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Génesis 38 | Marcos 8 | Job 4 | Romanos 8

5 FEBRERO

Génesis 38 | Marcos 8 | Job 4 | Romanos 8

El primer discurso de Elifaz abarca dos capítulos. En la primera parte (Job 4), este da forma a su argumento:

(1) Las primeras líneas son seductoras (4:2–4). Se podría pensar que Elifaz está pidiendo respetuosamente permiso para ofrecer consejos útiles a Job, del mismo modo que este lo había hecho con otras personas en tiempos pasados. Sin embargo, no lo está haciendo en absoluto; más bien, está culpando a Job por estar desesperado. Según Elifaz, resulta que el gran Job que ha ayudado a muchos no es capaz de salir adelante cuando encuentra dificultades (4:5).

(2) El siguiente versículo sirve de transición hacia el meollo del argumento de Elifaz: “¿No debieras confiar en que temes a Dios y en que tu conducta es intachable?” (4:6). En otras palabras, si Job fuese tan piadoso e intachable como muchos habían creído, no se encontraría en este apuro o al menos sería capaz de vivir por encima de la desesperación. Los desastres caídos sobre Job, y las reacciones de este ante ellos, demuestran que está escondiendo una vergüenza o culpa que debe afrontarse.

(3) En pocas palabras, Elifaz sostiene que en el universo de Dios se tiene lo que se merece (4:7). El Señor tiene el control, y él es bueno, por lo que se siega lo que se siembra (4:8).

(4) Elifaz asegura que basa su argumento en la revelación (4:12–21). Dice que un espíritu rozó su rostro en una especie de visión nocturna (4:15), pronunciando palabras de suprema importancia: “¿Puede un simple mortal ser más justo que Dios? ¿Puede ser más puro el hombre que su Creador?” (4:17). Dios es tan trascendentemente poderoso y justo que incluso los ángeles que lo rodean son despreciables y de poca confianza a sus ojos. Así pues, los seres humanos, “los que habitan en casas de barro, cimentadas sobre el polvo” (4:19), son menos importantes, menos fiables. La conclusión entonces es que un hombre como Job debe simplemente admitir su fragilidad, su error, su pecado y dejar de pretender que no merece lo que ha caído sobre él. Elifaz insinúa que la forma como Job se está comportando provoca que corra peligro de poner en tela de juicio al Dios cuya justicia está mucho más allá de la valoración y comprensión humanas.

Debemos detenernos a evaluar el argumento de Elifaz. En cierto sentido, este tiene razón: Dios es totalmente justo, trascendentemente santo. La Biblia asevera en otros pasajes que un hombre siega lo que siembra (por ejemplo, Proverbios 22:8: Gálatas 6:7). Sin embargo, estas verdades, por sí solas, pueden pasar por alto dos factores. Primero, el periodo de tiempo en que las ruedas de la justicia divina trituran es a veces muy largo. Elifaz parece aferrarse a un sistema de recompensa por contraprestación bastante rápido y obvio. Segundo, no contempla la categoría del sufrimiento inocente, por lo que se está embarcando en una causa que condena a un hombre inocente.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 36). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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