo merece, y desde hace mucho tiempo. Anhelo decirle a Cristo, y así indirectamente a Dios, que lo amo. Quiero que Dios sea Dios y que ocupe el lugar que merece. Estoy hastiada de ver cómo las personas lo rebajan”.

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¿Quién lo podrá comprender?

9 Febrero 2017

¿Quién lo podrá comprender?
por Charles R. Swindoll

Job 26:1-14

Al leer este pasaje no podemos dejar de pensar: ¡Qué idea tan sobrecogedora! “Bildad, por más admirable que sean todas estas cosas, lo que he mencionado representa apenas los bordes de sus caminos.” ¿No es “bordes” una magnífica palabra? Los bordes, las márgenes exteriores de sus caminos; sólo los callados susurros de su poderosa voz, los murmullos de la omnipotencia. ¡Escúchame, Bildad! ¿Quién lo podrá comprender plenamente? Y pensar que el Dios-Creador atraviesa las millones de galaxias de “los cielos” para dar su atención a este diminuto planeta del tamaño de un fréjol, llamado Tierra, para descender hasta personas como nosotros, sabiendo aun el número de los cabellos que hay en nuestras cabezas.

Se necesita tener una perspectiva así cuando las llagas de mi cuerpo estén supurando y la fiebre no baje. Job termina donde Bildad debió haber comenzado: “¿Quién lo podrá comprender?”

Es cierto. ¡Cuán incomprensibles son sus juicios e inescrutables sus caminos! Pero tenga cuidado aquí. Eso no significa que Él no está al corriente, que no tiene el control, que no tiene un plan. Solo significa que Él no está obligado a darnos explicaciones, y ya que Dios no lo revela todo, no nos quedan sino tres palabras muy honestas, que son útiles cuando provienen de los labios de una persona que no es orgullosa. ¿Cuáles son estas tres palabras? No lo sé.

Pero Dios sí lo sabe, y Él hace bien todas las cosas. Él tiene el control. Yo soy el barro; Él es el Alfarero. Yo soy el discípulo; Él es el Señor. Yo soy la oveja; Él es el Pastor. Yo soy el siervo; Él es el Amo. Eso significa que debo someterme. Que debo humillarme bajo su mano poderosa. Que debo estar dispuesto a ajustar mi vida a lo que Él decida para mí, a escuchar, a aprender, a adaptarme a su dirección cualquiera que esta sea, aunque esté cómodo, feliz o con salud. A esto se le llama obediencia. Job, por ahora, está comenzando a verlo, y cuando llega al final de su breve explicación, pregunta sabiamente: “¿Quién lo podrá comprender?”

Disciplínese para pensar de manera teológica. Hágase el firme propósito de pensar de la manera que Dios lo hace, reconociendo su majestuosa magnificencia. Auto enséñese a sentirse cómodo diciendo las palabras: “No lo sé”. Job pensaba correctamente en cuanto a Dios, y por eso pudo soportar todo, aunque sin comprender el porqué. Quiera Dios que haya más como él. Y que usted sea uno de ellos.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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“reyes” y “césares”

“reyes” y “césares”

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9 FEBRERO

Génesis 42 | Marcos 12 | Job 8 | Romanos 12

La disputa entre Jesús y algunos de sus adversarios que se relata en Marcos 12:13–17 es muy interesante. Marcos dice que los interlocutores de Jesús quisieron atraparle en sus palabras (12:13). Sin duda por eso comienzan con elogios acerca de la solidez de sus principios, como maestro que no está dispuesto a dejarse influenciar por la opinión pública. Pero es un montaje. “¿Está permitido pagar impuestos al césar o no?”, le preguntan. “¿Debemos pagar o no?” (12:14–15).

Pensaban que ya lo tenían atrapado. Si contestaba que “no”, se las tendría que ver con las autoridades romanas, las cuales, evidentemente, no iban a permitir que un predicador religioso en un país tan inestable como este, anduviese por ahí abogando por la desobediencia fiscal. Incluso le podrían ejecutar por traición. Pero si contestaba que “sí”, perdería la confianza de la gente, lo cual le restaría popularidad. Muchos judíos normales y corrientes no sólo sentían un profundo rechazo de los impuestos, sino que planteaban no pocas objeciones teológicas. ¿Cómo podía un judío concienzudo pagar con monedas que llevaban la imagen del emperador, especialmente monedas que le atribuían un título divino? Si los judíos realmente tenían la justicia de su parte, ¿No bajaría Dios para volver a liberar a su pueblo, esta vez de la superpotencia romana? ¿No requiere la fidelidad escrupulosa hacia Dios que no se paguen los impuestos?

Fuese la respuesta que fuese de Jesús, perdería la partida. Pero Jesús se niega a rendirse. En lugar de ello, pide una moneda, pregunta de quién es la imagen y afirma que es legítimo pagar a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Jesús consigue así evitar la trampa, y sus interlocutores quedan atónitos.

Pero aquí hay varios niveles interpretativos. Bajo una teocracia estricta, las palabras de Jesús serían incoherentes: el reino de Dios es mediado a través del rey, de modo que no es tan fácil separar estos dominios el uno del otro. Además, la estructura del antiguo pacto, sobre el papel, estaba estrechamente ligada a un régimen teocrático. No obstante, aquí tenemos a Jesús insistiendo en que sí se debe hacer una distinción entre las reivindicaciones del César y las del Dios viviente.

Por supuesto, esto no significa que el dominio del César sea completamente independiente del dominio de Dios, ni que Dios no mantenga el control providencial. No obstante, es fácil llegar a la conclusión de que Jesús está proclamando aquí un cambio fundamental en la administración de la comunidad del pacto. El locus de la comunidad ya no es un reino teocrático; ahora es una asamblea de iglesias alrededor de todo el mundo, sujetos a muchos “reyes” y “césares”, pero que no rinde culto a ninguno de ellos. Por esto muchos creyentes alrededor del mundo, siguen la línea del no reconocimiento oficial y político de ninguna religión o confesión en particular, en coherencia con esta afirmación por parte del mismo Señor Jesús.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 40). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El poder del perdón de Cristo

El poder del perdón de Cristo

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Vuélvete… dice el Señor; no haré caer mi ira sobre ti, porque misericordioso soy yo, dice el Señor, no guardaré para siempre el enojo. – Jeremías 3:12

Vuélvase al Señor, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. – Isaías 55:7

Lea Juan 21:1-7

Pedro, discípulo de Jesús, pensaba que amaba a su Maestro más que los demás. Sin embargo lo negó tres veces consecutivas (Lucas 22:54-62). Luego, algunos días después de la muerte y resurrección del Señor, Pedro y otros discípulos fueron al lago a pescar. De repente Jesús se acercó. Juan fue el primero en reconocerlo y dijo a Pedro: “¡Es el Señor!” (v. 7). E inmediatamente Pedro se echó al agua para ir al encuentro de Jesús lo más rápido posible.

¿Había olvidado que acababa de negar a su Maestro? ¿No tenía vergüenza? ¿No hubiese hecho mejor manteniéndose alejado y presentarse en último lugar? No, al contrario, Pedro se apresuró a reunirse con él porque entre tanto Jesús había tenido un encuentro con él en privado (Lucas 24:34) y le había asegurado su total perdón. Su actitud no fue inoportuna, pues dio testimonio de la confianza que tenía en el amor de su Maestro.

Creyentes, esto puede darnos ánimo si nos hemos comportado mal, si hemos pecado. Es triste deshonrar al Señor cuando conocemos su amor. Pero si después de haberle confesado nuestro pecado nos mantenemos alejados so pretexto de que somos indignos de acercarnos, dudamos de él. Es escuchar la voz de Satanás, quien trata de mantenernos lejos de Aquel que perdona y quiere restaurarnos.

¡Acerquémonos a nuestro Salvador con confianza y humildad, con la valentía de la fe, pues él nos ama!

Rut 1 – Mateo 1 – Salmo 1 – Proverbios 1:1-6
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Interesados en la gloria de Dios

Interesados en la gloria de Dios

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8 de febrero

No puedes soportar a los malos. – Apocalipsis 2:2

Debemos estar tan interesados en la gloria de Dios que suframos cuando no se le honra. Esa fue sin duda la actitud de David cuando dij «Porque me consumió el celo de tu casa; y los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí» (Sal. 69:9). David sufría profundamente cuando no se honraba a Dios.

Como padre, comprendo lo que David estaba diciendo. Si alguien hiere a uno de mis hijos, me hiere a mí. A menudo he llorado por alguien a quien amo y cuyo corazón estaba quebrantado. Cuando usted se identifique con Dios de esa manera, le interesará su honra mucho más de lo que le ocurre a usted.

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