
Serie: Introducción a la Teología Sistemática
Plan de estudio: https://drive.google.com/file/d/1-Al6rOq6Tox4zb4wBU2nWqekLnhk6l9W/view
Iglesia Bautista Internacional

Serie: Hasta los confines de la tierra
23/62 – La providencia de Dios obra a través de la persecución
Miguel Núñez

Miguel Núñez
Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.
Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría
Queda prohibida la reproducción total o parcial de este recurso, por cualquier medio o procedimiento, sin para ello contar con nuestra autorización previa, expresa y por escrito. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en las leyes internacionales de Derecho de Autor. Derechos Reservados.
Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses
22/41 – La Verdad Acerca de Nuestras Tendencias
Stephen Davey
Texto: Filipenses 2:12-13
Todos nosotros tenemos ciertas tendencias que se interponen en el camino de la humildad y la obediencia. Así que, a través de este pasaje, Pablo va a señalar esas tendencias y proveer soluciones para que podamos crecer en nuestro proceso de santificación.
Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.
Aviva Nuestros Corazones

Serie: Ester, “Mujer de Dios en el tiempo de Dios”
15/18 – Tiempo de celebrar
https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/tiempo-de-celebrar/
Carmen Espaillat: En el libro de Ester, Mardoqueo y otros judíos tenían razón para lamentar, y tenían razón para celebrar. Nancy Leigh DeMoss señala que nosotros tenemos razones para celebrar también.
Nancy Leigh DeMoss: ¿No te resulta un poco extraño que algunos cristianos vivan sus vidas en el suelo, aplastados por sus circunstancias? Y le preguntamos: “¿Qué estás haciendo ahí? ¿Dónde está la alegría? ¿Dónde está el gozo?” Cristo es nuestro Mardoqueo. ¡Él es nuestro libertador!
Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.
El libro de Eclesiastés nos dice que hay un tiempo para llorar y un tiempo para reír. ¿Tienes este balance en tu vida? Lloramos por los que están perdidos y por nuestros propios pecados. Al mismo tiempo, necesitamos celebrar con gozo el perdón y la bondad de Dios. Hoy Nancy Leigh DeMoss continúa con la serie de Ester: Mujer de Dios en el tiempo de Dios , y nos invita a celebrar.
Nancy: Si has leído reportes acerca del fin de la Segunda Guerra Mundial, acordarás que las noticias corrieron rápido. El 7 de mayo del 1945, Alemania oficialmente se rindió ante los Aliados, y el 8 de Mayo —el siguiente día —fue declarado “Día de victoria en Europa”.
Ese anuncio causó celebraciones desenfrenadas alrededor del mundo —la gente cantaba, bailaba, festejaba; habían fiestas en las calles. Algunas 500,000 personas llenaron las calles de la ciudad de Nueva York. Quizás has visto esas fotos de Times Square— todo este gran derramamiento de emoción.
Era “Día de victoria en Europa”. Pero la guerra aún no terminaba al otro lado del Pacifico. Japón no se rindió hasta tres meses después. Pero la gente sabía que la victoria estaba asegurada. Y así fue que la noticia corrió rápidamente y las celebraciones prorrumpieron.
En Europa, cuando el primer ministro Winston Churchill anunció el fin de la guerra en Inglaterra, por primera vez desde que la guerra empezó las campanas de las iglesias resonaron en toda Europa. Había celebración por todas partes.
Esas fueron las imágenes que vinieron a mi mente al leer el capítulo 8 del libro de Ester. Vemos lo que sucede ahora que Amán ha sido ahorcado. El hombre equivocado es sacado del palacio… Y Mardoqueo está dentro del palacio.
El viejo edicto de aniquilar a los judíos no puede ser revocado, pero el rey ha dado permiso a Mardoqueo para promulgar un nuevo edicto el cual decía que los judíos podían unirse para defenderse en aquella fecha destinada como su día de destrucción. Ahora podrían defenderse a sí mismos.
Aunque la batalla aún no había terminado, la gente estaba emocionada. Están emocionados porque saben que su victoria está a la mano. Saben que hay esperanza.
Y así, vemos en Ester capítulo 8 versículo 15 que:
“Entonces Mardoqueo salió de la presencia del rey [apenas habiendo recibido permiso para promulgar este nuevo edicto] en vestiduras reales de azul y blanco, con una gran corona de oro y un manto de lino fino y purpura.”
Por cierto, esto es un contraste total de cómo vimos a Mardoqueo vestido al principio del capítulo 4, donde él estaba vestido de cilicio y de cenizas; él no podía ni acercarse a la puerta del palacio del rey. Ahora él está vestido de ropas reales.
Amán había conspirado y había tramado para obtener estas cosas. Recuerda que él trato de conseguirlas cuando pensó que él sería el hombre que el rey quería honrar. “Permite que alguien vista las ropas del rey”. Él nunca consiguió lo que él quiso, pero Mardoqueo, quien nunca buscó obtener estas cosas, las recibió como un regalo inesperado. De nuevo, esto es solo un recordatorio de que Dios humilla al altivo y Él exalta al humilde.
Mientras Mardoqueo salió de la presencia del rey (continúa diciendo el versículo 15), “la ciudad de Susa dio vivas y se regocijó”.
Vimos a la ciudad de Susa antes en un estado de confusión, en pánico y alboroto. Pero ahora la ciudad está alegre y regocijándose. Esta es la ciudad capital del Imperio Persa, donde vivían quizás hasta medio millón de judíos.
“Para los judíos fue día de luz y alegría, de gozo y gloria. En cada provincia, en cada ciudad y en todo lugar adonde llegaba el mandato del rey y su decreto había alegría y gozo para los judíos, banquete y día festivo.” (versos 16-17)
¡El día de la victoria! Ahora bien, la guerra no había terminado. Aún no habían librado la batalla en contra de sus opresores. Pero ahora que este nuevo edicto había sido promulgado, sabían que había esperanza. Así que de esa esperanza brota gozo y alegría y celebración. Una celebración exuberante irrumpió y cubrió el vasto imperio.
Hasta este punto ha habido poca razón para celebrar. Pero ahora hay una gran causa de alegría, de gozo y de regocijo.
Si recuerdas bien, el capítulo 8 empezó con Ester lamentándose, yendo frente al rey, suplicándole de parte de su pueblo. “¿Cómo podría yo ver la calamidad que caería sobre mi pueblo? ¿Cómo podría yo ver la destrucción de mi gente?” Ella está lamentándose frente al rey.
Como hemos dicho, la torta se ha volteado. Los judíos se regocijan y celebran.
Hay un salmo que viene a mi mente mientras leo este pasaje. Déjame leerte del Salmo 30.
“Te ensalzaré, Oh SEÑOR, porque me has elevado, y no has permitido que mis enemigos se rían de mí. Oh SEÑOR, Dios mío, a ti pedí auxilio y me sanaste. Oh SEÑOR, has sacado mi alma del Seol; me has guardado con vida, para que no descienda al sepulcro.” (versos 1-3).
