Éxodo 13 | Lucas 16 | Job 31 | 2 Corintios 1

2 MARZO

Éxodo 13 | Lucas 16 | Job 31 | 2 Corintios 1

Una vez más, podemos hacer reflexiones útiles a partir de los pasajes elegidos.

Job 31 es el capítulo final de la última respuesta de Job a los tres amigos. Los tres capítulos finales de su discurso (caps. 29–31) están dominados por dos temas. En primer lugar, Job ya no se lamenta tanto por su sufrimiento físico, sino por su pérdida de prestigio en la comunidad. Ha sido un hombre de dignidad y honor, pero le tratan con escarnio, incluso los jóvenes de familias despreciables (por ejemplo, 30:1). En segundo lugar, aunque Job ha manifestado en todo momento que es inocente y está sufriendo injustamente, ahora revela los hábitos de su vida que explican por qué el primer capítulo lo describe como “recto e intachable”, un hombre que “temía a Dios y vivía apartado del mal” (1:1).

De hecho, una de las razones por las que Job es tan honrado en la comunidad es que su justicia y generosidad eran bien conocidas: rescataba a los pobres y a los huérfanos, asistía a los moribundos y ayudaba a las viudas (29:12). Así también en el presente capítulo: casi desesperado por las acusaciones vertidas contra él, Job expone las pruebas de su inocencia. Hizo un pacto con sus ojos, “no mirar con lujuria a ninguna mujer” (31:1). Recordaba constantemente el ojo de Dios que todo lo ve (31:4) y, por tanto, hablaba la verdad y era honrado en los negocios (31:5–8). Evitaba el adulterio; se ocupaba equitativamente de cualquier queja de sus siervos y siervas, sabiendo que él mismo debe enfrentarse a la justicia de Dios, y que en cualquier caso son seres humanos como él (31:13–15). Por su temor de Dios, era especialmente generoso con los pobres (31:16–23). A pesar de su gran riqueza, nunca confió en ella (31:24–28), ni se permitió regodearse de las desgracias de otros (31:29–30). Así pues, el capítulo termina con Job manteniendo su reputación de integridad y sin encontrar consuelo.

Pablo también sufre, no sólo la pérdida de posesiones, familia y salud, sino también las presiones del ministerio de vanguardia, y aún peor, una persecución feroz (2 Corintios 1:1–11). Por supuesto, las circunstancias son radicalmente diferentes. Pablo sabe, Job no, que ha sido llamado a sufrir (por ejemplo, Hechos 9:16). Además, el apóstol vive y sirve a este lado de la cruz: sigue conscientemente a alguien que sufrió injustamente por causa de los demás. Lo más importante es quizás que Pablo sabe que puede transmitir a los demás la exhortación que ha recibido del “Padre misericordioso y Dios de toda consolación” (1:3). Sabe que el Señor “nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren” (1:4). Pobres de aquellos que nunca han sido consolados; nunca podrán hacerlo tampoco.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 61). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Éxodo 12:21–51 | Lucas 15 | Job 30 | 1 Corintios 16

1 MARZO

Éxodo 12:21–51 | Lucas 15 | Job 30 | 1 Corintios 16

En momentos dramáticos de su vida, Pablo es guiado por alguna revelación. Sin embargo, en ocasiones pasamos por alto que gran parte de su ministerio es una actividad de planificación, instrucción, juicios pastorales, incluso de incertidumbres, muy parecido a los nuestros.

