Os habéis hecho tardos para oír.

martes 12 septiembre

Os habéis hecho tardos para oír.

Hebreos 5:11

Hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.

2 Pedro 3:16

¿Difícil?

«Es demasiado difícil». A veces mis alumnos me reprochan por darles tareas «demasiado difíciles». Y a menudo, después de la corrección, deben reconocer que si hubiesen consagrado más tiempo a su trabajo y, sobre todo, si hubiesen aprendido las lecciones, sus resultados hubiesen podido ser mejores.

Hay textos de la Biblia que nos parecen difíciles. Pero, ¿nos hemos esforzado lo suficiente para comprenderlos? ¿O simplemente somos perezosos o distraídos? El estudio de la Palabra de Dios requiere atención y perseverancia. Cuanto más temprano empecemos, mejor será. Timoteo, el hijo espiritual del apóstol Pablo, había seguido la buena doctrina (1 Timoteo 4:6) porque había aprendido las Sagradas Escrituras desde su infancia (2 Timoteo 3:15). Como había recibido el don de enseñar a los demás, debía ocuparse en la lectura y permanecer en ella (1 Timoteo 4:13-15).

Como en todo aprendizaje, nuestra comprensión de la Biblia es gradual. Es normal que un creyente joven en la fe no tenga el mismo conocimiento que un maestro en la iglesia. Pero no escondamos nuestra pereza bajo falsos pretextos; ¡no digamos que es demasiado difícil! Jesús dijo a sus discípulos: “Escudriñad las Escrituras… ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).

El verbo escudriñar implica un examen profundo, y no una lectura superficial. El objetivo siempre es aprender algo de nuestro Señor.

2 Crónicas 28 – 2 Corintios 1 – Salmo 105:7-15 – Proverbios 23:6-8

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Siete motivos para no preocuparse (Parte 1)

SEPTIEMBRE, 11

Siete motivos para no preocuparse (Parte 1)

Devocional por John Piper

Por eso os digo, no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas? (Mateo 6:25-26)

En Mateo 6 tenemos el ejemplo de la preocupación por la comida y la vestimenta.

Incluso en Estados Unidos, con su amplio sistema de beneficios públicos, la ansiedad por las finanzas y la vivienda puede ser intensa. Pero Jesús dice en el versículo 30 que esto surge porque la fe que tenemos en la promesa de gracia venidera de nuestro Padre es deficiente: somos «hombres de poca fe». Este pasaje contiene al menos siete promesas que Jesús nos dio para ayudarnos a pelear la buena batalla contra la incredulidad y liberarnos así de la ansiedad. (Veremos las promesas 1 y 2 en la Parte 1; y el resto en las Partes 2 y 3).

PROMESA 1: Por eso os digo, no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa? (Mateo 6:25).

Si el cuerpo y la vida son muchísimo más complejos y difíciles de atender que la comida y la ropa, y aun así Dios en efecto nos creó y nos dotó de ambos, entonces seguramente podrá proveernos la comida y la ropa que necesitamos y está dispuesto a hacerlo.

Es más, sin importar lo que suceda, Dios un día resucitará nuestro cuerpo y preservará nuestra vida para que tengamos comunión eterna con él.

PROMESA 2: Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas?(Mateo 6:26).

Si Dios está dispuesto a alimentar a criaturas tan insignificantes como las aves, que no pueden hacer nada para producir su comida —no como nosotros, que podemos cultivar la tierra— entonces de seguro nos proveerá lo que necesitamos, porque valemos mucho más que las aves.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), páginas 56-59

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Mi conversión

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.

1 Timoteo 1:15

Mi conversión

Un evangelista cuenta así su propia conversión: «Tenía dieciséis años cuando un amigo me invitó a ir a escuchar a un predicador que había sido campeón deportivo. Este argumento hizo que me decidiese a ir, pero prudentemente me senté al fondo de la sala. Tenía curiosidad de oírlo, pues siempre había creído que la religión era para los débiles, los viejos y las jóvenes sentimentales, pero no para un campeón de béisbol.

