Dios obra a nuestro favor

MAYO, 21

Dios obra a nuestro favor

Devocional por John Piper

Levantaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra. No permitirá que tu pie resbale; no se adormecerá el que te guarda. (Salmos 121:1-3)

¿Necesitan ayuda? Yo sí. ¿Hacia dónde miraremos en busca de ayuda?

Cuando el salmista levantó sus ojos a los montes y preguntó: «¿de dónde vendrá mi socorro?», la respuesta fue: «mi socorro viene del Señor». No de los montes, sino del Dios que hizo los montes.

De este modo trajo a memoria dos grandes verdades: una es que Dios es el poderoso Creador y como tal está por encima de todos los problemas de la vida; la otra es que Dios nunca duerme.

Dios es un trabajador incansable. Pensemos en Dios como alguien que obra en nuestra vida. Sí, es maravilloso. Tendemos a pensar que nosotros trabajamos en la vida de Dios. Sin embargo, la Biblia quiere que primero nos maravillemos de que Dios trabaja en nuestra vida: «Desde la antigüedad no habían escuchado ni dado oídos, ni el ojo había visto a un Dios fuera de ti que obrara a favor del que esperaba en Él» (Isaías 64:4).

Dios trabaja para nosotros sin descanso. No se toma días libres ni horas de descanso. De hecho, tiene tantas ansias de obrar a nuestro favor que mira a su alrededor en busca de más trabajo para hacer por personas que confíen en él: «Porque los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente suyo» (2 Crónicas 16:9).

Dios ama mostrar su incansable poder, sabiduría y bondad trabajando por las personas que confían en él. Jesús fue el principal medio que usó Dios para demostrarlo: «El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir» (Marcos 10:45). Jesús trabaja para sus seguidores. Los sirve.

Debemos creer en esto —en verdad creerlo— para poder regocijarnos en el Señor siempre (Filipenses 4:4) y dar siempre gracias por todo (Efesios 5:20) y tener la paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:7) y por nada estar afanosos (Filipenses 4:6) y aborrecer nuestra vida en este mundo (Juan 12:25) y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22:39).

¡Cuánta verdad! ¡Cuán grandiosa realidad! Dios está despierto todo el día y toda la noche para obrar a favor de los que esperan en él.

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Números 30 | Salmo 74 | Isaías 22 | 2 Pedro 3

21 MAYO

Números 30 | Salmo 74 | Isaías 22 | 2 Pedro 3

Pedro insta a sus lectores a tener “un limpio entendimiento” (2 Pedro 3, especialmente v. 1), en particular acerca del regreso del Señor. Estas palabras presuponen que estaban circulando teorías malsanas sobre el mismo, algo que prolifera aún más en la actualidad que en el primer siglo. Pablo hace hincapié en que:

(1) En cada generación, existirán personas que se mofen de la idea del retorno de Cristo (3:3). Algunas veces, estas burlas tendrán su base en una visión del mundo profundamente anticristiana. En nuestros días, es obvio que el naturalismo filosófico no deja lugar a una visita sobrenatural definitiva en el planeta Tierra, ni siquiera para un final de la historia provocado por Dios mismo. La postura puede estar vinculada con alguna perspectiva que defienda la uniformidad (3:4). Nunca deberíamos olvidar que tales perspectivas tienen frecuentemente dimensiones morales. Negar el juicio final es mucho más conveniente para aquellos que aman su autonomía moral (3:3).

(2) No deberíamos pasar por alto el hecho de que Dios no se ha quedado sin testigos a su favor a este respecto. No sólo ha impuesto duros juicios sobre naciones e imperios poderosos (muchas veces, a través de medios “naturales”), sino que dos acontecimientos dan testimonio de su intervención cataclísmica en el transcurso en los anales de la existencia de la tierra: la creación y el diluvio (3:5–7). Aquí, nuestra sociedad suprime, por ejemplo, los argumentos extremadamente claros que demuestran su intervención: “ignoramos voluntariamente” lo que Dios ha hecho. Nuestra valoración de estos asuntos está vinculada a nuestro distanciamiento de Dios nuestro Hacedor.

(3) El retraso del retorno de Cristo no sólo refleja que Dios maneja los tiempos de forma muy diferente (3:8), sino su paciencia sin igual: “Él tiene paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan” (3:9). Pablo dice algo parecido: “¿No ves que desprecias las riquezas de la bondad de Dios, de su tolerancia y de su paciencia, al no reconocer que su bondad quiere llevarte al arrepentimiento?” (Romanos 2:4).