En 1 Corintios 16, Pablo informa a los corintios acerca de sus planes de viaje (16:5–9). No quiere verlos inmediatamente, de camino a Macedonia, y visitarlos solo de paso. Su intención es ir primero a Macedonia y después “es posible” que pueda pasar un tiempo con los corintios, o incluso todo el invierno (cuando era muy peligroso viajar por el Mediterráneo). Pablo escribe: “Espero permanecer algún tiempo con vosotros, si el Señor así lo permite” (16:7). Antes de embarcarse en este viaje, sin embargo, la intención del apóstol es quedarse un poco más en Éfeso, “porque se me ha presentado una gran oportunidad para un trabajo eficaz, a pesar de que hay muchos en mi contra” (16:9). En otras palabras, sigue teniendo algún ministerio abierto en la gran ciudad. Parece claro que hay incertidumbre en los planes de Pablo, pero está tratando de planificar los siguientes meses de servicio de forma que la promoción del Evangelio y el pueblo de Dios se beneficien al máximo.

Los siguientes dos pequeños párrafos (16:10–12) indican que los movimientos de Timoteo y Apolos tampoco eran siempre totalmente predecibles, aunque en ambos casos Pablo suministra a los corintios información para cubrir ciertas eventualidades.

Además, el primer párrafo (16:1–4) nos muestra a Pablo dando instrucciones a los corintios para que planifiquen sus ofrendas. La “colecta” que el apóstol menciona es un proyecto para ayudar a los cristianos pobres de Judea. Sabe que, si los creyentes corintios comienzan a recoger el dinero cuando él llegue, darán muy poco. Una ofrenda fiel y regular, apartada “el primer día de la semana” (cuando los cristianos se reunían para la adoración, exhortación e instrucción colectivas), garantizaría una suma considerable. Por supuesto, en esa época no se podía transferir el dinero electrónicamente; alguien debía llevarlo en persona. Pablo quiere que los corintios escojan para esa tarea hombres que ellos mismos aprueben, y él les dará cartas de presentación para los líderes de Jerusalén. Puede que incluso les acompañe. Claramente, este procedimiento evitaría cualquier atisbo de incorrección económica por parte del apóstol. En este caso, también existen evidencias de una planificación meticulosa, piadosa y sabia. Pablo exhorta a los corintios a hacer lo mismo.

En la actualidad, hay una “espiritualidad” etérea que pretende esperar dirección explícita para cada decisión, que considera la frase “si Dios quiere” un pretexto santurrón. Esa no es la perspectiva de Pablo y no debe ser la nuestra.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 60). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Éxodo 11:1–12:20 | Lucas 14 | Job 29 | 1 Corintios 15

28 FEBRERO

Éxodo 11:1–12:20 | Lucas 14 | Job 29 | 1 Corintios 15

El resumen del Evangelio apostólico al principio de 1 Corintios 15 se establece en pocos puntos: Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras. El último punto se desarrolla algo más: después de su resurrección, Jesucristo se apareció a Pedro, a los doce, a más de quinientas personas al mismo tiempo (algunos de los cuales han muerto, aunque, cuando Pablo escribía, muchos de ellos seguían vivos y podían dar testimonio), a Jacobo, a todos los apóstoles y, finalmente, a Pablo. La lista no pretende ser exhaustiva, sino ofrecer una visión más integral, con una atención especial sobre los portadores de la tradición cristiana y en el propio Pablo como uno de ellos. Parte del significado de la resurrección se descubre entonces en los siguientes versículos.

Algunas observaciones preliminares:

Primero, “el Evangelio” no trata en primera instancia de algo que Dios ha hecho por mí, sino de algo que ha hecho objetivamente en la historia. Trata sobre Jesús, especialmente sobre su muerte y resurrección. No hemos predicado el Evangelio cuando hemos contado nuestro testimonio y nada más, o cuando hemos transmitido una serie de bellos relatos sobre Jesús, sin alcanzar el telos (la meta o el fin) de la historia contada en los cuatro evangelios.

Segundo, los acontecimientos principales de este Evangelio se desarrollaron “según las Escrituras”. La forma precisa como estas predijeron lo que ocurriría, frecuentemente por medio de tipos, no es nuestra preocupación inmediata; más bien, lo es el simple hecho de su relación con la Escritura, realmente asombrosa. Ningún miembro de la iglesia primitiva consideró la trascendencia de Jesús como algo nuevo, o aislado de todo lo que había venido anteriormente. Realmente, lo veían como la piedra angular, la meta gloriosa, la culminación de toda la revelación precedente de Dios en su santa Palabra.

