Éxodo 3 | Lucas 6 | Job 20 | 1 Corintios 7

20 FEBRERO

Éxodo 3 | Lucas 6 | Job 20 | 1 Corintios 7

Cuando Pablo comienza a contestar a las preguntas de los corintios (“los asuntos que me planteasteis por escrito”, 1 Corintios 7:1), el primer asunto que considera es el matrimonio, y temas relacionados con el mismo (1 Corintios 7). La primera parte de su exposición trata del sexo dentro del matrimonio cristiano (1 Corintios 7:1–7).

(1) Como recurso típico de muchas de sus respuestas a esta iglesia dividida, Pablo pone aquí de manifiesto su sensibilidad pastoral con frase del tipo “Sí… pero”. “’Es mejor no tener relaciones sexuales’. Pero… cada hombre debe tener su propia esposa, y cada mujer su propio esposo” (7:1–2). “Preferiría que todos fuerais como yo. No obstante, cada uno tiene de Dios su propio don” (7:7). En otras palabras, el apóstol no sólo debe responder a sus preguntas, sino también a sus extremos. Idealmente, debe hacerlo uniendo a las facciones, elogiando a quienes aportan luz al asunto, pero al mismo tiempo ayudando a cada parte a darse cuenta de que no posee toda la verdad del tema y que en realidad está distorsionando la sabiduría.

(2) Algunos han traducido 7:1 de la siguiente manera: “Es bueno para el hombre no casarse”. Literalmente, el griego dice: “Es bueno para el hombre no tocar mujer”. Esos traductores suponen que estas palabras constituyen un eufemismo del matrimonio. Recientemente, los expertos han afirmado que ese no es el caso. Aparentemente, algunos cristianos de Corinto fomentaban un estilo de vida ascético. Pablo está preparado para decir que esa perspectiva es meritoria: después de todo, más adelante en el capítulo destaca las ventajas de permanecer célibe para el ministerio del Evangelio. No obstante, el ascetismo no es el único valor; de hecho, puede convertirse en un ídolo, o en una forma de despreciar los buenos regalos de Dios o de negarse a reconocer la diversidad de las bendiciones que el Señor concede a su pueblo. Después de todo, el matrimonio alivia la tensión sexual; decir que esta no existe y agarrarse desesperadamente al ascetismo puede desembocar en repugnantes pecados sexuales (como ha ocurrido con frecuencia). La respuesta social, bíblicamente hablando, no es el sexo libre ni la lascivia, sino el matrimonio, que no solo tiene este valor, por supuesto, aunque es muy real.

(3) Nótese cómo Pablo insiste en que, en el ámbito del matrimonio, los privilegios y responsabilidades sexuales son recíprocos: p. ej., “cada hombre debe tener su propia esposa, y cada mujer su propio esposo “, lo que dista mucho de tratar a la mujer como una esclava. ¿Cuántas afirmaciones recíprocas se encuentran en este párrafo?

(4) Dentro del matrimonio, ninguno de los cónyuges debe privar al otro de las relaciones sexuales normales, excepto si hay consentimiento mutuo o un propósito de dedicarse ambos a la oración. Incluso así, estas excepciones solo deben aplicarse temporalmente. Por tanto, según las Escrituras, el sexo nunca debe utilizarse como un arma, ofrecerse como soborno o retirarse como castigo.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 51). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Éxodo 2 | Lucas 5 | Job 19 | 1 Corintios 6

19 FEBRERO

Éxodo 2 | Lucas 5 | Job 19 | 1 Corintios 6

Nuestros dos pasajes están vinculados de una forma sutil.

