Los cristianos que estén luchando contra el Enemigo serán conocidos, no sólo en los atrios del cielo, sino en los del infierno.

1 AGOSTO

Jueces 15 | Hechos 19 | Jeremías 28 | Marcos 14

Uno de los relatos más extraños del libro de los Hechos trata sobre los siete hijos de Esceva (Hechos 19:11–20). El ministerio de Pablo en Efeso duró bastante tiempo, tal vez dos años y medio, y durante el mismo, “Dios hacía milagros extraordinarios por medio de Pablo” (19:11). El resultado fue que varios “competidores” trataron de igualarlo. Esto, en sí mismo, no es sorprendente. Siempre ha sido así. Cuando Dios le dio un poder especial a Moisés para que hiciera milagros ante el faraón, los magos de Egipto pudieron reproducir casi todo (aunque no todo) lo que él hizo.

De manera que, en la época de Pablo, algunos judíos inmersos en el sincretismo viajaban y llevaban a cabo una especie de ministerio de liberación. No sabían muy bien en qué se habían metido. Cuando vieron lo que Pablo hacía en el nombre de Jesús, comenzaron a referirse a ese nombre también, como si fuera un talismán mágico: “Decían: ‘En el nombre de Jesús, a quien Pablo predica, os ordeno que salgáis” (19:13).

Los siete hijos de Esceva, un sacerdote judío, estaban especialmente involucrados en esta operación. Un día, el espíritu maligno que intentaban exorcizar les respondió: “Conozco a Jesús, y sé quién es Pablo, pero vosotros ¿quiénes sois?” (19:15). Entonces el hombre poseído por este espíritu se abalanzó sobre ellos y les dio una paliza a los siete. Observa:

Primero, el resultado de este encuentro fue completamente beneficioso. Cuando la historia circuló, a muchos les entró un temor saludable y un mayor respeto por el nombre del señor Jesús. Era un nombre tan poderoso que no se podía utilizar como si fuera una fórmula mágica. Este nombre no podía ser domesticado. Como resultado, se puso freno a la fascinación con las prácticas ocultistas. Muchos confesaron sus prácticas malvadas y otros trajeron sus libros de hechicería y los quemaron. La suma del precio de estos libros fue una cantidad enorme (19:17–19). “Así la palabra del Señor crecía y se difundía con poder arrollador” (19:20).

Segundo, el elemento verdaderamente chocante es la declaración del espíritu maligno: “Conozco a Jesús, y sé quién es Pablo, pero vosotros ¿quiénes sois?” Uno puede entender por qué los poderes demoníacos conocerían a Jesús. Eso no sorprende. ¡Pero a Pablo también lo conocen! Su ministerio había estado atacando a los poderes de las tinieblas. Se sabía que él estaba protegido y defendido por el Cristo vivo— el demonio no podía poseerlo de ninguna manera para darle una paliza. Con los otros personajes, era otra historia; el demonio pensaba que eran un hazmerreír, fáciles de ignorar, de subyugar y de avergonzar. ¡Pero Pablo era conocido!

Los cristianos que estén luchando contra el Enemigo serán conocidos, no sólo en los atrios del cielo, sino en los del infierno.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 213). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Dios utiliza imperfectos

31 JULIO

Jueces 14 | Hechos 18 | Jeremías 27 | Marcos 13

Algunos nos hemos preguntado por qué Dios ha usado para un ministerio poderoso a personas con crasos defectos. No se trata de que Dios sólo debería usar a personas perfectas, porque eso significa que no usaría a nadie; ni me refiero al hecho de que todos tenemos debilidades y faltas de varios tipos. A George Whitefield, por ejemplo, a pesar de ser excelente predicador y evangelista, no le fue bien en su matrimonio ni en su convicción (equivocada) de que su hijo sería sanado de su enfermedad terminal. Prácticamente, ningún líder cristiano, de la época bíblica ni en la historia más reciente, podría sostenerse ante este tipo de crítica. No. A lo que me refiero es a esas faltas tan públicas y horribles que hacen que uno se plantee dos preguntas: (a) Si esta persona es tan poderosa y piadosa, ¿por qué ha hecho algo tan feo? (b) Si esta persona está tan llena del Espíritu, ¿por qué no la capacita ese mismo Espíritu para corregir su vida?

No hay respuestas fáciles. A veces, es sólo cuestión de tiempo. Después de todo, Judas Iscariote participó del ministerio público con los otros once apóstoles—incluso un ministerio milagroso—, pero posteriormente se mostró apóstata. El paso del tiempo lo desenmascaró. Pero a veces las faltas están presentes de principio a fin.

Esto parece ser cierto en la vida de Sansón. El Espíritu de Dios vino sobre él de manera poderosa; el Señor lo usó para alejar a los filisteos. Pero ¿qué hace él casándose con una filistea cuando la Ley prohibía estrictamente el matrimonio con cualquier persona fuera de la comunidad del pacto (Jueces 14:2)? Cuando sus padres le advierten de las consecuencias, él sencillamente hace caso omiso de sus palabras y ellos acceden (14:3). Es cierto que “no sabían que esto venía del Señor” (14:4), de la misma manera que la venta de José como esclavo en Egipto vino del Señor; pero eso no justifica las acciones de los humanos. La apuesta arriesgada de Sansón (14:12–13) es más arrogante y avara que sabia y honrosa. Por supuesto, los filisteos fueron muy crueles en este asunto (14:15–18, 20) pero, cuando Sansón asesina a treinta hombres para cumplir las condiciones de la apuesta, le motiva más su venganza personal que el deseo de limpiar la tierra y restaurar la fuerza del pueblo del pacto. Podemos decir algo parecido de sus tácticas en el capítulo siguiente y de sus andanzas promiscuas en el capítulo 16.

Parece, entonces, que el poder dado por el Espíritu en una faceta de la vida no garantiza por sí mismo la disciplina y la madurez motivadas por el Espíritu en todas las dimensiones de la vida. Se deduce que la presencia de dones espirituales nunca es excusa para el pecado personal.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 212). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Evangelización de Pablo

30 JULIO

Jueces 13 | Hechos 17 | Jeremías 26 | Marcos 12

Casi toda la evangelización de Pablo a los gentiles comenzó en la sinagoga. Su procedimiento habitual al llegar a una nueva población era visitar la sinagoga y (como era común pedirle a los visitantes que hablaran) aprovechar la oportunidad para predicar el evangelio. Esto significa que sus oyentes eran una mezcla de judíos, prosélitos (es decir, gentiles convertidos al judaísmo) y temerosos de Dios (es decir, gentiles que simpatizaban con los judíos y su monoteísmo, pero que no se habían convertido formalmente). El libro de los Hechos muestra que en varias ocasiones (por ejemplo, 13:13–48; 17:1–9), las autoridades de las sinagogas se cansaron de Pablo y le prohibieron la entrada. En este momento, muchos de los prosélitos y temerosos de Dios se iban con él, de manera que aunque ahora predicaba a una multitud principalmente gentil, la mayoría de ellos habían estado expuestos a las Escrituras del Antiguo Testamento. En otras palabras, en estos casos, Pablo podía predicarles a personas que compartían con él mucho del vocabulario, los hechos y las situaciones del relato del Antiguo Testamento.

Ahora bien, ¿qué haría Pablo si estuviera predicándole a analfabetos bíblicos (es decir, a gente que nunca haya escuchado de Moisés, ni leído, ni aprendido elemento alguno de la trama del Antiguo Testamento)? Este tipo de personas no sólo necesitarían que se les informara, sino que tendrían que desaprender muchas nociones adquiridas de otro trasfondo cultural y religioso. Podemos ver un encuentro de esta índole en 14:8–20, cuando los ciudadanos de Listra concluyen emocionados que Pablo y Bernabé son encarnaciones de dioses griegos (ver la meditación del 27 de julio). El breve informe del discurso de Pablo (14:15–17) nos ofrece un ejemplo de la respuesta apostólica.

Pero el más revelador es el relato de la visita de Pablo a Atenas (17:16–31). Aquí Pablo empieza en la sinagoga (17:17) pero también salió a evangelizar en el mercado a todos los que pasaran por allí (17:17) y esto provoca una invitación a hablar en la reunión del Areópago. Y ahí, podemos percibir claramente cómo el apóstol Pablo ha pensado sobre este asunto. En un mundo de dioses finitos (a menudo apoyados por una deidad panteística), visiones cíclicas de la historia, comprensiones del pecado que están por debajo del estándar bíblico, idolatría multiplicada, dualismo que declara malo todo lo material y bueno todo lo espiritual, deidades tribales y bastante superstición, Pablo presenta una cosmovisión del Dios verdadero, una visión lineal de la historia, la naturaleza del pecado y de la idolatría, el juicio inminente, la unidad de la raza humana y la unicidad de Dios—todo como el marco necesario sin el cual su proclamación de Jesús no tendría sentido. ¿Qué significa esto para la evangelización en la actualidad?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, pp. 211–212). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Tres observaciones sobre estos pasos del ministerio de Pablo y Silas

