Deuteronomio 24 | Salmos 114–115 | Isaías 51 | Apocalipsis 21

19 JUNIO

Deuteronomio 24 | Salmos 114–115 | Isaías 51 | Apocalipsis 21

A la luz de las alternativas absolutas presentadas al final de Isaías 50, temer al Señor, obedecer a su Siervo y conocer su bendición, o vivir lejos de Dios y sufrir tormentos, Isaías 51:1–11 comienza con palabras de aliento para el remanente fiel. El pasaje culmina con una grandiosa visión del retorno hacia el Señor, de la entrada en Sion cantando (51:11). Las palabras evocan los peregrinajes que los piadosos acometían cuando estaban en la tierra. Eran ocasiones alegres, llenas de cánticos, de recuerdos personales y familiares, de una expectativa gozosa cuando el pueblo de Dios se ponía en marcha hacia Sion, hacia el templo del Dios viviente. Sin embargo, el peregrinaje que el profeta tiene en mente eclipsa a cualquier otro. Los antiguos tenían lugar tres veces al año, para las fiestas prescritas. Aquí, se conserva el lenguaje de estos, pero podemos atisbar cómo será el final: “Volverán los rescatados del Señor, y entrarán en Sion con cánticos de júbilo; su corona será el gozo eterno. Se llenarán de regocijo y alegría, y se apartarán de ellos el dolor y los gemidos” (51:11). Hemos regresado a la esperanza definitiva expresada en 2:1–5 y 11:1–16.

Sin embargo, el pueblo aún no ha llegado allí. Si están desanimados por ser pocos y por sus circunstancias difíciles, deberían recordar sus orígenes, la roca de la cual han sido cortados: Abraham fue sólo un hombre, pero Dios lo bendijo y lo multiplicó (51:2). Aquí también: “El Señor consolará a Sion; consolará todas sus ruinas” (51:3). De hecho, la salvación de Dios durará eternamente, y su justicia nunca fallará (51:6). Entretanto, el pueblo de Dios debe escucharlo. Tiene la “ley” del Señor en su corazón (51:7): la palabra significa realmente “instrucción”, y aquí puede incluir no solo a la ley de Moisés, sino todas las instrucciones dadas por Dios mediante profetas y sacerdotes. Si esta palabra es la que nos sostiene, el siguiente mandato es razonable: “No temáis el reproche de los hombres, ni os desalentéis por sus insultos” (51:7). A largo plazo, estos desaparecerán como una prenda apolillada, mientras la justicia y salvación de Dios “permanecerán para siempre… por todas las generaciones” (51:8).

Algunos manuscritos conservan (quizás con razón) una lectura diferente en el versículo 4. En lugar de “pueblo mío” y “nación mía”, dicen “pueblos” y “naciones”. Eso significa que 51:4–6 se dirige a otro grupo de peregrinos además de los israelitas, los venidos de alrededor del mundo. Todos ellos, junto con el remanente de israelitas, constituyen el grupo de “los rescatados del Señor” (51:11; cf. Apocalipsis 5:9–10).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 170). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Deuteronomio 23 | Salmos 112–113 | Isaías 50 | Apocalipsis 20

18 JUNIO

Deuteronomio 23 | Salmos 112–113 | Isaías 50 | Apocalipsis 20

Isaías 50 tiene una importancia transitoria que contradice su brevedad. En 50:1–3, Dios se dirige a los hijos de Israel en el exilio, especialmente aquellos que creen que él los ha abandonado totalmente. No lo ha hecho. No se ha divorciado de su madre, Sion, ni los ha vendido como esclavos para saldar alguna deuda, de forma que el camino de vuelta a él sigue abierto. A la luz de esta reflexión, las dos últimas líneas de 50:1 deben leerse como una ironía: si los hijos fuesen “vendidos” o la madre “repudiada” en cualquier sentido, sería debido a su pecado, no por una acción legal final por parte de Dios. Además, el Creador soberano es ciertamente capaz de traerlos de vuelta (50:2b–3). La verdadera pregunta es: ¿Por qué no fue ninguno de ellos a él cuando los llamó? (50:2a).

Después, habla el Siervo (50:4–9), más para sí mismo que para los demás, pero de forma que estos lo oigan (50:10–11. ¿Quién es él? Se han hecho muchas sugerencias: Isaías, o uno de sus discípulos del siglo VI a.C.; Jeremías; Israel, personificado como una persona maltratada y que sufre (cp. Salmos 129:1–3). Conforme se va desarrollando el libro, Isaías dejará clara la identidad del Siervo. Incluso ahora, observemos sus características: este Siervo es un buen consejero. Sus palabras sostienen al cansado, porque él mismo oye todo lo que el Señor soberano dice y no se ha rebelado (50:4–5, a diferencia de Israel). Así pues, es un discípulo perfecto, pero del Señor, no de Isaías (compárese con Juan. 5:18ss.). No se aparta de la obediencia (50:5), ni siquiera frente al implacable abuso (50:6; cp. Mateo 27:30; Marcos 14:65; 15:19). El Señor soberano lo sostiene en su misión, por lo que se dispone a completar la tarea asignada a él (50:7; cp. Lucas 9:51), confiando en que Dios lo vindicará (50:7–9; cf. Filipenses 2:9–11).

¿Cómo se relaciona entonces la segunda parte de este capítulo con la primera? Seguramente, de esta forma: aquellos a los que se dirige 50:1–3 siguen pareciendo ajenos, distantes, insensibles, cínicos, mientras aquí, en 50:10–11, se traza una línea en la arena, que concierne al Siervo. A un lado de la misma, se encuentra la persona que “teme al Señor y obedece la voz de su siervo”, que, a pesar de la terrible oscuridad que lo envuelve, “confía en el nombre del Señor” (50:10, cursivas añadidas). Al otro lado, está la persona que trata de proveer su propia luz, que enciende fuegos de rebelión; Dios dice a tal persona: “Esto es lo que vosotros recibiréis de mi mano: en medio de tormentos quedaréis tendidos” (50:11). Así pues, la identidad del “pueblo de Dios” se somete a una sutil redefinición. En 49:8–12, engloba tanto a israelitas como a gentiles; aquí, un elemento que lo define es que obedece la palabra del Siervo del Señor.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 169). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Deuteronomio 22 | Salmos 110–111 | Isaías 49 | Apocalipsis 19

17 JUNIO

Deuteronomio 22 | Salmos 110–111 | Isaías 49 | Apocalipsis 19

En los primeros seis versículos de Isaías 49, habla el Siervo del Señor. ¿Quién es él? No se le nombra, pero podemos extraer algunas conclusiones de la descripción provista por el texto. Como al profeta Jeremías, Dios lo llama antes de que naciese (49:1; cp. Jeremías 1:5); como él, encuentra una oposición que lo lleva a la desesperación, aunque persevera fielmente (49:4; cp. Jeremías 4:19–22, etc.). Dios ha hecho su boca como “una espada afilada” (49:2), lo cual sugiere un ministerio profético.

No obstante, lo más asombroso de este Siervo es algo que parece ser una sorprendente confusión a primera vista. Dios se dirige a él en estos términos: “Israel, tú eres mi siervo; en ti seré glorificado” (49:3, cursivas añadidas). Por tanto, el Siervo es Israel, pero el Señor lo llama “para hacer que Jacob se vuelva a él, que Israel se reúna a su alrededor” (49:5, cursivas añadidas), lo cual distingue a este Siervo de Israel y lo representa como su salvador. ¿Por qué?

Como en Isaías 42, este Siervo encarna todo lo que Israel debió haber sido. Es un Israel ideal, el Siervo perfecto de Dios, y por tanto una figura diferente del Israel empírico, capaz de salvar a este. En parte, su identidad sigue siendo secreta en este punto del libro: “Me convirtió en una flecha pulida, y me escondió en su aljaba”, dice él. Sin embargo, Dios declara: “No es gran cosa que seas mi siervo, ni que restaures a las tribus de Jacob, ni que hagas volver a los de Israel, a quienes he preservado. Yo te pongo ahora como luz para las naciones, a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra” (49:6). De hecho, incluso cuando el Señor utiliza a este Siervo “para hacer que Jacob se vuelva a él, que Israel se reúna a su alrededor” (49:5), seguramente se está vislumbrando algo más que un retorno a la tierra o a Jerusalén. Después de todo, el siervo Ciro cumple eso para Israel. Este Siervo, sin embargo, lleva a Israel a Dios; la restauración tiene menos que ver con un lugar que con el Dios viviente.

Isaías 49 es demasiado complejo para que podamos resumirlo adecuadamente aquí. Sin embargo, quiero llamar la atención sobre dos temas. Primero, en 49:8–12, el pueblo “retornado” no se compone sólo de israelitas, sino de gentiles, y el regreso es principalmente hacia Dios. Los israelitas volverían desde el norte, pero aquellos vendrían de todas partes. Segundo, aunque el Señor ha prometido algunas cosas buenas, Sion (que representa al pueblo de Dios) se queja de que el Señor la ha abandonado y olvidado. No obstante, el Señor responde con un compromiso conmovedor: “¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho…? Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré!” (49:15). En tiempos de inactividad y desánimo, recordemos los compromisos a largo plazo de Dios y reflexionemos sobre Romanos 8:31–39.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 168). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Deuteronomio 21 | Salmos 108–109 | Isaías 48 | Apocalipsis 18

16 JUNIO

Deuteronomio 21 | Salmos 108–109 | Isaías 48 | Apocalipsis 18

Una cosa es que Dios levantase a un Ciro que permitiese a los judíos volver a Jerusalén, pero ¿estarán estos dispuestos a ir? Y si están dispuestos a regresar físicamente y reconstruir Jerusalén, ¿están preparados espiritualmente para abandonar el pecado que los envió al exilio? (Isaías 48).

Todo indica que no. Formalmente, hacen sus juramentos en el nombre del Señor “e invocan al Dios de Israel, pero no con sinceridad ni justicia” (48:1). Los cautivos siguen definiéndose como “ciudadanos de la ciudad santa” (48:2), Jerusalén, que allá por el siglo VI a.C. era un montón de escombros. No obstante, una de las razones por las que Dios predijo estas cosas, incluyendo el retorno del pueblo, es que él sabía bien que muchos de los judíos se enredarían tanto en la idolatría babilónica que podían verse tentados a otorgar el mérito de su retorno a sus ídolos (48:3–6). Además, pueden ser obstinados (48:4), traicioneros y rebeldes (48:8), como sus antepasados. El “horno de la aflicción” (48:10) les ha enseñado tan poco que la única razón por la que Dios no los hace desaparecer totalmente es que quiere preservar la honra de su propio nombre (48:9–11). El mundo debe saber que Babilonia no reina; es Dios quien lo hace. Por tanto, él seguirá adelante, aunque el terrible pecado en medio de su pueblo no se haya resuelto, ni siquiera tras pasar por el exilio.

Lo trágico es que, incluso exiliado, el pueblo de Dios no estaba dispuesto a escuchar (48:1, 12, 16, 17–18). Toda su historia habría sido radicalmente distinta, llena de bendiciones indescriptibles, si solo hubiesen prestado atención a los mandatos de Dios (48:18–19). Su “paz habría sido como un río”, su “justicia, como las olas del mar” (48:18). Incluso ahora lo que más necesitan es marcharse de Babilonia (48:20–21), aún no físicamente, por supuesto, porque Ciro todavía no se ha levantado ni lo ha aprobado; sino moralmente, espiritualmente. Sin embargo, si el pueblo permanece en su pecado después de ser liberado de Babilonia, envenenará su nueva libertad: “’No hay paz para el malvado’, dice el Señor” (48:22), una advertencia continua no menos aplicable en la actualidad.

