Génesis 43 | Marcos 13 | Job 9 | Romanos 13

10 FEBRERO

Génesis 43 | Marcos 13 | Job 9 | Romanos 13

“No tengáis deudas pendientes con nadie, a no ser la de amaros unos a otros. De hecho, quien ama al prójimo ha cumplido la ley” (Romanos 13:8). Algunos cristianos han utilizado este versículo para argumentar que toda deuda es injusta y condenada por Dios. Pagad las cosas en el momento. “No tengáis deudas pendientes con nadie”. Algunos llegan a declarar que no es correcto recurrir a una hipoteca para comprar una casa o construir una iglesia.

El desarrollo del pasaje, sin embargo, desautoriza esta interpretación. Los primeros versículos exhortan a los cristianos a someterse a las autoridades civiles, no solo porque Dios las haya constituido, sino también porque, cuando cumplen adecuadamente con sus funciones, refuerzan lo correcto y castigan lo que no lo es (13:1–4). Así pues, es importante someterse a tales autoridades, no solo para evitar en castigo, “sino también por razones de conciencia” (13:5): los cristianos quieren mantener limpia su conciencia cumpliendo con sus obligaciones. Por esta razón pagamos impuestos. Las autoridades civiles “están al servicio de Dios, dedicadas precisamente a gobernar” (13:6). Como otros siervos de Dios, en ocasiones son desobedientes y necios, pero, en el orden de la sociedad establecido por el Señor, los impuestos sustentan a los que tienen asignada la tarea de gobernar. Por tanto, debemos pagar lo que debemos: “Si debéis impuestos, pagad los impuestos; si debéis contribuciones, pagad las contribuciones” (13:7).

De forma más general, pagad todo lo que debáis: “Al que debáis respeto, mostradle respeto; al que debáis honor, rendidle honor. No tengáis deudas pendientes con nadie, a no ser la de amaros unos a otros” (13:7–8).

Entonces, en este contexto, “deuda” solo hace referencia a las obligaciones económicas de forma secundaria. El pasaje tiene relación con las obligaciones continuas de las relaciones personales en una sociedad ordenada por Dios. Además, en lo que respecta a las finanzas, algunos de nuestros deberes, como los impuestos, se pagan una y otra vez; igualmente, en un préstamo hipotecario, cuando llegan las letras, las pagamos. Existen razones de todo tipo por las que sería mejor evitar las deudas fiscales, pero no es esta la reflexión que el apóstol está haciendo aquí.

La forma como Pablo habla acerca del amor, calificándolo como una deuda pendiente, refuerza el sentido. Algunas “deudas”, como los impuestos, se repiten; la del amor, más que repetirse es continua: siempre está con nosotros. Los mandamientos relativos a las relaciones horizontales (lo que actualmente llamaríamos relaciones sociales) pueden resumirse en esta única norma: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (13:9; Levítico 19:18). El amor es, pues, el “cumplimiento” de la ley (13:10), esto es, aquello hacia lo cual la ley apunta en esta época de consumación escatológica (13:11–14), y en esto siempre estamos en deuda.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, pp. 41–42). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 42 | Marcos 12 | Job 8 | Romanos 12

9 FEBRERO

Génesis 42 | Marcos 12 | Job 8 | Romanos 12

Bildad de Súah se escandaliza con la respuesta de Job a Elifaz y ofrece su mordaz refutación (Job 8).

“¿Hasta cuándo seguirás hablando así?”, pregunta. “¡Tus palabras son un viento huracanado!” (8:2). Diríamos que no son sino pura demagogia. Desde la perspectiva de Bildad, Job está acusando a Dios de pervertir la justicia. “¿Acaso pervierte Dios la justicia?” (8:3). No obstante, Bildad no puede permitir que esta reflexión quede como un simple asunto teológico a debatir por expertos en la materia. Bildad explica ahora las insinuaciones de su pregunta retórica, algo que debió doler profundamente a Job: “Si tus hijos pecaron contra Dios, él les dio lo que su pecado merecía” (8:4). En otras palabras, la explicación correcta de la tempestad que mató a los diez hijos de Job (1:18–19) es que estos merecían lo que les ocurrió. Según Bildad, decir otra cosa significaría que Dios es injusto, que pervierte la justicia. Por tanto, el camino que debe seguir Job es volver la mirada a Dios y pedir perdón al Todopoderoso (8:5). Si se humilla y es verdaderamente puro y recto, el Señor lo restaurará “al lugar que le corresponde”. De hecho, las fabulosas riquezas de las que Job disfrutaba parecerán insignificantes en comparación con las recompensas que recibirá (8:6–7).

