El nacimiento del Anciano de Días

DICIEMBRE, 21

El nacimiento del Anciano de Días

Devocional por John Piper

Pilato entonces le dijo: ¿Así que tú eres rey? Jesús respondió: Tú dices que soy rey. Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz. (Juan 18:37)

Este es un pasaje importante para Navidad aunque trate del final de la vida de Jesús en la tierra, y no del principio.

La singularidad de su nacimiento consiste en que él no existió a partir de su alumbramiento. El existía desde antes de nacer en un pesebre. La condición de individuo, el carácter y la personalidad de Jesús de Nazaret existían antes de que el hombre Jesús de Nazaret naciera.

El término teológico para describir este misterio no es creación, sino encarnación. La persona —no el cuerpo, sino la singularidad esencial de la persona de Jesús— existía antes de que él naciera como hombre. Su nacimiento no fue el origen de una nueva persona, sino la venida al mundo de una persona infinitamente anciana.

Setecientos años antes de que Jesús naciera, Miqueas 5:2 lo explicó de la manera siguiente:

Pero tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad.

El misterio del nacimiento de Jesús no consiste únicamente en que nació de una virgen. Dios quiso que ese milagro sea testimonio de un milagro aún más grande: que el niño nacido en Navidad era una persona que existió «desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad».


Devocional tomado del mensaje “Christmas and the Cause of Truth”

Dios es fiel

Bienaventurado el varón que… ni en silla de escarnecedores se ha sentado.

Salmo 1:1

No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.

Gálatas 6:7

Dios es fiel

Erino Dapozzo (1907-1974) era un cristiano convencido. Trabajaba como obrero en una construcción. Debido a su fe, era el blanco de muchas burlas por parte de sus compañeros. Su patrón, sobre todo, no tenía ningún respeto hacia Dios, y no perdía una ocasión para afirmarlo. Un día muy frío llegó en una camioneta a recoger a sus obreros. Todos se dieron prisa a tomar un lugar en la cabina, pero faltaba un lugar… El jefe señaló el volquete a Dapozzo y dijo, burlándose: «¡Tu Dios te calentará!».

Nuestro amigo se sentó en el lugar asignado, y el vehículo arrancó. El trayecto iba a durar más de media hora, Dapozzo temblaba de frío bajo la mirada burlona de sus compañeros, quienes pensaban: «¿De qué le sirve su fe? Nosotros, al menos, estamos protegidos, podemos calentarnos».

Pero al cabo de un rato, la camioneta llegó al borde de un río y tuvo que tomar un puente provisional. El chófer hizo una falsa maniobra, la camioneta resbaló, chocó contra el parapeto y cayó al agua… Los obreros no tuvieron tiempo para salir de la cabina, todos murieron. Dapozzo, lanzado bruscamente al río, nadó con todas sus fuerzas para alcanzar la orilla. Cuando llegó a tierra, ¡pudo calentarse! Fue el único sobreviviente.

Amigos cristianos, no temamos levantar nuestra bandera. Incluso si a primera vista parece que la fe pierde la batalla, Dios siempre tendrá la última palabra. Él prepara la liberación para los que depositan su confianza en él. ¡Es un Dios fiel!

Zacarías 4-5 – Apocalipsis 14 – Salmo 145:8-13 – Proverbios 30:15-16

Solidaridad navideña

DICIEMBRE, 20

Solidaridad navideña

Devocional por John Piper

El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo. (1 Juan 3:8)

La cadena de montaje en la planta de Satanás produce millones de pecados por día. Él los empaca en enormes aviones de carga y los hace volar hasta el cielo y los esparce delante de Dios, y luego se ríe y ríe y ríe.

Algunas personas trabajan a tiempo completo en la cadena de montaje. Otros han renunciado a ese trabajo y solo vuelven de vez en cuando.

Cada minuto de trabajo en la cadena de montaje hace que Dios sea el hazmerreir de Satanás. El pecado es el negocio de Satanás porque él odia la luz y la belleza y la pureza y la gloria de Dios. Nada lo complace más que cuando los humanos desconfían y desobedecen a su Creador.

Por lo tanto, la Navidad trae buenas nuevas para el hombre y para Dios.

«Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores» (1 Timoteo 1:15). Esa es una buena noticia para nosotros.

«El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo» (1 Juan 3:8). Esa es una buena noticia para Dios.

La Navidad es una buena noticia para Dios porque Jesús vino a liderar una huelga en la cadena de montaje de Satanás. Entró a la fábrica, llamó a Solidaridad a los fieles e inició a una retirada masiva.

La Navidad es un llamado a hacer huelga en la planta de montaje de pecados. No hay negociaciones con la administración. No hay acuerdos. Solo una inquebrantable y decidida oposición al producto.

La Solidaridad navideña tiene como objetivo derribar los aviones de carga. No hará uso de la fuerza ni de la violencia, sino que con una devoción constante a la Verdad, expondrá las condiciones de muerte de la industria del diablo.

La Solidaridad navideña no se rendirá hasta que se haya logrado el cierre total de la planta.

Cuando el pecado haya sido destruido, el nombre de Dios será enteramente exonerado y nadie más se reirá de él.

Si desean hacerle un regalo a Dios en esta Navidad, dejen su puesto en la cadena de montaje y no regresen jamás. Asuman su puesto en la línea de la huelga por el amor. Únanse a la Solidaridad navideña hasta que el majestuoso nombre de Dios sea limpiado y él se levante glorioso en medio de la alabanza de los justos.


Devocional tomado del libro “Christmas Solidarity”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Padre nuestro que estás en los cielos (2)

miércoles 20 diciembre

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.

Mateo 6:11-13

Padre nuestro que estás en los cielos (2)

Las prioridades están claras: primero el honor y los intereses de Dios, luego nuestras necesidades: dánoslo… perdónanos… líbranos. Dependemos de Dios para todo. No es en primer lugar por nuestras propias fuerzas que obtenemos el alimento necesario, sino porque Dios actúa. ¡Y lo hace ya con el simple hecho de darnos la vida cada instante!

Si nuestro cuerpo necesita alimento, nuestra alma también. Para el alma, el pan es la Palabra de Dios. Además de nutrirse, nuestra alma necesita ser perdonada. Dios perdona nuestras deudas, pero no podemos pedir a Dios su perdón sin perdonar, al mismo tiempo, a aquellos que nos ofendieron.

“No nos metas en tentación”. A menudo en nuestras oraciones olvidamos esta última petición, sin embargo es muy importante. Ser guardados de la tentación es ser preservados de todo aquello que nos hace salir del camino que Dios quiere para nosotros. Pero a veces Dios permite la prueba para fortalecer nuestra fe. También añadimos a nuestra oración: “Líbranos del mal”. Esta petición brota del corazón con los acentos de una fe victoriosa, pues pedimos un beneficio ya ganado por la victoria de Jesús. ¡Fue una victoria sobre el mal, el tentador y el mundo! Incluso si todavía hemos de pasar por el sufrimiento, la enfermedad, y si a veces cedemos ante el pecado, estamos seguros de que el mal no tendrá la última palabra. ¡Jesús lo venció!

Zacarías 2-3 – Apocalipsis 13 – Salmo 145:1-7 – Proverbios 30:11-14

 © Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La Navidad es para libertad

DICIEMBRE, 19

La Navidad es para libertad

Devocional por John Piper

Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, Él igualmente participó también de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida. (Hebreos 2:14-15)

Jesús se hizo hombre porque era necesaria la muerte de un hombre que fuera más que hombre. En la encarnación, Dios mismo se hizo prisionero para la pena de muerte.

Cristo no corrió ningún riesgo de muerte; él se entregó a la muerte. Precisamente a eso vino: no para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10:45).

¡No es de extrañarse que Satanás intentara desviar a Jesus de la crucifixión! La cruz fue la destrucción de Satanás. ¿Cómo lo destruyó Jesús?