Mientras predicaba tuve la sensación de que me señalaba con el dedo: Joven, usted es un pecador. Tratando de esconderme detrás de la ancha espalda del oyente que estaba sentado delante de mí, pensé: No soy peor que otros. Pero el predicador citó la Palabra de Dios: “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Cuando el evangelista invitó a pasar adelante a los que querían ir a Cristo, yo salí corriendo de la sala y regresé a casa.

Jamás olvidaré la lucha que sentí después. Al día siguiente volví a la reunión. Esta vez me senté adelante. El predicador se levantó y leyó: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Pensé: Soy un pecador, Dios me ama. Cuando el evangelista pidió, otra vez, a sus auditores pasar adelante, yo fui uno de los primeros en hacerlo. Allí entregué mi corazón a Jesús. El gozo, la paz y la seguridad de la salvación llenaron mi corazón y nunca me abandonaron».

“Habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” (Lucas 15:7).

2 Crónicas 27 – 1 Corintios 16 – Salmo 105:1-6 – Proverbios 23:4-5

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Cómo combatir la ansiedad

SEPTIEMBRE, 10

Cómo combatir la ansiedad

Devocional por John Piper

Echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros. (1 Pedro 5:7)

Salmos 56:3 dice: «El día en que temo, yo en ti confío».

Notemos que no dice: «nunca tengo problemas de sentir temor». El temor nos golpea y la batalla empieza. La Biblia no supone que los verdaderos creyentes no tendrán ansiedad. Más bien, la Biblia nos enseña a luchar contra ella cuando nos golpea.

Por ejemplo, 1 Pedro 5:7 dice: «Echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros». No dice que nunca tendremos ansiedad; por el contrario, dice que, cuando la tengamos, la echemos sobre Dios. Cuando el lodo nos salpique en el parabrisas y perdamos de vista temporalmente el camino y empecemos a desviarnos en ansiedad, encendamos el limpiaparabrisas y usemos el líquido limpiador.

Así que esta es mi respuesta a aquellos que luchan día a día contra la ansiedad: eso es bastante normal. Al menos para mí lo es, y así lo fue desde mis años de adolescencia. La cuestión es la siguiente: ¿cómo luchar contra ella?

La respuesta a esa pregunta: luchamos contra la ansiedad al batallar contra la incredulidad y porla fe en la gracia futura. La manera en que peleamos esta «buena batalla» es meditando en las garantías que Dios nos da acerca de la gracia venidera y pidiendo ayuda a su Espíritu.

El limpiaparabrisas es la suma de las promesas de Dios que barren el lodo de la incredulidad, y el líquido limpiador es la ayuda del Espíritu Santo. La batalla para ser libres del pecado se pelea «mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad» (2 Tesalonicenses 2:13).

La obra del Espíritu y la Palabra de verdad: esos son los grandes edificadores de la fe. Sin la obra ablandadora del Espíritu Santo, los limpiaparabrisas de la Palabra tan solo arañarían por encima los enceguecedores terrones de la incredulidad.

Ambos son necesarios —el Espíritu y la Palabra—. Leemos las promesas de Dios y oramos pidiendo la ayuda de su Espíritu. Y a medida que el parabrisas se limpia para permitirnos ver el bien que Dios tiene planeado para nosotros (Jeremías 29:11), nuestra fe se fortalece y el camino que la ansiedad ha torcido se endereza.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 56

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Leamos en el libro de Dios

domingo 10 septiembre

Y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día.

Lucas 24:46

Leamos en el libro de Dios

Entonces Pedro alzó la voz y les habló diciendo: “Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a este, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró… porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia…

A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados…” (Hechos 2:22-38).

2 Crónicas 26 – 1 Corintios 15:29-58 – Salmo 104:27-35 – Proverbios 23:1-3

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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La gracia debe ser gratuita

SEPTIEMBRE, 09

La gracia debe ser gratuita

Devocional por John Piper

Por fe andamos, no por vista. (2 Corintios 5:7)

Imaginemos que la salvación es una casa en la que vivimos.