Por tanto, el siervo de Dios Ciro no proveerá la respuesta definitiva. Puede que libere a los judíos del exilio, pero no de su pecado, algo que establece el escenario para la reintroducción del Siervo ideal, que vuelve en el capítulo 49. De hecho, aparece probablemente de forma bastante enigmática en 48:16, ya que quien habla allí tiene al Espíritu sobre él (como en 42:1) y es llamado por Dios (como en 49:1). Sin embargo, no hay duda de su presencia en Isaías 49. En este Siervo del Señor se encuentro el único socorro duradero para el pueblo de Dios.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 167). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Deuteronomio 20 | Salmos 107 | Isaías 47 | Apocalipsis 17

15 JUNIO

Deuteronomio 20 | Salmos 107 | Isaías 47 | Apocalipsis 17

Por un lado, Isaías 47 es muy directo; por otro, está sutilmente cargado de simbolismo y prepara el camino para el desarrollo del mismo en el Nuevo Testamento.

En lo directo, este capítulo describe la caída de Babilonia que la subida de Ciro al trono producirá. Esta ciudad es patéticamente soberbia y arrogante. Es la “soberana de los reinos” (47:5); cree que será eterna (47:7), como el Tercer Reich de Hitler. Está tan confiada en su propia seguridad que no puede imaginarse viuda o perdiendo a sus hijos (47:8). Orgullosa de su sabiduría y conocimiento (47:10), y de su devoción a la astrología, cree que puede controlar su futuro (47:12–13). Se deifica, lo cual es francamente repulsivo: las repetidas palabras “Yo soy, y no hay otra fuera de mí” (47:8, 10) constituyen un desafío directo a la idéntica afirmación del Señor (45:5), que ya ha tenido suficiente. La “soberana de los reinos” se sentará en el polvo (47:1); será una esclava (47:1–3). Esta “madre” quedará viuda y desconsolada de repente (47:8–9). La astrología demostrará ser fútil para salvarla (47:12–13) y los magos y hechiceros no servirán de nada (47:12). Dios mismo está preparado para destruir Babilonia.

Sin embargo, este texto se expresa a otro nivel. Los capítulos 47 y 48 están unidos, formando una sola unidad grande. Isaías 47 condena a Babilonia por su desafiante arrogancia y promete su destrucción; Isaías 48 se dirige a los cautivos, a los que (como veremos en la meditación de mañana) se dice de forma entusiasta que dejen Babilonia y regresen a Jerusalén. Empíricamente, viven en una ciudad, Babilonia; teológicamente, pertenecen a otra, Jerusalén. Por supuesto, los cautivos no podían regresar a su ciudad en ese momento. Únicamente podrían hacerlo después de que Ciro llegase al poder y concediese el permiso para ello. Sin embargo, teológicamente hablando, los exiliados deben verse como pertenecientes a Jerusalén y no a Babilonia. Así pues, del mismo modo que “Jerusalén” alude en ocasiones a la antigua ciudad con ese nombre, y a veces, como hemos visto, anuncia la nueva y escatológica, tampoco “Babilonia” se refiere solamente a la antigua ciudad que alcanzó la cúspide de su esplendor alrededor del siglo VI a.C., sino que se convierte en un símbolo, que representa a cualquier ciudad o cultura soberbia que se imagina perdurando eternamente y mide todas las cosas con arrogancia, según el modelo de sus propios pecados y presuposiciones. La Babilonia histórica es el símbolo de otras muchas.

Juan comprende estas cosas. Por esta razón, en Apocalipsis 17 describe a Roma como “la gran Babilonia, madre de las prostitutas y de las abominables idolatrías de la tierra” (17:5), una mujer emborrachada con la sangre de los santos. ¿Qué Babilonias se han levantado desde entonces?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 166). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Deuteronomio 19 | Salmos 106 | Isaías 46 | Apocalipsis 16

14 JUNIO

Deuteronomio 19 | Salmos 106 | Isaías 46 | Apocalipsis 16

Isaías 46 consta de tres partes, cada una de las cuales presenta un argumento distinto que, implícita o explícitamente, llama a Israel a la fidelidad hacia Dios.

(1) En los dos primeros versículos, Isaías se burla de los dioses babilónicos. “Bel” significa “señor” y equivale a Baal como título. Se aplicaba a Marduk, dios principal de la ciudad de Babilonia. “Nebo” era hijo de Bel-Marduk. Era el patrón de la escritura y la sabiduría. En la fiesta del nuevo año, llevaban a estos últimos por las calles, en una gran procesión hasta el santuario de Esagila. Se trataba del mayor acontecimiento religioso del año. No obstante, Isaías predice una época en la que estos dioses se inclinan y se someten, y las exhaustas bestias de carga que los llevan caen y se tambalean hacia la cautividad (46:1–2). Esto no se cumplió literalmente cuando los persas tomaron el mando en el siglo VI a.C., ya que Ciro preservó e incluso reforzó la posición de los dioses babilonios. A la larga, por supuesto, Bel-Marduk y Nebo quedaron en el olvido. Nadie los adora actualmente. Sin embargo, millones de personas siguen adorando al Dios de Israel.

(2) En la siguiente sección (46:3–7), Dios continúa denunciando la idolatría, pero ahora se introduce un desarrollo novedoso. Dios viene a decir que los idólatras tienen que acarrear a sus dioses, e incluso sus bestias de carga se cansan; sin embargo, con el Dios verdadero, ocurre todo lo contrario: él lleva a su pueblo. Es difícil no percibir un contraste entre dos religiones. En una, el pueblo hace el trabajo pesado; en la otra, es Dios quien lo hace y él lleva al pueblo.

(3) En la última parte (46:8–13), Dios reprende al pueblo de su pacto en términos directos, por no decir brutales. Son rebeldes y han olvidado cómo el Señor obró con gracia y poder con ellos cuando la nación vio la luz en la época del éxodo. El creyente debe recordar cosas importantes (46:8–9). Probablemente, parte del problema aún sea Ciro. Para ellos, sigue siendo difícil imaginar que Dios utilizará a un rey pagano como ese, en lugar de destruirlos simplemente. Sin embargo, el Señor insiste en que llamará de oriente “al ave de rapiña” (46:11), casi seguro una referencia a Ciro. Cualesquiera que sean su propósito y plan, está seguro de que tendrán lugar, lo cual implica, por supuesto, que Dios es soberano y bueno. Por tanto, hay que dejar de cuestionarlo, poniendo la confianza en él. “Escuchadme vosotros, obstinados de corazón, que estáis lejos de la justicia. Mi justicia no está lejana; mi salvación ya no tarda” (46:12–13).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 165). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Deuteronomio 18 | Salmos 105 | Isaías 45 | Apocalipsis 15

13 JUNIO

Deuteronomio 18 | Salmos 105 | Isaías 45 | Apocalipsis 15

Las riquezas de Isaías 45 no pueden resumirse de forma breve. El capítulo termina con un sorprendente pasaje misionero (45:14–25), cuyos ecos resuenan en el Nuevo Testamento (p. ej., 45:23; cp. Filipenses 2:10–11). Comienza en los últimos versículos del capítulo 44 y las primeras líneas del 45, donde se presenta por su nombre al rey persa Ciro. Aquí, Dios lo llama “mi pastor” (44:28), e Isaías dice que es el “ungido” del Señor (esto es, “mesías”, un título habitualmente limitado a Saúl o a algunos de los reyes davídicos en el Antiguo Testamento).

Este no es el único pasaje del Antiguo Testamento en que Dios identifica a alguien por su nombre mucho antes de que haya nacido (cp. 1 Reyes 13:1–3). Resulta llamativo que después de la virulenta denuncia de la idolatría en Isaías 44 (véase la meditación del 12 de junio), Dios se refiriese a un pagano idólatra como su ungido. Sin embargo, el sentido es importante. El Señor denuncia la idolatría pero su reinado providencial puede utilizar a uno de sus practicantes, o cualquier otra persona, para sus propios buenos propósitos. Siempre es incorrecto argumentar desde la providencia hasta la ética, o establecer quién “tiene razón” según quién gane en un contexto particular, o dudar de que el Señor pueda utilizar soberanamente a una mala persona para realizar un gran bien sin tener que exonerar o justificar todo el mal cometido en su vida.

Claramente, esta palabra de Dios fue muy dura de aceptar para Israel. Podemos imaginarnos a los exiliados rotos y turbados por las dudas y el miedo. Si el Señor dice que el pagano Ciro es su “mesías”, ¿significa eso que ha renegado de la dinastía davídica? ¿Puede aceptarse la palabra del profeta cuando dice cosas tan ridículas? Previendo el escepticismo, Dios responde con una fuerte defensa de su soberanía y justicia (45:8–13). “¡Ay del que contiende con su Hacedor!” (45:9). El pueblo que había desafiado a Dios de forma tan persistente que acabó en el exilio, cuestiona ahora los medios por los cuales él los va a devolver a su hogar. Sin embargo, no tienen derecho a hacerlo, del mismo modo que la arcilla no puede hacerlo con el alfarero, ni el recién nacido con sus padres (45:9–10). “Así dice el Señor, el Santo de Israel, su artífice: ‘¿Vais acaso a pedirme cuentas del futuro de mis hijos, o a darme órdenes sobre la obra de mis manos?’ ” (45:11). Dios es el Creador soberano y, en la perfección de su justicia, levantará a Ciro para reconstruir Jerusalén (45:13, una evidencia en sí misma de que el linaje davídico no estaba siendo suplantado) y liberar a sus exiliados. Todo ello constituye un paso hacia la invitación gloriosa: “Volved a mí y sed salvos, todos los confines de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay ningún otro (45:22). Reflexionemos en Apocalipsis 15:3–4.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 164). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Deuteronomio 17 | Salmos 104 | Isaías 44 | Apocalipsis 14

12 JUNIO

Deuteronomio 17 | Salmos 104 | Isaías 44 | Apocalipsis 14

Ya hemos visto que Dios dijo a Israel: “Vosotros sois mis testigos” (Isaías 43:10, 12). Lo hizo porque los israelitas debían dar testimonio de que únicamente el Señor había predicho todas estas cosas, proveyendo, por tanto, pruebas de que él las había hecho, ya que sólo él es el Dios soberano. En Isaías 44:6–23 se resumen estos temas (44:6–8). Únicamente Jehová es “el Señor Todopoderoso, rey y redentor de Israel” (44:6). Dios dice: “Yo soy el primero y el último; fuera de mí no hay otro dios” (44:6). Y a su pueblo: “No tembléis ni os asustéis. ¿Acaso no lo anuncié y profeticé hace tiempo? Vosotros sois mis testigos. ¿Hay algún Dios fuera de mí? No, no hay otra Roca; no conozco ninguna” (44:8). No obstante, si sólo él es Dios, todos los farsantes son ídolos. Así pues, el resumen de este tema introduce una de las condenas más duras de la Biblia a la idolatría.

Desde la perspectiva de Dios, la idolatría es siempre repulsiva. En un sentido, es el pecado fundamental, porque destrona a Dios y lo sustituye por algo o alguien. Esta es la razón por la que la avaricia es idólatra (Colosenses 3:5): buscamos lo que codiciamos, y lo que deseamos más fervientemente se convierte en nuestro Dios. El contexto histórico de esta denuncia es fundamental, ya que la idolatría no solo se practicaba en las pequeñas naciones que rodeaban a Israel, sino en las superpotencias que se sucedían en el dominio de la región. Inevitablemente, egipcios, asirios y babilonios atribuyeron su éxito al poder de sus propias deidades. No obstante, aquí está el Dios del pequeño Israel, el destruido, derrotado, exiliado y patético Israel, reivindicando ser el único Dios, el Señor soberano, el poderoso Creador y Rey providencial sobre todos los reinos de la tierra. Él espera que el pueblo de su pacto lleve el testimonio de esta verdad en lugar de sucumbir a la idolatría que lo rodea, la cual, tristemente, encuentran constantemente atractiva.

Dios se ocupará del asunto del poder a largo plazo. Aquí, se centra en hacer ver que la idolatría es absurda y en destruir su plausibilidad (44:9–20). Lo que parece inicialmente atractivo ha demostrado ser ridículo. La idolatría ofende profundamente a Dios y es totalmente estúpida.

La solución tiene dos partes: (a) Israel debe recordar lo que Dios ha dicho, lo que ha hecho (44:21), especialmente que lo ha constituido y le ha dado el papel de siervo privilegiado. (b) Israel debe regresar a Dios, porque él los ha redimido (44:22). Estas deben ser las prioridades continuas del pueblo del Señor: recordar todo lo que Dios es, lo que ha dicho y hecho; y cuando nos apartamos, volver a él inmediatamente (1 Juan. 1:7–9).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 163). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Deuteronomio 16 | Salmos 103 | Isaías 43 | Apocalipsis 13

11 JUNIO

Deuteronomio 16 | Salmos 103 | Isaías 43 | Apocalipsis 13

Aunque Dios tiene un Siervo ideal que será su agente perfecto para llevar a cabo todos sus propósitos (Isaías 42:1–9), Israel también es el siervo de Dios. En Isaías 43 y 44, el profeta infunde aliento a este (43:10; 44:1). Analizaremos algunos elementos de estas palabras de ánimo y llamaremos después la atención sobre una importante frase que el Señor Jesús utilizó en el Nuevo Testamento.

En la primera sección (43:1–7), Dios dice a Israel que no tema (43:1), no porque no vaya a ir al exilio, sino porque, cuando pase por las aguas, Dios estará a su lado y, cuando atraviese el fuego, las llamas no lo destruirán (43:2). Además, no tendrá que enfrentarse a la extinción o la asimilación: Dios mismo reunirá a sus hijos de los cuatro puntos cardinales (43:5–6). A pesar de que Israel vivirá las circunstancias más terribles, el Dios viviente lo declara valioso y honrado a sus ojos, y muy amado (43:4). Pablo razona de forma análoga con respecto a los cristianos en Romanos 8:31–39.

Más brevemente: (a) Israel debe recibir aliento porque su retorno tras el exilio llevará testimonio de Dios y de que sólo este conocía estos increíbles acontecimientos y los llevó a cabo (43:8–13). (b) Babilonia será destruida. Esta nación de conquistadores se convertirá en un tumulto de fugitivos (43:14–15). (c) Se utiliza a Israel para reflexionar en los hechos poderosos del Señor para redimir a su pueblo en la época del éxodo (43:16–17), pero Dios hará ahora algo nuevo (43:18–21). Por tanto, no nos diluyamos en el pasado, llorando por estar abocados a la derrota. Seamos valientes, porque el Todopoderoso está a punto de hacer algo nuevo, de poner en marcha un nuevo ciclo de liberación espectacular. (d) Sobre todo, la adoración extremadamente adulterada y las múltiples ofensas de los israelitas (43:22–24) no son la última palabra. La primera línea de 43:22 en hebreo podría traducirse mejor: “No fui yo a quien tú llamaste, Jacob”, ya que la adoración del pueblo era tan corrupta, una distorsión tan grande del pacto, que no estaban adorando en absoluto al verdadero Dios. Sin embargo, él es quien borra sus transgresiones por amor a sí mismo (43:25), otro adelanto más de Isaías 53.

Dios quiere que su siervo Israel comprenda que “Yo soy” (43:10; cf. 41:4; 48:12). El texto hebreo hace que aparezcan vinculaciones con Éxodo 3:14; la traducción griega de esta frase es precisamente la expresión que Jesús aplica repetidamente a sí mismo en Juan 8 (p. ej., Juan 8:58, “yo soy”). ¿De qué manera da forma Isaías 43 a nuestro concepto de Jesús?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 162). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Deuteronomio 15 | Salmos 102 | Isaías 42 | Apocalipsis 12

10 JUNIO

Deuteronomio 15 | Salmos 102 | Isaías 42 | Apocalipsis 12

Isaías mismo es siervo de Dios (20:3), y también lo son Eliaquín, jefe de la casa de Ezequías (22:20), e Israel como colectivo (41:8–20). ¿Quién es el siervo del Señor en Isaías 42:1–9?

Algunos sostienen que sigue siendo Israel. En este caso, las palabras de Dios, “este es mi siervo” (42:1), se pronuncian delante de las naciones, una especie de defensa de su pueblo ante los grandes poderes que no son nada para él. Sin embargo, esta interpretación de Isaías 42 es improbable. “Este es mi siervo” suena como la introducción de un nuevo personaje. En los capítulos anteriores, el siervo de Dios Israel aparece quejándose (40:27), miedoso y angustiado (41:10). Al final de este capítulo, está sordo, ciego (42:18–19) y peca (42:23–24). En contraste, el siervo del Señor en 42:1–9 no flaquea ni se desanima (42:4), se deleita en Dios (42:1), es bondadoso, perseverante y hará justicia con fidelidad (42:3). Es un Siervo ideal, que encarna todo lo que Israel no fue capaz de ser. Así pues, en este caso, esas palabras van dirigidas a Israel. No solo se le presenta al Siervo porque sea un ideal al que deben aspirar, sino porque es quien los rescatará, como Isaías les dejará claro.

Este cántico del siervo se divide en tres partes: (a) En 42:1–4, Dios se dirige a Israel y presenta al Siervo, que traerá “justicia” a las naciones. El término hebreo es más extenso que el castellano. Engloba la idea de hacer efectivos todos los propósitos de Dios. Sin embargo, cuando el Siervo lo hace, no tiene nada que ver con Ciro o cualquier otro líder imperial. Es bondadoso: no grita ni levanta su voz por las calles (42:2). No rompe la caña quebrada ni apaga la mecha que apenas arde (42:3), un pasaje explícitamente aplicado a Jesús en Mateo 12:15–21. (b) En 42:5–7, Dios se dirige directamente al Siervo (nótese el v. 6: “Yo, el Señor, te he llamado en justicia”), y se permite a Israel escuchar lo que se ha dicho. Aquí, el Dios que da aliento a todas las personas (42:5) hace ahora que este Siervo sea tanto “pacto para el pueblo, como luz para las naciones” (42:6), anulando todos los efectos degradantes del pecado (42:7). (c) En 42:8–9, el Señor se dirige de nuevo a Israel, resumiendo una vez más la misión del Siervo ideal y afirmando que esta trae “cosas nuevas”, que se anunciaron de antemano.

No es de extrañar que este cántico exprese una profunda alabanza al Señor (42:10–17) y contraste una vez más la profundidad de la culpabilidad moral del siervo de Dios Israel (42:18–25), que sólo el Siervo ideal puede eliminar.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 161). Barcelona: Publicaciones Andamio.