Jesucristo

Viernes 23 Diciembre

Dios… nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.

Hebreos 1:1-3

Jesucristo

La Biblia nos habla de él desde sus primeras páginas, cuando Dios anuncia, después del primer pecado del hombre, que un día habría un Salvador, el cual aplastaría la cabeza de la serpiente. Más adelante, en los textos del Antiguo Testamento, Abraham, Moisés, David y los profetas anunciaron la venida del Mesías, el Cristo.

El Nuevo Testamento comienza por los cuatro evangelios. Son cuatro relatos donde Jesucristo, el Hijo de Dios, aparece como un hombre en la tierra, quien vino para cumplir perfectamente la voluntad de Dios. Su obediencia lo condujo hasta la cruz, sobre la cual aceptó morir. Allí sufrió en nuestro lugar el juicio que nosotros merecíamos por nuestra desobediencia a Dios. Murió, pero Dios lo resucitó. Jesucristo salió de la tumba demostrando que había vencido incluso a la muerte (Hebreos 2:14-15).

Luego Jesús fue llevado al cielo y Dios lo hizo sentar a su diestra, probando así que estaba satisfecho con su obra cumplida en la cruz. Ahora el Señor Jesús se ocupa de nosotros. Aunque esté junto a Dios el Padre, también está con nosotros para hacernos bien, para aconsejarnos, animarnos y librarnos del mal.

Pero esto no ha terminado. Jesucristo vendrá pronto a buscar a los que han creído en él. Jesús prometió: “Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3). ¡Qué esperanza para los creyentes estar con el Señor para siempre!

Jueces 14 – Apocalipsis 16 – Salmo 146:1-7 – Proverbios 30:18-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Cartas a las iglesias: Laodicea (7)

Jueves 22 Diciembre

(Jesús dijo:) He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Apocalipsis 3:20

Cartas a las iglesias: Laodicea (7)

Leer Apocalipsis 3:14-22

Laodicea se había vuelto muy rica gracias a su industria de la confección, a sus ungüentos y a su colirio; desde lejos venían para comprarlos. Sus habitantes eran materialistas y se creían autosuficientes. La iglesia de Laodicea también tenía ese carácter, se creía y decía ser rica, pero estaba ciega en cuanto a su verdadero estado espiritual. Su pecado no era la idolatría, sino la tibieza y la pretensión. ¡Situación muy grave! Es la única iglesia de la que el ángel dice que Jesús está “a la puerta”. Jesús estaba fuera. Muchos vivían “un cristianismo sin Cristo”, sin relación con él. Reducían la fe cristiana al respeto a un conjunto de valores morales.

Hoy igualmente, es una situación incoherente y arriesgada servirse de los valores cristianos sin la fe en el Señor Jesús. Lo que hace de un cristiano un verdadero testigo es la realidad de su vida interior con Cristo. Hoy todo cristiano corre el peligro de promover valores humanistas sacados de la cultura cristiana, como la paz, la caridad, la unidad, la tolerancia, sin tener esta unión vital con Cristo.

“Yo reprendo y castigo a todos los que amo”, dice Jesús a la iglesia de Laodicea. Cristianos, en víspera de su retorno, escuchemos su voz y abrámosle la puerta. Entonces él mismo nos hará gustar algo verdadero, muy dulce… algo de lo que ningún cristiano puede prescindir: la intimidad de su presencia.

“En cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en el Señor mi esperanza” (Salmo 73:28).

Jueces 13 – Apocalipsis 15 – Salmo 145:14-21 – Proverbios 30:17

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Conocer y encontrar a Dios (2)

Miércoles 21 Diciembre

(Jesús dijo:) Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.

Mateo 11:29

Conocer y encontrar a Dios (2)

«Sus respuestas a mis preguntas me derrotaron porque me parecieron verdaderas y llenas de sentido. Esto despertó en mí una sed de saber más al respecto. Entonces le hice la pregunta: “Admitamos que tu Dios existe, ¿cómo hacer para estar seguro, para conocerlo?”. Él simplemente me respondió: “Dios dice en la Biblia que el que lo busca de todo corazón, lo hallará” (Deuteronomio 4:29). Dios inició un profundo trabajo en mí; comencé a experimentar la verdad de su Palabra, la Biblia. Ella se volvió cada vez más viva para mí; bajo mis ojos podía ver su poder. Hoy estoy en paz, libre de todo mi pasado.

