«El SEÑOR es Rey eternamente y para siempre»

27 de abril

«El SEÑOR es Rey eternamente y para siempre».

Salmo 10:16 (LBLA)

Jesucristo no es un reclamante despótico del derecho divino, sino real y verdaderamente el Ungido del Señor: «Agradó al Padre que en él habitase toda plenitud» (Col. 1:19). Dios le ha dado todo poder y autoridad. Como Hijo del Hombre es ahora «cabeza sobre todas las cosas a la iglesia» (Ef. 1:22), y reina en el Cielo, en la tierra y en el Infierno con las llaves de la vida y de la muerte colgadas de su cinto. Ciertos príncipes se han complacido en llamarse a sí mismos reyes por voluntad popular y, ciertamente, nuestro Señor Jesucristo es tal en su Iglesia. Si se votara para determinar si Jesús debía ser rey en la Iglesia, todo corazón creyente lo coronaría. ¡Oh, si lo coronásemos más gloriosamente de lo que lo hacemos! Ningún sacrificio que glorifique a Cristo debiera considerarse superfluo. Sufrir debería constituir un placer; y perder, una ganancia, si con ello pudiéramos ceñir sus sienes con coronas más relucientes, presentándolo más glorioso a los ojos de los hombres y de los ángeles. Sí, él reinará. ¡Viva el Rey! ¡Salve, Rey Jesús! Salid, almas vírgenes que amáis a vuestro Señor; inclinaos a sus pies; sembrad sus sendas con los lirios de vuestro amor y las rosas de vuestra gratitud. «Sacad la diadema real y coronadle Señor de todos». Además, nuestro Señor Jesús es Rey en Sion por derecho de conquista: él ha entrado con asalto y arrebatado los corazones de su pueblo, matando a los enemigos que los mantenían en cruel esclavitud. En el mar Rojo de su propia sangre, nuestro Redentor ahogó al Faraón de nuestros pecados. ¿No será él Rey en Jesurún? Él nos ha librado del yugo de hierro y de la pesada maldición de la ley. ¿No será coronado Libertador? Nosotros somos su porción que él arrebató de la mano de los amorreos con su espada y con su arco. ¿Quién le arrebatará el botín de las manos? ¡Salve, Rey Jesús, nosotros gozosamente reconocemos tu pacífico gobierno! Gobierna, pues, en nuestros corazones para siempre, hermoso Príncipe de Paz.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 126). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.


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