En Damasco

Jueves 5 Diciembre

A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo.

Efesios 3:8

Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.

Filipenses 1:21

En Damasco

http://labuenasemilla.net/20191205

Saulo de Tarso se acercaba a Damasco. Era un judío muy religioso y estimado por sus superiores. Ellos le habían dado autorizaciones para arrestar a los cristianos y llevarlos presos. Avanzaba con determinación junto a su escolta.

Pero cerca a Damasco fue detenido bruscamente y echado a tierra por una intervención divina, quedando momentáneamente ciego. Entró en la ciudad conducido de la mano como un niño.

Más tarde él mismo fue perseguido en Damasco y debió dejar la ciudad como un fugitivo. Algunos discípulos de Jesús le ayudaron a escapar durante la noche, descolgándole por el muro de la ciudad en una canasta (Hechos 9:25).

¿Qué le había sucedido a este hombre? Jesús, el Hijo de Dios, se le apareció en el camino a Damasco. En pleno mediodía, Saulo vio “una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol” (Hechos 26:13). ¡Entonces reconoció que persiguiendo a los cristianos, perseguía a Jesús mismo!

De perseguidor encarnizado, Saulo pasó a ser un cristiano, llamado Pablo. Luego Dios lo envió a anunciar el Evangelio y “las inescrutables riquezas de Cristo” a todos. ¿Perdió algo Pablo? ¿Echó de menos su reputación? Escuche lo que dice: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (Filipenses 3:7-8).

Eclesiastés 1:1-2:11 – Santiago 4 – Salmo 138:1-5 – Proverbios 29:7-8

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1/17 – José y la Gracia de Dios

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

1/17 – José y la Gracia de Dios

David Barceló

En este primer sermón, nos adentramos en una historia apasionante, que refleja sin duda alguna el Evangelio del Señor Jesucristo. El Justo, acusado, culpado, exaltado, que salvó a los mismos que antes le ofendían. https://facebook.com/IEGBarcelona http://porGracia.es/ http://sermonaudio.com/iegracia

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

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Jeremías

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Jeremías

R.C.Sproul

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Recuerdo que cuando estudiaba un postgrado en Holanda llevaba una vida súper estricta, me levantaba a la misma hora todos los días y había un pequeño dormitorio en el lugar que alquilábamos que tenía un lavabo chico y solo había espacio para poner una mesa pequeña de trabajo entre la pared y el lavabo, y la parte posterior de la silla estaba contra la cama.

Solía sentarme en esa mesa por 12 horas todos los días. Y tenía que hacer todos estos estudios teológicos y me dije a mí mismo, «Si voy a tener que estudiar toda esta teología, hay algo que quiero agregar a esto. Quiero estudiar la Biblia, mientras estoy haciendo esto».

Por eso, tenía esta rutina todos los días antes de empezar con mi carga académica, estudiaba cuidadosamente el texto de un libro de la Biblia, y mi compañero por un año fue el profeta Jeremías.

Y desde entonces, en cierto modo siento como si Jeremías es mi amigo. Pasé mucho tiempo con él, estudiando sobre el contenido de su libro y siempre quedé deslumbrado por el valor, la fidelidad y la devoción de Jeremías, pues a Jeremías también se le dio la difícil tarea, al igual que a Isaías, de anunciar el juicio de Dios sobre su propio pueblo y sobre su propia iglesia.

Y a veces tenemos este retrato del profeta del Antiguo Testamento como una especie de persona seria, mala e irascible que le da placer anunciar estos juicios terribles, devastadores que estaban a punto de caer sobre el pueblo.

Recordemos que el sobrenombre de Jeremías era «el profeta llorón», porque Jeremías no disfrutaba en dar malas noticias.

Era un hombre con un corazón quebrantado que lloró por su pueblo y que lloró por la ciudad de Jerusalén. Nosotros también, en aquellos días, solíamos ir con frecuencia al Rijksmuseum  de Ámsterdam para ver pinturas maravillosas.

El museo nacional, quizás, era superado sólo por el Louvre en París, en términos de su colección de grandes obras de arte. Tiene esta gran sala enorme, que era la sala de Rembrandt, la colección más grande de Rembrandt que se pueda encontrar en todo el mundo.

Y solíamos ir y mirar con detenimiento todas estas pinturas de Rembrandt, pero mi favorita era la pintura titulada en holandés, “Jeremias per rord het onderhong fon Jerusalem” – “Jeremías lamenta la destrucción de Jerusalén.”

Si has visto esa pintura, notarás que el profeta está apoyándose como recostado sobre las Escrituras y en el fondo, se entremezclan la luz y la oscuridad en un estilo clásico de Rembrandt. Si miras con mucha atención la pintura verás la ciudad de Jerusalén en llamas. Para pintar sus cuadros, Rembrandt hizo algo similar a lo que hicieron Miguel Ángel y otros.

Si estuviera haciendo personajes bíblicos, él haría 30 ó 40 bocetos de la vida de la persona, antes de elegir uno para pintar. Y lo que buscaba era un momento crítico, un momento provechoso que pudiera capturar a todo el hombre y toda su misión en una escena, y esa sería su elección del Jeremías: Jeremías llorando sobre la ciudad de Jerusalén.

Jeremías tenía 20 años aproximadamente, cuando fue llamado para ser profeta y el registro de su llamado se encuentra en el primer capítulo de su libro. Es importante entender que Jeremías fue el último profeta de Judá antes de la destrucción de Jerusalén y el exilio, del pueblo de Dios, a Babilonia.

Leemos en los versículos 4 y 5 del primer capítulo, «Y vino a mí la palabra del Señor, diciendo: Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que nacieras, te consagré; te puse por profeta a las naciones».

Es interesante que ha sido llamado el profeta a las naciones o el profeta a los gentiles, cuando la mayor parte de su profecía fue dada a los judíos en Jerusalén y sus alrededores. Su ministerio duraría aproximadamente 50 años desde esta fecha.

Él era de la tribu de Benjamín y muchos, muchos siglos después, otro descendiente de la misma tribu de Benjamín sería ordenado, no como un profeta, sino como la contraparte del profeta del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento, un apóstol.

Este hombre benjamita en el Nuevo Testamento también fue llamado «el apóstol a los gentiles». Y en un sentido real el ministerio de Jeremías en el Antiguo Testamento anticipa el ministerio del apóstol Pablo en el Nuevo Testamento.

«Entonces dije», este es Jeremías hablando, por supuesto, “¡Ah, Señor Dios! He aquí, no sé hablar, porque soy joven». Se ha dicho de Jeremías, como veremos en breve, que no solo al principio, sino a lo largo de su ministerio, fue un profeta reacio y vemos la resistencia al principio cuando dice: «No sé hablar, porque soy joven.»

Y el Señor me dijo: ‘Oh, lo siento, Jeremías, debo haber llegado a la casa equivocada. No debes ser el Jeremías que ordené desde la fundación del mundo o el que santifiqué en el vientre de tu madre’. Eso no fue lo que Dios dijo. Cuando Jeremías protestó que era demasiado joven, el Señor le dijo: «No digas: ‘Soy joven’ porque adondequiera que te envíe, irás, y todo lo que te mande, dirás. No tengas temor ante ellos, porque contigo estoy para librarte, declara el Señor.

Entonces el Señor extendió su mano y tocó mi boca. Y el Señor me dijo: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. Mira, hoy te he dado autoridad sobre las naciones y sobre los reinos, para arrancar y para derribar, para destruir y para derrocar, para edificar y para plantar».

Y ahora ves lo mismo que ocurrió con Isaías, cuando se le dio a Isaías la penosa tarea de anunciar malas noticias por todas partes. Sin embargo, Isaías es conocido hoy por ser un profeta del evangelio en el Antiguo Testamento.

De igual manera, cuando Dios viene y pone sus palabras en la boca de Jeremías, él le dice: Él dijo: ‘Quiero que vayas y arranques y derribes y rompas’. ¿Por qué? ‘Para que puedas plantar y para que puedas construir’. Pero antes de que Dios reconstruya su nación y reconstruya su pueblo, en primer lugar, tenía que derribar las estructuras que se habían vuelto tan corruptas.

Y estas fueron las circunstancias del llamado de Jeremías y para tener una idea de la dificultad de su tarea, Dios envió a Jeremías no tanto a ministrar a los reyes como había sido el caso de Isaías, sino al núcleo religioso de la nación, a los sacerdotes y a los profetas en esos días.

El capítulo 7 nos da una idea de esta misión y a partir del versículo 1 de este capítulo, leemos esto: «Palabra que vino a Jeremías de parte del Señor, diciendo:  Párate a la puerta de la casa del Señor y proclama allí esta palabra, y di: ‘Oigan la palabra del Señor, todos los de Judá, los que entráis por estas puertas para adorar al Señor.’ Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: Enmendad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré morar en este lugar. No confiéis en palabras engañosas, diciendo: ‘Este es el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor’”.

¿Qué está pasando aquí? Hemos dicho que una de las cosas, una de las funciones del profeta en el Antiguo Testamento era la de ser reformador.

Ahora, el profeta como reformador no era un revolucionario. Hay una diferencia. Los profetas no trataban de ser innovadores y lanzar todas las cosas que Dios había instituido en el pacto y en la vida religiosa del pueblo.

He dicho muchas veces que lo que sucedió con el culto de Israel en el Antiguo Testamento es que degeneró en ritualismo, externalismo, y formalismo, donde las personas solo seguían con las costumbres, pero sus corazones estaban muy lejos de las cosas de Dios.

Todavía tenían su actividad religiosa, pero era puramente externa y superficial. No penetraba en sus corazones. Ahora, lo que los profetas hicieron no fue eliminar las formas o los rituales o las cosas externas, sino que buscaron que el pueblo entendiera la realidad interna a la cual se suponía que debían apuntar y llamarlos a que se arrepientan de permitir que su religión sea solo ritos externos.

Dios le dice a Jeremías: ‘Quiero que vayas directo al centro de la ciudad de Jerusalén, al templo y le digas al pueblo que cambie sus formas y que no confíe en palabras engañosas’. Las palabras engañosas estaban en estas fórmulas que recitaban: «Este es el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor». En otras ocasiones he recalcado lo importante que es cuando vemos la repetición en la literatura hebrea, porque la repetición significa énfasis y por lo general cuando se menciona algo de gran importancia se repite; es decir, se dice dos veces. Pero aquí se repite tres veces.

Estas personas están siendo hipócritas en grado superlativo, diciendo que este es “el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor”. Y Jeremías es enviado a decirles: ‘Están confiando en palabras engañosas, palabras que no tienen provecho’, y más adelante, dice: «id a mi lugar en Silo». Silo había sido un lugar temporal que había servido como el santuario central en la antigüedad y ahora estaba en ruinas.

Jeremías dice: ‘vayan a Silo y véanlo porque así es como lucirá Jerusalén, cuando Dios haya finalizado con la visitación de su juicio’.

¿Pueden imaginar alguna profecía que fuera más incendiaria que esta? ¿Pueden imaginar la furia y la ira de los sacerdotes y los líderes religiosos de aquel día, que este hombre tenía la audacia de decir que Dios iba a destruir Jerusalén?

Era difícil para Jeremías. Fue odiado y perseguido por los sacerdotes, por los falsos profetas de su tiempo. Y siendo un hombre sensible como lo era, era muy difícil continuar de esta forma. Y creo que uno de los capítulos más conmovedores que describen su lucha es el capítulo 20 de su libro.

«Me persuadiste, oh Señor, y quedé persuadido; fuiste más fuerte que yo y prevaleciste».  Me gusta más esta otra traducción: «Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido» porque captura el espíritu de esta discusión que parece ser un ejercicio de redundancia porque, si Dios seduce a un hombre, nada podría ser más claro que el hombre está seducido. Y si Dios lo agobió, entonces, por supuesto que está agobiado.

Pero ahora Jeremías está diciendo: ‘¿qué posibilidades tengo, Dios? No puedo luchar contra ti. Eres demasiado fuerte para mí. Me has seducido aquí en esta tarea’.

Jeremías dice: «He sido el hazmerreír cada día; todos se burlan de mí». Soy una persona non grata en todo Jerusalén. Soy el hombre más odiado entre mi propia gente. ¿Esto es lo que significa serte fiel a ti y a tus palabras? Que si te soy fiel ¿tengo que ser odiado por todos? “Porque cada vez que hablo, grito; proclamo: ¡Violencia, destrucción! Pues la palabra del Señor ha venido a ser para mí oprobio y escarnio cada día». Cada día, todos los días. Jeremías soporta el reproche y la burla de su pueblo porque él está tratando de ser fiel a la palabra de Dios.

Cada pastor en cada iglesia debe revisar este texto con regularidad. Luego el texto sigue: “No Lo recordaré ni hablaré más en su nombre». ¿Ven la profundidad en la que Jeremías ha caído aquí? No puedo soportarlo más. No puedo aguantar esta hostilidad, este odio, esta burla, y por eso ¡renuncio!

Te devuelvo mi credencial de profeta. No hablaré más en tu nombre. Y agrega, pero tu palabra “se convierte dentro de mí como fuego ardiente encerrado en mis huesos” no puedo detenerla. Eso es lo que me gusta de Jeremías, que era un profeta que tenía fuego en sus huesos y era un fuego que estaba encendido por la palabra de Dios.

«Hago esfuerzos por contenerlo, y no puedo». Verso 11: «Pero el Señor está conmigo como campeón temible; por tanto, mis perseguidores tropezarán y no prevalecerán.

Quedarán muy avergonzados, pues no han triunfado, tendrán afrenta perpetua que nunca será olvidada». Verso 13: «Cantad al Señor, alabad al Señor». Verso 14: «Maldito el día en que nací». Habla de la ambivalencia, habla de vacilar entre el júbilo y la alegría de la alabanza de Dios y luego maldice el día de su nacimiento debido a la miseria que debe soportar.

Capítulo 23, verso 9: «En cuanto a los profetas: quebrantado está mi corazón dentro de mí, tiemblan todos mis huesos; estoy como un ebrio, como un hombre a quien domina el vino, por causa del Señor y por causa de sus santas palabras.

Porque la tierra está llena de adúlteros; porque a causa de la maldición se ha enlutado la tierra, se han secado los pastos del desierto. Pues es mala la carrera de ellos y su poderío no es recto. Porque tanto el profeta como el sacerdote están corrompidos; aun en mi casa he hallado su maldad».

Así que Jeremías se queja, le dice a Dios, mira, me dices que llame a estas personas al arrepentimiento porque el juicio viene a esta ciudad santa, y cada vez que predico hay 15 profetas, que vienen detrás de mí y dicen al pueblo: ‘Paz, paz, Dios está con nosotros.

No hagan caso a Jeremías, él perturba la unidad de la iglesia. Dios te ama exactamente como eres. Paz, paz’. Y Jeremías clama a Dios, diciendo: ‘Oh Dios, el mensaje de estos profetas, curan las heridas de la hija de Sion, solo ligeramente.

¿Cómo puedo hacer para que la gente escuche tu palabra cuando ahogan mi voz todos los días estos falsos profetas que están diciendo a la gente exactamente lo que quieren oír? Gritan paz, paz, cuando no hay paz.

¿Qué le dice Dios a Jeremías? Verso 25, «He oído lo que dicen los profetas que profetizan mentira en mi nombre, diciendo: ‘¡He tenido un sueño, he tenido un sueño!’ ¿Hasta cuándo? ¿Qué hay en los corazones de los profetas que profetizan la mentira, de los profetas que proclaman el engaño de su corazón, que tratan de que mi pueblo se olvide de mi nombre con los sueños que se cuentan unos a otros, tal como sus padres olvidaron mi nombre a causa de Baal?».

Ahora escuchen esto, Dios dice: «El profeta que tenga un sueño, que cuente su sueño, pero el que tenga mi palabra, que hable mi palabra con fidelidad. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano? declara el Señor. ¿No es mi palabra como fuego, declara el Señor, y como martillo que despedaza la roca?”.

Jeremías, deja de preocuparte por los falsos profetas. Yo me haré cargo de los falsos profetas. Si son soñadores que sueñen, y que cuenten su sueño, pero deja que el hombre de Dios predique la palabra de Dios fielmente y vea el poder de esa palabra.

Justo antes de este reproche leemos este mensaje al inicio del capítulo 23: “He aquí, vienen días, declara el Señor, en que levantaré a David un Renuevo justo; y El reinará como rey, actuará sabiamente, y practicará el derecho y la justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel morará seguro; y éste es su nombre por el cual será llamado: ‘El Señor, justicia nuestra’».

Jeremías dijo al pueblo que Dios le prometía un nuevo pacto y un nuevo comienzo. Y aunque dijo que el templo sería destruido y el pueblo sería desechado en cautiverio, una de las últimas cosas que hizo Jeremías antes de ser llevado a Egipto fue comprar un campo.

Él invirtió en bienes raíces en Jerusalén como una señal para su pueblo que Dios levantaría esta ciudad una vez más desde las cenizas.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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8/27 – El bautismo de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

8/27 – El bautismo de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-bautismo-de-cristo/

Nancy Leigh DeMoss: Cada cuatro años en los Estados Unidos se celebra un evento llamado «la inauguración presidencial».  Esta es  una  ceremonia oficial pública que se lleva a cabo frente a una gran cantidad de espectadores, en la cual el presidente es juramentado en su oficio. Esta inauguración marca el comienzo del período de su liderazgo.  Es en este momento cuando él asume el oficio o posición de autoridad en el poder.

Leslie Basham: Esta es Nancy Leigh DeMoss, dirigiendo nuestra atención a los eventos importantes que marcan los comienzos.

Nancy: En estos últimos programas, hemos considerado la vida y la obra de Jesús antes de venir a esta tierra. Hemos considerado también, Su encarnación, Su niñez, Su adolescencia, Su vida de adulto joven, Su vida de trabajo como carpintero y constructor. Hoy, consideraremos  el evento que, en cierto sentido, se corresponde a Su inauguración o Su ordenación. Observaremos algunas semejanzas en estas ceremonias. Esta fue la ceremonia pública que marcó el final de Su vida privada y que inauguró Su ministerio público en esta tierra.

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia Saladín.

Nancy: Durante estas semanas que anteceden a la Semana Santa, o la Semana de la Pasión, veremos el retrato del Cristo incomparable. Estaremos siguiendo el bosquejo del libro llamado “El Cristo incomparable” de Oswald Sanders [The Incomparable Christ – disponible en Inglés].  Muchas de ustedes están siguiendo el libro durante este estudio, lo cual es bueno pero no es necesario para sacarle el provecho a esta serie.

Hoy consideraremos el capítulo 7 sobre el bautismo de Cristo—otra mirada al Cristo incomparable. Ahora, cuando un cristiano se bautiza ésta es una ocasión gloriosa, pero en Su bautismo, Cristo fue incomparable.  Nunca ha habido, ni habrá, un bautismo como éste.

Les pido que vayamos al Evangelio de Mateo, el primer libro del Nuevo Testamento, al capítulo 3.  “En aquellos días llegó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.»  (vv. 1-2).

Juan fue enviado a proclamar la venida del Reino de los Cielos y la venida del Rey de este Reino. “Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda región alrededor del Jordán; y confesando sus pecados, eran bautizados por él en el río Jordán.» (vv. 5-6).

El bautismo es un ritual, es una ceremonia que simboliza el lavamiento y la limpieza de nuestros pecados.  Estas personas que venían a ser bautizadas estaban proclamando públicamente que eran pecadores, que necesitaban ser lavados. Ellos estaban entregándose a la misericordia de Dios, habiendo entendido que no  podían salvarse a sí mismos. El bautismo no los iba a salvar, pero era la expresión visible de la obra que ya había sido hecha en sus corazones, una obra que la Biblia llama arrepentimiento.

Arrepentimiento simplemente significa un cambio de pensamiento, un cambio de corazón o un cambio de dirección. Tú ibas en tu propio camino, viviendo tu propia vida, haciendo tus propias cosas, y Dios te detiene; entonces te das cuenta que eres pecadora con la necesidad de ser salvada por Dios. Te detienes, y por la gracia de Dios te arrepentiste y das media vuelta y vas en otra dirección. Pones tu fe en Cristo para que Él te cambie, para que te de un corazón nuevo y una nueva inclinación. Este acto de fe y de arrepentimiento es simbolizado en la ceremonia del  bautizo.

Ahora, estos creyentes fueron  bautizados antes que Cristo muriera en la cruz. Este fue un periodo de transición, pero hoy en día nosotros tenemos un mayor conocimiento sobre Cristo.

Miramos hacia atrás y nos regocijamos en el hecho de que Él ya vino. En el bautismo declaramos nuestra lealtad al Rey de Reyes y a Su reino.

Volviendo a  Mateo capítulo 3 versículo 11. Dice: “Yo a la verdad os bautizo con agua para arrepentimiento, pero el que viene detrás de mí es más poderoso que yo, a quien no soy digno de quitarle las sandalias; Él os bautizara con el Espíritu Santo y con fuego. El bieldo está a su mano y limpiará completamente su era; y recogerá su trigo en el granero, pero quemará la paja en fuego inextinguible.» (vv. 11-12).

El autor  nos está diciendo esencialmente que Cristo va a separar los que pertenecen a  Él, de los que no. Unos irán a la salvación eterna y los otros a la condenación y juicio eternos.

El versículo 13 nos dice:  “Entonces Jesús llegó de Galilea al Jordán, a donde estaba Juan, para ser bautizado por él, pero Juan trató de impedírselo, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, y tú vienes a mi? ” (vv. 13-14). Y respondiendo Jesús,  le dijo: Permítelo ahora” Juan el Bautista le dijo: «no soy digno de quitarte las sandalias, y Jesús le respondió, «yo quiero que tú me bautices a mí», Juan le dice: «Yo necesito ser bautizado por ti, y ¿Tú vienes a mi?»

“Y respondiendo Jesús, le dijo: Permítelo ahora; porque es conveniente que se cumpla así toda la justicia. Entonces Juan se lo permitió».” (v. 15). En este pasaje vemos otra vez la humildad de Cristo. Podemos ver su humildad en Su nacimiento, a través de toda Su vida, en Su muerte, y podemos ver la humildad de Cristo a través de todos los evangelios.  Este es El Hijo de Dios, el Rey de Gloria, el Rey del Reino de los Cielos.

Aquí vemos a Cristo: sin pecado, sin necesidad de arrepentimiento, pero sometiéndose al bautismo de arrepentimiento. Me recuerda el texto de Isaías capítulo 53, este hermoso pasaje que habla sobre los sufrimientos de Cristo. En el relato se nos dice «que él fue contado entre los transgresores». “Déjame ser bautizado”. Él se identifica con los pecadores, con aquellos a quienes vino a salvar. Cristo se humilló para salvarnos. Esto fue lo que hizo de Cristo un salvador perfecto, el hecho de que él estuvo dispuesto a identificarse con los pecadores.

Aquí vemos no solo la obediencia de Cristo, sino también su humildad. Él dijo: «es conveniente que se cumpla así toda justicia». Cristo cumplió perfectamente toda la ley de Dios, y toda la voluntad de Su Padre celestial. ¿Había alguien hecho esto antes? No, ninguna persona jamás lo había hecho.  No importa cuán religiosa sea una persona, cuán respetada sea, ni que tan encumbrada esté en su sistema religioso. Nadie pudo ni podrá cumplir nunca la voluntad de Dios, y la ley de Dios a plenitud, solo Cristo y por eso Él es incomparable.

Estas son las buenas nuevas del Evangelio: que por medio de Su justicia, Su vida de obediencia es contada a nuestro favor. Los teólogos utilizan el término de «justicia imputada» para definir esto. Esto es lo que significa ser justificados. Ser contados como justos—no porque seamos justos—sino porque la justicia de Cristo es contada a nuestro favor.

Por esto fue necesario que Cristo cumpliera toda la justicia de Dios, de otra manera Él no podría justificarnos siendo nosotras  pecadoras y no podríamos, de ninguna otra forma, ser hechas justas.

Romanos capítulo 8 nos dice que “Dios lo hizo enviando a Su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne, para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros” (vv. 3-4). La justicia de Dios es  cumplida en nosotros porque Cristo cumplió con toda justicia.

Esto me lleva a preguntar ¿existe algún área de justicia que yo no haya cumplido? Pudiera ser en el área del bautismo, vemos en las escrituras un patrón y una enseñanza de que aquéllos que han puesto su fe en Jesucristo, dan testimonio de ello pasando por las aguas del bautismo.

El bautismo no te salva ni te hace más espiritual. De hecho, el bautismo no es más que  la  expresión externa de lo que ocurre en tu interior.  Lo único que hace el bautismo es mojarte, pero si tu corazón ha sido transformado, si has creído en  Cristo como tu Salvador,  y si te has arrepentido de tus pecados, entonces el bautismo es un acto de obediencia.

Jesús dijo que era necesario para nosotros cumplir con toda justicia. Yo me pregunto si no habrá alguien hoy escuchando este programa en quien este simple acto de obediencia no ha sido cumplido en su vida porque no ha sido bautizado después de haber puesto su fe en Cristo.

Pero volviendo a  Mateo capítulo 3 versículo 16 “Después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente».  En el  bautismo de Cristo tenemos un retrato poderoso en el cual he estado meditando en estos días y me ha resultado difícil elegir las palabras que expresen todo lo que está representado  en este evento.

Cristo no solo se sumergió en las aguas del bautismo, sino que también salió de las aguas.  Este es un retrato que representa  la muerte y la resurrección de Cristo a nuestro favor.  Romanos capítulo 6 versículo 4 lo expresa de la siguiente manera: “Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida».

Esta es una ilustración de lo que pasa con nosotras cuando venimos a Cristo. Estamos unidas a Él en Su muerte y estamos unidas a Él en su resurrección. Somos sepultadas como viejas criaturas, y somos levantadas como nuevas criaturas. No por  las aguas físicas del bautismo, pues éstas solo simbolizan lo que pasa con nosotros espiritualmente: que hemos sido sepultados con Cristo en la semejanza de Su muerte y que hemos sido levantados con Cristo en la semejanza de Su resurrección.

Sin embargo, el bautismo de Jesús es el cumplimiento de algo más. Es el cumplimiento de la figura del sacerdote representada en el Antiguo Testamento. El sacerdote del Antiguo Testamento comenzaba su ministerio a la edad de 30 años. ¿Qué edad tenía Jesús cuando fue bautizado? Cerca de los 30. El sacerdote era lavado con agua en una ceremonia y Cristo está cumpliendo con esta tipología como nuestro Sumo Sacerdote.

De hecho en Levítico capítulo 8 tenemos una  descripción detallada de la primera vez que Aarón, el primer Sumo Sacerdote, y sus hijos, quienes también eran sacerdotes, fueron  consagrados o separados para el ministerio. En esa ocasión toda la congregación de Israel fue reunida en esta ceremonia pública. Leamos algunos versículos de Levítico capítulo 8, “Entonces Moisés hizo que Aarón y sus hijos se acercaran, y los lavó con agua. Y puso sobre él la túnica, lo ciñó con el cinturón, lo vistió con el manto y le puso el efod; y lo ciñó con el cinto tejido del efod; con el cual lo ató. . . Y derramó del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón y lo ungió, para consagrarlo. (vv. 6-7, 12).

Los sacerdotes eran lavados con agua y  vestidos con ropas y  ornamentos especiales, pero solo el Sumo Sacerdote era ungido con aceite. Las Escrituras utilizan comúnmente el aceite para representar la unción del  Espíritu Santo  para el servicio. Cristo cumplió con esta tipología del Antiguo Testamento al ser sumergido en las aguas del bautismo, representando así el lavamiento del agua—aunque Él no tenía ningún pecado por el cual necesitara ser lavado—sin embargo, Cristo fue investido por el poder de Dios y fue ungido con aceite por el Espíritu Santo cuando comenzó su ministerio público.

Lo vemos mientras continuamos leyendo el texto en  Mateo capítulo 3. ¿Que pasó cuando Cristo salió de las aguas del bautismo? «Después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente; y he aquí, los cielos se abrieron, y Él vio el Espíritu de Dios que descendía como una paloma y venía sobre Él. Y he aquí, se oyó una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido» (vv.16-17)

Ahora, está claro que Cristo no era simplemente otro hombre siendo bautizado. Él es el Cristo incomparable. Juan lo sabía, y los espectadores que estaban ahí ese día y escucharon la voz desde el cielo, también lo sabían. Los ángeles lo sabían y nosotros también lo sabemos al leerlo. Cristo no era simplemente otro hombre siendo bautizado.

Veamos entonces los tres sucesos que tuvieron lugar cuando Cristo salió de las aguas del bautismo.

  • Los cielos fueron abiertos.
  • El Espíritu de Dios descendió como paloma y se posó sobre él.
  • El Padre habló desde los cielos.

Examinemos por un momento cada uno los acontecimientos que tomaron lugar en el bautismo de Cristo. Primero, los cielos fueron abiertos. Por cierto, en el recuento paralelo del bautizo de Cristo que se relata en Lucas capítulo 3, se nos da un detalle que no se encuentra en el relato de Mateo. Lucas nos dice «Jesús también fue bautizado; y mientras Él oraba, el cielo se abrió» (v. 21).

Jesús estaba en comunión con Su Padre,  orando. Él estaba utilizando los medios de la gracia. La intimidad con Dios viene  cuando utilizamos los medios de la gracia que Dios ha dejado disponibles para nosotros.

Imagínense esto de que los cielos fueron abiertos para Jesús. Desde Génesis 3, cuando Adán y Eva fueron echados del huerto del Edén por causa de su pecado y Dios les  prohibió entrar otra vez en este paraíso terrenal,  desde ese momento hasta el día de hoy, el acceso a la presencia de Dios en los cielos ha sido vedado para la raza humana.

Ninguna de nosotras  puede entrar a la presencia de Dios por nuestros propios medios, no podemos entrar al cielo, no podemos disfrutar de la compañía y de la comunión con Cristo para la cual fuimos creadas. El cielo está cerrado para nosotras a causa del pecado, pero Jesús, el Cristo incomparable, tiene acceso a la misma presencia de Dios, al trono de Dios en los cielos. ¿Por qué? Por la virtud de Su vida sin pecado, Él nunca pecó, Cristo nunca desobedeció al Padre, nunca resistió  Su voluntad.

Él tiene acceso constante al trono de Dios y a la misma presencia de Dios. Esto es lo que más amo sobre este tema; ¡que Jesús vino a esta tierra para que el cielo se pudiera abrir para nosotras, para que pudiéramos tener acceso a la misma presencia de Dios!

¿Saben lo que esto significa? Todas las religiones del mundo en esencia están basadas en el esfuerzo que hacen los hombres para llegar a Dios por sus propios medios, por sus propios esfuerzos, por sus propios méritos, por sus propias luchas y por sus propias religiones, pero el camino está vedado, el cielo está cerrado: Pero Jesús dijo: «Yo soy el camino y la verdad y la vida;  nadie viene al Padre sino por mí». (Juan 14:6).

No existe otro camino—solo a través de Cristo podemos llegar al cielo—para esto Él vino a la tierra. Cristo no solo vivió una vida sin pecado, sino que murió la muerte que el pecador merecía, y porque Él murió como sustituto nuestro el cielo está hoy abierto para  nosotras.

¿Recuerdan cuando Esteban, el primer mártir cristiano, fue apedreado como nos relata Hechos en el capítulo 7? ¿Qué vio él?  Cuando él estaba a punto de morir él dijo: «He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios» (v.56). Esteban no hubiera podido decir eso, ni tampoco  nosotras podríamos decirlo, si el Hijo del Hombre, Jesús el Hijo de Dios, no hubiese venido a la tierra, cumplido con toda justicia y muerto a nuestro favor para que el cielo fuera abierto para nosotras. Cristo nos abrió el acceso al Padre.

Me fascina el texto de Apocalipsis capítulo 4 versículo 1 donde  Juan está recibiendo la visión de lo que está pasando en el cielo y nos dice, «Después de esto miré, y vi una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que yo había oído, como sonido de trompeta que hablaba conmigo, y decía: sube acá.»  Si Cristo no hubiera vivido una vida sin pecado y muerto en nuestro lugar, esta visión no hubiera acontecido, los cielos no hubieran sido abiertos, la puerta habría permanecido cerrada para siempre, Dios nunca habría dicho: “sube acá, a mi lugar, y habita conmigo para siempre.”

Algunas de ustedes han estado en la iglesia toda su vida, han sido religiosas; pero para otras quizás todo esto sea nuevo y nunca hayan entendido verdaderamente el hecho de que el cielo ha sido abierto para aquellos que siguen a Cristo. Él  nos abrió el camino  a través de Su cruz. ¿No estás agradecida?  ¿No es esto increíble—que el cielo nos haya sido abierto? No porque seamos buenas, o porque  hayamos hecho algo bueno, tampoco  es porque hayamos hecho malabares para lograrlo, sino porque Cristo murió por nuestros pecados.

El segundo evento que tomó lugar, es que el  Espíritu de Dios descendió como paloma y se posó sobre Él. Esto me recuerda el versículo de Isaías 61 que dice: «El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque me ha ungido el Señor para traer buenas nuevas a los afligidos» (v. 1).  Cuando Jesús vino a esta tierra la plenitud del Espíritu Santo lo ungió para este servicio; lo ungió para proclamar el evangelio, las buenas nuevas a aquellos que están destituidos y que necesitan de un salvador.  ¿Cómo lo hizo? Por medio del Espíritu de Dios que estaba sobre Él.

De hecho, después que Jesús fue bautizado y ungido por el  Espíritu para el servicio, y después de la inauguración pública de Su ministerio, las Escrituras nos dicen en Lucas capítulo 4 versículo 1 que  «Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu». Es aquí  donde Cristo comienza Su ministerio terrenal.

Si Jesús, aun siendo Dios, durante toda Su vida terrenal como hombre estuvo siempre en dependencia del Espíritu Santo, ¿cuánto más  no debemos nosotras vivir en dependencia del Espíritu?  Tú y yo nunca podremos hacer aquello para lo que Dios nos ha llamado, cualquier cosa que sea,  lavar los platos, tener hijos, ejercer las funciones de nuestro trabajo… nunca podremos  hacerlo de una manera espiritual que sea efectiva y que glorifique a Dios, a menos que lo hagamos en el poder del Espíritu Santo.

Lo hermoso de todo esto es que Dios nos ha dado Su Espíritu para fortalecernos en el servicio.  Si somos hijas de Dios, el Espíritu Santo no solo viene sobre nosotras, sino que las Escrituras nos dicen que el Espíritu de Cristo vive, mora en nosotras.  Hay poder para servir a Dios y para servir a los demás, por el ministerio del Espíritu Santo.

En tercer lugar, el Padre habló desde los cielos y dijo: «Este es mi Hijo amado en quien me he complacido» (Mateo 3:17). Jesús recibió la confirmación, la aprobación y la satisfacción del Padre. Este fue el reporte del cielo la evaluación del cielo sobre Jesús. Cuando Dios miró los 30 años que Cristo estuvo en la tierra, y Él mira aún más allá, desde toda la eternidad y antes de que todo ocurriera, Dios se complace en que Cristo nunca se desvió ni una jota en hacer la voluntad de Su Padre celestial. No hubo nada en sus acciones, actitud, o palabras que no complacieran a Su Padre en los cielos. «Este es mi hijo amado en quien me he complacido.”

Dios estuvo satisfecho de que Su Hijo fue perfecto en Su obediencia, puro, sin pecado y que cumplió todos Sus mandamientos, incluyendo los dos primeros: amar a Dios por sobre todas las cosas, y amar al prójimo. Jesús guardó todos los mandamientos perfectamente.

Por eso Dios reconoció que Cristo sería el sacrificio perfecto  por nuestros pecados, sería nuestro sustituto moriría en nuestro lugar y el Padre aceptaría este sacrificio; esto así porque Jesús era Su Hijo Amado en quien el Padre se complacía.

Y en el bautismo de Jesús vemos la inauguración de Su ministerio público. Él comienza Su ministerio en el Poder del Espíritu Santo, y con la confirmación de que Su vida, Su sacrificio, y el ofrecimiento de Sí mismo al Padre son aceptables,  satisfactorios y  agradables al Padre.

Tengo dos comentarios antes de concluir. Dios nos dice de Cristo, «Este es mi Hijo amado». Por medio de la vida de obediencia de Cristo y por Su muerte sacrificial a nuestro favor, nosotros podemos ser hijos e hijas de Dios, experimentar el amor del Padre y ser aceptadas por Dios.

De hecho, 1era de Juan  capítulo 3 versículo1 dice: «Mirad cuán amor nos ha otorgado  el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios. Y eso somos.» Dios dice: «Este es mi Hijo Amado».  ¿Qué nos dice el Padre si estamos en Cristo? “Que soy Su hija amada o Su hijo amado”. Cristo vino para que pudiésemos tener esta relación con Dios.

“Este es mi Hijo amado en quien me he complacido». Cuando leo esto por mi mente cruza el pensamiento de que si Dios se complació y se deleitó en Su Hijo, ¿cuál debería ser entonces nuestra visión del Hijo?

  • ¿Nos deleitamos en Él?
  • ¿Nos agrada Él?
  • ¿Nos sentimos satisfechas en Él?
  • ¿Es Él suficiente para ti?
  • ¿Podemos decir: «Él es mi Amado Salvador, y en Él estoy completamente satisfecha, completamente complacida?

Leslie: ¿Alguna vez te has detenido a considerar el bautismo de Jesús? Nancy Leigh DeMoss nos ha dado mucho en que pensar al hablarnos de esta inauguración pública del ministerio de Jesús.

Este mensaje es parte de la serie El Cristo incomparable. A través de esta serie Nancy ha estado tratando los aspectos importantes de la vida de Cristo.  Puede que te des cuenta de  que nunca has considerado algunos de estos temas anteriormente. Para escuchar todos los mensajes que han sido transmitidos hasta ahora puedes visitar www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Nancy está siguiendo el bosquejo del libro “El Cristo incomparable” de J Oswald Sanders[The Incomparable Christ – disponible en Inglés].  Este libro causó una gran impresión en Nancy durante las semanas que precedieron la Semana Santa hace unos años y por esto ha querido compartirlo con nuestros oyentes.

Bueno, imagínate por un momento que estás sola en un desierto, rodeada de animales y  que no has comido por cuarenta días. ¿Crees que serías más vulnerable a la tentación en una situación como ésta? Descubre cómo Cristo se enfrentó a la tentación en una situación similar el lunes cuando Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Colaboradores de Dios

Miércoles 4 Diciembre

(Jesús dijo:) Dad, y se os dará… con la misma medida con que medís, os volverán a medir.

Lucas 6:38

Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Mateo 25:21

Colaboradores de Dios

http://labuenasemilla.net/20191204

En los evangelios siempre vemos a Jesús dando generosamente. Cuando alimentó a cinco mil hombres, incluso sobró pan (Juan 6:1-15). Cuando los apóstoles volvieron de una noche de pesca sin haber conseguido nada, milagrosamente permitió que las redes se llenaran como nunca antes (cap. 21:1-14). En las bodas de Caná, cambió una gran cantidad de agua en vino, para el gozo de los invitados (cap. 2:1-11).

En estas tres situaciones, es sorprendente ver que el Señor pidió un compromiso personal antes de dar. Él quiere que participemos, y nos dice: “Dad, y se os dará”.

1. Cuando alimentó a la multitud, un muchacho aportó cinco panes y dos peces. Eso parecía irrisorio frente al número de bocas que había que alimentar. Sin embargo, el Señor se sirvió de la contribución de ese jovencito. Queridos niños que leen este mensaje, no olviden que incluso un vaso de agua dado en el nombre del Señor tendrá su recompensa (Mateo 10:42).

2. Jesús no necesitaba que sus discípulos volvieran a pescar para alimentarlos. Pero ellos le obedecieron simplemente echando la red “a la derecha de la barca” (Juan 21:6), y su fe fue recompensada.

3. Cuando Jesús pidió agua, antes de cambiarla en vino, hubiera podido hacerlo sin ella. No obstante, los que le ayudaron, en este caso como en los otros, tuvieron el gozo de ser “colaboradores de Dios” (1 Corintios 3:9).

Esta pequeña participación no tiene comparación con lo que Jesús da. Él quiere poner a prueba la fe y estimularla para luego darle su recompensa.

Job 42 – Santiago 3 – Salmo 137 – Proverbios 29:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

15/63 – La Tragedia de la Incredulidad | Marcos 6:1-6

Iglesia Biblica del Señor jesucristo

Serie: Marcos

15/63 – La Tragedia de la Incredulidad | Marcos 6:1-6

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

9/41 – Respondiendo Piadosamente ante la Difamación

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

9/41 – Respondiendo Piadosamente ante la Difamación

Stephen Davey

Texto: Filipenses 1:15-18
En un mundo donde la competencia, la rivalidad y el ataque personal es común; aveces, la iglesia tristemente se asemeja a su entorno y actúa de la misma manera. El apóstol Pablo estaba siendo víctima de todas esas cosas en Roma y, sin embargo, él se convierte en un ejemplo para nosotros de cómo responder piadosamente ante la difamación.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

https://www.sabiduriaespanol.org

 

Isaías

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Isaías

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/35404928

Ahora vamos a centrar nuestra atención en las obras de los profetas canónicos y los profetas canónicos son llamados canónicos porque son los profetas que han escrito libros que se encuentran dentro del canon del Antiguo Testamento.

Cuando vemos estos profetas, por lo general distinguimos entre los profetas mayores y los profetas menores. Ahora bien, es importante que entendamos lo que esa distinción no quiere decir.

Esto no quiere decir que los profetas mayores eran importantes y los profetas menores no lo eran. La única relevancia de esa distinción entre mayores y menores tiene que ver con el tamaño de los libros que escribieron. Entonces cuando nos fijamos en la obra de Isaías y Jeremías, Ezequiel y Daniel, se les puede llamar profetas mayores porque sus libros son bastante largos, mientras que los libros de Oseas, Miqueas, Nahúm, Joel y otros son mucho más pequeños, pero todos estos profetas tuvieron un papel muy importante que desempeñar en la historia de la nación judía.

La mayoría de los profetas que vamos a estudiar ministraron durante siglos VIII y VII antes de Cristo. Algunos de ellos, por supuesto, vinieron después de eso, pero la razón por la que los siglos VIII y VII fueron tan importantes para la era de la profecía es que este era el tiempo en que el juicio de Dios sobre su pueblo era inminente.

Entonces Dios envió a sus profetas para advertir al pueblo del juicio inminente, primero al reino del norte (como recordarán, la capital de Samaria cayó en el año 722), y más tarde las advertencias vinieron para Judá, el reino del sur De los profetas del Antiguo Testamento que son llamados profetas mayores, sin duda uno de los más importantes, si no el más importante fue el profeta Isaías.

Sabemos poco sobre la vida de Isaías en contraste directo con Jeremías. Sabemos más de Jeremías por la Escritura que de cualquiera de los otros profetas. Pero Isaías se distingue porque de todos los profetas de la antigüedad, Isaías fue el hombre más refinado.

Era un hombre sofisticado, probablemente de una familia acomodada, cosa que era inusual porque la mayoría de los profetas vinieron del desierto o de la comunidad agrícola de la época.

Pero Isaías tuvo un papel en Judá que sería similar al de un embajador. Tenía acceso a la casa del rey y fue consejero de al menos cuatro reyes importantes en el reino del sur.

Recibió su llamado como profeta alrededor del año 740 antes de Cristo, lo que, irónicamente, fue quizás exactamente el mismo año en que la ciudad de Roma fue fundada.

Siempre me sorprende la intersección de estos eventos en la historia. En el mismo momento en que Dios llama a su profeta para anunciar el juicio venidero sobre la nación judía, algo más está empezando allí en esa parte del mundo en todo el Mediterráneo, este pequeño pueblo que apenas se está estableciendo, que en pocos siglos va a tener un importante encuentro con los descendientes del pueblo de Israel.

Pero, en cualquier caso, leemos del llamado de Isaías en el capítulo 6, donde él tiene la visión de la santidad de Dios y él mismo se siente abrumado por el esplendor de la majestad de Dios y al final de esta experiencia, Dios lo envía y lo designa para ser un profeta. Dios le encarga: «Ve y di a este pueblo: ‘Escuchad bien, pero no entendáis; mirad bien, pero no comprendáis.’ Haz insensible el corazón de este pueblo, endurece sus oídos y nubla sus ojos, no sea que vea con sus ojos, y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y se arrepienta y sea curado».

¡Qué terrible misión Dios le da a Isaías desde el principio! Le dijo, te voy a enviar a este pueblo y voy a poner mis palabras en tu boca, pero me voy a asegurar de que nadie escuche.

Haré insensible el corazón de estas personas; voy a cerrar sus oídos y sus ojos para que sean ciegos y sordos a mi verdad, pues los estoy preparando para el juicio.

Cuando Isaías oye esto, él clama: “¿Hasta cuándo, Señor?  Y El respondió: Hasta que las ciudades estén destruidas y sin habitantes, las casas sin gente, y la tierra completamente desolada; hasta que el Señor haya alejado a los hombres, y sean muchos los lugares abandonados en medio de la tierra».

Ahora, con este resumen del mensaje que Dios da a Isaías, que es un mensaje de pesimismo, de juicio y destrucción, pensarías que no queda nada positivo; sin embargo, cuando consideramos el tesoro que se encuentra en el libro de Isaías para la vida del pueblo de Dios, casi nos olvidamos que el motivo central de su profecía era de juicio, porque en el próximo aliento Dios dice que a pesar de que las ciudades van a quedar indefensas, desoladas y sin habitantes; sin embargo, Él va a guardar para sí mismo un diezmo, un décimo del pueblo o lo que se hace famoso en la literatura judía, ya que se le conoce como el remanente.

Dios va a preservar para sí una semilla santa en la que, a pesar de toda esta fatalidad que se prevé, más allá de las nubes y más allá de la tormenta de juicio que está a punto de caer sobre este pueblo, está la promesa futura de la redención.

Por eso es que Isaías es recordado hasta este día principalmente como el profeta del redentor. No hay profeta en el Antiguo Testamento que sea citado con más frecuencia que Isaías.

Y también, nuestro Señor mismo a menudo citó a Isaías porque en Isaías se obtiene la imagen más completa de la venida del Mesías, el cordero de Dios, que llevará el pecado del mundo, quien es llamado el Siervo del Señor; y este siervo llevará el pecado del pueblo y será el instrumento de su redención.

Estas profecías futuras de la venida del Mesías se encuentran a lo largo de todo el libro de Isaías, pero miremos un par de ellas que nos son más conocidas. Veamos el capítulo 7 de Isaías, empezando en el versículo 10, y leemos esto: «El Señor habló de nuevo a Acaz, diciendo: Pide para ti una señal del Señor tu Dios que sea tan profunda como el Seol o tan alta como el cielo. Pero Acaz respondió: No pediré, ni tentaré al Señor.

Entonces Isaías dijo: Oíd ahora, casa de David: ¿Os parece poco cansar a los hombres, que también cansaréis a mi Dios? Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel. Comerá cuajada y miel hasta que sepa lo suficiente para desechar lo malo y escoger lo bueno».

Esta es una de las profecías más controversiales en todo el Antiguo Testamento, pues Isaías registra la promesa de que Dios enviará a uno nacido de una virgen, cuyo nombre será Emmanuel, que quiere decir «Dios con nosotros».

Leemos más de esta clase de profecía en el capítulo 9, versículo 2 que dice: «El pueblo que andaba en tinieblas ha visto gran luz; a los que habitaban en tierra de sombra de muerte, la luz ha resplandecido sobre ellos.

Multiplicaste la nación, aumentaste su alegría; se alegran en tu presencia como con la alegría de la cosecha, como se regocijan los hombres cuando se reparten el botín. Porque tú quebrarás el yugo de su carga, el báculo de sus hombros, y la vara de su opresor, como en la batalla de Madián.

Porque toda bota que calza el guerrero en el fragor de la batalla, y el manto revolcado en sangre, serán para quemar, combustible para el fuego».  y, antes de leer el siguiente pasaje, quería leer esa sección introductoria de la misma, porque no estamos tan familiarizados con él, tanto como con lo que sigue.

Pero ustedes ya ven este rayo de esperanza que prevé el profeta Isaías, al igual que leemos en otros lugares: «Consuelen, consuelen a Mi pueblo,” dice su Dios».

Él continúa diciendo que la visita del Señor ha terminado, que habrá una nación reestructurada después de que este periodo de purificación y juicio sea llevado a cabo».

En el versículo 6 leemos estas palabras: «Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros: y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. El aumento de su soberanía y de la paz no tendrán fin sobre el trono de David y sobre su reino, para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia desde entonces y para siempre».

La última línea de “esta profecía dice lo siguiente: El celo del Señor de los ejércitos hará esto”. Así que, en medio de la predicción de guerra y de cautiverio viene la promesa de un príncipe que es el príncipe de la paz, cuyo gobierno estará sobre sus hombros.

Él será la misma presencia del poder de Dios en medio del pueblo. Él restaurará el trono de David, y ese trono permanecerá por todas las generaciones. Y lo que me entusiasma de esto es que aunque no hay razón inmediata para esperar que tal profecía pueda llegar a cumplirse en estos días amargos, la profecía termina con esta declaración.

«El celo del Señor de los ejércitos hará esto». Dios es celoso de mantener su palabra y asegurará que la profecía se cumpla. Una vez más, en el capítulo 11, leemos al inicio del capítulo 11, esta profecía: «Y brotará un retoño del trono de Isaí, y un vástago sobre Él es Espíritu del Señor, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor.

Se deleitará en el temor del Señor, y no juzgará por lo que vean sus ojos, ni sentenciará por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará al pobre con justicia, y fallará con equidad por los afligidos de la tierra; herirá la tierra con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios matará al impío. La justicia será ceñidor de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura.»

Así que, ahora, la idea de la venida del Mesías, este niño que será rey será uno que gobernará y reinará con rectitud, con justicia, y con equidad.

Luego se nos dice, «El lobo morará con el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito: el becerro, el leoncillo y el animal doméstico andarán juntos, y un niño los conducirá. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas, y el león, como el buey, comerá paja».

Ahora bien, esto está escrito en un estilo poético y sería fácil para nosotros ignorar las imágenes y perder el significado de estas formas particulares de descripción gráfica, pues lo que Isaías está profetizando aquí es la venida del redentor quien no solo redimirá a Israel, sino que la redención que traerá será cósmica en su alcance.

Que Dios está prometiendo no sólo renovar este pueblo, sino renovar toda la tierra, tal como Pablo nos dice en el Nuevo Testamento:  «La creación entera a una gime y sufre dolores de parto” esperando la manifestación de los hijos de Dios, y esta redención será efectuada por este justo que vendrá.

Ahora, para aprender más sobre los planes o la misión del Mesías que vendrá, volvemos al capítulo 61, ya que en el capítulo 61 encontramos el texto que revela en gran medida la propia consciencia de Jesús sobre su papel y su misión.

Recordarán que cuando Jesús fue bautizado en el río Jordán inmediatamente después de su bautismo, el Espíritu Santo condujo a Jesús al desierto, para ser tentado.

Allí, el hijo de Dios se preparó para su vocación, para su ministerio público, para su misión como el Mesías. Después de soportar la tentación de Satanás y salir del desierto, comienza su ministerio público. Y cuando empieza su ministerio público, entra en la sinagoga, y sucede que en ese día que Jesús visita la sinagoga, la lectura prevista para ese día es Isaías capítulo 61.

Y Jesús, luego que se leyera la  Escritura, es tratado como un rabino que está visitando, y este rabino visitante debía dar la exposición del texto; y este es probablemente el sermón más breve de la historia porque Jesús se sienta, lo cual es asumir la postura de enseñanza, y cuando hablamos, o cuando enseñamos, nos ponemos de pie, pero en la antigüedad el predicador se sentaba como en una silla y todo el mundo se sentaba en el suelo a sus pies.

Así que, cuando Jesús se sentó, él estaba asumiendo la postura del rabino que explicaría el texto y su sermón fue simplemente esto: ‘Hoy se ha cumplido esta Escritura que han oído’. Lo cual es decir, ‘yo soy el que Isaías está describiendo. Yo soy al que le ha sido dada esta misión’.

Ahora, leamos el texto de Isaías 61 para recolectar su significado. Inicia con estas palabras: «El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque me ha ungido el Señor”. El Señor me ha ungido. Recuerden que la palabra «Mesías» significa «ungido», y la palabra del Antiguo Testamento para Mesías se traduce de la palabra griega «christos» y que el título “Cristo” significa «el Mesías», o más específicamente «el ungido».

Así que aquí, Isaías está hablando del que dirá: «El Espíritu del Señor me ha ungido para traer buenas nuevas a los afligidos o para predicar el evangelio a los pobres.

“Me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los cautivos y liberación a los prisioneros; para proclamar el año favorable del Señor, y el día de venganza de nuestro Dios; para consolar a todos los que lloran, para  conceder que a los que lloran en Sion se les dé diadema en vez de ceniza, aceite de alegría en vez de luto, manto de alabanza en vez de espíritu abatido; para que sean llamados robles de justicia,

plantío del Señor, para que Él sea glorificado. Entonces reedificarán las ruinas antiguas». Como vemos, Dios no ha terminado con su pueblo, con la destrucción de Jerusalén en el año 586. La promesa de la redención futura está aquí y se centra en que Dios enviará a uno que será ungido por su Espíritu para dar buenas nuevas a los pobres.

Esta es la descripción de la cual Jesús dice: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que han oído».

Y luego, recordarán, cuando Juan el Bautista estaba en prisión y él estaba preocupado. Y se pregunta: «¿Qué pasa? ¿Por qué Jesús no ha proclamado su poder? ¿Por qué no ha tomado el control de la situación mientras que Juan languidece en la cárcel? Juan envía un mensaje a Jesús desde su celda, y el mensaje es una breve pregunta: «¿Eres tú el que ha de venir, o esperaremos a otro?» Qué crisis de fe. El mismo hombre que había anunciado la llegada del Mesías, quien era el heraldo del rey, quien cantó el Agnus Dei, quien dijo: «he aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo», ahora está pasando por una crisis de fe. Y él dijo: «Jesús, eres realmente el que esperamos, o debemos esperar a otro?»

Jesús envía una respuesta, «Ve a decirle a Juan que los ciegos ven, los sordos oyen, y al pobre se le predica el evangelio». ¿Qué está haciendo Jesús aquí? Está diciendo: «Ve y dile a Juan que lea Isaías 61, para que pueda comprender la vocación que tengo».

Sin duda, la dimensión más conmovedora de esa vocación es la que se registra en Isaías capítulo 53, que es la canción del siervo, el Siervo del Señor. Esto es tan fundamental en el Nuevo Testamento para la comprensión de la obra de Cristo en la cruz.

Versículo 4: «Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz cayó sobre Él, y por sus heridas hemos sido sanados».

Este pasaje, la totalidad de Isaías 53 se lee casi como el informe de un testigo ocular de la crucifixión de Cristo. Una de las profecías más asombrosas de toda la palabra de Dios es esta profecía, sobre la venida de uno que va a cargar los pecados de su pueblo, y este mensaje de la redención se cumple en todo detalle, por la venida de Cristo predicha por Isaías.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

7/27 – La ocupación terrenal de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

7/27 – La ocupación terrenal de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-ocupacion-terrenal-de-cristo/

Leslie Basham: ¿Tienes hoy por delante alguna tarea de poca importancia? Nancy Leigh DeMoss te anima a hacerles frente para la gloria de Dios.

Nancy Leigh DeMoss: El trabajo es algo bueno cuando es hecho para la gloria de Dios. Antecede a la caída. ¿Lo sabías? El trabajo no es solo una consecuencia de la caída. En Génesis capítulo 2 versículo 15 dice, » Entonces el Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara «-

El trabajo es una gran cosa; es algo hermoso para la gloria de Dios. Es una asignación de Dios para glorificarlo aquí en esta tierra.

Leslie: Has sintonizado Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Qué hizo Jesús en los años previos a su ministerio público, que comenzó a la edad de 30 años previos? Nancy Leigh DeMoss está a punto de abordar este tema.

Nancy: Estamos viendo al Cristo incomparable.  No hay nadie como Jesús —ni siquiera cerca—y estamos siguiendo Su trayectoria durante estas semanas previas a la Semana de la Pasión de Cristo y la Pascua, siguiendo el bosquejo de un libro titulado “El Cristo incomparable” de Oswald Sanders, [The Incomparable Christ – disponible en Inglés].

Estamos reflexionando y meditando sobre diferentes aspectos de la vida y del ministerio de Cristo. Espero que hasta ahora haya sido un estímulo para ti. Tenemos un largo camino por recorrer de Su vida, pero nos estamos tomando nuestro tiempo y solo meditaremos en Él y dejaremos que Él llene nuestras mentes con grandes pensamientos acerca de Sí mismo.

Ayer dejamos a Jesús a los 12 años, en el templo. Y no hay nada más descrito en las Escrituras acerca de Su vida hasta que Él tiene alrededor de 30 años. Así que la pregunta es: ¿qué estuvo haciendo durante todos esos años?

Cuando Él estaba en el templo a los 12 años, dijo que debía dedicarse a los asuntos de Su Padre. Así que una pregunta que podríamos hacernos es: ¿Estuvo dedicado a los  negocios de Su padre durante los 18 años «de silencio», o solo fueron estos «años desperdiciados» carentes de  sentido? ¿Estuvo Él en una especie de limbo desde los 12 hasta los 30 años, esperando que llegara la hora de darse a conocer públicamente y comenzar a dedicarse a los negocios de Su Padre?

¿Estaba trabajando en los negocios de Su padre a los 12? ¿Lo estaba haciendo a los 15? ¿Estaba ocupado en ellos a los 17? ¿Lo estaba a los 22? ¿O simplemente empezó a trabajar a los 30, cuando dio a conocer Su ministerio público?

Bueno, déjame decirte, en primer lugar, que Dios no desperdicia nada. Él no pierde el tiempo. Él no desperdicia la vida de Sus hijos. Y me permito sugerir que Jesús no estuvo menos comprometido con los negocios de Su Padre, haciendo la voluntad de Su Padre, durante esos 18 años comprendidos entre los 12 y los 30, de lo que estuvo durante Sus tres años de ministerio público. Se ocupó de los negocios de Su padre durante todos esos años.

Ahora, las Escrituras colocan una cortina sobre esos años 18 años,  no dicen nada, a excepción del hecho de que Jesús trabajaba en el negocio de carpintería de José. En el Evangelio de Marcos, capítulo 6, vemos cómo se conocía a Jesús. Esto fue escrito durante Su ministerio público, por los que estaban viendo Sus milagros, ellos dijeron: “¿No es éste el carpintero, el hijo de María, y hermano de Jacobo, José, Judas y Simón? ¿No están sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban a causa de Él (Marcos 6:3). “¿No es éste el carpintero?”  o el hijo del  carpintero.

En el libro “El Cristo incomparable” de Oswald Sanders que estamos usando como referencia durante esta serie, Sanders señala que de todas las ocupaciones posibles que Dios pudo haber escogido para Su Hijo, Él dispuso que Jesús fuera un comerciante, un trabajador común, que trabajara con Sus manos.

Sanders dice que esto debió haber hecho que los ángeles se maravillaran—los ángeles que habían vivido con Jesús, con el glorioso Hijo de Dios, que es Dios mismo, que siempre estuvo con Dios, con el Creador del mundo—y ver que ahora Él viniera a la tierra, y no solo naciera en un pesebre, no solo haber sido un bebé, un niño 2 y 3 años de edad, un niño de 6 años de edad, un niño de 7 años de edad, un niño que tuvo que haber aprendido el alfabeto y hacer todas las cosas que tenía que hacer en Su camino hacia un desarrollo normal;  sino que también tuvo que crecer y convertirse en un comerciante, en un obrero, que trabajara con Sus manos. Esto debió de haber hecho que los ángeles se asombraran.

Pero el ver que Jesús era carpintero—que trabajaba con Sus manos;  que era un comerciante; un obrero—nos recuerda la nobleza y el carácter sagrado del trabajo realizado para la gloria de Dios. . . cualquier tipo de trabajo realizado para la gloria de Dios. Él santificó el trabajo, por así decirlo, incluyendo el trabajo manual o lo que algunos llamarían tal vez «trabajo doméstico”-

Eso tiene que ser alentador para aquellas de nosotras que tenemos, en algún aspecto de nuestra vida, un trabajo que pareciera insignificante. ¿Hay alguien aquí que tenga la responsabilidad de realizar labores domésticas? Hablamos de lo maravilloso que es ser madre, por ejemplo, pero hay muchas cosas de ser madre que no tienen nada de glamorosas. ¿No es cierto?

Tengo una pareja joven con un bebé recién nacido viviendo en mi casa. Están muy entusiasmados con este bebé.  Ellos aman su bebé, pero hay una gran cantidad de trabajo duro implicado en ser madre. ¿O no es así? Cambiar pañales y otras tareas de nuestra vida. Y dirás: «Sí, Nancy Leigh DeMoss, ella sí que tiene un trabajo increíble».

Hay personas que se acercan y me dicen: «Yo quiero hacer lo que tú haces». Bueno, lo que quieren decir es que ellas quieren hacer parte de lo que pueden ver que yo hago; que ellas piensan que sería divertido. Pero lo que ellas no saben es las largas horas de investigación que están envueltas. No saben lo que es tener una pantalla de computadora en blanco mientras estoy tratando de escribir un libro y al mismo estoy pensando, «no tengo ni idea de lo que voy a decir”… Pero estoy ahí trabajando y haciendo esfuerzos laboriosos para lograrlo.

Seguro sientes esto también en tu propio trabajo, en tu llamado, sea cual sea, y en tu vocación espiritual. Jesús santificó el trabajo—el trabajo duro, el trabajo manual, el trabajo difícil, el trabajo tedioso, y el trabajo rutinario— hecho para la gloria de Dios.

Él glorificó a Su Padre del cielo, trabajando con Sus manos todos esos años. Muchos piensan que es probable que tal vez  Él  haya tenido que mantener a Su madre y a los otros miembros de la familia después de la muerte de José.

Ves, Jesús, siendo un trabajador, siendo un carpintero. . . Él simplemente no fue de los 12 años a ser un rabí, a hacer milagros y a enseñar, de un momento a otro. Pasó años trabajando en el negocio de construcción de Su padre. Lo vemos afirmando lo que el resto de las Escrituras dicen acerca del trabajo.

El trabajo es algo bueno cuando es  hecho para la gloria de Dios. Antecede a la caída. ¿Lo sabías? El trabajo no es solo una consecuencia de la caída. En Génesis capítulo 2en el versículo 15 dice, » Entonces el Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara. »

El trabajo es una gran cosa: es algo hermoso hecho para la gloria de Dios. Es una asignación de parte de Dios para que lo glorifiquemos aquí en esta tierra. Y Jesús estaba haciendo eso con la carpintería o con la construcción. Tú lo haces, yo lo hago, de otra manera, pero se trata de algo que ha sido santificado.

En Primera a los Tesalonicenses capítulo 4 dice:

Os instamos, hermanos. . . que tengáis por vuestra ambición el llevar una vida tranquila, y que os ocupéis de vuestros propios asuntos y trabajéis con vuestras manos… a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada. (V. 10-12).

En Segunda a los Tesalonicenses capítulo 3, Pablo dice:

Porque no obramos de manera indisciplinada entre vosotros,  ni comimos de balde el pan de nadie, sino que con trabajo y fatiga [este es el apóstol Pablo hablando] trabajamos día y noche a fin de no ser carga a ninguno de vosotros. .   Porque aun cuando estábamos con vosotros os ordenábamos [les dimos este mandato]  Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma.  Porque oímos que algunos entre vosotros andan desordenadamente, sin trabajar, pero andan metiéndose en todo.  A tales personas les ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo, que trabajando tranquilamente, coman su propio pan (vv. 7-12).

Lo haces sin mucho alboroto. Lo haces porque es tu llamado. No lo haces de mala gana. No lo haces con la esperanza de que todo el mundo se dé cuenta de que eres una gran trabajadora y te den palmaditas en la espalda o aplausos. Lo haces para la gloria de Dios y por amor a Cristo. Y eso fue lo que Jesús modeló.

En Hechos capítulo 20 Pablo dice: «Vosotros sabéis que estas manos me sirvieron para mis propias necesidades y las de los que estaban conmigo» (v.34). ¿Cuál era el trabajo de Pablo? Fabricar tiendas. Él viajaba; plantaba iglesias, escribía epístolas, pero se estaba ganando la vida mientras hacía eso. Él dice:

En todo os mostré que así, trabajando [trabajo duro —el trabajo no se supone que sea fácil —es duro], debéis ayudar a los débiles, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir. (Hechos 20:34-35)

Estamos trabajando no para recibir, en última instancia, sino para tener que compartir con los demás.

Primera a Timoteo capítulo 5, versículo 8:

“Pero si alguno no provee para los suyos, y especialmente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo”.

Jesús siempre estuvo trabajando. Él no empezó a trabajar cuando llegó al taller de carpintería de Su padre. Siempre había estado trabajando con Su Padre Celestial. Lo vimos antes en esta serie, en Proverbios capítulo 8: «cuando señaló los cimientos de la tierra, yo estaba entonces junto a Él, como arquitecto.» (vv. 29-30).

Jesús dijo en Juan capítulo 5: «Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo también trabajo» (v. 17). Siempre estaba trabajando—trabajaba con Su padre, trabajaba con Sus manos, trabajaba para cumplir la voluntad de Su Padre.

El punto es que durante estos años, de los 12 a los 30 años, en los que  las Escrituras no dicen realmente nada, excepto que fue  conocido como el carpintero, Él no estuvo ocioso. Él no era perezoso. No estuvo simplemente pasando el rato hasta que le llegó el momento de entrar en el ministerio público. Demostró el honor de hacer un trabajo productivo para la gloria de Dios.

Como Oswald Sanders dice en este libro, «si para el Hijo de Dios no fue algo indigno el trabajar como un artesano, por tanto no es algo indigno para ninguno de Sus hijos » (p. 70).

Jesús nació en una familia de clase trabajadora y pobre. El trabajo no era una opción para esta familia. Pero, al trabajar duro, Jesús participó de nuestra humanidad. Se identificó con los trabajadores comunes. Al experimentar el tedio, los desafíos, la laboriosidad del trabajo duro, Él llevó la maldición puesta sobre Adán, de que iba a comer el pan con el sudor de su frente. Esa fue parte de cómo Él soportó la maldición de la caída.

El problema es que lo que para nosotros tiene valor e importancia difiere de lo que Dios considera significativo, importante y valioso. Tendemos a medir el valor de lo que hacemos en términos de visibilidad, de alcance—lo enorme que es, cuán grandioso es, lo impresionante que es, del impacto que tiene sobre los demás. Dios no mide de esa manera.

Dios no está realmente impresionado con la cantidad de personas que escuchan este programa o con cuántas personas leen mis libros. Lo que quiere saber es: ¿Si soy fiel en mi trabajo? ¿Si soy obediente en hacer cualquier tarea que me hayan dado para hacer en este día?

Mira, en la voluntad de Dios, el trabajo común no Lo glorifica menos, no es menos significativo, no es menos necesario, que cualquier tipo de ministerio público, o que los actos o logros más impresionantes del ministerio. Ministrar de manera directa las vidas de las personas no es más impresionante, no tiene más valor para Dios que lavar los platos, si ese es tu llamado en un momento determinado del día, o lavar la ropa o hacer alguna otra labor doméstica, tediosa.  Todo es para la gloria de Dios, y eso es lo que lo hace noble.

El hecho de que Jesús pasó muchos años haciendo un trabajo que muchos no considerarían noble o inspirador, debe animarnos a ser fieles en el cumplimiento de las tareas y rutinas normales de nuestras vidas, y hacerlas con fidelidad, con gozo—a pesar de que nadie más nos pueda ver y aplaudir el trabajo que estamos haciendo. No lo estamos haciendo para los hombres. ¿No es así? ¿Para quién lo estamos haciendo? Para el Señor. Lo hacemos como para Él.

Así que vemos que Jesús pasó la mayor parte de su vida adulta trabajando como un comerciante, y solo tres años en el ministerio público. Los años anteriores no fueron los que sacudieron el mundo, a nuestra manera de ver las cosas, pero fueron vitales para la preparación de Su ministerio público.

Así que yo solo te animo a dejar que Dios determine la naturaleza y el alcance de tu servicio en cada etapa de la vida. Deja que Él te de la descripción de tu puesto, y luego hazlo para la gloria de Dios. Y no tengas prisa por un ministerio más amplio y visible.

Hay mujeres que vienen a mí, madres jóvenes diciendo. . . “Quiero estar en el ministerio.» Y yo me digo a mí misma, «¿En qué crees que estás? Tienes niños de 2 y 5 años de edad. ¿No es este un ministerio? Tienes un ministerio de tiempo completo. Estás en el ministerio a tiempo completo de formar y moldear esas jóvenes vidas”.

Dices: «Bueno, Dios no me ha bendecido con hijos. Estoy trabajando en esta oficina en un puesto administrativo. “Entonces hazlo para la gloria de Dios y date cuenta de que ese es tu ministerio. Ejercer tu vocación de acuerdo a la voluntad de Dios es lo que glorifica a Dios y refleja Su gloria en este mundo.

Si Dios ha puesto en tu corazón que le sirvas de otras formas, no tengas prisa. Date cuenta de que Dios te está preparando. Te está madurando. Espera  Su tiempo. Serás más eficaz a largo plazo si dejas que Dios te dé el ministerio que Él quiere que tengas, en lugar de perseguir o aspirar a tener más ministerios. Dios nos ha dado a ti y a mí en este momento tantos ministerios como Él nos ha equipado para manejar. Así que llévalo a cabo con gozo.

Quiero tocar en los minutos que nos quedan otro aspecto de la vida adulta de Jesús que no escuchamos mencionar frecuentemente, y es el hecho de que Él permaneció soltero durante toda su vida terrenal. Vamos a meditar juntas en esto por unos minutos.

Jesús nunca experimentó la compañía de una mujer. A través de todos los desafíos de la obra y del ministerio, a través de todas sus pruebas y juicios, Él nunca conoció el consuelo, el estímulo y el apoyo que tener una compañera le podría haber proporcionado. Además, Él nunca conoció la bendición de tener hijos propios. Los hijos que Él amo eran hijos de otros.

Dirás: «Bueno, Él era Dios, por lo que no necesitaba el matrimonio, Él no necesitaba niños. «Bueno, el hecho es que Él también era completamente humano. Él era un hombre. Él tenía, los deseos y anhelos humanos normales. Las Escrituras nos recuerdan que en todos los aspectos, Él «fue tentado como nosotros» (Hebreos 4:15). Pero, Él no peco.

Cuando miramos a Jesús, tenemos que asumir que tenía deseos humanos naturales, pero no hizo ídolos de sus anhelos. No permitió que sus deseos naturales se convirtieran en exigencias. Sabemos que asistió a bodas. Sabemos que Él iba a fiestas, a cenas, a banquetes. Sabemos que vio a Sus amigos y compañeros disfrutando, primero el regalo del matrimonio y luego el regalo de los hijos. Pero también sabemos que Él nunca cedió a la autocompasión. Nunca se resintió con Dios, Su Padre Celestial, por no haberle dado esos dones.

Sabemos que Él permaneció moralmente puro a través de Sus años de joven adulto, hasta sus 30 años, confiando en Su Padre para satisfacer sus necesidades, incluso (me atrevería a decir) las necesidades sexuales. Esto puede sonar un poco falta de respeto, hablar de un Jesús con deseos sexuales. Pero solo diré esto: no conozco todos los misterios de esto, pero sé que Él era un ser sexual.

Él era un hombre, y confió en Su Padre para satisfacer todas las necesidades  —de compañerismo, de amistad, de satisfacción de los deseos humanos. No lo irritó Su estado de soltería, sino que lo aceptó totalmente,  se deleitó en la voluntad y en el llamado de Dios para Su vida y en todo lo que ello conllevaba, y para Jesús, eso significó estar soltero.

El Jesús abrazar el llamado de Dios para Su vida —la soltería —era a la vez un acto de sumisión a la voluntad del Padre, así como un acto desinteresado de amor a aquellos a quienes vino a servir—eso somos nosotras . Él estaba dispuesto a renunciar a muchos de los placeres normales y buenos — placeres santos— que la mayoría de la gente disfruta, para redimirnos de nuestros pecados.

Él sabía que Su vida en esta tierra sería breve y que Él tendría toda la eternidad para disfrutar de la plenitud del gozo y de los placeres que se encuentran a la diestra de Su Padre. De manera que Él estuvo dispuesto a pagar el precio aquí. Él sabía que el gozo estaba puesto delante de Él, de manera que Él soportó. Él soportó no solamente la cruz física, el sufrimiento de la crucifixión y todo lo que esto conllevó, sino otros tipos de cruces a lo largo del camino, incluyendo tal vez todo este asunto de la soltería. ¿Podría haber sido eso una cruz para Él como lo es para algunas que nos escuchan hoy?

Pero seas soltera o no, hay momentos en los que te sentirás muy sola,  necesitada de tener a alguien con quien compartir lo que hay en tu corazón,  tus necesidades y tus anhelos más profundos. Me encontré en las últimas semanas enfrentando algunos retos bastante pesados ​​de este ministerio. No son malos. Son solo difíciles. Y ha habido algunos momentos en los que me sentí muy, pero muy sola. Me hubiera gustado que alguien llevara la carga conmigo.

Ahora, déjame decirte esto: no estoy sola. No solo tengo al Señor, sino que  tenemos un equipo increíble, y  llevan la carga de muchas maneras. Pero hay noches en las que no están allí. Tú estás allí sola, una mujer soltera, quizás una mujer casada con un marido infiel, llevando sola alguna carga que nadie más puede llevar contigo. Ha habido momentos en que he pensado: » ¿Dónde va un líder cuando desea llorar? ¿Quién llevará la carga por mí, o conmigo? ¿Quién está conmigo en estos tiempos?»

Y pienso que otras líderes cristianas. Se van a casa con sus compañeros, y hablan de las cosas por las que están pasando y cargando. Y ha habido momentos en los que he pensado, «¿A dónde voy yo? ¿Quién llevará esta carga conmigo?” Por momentos, he deseado tener a alguien que realmente me entienda.

Ahora, no te digo esto para que sientas pena de mí. Te digo esto porque quiero que sepas que en esos momentos de soledad en que siento necesidad, me acuerdo, y como hemos venido diciendo en esta serie, me acuerdo, que tengo un Salvador que entiende, que ha recorrido el camino delante de mí y camina conmigo. Él ha estado allí. Él es incomparable. No hay nadie como Él.

Así que, amiga solitaria, hermana soltera, mamá luchadora, déjame animarte a recibir el amor de tu Padre Celestial, a abrazar Su voluntad y Su llamado para esta para toda época de tu vida, deja que Él te sostenga con Su gracia. Confíale a Él esos anhelos insatisfechos. Derrama tu vida por los demás.

Y recuerda que esta vida es tan corta. Así que fija tu mirada en el día en que se secarán todas las lágrimas,  cada esperanza y anhelo se cumplirán ya que estaremos unidas a Cristo, nuestro amado esposo, por toda la eternidad. Vale la pena la espera.

Leslie: Hemos escuchado las palabras de Nancy Leigh DeMoss y quizás estamos enfrentando diversas cargas hoy. Las verdades que acabamos de escuchar acerca de Jesús nos pueden dar a cada una de nosotras una perspectiva eterna. Esta enseñanza es parte de una serie llamada, El Cristo incomparable. Para escuchar todos los programas que te pudiste haber perdido de la serie hasta el momento, solo visita AvivaNuestrosCorazones.com

Nancy concibió esta serie hace un año, cuando leyó un libro clásico también llamado “El Cristo incomparable”. Esto la condujo a este valioso estudio bíblico de la vida de Jesús.

Nancy: El haber leído ese libro clásico de Oswald Sanders el haber preparado esta serie, me ha ayudado a ver a Jesús con nuevos ojos. Ha sido un gozo reflexionar sobre diferentes aspectos de Su vida en  los que nunca antes me había  centrado por  mucho tiempo. Hay mucho valor en el estudio de la Palabra de Dios, y estoy muy agradecida por la oportunidad de enseñar Su Palabra cada día en Aviva Nuestros Corazones.

Una mujer llamada Tracy escribió para decirnos lo mucho que aprecia la forma en que la hemos animado a escudriñar la Palabra de Dios. Ella escucha Aviva Nuestros Corazones de camino al trabajo, y ella lo llama  «una vitamina espiritual que necesito para ser una luz para los socios con los que trabajo y con los clientes que visito”. Me gusta eso — «una vitamina espiritual”.

Bueno, Tracy sigue diciendo, «Gracias por permitir que Dios te use para ministrar, para que podamos tener una relación más cercana con Dios y compartir Su amor con los demás. »

Estoy muy agradecida por las oyentes que Dios está utilizando para ayudar a que este programa sea posible. Podemos estar en el aire en tu comunidad, ofreciéndote esta ‘vitamina espiritual’  diaria, gracias a las oyentes que generosamente ofrendan para este ministerio.

Si deseas apoyar este ministerio y ser parte de lo que Dios está haciendo, llama para hacer tu donación de cualquier cantidad. Llámanos al 1-800-569-5959, o haz tu donación en AvivaNuestrosCorazones.com

Leslie: Jesús era perfecto y no tenía necesidad de mostrar ningún arrepentimiento. Entonces, ¿por qué necesitó ser bautizado? Nancy explorará en nuestro próximo programa, el lunes el bautismo de Jesús. Por favor, te esperamos de vuelta en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Una predicación silenciosa

Martes 3 Diciembre

Tiempo de callar, y tiempo de hablar.

Eclesiastés 3:7

Vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta… el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible.

1 Pedro 3:1-4

Una predicación silenciosa

http://labuenasemilla.net/20191203

El cristiano no es llamado a hablar siempre de su fe; hay casos en los cuales es más oportuno callar. Sin embargo, en todo momento puede testificar de su Salvador por medio de su conducta. Esta silenciosa predicación está al alcance de todo cristiano. A veces es más poderosa que las palabras, y es el gran recurso en ocasiones en las cuales hablar resulta difícil o hasta imposible, en particular cuando el testimonio verbal ya ha sido rechazado.

El apóstol Pedro considera el caso de una esposa que se convierte a Cristo estando casada con un marido incrédulo. Exhorta a la esposa a estar sumisa a su marido, insistiendo en el hecho de que el cónyuge incrédulo puede ser ganado, sin palabras, por la conducta de su mujer. Dicha sumisión, en un espíritu apacible, es una predicación silenciosa pero elocuente para llevar a su cónyuge al Señor.

Dios espera que sus hijos reproduzcan en la vida cotidiana las perfecciones morales de Jesús: bondad, humildad, dulzura, paz, paciencia, abnegación… Los que no leen la Palabra de Dios se ven obligados, en cierta manera, a leerla mediante la conducta de los cristianos. El apóstol Pablo compara a los creyentes con una “carta” conocida y leída por todos los hombres (2 Corintios 3:2-3). Una carta se lee con los ojos. Testificar de Cristo es un honor y un privilegio, es una de las razones de ser del cristiano en la tierra. ¡Cristianos, prestemos atención a nuestra conducta!

Job 41 – Santiago 2 – Salmo 136:23-26 – Proverbios 29:3-4

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