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Deuteronomio 22 | Salmos 110–111 | Isaías 49 | Apocalipsis 19

17 JUNIO

Deuteronomio 22 | Salmos 110–111 | Isaías 49 | Apocalipsis 19

En los primeros seis versículos de Isaías 49, habla el Siervo del Señor. ¿Quién es él? No se le nombra, pero podemos extraer algunas conclusiones de la descripción provista por el texto. Como al profeta Jeremías, Dios lo llama antes de que naciese (49:1; cp. Jeremías 1:5); como él, encuentra una oposición que lo lleva a la desesperación, aunque persevera fielmente (49:4; cp. Jeremías 4:19–22, etc.). Dios ha hecho su boca como “una espada afilada” (49:2), lo cual sugiere un ministerio profético.

No obstante, lo más asombroso de este Siervo es algo que parece ser una sorprendente confusión a primera vista. Dios se dirige a él en estos términos: “Israel, tú eres mi siervo; en ti seré glorificado” (49:3, cursivas añadidas). Por tanto, el Siervo es Israel, pero el Señor lo llama “para hacer que Jacob se vuelva a él, que Israel se reúna a su alrededor” (49:5, cursivas añadidas), lo cual distingue a este Siervo de Israel y lo representa como su salvador. ¿Por qué?

Como en Isaías 42, este Siervo encarna todo lo que Israel debió haber sido. Es un Israel ideal, el Siervo perfecto de Dios, y por tanto una figura diferente del Israel empírico, capaz de salvar a este. En parte, su identidad sigue siendo secreta en este punto del libro: “Me convirtió en una flecha pulida, y me escondió en su aljaba”, dice él. Sin embargo, Dios declara: “No es gran cosa que seas mi siervo, ni que restaures a las tribus de Jacob, ni que hagas volver a los de Israel, a quienes he preservado. Yo te pongo ahora como luz para las naciones, a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra” (49:6). De hecho, incluso cuando el Señor utiliza a este Siervo “para hacer que Jacob se vuelva a él, que Israel se reúna a su alrededor” (49:5), seguramente se está vislumbrando algo más que un retorno a la tierra o a Jerusalén. Después de todo, el siervo Ciro cumple eso para Israel. Este Siervo, sin embargo, lleva a Israel a Dios; la restauración tiene menos que ver con un lugar que con el Dios viviente.

Isaías 49 es demasiado complejo para que podamos resumirlo adecuadamente aquí. Sin embargo, quiero llamar la atención sobre dos temas. Primero, en 49:8–12, el pueblo “retornado” no se compone sólo de israelitas, sino de gentiles, y el regreso es principalmente hacia Dios. Los israelitas volverían desde el norte, pero aquellos vendrían de todas partes. Segundo, aunque el Señor ha prometido algunas cosas buenas, Sion (que representa al pueblo de Dios) se queja de que el Señor la ha abandonado y olvidado. No obstante, el Señor responde con un compromiso conmovedor: “¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho…? Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré!” (49:15). En tiempos de inactividad y desánimo, recordemos los compromisos a largo plazo de Dios y reflexionemos sobre Romanos 8:31–39.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 168). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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