Bildad apela a la tradición de toda la vida, “las generaciones pasadas”, para reforzar su autoridad. Las opiniones que tanto él como sus amigos expresan no son ideas modernas, sino la tradición recibida. Ellos, independientemente de su edad, solo han aprendido por experiencia lo que puede probarse en una vida. Sin embargo, apelan a la información acumulada durante generaciones, que dice que los impíos y los que olvidan a Dios perecen como los juncos sin agua; tienen la estabilidad de los que se apoyan sobre una telaraña (8:11–19). En cambio, “Dios no rechaza a quien es íntegro, ni brinda su apoyo a quien hace el mal” (8:20).

En términos generales, este argumento es el mismo que el de Elifaz, expresado quizás sin rodeos; mientras este mencionó visiones nocturnas, Bildad apelaba a la tradición recibida. Una vez más, este punto de vista es acertado en parte. Por un lado, en una escala eterna, es correcto concluir que Dios vindica la justicia y condena la impiedad. Sin embargo, mientras Bildad expresa el caso, pretende conocer más de los hechos del Señor de lo que realmente sabe (ni él ni Job están al corriente de lo ocurrido entre bambalinas en el capítulo 1), y lo que es peor, aplica su doctrina de forma mecánica y carente de visión, condenando a un hombre justo.

¿Se le ocurren ejemplos de situaciones en que una aplicación prematura o desequilibrada de la verdad bíblica ha demostrado ser fundamentalmente equivocada?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 40). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 41 | Marcos 11 | Job 7 | Romanos 11

8 FEBRERO

Génesis 41 | Marcos 11 | Job 7 | Romanos 11

En la segunda parte de su respuesta a Elifaz, Job de dirige directamente a Dios (Job 7), aunque se supone que debemos entender que Elifaz y sus amigos están escuchando su dolorosa oración. De hecho, como veremos, existe una estrecha relación entre los capítulos 6 y 7.

Los primeros diez versículos de conmovedores lamentos, llenos de descripciones de noches sin dormir y llagas infectadas, se centran en “recordar” a Dios lo breve de la vida humana. Existe una expresión contemporánea que dice que la vida es dura, y después morimos; de forma más prosaica, Job pregunta: “¿No tenemos todos una obligación en este mundo? ¿No son nuestros días como los de un asalariado?” (7:1). Físicamente, no durará mucho más.

Job razona: “Por lo que a mí respecta, no guardaré silencio; la angustia de mi alma me lleva a hablar, la amargura en que vivo me obliga a protestar” (7:11). Job dice a Dios que no es un monstruo, le pregunta por qué la toma entonces con él. Su vida no tiene sentido (7:16); preferiría morir estrangulado en lugar de vivir como lo está haciendo (7:15).

¿Por qué presta Dios tanta atención a un simple mortal como Job (7:17–18)? Aunque no es consciente de haber cometido pecado alguno en su vida para atraer semejante sufrimiento, Job sabe que es pecador. Sin embargo, ¿por qué está sufriendo tanto? “Si he pecado, ¿en qué te afecta, vigilante de los mortales? ¿Por qué te ensañas conmigo? ¿Acaso te soy una carga?” (7:20).

Ahora debería ser más fácil ver la relación de este capítulo con la reflexión del final del 6. Allí, Job dice a Elifaz que su integridad (la de Job) está en juego. El sentido del argumento de Elifaz era que Job debía estar sufriendo por pecados que nunca había confesado; el camino a seguir era la abnegación y la confesión. Sin embargo, este contesta que sus amigos deberían seguir siéndolo; que lo están condenando porque no pueden comprender que una persona inocente pueda sufrir; que su reprensión pone en duda la integridad de la que ha hecho gala durante toda su vida. En el capítulo 7, cuando Job se dirige a Dios, su postura es totalmente acorde con lo que acaba de decir a Elifaz. Lejos de confesar el pecado, le declara que está siendo atormentado, o que si ha pecado, no ha hecho nada para merecer este tipo de minuciosa atención y doloroso juicio. De hecho, falta muy poco para que insinúe que el propio Dios no es justo, pero Job mantiene su integridad.