(4) Cuando Cristo vuelva finalmente, sin embargo, su regreso será repentino, inequívoco y cataclísmico (3:10). Señalará el fin del universo tal como lo conocemos. Durante la década de los 50, en ocasiones se pidió a los residentes en Norteamérica que construyesen refugios nucleares para protegerse del holocausto que amenazaba. Pregunté a mi padre si debíamos construir uno. Él me dijo con calma: “¿Por qué? Cuando Jesús venga, todos los elementos serán destruidos [cp. 3:10, 12]. Prepárate para él, y no temas a ninguna otra cosa”.

(5) Este es el sentido. A la luz de todo ello, “¿No deberíais vivir como Dios manda, siguiendo una conducta intachable y esperando ansiosamente la venida del día de Dios?” (3:11–12). La prueba de la escatología es la ética.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 141). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Las inescrutables riquezas de Cristo.

Lunes 21 Mayo

Si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo.

Romanos 8:17

Las inescrutables riquezas de Cristo…

Efesios 3:8

La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros.

Colosenses 3:16

¡Instálese en el castillo!

Un hombre pobre acababa de recibir una herencia inesperada. Un tío que no tenía hijos había muerto súbitamente y él era el único heredero. ¡De repente se había convertido en el propietario de un castillo rodeado de un gran terreno! ¡Era rico!

Se disponía a tomar posesión de la propiedad. Pero, intimidado, no se atrevió a ocupar el castillo. Prefirió instalarse con su familia en una cabaña destinada al encargado de cuidar la propiedad. El notario fue a visitarlos y estupefacto exclamó: «Pero señor, ¡instálese en el castillo!». Le mostró el documento que probaba que todo le pertenecía. ¡Qué lástima conformarse con una vivienda pequeña e incómoda cuando se posee un castillo!

Al recibir a Jesús por la fe, nos convertimos en hijos de Dios y herederos de las riquezas divinas. Pero a menudo nuestra vida cristiana es pobre y mediocre. Nos conformamos con saber que somos salvos, sin tomar posesión activa de las riquezas que Jesús nos ofrece: el perdón de nuestros pecados, la benignidad permanente de Dios, el conocimiento del Padre, el acceso a él mediante la oración, la liberación del poder del pecado, la esperanza de la vida eterna, la perspectiva de compartir la gloria del Hijo de Dios, ¡y todo el gozo y la paz que Dios quiere que experimentemos desde ahora en la tierra!

El «acta notarial» mediante la cual conocemos nuestros derechos es la Palabra de Dios. Leámosla atentamente y descubriremos cuán ricos somos.

Levítico 1-2 – Marcos 15:21-47 – Salmo 61 – Proverbios 15:29-30

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Los guías espirituales

Los guías espirituales

5/20/2018

Mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. (Filipenses 3:17)

Los guías espirituales son esenciales para la iglesia porque necesitamos ver vivir el cristianismo delante de nosotros. Pablo le dijo a Timoteo: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Ti. 4:12). Un guía espiritual debe llevar una vida ejemplar porque debe mostrarles a otros la senda. Las personas pueden ver la perfección en Cristo y pueden leer acerca de Pablo, pero también necesitan a alguien a quien puedan observar y con quien puedan hablar. Necesitan ver la virtud, la humildad, el servicio altruista, la disposición a sufrir, la devoción a Cristo, el valor y el crecimiento espiritual en la vida de alguien cerca de ellas.

Una gran carga en mi corazón es que los pastores y ancianos de todas las iglesias sean el tipo de ejemplos que Dios les ordena que sean. Es muy importante enseñar la verdad, pero es igualmente importante que esa verdad sea apuntalada por una vida virtuosa.

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Cómo aborrecer su propia vida

MAYO, 20

Cómo aborrecer su propia vida

Devocional por John Piper

En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, produce mucho fruto. El que ama su vida la pierde; y el que aborrece su vida en este mundo, la conservará para vida eterna. (Juan 12:24-25)

«El que aborrece su vida en este mundo, la conservará para vida eterna»: ¿Qué significa?

Significa, al menos, que no necesitamos preocuparnos demasiado por nuestra vida terrenal. En otras palabras, lo que nos suceda en este mundo simplemente no tiene mucha importancia.

Si los demás hablan bien de nosotros, no tiene mucha importancia.

Si nos odian, no tiene mucha importancia.

Si tenemos muchos bienes, no tiene mucha importancia.

Si tenemos pocos bienes, no tiene mucha importancia.

Si nos persiguen o calumnian, no tiene mucha importancia.

Si tenemos fama o si pocos nos conocen, no tiene mucha importancia.

Si estamos muertos, nada de esto tiene mucha importancia.

Significa algo mucho más radical. Hay decisiones que se deben tomar y que no son meramente experiencias pasivas. Jesús agrega: «Si alguno me sirve, sígame». ¿Adónde? Hacia Getsemaní y hasta la cruz.

Jesús no solo dice: «Si las cosas van mal, no hay que preocuparse, debido a que ya estamos muertos de todos modos». Lo que él dice es: «Elijan morir conmigo. Elijan aborrecer la vida en este mundo del mismo modo en que yo elegí la cruz».

A esto se refería Jesús cuando declaró: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame» (Mateo 16:24). Él nos llama a elegir la cruz. Las personas solo hacían una cosa en la cruz: morir. «Tome su cruz» significa que, como el grano de trigo, «cae en la tierra y muere». Escojamos eso.

¿Por qué lo haríamos? Por un compromiso radical con el ministerio. «No estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios» (Hechos 20:24). Creo escuchar a Pablo decir: «No importa lo que me pueda suceder, si tan solo puedo vivir para la gloria de su gracia».

Números 29 | Salmo 73 | Isaías 21 | 2 Pedro 2

20 MAYO

Números 29 | Salmo 73 | Isaías 21 | 2 Pedro 2

En 2 Pedro 2:1–3, y a lo largo de gran parte del resto del capítulo, Pedro advierte contra los falsos maestros.

(1) Estos falsos maestros surgen de dentro de la comunidad de los creyentes, precisamente de la misma forma que los más peligrosos profetas falsos del Antiguo Testamento eran los que lo hacían desde dentro de la comunidad del antiguo pacto (2:1). Todos ellos son más fáciles de reconocer cuando están fuera de la comunión del pueblo de Dios y critican. Un David Hume o un Bertrand Russell seducen a bastantes menos cristianos que muchos “teleevangelistas” populares. En una escala menor, los falsos maestros más peligrosos en una iglesia local son personas con un entendimiento limitado o perverso de las Escrituras, que tratan de que la congregación se amolde a sus propias ideas. Estemos preparados, porque encontraremos personas de este tipo. Toda la Biblia da testimonio de la frecuencia de sus ataques y del trágico daño que causan.

(2) Lo que “encubiertamente introducirán” son “herejías destructivas, al extremo de negar al mismo Señor que los rescató” (2:1). Ellos nunca describen así su enseñanza, por supuesto, ni se suben al púlpito diciendo: “reniego de Jesús” o “niego que Jesús me redimió totalmente de mi pecado”. Si lo hiciesen, nadie les escucharía. Su estrategia es casi siempre relativizar a Cristo, quitarle importancia o permitirle formar parte del ruido de fondo mientras dirigen la atención de los creyentes hacia sus propios fines, el legalismo quizás, o una autoayuda sin fin, o una terapia imbuida de sentimientos, o un Jesús que no es más que una de muchas opciones. Así pues, por medio de su enseñanza, reniegan del Jesús cuya muerte englobó potencialmente a todos, en particular los falsos maestros que se someten nominalmente a él, pero que en realidad lo domestican o reinventan.

(3) Es muy frecuente que estos falsos maestros sean populares (2:2). De hecho, su popularidad tiene dos dolorosos efectos. A ojos de muchos, legitima a estos individuos, lo cual destruye la credibilidad del auténtico cristianismo, porque su conducta “difamará el camino de la verdad”.

(4) Es muy común que estos falsos maestros se aprovechen de los creyentes: “os explotarán” (2:3). En ocasiones, esta explotación es descaradamente económica: es necesario saber a dónde va el dinero. También es frecuente que sea manipuladora: influencian la mente y el rumbo de las personas con su fluida narrativa.

(5) Dios tiene la última palabra; la condenación de estos falsos maestros es inevitable (2:3). Como dejan claro los siguientes versículos (2:4–10), Dios es perfectamente capaz de salvar al remanente justo y condenar a aquellos.

Piensa en dos ejemplos para cada uno de los cinco puntos precedentes, uno sacado de la Biblia y otro de la historia cristiana.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 140). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Edificaré mi iglesia.

Domingo 20 Mayo

No os dejaré huérfanos… Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

Juan 14:18, 26

Edificaré mi iglesia.

Mateo 16:18

Pentecostés

Lea Hechos capítulos 1 y 2

Sucedió en Jerusalén, un domingo por la mañana, el día de Pentecostés, 50 días después de la resurrección de Jesucristo. Muchos judíos piadosos, procedentes de diferentes naciones, se encontraron para celebrar “la fiesta de las semanas” (Éxodo 34:22; Levítico 23:15-16). Los discípulos estaban reunidos en una casa. Desde que Jesús fue alzado al cielo, estaban felices, alababan y bendecían a Dios en el templo (Lucas 24:53), perseverando en la oración. También esperaban que la promesa de Jesús se cumpliese: Os enviaré el Espíritu Santo (Juan 16:7). Aquella mañana esa promesa se hizo realidad: “Fueron todos llenos del Espíritu Santo” (Hechos 2:4). La Iglesia, o Asamblea, nació.

La primera manifestación del poder del Espíritu Santo permitió a los discípulos anunciar “las maravillas de Dios” en las diferentes lenguas de las personas que se habían agrupado (Hechos 2:8-11). Los auditores quedaron estupefactos: “¿Qué quiere decir esto?”. Entonces el apóstol Pedro les recordó la crucifixión de Cristo, su resurrección y su ascensión al cielo. Sus palabras alcanzaron el corazón de muchas personas: “¿Qué haremos?”, preguntaron. Pedro respondió: “Arrepentíos”, es decir, reconoced que Jesucristo murió por vuestros pecados. Aceptadle como su Salvador, luego sed bautizados en el nombre de Jesucristo, y recibiréis el Espíritu Santo.

Aquel día 3.000 personas recibieron la palabra de Dios y fueron bautizadas.

Joel 3 – Marcos 15:1-20 – Salmo 60:6-12 – Proverbios 15:27-28
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Sed imitadores de mí. (Filipenses 3:17)

Un ejemplo excelente

5/19/2018

Sed imitadores de mí. (Filipenses 3:17)

No hay mejor ejemplo histórico de un cristiano que el apóstol Pablo. Él es una figura dominante en el Nuevo Testamento, de modo que podemos deducir que Dios quiere que imitemos su vida.

Pablo es un dechado de virtudes, adoración, servicio, paciencia a través del sufrimiento, victoria sobre la tentación y buena administración de bienes y relaciones. Él nos muestra cómo un hombre santo se enfrenta a su naturaleza caída, algo que Cristo no podía hacer porque era sin pecado (He. 4:15)

La vida de Pablo es un admirable ejemplo para nosotros. Por eso les dijo a los corintios: “Sed imitadores de mí” (1 Co. 11:1). También elogió a los tesalonicenses diciéndoles: “Vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor” (1 Ts. 1:6). Pablo es mi propio ejemplo personal en el ministerio. Observo cómo resolvió las situaciones y trato de reaccionar igual que él.

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Lo que hace que Jesús se regocije

MAYO, 19

Lo que hace que Jesús se regocije

Devocional por John Piper

En aquella misma hora Él se regocijó mucho en el Espíritu Santo, y dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las revelaste a niños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado. (Lucas 10:21)

Este versículo es uno de los dos únicos pasajes de los Evangelios donde se dice que Jesús se regocijó. Los setenta discípulos acababan de regresar de sus jornadas evangelísticas e informaban a Jesús sobre el éxito obtenido.

Lucas escribe en el versículo 21: «En aquella misma hora Él se regocijó mucho en el Espíritu Santo, y dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las revelaste a niños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado”».

Observemos que los tres miembros de la Trinidad se regocijan en este pasaje: Jesús se regocija, pero dice que se regocija en el Espíritu Santo. Creo que lo que esto significa es que el Espíritu Santo lo llena y lo mueve a regocijarse. Al final del versículo se describe el deleite de Dios el Padre. La traducción NVI lo expresa de este modo: «Sí, Padre, porque esa fue tu buena voluntad».

Ahora bien, ¿qué quiere decir que toda la Trinidad estaba junta regocijándose en ese lugar? Es el libre amor selectivo de Dios el que esconde estas cosas de la elite intelectual y se las revela a los niños: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las revelaste a niños».

¿Y qué es lo que el Padre esconde de algunos y les revela a otros? Lucas 10:22 da la respuesta: «Nadie sabe quién es el Hijo sino el Padre». Por lo tanto, lo que el Padre debe revelar es la verdadera identidad espiritual del Hijo.

Cuando los setenta regresaron de su misión evangelística e informaron a Jesús al respecto, él y el Espíritu Santo se alegraron de que Dios el Padre hubiera elegido, según su buena voluntad, revelar la identidad de su Hijo a los niños y esconderla de los sabios.

El punto es que no son solo ciertas clases de personas a las que Dios elige. El punto es que Dios es libre de elegir a los candidatos más improbables para que participen de su gracia.

Dios contradice lo que dicta el mérito humano. Esconde la verdad a los sabios y la revela a los más indefensos y mediocres.

Cuando Jesús contempla cómo el Padre ilumina y salva libremente a aquellos cuya única esperanza es la gracia gratuita, se regocija en el Espíritu Santo y se complace en la elección del Padre.

Números 28 | Salmo 72 | Isaías 19–20 | 2 Pedro 1

19 MAYO

Números 28 | Salmo 72 | Isaías 19–20 | 2 Pedro 1

Isaías 19–20 continúa las profecías relativas a Egipto y Etiopía. Aquí, destacaremos el flujo de ideas y extraeremos una importante lección para el mundo contemporáneo.

Isaías 19 se divide en dos partes. La primera se encuentra en forma poética (19:1–15) y pronuncia juicio sobre Egipto. No tenemos detalles suficientemente específicos, por lo que no podemos determinar con certeza a qué ataque histórico se está haciendo referencia. Egipto sufrió invasiones por parte de Esarhadón (671 a.C.), Asurbanipal (667), Nabucodonosor (568), Cambises (525) y Alejandro Magno (332). Probablemente, “crueles amos” o “rey de mano dura” (19:4) es representativo de todos ellos. La lección para los compatriotas de Isaías se repite constantemente en este libro: no formalizar alianzas con naciones extranjeras; confiar únicamente en Dios. Cuando el Señor actúe contra Egipto, su religión no lo salvará (19:1–4), ni el Nilo (su fuente de vida, 19:5–10), ni sus consejeros (19:11–15).

La segunda parte de Isaías 19 está en prosa (19:16–25). Las palabras “en aquel día” se repiten (19:16, 18, 19, 23, 24), una señal de la fusión del horizonte definitivo, el día del juicio final, con el horizonte histórico inminente, más cercano al contexto inmediato del profeta. Utilizando las categorías del momento, Isaías describe el tiempo en que todo Egipto, incluso una ciudad como Heliópolis (también llamada Herez, 19:18), antiguo centro de adoración del dios sol (Ra), se someterá al reinado de Dios. Esto no ocurrirá sólo con Egipto: otros poderes paganos, representados aquí por Asiria, se unirán en la adoración del Dios de Israel, y habrá paz (compárese 2:2–5). Aquí tenemos otro esbozo del poder del evangelio, que atrae a hombres y mujeres “de toda raza, lengua, pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9), cumpliendo la promesa de Dios a Abraham (Génesis 12:3b).

El escenario de Isaías 20 es más específico: la rebelión filistea contra Asiria (713–711 a.C.; cp. 14:28–31), apoyada por Egipto. El pasaje predice la destrucción de Asdod, una importante ciudad filistea. Dios dijo al profeta que fuese como un cautivo, “desnudo y descalzo” (20:2), al menos una parte del día durante estos tres años, hasta que Asdod cayese, y después dio una explicación sorprendente de su acción: estaba representando la destrucción y el estatus de cautivo, no de Filistea, sino de Egipto. La lección es obvia: no confiéis vuestro futuro a Egipto; es un junco roto.

Que esta destrucción no tuviese lugar hasta cuarenta años más tarde (671) nos enseña otra lección: a menudo, pedimos respuestas inmediatas de Dios, pero él tardó doce años en eliminar a Hitler, setenta para acabar con el poderío soviético, dos siglos para humillar al Imperio británico. Reflexionemos en lo que todo ello implica.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 139). Barcelona: Publicaciones Andamio.