29 JULIO

Jueces 12 | Hechos 16 | Jeremías 25 | Marcos 11

Tres observaciones sobre estos pasos del ministerio de Pablo y Silas (Hechos 16):

(1) Para entender el “llamado macedonio” de Pablo (16:6–10), debemos seguir sus movimientos en un mapa. Tras viajar por la parte central de lo que hoy día es Turquía, el Espíritu les prohibió a Pablo y a Silas ir a Asia (16:6), es decir, Asia Menor, la sección occidental de la Turquía moderna. De manera que viajan hacia el norte y tratan de entrar a Bitinia (16:7). Si se les hubiera permitido, habrían llegado a la carretera principal que iba de este a oeste y unía al Imperio Romano con la India y estarían en dirección hacia el oriente. Pero el “espíritu de Jesús” no les permite dar ese paso (16:7), así que se van en la única dirección que les sigue abierta en las carreteras de ese entonces: se dirigen a la ciudad portuaria de Troas. Desde ahí, sólo hay un lugar obvio para ir: atravesar el mar hacia Europa. Durante la noche, Pablo tiene la visión de un hombre en Macedonia, la recalada más cercana de Europa, que le rogaba: “Pasa a Macedonia y ayúdanos” (16:9). Esto confirma los movimientos de Pablo y Silas, no los redirige. El resultado es el ministerio en el continente de Europa y, finalmente, un camino hacia Roma.

(2) La primera conversa de Pablo en Europa fue una mujer, viajera de negocios intercontinentales, de Tiatira. Observa la descripción de su conversión y luego la de la conversión del carcelero de Filipos: “el Señor le abrió el corazón para que respondiera al mensaje de Pablo” (16:14); “El carcelero… se alegró mucho junto con toda su familia por haber creído en Dios” (16:34). Usemos ambas expresiones hoy día.

(3) Vale la pena meditar sobre las ocasiones en las que Pablo usa su ciudadanía romana y aquellas en las que no lo hace. A veces, le golpean y él no eleva palabra alguna de protesta. En Filipos, a Pablo y a Silas les dan “muchos golpes” (16:23–24), aparentemente sin que protestaran. Los ciudadanos romanos no podían ser azotados sin juicio. Sin embargo, cuando al carcelero se le ordena soltar a los prisioneros, Pablo protesta que a él y a Silas, ambos ciudadanos, se les azotó e insiste en que los líderes vengan y les escolten fuera de la cárcel como una especie de disculpa pública (16:37–39). ¿Por qué no sencillamente sufrir en silencio, ya que es algo que solían hacer?

Es difícil de demostrar, pero muchos argumentan, con credibilidad, que Pablo usa sus derechos cuando piensa que al hacerlo establecerá precedentes legales que ayuden a otros cristianos. Cada caso anotado en los libros en el que a los cristianos se les declare no culpables de desorden público o amenaza al Imperio Romano puede servir como un precedente legal útil. Si esto es cierto, es señal de un pensamiento estratégico por el bien de los demás.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 210). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Aquí haré dos meditaciones separadas en este mismo espacio, sobre cada uno de los pasajes principales

28 JULIO

Jueces 11 | Hechos 15 | Jeremías 24 | Marcos 10

Aquí haré dos meditaciones separadas en este mismo espacio, sobre cada uno de los pasajes principales.

En Hechos 15, es crucial entender de qué trataba la disputa que dio lugar a la creación de lo que hoy se conoce como “el Concilio de Jerusalén”. Algunos judíos viajaron de Judea a Antioquía y comenzaron a enseñarles a los creyentes allí que, a pesar de que ya creían en Jesús, no podían ser salvos a menos que se circuncidaran conforme a la ley de Moisés (15:1). Más adelante, la historia denominó judaizantes a estas personas.

Desde la perspectiva de los judaizantes, Jesús era el Mesías judío y no se podía seguir verdaderamente a este Mesías sin convertirse en judío. Sin duda que algunos judíos se sintieron amenazados por la llegada de tantos gentiles incircuncisos a la iglesia: la autoidentidad judía corría un gran peligro de quedar diluida o incluso de perderse. No obstante, si todos estos gentiles se volvían judíos, señalado por la circuncisión, se disiparía ese peligro.

Sin embargo, el asunto es más profundo que la cuestión de la identidad judía. Finalmente, se convierte en una pregunta sobre cómo está cohesionada la Biblia entera. Los judaizantes colocaban la ley de Moisés por encima de Jesús. Sólo se podía aceptar a Jesús como el Mesías si el resultado de esto era un grupo de personas aún más comprometidas en obedecer el pacto de Moisés—leyes alimentarias, circuncisión, el culto en el templo y todo lo demás. Por el contrario, los líderes apuntan hacia otra dirección. Los mismos judíos nunca obedecieron bien la ley (15:10); ¿por qué imponérsela a los gentiles? Aún más importante, la revelación reflejada en el antiguo pacto apunta a Jesús. Él es su meta, no su siervo. Pedro le recuerda a la asamblea, que en el episodio de Cornelio, Dios derramó su Espíritu sobre los gentiles sin que estos estuvieran circuncidados (15:7–8). Lo que finalmente está en controversia es la libertad de la gracia de Dios (15:11).

Los informes de Pablo y Bernabé fueron útiles. Jacobo, el medio hermano del señor Jesús—quien parece ser que entonces era el anciano principal de la iglesia en Jerusalén—ofrece una elocuente exposición de un texto del Antiguo Testamento, así como su propio juicio pastoral (15:13–21). La combinación triunfa, aunque el argumento se repite varias veces durante las próximas décadas. Si entiendes estos temas correctamente, la Biblia se te aclara.

Jueces 11:30–31, 34–40 es un ejemplo estelar de una promesa que no se debió haber hecho y no se debió haber cumplido. A pesar de que la Biblia insiste en que debemos cumplir nuestros votos, una promesa de hacer algo malo no se debe cumplir, sino más bien arrepentirse de ella y así evitar cometer dos pecados en vez de uno solo. Más aún, aquí hay otra evidencia del descenso en la espiral de estupidez moral y teológica en el que se encontraba Israel en la época de los jueces.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 209). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Pablo y Bernabé

27 JULIO

Jueces 10 | Hechos 14 | Jeremías 23 | Marcos 9

Pablo llevaba quince años evangelizando, o quizás más, probablemente alrededor del área de Tarso antes de que se registrara este “primer” viaje. Sin duda, adquirió muchísima experiencia al evangelizar a judíos y a gentiles, de manera que, cuando aparece en escena como un apóstol fundador de iglesias, no es un joven buscando su ruta, sino un obrero maduro y experimentado.

(1) Se ha dicho a menudo que dondequiera que iba Pablo, surgía un avivamiento o un motín y, a veces, ambos. Esto no es totalmente cierto, por supuesto. Más aún, un motín, no es necesariamente una señal de autenticidad: tanto depende del contexto y de los oyentes como del predicador y su mensaje y estilo. Pero al menos hay algo de verdad en la observación y se debe al impresionante denuedo del apóstol.

(2) En los primeros años de la iglesia, casi toda la persecución que sufrían los cristianos la iniciaban los judíos. Por supuesto, más tarde el Imperio Romano generó una persecución mucho peor, hasta que a inicios del siglo IV, el emperador Constantino cambió de bando. Pero al principio no fue así. Es difícil hablar de esto en nuestro contexto histórico, dado que vivimos después del Holocausto. Pero los hechos son tozudos y es posible entender por qué era así. Al principio, todos los cristianos eran judíos y durante mucho tiempo, la mayoría seguían siendo judíos. En ambos casos, la disciplina de la sinagoga era posible dentro de comunidades razonablemente cerradas. Más aún, al menos en algunas ciudades, los judíos influyentes podían presionar a las autoridades paganas para que actuaran sobre ciertas personas que muchos judíos consideraban que estaban corrompiendo la tradición y la cultura judías.

(3) En Listra (Hechos 14:8–20), hay un ejemplo espectacular de la inconstancia de una multitud. Al principio, los paganos intentan honrar a Pablo y Bernabé llamándoles Hermes (el dios de la comunicación) y Zeus (jefe del panteón griego), respectivamente, debido a las sanidades que habían hecho en nombre de Jesús. Pablo y Bernabé sólo pudieron controlar a la muchedumbre con muchísimo esfuerzo, persuadida por algunos judíos opositores que habían comenzado a pisarle los talones. La respuesta apostólica es asombrosa: hacen todo lo posible por impedir la aclamación (14:14, 18) y aceptan la persecución como algo que es de esperar para aquellos que entren al reino de Dios (14:22).

(4) De camino a casa, pocos meses después, Pablo y Bernabé regresan a las ciudades donde ya habían fundado iglesias y nombran ancianos en cada una de ellas (14:23). Evidentemente, lo que significa un anciano “maduro” es completamente relativo a la edad y madurez de la congregación.

Reflexiona sobre la relevancia de estos hechos en tu propio contexto.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 208). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Hijo de consolación

26 JULIO

Jueces 9 | Hechos 13 | Jeremías 22 | Marcos 8

Hoy quiero señalar varios aspectos que surgen de elementos opuestos de Hechos 13.

(1) El liderazgo de la iglesia en Antioquía debió ser extraordinariamente diverso (13:1). El verdadero nombre de Bernabé era José. Era un levita de Chipre (4:36–37). En una época en la que la iglesia en Jerusalén crecía tan rápidamente que seguramente los apóstoles no serían capaces de recordar los nombres de todo el mundo, este José destacó por su increíble don de animar; como resultado, fue recompensado con un apodo que reflejara su carácter: Bernabé – Hijo de consolación. También estaba Simeón “el que se llamaba Níger” – una expresión que probablemente significa “Simeón el Negro.” En el mundo antiguo, contrario a la experiencia británica o estadounidense, la esclavitud estaba vinculada con el sistema económico (alguien que se fuera a la quiebra podría venderse a sí mismo como esclavo—ver meditación del 11 de marzo) y con la fuerza militar; no estaba restringida a una raza en particular. (O sea, podría haber esclavos africanos, europeos, judíos o de alguna otra raza.) No era en absoluto anormal tener como líder a “Simeón el Negro”. De Lucio de Cirene no sabemos casi nada. Por lo visto, al igual que Bernabé, era de una isla del Mediterráneo y su nombre demuestra que pertenecía al mundo helenístico. Manaén tenía suficientes conexiones con la nobleza menor como para haberse criado con Herodes el tetrarca. Y tenían también a Saulo mismo, quien ya para aquel entonces era un evangelista veterano, fundador de iglesias y maestro de la Biblia, con quince años de experiencia y muchas cicatrices para demostrarlo. Tras su llamado, él fue moviéndose cada vez más en círculos gentiles y usó el nombre conectado con su ciudadanía romana: Pablo (13:9). (Los ciudadanos romanos tenían tres nombres. Desconocemos los otros dos —porque Pablo en realidad era el apellido; Saulo era un nombre adicional conservado por su trasfondo judío.) Él tampoco era originario de la ciudad—nació en Tarso. ¡Qué diversidad tan gloriosa y cosmopolita en esta iglesia de Antioquía!

(2) Tras el relato detallado del sermón de Pablo en Antioquía de Pisidia, se nos dice que muchos gentiles “al oír esto, se alegraron y celebraron la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban destinados a la vida eterna” (13:48). Un ejercicio excelente es buscar todas las maneras en que el libro de los Hechos, o incluso todo el Nuevo Testamento, se refiere a la conversión y a los conversos—y luego usar todas estas expresiones en nuestro propio discurso, pues nuestra manera de hablar de estos temas tanto refleja como moldea nuestra forma de pensar al respecto. No hay pasaje bíblico que hable de “aceptar a Jesús como tu Salvador personal” (aunque la noción, en sí misma, no es totalmente incorrecta). Entonces, ¿por qué tantas personas adoptan esta frase y nunca hablan según los términos del versículo 48?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 207). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Gedeón

25 JULIO

Jueces 8 | Hechos 12 | Jeremías 21 | Marcos 7

En muchos aspectos, Gedeón fue un gran hombre. Cauteloso cuando el Señor lo llamó por primera vez, tomó los primeros pasos de la obediencia de noche (Jueces 6). Luego, lleno del Espíritu del Señor (6:34) y convencido de que Dios estaba con él gracias a dos señales extraordinarias (6:36–40), dirigió a su pequeño grupo de trescientos hombres hacia una impresionante victoria sobre los madianitas (Jueces 7).

No obstante, a pesar de toda su grandeza, Gedeón representa un poco de lo que anda mal en la nación. Graves defectos de carácter y la inconsistencia se multiplican y se corrompen, de manera que al final del libro, la nación entera se encuentra en un estado desastroso.

En el primer incidente de Jueces 8, Gedeón sale bien parado y los hombres de Efraín bastante mal. Nadie estaba dispuesto a pelear contra los madianitas antes de que Dios levantara a Gedeón. Ahora que la victoria con Gedeón fue tan asombrosa, los hombres de Efraín le acusan de no invitarles a participar de la lucha con anterioridad. Él responde de manera diplomática, alabando sus esfuerzos en la etapa final de la operación, y ellos quedan aplacados (8:1–3). Ni los pueblos de Sucot y Peniel, ni Gedeón quedaron bien (8:4–9, 13–17). Los residentes de estos pueblos son cobardes, sin principios y dispuestos a mantenerse neutrales hasta ver en qué dirección están soplando el viento. Sin embargo, la respuesta de Gedeón, por justa que parezca, es vengativa. Cuando se trata de la ejecución de los reyes madianitas Zeba y Zalmuna (8:18–21), su decisión no se basa exactamente en principios de justicia pública ni en los mandatos del Señor en cuanto a la limpieza de la tierra. Más bien, se deja llevar por una venganza personal: sus propios hermanos habían muerto en la guerra.

Por un lado, Gedeón no parece tener sed de poder. Rechaza la aclamación popular que buscaba hacerle rey, afirmando que sólo Dios debe gobernar sobre este pueblo del pacto (8:22–23). Pero luego tropieza de manera muy fea. Solicitó anillos de oro y acaba con tal cantidad que construye un efod elaborado, una vestimenta externa adornada con más de diecinueve kilos de oro. El estado de la religión en Israel es tan deplorable que este efod pronto se convirtió en un objeto de idolatría, no sólo para la nación, sino incluso para la familia de Gedeón (8:27). La lealtad al pacto que logra mantener en la nación es sólo parcial.

Se avecinan peores problemas. Toma, no dos ni tres esposas, sino muchas y tiene setenta hijos. A su muerte, la nación regresa a un paganismo desenfrenado y demuestra una ingratitud tenaz hacia la familia de Gedeón (8:33–35). Y uno de sus hijos, Abimelec, resulta ser un carnicero cruel y sediento de poder (Jueces 9).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 206). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Quién soy yo para pretender estorbar a Dios?

24 JULIO

Jueces 7 | Hechos 11 | Jeremías 20 | Marcos 6

Lo que sorprende de Hechos 11:1–18 es la cantidad de espacio que se le dedica a volver a contar la narrativa que ya aparece detallada en Hechos 10, incluso con las mismas palabras. ¿No se trata de un uso inapropiado del espacio de un pergamino?

Pero Lucas ve esto como un punto de inflexión. Las iglesias de Judea le llaman la atención a Pedro por entrar en la casa de un incircunciso y comer con él (11:3). Pedro relata su experiencia. La visión de la sábana con los animales impuros, su repetición tres veces, las instrucciones del Espíritu de ir con los mensajeros gentiles, el hecho de que seis de los hermanos (judíos) le acompañaron y pudieron corroborar su historia, el descenso del Espíritu de manera que unía este evento a Pentecostés, el enlace de esto con las palabras del Señor Jesús… todo esto lleva a Pedro a una conclusión cuidadosa: “Por tanto, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros al creer en el Señor Jesucristo, ¿quién soy yo para pretender estorbar a Dios?” (11:17).

Ahora algunas observaciones:

(1) Aunque el argumento de Pedro es convincente (11:18), no significa que todas las implicaciones teológicas quedaron ya resueltas. Esto puede ser buenas noticias para los gentiles y un motivo de regocijo. Pero hay muchas preguntas que aún no han pensado: ¿Tendrán que circuncidarse los gentiles? ¿Estarán sujetos a las leyes kosher de alimentos después de creer en Jesús? Si no, ¿a los judíos se les permitirá abandonar esas leyes o fue Pedro una excepción para una situación particular? ¿Debería haber dos iglesias distintas, una judía y una gentil? ¿Qué deben obedecer los gentiles? ¿Cuál es la relación entre este nuevo pacto y el antiguo? Muchas de estas preguntas se plantean en los siguientes capítulos.