Tercero, este Evangelio nos salva (15:2). Estas pocas palabras presuponen una gran cantidad de teología: en particular, de qué se nos salva. Integrados aquí encontramos el entendimiento de Pablo acerca de los seres humanos creados a imagen de Dios, lo terrible del pecado y la maldición del Todopoderoso que nos ha separado de nuestro Hacedor, nuestra incapacidad de arreglar la situación. El Evangelio nos salva y siempre debemos tener en mente de qué nos ha salvado exactamente.

Cuarto, Pablo no sólo deja claro el objeto de su fe salvadora (es decir, el Evangelio), sino también la naturaleza de esta fe, una que persevera, que se agarra con firmeza a la palabra predicada por los apóstoles. “De otro modo, habréis creído en vano” (15:2), una reflexión que aparece con frecuencia en el Nuevo Testamento (p. ej., Juan 8:31; Colosenses 1:23; Hebreos 3:14; 2 Pedro 1:10).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 59). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Éxodo 10 | Lucas 13 | Job 28 | 1 Corintios 14

27 FEBRERO

Éxodo 10 | Lucas 13 | Job 28 | 1 Corintios 14

Una sutil conexión temática vincula Job 28 con 1 Corintios 14.

Es frecuente que las personas no entiendan lo rara que es la verdadera sabiduría. Según el capítulo 28, Job lo entiende. El capítulo es precisamente una reflexión poética sobre este tema: “Pero, ¿dónde se halla la sabiduría? ¿Dónde habita la inteligencia?” (28:12). Job enumera los lugares en los que no se encuentra la sabiduría y llega a una conclusión: “Se esconde de los ojos de toda criatura; ¡hasta de las aves del cielo se oculta! La destrucción y la muerte afirman: ‘Algo acerca de su fama llegó a nuestros oídos’ ” (28:21–22). ¿Dónde está entonces? “Solo Dios sabe llegar hasta ella; solo él sabe dónde habita. Él puede ver los confines de la tierra; el ve todo lo que hay bajo los cielos” (28:23–24). ¿Cómo la resume Dios?: “Temer al Señor: ¡eso es sabiduría! Apartarse del mal: ¡eso es discernimiento!” (28:28).

Sin duda, este capítulo consigue varias cosas en el contexto del libro de Job. Torpedea las pretensiones de los “consoladores”, que se creen tan sabios. Demuestra que, a pesar de sus quejas, los pensamientos de Job siguen profundamente centrados en Dios. Incluso cuando hace preguntas públicamente acerca de la justicia de Dios en su propio caso, insiste en que toda la sabiduría reside finalmente en Dios. Además, como tal sabiduría está irremediablemente relacionada con evitar el mal, Job demuestra con su discurso poético que no sólo sigue pensando con humildad delante del Todopoderoso, sino que su compromiso con una forma de vida justa está fuertemente unido a su fe en la sabiduría de Dios, a su propio enfoque, totalmente centrado en el Señor.

No existe un vínculo directo entre este pasaje de Job y 1 Corintios 14. La sabiduría no es un asunto que se trate específicamente en este segundo pasaje. Sin embargo, si lo leemos después de reflexionar en Job 28, resulta difícil no ver cómo el sabio consejo de Pablo relativo a la utilización de los dones y las gracias en la congregación salta dentro de un cuadro más grande, el del ser humano que vive totalmente centrado en Dios. La primera parte de 1 Corintios compara y contrasta la profecía con las lenguas. El argumento del apóstol es que el criterio clave es la inteligibilidad. Se puede escuchar por casualidad el argumento en el entorno. A algunos cristianos corintios les encanta involucrarse en un despliegue de dones que inevitablemente promueve la reputación de la persona. No obstante, Pablo declara que la inteligibilidad está en juego, para los creyentes y los incrédulos que puedan estar presentes. En otras palabras, la sabiduría piadosa en este asunto llega a la conclusión de que el bien de los demás es primordial, y esto implica una mente humilde. El objetivo no es tener una reputación para conseguir poder espiritual, sino exhortar a otros a fin de que entiendan que Dios está verdaderamente presente (14:25), lo cual exige una comunicación inteligible. Incluso las instrucciones que limitan las lenguas y evalúan las profecías revelan una postura de negación a uno mismo, que honra a Dios y se centra en él. En otras palabras: es sabia.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 58). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Éxodo 9 | Lucas 12 | Job 27 | 1 Corintios 13

26 FEBRERO

Éxodo 9 | Lucas 12 | Job 27 | 1 Corintios 13

El último discurso de los “miserables consoladores” de Job es el de Bildad (Job 25), y es patéticamente corto porque incluso él reconoce que no tiene nada nuevo que decir, ni tampoco sus amigos. La respuesta de Job es larga y compleja (caps. 26–31), como si estuviese decidido a condenar a sus amigos al silencio. Parte de la misma es solo un simple repaso. El primer capítulo (la lectura de ayer, Job 26) nos muestra a Job burlándose de estos “consoladores” por su crueldad y la esterilidad de sus consejos ante un sufrimiento como el de Job. También lo vemos dándoles la razón en lo relativo al poder inconmensurable de Dios. Después de un impresionante repaso de los hechos poderosos del Señor, Job concluye: “¡Y esto es solo una muestra de sus obras, un murmullo que logramos escuchar! ¿Quién podrá comprender su trueno poderoso?” (26:14). Los “consoladores” lo acusan de reducir a Dios a la impotencia, pero él insiste tanto en el poder trascendente del Señor que cree que contempla la opción de que él está distante.

Eso nos lleva a Job 27. Aquí tenemos todas las tensiones de la posición de Job. Se pone bajo juramento para hacer su reflexión (“Juro por Dios, el Todopoderoso”). Nunca admitirá que sus oponentes tienen razón, porque eso significaría negar que ha vivido su vida con integridad: “Jamás podré admitir que tengáis la razón; mientras viva, insistiré en mi integridad. Insistiré en mi inocencia; no cederé. Mientras viva, no me remorderá la conciencia” (27:5–6). Sin embargo, irónicamente, el Dios por el que Job jura, cuya grandeza ha alabado en al capítulo 26, aquel que provee el propio aliento en su nariz (27:3), es también, según él, el Dios “que se niega a hacerme justicia, quien me ha amargado el ánimo” (27:2).

Más ironía: las palabras de Job no significan que Dios sea corrupto o injusto. Reconoce que el Señor salda cuentas con los malvados (27:7–10), a menudo en esta vida (27:11–23), pero definitivamente en la muerte.

Esta no es la posición final de Job, por supuesto; la historia aún no ha acabado. No obstante, podemos reflexionar sobre el punto en el que estamos en este momento.

En primer lugar, lo mejor es ser siempre honesto en nuestras reflexiones, a fin de evitar posiciones que distorsionen los hechos (la necedad de los tres “consoladores”), y mantenernos transparentes delante de Dios. De cualquier modo, él sabe lo que pensamos. Hay esperanza de avanzar cuando se es honesto, pero es casi imposible hacerlo donde reina la mentira.