Nos proporciona protección. Está provista de comida y bebida que nunca se acabarán. Jamás se deteriorará ni se derrumbará. Sus ventanas nos permiten contemplar panoramas de gloria.

Dios la construyó a un costo muy alto, que asumieron él y su Hijo, y nos la entregó.

El contrato de «compra» se titula «el nuevo pacto». Los términos dicen: «Esta casa será y seguirá siendo de ustedes si la reciben como un regalo y si se deleitan en el Padre y en el Hijo, que habitarán en la casa con ustedes. No deben profanar la casa de Dios abrazando a otros dioses ni desviar su corazón en pos de otros tesoros».

¿No sería necio aceptar los términos del contrato y luego llamar a un abogado para que diseñe un plan de amortización con pagos mensuales, con la esperanza de algún día lograr pagarla por completo?

Ya no estaríamos considerando a la casa un regalo, sino una compra. Dios ya no sería benefactor libre, y nosotros quedaríamos esclavizados a un nuevo conjunto de demandas que él nunca soñó con imponernos.

Si la gracia ha de ser gratuita —y ese es precisamente el significado de la gracia— no podemos concebirla como un pago que hay que devolver.

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Llegar tarde a clase

sábado 9 septiembre

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.

Filipenses 4:6

Sus discípulos… se asombraron en gran manera… Mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.

Mateo 19:25-26

Llegar tarde a clase

Visitando a una familia, una mañana un evangelista presenció este pequeño drama. Mientras Martín se preparaba para ir a la escuela, rasgó su pantalón. ¡Era el único pantalón presentable que tenía…! ¡No podía salir así! Mientras esperaba que su madre le arreglase el pantalón, Martín se atormentaba pensando que llegaría tarde a la escuela. Entonces se dirigió al evangelista y le rogó diciendo: –¿Podría orar para que no llegue tarde?

La clase empezaba a las ocho, ¡y ya casi eran las ocho! Orar en ese momento para no llegar tarde, ¿no era pedir lo imposible?

Sin embargo, el creyente sencillamente presentó a Dios la petición de Martín. Cuando al fin el niño estuvo listo, ya eran las ocho y cuarto, y llegar a la escuela todavía le tomaría algunos minutos…

Al mediodía Martín estaba radiante: Esa mañana la maestra había olvidado las llaves, así que la clase había empezado a las ocho y media.

¡Qué bella respuesta a esta simple oración, para un caso sin solución desde el punto de vista humano! ¿Nos hubiésemos atrevido a orar de forma tan sencilla?

Es claro que debemos orar con una conciencia libre y un corazón recto. Pero el Dios que en otro tiempo hizo retroceder la sombra diez grados como respuesta a la oración del rey Ezequías (2 Reyes 20:5-11), tiene todos los recursos en sus manos. ¡Y se complace respondiendo a la fe!

2 Crónicas 25 – 1 Corintios 15:1-28 – Salmo 104:19-26 – Proverbios 22:29

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Cómo pagarle a Dios

SEPTIEMBRE, 08

Cómo pagarle a Dios

Devocional por John Piper

¿Qué daré al Señor por todos sus beneficios para conmigo? Alzaré la copa de la salvación, e invocaré el nombre del Señor. Cumpliré mis votos al Señor. (Salmos 116:12?14)

Lo que mantiene el pago de promesas libre del peligro de ser tratado como el pago de una deuda es que el pago, en realidad, no consiste en un pago ordinario, sino que es otro acto de recibir que magnifica la gracia continua de Dios. No engrandece nuestros recursos. Podemos observarlo en Salmos 116:12-14.

La respuesta del salmista a su propia pregunta, «¿Qué daré al Señor por todos sus beneficios para conmigo?», es, en esencia, que seguirá recibiendo beneficios del Señor, para que la inagotable bondad de Dios sea magnificada.

