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Números 28 | Salmo 72 | Isaías 19–20 | 2 Pedro 1

19 MAYO

Números 28 | Salmo 72 | Isaías 19–20 | 2 Pedro 1

Isaías 19–20 continúa las profecías relativas a Egipto y Etiopía. Aquí, destacaremos el flujo de ideas y extraeremos una importante lección para el mundo contemporáneo.

Isaías 19 se divide en dos partes. La primera se encuentra en forma poética (19:1–15) y pronuncia juicio sobre Egipto. No tenemos detalles suficientemente específicos, por lo que no podemos determinar con certeza a qué ataque histórico se está haciendo referencia. Egipto sufrió invasiones por parte de Esarhadón (671 a.C.), Asurbanipal (667), Nabucodonosor (568), Cambises (525) y Alejandro Magno (332). Probablemente, “crueles amos” o “rey de mano dura” (19:4) es representativo de todos ellos. La lección para los compatriotas de Isaías se repite constantemente en este libro: no formalizar alianzas con naciones extranjeras; confiar únicamente en Dios. Cuando el Señor actúe contra Egipto, su religión no lo salvará (19:1–4), ni el Nilo (su fuente de vida, 19:5–10), ni sus consejeros (19:11–15).

La segunda parte de Isaías 19 está en prosa (19:16–25). Las palabras “en aquel día” se repiten (19:16, 18, 19, 23, 24), una señal de la fusión del horizonte definitivo, el día del juicio final, con el horizonte histórico inminente, más cercano al contexto inmediato del profeta. Utilizando las categorías del momento, Isaías describe el tiempo en que todo Egipto, incluso una ciudad como Heliópolis (también llamada Herez, 19:18), antiguo centro de adoración del dios sol (Ra), se someterá al reinado de Dios. Esto no ocurrirá sólo con Egipto: otros poderes paganos, representados aquí por Asiria, se unirán en la adoración del Dios de Israel, y habrá paz (compárese 2:2–5). Aquí tenemos otro esbozo del poder del evangelio, que atrae a hombres y mujeres “de toda raza, lengua, pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9), cumpliendo la promesa de Dios a Abraham (Génesis 12:3b).

El escenario de Isaías 20 es más específico: la rebelión filistea contra Asiria (713–711 a.C.; cp. 14:28–31), apoyada por Egipto. El pasaje predice la destrucción de Asdod, una importante ciudad filistea. Dios dijo al profeta que fuese como un cautivo, “desnudo y descalzo” (20:2), al menos una parte del día durante estos tres años, hasta que Asdod cayese, y después dio una explicación sorprendente de su acción: estaba representando la destrucción y el estatus de cautivo, no de Filistea, sino de Egipto. La lección es obvia: no confiéis vuestro futuro a Egipto; es un junco roto.

Que esta destrucción no tuviese lugar hasta cuarenta años más tarde (671) nos enseña otra lección: a menudo, pedimos respuestas inmediatas de Dios, pero él tardó doce años en eliminar a Hitler, setenta para acabar con el poderío soviético, dos siglos para humillar al Imperio británico. Reflexionemos en lo que todo ello implica.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 139). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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