El «poder de la muerte» es la habilidad de hacer de la muerte algo temible. El «poder de la muerte» es el poder que sujeta a los hombres a esclavitud a través del miedo a la muerte. Es el poder para mantener a los hombres en pecado, de manera que esa muerte se presente como algo espantoso.

Sin embargo, Jesús despojó a Satanás de este poder. Lo desarmó. Forjó para nosotros una coraza de justicia que nos hace inmunes a la condenación del diablo.

Por medio de su muerte, Jesús borró todos nuestros pecados. Una persona sin pecado deja a Satanás sin trabajo. Su traición es abortada. Su vasta perfidia se ve frustrada. «¡Que muestre su vigor Satán, y su furor! Dañarnos no podrá, pues condenado es ya». La cruz lo atravesó, y pronto estará dando su último suspiro.

La Navidad es para libertad: libertad del temor de la muerte.

Jesús adoptó nuestra naturaleza en Belén, para sufrir nuestra muerte en Jerusalén, para que podamos habitar sin temor en nuestra ciudad. Así es, sin temor. Porque, si la mayor amenaza a nuestro gozo ha desaparecido, ¿por qué habríamos de inquietarnos por amenazas menores? ¿Acaso podríamos decir: «Bien, no tengo miedo a la muerte, pero sí a perder mi trabajo»? No. Por supuesto que no. ¡Piénsenlo!

Si la muerte (la muerte, es decir, ¡sin pulso, el cuerpo frío, no existo más!) ya no representa un temor, somos libres, verdaderamente libres. Libres para asumir cualquier riesgo bajo el sol por causa de Cristo y por amor. No más esclavitud a la ansiedad.

¡Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres!


Devocional tomado del articulo “Freed By Christmas And Calvary”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Padre nuestro que estás en los cielos (1)

Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

Mateo 6:9-10

Padre nuestro que estás en los cielos (1)

La oración llamada “Padre nuestro” es sin duda uno de los textos más conocidos de la Biblia.

Amigos cristianos, esta oración es un modelo para meditar; debería inspirar toda nuestra vida de oración. Primero hallamos tres peticiones concernientes a Dios, su nombre, su reino, su voluntad, y solo a continuación vienen nuestras necesidades.

En primer lugar oramos a nuestro Padre; no oramos a un Dios lejano, sino a un Padre que está cerca de cada uno de sus hijos. Al mismo tiempo nuestro Padre está en los cielos. El Dios que, por medio de Jesús, vino hasta nosotros está muy por encima de nosotros. Mora donde los ángeles proclaman: “Santo, santo, santo, Señor de los ejércitos” (Isaías 6:3). Todos los poderes y todos los acontecimientos están en su mano. Y ese Dios tan grande es nuestro Padre. ¡Podemos hablarle! ¡Qué felicidad!

Entonces, tomándonos el tiempo para estar en la presencia de Dios, confiando en su bondad, primeramente estaremos ocupados de su gloria: el honor debido a su nombre, la venida de su reino, el cumplimiento de su voluntad. Presentar estas tres primeras peticiones con sinceridad, y desearlas verdaderamente, tendrá un gran impacto en nuestra vida. Desearemos que ella esté en harmonía con el nombre de Dios. La esperanza del regreso del Señor será más viva en nosotros. Cumplir la voluntad de Dios no será penoso, sino una señal de confianza en nuestro Dios y Padre. ¡Él quiere darnos lo mejor!

Zacarías 1 – Apocalipsis 12 – Salmo 144:9-15 – Proverbios 30:10

 © Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La Navidad como modelo para las misiones

DICIEMBRE, 18

La Navidad como modelo para las misiones

Devocional por John Piper

Como tú me enviaste al mundo, yo también los he enviado al mundo. (Juan 17:18)

La Navidad es un modelo para las misiones. Las misiones son un espejo de la Navidad. «Como yo… así ustedes».