La respuesta de Job a Bildad (Job 19) es impactante por su intensidad. Es casi como si estuviese dispuesto a explicar con detalle las tensiones y paradojas de su propia posición. Las palabras de Job se fundamentan en cuatro aspectos esenciales. Primero, Job continúa reprendiendo a sus miserables consoladores por su total falta de apoyo. Incluso aunque se hubiese “desviado” (19:4), no tienen por qué humillarlo. Segundo, Job concreta lo que ha ido dando a entender todo el tiempo: si está sufriendo injustamente y Dios controla la situación, entonces este le está perjudicando (19:6). Una vez más, una serie de versículos describe elocuentemente cómo el Señor lo ha destrozado y ha bloqueado su camino, envolviendo sus sendas en tinieblas. Tercero, Job provee algunas descripciones gráficas de su sufrimiento. Su aliento es repulsivo para su esposa; es repugnante para sus propios hermanos (19:17). En una cultura en que los jóvenes deben respetar a sus mayores, ve que incluso los niños pequeños se mofan de él. Su salud se ha desvanecido; sus amigos más íntimos no tienen piedad o compasión con él. Cuarto, sin embargo, el componente más paradójico es que Job sigue confiando en Dios. En un pasaje conocido por sus dificultades exegéticas (19:25–27), afirma que sabe que su “redentor” vive: se trata de la misma palabra que el libro de Rut utiliza para referirse a Booz (Rut 2:20), y probablemente tenga aquí un matiz de “defensor”. A pesar de lo evidente de sus sufrimientos, afirma que Dios, su defensor, vive, y “al final triunfará sobre la muerte” (a la luz del siguiente versículo, puede ser una referencia escatológica, o puede estar hablando del final del sufrimiento de Job, con Dios permaneciendo sobre su tumba). El propio Job verá al Todopoderoso con sus ojos, algo que su corazón anhela dentro de él.

La integridad y fidelidad de este hombre son asombrosas. Se niega a confesar porque no hay nada que confesar, pero nunca deja de reconocer que sólo Dios es Dios. Satanás está perdiendo su apuesta.

Resulta interesante que Pablo también haga un llamamiento a cierto tipo de integridad a los cristianos de Corinto (1 Corintios 6). La triste dimensión de este capítulo es que al menos algunos corintios estaban poniendo en peligro su integridad por no más razones que las tentaciones habituales sumadas a un deseo subliminal de actuar como la cultura que los rodeaba. No todos estaban pasando por el tipo de presión a la que Job fue sometido. Necesitaban aprender que los pleitos entre hermanos cristianos, cuyo fin era ganar al otro, ya constituían un símbolo de derrota (6:7); que la libertad cristiana nunca es una excusa para hacer lo que quisiesen, pues los creyentes buscan lo que es beneficioso y entienden que su cuerpo pertenece a otro (6:12–20). Job ya sabía estas cosas.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 50). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Éxodo 1 | Lucas 4 | Job 18 | 1 Corintios 5

18 FEBRERO

Éxodo 1 | Lucas 4 | Job 18 | 1 Corintios 5

El segundo discurso de Bildad de Súah (Job 18) contiene una nota de desesperación. Cuando el argumento es débil, algunas personas simplemente gritan más fuerte.

Prácticamente, Bildad comienza diciendo a Job que no tiene sentido hablar con él hasta que adopte una postura sensata (18:2). Job está más que equivocado: es perverso o está loco. Según Bildad, está dispuesto a desbaratar el propio tejido del universo para justificarse: “Es tal tu enojo que te desgarras el alma; ¡mas no por ti quedará desierta la tierra, ni se moverán de su lugar las rocas!” (18:4).

El resto del capítulo se dedica a una terrible descripción de lo que ocurre al impío, que acaba destruido, despreciado, atrapado, sometido a calamidades y desastres, aterrorizado, quemado y apartado de la comunidad. “Borrada de la tierra ha sido su memoria; de su fama nada queda en el país” (18:17). Tanto los pueblos de oriente como los de occidente “se asombran de su suerte” (18:20), una lección moral para aquellos que lo ven.

Llegados a este punto, los tres “consoladores miserables” se han puesto de acuerdo en que Job es impío. A no ser que el último versículo del capítulo sea una simple analogía, la acusación parece ahora intensificarse un poco: “Así es la morada del malvado, el lugar del que no conoce a Dios” (18:21). En otras palabras, Job no es únicamente impío, sino totalmente ignorante de Dios.

Es tiempo de reflexionar sobre este tipo de acusación. Por un lado, lo que Elifaz, Bildad y Zofar siguen diciendo concuerda totalmente con un tema repetido en las Escrituras: Dios es justo, hará justicia, y todo ello se verá. Todo el mundo reconocerá un día que Dios es justo, en la sumisión reverente de la fe o en el terror que clama por rocas y montañas donde puedan esconderse de la ira del Cordero (Apocalipsis 6). Este asunto es recurrente prácticamente en todas las partes importantes de la Biblia. La alternativa al juicio es espantosa: no existe el juicio final y perfecto, por lo que no hay justicia, ni distinción entre lo correcto y lo incorrecto, entre el bien y el mal. De no haber juicio, se estaría negando el significado del mal.

