Ninguna sorpresa

8 Febrero 2017

Ninguna sorpresa
por Charles R. Swindoll

Job 26:1-14

El tacto que le faltó aquí a Job lo compensó con su absoluta honestidad. Pero, francamente, este no era el momento para tener tacto. Bildad ha sido tremendamente duro. Es de dudar que le hubiera puesto atención a Job si este hubiera utilizado un lenguaje suave y diplomático. ¡Job se pone tenaz!

Eso es lo que nos hacen las llagas. Cualquier enfermero o profesional de la salud le dirá, especialmente quienes cuidan de pacientes que sufren un dolor intenso, que el tacto se desvanece a medida que el dolor avanza. Hay algo acerca de la prolongación de la angustia que finalmente lleva al alma a una cruda y desesperante realidad.

Hace muchos años me encontré con estas palabras: “El dolor planta la bandera de la realidad en el fortín de un corazón rebelde”. Incluso en aquellos que han sido tercos y rebeldes, cuando el dolor golpea y persiste, la realidad se presenta en toda plenitud. Eso fue lo que sucedió con Job. Se quitó los guantes, miró fijamente a Bildad, y le habló claro. Este hombre necesitaba esa clase de respuesta.

Hay una breve oración que quisiera sugerirle que la haga cada mañana:

Señor, ayúdame hoy a no hacer más pesada la carga de alguien. Ayúdame a dar aliento a otros. Cuando pueda, hazme capaz de consolar. Y cuando no sepa cómo hacerlo, ayúdame a admitirlo. Cuando sienta dolor y compasión por alguien, ayúdame a expresarlo. Ayúdame a hacer más liviana la carga de los que sufren, en vez de hacerla más pesada.

Si otros están pasando por una situación angustiosa, ellos necesitan nuestra ayuda y nuestra fortaleza. Bildad nunca aprendió ese principio; nunca hizo la oración anterior, qué lástima.

Se produce entonces un curioso cambio de papeles. En vez de que Bildad enseñe a Job, este se convierte en el maestro. Es como si Job hubiera dicho: “Ya que no tienes ninguna respuesta, déjame hablarte del Dios infinito e incomprensible que no nos ha revelado el cómo y el porqué de sus actividades».

Desde el versículo 5 al 13 del capítulo 26, Job le da una lección a Bildad. Le comunica lo que pudiéramos llamar una explicación fascinante y cosmológica. Curiosamente, Job comienza con los espíritus de los que han muerto, para llegar después hasta la cumbre del universo. Job está diciendo de una manera sencilla y directa: “Dios tiene el control de lo más mínimo en cuánto a él. Dios lo conoce, lo entiende, está en medio de él, y se responsabiliza por todo lo que hay en él. Nada de esto es una sorpresa para el Dios vivo”.

Si otros están pasando por una situación angustiosa, necesitan nuestra ayuda.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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«El derecho a una respuesta»

«El derecho a una respuesta»

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8 FEBRERO

Génesis 41 | Marcos 11 | Job 7 | Romanos 11

El intercambio de palabras entre Jesús y algunos de sus adversarios, como viene relatado en Marcos 11:27–33, es uno de los más extraños en los cuatro evangelios. Jesús esquiva una pregunta crucial planteando otra, una pregunta que ellos se ven incapaces de contestar por motivos políticos. ¿Por qué Jesús no contesta la pregunta de ellos de manera clara y directa? ¿No suena esto a mera diplomacia o, lo que sería peor, a un intento de posicionamiento para conseguir ventajas en el juego de poder?

En cierto modo, la cuestión de los principales sacerdotes, los maestros de la ley y los ancianos era perfectamente legítima. ¿Con qué autoridad Jesús desaloja los recintos del templo, acepta los elogios de miles de personas que han acudido para festejar su llegada a Jerusalén montado en un asno, y predica con tanta rotundidad y confianza? No puede reclamar la autoridad de ninguna escuela rabínica, ni de ninguna posición religiosa ni política. Entonces, ¿de qué clase de autoridad se trata?

¿Cómo podía Jesús haber contestado? Si hubiese dicho que hacía estas cosas por propia iniciativa, sus palabras habrían sonado pretenciosas y arrogantes. No podía nombrar ninguna autoridad terrenal adecuada. Si hubiese insistido en que todo lo que decía y todo lo que hacía eran las palabras y hechos de Dios, podían haberle acusado de blasfemia. No es evidente que hubiese podido ofrecer una respuesta verdadera que les hubiese satisfecho y, al mismo tiempo, le hubiese garantizado su integridad física.