Así pues, el drama de este libro se va desarrollando. Aún queda camino por explorar. Entretanto, meditemos sobre Job 42:7.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 39). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 40 | Marcos 10 | Job 6 | Romanos 10

7 FEBRERO

Génesis 40 | Marcos 10 | Job 6 | Romanos 10

La respuesta de Job a Elifaz ocupa dos capítulos. En Job 6, expone lo siguiente:

(1) En los primeros versículos (6:1–7), Job afirma que tiene muchas razones por las que lamentarse de su situación: es imposible calcular su angustia y su desgracia (6:2–3). También reconoce algo obvio: en su universo, Dios mismo debe estar de alguna forma detrás de estas calamidades. “Las saetas del Todopoderoso me han herido, y mi espíritu absorbe su veneno” (6:4). Ni siquiera un asno rebuzna sin una razón (6:5). Así pues, ¿por qué lo trataban sus amigos como si estuviese quejándose sin razón?

(2) Job expresa su petición más profunda: que Dios simplemente le destruya. “¡Si Dios se decidiera a destrozarme por completo, a descargar su mano sobre mí, y aniquilarme!” (6:9). Es algo más que un deseo de morir: “Aun así me quedaría este consuelo, esta alegría en medio de mi implacable dolor: ¡el no haber negado las palabras del Dios Santo!” (6:10). A partir de ahí, quedan claras tres cosas. (a) A pesar de su inmenso dolor, Job sigue pensando desde la perspectiva de un creyente comprometido. Su sufrimiento no le está llevando hacia el agnosticismo o el naturalismo. (b) Es más, su principal deseo es permanecer fiel a Dios. No sólo ve a la muerte como una liberación de su sufrimiento, sino como una forma de evitar que la intensidad de su dolor provoque palabras o acciones por su parte que deshonren a Dios. (c) De forma implícita, también está respondiendo a Elifaz. No se debe menospreciar a un hombre con un compromiso tan apasionado de mantenerse fiel a “las palabras del Dios Santo” (6:10), calificándolo de frívolo y embustero.

(3) La postura de Elifaz se apoya en la suposición de que si Job actúa como aconseja Elifaz, se le restaurarán su riqueza y su poder. Job declara que se encuentra muy lejos de ese punto: no tiene esperanza, ni expectativas. No puede comportarse de una forma que le permita conseguir las bendiciones de Dios con artimañas (6:11–13).

(4) Entretanto, Job acusa a Elifaz y sus colegas (6:14–23): “Aunque uno se aparte del temor al Todopoderoso, el amigo no le niega su lealtad” (6:14); así es la auténtica amistad. Job analiza la verdadera razón por la que sus amigos han demostrado ser “arroyos inconstantes” o “corrientes desbordadas” (6:15): han visto algo terrible y tienen miedo (6:21). Su clara postura teológica ha quedado superada por el sufrimiento de Job, ya que creían que era un hombre justo. Ahora, deben hacerle entender que es impío, merecedor de sus sufrimientos, o ellos también estarán amenazados.

(5) Job termina con una súplica desgarradora (6:24–30). En lo que a él respecta, su propia integridad está en juego; no fingirá arrepentimiento cuando sabe que no merece este sufrimiento. Dice a sus amigos: “Reflexionad, no seáis injustos” (6:29).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 38). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 39 | Marcos 9 | Job 5 | Romanos 9

6 FEBRERO

Génesis 39 | Marcos 9 | Job 5 | Romanos 9

En la segunda parte de este discurso (Job 5), Elifaz presupone la postura que adopta en la primera (véase la meditación de ayer), pero añade varios giros inesperados a su desapasionada presentación.

En primer lugar, afirma que la forma como Job se dirige a Dios en esta fase es fundamentalmente errónea. Le dice que llame al Todopoderoso por todos los medios (5:1), pero, ¿por qué iba a contestar Dios a alguien tan exaltado como él? Entretanto, la actitud de Job desespera a Elifaz: “El resentimiento mata a los necios; la envidia mata a los insensatos” (5:2). Elifaz habla desde su propia observación: ha visto a necios semejantes prosperando en el pasado, pero de repente son arrancados de raíz. Está insinuando que la antigua prosperidad de Job era la de un “necio”, y la pérdida de la misma es lo que este merece. De forma algo contradictoria, Elifaz añade que el sufrimiento humano es una función de la condición humana: “El hombre nace para sufrir, tan cierto como que las chispas vuelan” (5:7).

En segundo lugar, creyéndose moralmente superior, Elifaz dice a Job lo que él haría en una situación parecida (5:8–16). Apelaría a Dios y expondría su caso delante de él, no con la actitud de Job, que le parece insufrible, sino con humildad y contrición. Después de todo, Dios reina providencialmente y se compromete a humillar al arrogante y al astuto, exaltando al pobre y necesitado. Así pues, Elifaz se presentaría ante Dios como suplicante.

En tercer lugar, Elifaz declara que al menos uno de los objetivos de Dios al permitir pérdida y desastre es la disciplina: “¡Qué feliz es el hombre a quien Dios corrige! No menosprecies la disciplina del Todopoderoso. Porque él hiere, pero venda la herida; golpea, pero trae alivio” (5:17–18). Quienes admiten este concepto descubren que Dios restaura rápidamente su vida y prosperidad. Se sienten seguros en cada prueba. Job no puede pasar por alto las consecuencias: si siente que ha sufrido de forma injusta, no sólo es insuficientemente humilde, sino que es incapaz de reconocer la mano misericordiosa y castigadora de Dios todopoderoso, y por tanto permanece bajo la vara del Señor en lugar de encontrar misericordia. Elifaz concluye de forma bastante pomposa: “Esto lo hemos examinado, y es verdad. Así que escúchalo y compruébalo tú mismo” (5:27).

Las palabras de Elifaz son ciertas en alguna medida. Dios castiga realmente a sus hijos (Proverbios 3:11–12; Hebreos 12:5–6). Sin embargo, esto presupone que lo necesitan; Dios ciertamente no castiga a sus hijos cuando estos no lo precisan. Elifaz da a entender así que Job merece el castigo del Señor; los lectores del capítulo 1 saben que está equivocado. Es verdad, Dios salva al humilde y rebaja a aquellos cuyos ojos son altaneros (Salmos 18:27); no obstante, Elifaz asume erróneamente que Job debe ser altanero, o no estaría sufriendo. Aquí tenemos una lección: una aplicación falsa o inapropiada de la verdad genuina puede ser insensible y cruel, y, como aquí, puede decir falsedades acerca de Dios.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 37). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 38 | Marcos 8 | Job 4 | Romanos 8

5 FEBRERO

Génesis 38 | Marcos 8 | Job 4 | Romanos 8

El primer discurso de Elifaz abarca dos capítulos. En la primera parte (Job 4), este da forma a su argumento:

(1) Las primeras líneas son seductoras (4:2–4). Se podría pensar que Elifaz está pidiendo respetuosamente permiso para ofrecer consejos útiles a Job, del mismo modo que este lo había hecho con otras personas en tiempos pasados. Sin embargo, no lo está haciendo en absoluto; más bien, está culpando a Job por estar desesperado. Según Elifaz, resulta que el gran Job que ha ayudado a muchos no es capaz de salir adelante cuando encuentra dificultades (4:5).

(2) El siguiente versículo sirve de transición hacia el meollo del argumento de Elifaz: “¿No debieras confiar en que temes a Dios y en que tu conducta es intachable?” (4:6). En otras palabras, si Job fuese tan piadoso e intachable como muchos habían creído, no se encontraría en este apuro o al menos sería capaz de vivir por encima de la desesperación. Los desastres caídos sobre Job, y las reacciones de este ante ellos, demuestran que está escondiendo una vergüenza o culpa que debe afrontarse.

(3) En pocas palabras, Elifaz sostiene que en el universo de Dios se tiene lo que se merece (4:7). El Señor tiene el control, y él es bueno, por lo que se siega lo que se siembra (4:8).

(4) Elifaz asegura que basa su argumento en la revelación (4:12–21). Dice que un espíritu rozó su rostro en una especie de visión nocturna (4:15), pronunciando palabras de suprema importancia: “¿Puede un simple mortal ser más justo que Dios? ¿Puede ser más puro el hombre que su Creador?” (4:17). Dios es tan trascendentemente poderoso y justo que incluso los ángeles que lo rodean son despreciables y de poca confianza a sus ojos. Así pues, los seres humanos, “los que habitan en casas de barro, cimentadas sobre el polvo” (4:19), son menos importantes, menos fiables. La conclusión entonces es que un hombre como Job debe simplemente admitir su fragilidad, su error, su pecado y dejar de pretender que no merece lo que ha caído sobre él. Elifaz insinúa que la forma como Job se está comportando provoca que corra peligro de poner en tela de juicio al Dios cuya justicia está mucho más allá de la valoración y comprensión humanas.

Debemos detenernos a evaluar el argumento de Elifaz. En cierto sentido, este tiene razón: Dios es totalmente justo, trascendentemente santo. La Biblia asevera en otros pasajes que un hombre siega lo que siembra (por ejemplo, Proverbios 22:8: Gálatas 6:7). Sin embargo, estas verdades, por sí solas, pueden pasar por alto dos factores. Primero, el periodo de tiempo en que las ruedas de la justicia divina trituran es a veces muy largo. Elifaz parece aferrarse a un sistema de recompensa por contraprestación bastante rápido y obvio. Segundo, no contempla la categoría del sufrimiento inocente, por lo que se está embarcando en una causa que condena a un hombre inocente.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 36). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 37 | Marcos 7 | Job 3 | Romanos 7

4 FEBRERO

Génesis 37 | Marcos 7 | Job 3 | Romanos 7

Desde Job 3 hasta la primera parte del último capítulo del libro, con una excepción al principio del capítulo 32, el texto está escrito en poesía hebrea. Es un drama de proporciones gigantescas, como una obra de Shakespeare. Un discurso sigue a otro; el debate mantenido entre Job y sus tres “amigos” hace progresar el relato. Finalmente, se introduce otro personaje y Dios acaba respondiendo.

El discurso inicial corresponde a Job. La carga de su exposición es inequívoca: desea no haber nacido nunca. No puede maldecir a Dios, pero sí el día que lo trajo al mundo (3:1, 3, 8). Le gustaría eliminar todo lo relacionado con ese día. Ya que no pudo nacer muerto (3:11, 16), ¿por qué no pudo morir de hambre (3:12)?

Por supuesto, implícitamente estas palabras critican a Dios de forma indirecta: “¿Por qué arrincona Dios al hombre que desconoce su destino?” (3:23). Job está experimentando lo que ha temido a lo largo de sus años de abundancia (3:25). No tiene paz, tranquilidad ni sosiego, sino sólo agitación (3:26).

Este primer discurso de pie a cuatro reflexiones:

(1) En el mismo, encontramos la retórica de un hombre con profunda angustia. Así pues, muchas de las cosas de las que nos quejamos son triviales. Incluso las causas más serias de nuestras quejas son habitualmente solo una pequeña parte de lo que Job vivió.

(2) Por tanto, antes de condenar a Job debemos escuchar atentamente, incluso con temor. Cuando nos encontremos con alguien que tenga buenas razones para estar terriblemente desesperado, debemos ser tolerantes. Habría sido maravilloso que uno de los “amigos” hubiese pasado su brazo por el hombro de Job, llorando con él y diciéndole: “Te queremos Job. No pretendemos comprender. Te queremos y haremos todo lo que podamos por ti”.

(3) Job es muy honesto. No se viste externamente de piedad fingida para que nadie piense que está bajando la guardia. Sufre tanto dolor que desea estar muerto, y lo dice.

(4) Tanto aquí como en todo el libro, Job está preparado para debatir con Dios, pero no para rechazarlo. No es el agnóstico moderno o el ateo que trata el problema del mal como si este proveyese una evidencia intelectual de que Dios no existe. Job sabe que Dios existe y cree que es poderoso y bueno. Esta es la razón por la que (como veremos) está tan confundido. La angustia de Job es la de un creyente, no la de un escéptico.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 35). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 35–36 | Marcos 6 | Job 2 | Romanos 6

3 FEBRERO

Génesis 35–36 | Marcos 6 | Job 2 | Romanos 6

Una cosa es resistir con firme lealtad cuando las pérdidas, aunque dolorosas, son todas externas, pero, sin embargo, es muy diferente hacerlo cuando uno pierde su salud (Job 2). Algunas reflexiones:

(1) Seguimos hablando del sufrimiento inocente. Dios mismo declara acerca de Job: “No hay en la tierra nadie como él; es un hombre recto e intachable, que me honra y vive apartado del mal. Y aunque tú me incitaste contra él para arruinarlo sin motivo, ¡todavía mantiene firme su integridad!” (2:3).

(2) Llegados a este punto, Dios ha demostrado que Satanás está equivocado: la lealtad de Job no está condicionada por un vulgar trueque interesado. Aquí tenemos un hombre recto y fiel aunque le hayan arrancado su riqueza e incluso todos sus hijos. Eso es lo que induce a Satanás a subir la apuesta: “Extiende la mano y hiérelo, ¡a ver si no te maldice en tu propia cara!” (2:5). Por tanto, se presenta un nuevo nivel de sufrimiento totalmente inocente y se establece el escenario para el resto del libro.

(3) Los creyentes deben hacer preguntas dolorosas en este punto. ¿No parece que Dios esté utilizando a Job en algún experimento fantástico? ¿Por qué debía perder este pobre hombre su riqueza, familia, salud y (como comprobaremos) reputación, simplemente para demostrar que Dios tenía razón en un desafío que este bien podía haber ignorado?

Esta pregunta podría dar lugar a un libro muy largo. No tengo respuestas definitivas ni exhaustivas. No obstante, deberíamos tener en mente algunas cosas. (a) Pertenecemos a Dios. Él puede hacer con nosotros lo que desee. Hay algo muy dentro de nosotros que se rebela cuando se nos recuerda esta verdad elemental. De hecho, nuestra rebelión por ello manifiesta lo mucho que aún seguimos queriendo ocupar el centro del universo, con Dios a nuestro servicio. Este deseo es el fundamento de toda idolatría. (b) Supongamos que Job hubiese conocido el acuerdo entre Dios y Satanás. Un hombre inferior pudo haberse quejado de forma violenta, pero al menos es plausible pensar que Job hubiese utilizado esa información para dotar a su sufrimiento de profundo significado, haciéndolo así más fácil de soportar. Es posible que hubiese considerado que este estaba vinculado a una lucha cósmica más grande entre el bien y el mal. (c) Otros factores a tener en mente deben esperar al final del libro de Job, de hecho, al de la Biblia. Volveremos a tratar algunos de estos asuntos en el devocional del 13 de marzo.

(4) Job se enfrenta ahora a una dolorosa y degradante crisis física, al abandono emocional por parte de su mujer y a la llegada de los tres miserables amigos. El sufrimiento inocente es enormemente difícil de soportar; aún es peor cuando todo apoyo emocional demuestra ser inútil.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 34). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 34| Marcos 5 | Job 1 | Romanos 5

2 FEBRERO

Génesis 34| Marcos 5 | Job 1 | Romanos 5

La Biblia se ocupa de la realidad del mal de muchas formas diferentes. En algunas ocasiones, se hace justicia, y lo vemos, en esta vida. Especialmente en el Nuevo Testamento, la recompensa final para el mal está vinculada con el juicio venidero. Algunas veces, el sufrimiento tiene como fin hacernos humildes, desafiando a nuestra continua soberbia. Guerras, pestilencia y hambre son muchas veces armas terribles del juicio de Dios. Estos temas y otros muchos se desarrollan en la Biblia.

El libro de Job es único a la hora de hacernos reflexionar sobre la cuestión del sufrimiento inocente, lo cual se deja claro en Job 1, que configura, de alguna forma, el resto del libro. Job era “un hombre recto e intachable, que temía a Dios y vivía apartado del mal” (1:1). Aunque Job recibió muchas bendiciones en forma de riquezas y una gran familia, no daba nada por sentado. Incluso se dedicó a lo que podría llamarse intercesión preventiva en favor de sus hijos, ya crecidos: oraba y ofrecía sacrificios en su lugar, temeroso de que quizás, en alguna reunión inocente, alguno de ellos hubiese pecado y blasfemado (1:5).

Job no sabe, a diferencia del lector, que se está desarrollando otra trama en la sala del trono de Dios. Se dice poco de esos “ángeles” que se presentan delante del Todopoderoso; se dice poco acerca de Satanás, aunque es obvio que es malvado y hace honor a su nombre, “Acusador”. El diálogo entre Satanás y Dios logra tres cosas. En primer lugar, establece las bases del drama que se desarrolla en el resto del libro. En segundo lugar, da a entender implícitamente que incluso el propio Satanás tiene limitaciones en su poder y no puede actuar sin la aprobación de Dios. En tercer lugar, revela que el propósito del diablo es demostrar que la lealtad humana a Dios no es más que por egoísmo interesado, mientras que el Señor afirma que un hombre como Job es fiel independientemente de las bendiciones que reciba o no.

Job, por supuesto, no sabe nada de estos acuerdos. No podía hacerlo, porque el relato que sigue estaría viciado de lo contrario. Pierde rápidamente su riqueza y sus hijos, debido a causas “naturales”. Él sabe que estas no escapan de la influencia de Dios. Cuando le comunican las últimas malas noticias, Job rasga sus vestiduras y se afeita la cabeza (símbolos de humillación), y adora, diciendo unas palabras que se vuelven famosas: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo he de partir. El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor!” (1:21).

El narrador comenta: “A pesar de todo esto, Job no pecó ni le echó la culpa a Dios” (1:22), lo que por supuesto significa, en el contexto de este capítulo, que la valoración de Dios era correcta y la de Satán errónea.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 33). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Génesis 33 | Marcos 4 | Ester 9–10 | Romanos 4

1 FEBRERO

Génesis 33 | Marcos 4 | Ester 9–10 | Romanos 4

La historia parece diferente en distintas culturas. No quiero decir simplemente que estas interpreten el mismo pasado de forma diferente (aunque frecuentemente es así), sino que el entendimiento de aquella puede variar de una a otra. De hecho, incluso dentro de una misma cultura pueden existir nociones contrarias de la misma.

Este asunto se ha vuelto incluso más complejo durante las pasadas décadas, debido al avance del posmodernismo y sus ideas innovadoras acerca de cómo es la historia. Este debate es muy importante, pero no vamos a detenernos en él. Nos centraremos en un escenario mayor.

Muchos griegos antiguos creían que la historia transcurría en círculos. No quiere decir que cada ciclo se repita de forma exacta, sino que existe una repetición infinita de patrones, sin culminación final, sin telos, es decir, sin propósito ni objetivo. Gran parte del naturalismo contemporáneo cree que nuestro sol acabará desintegrándose y la vida en la tierra llegará a su fin. Unos sostienen que el propio universo establecerá una distribución de energía más o menos uniforme y morirá; otros piensan que, de alguna forma, este rejuvenecerá desmoronándose y explotando de nuevo para repetir un ciclo parecido al presente. En contraste, para los departamentos de historia de las universidades, los acontecimientos a esa escala son irrelevantes. La historia, tanto si refiere a lo que ha acontecido como a nuestra reconstrucción de ella, abarca el periodo en que el hombre escribía. Todo lo anterior a este es “prehistórico”.

La Biblia tiene sus propias perspectivas acerca de la historia, y algunas de ellas no son negociables: si las perdemos de vista o las rechazamos, no comprenderemos las Escrituras en sus propios términos. Ciertamente, estas cuentan en ocasiones “lo que ha pasado” en categorías parabólicas (compárese 2 Samuel 11 y 12), en condensaciones muy selectivas (por ejemplo, Hechos 7) o en forma poética (Salmo 78). Sin embargo, lo más importante es que no entenderemos la Biblia correctamente si no comprendemos varios elementos clave de su secuencia. En la escala más amplia, la historia comienza en la creación y acaba en el telos supremo, el juicio final y el nuevo cielo y la nueva tierra. No nos movemos simplemente en círculos. En Gálatas 3 (véase la meditación del 27 de septiembre en el volumen I), el argumento de Pablo gira en torno al hecho de que la ley mosaica vino después de las promesas a Abraham. De alguna forma parecida aquí (Romanos 4), la fe de Abraham le fue reconocida como justicia antes de ser circuncidado, por lo que la circuncisión no puede ser una condición para adquirirla. Bajo las condiciones semíticas de filiación, Abraham pasa a ser el padre de todos los que creen, circuncidados o no (4:1–12). Se puede decir algo parecido de la relación de Abraham con la ley de Moisés (4:13–17). La secuencia de la historia bíblica es crucial.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 32). Barcelona: Publicaciones Andamio.