En segundo lugar, esto significa que en varias etapas del peregrinaje cristiano podemos encontrar oponentes que vean en nosotros ironías conspicuas o profundos misterios. No debemos gloriarnos en las contradicciones, por supuesto, pero en los asuntos relacionados con Dios, los misterios son inevitables. Con el tiempo, algunos de ellos van acercándose a su resolución, pero casi siempre acompañados por la gloria de nuevos secretos que se revelan.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 57). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Éxodo 8 | Lucas 11 | Job 25–26 | 1 Corintios 12

25 FEBRERO

Éxodo 8 | Lucas 11 | Job 25–26 | 1 Corintios 12

1 Corintios 12 comienza una unidad de tres capítulos que trata de lenguas, profecía y otros “dones de gracia” (charismata), y su relación con el amor, que es el “camino” supremo (no un don) para el cristiano. Podemos seguir al menos cómo fluye el pensamiento.

En primer lugar, 1 Corintios 12:4–6 afirma que hay diversidad de dones pero solo una fuente. La referencia implícita a la Trinidad es sorprendente: diferentes dones, dados por el mismo Espíritu; diferentes tipos de servicio, pero el mismo Señor [Jesús]; diferentes tipos de obra, pero el mismo Dios. Esto no significa que Pablo esté dividiendo estas cosas de forma absoluta, como si, por ejemplo, los dones viniesen del Espíritu pero no de Jesús o de Dios. Más bien, se trata de un recurso del predicador para dejar claro que, por muy diversos que sean los dones y las gracias, únicamente existe una fuente: el Dios trino.

En segundo lugar, Pablo se extiende en este principio de unidad entrelazando toda esta diversidad (12:7–12). Los muchos dones mencionados, el mensaje de sabiduría, el de conocimiento, la fe, los dones de sanación y demás, no solo constituyen manifestaciones del único Espíritu, sino que su propósito principal es el bien común (12:7). Así que, tanto por su fuente como por su propósito, sirven a la unidad en su diversidad. Además, aunque Pablo dirá, en un momento dado, que los cristianos deben buscar mayores dones (12:31), aquí declara que en definitiva es el Espíritu quien los distribuye como cree conveniente, lo cual significa que nunca debe haber soberbia por tener este o aquel don, ni se debe codiciar el que pueda tener otra persona.

En tercer lugar, el tema del capítulo se explica en una analogía (12:12–20). El cuerpo es uno, pero está formado por muchas partes que deben funcionar juntas. La analogía es apropiada, pues Cristo bautizó a los cristianos en un Espíritu (que aquí es el medio en que ellos son bautizados, no el agente que lo lleva a cabo, que es Cristo) dentro de un cuerpo, la iglesia. Claramente, todas las partes del mismo son necesarias: no serviría de nada que el cuerpo fuese un gigantesco globo ocular, por ejemplo. Así pues, debe mantenerse la diversidad y la distribución de dones en la iglesia.

En cuarto lugar, se deduce, además, que ninguna parte del cuerpo tiene derecho a decir a otra que no se le quiere o necesita (12:21–27). De hecho, en cierto sentido, se debe conceder más honra a las partes menos presentables precisamente porque de lo contrario no lo tendrían. Debe existir tanta empatía entre las diversas partes, que si una de ellas recibe honra, todas se sienten honradas; si una parte sufre, todas sufren.

Aunque las aplicaciones para la iglesia son obvias, Pablo se preocupa de explicarlas detenidamente (12:27–31).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 56). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Éxodo 7 | Lucas 10 | Job 24 | 1 Corintios 11

24 FEBRERO

Éxodo 7 | Lucas 10 | Job 24 | 1 Corintios 11

En la segunda parte de su respuesta al último discurso de Elifaz, Job empieza (Job 24) con una pregunta retórica: “Si los tiempos no se esconden del Todopoderoso, ¿por qué no los perciben quienes dicen conocerlo?” (24:1). El sentido no es que Dios nunca ajuste cuentas, sino que hasta que llegue el momento en que lo haga tiene lugar mucho mal sin castigo inmediato y los justos sufren sin vindicación inmediata.

Así pues, Job comienza otra larga lista de maldades representativas, que quedan frecuentemente sin castigo a corto plazo, como se observa habitualmente, y de injusticias públicas (24:2–17). Los malos no respetan los linderos, roban ganado, se aprovechan de los pobres y los necesitados, los someten a esclavitud temporal, se rebelan contra la luz y alimentan su deseo sexual. Entretanto, los pobres apenas se las arreglan, consiguiendo lo imprescindible para vivir de tierras desiertas. Recogen en las viñas de los malvados, pasan frío y se mojan. Llevan las gavillas de otros y van desnudos. Job afirma que “de la ciudad se eleva el clamor de los moribundos; la garganta de los heridos reclama ayuda, ¡pero Dios ni se da por enterado!” (24:12).

La siguiente sección importante de este capítulo (24:18–24) parece un rompecabezas. A primera vista, Job está anticipando la clase de argumento que sus “miserables consoladores” prefieren: Dios contesta a los malvados como estos merecen. Algunos expertos han sugerido que el pasaje ha sido colocado en el lugar equivocado; otros creen que Job está siendo muy irónico y quiere decir exactamente lo contrario. La explicación quizás sea más simple. Job no está negando que se hará justicia algún día. Para hacerlo, tendría que cambiar su visión de Dios de forma sustancial. Sin embargo, reconoce que los malvados se enfrentarán finalmente al juicio. Mueren; quedan en el olvido. Dios no es ciego; él “los deja sentirse seguros, pero no les quita la vista de encima” (24:23). Desaparecerán en un abrir y cerrar de ojos (24:24). Job reconoce todo esto: “¿Quién puede probar que es falso lo que digo, y reducir mis palabras a la nada?” (24:25). No obstante, en el contexto de la primera parte del capítulo, se sigue preguntando por qué el Todopoderoso no establece tiempos para el juicio. En otras palabras, ¿por qué espera hasta el fin? Dado que él es el Dios de justicia, y esta se impartirá finalmente, ¿por qué esperarla tanto tiempo, dejando que los malvados cada vez lo sean más y que las víctimas sigan sufriendo?

Es una pregunta mordaz. Parte de su respuesta aparece más adelante en el libro, pero, como mínimo, deberíamos reconocer que el juicio instantáneo por cada pecado nos tendría inmersos a casi todos en un dolor constante, aullando como los perros de Pavlov para evitar el castigo, pero sin transformación interior. ¿Queremos realmente lo que Job parece estar pidiendo?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 55). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Éxodo 6 | Lucas 9 | Job 23 | 1 Corintios 10

23 FEBRERO

Éxodo 6 | Lucas 9 | Job 23 | 1 Corintios 10

Hemos escuchado dos rondas completas de discursos de los tres “consoladores miserables”, más las respuestas de Job. Hay una ronda más, truncada y desequilibrada. Elifaz habla y Job replica (Job 22–24); Bildad habla muy brevemente y Job le responde largo y tendido (Job 25–31), con extraordinaria contundencia y fervor. Los “consoladores” no tienen nada nuevo que decir y se están viniendo abajo. La persistente defensa de Job de su integridad, aunque no les convence, les obliga a callar.

El último discurso de Elifaz (Job 22), aunque amplía los límites de su imaginería poética, no añade nada a su argumento; simplemente lo expone de nuevo. Dice que Dios es tan inimaginablemente grande, que no puede obtener ningún beneficio de los seres humanos. Así pues, ¿por qué pensaba Job que su justicia debía impresionar al Todopoderoso? Esa misma grandeza garantiza que el conocimiento y la justicia de Dios son perfectos, por lo que los sufrimientos de Job tienen fundamento: el Señor ha sacado a la luz los pecados ocultos de Job, pecados que Elifaz quiere hacer públicos realizando conjeturas.

