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Éxodo 5 | Lucas 8 | Job 22 | 1 Corintios 9

22 FEBRERO

Éxodo 5 | Lucas 8 | Job 22 | 1 Corintios 9

1 Corintios 9:19–23 es uno de los pasajes más reveladores del Nuevo Testamento en cuanto a la visión de la ley por parte de Pablo.

Por un lado, el apóstol afirma que, para evangelizar a los judíos, se ha vuelto como uno de ellos; concretamente, se ha vuelto como “los que viven bajo la ley”, aunque “yo mismo no vivo bajo la ley” (9:20). Así pues, aunque Pablo ciertamente se reconoce como judío de raza (véase, por ejemplo, Romanos 9:3), en este momento de su vida no se ve bajo la ley-pacto. Cuando se dispone a acometer la tarea de ganar para Cristo a sus hermanos judíos, quiere eliminar toda ofensa innecesaria, por lo que adopta la disciplina kosher; en este sentido, se vuelve como un judío, como uno que está bajo la ley.

Por otro lado, cuando se prepara para evangelizar a los gentiles, se vuelve como “los que están sin ley”. Siendo consciente de que esta postura podía entenderse como simple rebeldía, Pablo añade, entre paréntesis, que eso no significa que estuviese libre de toda ley. Todo lo contrario; el apóstol escribe: “No estoy libre de la ley de Dios sino comprometido con la ley de Cristo” (9:21).

Así pues, por un lado, Pablo no está bajo la ley; por otro, no está libre de la ley de Dios, sino que se encuentra bajo la ley de Cristo. ¿Qué significa esto?

(a) La “ley” bajo la que Pablo se ve no puede ser exactamente la misma que la Torá (el Pentateuco) o, de forma más general, las exigencias de Dios en las Escrituras del Antiguo Testamento. Es verdad que Pablo dice en otro pasaje: “Lo que importa es cumplir los mandatos de Dios” (1 Corintios 7:19). No obstante, estos no son los mandatos que encontramos en el Antiguo Testamento.

Después de todo, la línea anterior dice: “Para nada cuenta estar o no circuncidado; lo que importa es cumplir los mandatos de Dios”. El judío reflexivo respondería: “Pero la circuncisión es uno de los mandamientos de Dios”. No para Pablo: guardar los mandamientos del Señor u obedecer su ley no es, para él, lo mismo que observar la ley mosaica.

(b) Lo que obliga a Pablo y establece los límites de su flexibilidad en su afán por evangelizar tanto a judíos como a griegos es “la ley de Cristo” (9:21). Sus afirmaciones no tienen sentido si “la ley de Cristo” es exactamente idéntica a la de Dios, tal como encontramos en la Torá. Debe bajarse de su “tercera posición” (la del cristiano) para ser como un judío o un gentil.

(c) Saber cómo es la relación entre la “ley de Dios” mosaica y “la ley de Cristo” es complejo y Pablo lo vislumbra en Romanos 3:21–26 (véase la meditación del 31 de enero). Aquí es suficiente con observar que el motivo de la magnífica flexibilidad cultural de Pablo es poder “ganar a los débiles”, “a fin de salvar a algunos por todos los medios posibles” (9:22).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 53). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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