«Que pelees las batallas del SEÑOR»

20 de abril

«Que pelees las batallas del SEÑOR».

1 Samuel 18:17 (LBLA)

El ejército de los elegidos de Dios está guerreando aún sobre la tierra, con Jesucristo como Capitán de su salvación. Él ha dicho: «He aquí, yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo». ¡Oíd los gritos de guerra! Que el pueblo de Dios esté firme en sus filas y que a nadie le falte coraje. Es verdad que en nuestro país, justamente ahora, la batalla se ha tornado contra nosotros y, a no ser que el Señor levante su espada, no sabemos lo que puede llegar a ser de la Iglesia de Dios. No obstante, tengamos coraje y seamos valientes. Nunca hubo una ocasión en que el protestantismo pareciera temblar más en la balanza que ahora, cuando se está haciendo un esfuerzo feroz por restaurar al papismo anticristiano a su antigua posición. Necesitamos sobremanera una voz valiente y una mano enérgica para predicar y propagar el antiguo evangelio por el cual los mártires derramaron su sangre. El Salvador, con su Espíritu, se halla aún sobre la tierra; regocijémonos por esto. Él está siempre en medio de la batalla y, por tanto, el resultado del combate no es dudoso. Y mientras arrecia la lucha, ¡qué grata satisfacción nos produce el saber que el Señor Jesús, en su función de Intercesor, está abogando con éxito por su pueblo! ¡Oh angustiado espectador, no te fijes demasiado en la batalla de aquí abajo, porque te verás envuelto en humo y sorprendido con los vestidos bañados en sangre! Fija, más bien, tu mirada allá donde el Salvador vive y aboga por nosotros; porque mientras él interceda, la causa de Dios estará segura. Luchemos como si todo dependiese de nosotros, pero miremos arriba y reconozcamos que todo depende de él.

Por los lirios de la pureza cristiana y por las rosas de la expiación del Salvador; por los corzos y por las ciervas del campo, te exhortamos a ti, que amas a Jesús, a que contiendas valientemente en la Guerra Santa por la verdad y la justicia, por el Reino y por las gemas de la corona de tu Maestro. ¡Adelante!, «porque la batalla no es vuestra, sino de Dios».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 119). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.


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