Mientras responde con algunas reflexiones que ya ha empleado anteriormente, Job se embarca en una nueva línea de pensamiento (Job 23). Ahora, no acusa a Dios de injusticia, sino de ausencia e inaccesibilidad: “¡Ah, si supiera yo dónde encontrar a Dios! ¡Si pudiera llegar adonde él habita!” (23:3). No estamos ante un anhelo de escapar e ir al cielo, sino ante un deseo apasionado y frustrado de presentar su caso delante del Todopoderoso (23:4). Job no tiene miedo de que Dios le responda con terrorífico poder y le aplaste (23:6); más bien, teme que el Señor simplemente le ignore. Sin embargo, ninguna búsqueda geográfica que Job acometa encontrará a Dios (23:8–9).

Las palabras de Job son muy diferentes a la queja de la literatura moderna, que Dios está tan ausente que debe de estar muerto. Job no espera a alguien que no vendrá. Su fe en Dios no se tambalea. Está convencido de que su Señor sabe en qué situación se encuentra y conoce perfectamente la integridad fundamental de su vida (23:9–11). Esta no es la bravuconería de quien se define a sí mismo como independiente; Job ha obedecido minuciosamente las palabras de Dios, amándolas más que su comida diaria (23:12).

Esa es la razón por la que la ausencia de Dios no solo es desconcertante, sino aterradora (23:13–17). La confianza continua de Job en la soberanía y el conocimiento de Dios es precisamente lo que tanto le asusta, ya que la evidencia empírica demuestra que, al menos en esta vida, el justo puede ser destruido y el impío escapar. Los “consoladores” declaran que Job debería temer a la justicia de Dios; Job teme la aparente ausencia de Dios.

Cuando llegan esos días, es vital que recordemos el final del libro de Job y el de la Biblia.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 54). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Éxodo 5 | Lucas 8 | Job 22 | 1 Corintios 9

22 FEBRERO

Éxodo 5 | Lucas 8 | Job 22 | 1 Corintios 9

1 Corintios 9:19–23 es uno de los pasajes más reveladores del Nuevo Testamento en cuanto a la visión de la ley por parte de Pablo.

Por un lado, el apóstol afirma que, para evangelizar a los judíos, se ha vuelto como uno de ellos; concretamente, se ha vuelto como “los que viven bajo la ley”, aunque “yo mismo no vivo bajo la ley” (9:20). Así pues, aunque Pablo ciertamente se reconoce como judío de raza (véase, por ejemplo, Romanos 9:3), en este momento de su vida no se ve bajo la ley-pacto. Cuando se dispone a acometer la tarea de ganar para Cristo a sus hermanos judíos, quiere eliminar toda ofensa innecesaria, por lo que adopta la disciplina kosher; en este sentido, se vuelve como un judío, como uno que está bajo la ley.

Por otro lado, cuando se prepara para evangelizar a los gentiles, se vuelve como “los que están sin ley”. Siendo consciente de que esta postura podía entenderse como simple rebeldía, Pablo añade, entre paréntesis, que eso no significa que estuviese libre de toda ley. Todo lo contrario; el apóstol escribe: “No estoy libre de la ley de Dios sino comprometido con la ley de Cristo” (9:21).

Así pues, por un lado, Pablo no está bajo la ley; por otro, no está libre de la ley de Dios, sino que se encuentra bajo la ley de Cristo. ¿Qué significa esto?

(a) La “ley” bajo la que Pablo se ve no puede ser exactamente la misma que la Torá (el Pentateuco) o, de forma más general, las exigencias de Dios en las Escrituras del Antiguo Testamento. Es verdad que Pablo dice en otro pasaje: “Lo que importa es cumplir los mandatos de Dios” (1 Corintios 7:19). No obstante, estos no son los mandatos que encontramos en el Antiguo Testamento.

Después de todo, la línea anterior dice: “Para nada cuenta estar o no circuncidado; lo que importa es cumplir los mandatos de Dios”. El judío reflexivo respondería: “Pero la circuncisión es uno de los mandamientos de Dios”. No para Pablo: guardar los mandamientos del Señor u obedecer su ley no es, para él, lo mismo que observar la ley mosaica.

