«Verá su descendencia, prolongará sus días y la voluntad del SEÑOR en su mano prosperará».

2 de abril

«Verá su descendencia, prolongará sus días y la voluntad del SEÑOR en su mano prosperará».

Isaías 53:10 (LBLA)

Abogue por el rápido cumplimiento de esta promesa todo aquel que ama al Señor. Cuando nuestros deseos están fundados y cimentados en las promesas de Dios, orar es trabajo fácil. ¿Cómo podría Aquel que dio la palabra dejar de cumplirla? La Veracidad inmutable no puede envilecerse con una mentira, ni la eterna Fidelidad degradarse con un olvido. Dios tiene que bendecir a su Hijo: su pacto le obliga a ello. Lo que el Espíritu nos inspira a pedir por Jesús es lo que Dios decretó que le daría. Cuando ores por el Reino de Cristo, deja que tus ojos contemplen el amanecer de ese bendito día que se acerca, cuando el crucificado se verá coronado en el mismo lugar donde los hombres lo rechazaron. Ten ánimo, tú que con devoción trabajas y te afanas por Cristo con tan pobres resultados: ¡esto no siempre será así! Tienes por delante mejores días. Tus ojos no pueden ver el feliz futuro; pero pide prestado el telescopio de la fe, limpia del cristal el vaho de tus dudas, mira a través del mismo y contempla la gloria que se aproxima. Lector, permíteme preguntarte si haces de esto el objeto de tus constantes oraciones. Recuerda que el mismo Cristo, que nos mandó pedir el pan nuestro de cada día, nos enseñó a decir primero: «Santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra». Que no todas tus oraciones tengan que ver con tus pecados, tus necesidades, tus imperfecciones, tus pruebas… Suban por la estrellada escala hasta Cristo mismo. Entonces, acercándote al propiciatorio rociado con sangre, ofrece continuamente esta oración: «Señor, ensancha el Reino de tu querido Hijo». Tal petición, fervientemente presentada, elevará el espíritu de todas tus devociones. Y recuerda que demuestras la sinceridad de tu oración trabajando para promover la gloria del Señor.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 101). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.


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