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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

El pueblo a él cercano

15 de septiembre

«El pueblo a él cercano»

Salmo 148:14

La dispensación del Antiguo Pacto era la dispensación de la distancia: cuando Dios apareció a su siervo Moisés, le dijo: «No te acerques; quita tu calzado de tus pies» (Éx. 3:5). Y cuando en el monte Sinaí se manifestó a su pueblo escogido y separado, uno de los primeros mandamientos que le dio a Moisés fue: «Señalarás término al pueblo en derredor [del monte]» (Éx. 19:12). Tanto en el culto del Tabernáculo como en el del Templo, la idea de la distancia era siempre prominente. El vulgo no entraba siquiera en el atrio exterior; en el atrio interior solo podían atreverse a entrar los sacerdotes; mientras que en el lugar más secreto (es decir, en el Lugar Santísimo) entraba solo el Sumo Sacerdote una vez al año. Era como si el Señor quisiera enseñar a los hombres, en aquellos tiempos primitivos, que el pecado le es tan enteramente repugnante que tenía que tratarlos como a leprosos, echándolos fuera del campamento. Y aunque se acercaba a ellos, les hacía sentir, sin embargo, la magnitud de la separación que había entre él (un Dios Santo) y ellos: impuros pecadores. Cuando se empezó a predicar el evangelio, se nos puso sobre una base muy distinta, reemplazándose la palabra «aléjate» por «acércate». La distancia dio paso a la proximidad, y quienes en otro tiempo habíamos estado lejos fuimos hechos cercanos por la sangre de Cristo. La Deidad encarnada no tiene en derredor suyo ninguna muralla de fuego: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar», fue la jubilosa proclama de Dios en los días de su carne. Ahora él no le enseña al leproso desde cierta distancia, sino que sufre en sí mismo el castigo de la corrupción de este. ¡Qué posición de seguridad y privilegio supone haber sido hechos cercanos a Dios por medio de Jesús! ¿Conoces esto por experiencia? Y si lo conoces, ¿estás viviendo en el poder de esa posición? Es maravilloso vivir cerca de Dios en este mundo; sin embargo, a esta dispensación presente le seguirá otra de una comunión más íntima aún, cuando se dirá: «He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos» (Ap. 21:3). ¡Oh Señor, apresura ese día!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 269). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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