El gran banquete del alma

SEPTIEMBRE, 16

El gran banquete del alma

Devocional por John Piper

Una cosa he pedido al Señor, y esa buscaré: que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor, y para meditar en su templo.(Salmos 27:4)

Dios no hace oídos sordos al anhelo de un alma contrita. Él viene y nos quita la carga del pecado y llena nuestro corazón de alegría y gratitud: «Tú has cambiado mi lamento en danza; has desatado mi cilicio y me has ceñido de alegría; para que mi alma te cante alabanzas y no esté callada, oh Señor, Dios mío, te alabaré por siempre» (Salmos 30:11-12).

Pero nuestro gozo no solo surge de mirar hacia atrás con gratitud. También surge de mirar hacia adelante con esperanza: «¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez por la salvación de su presencia» (Salmos 42:5).

«Espero en el Señor, en Él espera mi alma, y en su palabra tengo mi esperanza» (Salmos 130:5).

En el fondo, el corazón no anhela ninguno de los buenos regalos de Dios, sino a Dios mismo. Verlo, conocerlo y estar en su presencia es el gran banquete del alma. Más allá de esta búsqueda, no queda nada. Las palabras fallan. Lo llamamos placer, gozo, deleite. Pero estas palabras señalan pobremente a la experiencia inexpresable:

«Una cosa he pedido al Señor, y esa buscaré: que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor, y para meditar en su templo» (Salmos 27:4).

«En tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre» (Salmos 16:11).

«Deléitate asimismo en el Señor» (Salmos 37:4).


Devocional tomado del libro  “Deseando a Dios”, página 87

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

¿Soy yo el mar o un monstruo marino para que me pongas guarda?

16 de septiembre

¿Soy yo el mar o un monstruo marino para que me pongas guarda?».

Job 7:12

La pregunta que le hace Job al Señor en este versículo es una pregunta extraña. Job se sentía demasiado insignificante para que se le vigilase y castigase de un modo tan severo, y creía que no era tan indomable como para necesitar una represión semejante. Resultaba natural que hiciese esta pregunta aquel que estaba cercado por dolores tan insoportables; pero, después de todo, esa pregunta se merecía una respuesta de humillación. Es verdad que el hombre no es el mar; pero, sin embargo, es más problemático e indomable que este. El mar obedece y respeta sus límites y, aunque los mismos sean solo una faja de arena, no los sobrepasa. Poderoso como es, el mar obedece a la orden divina que dice: «Hasta aquí»; aun cuando se ve azotado por una furiosa tempestad. Sin embargo, el obstinado hombre desafía al Cielo y esclaviza la tierra, y su rebelde ira no tiene fin. El mar, obediente a la luna, cuenta con sus flujos y sus reflujos de incesante regularidad, y así obedece tanto activa como pasivamente. No obstante, el hombre, inquieto más allá de su esfera, duerme cuando tiene que cumplir con su deber y se muestra indolente cuando debiera estar activo. Ante el mandato de Dios, el hombre ni viene ni va; prefiere, malhumorado, hacer lo que no debiera y dejar de hacer aquello que se le ordena. Cada gota del océano, cada burbuja, cada copo de espuma, cada ostra y cada guijarro obedece la ley que se le ha impuesto. ¡Oh, si nosotros fuésemos la milésima parte de sumisos que él a la voluntad de Dios! Llamamos al mar variable y engañoso; pero, en cambio, ¡cuán invariable es el mismo! Desde los días de nuestros padres, y aun antes de ellos, el mar está donde estaba, golpeando las mismas rocas, produciendo el mismo ruido. Sabemos dónde hallarlo, pues no abandona su lecho ni cambia su incesante bramido. No obstante, ¿dónde está el hombre, el hombre vano y voluble? ¿Puede este sospechar siquiera qué insensatez lo seducirá próximamente para desobedecer? Necesitamos más vigilancia que el encrespado mar, porque somos más rebeldes que el mismo. Señor, gobiérnanos para tu propia gloria. Amén.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 270). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Lo que Dios hace

16 Septiembre 2017

Lo que Dios hace
por Charles R. Swindoll

Salmos 91

Los dos primeros versículos del Salmo 91 representan el carácter fiel de Dios. Ahora los versículos 3 y 4 describen lo que Dios hace. El salmista menciona tres acciones que el Señor realiza a nuestro favor:

a. Él nos libra de la trampa del cazador y de la peste destructora.
b. Él nos cubre con sus plumas y debajo de sus alas.
c. Él se convierte en nuestro escudo debido a su fidelidad.