(b) Lo que obliga a Pablo y establece los límites de su flexibilidad en su afán por evangelizar tanto a judíos como a griegos es “la ley de Cristo” (9:21). Sus afirmaciones no tienen sentido si “la ley de Cristo” es exactamente idéntica a la de Dios, tal como encontramos en la Torá. Debe bajarse de su “tercera posición” (la del cristiano) para ser como un judío o un gentil.

(c) Saber cómo es la relación entre la “ley de Dios” mosaica y “la ley de Cristo” es complejo y Pablo lo vislumbra en Romanos 3:21–26 (véase la meditación del 31 de enero). Aquí es suficiente con observar que el motivo de la magnífica flexibilidad cultural de Pablo es poder “ganar a los débiles”, “a fin de salvar a algunos por todos los medios posibles” (9:22).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 53). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Éxodo 4 | Lucas 7 | Job 21 | 1 Corintios 8

21 FEBRERO

Éxodo 4 | Lucas 7 | Job 21 | 1 Corintios 8

El segundo discurso de Zofar (Job 20) concluye la segunda ronda de los tres “consoladores miserables”. La respuesta de Job (Job 21) acaba con este ciclo.

Job dice que si no le pueden proporcionar ningún consuelo, lo mínimo que pueden hacer es escucharle cuando les responde (21:2). Cuando termine, podrán seguir con sus burlas (21:3).

El meollo de la respuesta de Job da que pensar a cualquiera que se preocupe de la moralidad y la justicia: “¿Por qué siguen con vida los malvados, cada vez más viejos y más ricos?” (21:7). No sólo parece que no existe un patrón obvio de juicio temporal sobre los abiertamente impíos, sino que muy frecuentemente se produce lo contrario: los malos pueden ser los más prósperos de todos. “Sus toros son verdaderos sementales; sus vacas paren y no pierden las crías” (21:10). Tienen muchos hijos sanos, cantan y bailan. Exhiben un total desinterés en Dios (21:14), pero disfrutan de la prosperidad (21:13). Es raro que su lámpara se apague (21:17). Proverbios populares como “Dios reserva el castigo para los hijos del pecador” (21:19) no impresionan a Job; a los verdaderamente malvados, no les preocupa dejar a su familia en la miseria, ya que ellos están cómodos (21:21). Por esta razón, los impíos necesitan beber “la ira del Todopoderoso” (21:20), pero esto no ocurre habitualmente. Es verdad que Dios lo sabe todo; Job no quiere negar el conocimiento y la justicia del Todopoderoso (21:22). Sin embargo, no se pueden ocultar los hechos. Una vez que el rico y el pobre mueren, ambos sufren la misma descomposición (21:23–26). ¿Dónde está la justicia aquí?

Incluso con las exageraciones de Job (después de todo, algunos impíos sufren juicios temporales), no debería despreciarse su reflexión. Si las cuentas de la bendición y el castigo se calculan únicamente en base a lo que acontece en esta vida, este mundo es muy injusto. Millones de personas relativamente buenas mueren entre sufrimientos, pobreza y degradación; millones de personas relativamente malas disfrutan de una vida completa y mueren durmiendo. Todos podemos citar ejemplos que demuestran la justicia de Dios en esta vida, ¿pero qué pasa con el resto de las historias?

El sistema moral de los tres interlocutores de Job, basado en el ojo por ojo, no puede gestionar los millones de casos complicados existentes. Además, como ellos, Job no quiere cuestionar la justicia de Dios, pero los hechos son los hechos: distorsionar la verdad y la realidad no es una virtud, ni siquiera cuando se está defendiendo esa justicia de Dios.

Con el paso del tiempo quedará más claro que la justicia definitiva se impartirá después de la muerte, y que el Dios de justicia conoce por sí mismo la injusticia, no solo por su omnisciencia, sino por su experiencia en una cruz.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 52). Barcelona: Publicaciones Andamio.