Primero, alzar la copa de la salvación significa tomar la satisfactoria salvación del Señor en la mano, beberla y esperar recibir más. Por eso digo que pagar a Dios en este contexto no consiste en hacer un pago ordinario: es un acto de recibir.

Segundo, ese también es el significado de la frase que le sigue: «invocaré el nombre del Señor». ¿Qué puedo darle a Dios porque, en su gracia, respondió a mi llamado? La respuesta es esta: volver a invocarlo. Le rendiré a Dios la alabanza y el tributo que él jamás necesita de mí, pero que siempre rebosa con beneficios cuando yo lo necesito (que es siempre).

En tercer lugar, el salmista agrega: «Cumpliré mis votos al Señor». Pero ¿cómo los pagará? Los pagará sosteniendo la copa de la salvación e invocando al Señor. Es decir, los pagará con la fe en la gracia venidera.


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Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), páginas 37-38 

 

«El mal y las malas compañías»

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Escuela dominical #3

«El mal y las malas compañías»

Salvador Gómez Dickson

 

Salvador Gómez Dickson

Nació y creció en un hogar no cristiano siendo el menor de 4 hermanos. Conoció la gracia de Dios a la edad de 16 años. Es graduado de Ingeniería Industrial y de la Academia Ministerial de Trinity Baptist Church, New Jersey, donde estudio por cuatro años. Desde el año 1997 pertenece al Consejo de Pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, donde tiene la responsabilidad de exponer la Palabra de Dios cada domingo, además de impartir clases de Escuela Dominical. Ha participado como invitado en conferencias nacionales e internacionales. Es profesor de la Academia Ministerial Logos, de IBSJ donde ha impartido clases de Hermenéutica, Exégesis Bíblica, Griego, Doctrina del Hombre, de Cristo y de la Salvación, Introducción al Nuevo Testamento, entre otras. Es miembro del consejo directivo del Midwest Center for Theological Studies (MCTS) en Owensboro, KY, autor del libro “Amigo de Pecadores” y escribe artículos que aparecen en su blog https://www.elsonidodelaverdad.blogspot.com.

Está casado con Johanny Pérez y es padre de cuatro hijos: Mónica, Javier, Verónica y Gabriel.

Cinco piedras, cinco panes y cinco palabras

viernes 8 septiembre

David… escogió cinco piedras lisas del arroyo… y se fue hacia el filisteo.

1 Samuel 17:40

Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?

Juan 6:9

Prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida.

1 Corintios 14:19

Cinco piedras, cinco panes y cinco palabras

A menudo ponemos como pretexto nuestra falta de medios o de conocimiento para no cumplir un servicio para Dios. Tres ejemplos nos animan a no dar marcha atrás.

–David era un joven pastor; ¿qué podía hacer ante Goliat, quien se burlaba de Dios? No comparó su estatura con la del gigante, sino que era consciente de la grandeza de Dios y había experimentado su ayuda en otras ocasiones. Escogió, pues, cinco piedras en el torrente, pero una sola le bastó para matar con su honda al adversario: fue dirigida por la mano divina hacia el único defecto de la coraza.

–Miles de hombres y mujeres rodeaban a Jesús y a sus discípulos. Estos querían despedirlos, pues no había casi nada para comer. Pero no contaban con el poder de Jesús. Por mandato del Señor la multitud se sentó en la hierba, y asistieron al milagro de la multiplicación de los panes y de los peces que un muchacho había traído. ¡Todos quedaron saciados!

–Cinco palabras no es mucho para una predicación, sin embargo, si instruyen y animan, tendrán más impacto que un largo discurso.

Sentimos nuestra pequeñez ante las necesidades que vemos a nuestro alrededor, pero nuestro Dios lo sabe y nos dice, como dijo a Gedeón en otra época: “Ve con esta tu fuerza… ¿No te envío yo?” (Jueces 6:14), o como a Pablo: “Bástate mi gracia… mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).

2 Crónicas 24 – 1 Corintios 14:20-40 – Salmo 104:14-18 – Proverbios 22:28