Antes nunca había pensado o querido integrar una asamblea de verdaderos creyentes, y menos aún hacerme bautizar. Pero hice todo esto por convicción. Es milagroso. Porque este camino no es fácil en un mundo donde los valores morales son lo opuesto a lo que Dios ha establecido; donde el diablo ya no se oculta. Pero con Jesús todo cambia. La paz de Dios y el conocimiento de su Hijo Jesucristo vinieron a llenar el vacío que había en mi corazón. Con dulzura y paciencia Dios me transformó poco a poco mediante su Espíritu y su Palabra, a pesar de mis numerosas debilidades y defectos.

Incluso si a veces es difícil permitir que Dios nos libere de nuestro orgullo, él siempre transforma el corazón del que confía en él. No espere para decidirse ante Dios y recibir ese don de Dios: la salvación del alma. Él lo ofrece a todo el que cree en su Hijo Jesucristo».

Thomas

“Les daré corazón para que me conozcan que yo soy el Señor; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios” (Jeremías 24:7).

Jueces 12 – Apocalipsis 14 – Salmo 145:8-13 – Proverbios 30:15-16

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Un libro que me comprende

Sábado 17 Diciembre

La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Hebreos 4:12

Un libro que me comprende

Émile Cailliet (1894-1981), profesor de literatura y filosofía, conocedor de Blaise Pascal, venía de una familia atea. Él cuenta cómo, en las trincheras de la guerra de 1914-1918, había soñado con un “libro que lo comprendería”. Después de la guerra emigró a los Estados Unidos y empezó a buscar dicho libro, pero no tuvo éxito. Entonces decidió escribirlo él mismo, a partir de sus lecturas. Al final, Émile abrió su preciosa colección de textos seleccionados. Pero ¡qué decepción! Él no se sentía identificado con ese libro: esos pasajes no hacían más que recordarle obras que lo habían decepcionado.

«En ese mismo momento, afirma él, mi esposa, quien no sabía nada del proyecto sobre el cual yo trabajaba, volvía de la ciudad. Por un extraño encadenamiento de circunstancias, ella traía una Biblia en la mano. ¡Tomé el libro, lo abrí en el instante y “caí” sobre las bienaventuranzas! (Mateo 5:1-12). Leí, leí, y leí, incluso en voz alta, mientras un calor indescriptible me invadía. No encontraba palabras para expresar mi asombro. De repente, tomé conciencia: ¡ese era el libro que me comprendía! Sus páginas estaban como animadas por la presencia del Dios vivo. Por primera vez oré a Dios, a ese mismo Dios del cual hablaba este libro».

Dios quiere revelarse a todo hombre y utiliza los medios adaptados a cada temperamento. Hizo descubrir a Émile Cailliet el libro que buscaba, el que nos permite descubrir al Dios que nos comprende.

Jueces 9:1-29 – Apocalipsis 10 – Salmo 143:7-12 – Proverbios 30:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El gozo puesto delante de él

Viernes 16 Diciembre

Jesús… el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio.

Hebreos 12:2

Gocémonos… porque han llegado las bodas del Cordero.

Apocalipsis 19:7

En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre.

Salmo 16:11

El gozo puesto delante de él

“Por el gozo puesto delante de él”, Jesús “sufrió la cruz”. ¿Cuál era ese gozo cuya perspectiva sostenía a Jesús en medio de semejante sufrimiento? Este contiene tres aspectos, unidos unos a otros:

– El gozo del Salvador: Jesús se compara a sí mismo con un pastor, y compara a los hombres con ovejas perdidas que él busca. Cuando encuentra una oveja, el pastor “la pone sobre sus hombros gozoso”. Nuestro Salvador Jesucristo se goza por cada persona salvada, y el cielo también se goza por cada pecador que se arrepiente (Lucas 15:5-7).

– El gozo del Esposo: muriendo en la cruz, Jesús adquirió una Esposa: su Iglesia, formada por todos los verdaderos creyentes. Pronto, él se presentará su Esposa “gloriosa… santa y sin mancha” (Efesios 5:27), y la llevará junto a él. Este gozo será compartido por todo el cielo (Apocalipsis 19:6-7).

– El gozo del Hijo: el primer hombre, Adán, dudó de Dios, le desobedeció y lo deshonró. Jesús, el Hijo de Dios, enviado a la tierra por su Padre, vino como hombre. Confió en Dios y le obedeció hasta la muerte, dando su vida en la cruz. Allí satisfizo las exigencias de la justicia y de la santidad de Dios, quien debía castigar el pecado. Demostró el amor de Dios, quien sacrificó a su Hijo unigénito para salvar a los pecadores. Jesús llevó a cabo la obra de la cruz. Dios lo acreditó resucitándolo y sentándolo a su diestra. La presencia y la aprobación del Padre hacen el gozo del Hijo.

Jueces 8 – Apocalipsis 9 – Salmo 143:1-6 – Proverbios 30:1-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Cartas a las iglesias: Filadelfia (6)

Jueves 15 Diciembre

He puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar… Yo vengo pronto; retén lo que tienes.

Apocalipsis 3:811

Cartas a las iglesias: Filadelfia (6)

Leer Apocalipsis 3:7-13

La ciudad de Filadelfia controlaba una de las rutas más grandes del imperio romano, uniendo Europa al Oriente. Su situación geográfica daba a la iglesia local una posición estratégica para propagar el Evangelio, pero allí había muchos adversarios religiosos, “la sinagoga de Satanás”. En esas condiciones, el testimonio y el servicio de esos cristianos eran difíciles. Entonces, desde el principio de esta carta, el Señor les muestra que él los conoce: “Tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre”; les hace esta promesa animadora: “He puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar”. Esta aprobación de Jesús hasta su regreso -“Vengo pronto” –, nos alienta. Jesús es la puerta por la cual él nos lleva a Dios el Padre. Él abre a los cristianos una puerta para servirle, para anunciar el Evangelio y para congregarse de una manera que lo honre, guardando su Palabra.

“Retén lo que tienes”: recomendación dirigida a la iglesia local, pero también a cada uno de nosotros. ¿Cuál es esta “puerta abierta, la cual nadie puede cerrar”? Cuando en todos los aspectos de nuestra vida (relaciones familiares, laborales, escolares, entre vecinos, etc.) retenemos firme lo que hemos aprendido de Cristo, y permanecemos aferrados a él, descubrimos que ningún obstáculo puede impedir que lo sigamos y testifiquemos de él.

Jesús también es la puerta abierta para salir de nuestros propios pensamientos, de nuestros fracasos, de nuestro pasado, de las tradiciones que nos paralizan. Su amor nos ayuda cada día, mediante la fuerza de su Palabra y de su Espíritu.

(fin el próximo jueves)

Jueces 7 – Apocalipsis 8 – Salmo 142 – Proverbios 29:26-27

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El lenguaje humano de Jesús

Miércoles 14 Diciembre

Hablad verdad cada uno con su prójimo.

Efesios 4:25

Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.

Colosenses 4:6

El lenguaje humano de Jesús

El regalo más maravilloso que Dios hizo al hombre, con la vida, es la palabra. Y para revelarse al hombre, Dios le habla. En todas las épocas Dios ha transmitido su mensaje de manera comprensible, por medio de diversos siervos y profetas, cada uno en su estilo propio. Ese mensaje ha sido transcrito en la Biblia, la Palabra de Dios. Ese libro es una palabra viva, eterna. Al leerla, nos enteramos de lo que Dios dice.

Luego Dios quiso acercarse más a su criatura, por lo que envió a su Hijo al mundo para hablarle. Jesús, el Verbo hecho carne, vino a la tierra (Juan 1:14Hebreos 1:2). Jesucristo fue la revelación de Dios en el mundo, y todo su comportamiento manifestó la verdad de Dios: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9).

Mientras vivía entre los hombres, Jesús hablaba el arameo, la lengua de los que lo rodeaban. De su boca salían palabras de gracia (Lucas 4:22); las multitudes se asombraban al oír sus poderosas palabras (Mateo 7:28-29). Incluso sus opositores dijeron: “Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre” (Juan 7:46). Era el cumplimiento de lo que el profeta Isaías había anunciado unos 700 años antes: “El Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado” (Isaías 50:4). Solo él comunicó la palabra apropiada a la situación de quien lo escuchaba; esta palabra es comparada a “manzana de oro con figuras de plata” (Proverbios 25:11).

Cristianos, parezcámonos más a nuestro modelo. Velemos para que nuestra forma de hablar muestre que somos discípulos de Cristo.

Jueces 6:22-40 – Apocalipsis 7 – Salmo 141:5-10 – Proverbios 29:24-25

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Atacado por un tiburón

Martes 13 Diciembre

Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe.

1 Pedro 5:8-9

Dando gracias al Padre… el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.

Colosenses 1:1213

Atacado por un tiburón

La escena se desarrolló en África del sur, durante una competencia de surf. Repentinamente uno de los participantes percibió algo bajo su tabla, sintió un golpe y luego vio surgir un alerón triangular. No había duda: un tiburón lo atacaba. En un reflejo, el hombre golpeó la espalda del animal y se alejó lo más rápido posible; fue recogido in extremis por un barco cercano.

Este animal que rondaba en busca de una presa nos hace pensar en un adversario temible que ataca a los hombres: el diablo, llamado Satanás, “la serpiente antigua” (Apocalipsis 12:9). La Biblia confirma su existencia y le da varios calificativos: adversario y león rugiente (ver el versículo del día), el malo (Mateo 13:19), mentiroso y homicida (Juan 8:44), seductor (Génesis 3:13), etc. Dios nos pone en guardia contra este enemigo y nos revela sus intenciones: trata de confundir y extraviar a los creyentes, los empuja al mal bajo todas sus formas, morales o físicas, los induce a oponerse a Dios de diferentes maneras. Satanás desvía a los hombres del evangelio; quiere la desgracia de la humanidad.

Aunque no siempre sea consciente, el que rehúsa poner su confianza en Jesús todavía es esclavo de ese amo despiadado y cruel. Pero Satanás fue vencido en la cruz: el que cree en Jesús es librado de Satanás y tiene a Jesucristo como Salvador y Maestro, y puede decir:

No temeré nada. Ni Satanás ni el mundo pueden arrancarme de los brazos del buen Pastor… Con él estoy al abrigo del peligro para siempre.

Jueces 6:1-21 – Apocalipsis 6 – Salmo 141:1-4 – Proverbios 29:23

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Me falta algo

Lunes 12 Diciembre

Nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.

Gálatas 2:16

Me falta algo

“Crecí en Egipto, en una familia cristiana, amparándome en la fe de mis padres. Cuando llegué a la adolescencia, esto no me satisfacía más. En mi espíritu crecía un vacío, pero, ¿por qué?

En cierta ocasión mi hermano asistió a un campamento cristiano y volvió irreconocible. Su mal carácter había dado lugar a una actitud amable, y con dulzura me invitó a asistir al siguiente campamento.

El primer día el predicador habló de alguien que se parecía mucho a mí. “¿Se considera bueno, e incluso cree ser un buen cristiano, sin tener a Jesucristo en su vida?”. Ese hombre, ¿me hablaba a mí, o a personas que hacían mal? Me sentí confundida… Una tarde nos propuso: “Los que quieran entregar su vida a Jesucristo, levántense y oremos juntos”. Algunos se levantaron, pero yo me quedé sentada, diciéndome en voz baja: “Soy una buena cristiana”. Un poco más tarde el predicador nos invitó una vez más a ir a Jesús. Entonces comprendí que debía decidirme. Mi lengua se desató y oré: “Señor Jesús, quiero conocerte. Gracias por haber muerto en la cruz por mí. Te pido que vengas a mí y seas mi Salvador. Gracias por amarme, por haber perdonado mis pecados y por darme la vida eterna. Ayúdame a ser la persona que tú quieres que yo sea. Amén”.

Cuando volví a la casa, ¡qué cambio en mi vida! Y mi Biblia, que yo no leía, empecé a devorarla para saber más de Dios y hablarle todos los días. Mi vida tomó un sentido. Al fin comprendí en qué consistía la fe de mis padres”.

según Joy Y.

Jueces 5 – Apocalipsis 5 – Salmo 140:6-13 – Proverbios 29:21-22

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Recibió gratuitamente, dé gratuitamente

Sábado 10 Diciembre

Si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

1 Corintios 13:3

(Jesús dijo:) De gracia recibisteis, dad de gracia.

Mateo 10:8

Recibió gratuitamente, dé gratuitamente

A lo largo de sus páginas la Biblia nos exhorta a ser generosos (Deuteronomio 15:7). En el Antiguo Testamento Dios pedía que se le diera el diezmo de lo que se ganaba. “El diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, del Señor es” (Levítico 27:30).

En el Nuevo Testamento la invitación es a dar libremente, por amor. “Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7). Por supuesto, para dar es necesario haber recibido primero. Solo podemos dar lo que nos pertenece. Si hemos recibido el perdón de Dios, su gozo, su amor, su paz… entonces podemos dar perdón, gozo, amor y paz a quienes nos rodean. Dar es primero compartir estas cosas gratuitamente.

Dar también es estar dispuesto a privarse de cierta comodidad, de ciertas cosas materiales, pero, al mismo tiempo es un medio para conocer mejor a nuestro Dios, quien nos ha dado tanto.

¡Y el hecho de dar es tan liberador! “Todo lo que no sabes dar te domina”, escribió alguien. Dando y dándonos para amar y servir a Dios y a los demás, nuestro corazón se ensancha y apreciamos más los dones de Dios y su gracia. Cuanto más gustemos la gracia de Dios, más daremos. Y cuánto más demos, más creceremos en el conocimiento de su gracia.

“Hay quien todo el día codicia; pero el justo da, y no detiene su mano” (Proverbios 21:26).

“Honra al Señor con tus bienes” (Proverbios 3:9).

Jueces 3 – Apocalipsis 3:7-22 – Salmo 139:19-24 – Proverbios 29:17-18

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch