Revestidos de poder

DICIEMBRE, 30

Revestidos de poder

Devocional por John Piper

Y el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor, el gran Pastor de las ovejas mediante la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para hacer su voluntad, obrando Él en nosotros lo que es agradable delante de Él mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. (Hebreos 13:20-21)

Cristo derramó la sangre del pacto eterno. Por medio de esta exitosa redención, obtuvo la bendición de la resurrección de entre los muertos. Ahora él es nuestro Señor y Pastor viviente.

Y gracias a todo esto, Dios hace dos cosas:

1. Nos provee de todo lo que es bueno para que podamos hacer su voluntad; y

2. Obra en nosotros lo que es agradable delante de él.

El «pacto eterno», garantizado por la sangre de Cristo, es el nuevo pacto. Y la promesa del nuevo pacto es la siguiente: «Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré» (Jeremías 31:33-34). Por lo tanto, la sangre de este pacto no solo nos da la certeza de que Dios nos proveerá de lo que necesitemos para hacer su voluntad, sino que también nos asegura que Dios obrará en nosotros para hacer que esa provisión cumpla su propósito.

La voluntad de Dios no solo fue escrita en piedra o en el papel como un medio de gracia. Dios obra su voluntad en nosotros, y el resultado es que sentimos, pensamos y actuamos de una forma que agrada más a Dios.

Aún se nos manda que hagamos uso de la provisión que él nos da: «ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor». Pero lo más importante es que se nos explica el porqué: «porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito» (Filipenses 2:13).

Si tenemos la capacidad de agradar a Dios —si hacemos lo que le agrada— es porque la gracia de Dios, adquirida por el precio de la sangre de Cristo, ha pasado de ser mera provisión a omnipotente transformación.


Devocional tomado del articulo “God Gives the Equipment and Makes It Successful”

Dios lo está esperando

El Señor… es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

2 Pedro 3:9

Venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma.

Isaías 55:3

Dios lo está esperando

Lucas 15:11-24: Parábola del hijo pródigo

Desde lo más profundo de su miseria, después de haber reflexionado, el joven de la parábola decidió actuar, regresar a la casa de su padre y decirle: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo”. Mediante este relato, Jesucristo nos enseña cómo ir a Dios. Nos dice que Dios está listo para recibirnos, que nos ama como un padre. “…He pecado… contra ti”, son las palabras que Dios espera del hombre. Efectivamente, ¡todos hemos pecado contra Dios! “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10).

¿Su pasado o su presente le agobia? ¿Se siente solo, desanimado, perdido? ¿Quizá piensa haber ido demasiado lejos en el pecado y la injusticia? ¿Ha vivido como si Dios no existiese, dándole la espalda? Todavía hoy, Dios le tiende sus brazos, y así como ese padre estaba esperando a su hijo indigno, le espera con un corazón lleno de bondad. ¡Su perdón es gratuito! Dios, en su misericordia, quiere otra vida para usted: ¡no tarde en ir a él! ¡Dios invita a cada persona a dar ese paso!

La mirada de fe al que

ha muerto en la cruz,

Infalible la vida te da;

Mira pues, pecador, mira pronto a Jesús,

Y tu alma la vida hallará.

¡Vé, vé, vé a Jesús!

Que si miras con fe al que

ha muerto en la cruz,

Al momento la vida tendrás.

Malaquías 2 – Apocalipsis 21:15-27 – Salmo 149 – Proverbios 31:10-24

Un destino horrible

DICIEMBRE, 29

Un destino horrible

Devocional por John Piper

… Jesús, quien nos libra de la ira venidera. (1 Tesalonicenses 1:10)

¿Recuerdan haberse perdido cuando eran pequeños, o resbalarse al borde de un precipicio, o estar a punto de ahogarse, y de pronto ser rescatados? Se aferraron a su preciada vida. Temblaron por lo que casi habían perdido. Se sentieron felices, muy felices, y agradecidos. Se estremecieron de gozo.

Así me siento al final del año por haber sido rescatado de la ira de Dios. Esta Navidad encendimos la chimenea en nuestro hogar. Por momentos, el carbón estaba tan caliente que cuando lo avivaba sentía que la mano me quemaba. Retrocedí y sentí un escalofrío ante el horrendo pensamiento de la ira de Dios en el infierno por el pecado. ¡Cuán indeciblemente espantoso será!

En la tarde del día de Navidad visité a una mujer que se había quemado más del ochenta y siete por ciento del cuerpo. Ha estado internada desde agosto. Mi corazón se conmovió al verla. ¡Qué maravilloso fue darle esperanza por medio de la Palabra de Dios! Salí del hospital no solo pensando acerca de su dolor en esta vida, sino también del dolor eterno del cual fui salvo por medio de Jesús.

Considerémoslo juntos. ¿Será que este gozo estremecedor es el modo adecuado de terminar el año? Pablo se alegraba en que el Señor que está en los cielos es «Jesús, quien nos libra de la ira venidera» (1 Tesalonicenses 1:10). También nos advirtió que Dios «pagará a cada uno conforme a sus obras… a los que… no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia: ira e indignación» (Romanos 2:8), y que «por causa de [la fornicación, la impureza y la codicia] la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia» (Efesios 5:6).

Aquí estoy, a fin de año, terminando mi recorrido por la Biblia y leyendo el último libro, Apocalipsis. Es una gloriosa profecía de la victoria de Dios y del gozo eterno de todos los que «[toman] gratuitamente del agua de la vida» (Apocalipsis 22:17). No más lágrimas, no más dolor, no más depresión, no más tristeza, no más muerte (21:4).

Pero ¡cuán terrible es el destino de los que no se arrepienten ni se sujetan al testimonio de Jesús! La descripción de la ira de Dios que nos ofrece el «apóstol del amor» (Juan) es aterradora. Aquellos que rechazan el amor de Dios «beberá[n] del vino del furor de Dios, que está preparado puro en el cáliz de su ira; y será[n] atormentado[s] con fuego y azufre delante de los santos ángeles y en presencia del Cordero. Y el humo de su tormento asciende por los siglos de los siglos; y no tienen reposo, ni de día ni de noche» (Apocalipsis 14:10-11). «Y el que no se encontraba inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego» (20:15). Jesús «[pisará] el lagar del vino del furor de la ira de Dios Todopoderoso» (19:15). Y «del lagar [saldrá] sangre que [subirá] hasta los frenos de los caballos por una distancia como de trescientos veinte kilómetros» (14:20).

¡Tiemblo con gozo de que soy salvo! La santa ira de Dios es un destino horrible. Hermanos y hermanas, corran lejos de esa ira, corran con todas sus fuerzas. ¡Salvemos a cuantas personas podamos! ¡No me extraña que haya más gozo en los cielos por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos! (Lucas 15:7).


Devocional tomado del articulo “Trembling With Joy Over My Escape”

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El mundo, ¿un enemigo para el hombre?

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo… el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

1 Juan 2:15-17

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.

1 Timoteo 1:15

El mundo, ¿un enemigo para el hombre?

La historia del mundo es de guerras y conflictos. En todos los tiempos ha habido hombres que desean dominar por todos los medios. Hoy en día, a pesar de las apariencias, esa determinación es la misma.

Se evoca la globalización como una necesidad que conduce a eliminar los problemas mayores de la humanidad. Se piensa en curar males y sufrimientos exaltando la solidaridad universal, mientras sigue manifestándose el afán de dominar, siempre dispuesto a hacer la guerra, a matar. Unas pocas decisiones humanas, por más loables que sean, ¿podrán cambiar la cara del mundo? Satanás es su jefe, y los hombres son sus ejecutantes inconscientes.

Ya en el principio de la humanidad, un hombre, Caín, irritado contra su hermano, lo mató porque este, al obrar más sabiamente, había sido del agrado de Dios, y no él. Desde entonces el corazón humano no ha cambiado, y el mundo sigue siendo un vivero de violencia. Dios declara en su Palabra: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo el Señor…” (Jeremías 17:9-10). Quizás usted piensa poder escapar de ese diagnóstico. A eso también Dios responde: “No hay diferencia, por cuanto todos pecaron” (Romanos 3:22-23), pero no se detiene en estas declaraciones. Él es el Dios Salvador y da a todo ser humano una esperanza viva que no está ligada a este mundo, sino a su corazón de Padre: dio a su Hijo Jesucristo para liberarnos del dominio del mal.

Malaquías 1 – Apocalipsis 21:1-14 – Salmo 148:9-14 – Proverbios 31:8-9

La gloria es la meta

DICIEMBRE, 28

La gloria es la meta

Devocional por John Piper

Por medio de [Él] también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. (Romanos 5:2)

Ver la gloria de Dios es nuestra esperanza final. «Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios» (Romanos 5:2). Dios nos presentará «sin mancha en presencia de su gloria con gran alegría» (Judas 24).

Él dará a conocer «las riquezas de su gloria sobre los vasos de misericordia, que de antemano Él preparó para gloria» (Romanos 9:23). Él nos llama «a su reino y a su gloria» (1 Tesalonicenses 2:12). «[Aguardamos] la esperanza bienaventurada [que es] la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús» (Tito 2:13).

Jesús, en toda su persona y obra, es la encarnación y revelación final de la gloria de Dios. «Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza» (Hebreos 1:3). «Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria» (Juan 17:24).

«Por tanto, a los ancianos entre vosotros, exhorto yo, anciano como ellos y testigo de los padecimientos de Cristo, y también participante de la gloria que ha de ser revelada» (1 Pedro 5:1). «La creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios» (Romanos 8:21).

«Hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta que, desde antes de los siglos, Dios predestinó para nuestra gloria» (1 Corintios 2:7). «Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación» (2 Corintios 4:17). «Y a los que justificó, a ésos también glorificó» (Romanos 8:30).

Ver y compartir la gloria de Dios es la esperanza final en el evangelio de Cristo.

La esperanza que realmente conocemos y atesoramos tiene un peso enorme y decisivo sobre nuestros valores y elecciones y acciones de hoy.

Profundicemos en el conocimiento de la gloria de Dios. Estudiemos la gloria de Dios, la gloria de Cristo, la gloria del mundo que revela la gloria de Dios, y la gloria del evangelio que revela la gloria de Cristo.

Atesoremos la gloria de Dios por sobre todas las cosas.

Examinemos nuestra alma. Sepamos qué es aquello cuya gloria nos seduce, y examinemos por qué atesoramos otras glorias que no son la gloria a Dios.

Examinemos nuestra propia alma para saber cómo hacer para que las glorias del mundo se derrumben como Dagón (1 Samuel 5:4), en míseros pedazos esparcidos por el piso de los templos del mundo.


Devocional tomado del libro “Rebuilding the Basics: The Centrality of God’s Glory”

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¡Por fin libre!

El Señor… me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos.

Isaías 61:1

¡Por fin libre!

Desde su infancia, Kevin tenía el sentimiento de ser prisionero. En un pequeño apartamento de un gran edificio anónimo, peleas y vejaciones destrozaron su familia. En la escuela no tenía amigos. Estaba excluido de todo. Tampoco tuvo la oportunidad de aprender un oficio… ¡Estaba solo!

Luego empezaron las ataduras con la droga. Estaba encerrado en una espiral de la cual no podía salir. Detenido por la policía, fue a parar a un centro penitenciario para menores. Allí sus compañeros de celda lo insultaron, lo humillaron… ¡Qué desesperación!

Un domingo fue al servicio religioso de la cárcel. La sala era alta y espaciosa, lo cual dio un poco de alivio a su oprimido corazón. El capellán habló de Jesús, quien vino al mundo para buscar a aquellos que estaban atormentados por su pasado, sus faltas, por aquellos que no tenían ninguna esperanza en la vida. Luego dijo: «Que el mundo le tome a usted por un vencedor o por un vencido, Jesús le ama y le libera del peso de sus pecados. La Biblia dice que Jesucristo le está escuchando ahora. Cuéntele su desesperación. Háblele de sus pecados. En la cruz, donde murió, sufrió en su lugar el castigo que usted merecía. Crea que Jesús le perdonará y le convertirá en un hijo de Dios».

Kevin tuvo una larga conversación con el capellán. Reconoció que Jesús era la persona a quien estaba buscando desde hacía mucho tiempo. Tuvo la impresión de que las paredes que lo encerraban desde su infancia empezaban a caer lentamente. Vio un rincón del cielo azul que estaba por encima de él: ¡Jesús lo amaba!

Zacarías 14 – Apocalipsis 20 – Salmo 148:1-8 – Proverbios 31:1-7

¿Cuál es nuestro objetivo?

DICIEMBRE, 27

¿Cuál es nuestro objetivo?

Devocional por John Piper

Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras. (Hebreos 10:24)

Cuando se levantan en la mañana y ven el día que tienen por delante, ¿qué se dicen a sí mismos acerca de lo que esperan en ese día? Cuando consideran desde el principio del día hasta el final del día, ¿qué es lo que desean que suceda porque ustedes han vivido ese día?

Si su respuesta es: «Ni siquiera lo pienso, solo me levanto y hago lo que tengo que hacer», entonces se están privando de un medio de gracia esencial y de una fuente de guía y fuerza y fructificación y gozo. En la Biblia está claramente expresado, inclusive en este texto, que Dios quiere que tengamos en la mira, a conciencia, algo significativo para nuestros días.

La voluntad revelada de Dios para ustedes, desde el momento en que se levantan en la mañana, es que no caminen por el día a la deriva, dejando que solo las meras circunstancias dicten lo que tienen que hacer, sino que apunten hacia algo —que pongan la mirada en cierto tipo de propósito—. Aquí me refiero a niños, y a adolescentes, y a adultos —sean solteros, casados, viudos, madres, y en todo tipo de oficio—.

Una vida sin rumbo es como una vida sin vida. Las hojas secas en el jardín de mi casa podrían moverse de un lugar a otro más que ninguna otra cosa —más que el perro y más que los niños—. Si el viento sopla para un lado, las hojas van para ese lado. Si el viento sopla para el otro lado, las hojas van para el otro lado. Dan vueltas, se levantan, caen, se amontonan contra un cerco, pero no tienen dirección de ningún tipo. Están llenas de movimiento, pero carentes de vida.

Dios no creó a los seres humanos a su imagen para que anduvieran sin rumbo, como hojas secas que vuelan por el patio de la vida. Él nos creó para que tengamos un propósito, algo en qué enfocarnos, un objetivo en todos nuestros días. ¿Cuál es el de ustedes hoy?


Devocional tomado del sermón “Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor”

 

¡Mirad qué amor!

Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

1 Juan 4:8-10

¡Mirad qué amor!

¿Ha reflexionado alguna vez en el amor que Dios le ha manifestado? La Biblia revela este amor sin igual. “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

Solo Dios puede amar de esta manera. El amor humano bien puede manifestarse hacia una persona digna de ser amada, pero el amor divino engloba de una forma unilateral a seres que le daban la espalda, pecadores, sus enemigos. Se manifestó hacia personas detestables, que se odiaban unas a otras (Tito 3:3). Dios dio a su Hijo unigénito y muy amado por estos hombres. “No escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros” (Romanos 8:32). Este sacrificio era indispensable para nuestra salvación, y Dios lo consintió por amor.

Solo Jesucristo podía expiar nuestros pecados, y lo hizo una vez para siempre. Ahora ofrece su perdón a todo aquel que cree. Además conduce al creyente a tener una relación de intimidad con Dios, la de un hijo con su Padre. Por ello el apóstol Juan puede exclamar: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” (1 Juan 3:1).

El creyente aprende a conocer un amor así, inmenso privilegio en medio de un mundo tan duro. ¿No quiere usted experimentar tal amor? Lea la Biblia, en ella hallará a Jesús, quien revela plenamente ese amor infinito.

Zacarías 12-13 – Apocalipsis 19:11-21 – Salmo 147:12-20 – Proverbios 30:32-33

Cómo considerar la calamidad

DICIEMBRE, 26

Cómo considerar la calamidad

Devocional por John Piper

Las ondas de la muerte me cercaron, los torrentes de iniquidad me atemorizaron… En cuanto a Dios, su camino es perfecto. (2 Samuel 22:5, 31)

Luego de perder a sus diez hijos en un «desastre natural» (Job 1:19), Job dijo: «El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor» (Job 1:21). Al final del libro, el inspirado autor confirma que Job comprendió lo que había sucedido, y dice que los hermanos y hermanas de Job «lo consolaron por todo el mal que el Señor había traído sobre él» (Job 42:11).

Esto tiene varias implicaciones para nosotros cuando pensamos en la gran catástrofe del 26 de diciembre de 2004 en el océano Índico —uno de los desastres naturales más mortífero que haya sido registrado—.

1. Satanás no tiene la última palabra, Dios sí.

Satanás estuvo involucrado en el sufrimiento de Job, pero su obra no fue decisiva. Dios le dio permiso a Satanás para afligir a Job (Job 1:12; 2:10). Sin embargo, Job y el autor de este libro consideran a Dios como la causa final y decisiva. Cuando Satanás lo hirió con llagas, Job le dijo a su esposa: «¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal?» (Job 2:10), y el escritor llama a estas llagas satánicas «todo el mal que el Señor había traído sobre él» (Job 42:11). Eso significa que Satanás es real y que trae miseria, pero no es quien tiene la última palabra. Tiene una correa atada al cuello. No va más lejos de lo que Dios decididamente le permita.

2. Aún si Satanás hubiera causado el sismo del océano Indico el día siguiente a Navidad, él no es la causa decisiva de las más de 200? 000 muertes; Dios es.

Dios afirma tener poder sobre los tsunamis en Job 38:8-11, donde le hace a Job una pregunta retórica: «¿Quién encerró con puertas el mar, cuando, irrumpiendo, se salió de su seno… y dije: “Hasta aquí llegarás, pero no más allá; aquí se detendrá el orgullo de tus olas”?». El Salmo 89:8-9dice: «Oh Señor… tú dominas la soberbia del mar; cuando sus olas se levantan, tú las calmas». Y Jesús mismo hoy tiene el mismo control que tuvo una vez sobre las amenzas de muerte de las olas: «Y Él… reprendió al viento y a las olas embravecidas, y cesaron y sobrevino la calma» (Lucas 8:24). En otras palabras, aun si Satanás hubiera provocado el maremoto, Dios podría haber detenido las olas.

3. Las calamidades destructivas de este mundo son una mezcla de juicio y misericordia.

Sus propósitos no son simples. Job era un hombre piadoso y sus aflicciones no eran un castigo de Dios (Job 1:1, 8). El motivo de su calamidad fue purificar, no castigar (Job 42:6). Pero no sabemos cuál era el estado espiritual de sus hijos. Con certeza, Job estaba preocupado por ellos (Job 1:5). Es probable que Dios les haya quitado la vida como juicio. Si eso es cierto, entonces la misma calamidad, al final, demuestra ser misericordia para Job y juicio para sus hijos. Lo mismo sucede con todas las calamidades. Son una mezcla de juicio y misericordia. Son tanto para castigar como para purificar. El sufrimiento, e incluso la muerte, pueden ser al mismo tiempo para juicio y misericordia.

La ilustración más clara de esta verdad es la muerte de Jesús. Esta fue tanto juicio como misericordia: juicio sobre Jesús porque cargó con nuestros pecados (no suyos), y misericordia para nosotros que confiamos en él para que cargara con nuestro castigo (Gálatas 3:13; 1 Pedro 2:24) y para que fuera nuestra justicia (2 Corintios 5:21). Otro ejemplo es la maldición que yace sobre esta tierra caída por el pecado. Para aquellos que no creen en Cristo, es juicio; pero para los creyentes es una misericordiosa, aunque dolorosa, preparación para la gloria. «Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sometió, en la esperanza» (Romanos 8:20). Tal es la sujeción de la creación a Dios, y es por eso que hay tsunamis.

4. El corazón que Cristo da a su pueblo siente compasión por aquellos que sufren, independientemente de sus creencias.

Cuando la Biblia dice «llorad con los que lloran» (Romanos 12:15), no agrega «a menos que Dios haya provocado el llanto». Hubiera sido mejor que los amigos que intentaban consolar a Job lloraran con él en lugar de hablar tanto. Nada de eso cambia cuando descubrimos que el sufrimiento de Job provenía de Dios en última instancia. No; está bien llorar con los que sufren. El dolor es dolor, sin importar quien lo provoque. Todos somos pecadores. La empatía fluye no por la causa del dolor, sino por la compañía en el dolor. Y todos estamos juntos en esa situación.

5. Por último, Cristo nos llama a mostrar misericordia a aquellos que sufren, incluso cuando no lo merezcan.

Ese es el significado de la misericordia —ayuda inmerecida—. «Amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen» (Lucas 6:27).


Devocional tomado del articulo “Tsunami, Sovereignty, and Mercy

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¿Qué representa la Navidad?

martes 26 diciembre

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.

1 Timoteo 1:15

Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.

Lucas 2:11

¿Qué representa la Navidad?

En el siglo 4, el emperador romano Constantino se convirtió en un gran protector del cristianismo. Desde entonces, los poderes políticos y religiosos trataron de cristianizar las fiestas paganas. Por ello el nacimiento de Jesús fue celebrado el día de la fiesta del solsticio de invierno, fijada en aquella época el 25 de diciembre. Esta celebración y esta fecha no tienen ningún fundamento bíblico.

Pero la persona de Jesús evidentemente es muy amada por cada cristiano. Más de siete siglos antes de su nacimiento, el profeta Isaías había anunciado: “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (Dios con nosotros)” (Isaías 7:14). Y de ese niño, que fue acostado en un pesebre cuando nació, también dice: “Un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable… Príncipe de Paz” (Isaías 9:6).

El día de Navidad debería recordar la noticia de gran gozo anunciada a los pastores de Belén: “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (vea Lucas 2:8-20). Que Dios nos conceda recibir este maravilloso mensaje: Dios vino a vivir entre los hombres. Jesús, el divino Salvador, en su humillación descendió a la tierra como un niño. Su vida perfecta, su muerte en una cruz por nosotros, y su resurrección, ¡todo esto debería ser un tema de paz, de gozo, de esperanza y de adoración, pero no un día, sino todos los días del año!

“¡Gracias a Dios por su don inefable!” (2 Corintios 9:15).

Zacarías 11 – Apocalipsis 19:1-10 – Salmo 147:7-11 – Proverbios 30:29-31
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