Fue como si hubieran resucitado a nueva vida. O sea, sus vidas habían terminado, se habían acabado, hasta que Dios les trajo esta nueva esperanza.
“Cantad alabanzas al SEÑOR, vosotros sus santos y alabad su santo nombre. Porque su ira es solo por un momento, pero su favor es por toda una vida; el llanto puede durar toda la noche, pero a la mañana vendrá el grito de alegría” (verso 4).
Y luego los versículos 11-12 del Salmo 30:
“Tú has cambiado mi lamento [mi aflicción, mi dolor] en danza; has desatado mi cilicio y me has ceñido de alegría, para que mi alma te cante alabanzas y no esté callada. ¡Oh SEÑOR, Dios mío te alabare por siempre!”
¿Puedes ver el avance? Esto fue cierto, no solo para los judíos, sino que también es cierto para el pueblo de Dios. Aquí vemos el poder transformador del Evangelio, el Evangelio de Jesucristo que cambia al pobre en príncipes. Aquellos que habían recibido una sentencia de muerte ahora han sido liberados de la prisión. Aquellos que habían sido condenados ahora son exaltados.
El lamento ha sido cambiado en danza, el ayuno en festejo, la confusión en regocijo, la oscuridad en luz, el cilicio en ropas reales. ¿No es eso lo que el Evangelio hace por nosotras?
Sobre nosotras pesaba una condena de muerte. Éramos prisioneras. No teníamos esperanza. Estábamos sin Dios, sin ninguna esperanza en el mundo. Y luego Dios a su tiempo, en la plenitud del tiempo, mandó a Jesucristo a este mundo, quien se entregó a sí mismo como un sacrificio, como una ofrenda por nuestros pecados, y ahora nos ha resucitado a una nueva vida en Cristo.
¿Cuál debe ser la consecuencia de esto, el resultado?
¡Canto! ¡Deleite! ¡Alegría! ¡Gozo! No, la batalla no ha terminado. Todavía vivimos en esta carne. Todavía tenemos pecado morando en nosotros. Todavía tenemos que tratar con eso. Pero conocemos el resultado. Tenemos esperanza. Tenemos los medios para obtener la victoria.
El gozo y la alegría en este punto en la historia de Ester son una expresión de fe. El decreto de Amán todavía está en efecto. Pero ahora los judíos saben que tienen una salida. ¡Que tienen esperanza!
No puedo evitar el preguntarme mientras leo esta historia y leo el Salmo 30 y veo el gozo que viene, el agradecimiento, la alabanza, la celebración de los prisioneros cuando son liberados. Tengo que preguntar, “¿Dónde está el gozo? ¿Dónde está la alegría? ¿Dónde están los gritos? ¿Dónde está el regocijo? ¿Dónde está la celebración? ¿Dónde está el festejo entre el pueblo de Dios hoy?”
En lugar de esto, si ves a tu alrededor… Y si recibieras los correos que yo recibo, si leyeras las cartas que yo leo, y hablaras con muchas de las personas con las que yo hablo, lo que encuentras muy seguido entre los creyentes es depresión, desánimo, ataduras, temor, tristeza y perdición.
Yo sé que todavía no estamos en el cielo. No ha llegado todavía la hora de la celebración final. No será ahora. Será después. Y todavía vivimos en un mundo caído. Todavía tenemos que lidiar con nuestra carne. Todavía tenemos que lidiar con los enemigos; con Satanás y con este mundo. Estas son cosas serias. Todavía no todo momento es para festejar y celebrar.
Pero, ¿No te resulta un poco extraño que algunos cristianos vivan sus vidas en el suelo, aplastados por las circunstancias? Y nos preguntamos: “¿Qué estás haciendo allí? ¿Dónde está la alegría? ¿Dónde está el gozo?
Cristo es nuestro Mardoqueo. ¡Él es nuestro libertador! Él ha escrito y firmado y sellado un decreto que dice que puedes tener victoria sobre la ley del pecado, victoria sobre la muerte. Él ha promulgado un decreto que anuncia nuestra libertad.
¿No crees que deba haber algo de gozo? ¿No debe haber algo de alegría? Nuestras iglesias… ¿no deberían ser lugares donde hay gozo y alegría?
Vemos a la iglesia promedio de hoy —y yo hablo mucho frente a la gente, así que veo las caras de las personas… Las personas lucen como que iban rumbo a la morgue y que se perdieron en el camino, viniendo a dar a la iglesia. Sus caras lucen como si estuvieran tomando puro jugo de limón.
Ves a algunos cristianos y piensas, “no le desearía lo que ellos tienen ni a mi peor enemigo”.
No estoy hablando de poner una sonrisa superficial en tu cara o de siempre andar frívolamente. Todavía vivimos en un mundo muy turbado, y hay muchas cosas por las cuales estamos afligidas. Mi corazón frecuentemente se siente oprimido sobre las circunstancias de este mundo y por la condición de la iglesia y la necesidad de avivamiento que hay hoy en día.
Pero no debemos vivir atadas a la depresión ni al desánimo ni al temor. Cristo, nuestro Mardoqueo, nos ha dado razón para celebrar, razón para tener gozo y alegría.
Compara lo que está pasando ahora en el capítulo 8 de Ester al primer edicto que fue promulgado. El primer edicto trajo confusión y consternación. Ahora la noticia de que la justicia ha prevalecido trae gran gozo y celebración.
Y te diré también qué otra cosa trajo. Trajo la conversión de muchos extranjeros que estaban dominados por el miedo por lo que habían visto.
El versículo 17 nos dice, “Y muchos de entre los pueblos de la tierra se hicieron Judíos, porque había caído sobre ellos el temor de los judíos.”
Así que las cosas dieron un giro de 180 grados. Y hoy venimos al capítulo 9, que de acuerdo a la manera que han calculado los historiadores y los eruditos de la Biblia, toma lugar el 7 de marzo del año 473 a.C.
Ester capítulo 9, versículo 1:
“En el mes doce es decir, el mes de Adar, el día trece cuando estaban para ejecutarse el mandato y el edicto del rey.”
¿Qué mandato y qué edicto es ese? Es el edicto de Amán. Es el que dice que los judíos serían destruidos y aniquilados.
En ese mismo día.
¿Cómo llegaron a ese día? ¿Te acuerdas? Habían echado suertes. Amán había echado suertes. Él era supersticioso. Él pensó que era cosa de casualidad. Él consultó con sus amigos astrólogos y ellos dijeron, “este es el día más propicio”.
Habían echado suertes once meses antes. Pero la Escritura dice que el Señor determina el resultado de las suertes. De hecho, eso fue lo que paso.
De modo que ahora llegó el día. Estamos llegando al momento culminante. ¿Qué pasará?
De nuevo, a veces no vemos a las Escrituras con suficiente asombro porque hemos leído estas historias una y otra vez. Las hemos escuchado desde que éramos niñas. Se nos olvida cómo pudo haber sido el estar viviendo estas historias.
Pero al leer historias como éstas, nos recordamos que con nuestras propias historias, cuando no sabemos lo que va a pasar, Dios sí lo sabe; Él es quien lo está orquestando. Y al fin tendrá un buen resultado.
Ahora es el duodécimo mes, el mes de Adar, el día decimotercero. El edicto del rey de destruir a los judíos está a punto de ser ejecutado.
“El mismo día que los enemigos de los judíos esperaban obtener dominio sobre ellos, sucedió lo contrario”. (versículo 1)
Sucedió lo contrario. ¡Solo Dios! El nombre de Dios no estará en el libro de Ester, pero Su huella está por todos lados. Sucedió lo contrario. Los judíos obtuvieron el dominio sobre los que los odiaban.
Esto era una imposibilidad absoluta, pero Dios lo había hecho posible. Con Dios todas las cosas son posibles.
Así que aunque Amán estaba muerto, todavía había mucha gente que quería hacerle daño a los judíos. Este siempre ha sido el caso en la historia del mundo desde los días de Abraham. Siempre ha habido aquellos que han querido atacar al pueblo de Dios.
Mientras estábamos en el receso alguien me preguntó, “¿Por qué? ¿Por qué a la gente le gustará hacer eso? ¿Por qué le tienen tanto odio al pueblo de Dios?
Básicamente yo pienso que la respuesta es porque la gente odia a Dios.
No quieren que Dios gobierne sobre ellos.
Ellos quieren ser Dios.
Ellos quieren ser su propio Dios.
Ellos quieren dirigir sus propias vidas.
Ellos quieren gobernar la tierra por ellos mismos.
Ellos no quieren doblegarse ante Dios.
Así que, con el propósito de atacar a Dios, ellos siempre tratan de llegarle a la niña de Sus ojos. El pueblo escogido de Dios, los judíos y el pueblo de Dios, los que son creyentes en Jesucristo siempre serán objeto de odio, de rencor y de ataque.
Así que cuando suceda, entiende que es parte de vivir en un mundo caído. Hay aquellos que quieren tener dominio sobre el pueblo de Dios. Pero ahora ha habido un giro. Los judíos han ganado dominio sobre sus enemigos, sobre aquellos quienes pudieron haberlos destruido.
Los judíos, recuerda, son una pequeña minoría. Pudieron haber sido tanto como unos 15 millones de personas, pero se encontraban dispersos por todo el Imperio Persa, el cual era un imperio inmenso que iba desde lo que hoy es Pakistán hasta el norte de la península de Sinaí — esto es, Etiopía, Sudán y Egipto. Quince millones de judíos dispersados por todo este imperio que tenía una población aproximada de 100 millones de personas.
Esta fue una intervención a favor de ellos. Dios estaba peleando por Su pueblo. Y Dios pelea por ti. No siempre Dios gana las batallas de las formas en que nosotros nos gustaría que lo hiciera, pero al final Él es victorioso.
Así que el versículo 2 dice:
“Se reunieron los judíos en sus ciudades por todas las provincias del rey Asuero para echar mano a los que buscaban su daño.”
Al leer este capítulo, fíjate como los atacantes son descritos. Son descritos como los enemigos de los judíos. Son descritos, aquí en el versículo 2, como aquellos que buscaban su daño.
“Y nadie podía oponérseles, porque el temor a ellos había caído sobre todos los pueblos. Y todos los príncipes de las provincias, los sátrapas, los gobernadores y los que manejaban los negocios del rey ayudaron a los Judíos, porque el temor a Mardoqueo había caído sobre ellos” (versos 2-3).
¿Es este un cambio de circunstancias o qué? Mardoqueo no había temido a nadie más que a Dios, pero ahora otros le tenían miedo.
Pensé en lo diferente que es esto a las formas del mundo cristiano hoy en día. Muchos cristianos de hoy viven atemorizados de la cultura, con miedo de ser conquistados por ella. Debería ser al revés.
Debería de haber tal evidencia de la presencia y del poder de Dios en medio de Su pueblo que la cultura tema a Dios y tenga miedo de nosotros —no porque seamos crueles o malos o vengativos, sino porque ven el poder de Dios en nuestro medio.
¿Acaso no es eso lo que Pablo describe en 1era Corintios capítulo, 14 versículo 25? Donde dice que cuando un incrédulo entra a tu iglesia, si ésta está funcionando de la manera adecuada, como debe funcionar una iglesia del Nuevo Testamento, él dice que, “él se postrará de cara al piso y dirá: ‘en verdad Dios está en este lugar’” (parafraseado).
¿Qué tan frecuente vemos eso pasar en nuestras iglesias? En cambio pasamos el tiempo encogiéndonos de miedo por los ataques de un mundo perdido. En última instancia estamos en el lado ganador. Nuestra victoria es segura, y debemos de andar con esa convicción.
“Pues Mardoqueo era grande en la casa del rey, y su fama se había extendido por todas la provincias, porque Mardoqueo se hacía mas y mas grande.” (verso 4)
Pensé en esto como si fuera un retrato de Cristo en el Antiguo Testamento —no que Cristo crezca más y más poderoso sino que Su fama continúa extendiéndose. Él será amado y reverenciado y adorado. Un día toda rodilla se doblará y toda legua confesará que Jesucristo es Señor.
“Y los judíos hirieron a todos sus enemigos a filo de espada, con matanza y destrucción; e hicieron lo que quisieron con los que los odiaban.” (versículo 5)
Esto era una defensa. Esta no era una guerra agresiva. No era vengativa o una vendetta privada. De forma controlada se estaban defendiendo de aquellos que buscaban destruirlos.
“En la fortaleza de Susa los judíos mataron y destruyeron a 500 hombres, también a Parsandata, Dalfón, Aspata, Porata, Adalía, Aridata, Parmasta, Arisai, Aridai, y Vaizata.” (versículos 6-9)
Dirás, “¿Quiénes son, y porque están todos esos nombres allí?” Mira el versículo 10.
“…los diez hijos de Amán, hijo de Hamedata, enemigo de los judíos.”
En el texto hebreo, los nombres de los diez hijos de Amán están escritos en orden y de forma tal que visualmente representan una horca (no puedes ver esto en la Biblia en español). Es una ilustración que lo que le sucedió a ellos.
En la fiesta de Purim, de la que hablaremos en la próxima sesión, los judíos celebran su victoria sobre sus enemigos los Persas, ellos leen el libro de Ester de principio a fin. El lector lee los diez nombres de los hijos de Amán de un tirón, sin tomar aliento, como lo acabo de hacer yo, simbolizando que los diez hijos de Amán murieron juntos.
Al destruir los diez hijos de Amán, los judíos finalmente llevaron a cabo las ordenes que Dios había dado a Saúl cientos de años antes. Ellos cumplieron las intenciones claramente reveladas acerca de la destrucción de los amalecitas.
“Aquel mismo día comunicaron al rey el numero de los que fueron muertos en la fortaleza de Susa. Y el rey dijo a la reina Ester: En la fortaleza de Susa los judíos han matado y exterminado a 500 hombres y a los diez hijos de Amán. ¡Qué habrán hecho en las demás provincias de rey! ¿Cuál es tu petición ahora? Pues te será concedida. ¿Qué más quieres? También te será hecho. Entonces Ester dijo: Si le place al rey, que mañana también se conceda a los judíos que están en Susa hacer conforme al edicto de hoy”. (versículos 11-13)
En otras palabras “Dános un día más para terminar el trabajo. Todavía hay enemigos que quieren destruir al pueblo judío.”
“Y que los diez hijos de Amán sean colgados en la horca.”
“El rey ordenó que así se hiciera; y un edicto fue promulgado en Susa, y los diez hijos de Amán fueron colgados. Los judíos que se hallaban en Susa se reunieron también el día catorce del mes de Adar y mataron a trescientos hombres en Susa, pero no echaron mano a los bienes.” (versículos 13-15)
Vemos esto tres veces en este texto. Fueron autorizados a tomar los despojos, echar mano a los bienes, al igual que Saúl, cien años antes, cuando luchó contra los amalecitas, y retuvo un poco de los despojos. Pero esta no era una guerra agresiva. Esta guerra era en defensa propia en contra de sus enemigos, así que no echaron mano a esos bienes. Ellos no estaban tratando de hacerse ricos acosta de sus enemigos.
“Y los demás judíos que se hallaban en las provincias del rey se reunieron para defender sus vidas y librarse de sus enemigos; y mataron a setenta y cinco mil de los que los odiaban, pero no echaron mano a los bienes.” (versículo 16)
Así que la matanza fue limitada a un día en todas las provincias, dos días en la capital, y luego pararon. Solo mataron hombres; mientras que el edicto en contra de ellos había autorizado a sus enemigos a matar hombres y mujeres y niños y jóvenes y viejos.
Se alinearon con Dios en contra de Sus enemigos. Y se nos recuerda que tenemos algunos enemigos —la carne, el mundo, el Diablo— y estamos combatiendo en una batalla. Dios nos llama en el nombre de Jesucristo a hacer batalla, a hacer guerra, sabiendo que el día llegará cuando el triunfo de Cristo será completado sobre todos Sus enemigos.
Si quieres leer acerca de esto, lee el libro de Apocalipsis. Hay dos temas principales en el libro de Apocalipsis. Uno es adoración, pero el otro es guerra. Hay guerra en contra de los enemigos de Dios. Los que se oponen, se declaran enemigos de Dios, Dios mismo hará guerra contra ellos.
Nos unimos en Su nombre, no a ser belicosos, no para atacar a las personas que no están de acuerdo con nosotras, pero para hacer batalla en contra de nuestra carne pecaminosa, a hacer batalla en el reino espiritual en contra de Satanás en el nombre de Jesús, y a resistir este sistema mundano que se opone a Dios.
Eso es parte de la vida cristiana —el ser una guerrera, un soldado, estar involucrada en el nombre de Jesús— no el odiar a la gente, no en ser despiadado, no en saquear a la gente, no en ser grosero, no en ofender a la gente. Pero el decir “En el nombre de Jesucristo y en el nombre de Su cruz, queremos verlo victorioso.”
“Y Él estará sobre todos Sus enemigos en la eternidad. Toda rodilla se doblara; toda lengua confesara que Jesucristo es Señor” (Filipenses 2:10-11, parafraseado).
Carmen: Es era Nancy Leigh DeMoss ayudándonos a mantener nuestro enfoque en Cristo mientras vivimos en una cultura hostil.
El libro de Ester tiene todos los elementos de una gran historia, desarrollo de personajes, acción, trama secundaria, presagios. Como hemos visto, su escenario es muy importante. La historia de Ester no sería la misma si no se hubiera tomado a cabo en una tierra hostil a las cosas de Dios.
Bien, es necesario recordar que estamos viviendo como extraños en una tierra extraña, y podemos aprender mucho del libro de Ester acerca de cómo vivir para el reino que vendrá.
Muchas veces celebramos para olvidar. Nos entretenemos para olvidar nuestros problemas. Veremos qué tan satisfactorio puede ser el celebrar para recordar. Espero y puedas regresar con nosotros aquí en Aviva Nuestros Corazones.
Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries. Y quiero ser una mujer verdadera.
Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.
Tomado de: Aviva Nuestros Corazones
Todos los Derechos Reservados
Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com
Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada
52 – “El Impacto de Cristo en la Humanidad ” 3ra Parte
ENTENDIENDO LOS TIEMPOS
Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.
http://www.entendiendolostiempos.org/
https://play.google.com/store/apps/details?id=net.nowyouseeme.radioeternidad&hl=es_EC
Aviva Nuestros Corazones

Serie: Ester, “Mujer de Dios en el tiempo de Dios”
14/18 – Batallando contra el pecado
https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/tiempo-de-celebrar/
Carmen Espaillat: En el libro de Ester, Mardoqueo y otros judíos tenían razón para lamentar, y tenían razón para celebrar. Nancy Leigh DeMoss señala que nosotros tenemos razones para celebrar también.
Nancy Leigh DeMoss: ¿No te resulta un poco extraño que algunos cristianos vivan sus vidas en el suelo, aplastados por sus circunstancias? Y le preguntamos: “¿Qué estás haciendo ahí? ¿Dónde está la alegría? ¿Dónde está el gozo?” Cristo es nuestro Mardoqueo. ¡Él es nuestro libertador!
Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.
El libro de Eclesiastés nos dice que hay un tiempo para llorar y un tiempo para reír. ¿Tienes este balance en tu vida? Lloramos por los que están perdidos y por nuestros propios pecados. Al mismo tiempo, necesitamos celebrar con gozo el perdón y la bondad de Dios. Hoy Nancy Leigh DeMoss continúa con la serie de Ester: Mujer de Dios en el tiempo de Dios , y nos invita a celebrar.
Nancy: Si has leído reportes acerca del fin de la Segunda Guerra Mundial, acordarás que las noticias corrieron rápido. El 7 de mayo del 1945, Alemania oficialmente se rindió ante los Aliados, y el 8 de Mayo —el siguiente día —fue declarado “Día de victoria en Europa”.
Ese anuncio causó celebraciones desenfrenadas alrededor del mundo —la gente cantaba, bailaba, festejaba; habían fiestas en las calles. Algunas 500,000 personas llenaron las calles de la ciudad de Nueva York. Quizás has visto esas fotos de Times Square— todo este gran derramamiento de emoción.
Era “Día de victoria en Europa”. Pero la guerra aún no terminaba al otro lado del Pacifico. Japón no se rindió hasta tres meses después. Pero la gente sabía que la victoria estaba asegurada. Y así fue que la noticia corrió rápidamente y las celebraciones prorrumpieron.
En Europa, cuando el primer ministro Winston Churchill anunció el fin de la guerra en Inglaterra, por primera vez desde que la guerra empezó las campanas de las iglesias resonaron en toda Europa. Había celebración por todas partes.
Esas fueron las imágenes que vinieron a mi mente al leer el capítulo 8 del libro de Ester. Vemos lo que sucede ahora que Amán ha sido ahorcado. El hombre equivocado es sacado del palacio… Y Mardoqueo está dentro del palacio.
El viejo edicto de aniquilar a los judíos no puede ser revocado, pero el rey ha dado permiso a Mardoqueo para promulgar un nuevo edicto el cual decía que los judíos podían unirse para defenderse en aquella fecha destinada como su día de destrucción. Ahora podrían defenderse a sí mismos.
Aunque la batalla aún no había terminado, la gente estaba emocionada. Están emocionados porque saben que su victoria está a la mano. Saben que hay esperanza.
Y así, vemos en Ester capítulo 8 versículo 15 que:
“Entonces Mardoqueo salió de la presencia del rey [apenas habiendo recibido permiso para promulgar este nuevo edicto] en vestiduras reales de azul y blanco, con una gran corona de oro y un manto de lino fino y purpura.”
Por cierto, esto es un contraste total de cómo vimos a Mardoqueo vestido al principio del capítulo 4, donde él estaba vestido de cilicio y de cenizas; él no podía ni acercarse a la puerta del palacio del rey. Ahora él está vestido de ropas reales.
Amán había conspirado y había tramado para obtener estas cosas. Recuerda que él trato de conseguirlas cuando pensó que él sería el hombre que el rey quería honrar. “Permite que alguien vista las ropas del rey”. Él nunca consiguió lo que él quiso, pero Mardoqueo, quien nunca buscó obtener estas cosas, las recibió como un regalo inesperado. De nuevo, esto es solo un recordatorio de que Dios humilla al altivo y Él exalta al humilde.
Mientras Mardoqueo salió de la presencia del rey (continúa diciendo el versículo 15), “la ciudad de Susa dio vivas y se regocijó”.
Vimos a la ciudad de Susa antes en un estado de confusión, en pánico y alboroto. Pero ahora la ciudad está alegre y regocijándose. Esta es la ciudad capital del Imperio Persa, donde vivían quizás hasta medio millón de judíos.
“Para los judíos fue día de luz y alegría, de gozo y gloria. En cada provincia, en cada ciudad y en todo lugar adonde llegaba el mandato del rey y su decreto había alegría y gozo para los judíos, banquete y día festivo.” (versos 16-17)
¡El día de la victoria! Ahora bien, la guerra no había terminado. Aún no habían librado la batalla en contra de sus opresores. Pero ahora que este nuevo edicto había sido promulgado, sabían que había esperanza. Así que de esa esperanza brota gozo y alegría y celebración. Una celebración exuberante irrumpió y cubrió el vasto imperio.
Hasta este punto ha habido poca razón para celebrar. Pero ahora hay una gran causa de alegría, de gozo y de regocijo.
Si recuerdas bien, el capítulo 8 empezó con Ester lamentándose, yendo frente al rey, suplicándole de parte de su pueblo. “¿Cómo podría yo ver la calamidad que caería sobre mi pueblo? ¿Cómo podría yo ver la destrucción de mi gente?” Ella está lamentándose frente al rey.
Como hemos dicho, la torta se ha volteado. Los judíos se regocijan y celebran.
Hay un salmo que viene a mi mente mientras leo este pasaje. Déjame leerte del Salmo 30.
“Te ensalzaré, Oh SEÑOR, porque me has elevado, y no has permitido que mis enemigos se rían de mí. Oh SEÑOR, Dios mío, a ti pedí auxilio y me sanaste. Oh SEÑOR, has sacado mi alma del Seol; me has guardado con vida, para que no descienda al sepulcro.” (versos 1-3).
Fue como si hubieran resucitado a nueva vida. O sea, sus vidas habían terminado, se habían acabado, hasta que Dios les trajo esta nueva esperanza.
“Cantad alabanzas al SEÑOR, vosotros sus santos y alabad su santo nombre. Porque su ira es solo por un momento, pero su favor es por toda una vida; el llanto puede durar toda la noche, pero a la mañana vendrá el grito de alegría” (verso 4).
Y luego los versículos 11-12 del Salmo 30:
“Tú has cambiado mi lamento [mi aflicción, mi dolor] en danza; has desatado mi cilicio y me has ceñido de alegría, para que mi alma te cante alabanzas y no esté callada. ¡Oh SEÑOR, Dios mío te alabare por siempre!”
¿Puedes ver el avance? Esto fue cierto, no solo para los judíos, sino que también es cierto para el pueblo de Dios. Aquí vemos el poder transformador del Evangelio, el Evangelio de Jesucristo que cambia al pobre en príncipes. Aquellos que habían recibido una sentencia de muerte ahora han sido liberados de la prisión. Aquellos que habían sido condenados ahora son exaltados.
El lamento ha sido cambiado en danza, el ayuno en festejo, la confusión en regocijo, la oscuridad en luz, el cilicio en ropas reales. ¿No es eso lo que el Evangelio hace por nosotras?
Sobre nosotras pesaba una condena de muerte. Éramos prisioneras. No teníamos esperanza. Estábamos sin Dios, sin ninguna esperanza en el mundo. Y luego Dios a su tiempo, en la plenitud del tiempo, mandó a Jesucristo a este mundo, quien se entregó a sí mismo como un sacrificio, como una ofrenda por nuestros pecados, y ahora nos ha resucitado a una nueva vida en Cristo.
¿Cuál debe ser la consecuencia de esto, el resultado?
¡Canto! ¡Deleite! ¡Alegría! ¡Gozo! No, la batalla no ha terminado. Todavía vivimos en esta carne. Todavía tenemos pecado morando en nosotros. Todavía tenemos que tratar con eso. Pero conocemos el resultado. Tenemos esperanza. Tenemos los medios para obtener la victoria.
El gozo y la alegría en este punto en la historia de Ester son una expresión de fe. El decreto de Amán todavía está en efecto. Pero ahora los judíos saben que tienen una salida. ¡Que tienen esperanza!
No puedo evitar el preguntarme mientras leo esta historia y leo el Salmo 30 y veo el gozo que viene, el agradecimiento, la alabanza, la celebración de los prisioneros cuando son liberados. Tengo que preguntar, “¿Dónde está el gozo? ¿Dónde está la alegría? ¿Dónde están los gritos? ¿Dónde está el regocijo? ¿Dónde está la celebración? ¿Dónde está el festejo entre el pueblo de Dios hoy?”
En lugar de esto, si ves a tu alrededor… Y si recibieras los correos que yo recibo, si leyeras las cartas que yo leo, y hablaras con muchas de las personas con las que yo hablo, lo que encuentras muy seguido entre los creyentes es depresión, desánimo, ataduras, temor, tristeza y perdición.
Yo sé que todavía no estamos en el cielo. No ha llegado todavía la hora de la celebración final. No será ahora. Será después. Y todavía vivimos en un mundo caído. Todavía tenemos que lidiar con nuestra carne. Todavía tenemos que lidiar con los enemigos; con Satanás y con este mundo. Estas son cosas serias. Todavía no todo momento es para festejar y celebrar.
Pero, ¿No te resulta un poco extraño que algunos cristianos vivan sus vidas en el suelo, aplastados por las circunstancias? Y nos preguntamos: “¿Qué estás haciendo allí? ¿Dónde está la alegría? ¿Dónde está el gozo?
Cristo es nuestro Mardoqueo. ¡Él es nuestro libertador! Él ha escrito y firmado y sellado un decreto que dice que puedes tener victoria sobre la ley del pecado, victoria sobre la muerte. Él ha promulgado un decreto que anuncia nuestra libertad.
¿No crees que deba haber algo de gozo? ¿No debe haber algo de alegría? Nuestras iglesias… ¿no deberían ser lugares donde hay gozo y alegría?
Vemos a la iglesia promedio de hoy —y yo hablo mucho frente a la gente, así que veo las caras de las personas… Las personas lucen como que iban rumbo a la morgue y que se perdieron en el camino, viniendo a dar a la iglesia. Sus caras lucen como si estuvieran tomando puro jugo de limón.
Ves a algunos cristianos y piensas, “no le desearía lo que ellos tienen ni a mi peor enemigo”.
No estoy hablando de poner una sonrisa superficial en tu cara o de siempre andar frívolamente. Todavía vivimos en un mundo muy turbado, y hay muchas cosas por las cuales estamos afligidas. Mi corazón frecuentemente se siente oprimido sobre las circunstancias de este mundo y por la condición de la iglesia y la necesidad de avivamiento que hay hoy en día.
Pero no debemos vivir atadas a la depresión ni al desánimo ni al temor. Cristo, nuestro Mardoqueo, nos ha dado razón para celebrar, razón para tener gozo y alegría.
Compara lo que está pasando ahora en el capítulo 8 de Ester al primer edicto que fue promulgado. El primer edicto trajo confusión y consternación. Ahora la noticia de que la justicia ha prevalecido trae gran gozo y celebración.
Y te diré también qué otra cosa trajo. Trajo la conversión de muchos extranjeros que estaban dominados por el miedo por lo que habían visto.
El versículo 17 nos dice, “Y muchos de entre los pueblos de la tierra se hicieron Judíos, porque había caído sobre ellos el temor de los judíos.”
Así que las cosas dieron un giro de 180 grados. Y hoy venimos al capítulo 9, que de acuerdo a la manera que han calculado los historiadores y los eruditos de la Biblia, toma lugar el 7 de marzo del año 473 a.C.
Ester capítulo 9, versículo 1:
“En el mes doce es decir, el mes de Adar, el día trece cuando estaban para ejecutarse el mandato y el edicto del rey.”
¿Qué mandato y qué edicto es ese? Es el edicto de Amán. Es el que dice que los judíos serían destruidos y aniquilados.
En ese mismo día.
¿Cómo llegaron a ese día? ¿Te acuerdas? Habían echado suertes. Amán había echado suertes. Él era supersticioso. Él pensó que era cosa de casualidad. Él consultó con sus amigos astrólogos y ellos dijeron, “este es el día más propicio”.
Habían echado suertes once meses antes. Pero la Escritura dice que el Señor determina el resultado de las suertes. De hecho, eso fue lo que paso.
De modo que ahora llegó el día. Estamos llegando al momento culminante. ¿Qué pasará?
De nuevo, a veces no vemos a las Escrituras con suficiente asombro porque hemos leído estas historias una y otra vez. Las hemos escuchado desde que éramos niñas. Se nos olvida cómo pudo haber sido el estar viviendo estas historias.
Pero al leer historias como éstas, nos recordamos que con nuestras propias historias, cuando no sabemos lo que va a pasar, Dios sí lo sabe; Él es quien lo está orquestando. Y al fin tendrá un buen resultado.
Ahora es el duodécimo mes, el mes de Adar, el día decimotercero. El edicto del rey de destruir a los judíos está a punto de ser ejecutado.
“El mismo día que los enemigos de los judíos esperaban obtener dominio sobre ellos, sucedió lo contrario”. (versículo 1)
Sucedió lo contrario. ¡Solo Dios! El nombre de Dios no estará en el libro de Ester, pero Su huella está por todos lados. Sucedió lo contrario. Los judíos obtuvieron el dominio sobre los que los odiaban.
Esto era una imposibilidad absoluta, pero Dios lo había hecho posible. Con Dios todas las cosas son posibles.
Así que aunque Amán estaba muerto, todavía había mucha gente que quería hacerle daño a los judíos. Este siempre ha sido el caso en la historia del mundo desde los días de Abraham. Siempre ha habido aquellos que han querido atacar al pueblo de Dios.
Mientras estábamos en el receso alguien me preguntó, “¿Por qué? ¿Por qué a la gente le gustará hacer eso? ¿Por qué le tienen tanto odio al pueblo de Dios?
Básicamente yo pienso que la respuesta es porque la gente odia a Dios.
No quieren que Dios gobierne sobre ellos.
Ellos quieren ser Dios.
Ellos quieren ser su propio Dios.
Ellos quieren dirigir sus propias vidas.
Ellos quieren gobernar la tierra por ellos mismos.
Ellos no quieren doblegarse ante Dios.
Así que, con el propósito de atacar a Dios, ellos siempre tratan de llegarle a la niña de Sus ojos. El pueblo escogido de Dios, los judíos y el pueblo de Dios, los que son creyentes en Jesucristo siempre serán objeto de odio, de rencor y de ataque.
Así que cuando suceda, entiende que es parte de vivir en un mundo caído. Hay aquellos que quieren tener dominio sobre el pueblo de Dios. Pero ahora ha habido un giro. Los judíos han ganado dominio sobre sus enemigos, sobre aquellos quienes pudieron haberlos destruido.
Los judíos, recuerda, son una pequeña minoría. Pudieron haber sido tanto como unos 15 millones de personas, pero se encontraban dispersos por todo el Imperio Persa, el cual era un imperio inmenso que iba desde lo que hoy es Pakistán hasta el norte de la península de Sinaí — esto es, Etiopía, Sudán y Egipto. Quince millones de judíos dispersados por todo este imperio que tenía una población aproximada de 100 millones de personas.
Esta fue una intervención a favor de ellos. Dios estaba peleando por Su pueblo. Y Dios pelea por ti. No siempre Dios gana las batallas de las formas en que nosotros nos gustaría que lo hiciera, pero al final Él es victorioso.
Así que el versículo 2 dice:
“Se reunieron los judíos en sus ciudades por todas las provincias del rey Asuero para echar mano a los que buscaban su daño.”
Al leer este capítulo, fíjate como los atacantes son descritos. Son descritos como los enemigos de los judíos. Son descritos, aquí en el versículo 2, como aquellos que buscaban su daño.
“Y nadie podía oponérseles, porque el temor a ellos había caído sobre todos los pueblos. Y todos los príncipes de las provincias, los sátrapas, los gobernadores y los que manejaban los negocios del rey ayudaron a los Judíos, porque el temor a Mardoqueo había caído sobre ellos” (versos 2-3).
¿Es este un cambio de circunstancias o qué? Mardoqueo no había temido a nadie más que a Dios, pero ahora otros le tenían miedo.
Pensé en lo diferente que es esto a las formas del mundo cristiano hoy en día. Muchos cristianos de hoy viven atemorizados de la cultura, con miedo de ser conquistados por ella. Debería ser al revés.
Debería de haber tal evidencia de la presencia y del poder de Dios en medio de Su pueblo que la cultura tema a Dios y tenga miedo de nosotros —no porque seamos crueles o malos o vengativos, sino porque ven el poder de Dios en nuestro medio.
¿Acaso no es eso lo que Pablo describe en 1era Corintios capítulo, 14 versículo 25? Donde dice que cuando un incrédulo entra a tu iglesia, si ésta está funcionando de la manera adecuada, como debe funcionar una iglesia del Nuevo Testamento, él dice que, “él se postrará de cara al piso y dirá: ‘en verdad Dios está en este lugar’” (parafraseado).
¿Qué tan frecuente vemos eso pasar en nuestras iglesias? En cambio pasamos el tiempo encogiéndonos de miedo por los ataques de un mundo perdido. En última instancia estamos en el lado ganador. Nuestra victoria es segura, y debemos de andar con esa convicción.
“Pues Mardoqueo era grande en la casa del rey, y su fama se había extendido por todas la provincias, porque Mardoqueo se hacía mas y mas grande.” (verso 4)
Pensé en esto como si fuera un retrato de Cristo en el Antiguo Testamento —no que Cristo crezca más y más poderoso sino que Su fama continúa extendiéndose. Él será amado y reverenciado y adorado. Un día toda rodilla se doblará y toda legua confesará que Jesucristo es Señor.
“Y los judíos hirieron a todos sus enemigos a filo de espada, con matanza y destrucción; e hicieron lo que quisieron con los que los odiaban.” (versículo 5)
Esto era una defensa. Esta no era una guerra agresiva. No era vengativa o una vendetta privada. De forma controlada se estaban defendiendo de aquellos que buscaban destruirlos.
“En la fortaleza de Susa los judíos mataron y destruyeron a 500 hombres, también a Parsandata, Dalfón, Aspata, Porata, Adalía, Aridata, Parmasta, Arisai, Aridai, y Vaizata.” (versículos 6-9)
Dirás, “¿Quiénes son, y porque están todos esos nombres allí?” Mira el versículo 10.
“…los diez hijos de Amán, hijo de Hamedata, enemigo de los judíos.”
En el texto hebreo, los nombres de los diez hijos de Amán están escritos en orden y de forma tal que visualmente representan una horca (no puedes ver esto en la Biblia en español). Es una ilustración que lo que le sucedió a ellos.
En la fiesta de Purim, de la que hablaremos en la próxima sesión, los judíos celebran su victoria sobre sus enemigos los Persas, ellos leen el libro de Ester de principio a fin. El lector lee los diez nombres de los hijos de Amán de un tirón, sin tomar aliento, como lo acabo de hacer yo, simbolizando que los diez hijos de Amán murieron juntos.
Al destruir los diez hijos de Amán, los judíos finalmente llevaron a cabo las ordenes que Dios había dado a Saúl cientos de años antes. Ellos cumplieron las intenciones claramente reveladas acerca de la destrucción de los amalecitas.
“Aquel mismo día comunicaron al rey el numero de los que fueron muertos en la fortaleza de Susa. Y el rey dijo a la reina Ester: En la fortaleza de Susa los judíos han matado y exterminado a 500 hombres y a los diez hijos de Amán. ¡Qué habrán hecho en las demás provincias de rey! ¿Cuál es tu petición ahora? Pues te será concedida. ¿Qué más quieres? También te será hecho. Entonces Ester dijo: Si le place al rey, que mañana también se conceda a los judíos que están en Susa hacer conforme al edicto de hoy”. (versículos 11-13)
En otras palabras “Dános un día más para terminar el trabajo. Todavía hay enemigos que quieren destruir al pueblo judío.”
“Y que los diez hijos de Amán sean colgados en la horca.”
“El rey ordenó que así se hiciera; y un edicto fue promulgado en Susa, y los diez hijos de Amán fueron colgados. Los judíos que se hallaban en Susa se reunieron también el día catorce del mes de Adar y mataron a trescientos hombres en Susa, pero no echaron mano a los bienes.” (versículos 13-15)
Vemos esto tres veces en este texto. Fueron autorizados a tomar los despojos, echar mano a los bienes, al igual que Saúl, cien años antes, cuando luchó contra los amalecitas, y retuvo un poco de los despojos. Pero esta no era una guerra agresiva. Esta guerra era en defensa propia en contra de sus enemigos, así que no echaron mano a esos bienes. Ellos no estaban tratando de hacerse ricos acosta de sus enemigos.
“Y los demás judíos que se hallaban en las provincias del rey se reunieron para defender sus vidas y librarse de sus enemigos; y mataron a setenta y cinco mil de los que los odiaban, pero no echaron mano a los bienes.” (versículo 16)
Así que la matanza fue limitada a un día en todas las provincias, dos días en la capital, y luego pararon. Solo mataron hombres; mientras que el edicto en contra de ellos había autorizado a sus enemigos a matar hombres y mujeres y niños y jóvenes y viejos.
Se alinearon con Dios en contra de Sus enemigos. Y se nos recuerda que tenemos algunos enemigos —la carne, el mundo, el Diablo— y estamos combatiendo en una batalla. Dios nos llama en el nombre de Jesucristo a hacer batalla, a hacer guerra, sabiendo que el día llegará cuando el triunfo de Cristo será completado sobre todos Sus enemigos.
Si quieres leer acerca de esto, lee el libro de Apocalipsis. Hay dos temas principales en el libro de Apocalipsis. Uno es adoración, pero el otro es guerra. Hay guerra en contra de los enemigos de Dios. Los que se oponen, se declaran enemigos de Dios, Dios mismo hará guerra contra ellos.
Nos unimos en Su nombre, no a ser belicosos, no para atacar a las personas que no están de acuerdo con nosotras, pero para hacer batalla en contra de nuestra carne pecaminosa, a hacer batalla en el reino espiritual en contra de Satanás en el nombre de Jesús, y a resistir este sistema mundano que se opone a Dios.
Eso es parte de la vida cristiana —el ser una guerrera, un soldado, estar involucrada en el nombre de Jesús— no el odiar a la gente, no en ser despiadado, no en saquear a la gente, no en ser grosero, no en ofender a la gente. Pero el decir “En el nombre de Jesucristo y en el nombre de Su cruz, queremos verlo victorioso.”
“Y Él estará sobre todos Sus enemigos en la eternidad. Toda rodilla se doblara; toda lengua confesara que Jesucristo es Señor” (Filipenses 2:10-11, parafraseado).
Carmen: Es era Nancy Leigh DeMoss ayudándonos a mantener nuestro enfoque en Cristo mientras vivimos en una cultura hostil.
El libro de Ester tiene todos los elementos de una gran historia, desarrollo de personajes, acción, trama secundaria, presagios. Como hemos visto, su escenario es muy importante. La historia de Ester no sería la misma si no se hubiera tomado a cabo en una tierra hostil a las cosas de Dios.
Bien, es necesario recordar que estamos viviendo como extraños en una tierra extraña, y podemos aprender mucho del libro de Ester acerca de cómo vivir para el reino que vendrá.
Muchas veces celebramos para olvidar. Nos entretenemos para olvidar nuestros problemas. Veremos qué tan satisfactorio puede ser el celebrar para recordar. Espero y puedas regresar con nosotros aquí en Aviva Nuestros Corazones.
Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries. Y quiero ser una mujer verdadera.
Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.
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Tomado de: Aviva Nuestros Corazones
Todos los Derechos Reservados
Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Serie: Introducción a la Teología Sistemática
Plan de estudio: https://drive.google.com/file/d/1-Al6rOq6Tox4zb4wBU2nWqekLnhk6l9W/view

Biblia y Teología es un podcast del Dr Larry Trotter, dedicado a la exposición bíblica y la enseñanza teológica. Larry es pastor de Florida Coast Church en Pompano Beach, Florida y profesor adjunto de Knox Theological Seminary en Fort Lauderdale, Florida.
Vivió veinticuatro maravillosos años como pastor en México y conferencista en distintos países de Latinoamérica. El propósito de Biblia y Teología es proporcionar enseñanza avanzada y en una forma accesible.
Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Romanos
11 – No hay justo, ni aún uno | Romanos 3:9-20
Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/
Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.
http://www.ibsj.org/sobre-nosotros/
Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Parábolas de la Vida Cristiana
10/12 – «Misericordia: El Buen Samaritano» (Lc 10:25-37)
David Barceló
Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)
David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.
Iglesia Bautista Internacional

Serie: Hasta los confines de la tierra
23/62 – La providencia de Dios obra a través de la persecución
Miguel Núñez

Miguel Núñez
Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.
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BITE

Serie: Biografías
JOHN BUNYAN
El autor de El progreso del peregrino
John Bunyan nació en 1628 en Elstow, Bedfordshire, hijo de Thomas y Margaret Bunyan.
El padre de Bunyan era un calderero que viajaba por la zona reparando ollas y sartenes.
Cuando era niño, Bunyan aprendió el oficio de su padre y recibió una educación rudimentaria. En el verano de 1644 perdió tanto a su madre como a su hermana Margaret. Ese otoño, cerca de cumplir los dieciséis años, se enlistó en el ejército para luchar durante la primera etapa de la Guerra Civil Inglesa.
Bunyan pasó casi tres años en el ejército, dejándolo en 1647 para regresar a Elstow a su oficio como calderero. Su padre se había vuelto a casar y tenía más hijos y Bunyan se mudó a una casa de campo en Elstow High Street.
Dos años después de dejar el ejército, Bunyan se casó. El nombre de su esposa y la fecha exacta de su matrimonio no se conocen, pero Bunyan recordó que su esposa, una mujer piadosa, trajo consigo al matrimonio dos libros puritanos que ella había heredado de su padre. También recordó que, aparte de estos dos libros, solamente tenían un plato y una cuchara para los dos. La primera hija de la pareja, Mary, nació en 1650, y pronto se hizo evidente que era ciega.
Durante su juventud Bunyan había disfrutado de una vida libertina, bailando y disfrutando del juego incluso el domingo, actividades que estaban prohibidas por los puritanos, quienes tenían una visión estricta del domingo. Un domingo, el vicario de Elstow predicó un sermón contra el quebrantamiento del Día del Señor, y Bunyan tomó en serio este sermón.
Durante este tiempo, mientras estaba de viaje, pasó junto a un grupo de mujeres que hablaban de asuntos espirituales en la puerta de su casa. Quedó tan impresionado por la naturaleza de esta charla que decidió unirse a la iglesia. Un grupo inconformista que se reunía bajo el liderazgo del ex oficial del ejército realista John Gifford. Por instigación de otros miembros de la congregación, Bunyan comenzó a predicar.
El ascenso de Bunyan como un predicador popular coincidió con la Restauración de Carlos II. La libertad de culto que los separatistas habían disfrutado durante 20 años se terminó rápidamente; aquellos que no se ajustaran a la Iglesia de Inglaterra serían arrestados. En enero de 1661, Bunyan se encontraba recluido en la cárcel del condado.
Bunyan podría haberse liberado prometiendo no predicar, pero se negó.
El encarcelamiento le dio el incentivo y la oportunidad de escribir. Escribió al menos nueve libros entre 1660 y 1672.
Profitable Mediations, Christian Behavior y The Holy City fueron seguidas por The Holy City Grace Abounding to the Chief of Sinners, considerada la mejor autobiografía puritana de la historia. Pero desde 1667 hasta 1672, Bunyan probablemente pasó la mayor parte de su tiempo en su mayor legado, El progreso del peregrino.
Carlos II eventualmente cedió en 1672, emitiendo una Declaración de Indulgencia. Bunyan fue liberado, licenciado como ministro congregacional y llamado a ser pastor de la iglesia de Bedford. Cuando se renovó la persecución, Bunyan fue nuevamente encarcelado durante seis meses. Después de su segundo encarcelamiento, en 1678, su libro, El progreso del peregrino, fue publicado.
El libro trata sobre una narración alegórica que describe el propio proceso de conversión de Bunyan. El protagonista, como Bunyan, es un calderero. Vagabundea desde la Ciudad de la Destrucción a la Ciudad Celestial, una peregrinación hecha difícil por la carga del pecado, que representado por un yunque sobre su espalda. El protagonista viaja a través de el Desierto de la Desesperación, la Feria de la Vanidad y otras estaciones simbólicas.
El protagonista se llama Cristiano, y la mayoría de los personajes son llamados por su característica más evidente. Toda la novela relata el viaje de Cristiano por su vida, buscando la salvación.
El libro fue instantáneamente popular en todas las clases sociales. Cada hogar inglés que poseía una Biblia también tenía una copia del libro. Eventualmente, se convirtió en el libro más vendido, después de la Biblia, en toda la historia editorial.
A pesar de que el libro le dio a Bunyan una gran fama, nunca abandonó su labor pastoral. Él continuó escribiendo novelas, obras doctrinales, un libro de versos y un libro para niños.
A los 59 años, Bunyan era uno de los escritores más famosos de Inglaterra. En agosto de 1688, cabalgó bajo fuertes lluvias para pastorear a un padre y a su hijo, y a causa de este viaje enfermó y murió.
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Voz en off: Josué Castellón (https://twitter.com/josuekstellon)