//
estás leyendo...
Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

¿Soy yo el mar o un monstruo marino para que me pongas guarda?

16 de septiembre

¿Soy yo el mar o un monstruo marino para que me pongas guarda?».

Job 7:12

La pregunta que le hace Job al Señor en este versículo es una pregunta extraña. Job se sentía demasiado insignificante para que se le vigilase y castigase de un modo tan severo, y creía que no era tan indomable como para necesitar una represión semejante. Resultaba natural que hiciese esta pregunta aquel que estaba cercado por dolores tan insoportables; pero, después de todo, esa pregunta se merecía una respuesta de humillación. Es verdad que el hombre no es el mar; pero, sin embargo, es más problemático e indomable que este. El mar obedece y respeta sus límites y, aunque los mismos sean solo una faja de arena, no los sobrepasa. Poderoso como es, el mar obedece a la orden divina que dice: «Hasta aquí»; aun cuando se ve azotado por una furiosa tempestad. Sin embargo, el obstinado hombre desafía al Cielo y esclaviza la tierra, y su rebelde ira no tiene fin. El mar, obediente a la luna, cuenta con sus flujos y sus reflujos de incesante regularidad, y así obedece tanto activa como pasivamente. No obstante, el hombre, inquieto más allá de su esfera, duerme cuando tiene que cumplir con su deber y se muestra indolente cuando debiera estar activo. Ante el mandato de Dios, el hombre ni viene ni va; prefiere, malhumorado, hacer lo que no debiera y dejar de hacer aquello que se le ordena. Cada gota del océano, cada burbuja, cada copo de espuma, cada ostra y cada guijarro obedece la ley que se le ha impuesto. ¡Oh, si nosotros fuésemos la milésima parte de sumisos que él a la voluntad de Dios! Llamamos al mar variable y engañoso; pero, en cambio, ¡cuán invariable es el mismo! Desde los días de nuestros padres, y aun antes de ellos, el mar está donde estaba, golpeando las mismas rocas, produciendo el mismo ruido. Sabemos dónde hallarlo, pues no abandona su lecho ni cambia su incesante bramido. No obstante, ¿dónde está el hombre, el hombre vano y voluble? ¿Puede este sospechar siquiera qué insensatez lo seducirá próximamente para desobedecer? Necesitamos más vigilancia que el encrespado mar, porque somos más rebeldes que el mismo. Señor, gobiérnanos para tu propia gloria. Amén.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 270). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Las Bienaventuranzas

Mateo 5:3-12 “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia. “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

Twitter

A %d blogueros les gusta esto: