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Génesis 39 | Marcos 9 | Job 5 | Romanos 9

6 FEBRERO

Génesis 39 | Marcos 9 | Job 5 | Romanos 9

En la segunda parte de este discurso (Job 5), Elifaz presupone la postura que adopta en la primera (véase la meditación de ayer), pero añade varios giros inesperados a su desapasionada presentación.

En primer lugar, afirma que la forma como Job se dirige a Dios en esta fase es fundamentalmente errónea. Le dice que llame al Todopoderoso por todos los medios (5:1), pero, ¿por qué iba a contestar Dios a alguien tan exaltado como él? Entretanto, la actitud de Job desespera a Elifaz: “El resentimiento mata a los necios; la envidia mata a los insensatos” (5:2). Elifaz habla desde su propia observación: ha visto a necios semejantes prosperando en el pasado, pero de repente son arrancados de raíz. Está insinuando que la antigua prosperidad de Job era la de un “necio”, y la pérdida de la misma es lo que este merece. De forma algo contradictoria, Elifaz añade que el sufrimiento humano es una función de la condición humana: “El hombre nace para sufrir, tan cierto como que las chispas vuelan” (5:7).

En segundo lugar, creyéndose moralmente superior, Elifaz dice a Job lo que él haría en una situación parecida (5:8–16). Apelaría a Dios y expondría su caso delante de él, no con la actitud de Job, que le parece insufrible, sino con humildad y contrición. Después de todo, Dios reina providencialmente y se compromete a humillar al arrogante y al astuto, exaltando al pobre y necesitado. Así pues, Elifaz se presentaría ante Dios como suplicante.

En tercer lugar, Elifaz declara que al menos uno de los objetivos de Dios al permitir pérdida y desastre es la disciplina: “¡Qué feliz es el hombre a quien Dios corrige! No menosprecies la disciplina del Todopoderoso. Porque él hiere, pero venda la herida; golpea, pero trae alivio” (5:17–18). Quienes admiten este concepto descubren que Dios restaura rápidamente su vida y prosperidad. Se sienten seguros en cada prueba. Job no puede pasar por alto las consecuencias: si siente que ha sufrido de forma injusta, no sólo es insuficientemente humilde, sino que es incapaz de reconocer la mano misericordiosa y castigadora de Dios todopoderoso, y por tanto permanece bajo la vara del Señor en lugar de encontrar misericordia. Elifaz concluye de forma bastante pomposa: “Esto lo hemos examinado, y es verdad. Así que escúchalo y compruébalo tú mismo” (5:27).

Las palabras de Elifaz son ciertas en alguna medida. Dios castiga realmente a sus hijos (Proverbios 3:11–12; Hebreos 12:5–6). Sin embargo, esto presupone que lo necesitan; Dios ciertamente no castiga a sus hijos cuando estos no lo precisan. Elifaz da a entender así que Job merece el castigo del Señor; los lectores del capítulo 1 saben que está equivocado. Es verdad, Dios salva al humilde y rebaja a aquellos cuyos ojos son altaneros (Salmos 18:27); no obstante, Elifaz asume erróneamente que Job debe ser altanero, o no estaría sufriendo. Aquí tenemos una lección: una aplicación falsa o inapropiada de la verdad genuina puede ser insensible y cruel, y, como aquí, puede decir falsedades acerca de Dios.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 37). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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