(2) El principal significado de este bautismo del Espíritu es un poco diferente al de Hechos 2. Aquí, la expresión dramática sirve para autentificar este grupo de nuevos conversos ante la iglesia madre en Jerusalén- una función irrelevante en Pentecostés.

(3) Luego leemos acerca de una propagación amplia, sin planificar, del evangelio entre judíos y gentiles (11:19ss.), lo cual genera más crisis. Ahora, los líderes de Jerusalén tienen que lidiar, no sólo con un individuo o una familia gentil, sino con una iglesia entera que es predominantemente gentil. Muestran gran sabiduría. Bernabé, a quien envían, no ofrece evidencia alguna de tener gran agudeza teológica, pero sí puede ver que esto es obra del Espíritu y enseguida anima a los nuevos conversos a buscar fielmente de Dios- y pronto manda a buscar al mejor maestro de Biblia que conoce para una iglesia de raza mixta como esta (11:25–26). Así es como Saulo de Tarso acaba involucrado en esta gran iglesia.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 205). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Conversión de Cornelio

23 JULIO

Jueces 6 | Hechos 10 | Jeremías 19 | Marcos 5

El relato de la conversión de Cornelio ocupa mucho espacio en el libro de los Hechos. A medida que el evangelio se expande más allá de sus fronteras judías, cada paso se documenta cuidadosamente. Primero, fueron los samaritanos, una raza mixta con una visión peculiar de las Escrituras. (Sólo aceptaban la Torah, lo que nosotros llamamos el Pentateuco.) Luego, fue el eunuco etíope, quien no podía ser un verdadero prosélito – pero (se puede argumentar) que tal vez lo había sido si no hubiera estado mutilado. Luego viene la conversión del hombre que sería el apóstol de los gentiles (ver 9:15). Aquí, en Hechos 10, está la conversión de uno que temía a Dios, un gentil muy aferrado a las Escrituras y a la sinagoga judía, quien había elegido no circuncidarse y por tanto era un prosélito – converso al judaísmo – no cualificado.

El apóstol que Dios prepara para ir a Cesarea y predicarle el evangelio a Cornelio y a su casa es Pedro. La visión repetida de Pedro se trata de comida impura para realizar los rituales. Tres veces se le dice que mate y coma las criaturas impuras; tres veces rehúsa, entendiendo que sigue estando bajo las prohibiciones de la Ley en cuanto a la comida. Muchos se preguntan por qué Pedro fue tan lento, considerando que, según Marcos 7:19, Jesús ya había declarado limpios todos los alimentos. Pero no queda nada claro que los discípulos hayan entendido en ese momento las implicaciones de las palabras de Jesús. Marcos escribe más tarde, cerca del año 60 d. C., mucho después del episodio de Cornelio; y, al reflexionar sobre lo que dijo Jesús, Marcos percibe las implicaciones de sus palabras que en aquel momento no habían captado. Ni siquiera la comisión de llevar el evangelio a todas partes o la afirmación de Jesús de que vendrían personas de todos los lugares del mundo a unirse a los patriarcas en el reino de los cielos (Mateo 8:11) hicieron que los apóstoles captaran el panorama completo. No sorprende, entonces, que en esta etapa, Pedro todavía esté luchando por entenderlo.

Así que se despierta y medita sobre el significado de la visión. El momento providencial de la misma se lo aclara. Los judíos kosher siempre estaban nerviosos en casas de gentiles – pero aquí Dios envía a Pedro no meramente a visitar una casa judía no kosher, sino a predicar el evangelio allí. Inicialmente, Pedro es el más sorprendido (10:28–29, 34), pero no tarda mucho en comenzar una presentación sumamente completa del evangelio a estos gentiles. Mientras Pedro todavía está hablando, el Espíritu Santo desciende sobre este hogar gentil como lo hizo sobre los judíos en Pentecostés y a nadie le sorprende más que a Pedro y a los judíos que viajaban con él (10:45–47).

El ímpetu inicial de cruzar fronteras de raza y cultura con el evangelio de Jesucristo no surgió de un comité planificador de la evangelización mundial, sino de Dios mismo.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 204). Barcelona: Publicaciones Andamio.