La estructura de la oración en el idioma hebreo nos permite señalar énfasis particulares de vez en cuando. En este caso, el énfasis de los versículos 3 y 4 se encuentra en el pronombre «él». El versículo podría decirse de esta forma: «solo él» o «¡él y nadie más!» En otras palabras, usted no encontrará ninguna otra ayuda o liberación que no venga únicamente del Señor.

Analicemos cada una de las acciones específicas que Dios realiza para protegernos y sostenernos del ataque enemigo. El salmista describe sus acciones usando tres analogías diferentes.

1. Él nos libra de la trampa del cazador. La primera analogía representa la idea de un ave atrapada en la trampa del cazador y que cayó allí atraído por una carnada, que a primera vista, parecía ser algo que el ave necesitaba. El diccionario dice que una trampa es un «ardid para burlar o perjudicar a alguien». Ese ardid tiene que ser algo engañosamente atractivo.

La palabra, «librar» viene del hebreo, «natzal», que significa separar o remover. Sugiere la idea que el ave ya ha sido engañada y ha caído en la trampa. La muerte le espera tal como lo describe la frase, «la peste destructora». Una traducción de la Biblia lo dice de esta forma: «una muerte violenta».

2. Él nos cubre con sus plumas y debajo de sus alas. Aquí, el Señor, está representado como un ave que está cuidando sus crías. Tanto el Salmo 36:7 como el Salmo 57:1 mencionan la protección que tenemos bajo las «alas» de nuestro Dios. Tal vez usted ha observado a los patos o a los gansos. Si hay alguna situación de peligro, los pequeños patitos jovencitos se acurrucan debajo de su madre, quien con sus alas los protege y los aleja de cualquier depredador.

3. Él se convierte en nuestro escudo debido a su fidelidad. El salmista ha ilustrado la protección de Dios de tres formas distintas en los versículos 3 y 4. Primero, en el caso de una trampa. Segundo, la escena representa un ave y sus crías. Y ahora el escenario es una batalla. Él nos asegura que nos resguarda con su presencia fiel. La palabra, «escudo» en este versículo ilustra una barrera de protección suficientemente grande como para proteger a un soldado de las flechas enemigas. El término hebreo lleva la idea de rodear algo. Una especie de escudo grande que a la vez también denota una barrera fortificada ya que el hebreo también utiliza esa expresión para una clase particular de roca tal como el muro de un castillo.

En cualquier caso la idea es la misma: en medio de una batalla, cuando los ataques del enemigo son demasiado para nosotros, la fidelidad de Dios es nuestra protección; escóndase en Él.

Afirmando el alma
El arma principal de Satanás, en esa época al igual que en la actualidad, es el engaño. Entonces ¿cómo puede una persona refugiarse en el Señor? ¿Cuáles fuentes de verdad divina tiene usted a su disposición? ¿Cómo puede usted utilizarlas más frecuentemente y cómo puede tenerlas a su alcance en caso de una emergencia?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Natán y el rey David

16 SEPTIEMBRE

2 Samuel 12 | 2 Corintios 5 | Ezequiel 19 | Salmos 64–65

En la dramática confrontación de Natán con el rey David (2 Samuel 12), la valentía del profeta se unió a una sagacidad formidable. ¿Cómo podría un profeta captar la atención de un rey autocrático y denunciarle su pecado de frente, si no fuera mediante este acercamiento indirecto?

Debemos reflexionar sobre ciertos elementos de este capítulo.

Primero, la diferencia fundamental entre David y Saúl resulta ahora evidente. Ambos abusaron del poder en su alto puesto. Lo que les diferencia es la manera como responden a la reprensión. Cuando Samuel acusó a Saúl de su pecado, este fingió; cuando Jonatán cuestionó la política de Saúl, le arrojaron una lanza. Por el contrario, a pesar de que Natán aborda su tema de manera indirecta, pronto el pecado queda al descubierto: “¡Tú eres ese hombre!” (12:7). No obstante, la respuesta de David es radicalmente diferente: “¡He pecado contra el Señor!” (12:13).

Seguramente, esta es una de las mayores pruebas de la dirección que toma la vida de una persona. Somos una raza de pecadores. Aun la gente buena, gente con una fe fuerte, incluso alguien como David—que es un “hombre conforme al corazón de Dios” (cf. 1 Samuel 13:14) —puede resbalar y pecar. Nunca hay una excusa válida para ello, pero, cuando sucede, jamás nos debería sorprender. Quienes tomen en serio el conocimiento de Dios regresarán en su momento con un arrepentimiento genuino. Los falsos conversos y los apóstatas desplegarán una plétora de excusas insulsas, pero no admitirán la culpa personal excepto de manera muy superficial.

Segundo, sólo Dios puede perdonar el pecado. Cuando lo hace, no se aplica el castigo justo para el pecado: la muerte misma (12:13).

Tercero, a pesar de que la sanción máxima del pecado no se ejecuta, puede que haya otras consecuencias que, en este mundo caído, no podemos evitar. David ahora se enfrenta a tres de ellas: (1) que el hijo que Betsabé tiene en el vientre morirá, (2) que durante toda su vida habrá luchas y guerra mientras él intenta establecer su reino y (3) que, en algún momento de su vida, experimentará en carne propia la traición: alguien de su propia casa tomará el trono de manera temporal, ejemplificándolo al acostarse con el harem real (12:12–13). Cada una es lacerante. La primera está vinculada al adulterio mismo; la segunda es quizás una pista de que la razón por la cual David se vio tentado fue por quedarse en su hogar y no ir a la guerra con Joab (11:1), evidentemente anhelando la paz; y la tercera le paga a David con la misma moneda de traición que él practicó.

Cuarto, la respuesta de David al más duro de los juicios muestra su profunda sumisión. Dios no es el equivalente de un Destino impersonal. Es una persona y, como tal, se le puede pedir y buscar. A pesar de su enorme fracaso, David sigue siendo un hombre que conoce mejor a Dios que sus numerosos críticos.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 259). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Fe práctica

sábado 16 septiembre

 

Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo… mi alto refugio; Salvador mío; de violencia me libraste.

2 Samuel 22:3

Fe práctica

¡Cuántas expresiones existen para hablar de Dios: fortaleza mía, mi escudo, mi alto refugio, Salvador mío…! ¿Quién puede hablar así? Todo creyente que ha experimentado la protección de su Señor. Cuando confía en el poder y en el amor de Dios, el miedo desaparece, incluso en las situaciones más difíciles.

La fe no está directamente ligada a un ejercicio religioso, o al hecho de formar parte de una iglesia, o incluso a un estado interior. No, la fe es confiar en Dios con toda sencillez; es creer lo que él dice en la Biblia. ¡Podemos basar nuestra vida en esta confianza!

Pero a veces Dios dice «no» a nuestras peticiones, y entonces, según nuestra medida de fe, reaccionamos con más o menos confianza. Dios permite cosas que nos parecen difíciles, e incluso dolorosas, a fin de formarnos para él, y para que se conviertan en fuente de bendición.

La fe, al aceptar cosas que no siempre comprendemos, produce el deseo de hacer aquello que Dios espera de nosotros. Dejemos que el Espíritu de Dios actúe en nosotros. De este modo nuestra vida será verdaderamente diferente, pues viviremos para Dios y con él.

Los obstáculos aparentes desaparecen a medida que avanzamos viviendo por la fe, dirigidos por Dios y guardados por su poder. El creyente ora a Dios, el Dios vivo: «Confío en ti, dame la fuerza para hacer tu voluntad». ¡Confiemos y obedezcamos a Dios, vale la pena hacerlo!

“Dios mío, en ti confío; no sea yo avergonzado… Muéstrame, oh Señor, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad… porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día” (Salmo 25:2, 4-5).

2 Crónicas 32:1-19 – 2 Corintios 5 – Salmo 106:1-5 – Proverbios 23:15-16

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

LOS LLAMADOS DE DIOS

LOS LLAMADOS DE DIOS

9/15/2017

Los que conforme a su propósito son llamados.

Romanos 8:28

Las epístolas del Nuevo Testamento emplean los términos llamados y llamamiento respecto a la obra soberana y regeneradora de Dios en el corazón de un creyente que lo lleva a la vida nueva en Cristo. Todos los llamados de Dios son escogidos y redimidos por Él y finalmente glorificados. Sin duda los ha predestinado a que sean sus hijos y a que sean conformados a la imagen de su Hijo.

Aunque la fe humana es esencial si hemos de estar entre los llamados, es aun más esencial que Dios inicie nuestro llamamiento a la salvación. La elección de Dios no solo precede a la elección del hombre, sino que hace posible y eficaz la elección del hombre. “Ninguno puede venir a mí [Cristo], si no le fuere dado del Padre” (Jn. 6:65).

En primer lugar, el llamado de Dios para los redimidos es de una vez por todas. En segundo lugar, ese llamado continúa hasta que el cristiano sea finalmente glorificado. Eso debe emocionarnos y animarnos a imitar la resolución de Pablo de proseguir “a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Fil. 3:14).

DERECHOS DE AUTOR © 2017 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros.

La única felicidad duradera

SEPTIEMBRE, 15

La única felicidad duradera

Devocional por John Piper

Por tanto, ahora vosotros tenéis también aflicción; pero yo os veré otra vez, y vuestro corazón se alegrará, y nadie os quitará vuestro gozo. (Juan 16:22)

Jesús dice «nadie os quitará vuestro gozo» porque es la comunión con él lo que nos da gozo, y la resurrección de Jesús significa que jamás moriremos. Jamás seremos separados de él.

Como vemos, dos cosas tienen que ser ciertas para que nuestro gozo no nos sea quitado: la primera es que la fuente de nuestro gozo perdure para siempre, y la segunda es que nosotros mismos vivamos para siempre. Si nosotros o la fuente de nuestro gozo fuera mortal, entonces nuestro gozo nos sería quitado.

¡Y cuántos se han conformado solo con eso! Comamos, bebamos y celebremos, dicen, porque mañana moriremos, y eso es todo. La comida no dura para siempre, y tampoco yo viviré para siempre, así que aprovechemos la vida al máximo mientras podamos. ¡Qué tragedia!

Si se ven tentados a pensar de ese modo ahora mismo, por favor, consideren seriamente que si su gozo estuviera en la comunión con Jesús, «nadie os quitará vuestro gozo» —no ocurrirá en esta vida, ni en la próxima—.

Ni la vida ni la muerte, ni ángeles ni principados, ni lo presente ni lo por venir, ni ningún otro poder, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada podrá quitarnos nuestro gozo en Cristo Jesús.

El gozo en la comunión con Jesús es una línea ininterrumpida desde aquí hasta la eternidad. No se verá interrumpida ni por su muerte ni por la nuestra.


Devocional tomado del sermón “Gozo irrevocable”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

El pueblo a él cercano

15 de septiembre

«El pueblo a él cercano»

Salmo 148:14

La dispensación del Antiguo Pacto era la dispensación de la distancia: cuando Dios apareció a su siervo Moisés, le dijo: «No te acerques; quita tu calzado de tus pies» (Éx. 3:5). Y cuando en el monte Sinaí se manifestó a su pueblo escogido y separado, uno de los primeros mandamientos que le dio a Moisés fue: «Señalarás término al pueblo en derredor [del monte]» (Éx. 19:12). Tanto en el culto del Tabernáculo como en el del Templo, la idea de la distancia era siempre prominente. El vulgo no entraba siquiera en el atrio exterior; en el atrio interior solo podían atreverse a entrar los sacerdotes; mientras que en el lugar más secreto (es decir, en el Lugar Santísimo) entraba solo el Sumo Sacerdote una vez al año. Era como si el Señor quisiera enseñar a los hombres, en aquellos tiempos primitivos, que el pecado le es tan enteramente repugnante que tenía que tratarlos como a leprosos, echándolos fuera del campamento. Y aunque se acercaba a ellos, les hacía sentir, sin embargo, la magnitud de la separación que había entre él (un Dios Santo) y ellos: impuros pecadores. Cuando se empezó a predicar el evangelio, se nos puso sobre una base muy distinta, reemplazándose la palabra «aléjate» por «acércate». La distancia dio paso a la proximidad, y quienes en otro tiempo habíamos estado lejos fuimos hechos cercanos por la sangre de Cristo. La Deidad encarnada no tiene en derredor suyo ninguna muralla de fuego: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar», fue la jubilosa proclama de Dios en los días de su carne. Ahora él no le enseña al leproso desde cierta distancia, sino que sufre en sí mismo el castigo de la corrupción de este. ¡Qué posición de seguridad y privilegio supone haber sido hechos cercanos a Dios por medio de Jesús! ¿Conoces esto por experiencia? Y si lo conoces, ¿estás viviendo en el poder de esa posición? Es maravilloso vivir cerca de Dios en este mundo; sin embargo, a esta dispensación presente le seguirá otra de una comunión más íntima aún, cuando se dirá: «He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos» (Ap. 21:3). ¡Oh Señor, apresura ese día!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 269). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Betsabé

15 SEPTIEMBRE

2 Samuel 11 | 2 Corintios 4 | Ezequiel 18 | Salmos 62–63

Aquí vemos a David en su peor momento (2 Samuel 11). En el fluir del relato de 1 y 2 de Samuel, es casi como si la adversidad hubiera generado lo mejor de David, mientras que la reciente serie de sólidos éxitos militares y políticos le deja inquieto, insensato y nada cuidadoso.

Los pecados son múltiples. Aparte de la transgresión obvia de la lujuria, el adulterio y el asesinato, hay profundos pecados que apenas eran menos dolorosos. Su intento de esconder su culpa al traer a Urías de vuelta a su casa fracasa porque este demuestra ser un hombre sumamente excepcional: un idealista que ve incluso sus responsabilidades militares en términos de su fe en el pacto (11:11). ¡Y esto, en un hitita convertido! Peor aún, la extraordinaria manipulación de los mecanismos de poder militar y político por parte de David nos demuestran que este rey se ha embriagado de poder. Está convencido de que puede conseguir cualquier cosa; cree tener el derecho de usar al estado para adelantar, y luego cubrir, su propio pecado. Este juego se llama corrupción.

Hay otros elementos notables en el relato.

Primero, no se nos dice casi nada acerca de Betsabé, excepto que era hermosa, que fue seducida y que finalmente se casó con David. Por supuesto que, en cierta manera, no era menos culpable que él. Pero no se nos dice nada al respecto. En otras partes, la Biblia registra las hazañas de mujeres buenas (Rut) y malas (Jezabel); de hecho, al final de la vida de David, la propia Betsabé desempeña un papel importante. Tal vez, en parte, este texto no la culpa a ella porque fue manipulada por una figura mucho más poderosa. Es muy probable que el silencio indique, no cierto grado de culpa, sino el enfoque principal: es un relato sobre David y, en última instancia, de su linaje.

Segundo, es impresionante que David pensara que podría salirse con la suya. Incluso políticamente, demasiadas personas tenían que saber lo que había hecho; la historia no se hubiera podido mantener secreta. ¿Y cómo podría David imaginar—aun por un instante—que Dios no lo sabría? ¿Estaba en este momento seriamente enajenado de Dios? Como mínimo, este capítulo nos ofrece un testimonio dramático de la ceguera que produce el pecado.

Tercero, el capítulo termina de manera sombría y potente con una sencilla afirmación: “Sin embargo, lo que David había hecho le desagradó al Señor” (11:27). Seguramente, David estaba felicitándose en silencio por haber conseguido su propósito. Tal vez algunos de sus lacayos más serviles también le habían felicitado. Pero Dios lo sabía y no estaba contento. Los creyentes que caminan con su Creador y Redentor jamás olvidan que Dios ve y conoce, y que lo que a él le agrada es lo único que realmente importa; lo que le desagrada, tarde o temprano nos alcanzará.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 258). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La protección y el cuidado de Dios

15 Septiembre 2017

La protección y el cuidado de Dios
por Charles R. Swindoll

Salmos 91

El primer versículo de Salmo 91, una canción acerca de luchar contra las fuerzas del mal, establece el contexto del resto del capítulo. Examinemos los dos primeros renglones.

Protección en medio de la maldad

No debemos olvidar que los creyentes en el Señor Jesucristo siguen rodeados por la presencia de la impiedad. De hecho, nuestro Salvador oró, de manera específica, diciendo: » No ruego que los quites del mundo sino que los guardes del maligno» (Juan 17: 15). Es difícil comprender la razón pero Dios ha planeado que continuemos viviendo en un mundo secular hostil e impío (kosmos).

Dios, de manera deliberada, no nos ha removido de esa atmósfera de hostilidad. Más bien, nos ha prometido protegernos en medio del conflicto. Aunque no nos ha aislado del mundo, Él nos ha dado su protección, una especie de aislante que nos protege de los ataques del maligno. Dios no quiere que nos alejemos como si fuésemos ermitaños a una cueva sino que más bien vivamos valientemente en la línea de fuego, protegidos con su poder en medio de un ambiente maligno.

Para que nosotros podamos disfrutar los beneficios de esa protección, debemos vivir a la luz del Salmo 91, el cual utiliza analogías y metáforas para transmitir verdades espirituales. El secreto de la supervivencia es » habitar al abrigo del Altísimo» y «morar bajo la sombra del Todopoderoso».

La palabra «habitar» (v. 1) se traduce de la palabra hebrea, «yashav», que significa mantenerse, acatar o acomodarse. El término transmite la idea de permanencia y en ese versículo el verbo, «habitar» se utiliza de manera figurativa para expresar la idea de vivir dentro de una comunión consciente con alguien y de recibir fortaleza diaria de ese alguien. ¿Ha escuchado usted la expresión, «vivir de la tierra»? La idea que este versículo nos da es que «vivamos de Dios», que recibamos lo que necesitamos de Él. Esto requiere una actitud de continuo reconocimiento de la presencia y la participación de Dios en nuestras vidas. El concepto se amplía aún más cuando leemos el término «sombra» en el versículo 1. Aquí la palabra es «sathar», que significa un lugar secreto, una cueva. Cuando un varios soldados se encuentran detrás de la línea enemiga, necesitan encontrar un lugar escondido para descansar y por ende a salvo del enemigo. El pasaje dice que el Señor es nuestro refugio donde podemos encontrar seguridad y descanso.

Antes de seguir adelante, permítame enfatizar que el Salmo 91 fue escrito para los «residentes». El texto no promete liberación o protección a todo el mundo sino solamente a los «residentes». Los residentes son aquellas personas que reciben fortaleza diaria del Señor mientras participan de una comunión íntima con Él. No debemos olvidar eso.

La última parte del versículo nos dice que para mantener esta comunión especial, debemos «morar bajo la sombra del Todopoderoso».

La palabra, «morar», viene del término hebreo «lun» que significa pasar la noche. Esto transmite la idea de quedarse temporalmente en algún lugar, un descanso temporal.

¿Qué es lo que nos quiere decir entonces el versículo 1? El pasaje sencillamente nos dice que si aquellos que conocemos al Señor Jesucristo vivimos conscientemente en una comunión con él (confesamos nuestros pecados y caminamos todos los días en dependencia total de Él), disfrutaremos los beneficios de vivir bajo su protección en aquellas ocasiones cuando necesitamos descansar. Si mantenemos nuestro caminar con él, podemos contar con él para que nos libre durante los momentos difíciles.

La canción continúa desarrollando la idea de protección y refugio contra los ataques de Satanás utilizando símbolos de guerra.

Diré yo al Señor: “¡Refugio mío y castillo mío, mi Dios en quien confío!”.

Un refugio es un lugar para descansar. Un castillo es un lugar de defensa. Note que el pasaje no dice que el Señor va proveer esas cosas. Más bien dice que el Señor es un refugio y un castillo. Por esa razón vivir en él es esencial; sólo en él encontraremos descanso y protección. Y en el podemos poner toda nuestra confianza.

Al final del versículo 2, aparece la palabra «confiar». Esa misma palabra hebrea aparece en Proverbios 3: 5:

Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia.

La confianza en Dios debe ser total. Un constructor que realiza su trabajo a cuarenta pisos de altura en un edificio de la ciudad depende de una cuerda de seguridad que evite la caída en caso de que pierda el equilibrio. Él confía que el cable y el arnés lo sostengan en caso de una emergencia. Esa es la clase de confianza que Dios quiere de nosotros.

Afirmando el alma
¿Por qué cree usted que Dios eligió dejar a Su pueblo en el mundo, en medio de la maldad, en lugar de llevarnos al cielo inmediatamente? ¿Cuál sería su definición de «protección» del «maligno»? ¿Cuáles pasajes de la Escritura apoyan su definición?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.