Espigó, pues, en el campo hasta la noche

2 de agosto

«Espigó, pues, en el campo hasta la noche».

Rut 2:17

Debo aprender de Rut, la espigadora. Al igual que ella salió a recoger las espigas de trigo, así tengo yo que salir a los campos de la oración, de la meditación y del culto, y oír la Palabra para obtener alimento espiritual. La espigadora recoge su porción de espigas una por una; sus ganancias las obtiene poco a poco. Así también yo, si no hubiese una gran abundancia de verdades, debo quedar satisfecho con escudriñar solo algunas de ellas: cada espiga ayuda a formar un manojo y cada lección del evangelio contribuye a hacernos más sabios para la salvación. La espigadora mantiene sus ojos abiertos: si anduviera entre los rastrojos sumida en ensoñaciones, al atardecer no tendría nada que llevarse a casa con regocijo. Debo estar atento en mis prácticas religiosas para que estas no resulten infructuosas para mí. Me temo que ya he perdido demasiado en ellas. Quiera Dios que pueda estimar rectamente mis oportunidades y espigar con mayor diligencia. La espigadora se agacha para recoger cuanto halla; y así debo hacer yo también. Los espíritus arrogantes critican y objetan, pero los humildes recogen y reciben beneficio. Un corazón humilde es de gran ayuda para oír con provecho el evangelio, y la palabra implantada que salva el alma no se recibe sin mansedumbre (cf. Stg. 1:21). Una espalda tiesa hace un mal espigador. ¡Abajo contigo, señor Orgullo! Eres un vil ladrón al que no debemos soportar ni por un momento. Lo que la espigadora recoge lo retiene: si dejara caer una espiga por hallar otra, el resultado de su trabajo diario sería escaso. Es tan solícita en retener como en obtener; y así, al final, adquiere una ganancia grande. ¡Cuán a menudo olvido aquello que oigo! Una segunda verdad expulsa de mi mente a una primera y, así, lo que leo y oigo termina en nada. ¿Estoy reconociendo debidamente la importancia de atesorar la verdad? El estómago hambriento hace sabia a la espigadora: si no hay trigo en su mano, tampoco habrá pan en su mesa. Ella trabaja bajo un sentimiento de necesidad; de ahí que su paso sea ágil y su posesión firme. Señor, yo tengo una necesidad mayor aún: ayúdame a sentirla para que ella me estimule en lo sucesivo a espigar en campos que rinden muy abundante recompensa a la diligencia.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 224). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.


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