3 de agosto

«Y mientras iba…»
Lucas 8:42
Jesús pasa entre la multitud en dirección a la casa de Jairo, con objeto de resucitar a la hija de este. No obstante, es tan pródigo en su bondad que efectúa otro milagro mientras va de camino. Esta vara de Aarón, al tiempo que produce los renuevos de un milagro incompleto, da también almendras de una perfecta obra de misericordia. En cuanto a nosotros, si nos hemos propuesto hacer algún bien, es suficiente con que vayamos y lo hagamos directamente. Sería imprudente por nuestra parte gastar nuestras energías en el camino. Si nos apresuramos a salvar a un amigo que se está ahogando, no podemos agotar nuestras fuerzas salvando a otro que se halla en idéntico peligro. Es suficiente que un árbol dé una clase de fruto; y también lo es que cada uno cumpla con su propia vocación. Sin embargo, nuestro Maestro no conoce límites que se opongan a su poder ni tiene barreras en su misión. Él cuenta con tal abundancia de gracia que, a semejanza del sol —que alumbra a medida que recorre su órbita—, su paso irradia bondad. Él es una flecha de amor que no solo alcanza su objetivo, sino que también perfuma el aire que atraviesa. Siempre está saliendo poder de Jesús, como perfume de las flores delicadas. Y ese poder seguirá brotando perpetuamente de él como el agua de una fuente. ¡Qué delicioso estímulo nos comunica esta verdad! Si nuestro Señor está pronto a sanar al enfermo y bendecir al necesitado, entonces, alma mía, no tardes en ponerte en su camino para que te bendiga. Si él es tan pródigo en el dar, no seas tú negligente en el pedir. Presta mucha atención a su Palabra ahora y en todo momento, para que Jesús pueda hablar a tu corazón por medio de ella. Acude adonde puedas encontrar al Señor, a fin de obtener su bendición. Si él está presente para sanar, ¿acaso no te sanará a ti? Pero, sin duda, él está presente ahora mismo; pues siempre se allega al corazón que lo necesita. ¿Y no lo necesitas tú? ¡Ah, él sabe cuánto le necesitas! ¡Oh tú, Hijo de David, vuelve tus ojos, mira el dolor que tienes delante de ti y sana al que te suplica!
Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 225). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.