Sin embargo, aplicar esta perspectiva con demasiada rapidez, o mecánicamente, o como si tuviésemos acceso a todos los hechos, es anular el significado del mal desde otro ángulo. El sufrimiento inocente (como hemos visto) está descartado. Llamar malo a un buen hombre a fin de preservar el sistema no solo es personalmente cruel, sino que relativiza el bien y el mal; cuestiona a Dios al decir que no existe diferencia entre ambos. En algunas ocasiones, debemos apelar simplemente al misterio de la impiedad.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, pp. 49–50). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 50 | Lucas 3 | Job 16–17 | 1 Corintios 4

17 FEBRERO

Génesis 50 | Lucas 3 | Job 16–17 | 1 Corintios 4

Cuando Job responde al segundo discurso de Elifaz, sus primeras palabras son tan poco moderadas como las de sus oponentes, aunque, sin duda, más provocadoras (Job 16–17): “He escuchado muchas cosas como estas; ¡valiente consuelo el de todos vosotros!” (16:2). Aparentemente, han venido a compadecerse de él y consolarlo (2:11), pero cada vez que abren la boca sus palabras son como cera hirviendo sobre heridas abiertas. Desde la perspectiva de Job, pronuncian “peroratas” que no tienen “fin” (16:3). Job declara que, si se intercambiasen sus papeles, él no se rebajaría a su nivel, sino que les proporcionaría aliento y alivio genuinos (16:4–5).

Existe una forma de emplear la teología y sus argumentos que hiere en lugar de curar. No es culpa de estos, sino del “consolador miserable” que se ciñe a un fragmento inapropiado de la verdad, cuyo manejo de los tiempos no es el adecuado, cuya actitud es condescendiente, cuya aplicación es insensible o cuya verdadera teología se fundamenta en tópicos culturales que hacen daño en lugar de consolar. En tiempos de gran angustia y pérdidas, he recibido muchas veces el ánimo y la sabiduría de otros creyentes; algunos de ellos también me han dado algún golpe, sin que fuesen conscientes de que estaban haciéndolo. Eran consoladores miserables.

Por supuesto, esas experiencias me han llevado a preguntarme cuándo habré utilizado la Palabra de forma errónea, causando un dolor parecido. No quiere decir que nunca se deba administrar la clase de amonestación bíblica que induce adecuadamente al dolor: Dios ordena que se aplique la disciplina justificada (Hebreos 12:5–11). Es triste, sin embargo, que cuando causamos daño a otra persona por nuestra aplicación de la teología, demos por hecho de forma natural que el mismo se debe a su torpeza. Puede ser, pero al menos deberíamos examinarnos, analizar nuestras actitudes y argumentos con detenimiento para que no nos engañemos mientras oprimimos a otros.

La mayor parte del resto del discurso de Job se dirige a Dios y se sumerge profundamente en la retórica de la desesperación. No es sabio condenar a Job si nunca hemos experimentado lo que él. No querríamos hacerlo si hubiésemos pasado por sus calamidades. Para comprender su retórica correctamente, y hacerlo a un nivel más profundo que el meramente intelectual, deben confluir dos cosas: en primer lugar, deberíamos estar seguros de que el nuestro es un sufrimiento inocente. En cierta medida, podemos comprobarlo comparando nuestro propio historial con el modelo excepcional que Job mantuvo (véase especialmente caps. 26–31). En segundo lugar, por muy amarga que sea nuestra queja a Dios, nuestra postura seguirá siendo la de un creyente que trata de solucionar las cosas, no la de un cínico que menosprecia al Señor.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 48). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 49 | Lucas 2 | Job 15 | 1 Corintios 3

16 FEBRERO

Génesis 49 | Lucas 2 | Job 15 | 1 Corintios 3

El libro de Job comienza ahora un segundo ciclo de reflexiones de Elifaz, Bildad y Zofar, con respuestas de Job en cada caso (Job 15–21). Los argumentos se repiten de muchas formas, pero con más intensidad. Casi como si fuesen conscientes de esta repetición, los tres amigos dicen menos esta vez que en la primera ronda.

Hoy seguiremos brevemente la línea de pensamiento del segundo discurso de Elifaz (Job 15):

(1) Comienza atacando (15:2–6). Desde su perspectiva, Job no puede ser un hombre sabio, porque responde con “vana sabiduría” y “explota en violenta verborrea”, exponiendo “argumentos vanos” (15:2–3). La consecuencia es que incluso socava la piedad y dificulta la devoción a Dios (15:4). Elifaz cree que quien piense que Dios no reparte el castigo con justicia está atentando contra las bases morales del universo. La causa de estos sentimientos renegados solo puede ser el pecado: “Tu maldad pone en acción tu boca; hablas igual que los pícaros” (15:5).

(2) Elifaz vuelve a la cuestión de la autoridad sin responder a ninguno de los argumentos de Job. Este ha declarado que es tan anciano, experimentado y sabio como cualquiera de los que le atacan; Elifaz responde con sorna: “¿Eres acaso el primer hombre que ha nacido? ¿Naciste acaso antes que los montes?” (15:7). Job es un anciano, pero otros muchos comparten las opiniones de aquel (15:10). Peor aún, al querer morir y justificarse delante de Dios, Job está declarando que las consolaciones del Señor, todas las que los tres amigos han estado exponiendo bondadosamente, no son suficientes para él (15:11). Es como si Job quisiese someter a Dios a juicio.

(3) Sin embargo, ¿cómo es posible esto? Dios es tan santo que incluso el propio cielo no es puro a sus ojos (15:14–15): “¡Cuánto menos confiará en el hombre, que es vil y corrupto y tiene sed del mal!” (15:16). Por tanto, Elifaz repite la parte principal de su reflexión (15:17–26): el impío sufre tormentos de varias clases todos sus días, “y todo por levantar el puño contra Dios y atreverse a desafiar al Todopoderoso. Contra Dios se lanzó desafiante, blandiendo grueso y resistente escudo” (15:25–26).

(4) Elifaz dice que donde existan aparentes excepciones a esta regla, el tiempo las destruirá (15:27–35). Estos impíos podrán estar bien alimentados y ser prósperos durante años, pero finalmente la justicia de Dios les dará caza. El sentido es obvio: Job no solo es impío, sino que su pasada prosperidad no era otra cosa que la calma anterior a la tempestad que ha quebrantado y puesto de manifiesto su miserable maldad.

Reflexionemos en lo correcto y lo incorrecto de este argumento.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 47). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 48 | Lucas 1:39–80 | Job 14 | 1 Corintios 2

15 FEBRERO

Génesis 48 | Lucas 1:39–80 | Job 14 | 1 Corintios 2

Algunos han utilizado 1 Corintios 2:1–5 para sugerir que la forma en que Pablo predicó en Atenas fue un error (Hechos 17:16–31) y que, cuando el apóstol llegó a Corinto, él mismo lo reconoció. En el pasaje que nos ocupa, el apóstol dice: “Me propuse más bien, estando entre vosotros, no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de éste crucificado”. Tan lejos de la predicación del Areópago en Hechos 17, tan sólo ateniéndose al simple Evangelio.

Existen buenas razones para rechazar esta interpretación:

(1) Esta no es la lectura natural de Hechos. Conforme vamos avanzando en este libro, no encontramos ninguna señal que advierta de que Pablo se está equivocando en ese punto. Esta falsa interpretación se produce al leer Hechos y 1 Corintios 2 de forma incorrecta y vincular ambos pasajes.

(2) La teología del discurso del Areópago concuerda perfectamente con la que Pablo expresa en Romanos.

(3) Al final de Hechos 17, el texto griego no dice creyeron unos pocos, como si fuese una valoración despectiva o condenatoria, sino que “ciertas personas” creyeron. Esta expresión coincide con otras afirmaciones parecidas en Hechos.

(4) En Atenas, Pablo ya había estado predicando, no solo en la sinagoga a personas familiarizadas con las Escrituras, sino también en el mercado, donde estas no se conocían (Hechos 17:17). Había compartido “las buenas nuevas” (Hechos 17:18), el Evangelio.

(5) Claramente, no dejaron a Pablo terminar de hablar en Hechos 17. Había establecido el único marco en que el Evangelio es coherente: un Dios trascendente, soberano, providencial, personal; la creación; la caída en la idolatría; el transcurso de la historia redentora; el juicio final. Se dirigía hacia la resurrección de Jesús y más cosas, cuando le interrumpieron.

(6) Pablo no era un novato. Había pasado por veinte años de duro ministerio (léase 2 Co. 11), en gran parte ante paganos que no conocían las Escrituras. Es ridículo suponer que se asustó en esta ocasión, modificando el Evangelio.

(7) Hechos 17 muestra que Pablo piensa desde un punto de vista mundano. Incluso después de 1 Corintios 2, el apóstol sigue haciéndolo: en 2 Corintios 10:5, lo encontramos esforzándose por someter “todo pensamiento” a Cristo, y el contexto indica que estas palabras no se refieren solamente a pensamientos aislados sino a la forma de entender la vida en su totalidad.

(8) 1 Corintios 2:1–5 no dice que la decisión del apóstol de no predicar otra cosa que la cruz fuese provocada por los antecedentes de Atenas (como si estuviese confesando que se equivocó allí), sino por los de Corinto, que amaban la elocuencia y la retórica por encima del contenido. Pablo no cae en la simple oratoria: decide hablar únicamente “de Jesucristo y, de éste, crucificado”.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 46). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 47 | Lucas 1:1–38 | Job 13 | 1 Corintios 1

14 FEBRERO

Génesis 47 | Lucas 1:1–38 | Job 13 | 1 Corintios 1

La respuesta de Job a Zofar ocupa tres capítulos (Job 12–14), el primero de los cuales formaba parte de la lectura de ayer. En él, Job acusa a Zofar y a sus amigos, con un lenguaje mordaz, de hablar de tópicos tradicionales y creer que sus palabras son profundas: “¡No hay duda de que vosotros sois el pueblo! ¡Muertos vosotros, morirá la sabiduría!” (12:2). Job añade: “Pero yo soy tan listo como vosotros; en nada siento que me aventajéis. ¿Quién no sabe todas estas cosas?” (12:3). Se está refiriendo a la soberanía, la grandeza, el poder y la sabiduría inconmensurables. Así pues, Job invierte la mayor parte del capítulo 12 repasando esta visión de la grandeza de Dios y profundizando en ella.

Sin embargo, aquí, en el capítulo 13, Job lleva su reflexión un paso más lejos. La base común que comparte con estos tres amigos es bastante simple: “Todo esto lo han visto mis ojos; lo han escuchado y entendido mis oídos. Yo tengo tanto conocimiento como vosotros; en nada siento que me aventajéis” (13:1–2). La pregunta es qué hacer con la soberanía trascendente del Señor. Sus amigos utilizan esta base para argumentar que un Dios así puede descubrir el mal y castigarlo; el mismo Job lleva este argumento en otra dirección.

En primer lugar, lejos de encogerse de miedo al reflexionar sobre la identidad de Dios, Job quiere hablar con el Todopoderoso, debatir su caso con él (13:3). Su conciencia está realmente limpia y él quiere demostrarlo. Está convencido de que, si se le concediese audiencia, el Señor al menos sería justo.

En segundo lugar, como contraste, los amigos miserables simplemente le calumnian con mentiras (13:4). Job les dice: “¡Cómo médicos no valéis nada!” (13:4). No hacen lo más mínimo para ayudarle en su dolor.

En tercer lugar, y peor aún, Job afirma que ellos mienten “en nombre de Dios”, que hablan de él “con engaños” (13:7). No pueden encontrar evidencias concretas de pecado en la vida de Job, pero, aun así, creen que están hablando por Dios cuando insisten en que debe ser realmente malo. De ahí que, en su “defensa” de Dios, digan falsedades y cosas injustas acerca de Job: mienten “en nombre de Dios”. ¿Cómo pueden agradar al Señor sus afirmaciones? Los fines no justifican los medios. Siempre es importante decir la verdad y no falsear los hechos para que encajen en nuestras predisposiciones teológicas. Es mucho mejor admitir la ignorancia o plantear un misterio que mentir.

En cuarto lugar, el propio Job, por mucho que desee dialogar con Dios, sigue sin hablar como un agnóstico. Ciertamente, Job quiere pasar un día en el tribunal divino. No obstante, Dios sigue siendo Dios para él, y así lo confiesa: “¡Que me mate! ¡Ya no tengo esperanza!” (13:15). Incluso la traducción alternativa (“aunque él me mate, seguiré esperando en él”, nota en NVI) reconoce que Dios es Dios: la diferencia está en la respuesta de Job

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, pp. 44–45). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 46 | Marcos 16 | Job 12 | Romanos 16

13 FEBRERO

Génesis 46 | Marcos 16 | Job 12 | Romanos 16

Los últimos tres versículos de Romanos son extraordinarios (Romanos 16:25–27). Constituyen formalmente una doxología, palabras de alabanza a Dios, al que se presenta como el “que puede fortaleceros a vosotros conforme a mi evangelio” (16:25), y que vuelve a mencionarse en el versículo 27: “¡Al único sabio Dios, sea la gloria para siempre por medio de Jesucristo! Amén”. Así pues, en este contexto, la sabiduría de Dios, presupuesta en la expresión “al único sabio Dios”, se pone de manifiesto en su capacidad para establecer a los cristianos romanos por el evangelio de Pablo.

Este evangelio se describe más detalladamente en las líneas intermedias y aquí la sabiduría de Dios es particularmente sorprendente. Se nos dice que él fortalece a las personas por el Evangelio, por la proclamación de Jesucristo, según la revelación del misterio escondido durante largos siglos (16:25). En cierto sentido, no quedaba claro en qué se centraba el Evangelio, ni su alcance. Permaneció en secreto hasta la venida de Jesucristo. Incluso cuando él estuvo aquí, sus propios discípulos no comprendieron, antes de la cruz y la resurrección, que él, el Mesías, también sería el siervo sufridor que pasaría por una muerte odiosa para redimir a los pecadores perdidos.

Sin embargo, aunque este Evangelio se mantuvo escondido “durante largos siglos”, ahora es “revelado por medio de los escritos proféticos, según su propio mandato (16:26). Suena como si el Evangelio hubiese sido revelado “por medio de los escritos proféticos”, esto es, por medio de las Escrituras. Así pues, por un lado, ha sido escondido en el pasado pero ahora es revelado; por otro lado, ha sido profetizado en el pasado, y ahora se cumple. ¿Cómo pueden ser ciertas ambas cosas de forma simultánea?

Parte de la respuesta se encuentra en las formas en que el Evangelio se predice en el Antiguo Testamento. Muchas de las predicciones vienen envueltas en “tipos” o modelos de lo venidero. Una vez cumplidas, podemos ver que Jesús es el verdadero templo, el lugar de reunión definitivo entre Dios y los pecadores creados a su imagen; el verdadero Cordero pascual; el sacerdote supremo; el “Hijo de Dios”; el rey davídico definitivo. De hecho, descubrimos muchas pistas a lo largo del camino. Por ejemplo, leemos las profecías de un nuevo pacto y reflexionamos en cómo tales anuncios vuelven obsoleto el nuevo pacto en principio y nos llevan a esperar una nueva configuración. Sin embargo, nadie esperaba que la misma persona cumpliese todas estas imágenes y tipos en sí mismo. De hecho, algunos judíos del primer siglo esperaban dos mesías, uno davídico y otro sacerdotal. No obstante, vemos a Jesús y su Evangelio, predicho de forma exhaustiva, aunque escondido durante siglos, y ahora revelado “para que todas las naciones obedezcan a la fe” (16:26).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 44). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 45 | Marcos 15 | Job 11 | Romanos 15

12 FEBRERO

Génesis 45 | Marcos 15 | Job 11 | Romanos 15

Comentaremos brevemente las dos lecturas del día.

El discurso de Zofar (Job 11) sigue desarrollando el drama del libro de Job. Al igual que Bildad, Zofar comienza condenando las palabras de Job (11:2–3). Para él, parece que este pretende ser perfecto: “Tú afirmas: ‘Mi postura es la correcta; soy puro a los ojos de Dios’ “(11:4). Job había estado deseando que el Señor le contestase. Eso está muy bien, responde Zofar: “¡Cómo me gustaría que Dios interviniera y abriera sus labios contra ti!” (11:5). No menos que Job, le encantaría que el Señor contestase, pues está bastante seguro de que, si lo hiciese, reprendería a Job con dureza.

Sólo por un momento, Zofar parece acercarse al argumento correcto. Comienza a hablar del conocimiento y la sabiduría insondables del Todopoderoso, muy lejos de la capacidad humana. Si únicamente hubiese dicho eso, se habría anticipado a parte de la réplica del propio Dios más adelante en el libro (caps. 38–41). Tristemente, sin embargo, se vuelve enseguida hacia una dirección errónea, siguiendo el mismo camino que Elifaz y Bildad: un Dios tan grande en conocimiento puede ciertamente reconocer a los hombres mentirosos, y “cuando percibe el mal, no lo pasa por alto” (11:11). Una vez más, el argumento degenera en una teoría de la recompensa bastante mecánica. No existe la categoría del sufrimiento inocente. Job debe de ser muy malo, porque está sufriendo mucho; la única opción razonable para él es apartarse del pecado que obviamente debe estar envolviéndolo (11:13–20).

El segundo pasaje es bastante diferente. Consideremos la forma en que Pablo exhorta a los romanos a orar: “Os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que os unáis conmigo en esta lucha y que oréis a Dios por mí. Pedidle que me libre de caer en manos de los incrédulos que están en Judea, y que los hermanos de Jerusalén reciban bien la ayuda que les llevo. De este modo, por la voluntad de Dios, llegaré a vosotros con alegría y podré descansar entre vosotros por algún tiempo. El Dios de paz sea con todos vosotros. Amén” (Romanos 15:30–33). Nótese: (a) Pablo pide que oren por él. (b) Si los romanos reaccionan orando, se unirán a Pablo en sus luchas por medio de sus plegarias. (c) La lucha particular que Pablo tiene en mente es su relación con los incrédulos de Judea; quiere que su servicio para los pobres allí sea tan aceptable que pueda partir rápidamente y dirigirse a Roma. (d) Dentro del contexto del capítulo, este viaje a Roma forma parte de su plan de evangelizar España. En otras palabras, el apóstol pide oraciones que impulsarán el Evangelio de diversas formas.

¿Por qué cosas ora usted habitualmente?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 43). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 44 | Marcos 14 | Job 10 | Romanos 14

11 FEBRERO

Génesis 44 | Marcos 14 | Job 10 | Romanos 14

Job 10 es la segunda parte de la respuesta de Job a Bildad de Súah. Este ha declarado que Dios no puede pervertir la justicia (Job 8; véase la meditación del 9 de febrero). En el capítulo 9, Job contesta, con bastante impaciencia, que sabe todo eso: “Sé muy bien que esto es cierto” (9:2). Job no tiene dudas de que él, como los demás mortales, tampoco está al margen de la justicia sin igual de Dios: “¿Cómo puede un mortal justificarse ante Dios?” (9:2). Por ello, Job argumenta que ese es precisamente el problema: en este caso particular, insiste en que es intachable (9:21), libre de cualquier mal que pudiese haber atraído las desgracias caídas sobre él, pero Dios sigue sin contestar.

Ciertamente, no es más malvado que muchos de sus contemporáneos que han permanecido indemnes con el paso de los años. No obstante, ¿cómo puede un simple mortal presentar su caso ante el Todopoderoso? “Dios no es hombre como yo, para que juntos comparezcamos ante un tribunal” (9:32). Ni siquiera hay disponible un árbitro adecuado (9:33). En cuanto a los “amigos” de Job, estos aumentan su sufrimiento, porque no admitirán que él es inocente (9:28); están más que ansiosos por lanzarlo a la ciénaga más cercana para demostrar que está sucio (9:30–31).

Job se dirige ahora a Dios (cap. 10). Quiere saber las acusaciones de este contra él (10:2). Lleno de una amargura que él mismo reconoce (10:1), Job pregunta: “¿Te parece bien el oprimirme y despreciar la obra de tus manos mientras te muestras complaciente ante los planes del malvado?” (10:3). Seguramente, Job está preparado para reconocer que Dios lo formó en la matriz, lo alimentó cuidadosamente, le dio la vida y lo protegió en su providencia (10:8–12). Sin embargo, parece que ahora hay otra vertiente: el Señor no sólo lo cazará si peca, sino que, incluso siendo inocente, se da cuenta de que no puede responder a Dios o luchar contra las presiones que este es capaz de provocar (10:13–17). Entonces, ¿por qué permitió el Señor que naciese? ¿Por qué no murió nada más nacer, siendo llevado directamente de la matriz a la tumba (10:18–22)?

Esta es la retórica de la angustia y la desesperación. Seguimos esperando la respuesta de Dios. Sin embargo, Romanos 14 puede tener algo que decir a los miserables “amigos” de Job: “Por lo tanto, esforcémonos por promover todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificación” (14:19). Por supuesto, en el contexto de Romanos 14, Pablo se está centrando en la contención del cristiano por el bien de los demás, especialmente en el asunto de comer alimentos ofrecidos a los ídolos (como en 1 Corintios 8; véase la meditación del 3 de septiembre en el volumen 1). No obstante, el principio más general se aplica a los amigos de Job: ¿hablan estos desde un compromiso apasionado por la “edificación mutua” o desde una autojustificación miedosa?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 42). Barcelona: Publicaciones Andamio.