Pongamos por ejemplo el peligro. Cristo vino a los suyos y los suyos no lo recibieron. Así ustedes. Conspiraron contra él. Así ustedes. No tuvo casa permanente. Así ustedes. Presentaron falsas acusaciones contra él. Así ustedes. Lo golpearon y se burlaron de él. Así ustedes. Murió después de tres años de ministerio. Así ustedes.

Pero hay un peligro peor que cualquiera de estos, del cual Jesús huyó. ¡¡Y así ustedes!!

A mediados del siglo XVI, el misionero católico Francis Xavier (1506-1552) le escribió al Padre Perez de Malaca (que hoy en día es parte de Indonesia) acerca de los peligros de su misión en China. Decía:

El mayor de los peligros sería perder la confianza y seguridad en la misericordia de Dios… Desconfiar de él sería mucho más terrible que cualquier maldad física que todos los enemigos de Dios pudieran infligir a nuestra carne, ya que sin el consentimiento de Dios, ni los demonios ni sus ministros humanos podrían afectarnos en lo más mínimo.

El mayor peligro al que se enfrenta un misionero es la desconfianza en la misericordia de Dios. Si logramos sortear este peligro, todas las demás amenazas pierden la capacidad de herirnos.

Dios hace de cada daga un cetro en nuestras manos. Como dijo J. W. Alexander: «Cada instante de labor en el presente será benévolamente retribuido con millones de siglos de gloria».

Cristo huyó del peligro de la desconfianza. Por lo tanto, ¡Dios lo exaltó hasta lo sumo!

Recuerden en este Adviento que la Navidad es un modelo para las misiones. Como yo, así ustedes. Tal misión implica peligros, y el mayor de los peligros es desconfiar de la misericordia de Dios. Si sucumbimos a la desconfianza todo está perdido. Si la conquistamos, nada podrá lastimarnos por un millón de siglos.


Devocional tomado del articulo “Dangerous Mission”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Nuestras ofrendas: ¿Cuánto o cómo?

De hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.

Hebreos 13:16

Al Señor presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.

Proverbios 19:17

Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante.

Marcos 12:41-42

Nuestras ofrendas: ¿Cuánto o cómo?

Marcos 12:41-44

Jesús estaba sentado cerca del arca de la ofrenda, es decir, del lugar donde cada uno dejaba su ofrenda. Con su mirada penetrante que escruta todo y a todos, observaba no cuánto, sino cómo daba cada uno. Una viuda pobre se acercó y echó dos monedas, todo lo que le quedaba para su sustento.

Entonces el Señor llamó a sus discípulos y les comentó lo que acababa de ver. ¡Ah, qué ofrenda tan especial! El hecho de que diese “todo lo que tenía” probó no solo el amor que sentía por Dios y su casa, sino también la total confianza que depositaba en Dios para que supliese sus necesidades (lea también 1 Reyes 17:7-16). Echando en el arca todo lo que tenía, solo dependía de él.

Lo que el Señor considera, no es tanto lo que cada uno da, sino más bien lo que cada uno guarda para sí mismo. ¡Qué consuelo para todos los que no pueden dar mucho! (2 Corintios 8:12). ¡Cuántas monedas tienen más valor para Dios que grandes fortunas, pues él está atento al verdadero valor de nuestras ofrendas!

Confiemos, pues, en Dios. Él sabrá recompensar más allá de toda medida, tal vez ya en este mundo y ciertamente en el cielo, los mínimos sacrificios que con fe y amor hagamos por él.

Hageo 2 – Apocalipsis 11 – Salmo 144:1-8 – Proverbios 30:7-9

 © Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La salvación más grande que podamos imaginar

DICIEMBRE, 17

La salvación más grande que podamos imaginar

Devocional por John Piper

He aquí, vienen días —declara el Señor— en que haré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto… (Jeremías 31:31)

Dios es justo y santo, y está separado de los pecadores como nosotros. Ese es nuestro problema principal en Navidad y en cualquier otra época del año. ¿Cómo haremos para reconciliarnos con un Dios justo y santo?

No obstante, Dios es misericordioso y nos prometió en Jeremías 31 (quinientos años antes de Cristo) que un día haría algo nuevo: reemplazaría las sombras con la Realidad del Mesías. Y se movería con poder en nuestra vida, escribiendo su voluntad en nuestro corazón para que no nos veamos condicionados por lo exterior, sino que desde nuestro interior anhelemos amarlo y confiar en él y seguirlo.

Esa es la salvación más grande que podamos imaginar: que Dios nos ofrezca la más grandiosa Realidad del universo para que nos gocemos en ella, y que luego obre en nosotros para asegurarse que podemos disfrutar de esta Realidad con la mayor libertad y alegría posibles. Este sería un regalo de Navidad digno de nuestras canciones.

Eso es en verdad lo que él prometió. Pero se nos presenta un enorme obstáculo: nuestro pecado —la separación de Dios a causa de nuestra injusticia—.

¿Cómo puede un Dios santo y justo tratar a pecadores como nosotros con tanta benevolencia, hasta el punto de ofrecernos la más grandiosa Realidad del universo (su Hijo) para que nos regocijemos con la mayor alegría posible?

La respuesta es que Dios echó nuestros pecados sobre su Hijo, y los juzgó desde esa posición, para así poder borrarlos de su mente y tratarnos con misericordia y seguir siendo justo y santo al mismo tiempo. Hebreos 9:28 dice: «Cristo… [fue] ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos».

Cristo cargó con nuestros pecados en su propio cuerpo al morir. Asumió nuestro castigo. Canceló nuestra culpa. Eso significa que nuestros pecados fueron borrados y que no permanecen en la memoria de Dios como fundamento para condenación. En ese sentido, Dios los «olvida» —son consumidos en la muerte de Cristo—.

Esto quiere decir que ahora Dios es libre, en su justicia, para bendecirnos profusamente con el nuevo pacto. Nos da a Cristo, la más grandiosa Realidad del universo, para nuestro deleite. Y escribe su propia voluntad —los deseos de su propio corazón— en nuestro corazón, para que así podamos amar a Cristo y confiar en Cristo y seguir a Cristo desde lo más profundo de nuestro ser, con libertad y gozo.


Devocional tomado del sermón “Jesús: Mediador de un mejor pacto, Parte 2″

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

El gran Modelo

domingo 17 diciembre

Cristo Jesús… se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres… se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Filipenses 2:5-8

El gran Modelo

¿Cuál es el remedio divino para la envidia, el orgullo, el egoísmo y, en una palabra, el «yo» bajo todas sus formas detestables? El texto de la Biblia citado hoy nos da la respuesta: seguir las pisadas de Jesucristo, el Hijo de Dios. En Jesús, Dios vino a vivir entre los hombres. Vino en forma de hombre, pero fue un hombre perfecto en cuanto a su abnegación, humildad y obediencia a la voluntad divina: “Se despojó a sí mismo”.

Sin embargo era aquel que dominaba todo el universo. La majestad divina le pertenecía. Por medio de él todas las cosas habían sido creadas y subsistían. Así fue el Dios que vino al mundo tomando la forma de un hombre pobre, de un siervo. Los zorros tienen guaridas y los pájaros nidos, pero él, su Creador, no tuvo casa, ni un lugar “dónde recostar su cabeza” (Lucas 9:58).

No dejó de buscar el bien de los hombres, trabajó por ellos, lloró con ellos y les enseñó. No hizo nada para su beneficio personal. Toda su vida fue un total renunciamiento. Se humilló hasta tomar el último lugar entre los hombres, y murió “por nuestros pecados”, cumpliendo así las Escrituras que daban testimonio por adelantado de él mismo (Lucas 24:27). Fue despreciado, humillado hasta el final, pero siempre hizo la voluntad de su Dios.

Leamos los evangelios para verlo vivir, escucharlo hablar y recibirlo como Salvador. Solo entonces podremos seguirlo y ser transformados a su semejanza (2 Corintios 3:18).

Hageo 1 – Apocalipsis 10 – Salmo 143:7-12 – Proverbios 30:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch