“El Señor es sol y escudo”

17 ABRIL

Levítico 21 | Salmos 26–27 | Eclesiastés 4 | 1 Timoteo 6

“El Señor es sol y escudo”

Una sola cosa le pido al SEÑOR, y es lo único que persigo: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y recrearme en su templo” (Salmo 27:4). Esta afirmación gloriosa halla eco en otras partes de la Biblia. En el Salmo 84:10–11, el salmista declara, por ejemplo: “Vale más pasar un día en tus atrios que mil fuera de ellos; prefiero cuidar la entrada de la casa de mi Dios, que habitar entre los impíos. El Señor es sol y escudo; Dios nos concede honor y gloria”.

¡Esto no significa que el salmista quiera pasar todo su tiempo en la iglesia! El templo era más que un edificio religioso, y las sinagogas todavía no existían. Más bien, era una manera de decir que el salmista quería pasar todo su tiempo en la presencia y bajo la bendición del Dios viviente del pacto, el Dios que se había revelado por excelencia en la ciudad que él había designado y en el templo cuyo diseño esencial él había estipulado. Esto incluía necesariamente los rituales y la liturgia del templo, pero el salmista no hablaba desde un sentido refinado de la estética religiosa sino desde nada menos que un reconocimiento abrumador de la absoluta belleza de Yahvé.

Pero cabe también hacer dos observaciones más:

(1) El anhelo del salmista se expresa en términos de una elección deliberada por su parte: “lo único que [yo] persigo” (27:4, cursiva añadida); “[para mí] vale más pasar un día en tus atrios que mil fuera de ellos; [yo] prefiero cuidar la entrada de la casa de mi Dios que habitar entre los impíos” (84:10). El salmista expresa su deseo y su preferencia, y en ambos casos su atención está centrada en Dios mismo. No le comprenderemos de verdad a no ser que, por la gracia de Dios, compartamos su visión teocéntrica.

(2) El salmista reconoce que, con esta visión, hay para él una seguridad abundante. Mientras que por supuesto, es bueno rendir culto a Dios y deleitarnos en su presencia sencillamente porque Dios es Dios, y él es bueno y glorioso, al mismo tiempo es perfectamente legítimo reconocer que nuestra propia seguridad es consecuencia de descansar en este Dios. David desea: “habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y recrearme en su templo”. Porque “en el día de la aflicción él me resguardará en su morada; al amparo de su tabernáculo me protegerá, y me pondrá en alto, sobre una roca” (27:4–5). “Vale más pasar un día en tus atrios que mil fuera de ellos; prefiero cuidar la entrada de la casa de mi Dios que habitar entre los impíos”, [pues]El Señor es sol y escudo” (84:10–11).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 107). Barcelona: Publicaciones Andamio.


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