Por lo tanto Jesús les dice, en efecto, que contestará su pregunta si ellos primero responden a la suya: “El bautismo de Juan, ¿procedía del cielo o de la tierra? Respondedme” (11:30). Sus interlocutores sopesan sus posibles respuestas en base a la conveniencia política. Si dicen “del cielo”, piensan, él les condenará por no haberse convertido en discípulos de Juan. Peor aún, no pueden dejar de ver en esta pregunta un preludio a la respuesta que pretende darles a la de ellos. Al fin y al cabo, Juan el Bautista apuntaba hacia Jesús. Si reconocen que el ministerio de Juan provenía del cielo, y Juan señalaba a Jesús, entonces Jesús sí ha contestado su pregunta: su ministerio también debía contar con la aprobación de Dios. Pero si dicen “de la tierra”, tendrán en contra suya las muchas personas que valoraban el ministerio de Juan. Por lo cual, guardan silencio y pierden el derecho de recibir una respuesta por parte de Jesús (11:31).

De este intercambio, se pueden sacar varias implicaciones pastorales. En primer lugar, algunas personas son incapaces de captar el verdadero ministerio de Jesús aunque hagan preguntas que parecen penetrantes, puesto que, en realidad, ya han tomado su decisión y sólo buscan más argumentos para destruirle. La segunda es que, a veces, la respuesta más sabia es una respuesta indirecta que evite las trampas mientras que al mismo tiempo ponga de manifiesto la perversidad engañosa del interlocutor. Como creyentes, debemos hablar con claridad, pero no deberíamos ser ingenuos.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 39). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Qué significa ser cristiano?

¿Qué significa ser cristiano?

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En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. – Hechos 4:12

A los discípulos (de Cristo) se les llamó cristianos. – Hechos 11:26

Siendo manifiesto que sois carta de Cristo. – 2 Corintios 3:3

Hoy en día hay mucha confusión con respecto al sentido de esta palabra. Muchas personas dicen que son cristianas simplemente porque fueron bautizadas. Pero si no hay nada más, solo se trata de una etiqueta.

La palabra “cristiano”, al igual que la palabra «cristianismo», tiene la misma raíz, es decir, “Cristo”. Al principio de la historia de la Iglesia, los discípulos de Jesucristo recibieron este calificativo. Un verdadero discípulo es aquel que cree en la persona y en el mensaje de su maestro, y se esfuerza en vivir según sus enseñanzas. Para ser un cristiano, en primer lugar se debe creer en Jesús, aceptarlo personalmente como Salvador y Señor. Es necesario haber nacido “de nuevo” (Juan 3:3), es decir, poseer la vida eterna. Todos los que reconocen que son pecadores y creen que Jesús, al morir en la cruz, sufrió en su lugar el juicio que merecían, pueden recibir esta vida eterna.

Desde el día en que la Iglesia fue formada, ha habido muchas generaciones de cristianos. ¿Han sido todos verdaderos creyentes? Es grave atribuirse el nombre de cristiano sin tener la vida de Dios, sin preocuparse por Jesucristo. El que lo hace lleva una etiqueta que no refleja la realidad.

Cada uno de nosotros debe saber claramente quién es. ¿Soy un verdadero cristiano? ¿He tenido un encuentro personal con Jesucristo? Y si es así, ¿estoy dispuesto a seguir a mi Maestro y a honrarlo en mi vida?

2 Samuel 2 – Mateo 24:29-51 – Salmo 20:6-9 – Proverbios 8:12-16

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Avances importantes en la última hora

Avances importantes en la última hora

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Devocional por John Piper

Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. (Lucas 23:42)

Uno de los enemigos mortales de la esperanza es el hecho de haber tratado de cambiar por mucho tiempo y no haberlo logrado.

Miramos hacia atrás y pensamos: ¿Qué sentido tiene? Aún si lograra hacer un avance importante, no me quedaría mucho tiempo para vivir de esta nueva manera, en comparación con las muchas décadas de fracasos.

El ratero de antaño (el ladrón en la cruz al costado de Jesús) vivió aproximadamente por una hora más antes de morir. Él fue transformado. Vivió en la cruz como un hombre nuevo, con nuevas actitudes y acciones (no más insultos). Pero si el 99.99 % de su vida fue un desperdicio, ¿tendrá importancia el último par de horas de vida como hombre nuevo?

Importa de manera infinita. Este antiguo ladrón, como todos nosotros, se presentará ante el tribunal de Cristo para rendir cuentas por su vida. «Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo» (2 Corintios 5:10). ¿Cómo es que su vida dará testimonio de su nuevo nacimiento y su unión con Cristo en ese día?

Las últimas horas contarán la historia. Este hombre era un hombre nuevo. Su fe era real. Él estaba verdaderamente unido a Cristo. La justicia de Cristo es suya. Sus pecados son perdonados.

Eso es lo que las últimas horas proclamarán en el juicio final. Su cambio era importante. Ese fue, y será, un hermoso testimonio del poder de la gracia de Dios y de la realidad de la fe de ese hombre y de su unión con Cristo.

Regresando a nuestra lucha por cambiar, no digo que los creyentes que luchan por cambiar no sean salvos, como el ladrón. Simplemente estoy diciendo que los últimos años y horas de vida son importantes.

Si en el último 1 % de nuestra vida podemos obtener la victoria sobre un hábito pecaminoso que tuviéramos por muchos años o sobre un defecto dañino de nuestra personalidad, esta victoria será un maravilloso testimonio del poder de la gracia, y será un testimonio añadido (no el único) de nuestra fe en Cristo y nuestra unión con él en el juicio final.

Tengan ánimo, aquellos que luchan. Continúen pidiendo, buscando, tocando. Continúen mirando a Cristo. Si Dios es glorificado al salvar a ladrones en la última hora, ciertamente él tiene un propósito en haber esperado hasta esta hora para darles la victoria que buscaron por tantas décadas.

http://solidjoys.sdejesucristo.org/

El propósito de su Vida

El propósito de su Vida

la-verdad-para-hoy

2/7/2017

Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. (1 Corintios 10:31)

Cuando usted confesó a Jesucristo como Señor, lo hizo para la gloria de Dios. Ahora cualquier otra cosa que usted haga, aun las funciones más comunes de la vida como comer y beber, debe enfocarse en la gloria de Dios. Esa debe ser la actitud fundamental de su vida.

Jesús presentó ese enfoque de esta manera: “Honro a mi Padre… no busco mi gloria” (Jn. 8:49, 50). Usted crecerá espiritualmente cuando siga el ejemplo de Cristo de someter su vida al señorío de Cristo, usted se caracterizará por su humilde deseo de glorificar al Padre.

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Gracia bajo presión

6 Febrero 2017

Gracia bajo presión
por Charles R. Swindoll

Job 24:1-25

Podríamos recorrer toda la lista hasta el final. Hay pecados, hay faltas, hay injusticias. Hay robos, pecados sexuales y maldades ocultas que se realizan en la oscuridad. ¿Y dónde está Dios? Él lo está permitiendo. ¿Por qué razón? “No lo sé”, dice Job. “Creo que Él permite estas cosas con un propósito desconocido para nosotros. ¡Dios lo ha permitido todo!” Quienes cometen el mal muchas veces no reciben castigo. Los que se aprovechan de otros tampoco son castigados. También el sufrimiento inexplicable cae dentro de la misma categoría.

Usted y yo pudiéramos mencionar hechos a lo largo de toda nuestra existencia que el Señor pudo haber impedido, pero no lo hizo. Esto no tiene solamente que ver con el Holocausto de los judíos. Tampoco, simplemente, con las injusticias de la época de las Cruzadas. Tampoco con los sacerdotes de la Iglesia Católica Romana que han abusado sexualmente de jovencitos. Tiene que ver también con toda clase de cosas que pudiéramos nombrar; y Dios pudo haber impedido todas ellas, pero no lo hizo. ¡Esto es un misterio! Ese es el punto. “No puedo justificar el consentimiento de Dios, pero confío en Él”.

Niéguese a creer que la vida está basada en el destino ciego o en la casualidad. Todo lo que sucede, incluso las cosas que usted no puede explicar o justificar, están siendo tejidas como un gigantesco y hermoso tapiz. Desde nuestro lado terrenal todo parece borroso y confuso, extraño y torcido. Pero desde la perspectiva del cielo, es un cuadro increíble. Y lo mejor de todo, es que es para la mayor gloria de Dios. Ahora mismo todo puede parecer confuso, pero un día los detalles convergerán y tendrán perfecto sentido.

Una parte del perfecto plan de Dios se está, entonces, revelando. Usted no puede explicarlo. No puede juntar todas sus piezas aunque lo intentara. No es capaz de entenderlo, y hasta habrá momentos en los que lo rechazará. Pero, como estamos aprendiendo de Job, Dios no le va a pedir permiso. ¿Entonces, qué? Seguimos confiando en Él de todas maneras. Lo escribiré una vez más: Quienes hacen esto descubren, sin tratar de que suceda, que han comenzado a demostrar gracia bajo presión. Conformarse con menos es una existencia miserable.

¿Confía usted en Dios, de todas maneras?

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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“lo que sea, será”

“lo que sea, será”

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7 FEBRERO

Génesis 40 | Marcos 10 | Job 6 | Romanos 10

Confiar en la providencia de Dios no debería confundirse con sucumbir a una actitud fatalista. No tiene nada que ver con el suspiro resignado de “lo que sea, será”. Esto José lo comprendía muy bien (Génesis 40).

En el relato del copero y del panadero del faraón no se nos explica quién era culpable de que, si es que alguno de ellos lo era, sino sólo a quién mandó ejecutar el faraón. Tampoco se nos dice nada sobre la naturaleza del crimen. El énfasis cae más bien en sus respectivos sueños, y en el hecho de que, de todos los que estaban en la cárcel, sólo José es capaz de interpretar los sueños. Las interpretaciones son tan dramáticas, y se cumplen con tanta precisión, que su veracidad no se puede poner en tela de juicio.

José mismo no tiene la menor duda en cuanto al origen de sus poderes. “¿Acaso no es Dios quien da la interpretación?”, pregunta (40:8). Incluso ante el faraón, cuando quizá se podía esperar que hubiese moldeado algo sus explicaciones a fin de embellecer un poco su propia reputación, José insistirá aun con mayor énfasis que él no sabe interpretar los sueños; sólo Dios lo puede hacer (41:16, 25).

No obstante, a pesar de esta lealtad inflexible hacia Dios, de su cándida confesión de sus propias limitaciones, de la pura tenacidad e integridad de su conducta bajo un sufrimiento injusto, José no confunde la providencia de Dios con el fatalismo. Esto se demuestra en este capítulo de dos maneras.

En primer lugar, José está más que dispuesto a explicar su situación al copero (el siervo que será puesto en libertad al cabo de tres días y restaurado a su puesto en la Corte) con la esperanza de que tal vez será liberado (40:14–15). La fe que José ha depositado en Dios no significa que se vuelva pasivo. Toma amplias medidas para lograr mejorar sus circunstancias, con la premisa de que estas medidas deben ser compatibles con la integridad.

En segundo lugar, al describir brevemente las circunstancias que lo condujeron a la cárcel, José no oculta en absoluto la malevolencia de la que ha sido víctima. Insiste en que fue sacado “por la fuerza” del país de los hebreos (40:15). Este punto es importante, puesto que la mayoría de los esclavos llegaron a serlo por circunstancias económicas. Por ejemplo, cuando alguien resultaba insolvente, se vendía a sí mismo como esclavo. Pero este no fue su caso, y quería que Faraón lo supiese. Era una víctima. Además, incluso durante su vida como esclavo en Egipto no había hecho nada por lo que mereciese que se le metiera en la cárcel – lo cual significa que había sido encarcelado injustamente. Por tanto, José no confunde el reino providencial de Dios con la aprobación moral de Dios hacia lo que ocurra.

El fatalismo y el panteísmo carecen de argumentos para distinguir entre lo que es y lo que debería ser. El teísmo bíblico es robusto en cuanto que nos manda confiar en la bondad de Dios mientras que también nos ayuda a confrontar y a oponernos a la maldad que caracteriza a este mundo caído.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 38). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Buscando

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Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.- 1 Pedro 3:18

Testimonio

«Durante mi infancia, mis padres me rodearon de cariño y no me faltó nada. Pero en la adolescencia empecé a hacerme preguntas como: ¿Para qué sirve la vida? Nacemos y crecemos, nos vemos atrapados en un engranaje de una vida que va demasiado rápido para que nos demos cuenta de qué es realmente lo más importante, y vamos tras la felicidad sin poder vivirla nunca.

A los 16 años no tenía respuesta, pero sí una idea precisa: quería vivir la vida al máximo. Consumía drogas y mucho alcohol, de modo que a los 18 años ya tenía una cirrosis. A los 22 años tuve miedo por mi salud y empecé a sentar cabeza. Seguía buscando un sentido para mi vida… Estaba interesado en todas las filosofías que preconizan la paz, la libertad y el amor. Rechazaba las religiones y sus dioses.

A la edad de 25 años, hojeando un evangelio, leí los siguientes versículos: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian” (Lucas 6:27-28). Estas palabras de Jesús resonaron en mi corazón. Al leer los evangelios descubrí que Jesús no era un filósofo, ni un profeta, ni una religión, sino Dios que vino a vivir como un simple hombre para mostrarnos su amor. Sufrió la humillación, el dolor y la muerte. ¡En la cruz dio su vida por mí!

Mi mayor pecado es haberlo ignorado durante tantos años. Para mí Jesús era un extranjero, pero ahora encontré el sentido de mi vida, es decir, amarlo a él y hablar de su amor a mi alrededor».

Patrick

2 Samuel 1 – Mateo 24:1-28 – Salmo 20:1-5 – Proverbios 8:1-11

Confesar a Cristo como Señor

Confesar a Cristo como Señor

la-verdad-para-hoy

2/6/2017

Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. (Romanos 10:9)

Para dar gloria a Cristo, debemos confesarlo como Señor. Eso es parte de la salvación, no un acto subsiguiente. La salvación es cuestión de confesar que Cristo es Dios y, por lo tanto, que Él es soberano en su vida.

Si nunca ha confesado a Jesucristo como Señor, no puede vivir para su gloria. No puede decir: “Niego a Cristo. Él no es mi Salvador ni Señor”, y luego esperar glorificar a Dios. Si usted no honra al Hijo, no honra al Padre (Jn. 5:23). Así que la salvación es el necesario comienzo de glorificar a Dios y, por lo tanto, para el crecimiento espiritual. No se puede crecer hasta que no se haya nacido.

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Gracia bajo presión

6 Febrero 2017

Gracia bajo presión
por Charles R. Swindoll

Job 24:1-25

Podríamos recorrer toda la lista hasta el final. Hay pecados, hay faltas, hay injusticias. Hay robos, pecados sexuales y maldades ocultas que se realizan en la oscuridad. ¿Y dónde está Dios? Él lo está permitiendo. ¿Por qué razón? “No lo sé”, dice Job. “Creo que Él permite estas cosas con un propósito desconocido para nosotros. ¡Dios lo ha permitido todo!” Quienes cometen el mal muchas veces no reciben castigo. Los que se aprovechan de otros tampoco son castigados. También el sufrimiento inexplicable cae dentro de la misma categoría.

Usted y yo pudiéramos mencionar hechos a lo largo de toda nuestra existencia que el Señor pudo haber impedido, pero no lo hizo. Esto no tiene solamente que ver con el Holocausto de los judíos. Tampoco, simplemente, con las injusticias de la época de las Cruzadas. Tampoco con los sacerdotes de la Iglesia Católica Romana que han abusado sexualmente de jovencitos. Tiene que ver también con toda clase de cosas que pudiéramos nombrar; y Dios pudo haber impedido todas ellas, pero no lo hizo. ¡Esto es un misterio! Ese es el punto. “No puedo justificar el consentimiento de Dios, pero confío en Él”.

Niéguese a creer que la vida está basada en el destino ciego o en la casualidad. Todo lo que sucede, incluso las cosas que usted no puede explicar o justificar, están siendo tejidas como un gigantesco y hermoso tapiz. Desde nuestro lado terrenal todo parece borroso y confuso, extraño y torcido. Pero desde la perspectiva del cielo, es un cuadro increíble. Y lo mejor de todo, es que es para la mayor gloria de Dios. Ahora mismo todo puede parecer confuso, pero un día los detalles convergerán y tendrán perfecto sentido.

Una parte del perfecto plan de Dios se está, entonces, revelando. Usted no puede explicarlo. No puede juntar todas sus piezas aunque lo intentara. No es capaz de entenderlo, y hasta habrá momentos en los que lo rechazará. Pero, como estamos aprendiendo de Job, Dios no le va a pedir permiso. ¿Entonces, qué? Seguimos confiando en Él de todas maneras. Lo escribiré una vez más: Quienes hacen esto descubren, sin tratar de que suceda, que han comenzado a demostrar gracia bajo presión. Conformarse con menos es una existencia miserable.

¿Confía usted en Dios, de todas maneras?

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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