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Tres observaciones sobre estos pasos del ministerio de Pablo y Silas

29 JULIO

Jueces 12 | Hechos 16 | Jeremías 25 | Marcos 11

Tres observaciones sobre estos pasos del ministerio de Pablo y Silas (Hechos 16):

(1) Para entender el “llamado macedonio” de Pablo (16:6–10), debemos seguir sus movimientos en un mapa. Tras viajar por la parte central de lo que hoy día es Turquía, el Espíritu les prohibió a Pablo y a Silas ir a Asia (16:6), es decir, Asia Menor, la sección occidental de la Turquía moderna. De manera que viajan hacia el norte y tratan de entrar a Bitinia (16:7). Si se les hubiera permitido, habrían llegado a la carretera principal que iba de este a oeste y unía al Imperio Romano con la India y estarían en dirección hacia el oriente. Pero el “espíritu de Jesús” no les permite dar ese paso (16:7), así que se van en la única dirección que les sigue abierta en las carreteras de ese entonces: se dirigen a la ciudad portuaria de Troas. Desde ahí, sólo hay un lugar obvio para ir: atravesar el mar hacia Europa. Durante la noche, Pablo tiene la visión de un hombre en Macedonia, la recalada más cercana de Europa, que le rogaba: “Pasa a Macedonia y ayúdanos” (16:9). Esto confirma los movimientos de Pablo y Silas, no los redirige. El resultado es el ministerio en el continente de Europa y, finalmente, un camino hacia Roma.

(2) La primera conversa de Pablo en Europa fue una mujer, viajera de negocios intercontinentales, de Tiatira. Observa la descripción de su conversión y luego la de la conversión del carcelero de Filipos: “el Señor le abrió el corazón para que respondiera al mensaje de Pablo” (16:14); “El carcelero… se alegró mucho junto con toda su familia por haber creído en Dios” (16:34). Usemos ambas expresiones hoy día.

(3) Vale la pena meditar sobre las ocasiones en las que Pablo usa su ciudadanía romana y aquellas en las que no lo hace. A veces, le golpean y él no eleva palabra alguna de protesta. En Filipos, a Pablo y a Silas les dan “muchos golpes” (16:23–24), aparentemente sin que protestaran. Los ciudadanos romanos no podían ser azotados sin juicio. Sin embargo, cuando al carcelero se le ordena soltar a los prisioneros, Pablo protesta que a él y a Silas, ambos ciudadanos, se les azotó e insiste en que los líderes vengan y les escolten fuera de la cárcel como una especie de disculpa pública (16:37–39). ¿Por qué no sencillamente sufrir en silencio, ya que es algo que solían hacer?

Es difícil de demostrar, pero muchos argumentan, con credibilidad, que Pablo usa sus derechos cuando piensa que al hacerlo establecerá precedentes legales que ayuden a otros cristianos. Cada caso anotado en los libros en el que a los cristianos se les declare no culpables de desorden público o amenaza al Imperio Romano puede servir como un precedente legal útil. Si esto es cierto, es señal de un pensamiento estratégico por el bien de los demás.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 210). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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