La ecología

miércoles 21 junio

La creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad… Sabemos que toda la creación gime a una.

Romanos 8:20, 22

La ecología

Esta palabra, empleada la primera vez por Ernst Haeckel en 1866, designa una ciencia que estudia las relaciones entre los seres vivos y su entorno. Cada vez la ecología fue cobrando más importancia debido a los conflictos entre los intereses económicos, por una parte, y la protección de la naturaleza, por la otra.

El desarrollo de las sociedades modernas y de sus industrias no tiene muy en cuenta los equilibrios naturales del planeta. Actualmente muchas personas son conscientes de su responsabilidad en el desarrollo de la contaminación. Reconciliarse con la naturaleza, respetar el planeta, vivir de forma más natural, son ahora las preocupaciones corrientes.

Pero la constatación del conflicto entre el hombre y su entorno nos hace pensar en un problema fundamental, cuyas consecuencias son mucho más graves: la ruptura de la relación del hombre y su Creador. ¡Es tiempo de reconciliarse con Dios! Si bien él es el Creador, también es el Dios que desea tener una relación con cada ser humano en un contexto nuevo: ¡el de una nueva creación!

Jesús, el Hijo de Dios, vino a la tierra en semejanza de hombre para mostrar a su criatura el camino de acceso al nuevo nacimiento: “Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:7). Se trata de una transformación incomprensible para la mente humana, ocurre en el momento en que la persona cree en Jesús como su Salvador personal. “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es (otros traducen: nueva creación); las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). En este contexto nuevo, el creyente y Dios, su Creador, pueden vivir en perfecta armonía.

2 Reyes 21 – 1 Timoteo 3 – Salmo 73:10-20 – Proverbios 17:23-24

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Segunda Temporada – Programa 65 – «La delincuencia: Anatomía de un criminal»

«La delincuencia: Anatomía de un criminal»

Segunda Temporada – Programa 65

Eduardo Saladin –  Salvador Gomez – Daniel Elías Robles

 

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

http://www.entendiendolostiempos.org/

Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

(Jesús dijo a la mujer cananea:) No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.

Mateo 15:26-27

Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

Romanos 10:13

Jesús habla a las mujeres (8) – “Grande es tu fe”

Mateo 15:21-28

“Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. Pero Jesús no le respondió palabra” (Mateo 15:21-23).

El silencio de Jesús no se debía a una falta de compasión, pues su actuación al final así lo prueba. Él quería hacer brillar la fe de esta mujer y mostrar a sus discípulos que su amor iba más allá de los límites de Israel.

Luego, Jesús empezó a hablar con esta extranjera que lo reconocía como Señor. Fijémonos en la humildad e inteligencia de esta madre. No se desanimó por un rechazo que parecía despectivo. Su fe sobrepasó este obstáculo e inspiró sus respuestas. Jesús no le reprochó nada y no juzgó su actitud ni impertinente ni demasiado audaz. Al contrario: apreció la valentía de su fe y le dijo: “Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora” (v. 28).

Incluso antes de comprobarlo, ella supo que su hija había sido sanada. “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

Recordemos su ejemplo. Un aparente silencio puede ser la preparación de una respuesta divina inesperada.

El Señor responde a nuestros más grandes anhelos, ¡pero a su tiempo!

2 Reyes 19 – 1 Timoteo 1 – Salmo 72:12-20 – Proverbios 17:19-20

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Solo Dios es digno de ser adorado

domingo 18 junio

Juan… mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios.

Juan 1:35-36

A todo lo creado… oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.

Apocalipsis 5:13

Solo Dios es digno de ser adorado

Antes de empezar su ministerio, Jesús fue tentado por Satanás. Este lo incitó a que le rindiese homenaje, pero la respuesta del Señor fue categórica: “Escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Mateo 4:10).

Cuando el apóstol Juan quiso, en dos ocasiones, postrarse ante el ángel que le hablaba, este se lo impidió: “Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo… Adora a Dios” (Apoc. 19:10).

Cuando Pablo y Bernabé sanaron a un hombre enfermo de nacimiento, y la gente quiso honrarlos como si fuesen dioses, ellos se lo prohibieron rotundamente.

Debemos adorar solo a Dios. Aceptar o buscar el homenaje que solo se debe a Dios es puro orgullo, es la “condenación del diablo” (1 Timoteo 3:6).

Cuando Jesús vivió en la tierra, por ser el Hijo de Dios, en varias ocasiones los hombres le rindieron homenaje:

–Un leproso sanado se postró ante él (Lucas 17:16).

–Los discípulos le rindieron homenaje cuando calmó la tempestad (Mateo 14:33).

–Un hombre ciego de nacimiento y sanado por Jesús discernió en él al Hijo de Dios y lo adoró (Juan 9:38).

–Cuando Jesús resucitó y mostró sus heridas a Tomás, este exclamó: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28).

Jesús, hombre “humilde de corazón” (Mateo 11:29), al mismo tiempo es Dios, el único digno de recibir el honor y la adoración.

2 Reyes 18 – Efesios 6 – Salmo 72:1-11 – Proverbios 17:17-18

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Lo que nos frena

sábado 17 junio

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.

Gálatas 5:1

Sois estrechos en vuestro propio corazón… ensanchaos también vosotros.

2 Corintios 6:12-13

Lo que nos frena

Un mensaje para los jóvenes cristianos

Quizá tenga la impresión de que lo que le frena en su vida cristiana son las condiciones de vida, las obligaciones sociales y profesionales, o incluso sus limitaciones físicas, su salud, sus capacidades. Esto puede ser cierto en algunos puntos, y si puede remediarlo, al menos en parte, vale la pena hacerlo. El apóstol Pablo escribió a los cristianos esclavos de Corinto: “Si puedes hacerte libre, procúralo más” (1?Corintios 7:21).

Pero en cuanto a esto, también hay una gran parte de ilusión, de la cual debemos ser conscientes, de otra manera nunca disfrutaremos de una verdadera libertad. ¿Qué piensa de ello? Si toda obligación exterior desapareciera, ¿sería suficiente para que usted encontrase la plena libertad a la que aspira?

En este ámbito, como en muchos otros, nuestras dificultades tienen su origen no fuera de nosotros, sino en nosotros. El problema está en nuestro propio corazón; ahí está el origen de nuestra falta de libertad. Nuestro corazón es prisionero de su egoísmo, de sus miedos y pasiones. Es él el que debe cambiar, dejándose educar por Jesucristo. Pidámosle a Dios, quien ha hecho de nosotros sus hijos, que abra nuestros corazones para que tomen consciencia de su amor y de su gracia. Entonces nuestra mente será liberada de todo lo que nos carga y nos frena. Tendremos una visión más abierta, más justa y más benevolente de los demás, y quizá también más justa de nosotros mismos.

2 Reyes 17:24-41 – Efesios 5 – Salmo 71:19-24 – Proverbios 17:15-16

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Una ley ineludible

Veo otra ley en mis miembros… que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

Romanos 7:23

La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

Romanos 8:2

Una ley ineludible

Si tengo en mi mano una pelota y la suelto sin darle ningún impulso, ¿qué dirección tomará? Obviamente caerá al suelo, debido a la ley de la gravedad. Pero si la lanzo hacia arriba con todas mis fuerzas, subirá, pero muy pronto caerá nuevamente al suelo. El impulso que le doy no basta para librarla de la atracción de la tierra. La ley de la gravedad es un principio físico del que nadie puede librarse.

En el ámbito moral, también existe una ley universal. El apóstol Pablo la llama “la ley del pecado que está en mis miembros”. Desde que el primer hombre pecó, esta ley esclaviza y gobierna la condición moral de la humanidad. Por sí mismo, todo descendiente de Adán peca irresistiblemente. Los llamados de su conciencia, la religión y la moral no bastan para liberarlo de esta terrible servidumbre. Lo admita o no, el hombre cede al mal sin poder resistir. Al huir de la luz de Dios, va de forma natural hacia las tinieblas; permanece bajo el dominio del pecado y se hace esclavo del diablo porque teme el juicio de Dios. Es una ley, confirmada por la experiencia desde hace miles de años.

Pero esta ley no tiene ningún efecto sobre Jesús, pues “no hay pecado en él” (1 Juan 3:5). El Hijo de Dios vino para libertarnos (Juan 8:36). Si creemos en él, la ley del pecado deja el paso a una nueva ley liberadora: “la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús”. Entonces el Espíritu de Dios dirige al creyente y lo empuja a hacer el bien. Dejémonos, pues, conducir por él y “andemos… por el Espíritu” (Gálatas 5:25).

2 Reyes 17:1-23 – Efesios 4:17-32 – Salmo 71:12-18 – Proverbios 17:13-14

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La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento

jueves 15 junio

Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Filipenses 4:6-7

La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento

Cristianos, a menudo la Biblia nos exhorta a permanecer tranquilos, pese a las dificultades. Nos esforzamos en ello, y esto es bueno. Pero, ¿qué dice el versículo del día? “La paz de Dios… guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. No dice que nuestros corazones siempre conservarán esta paz, sino que, cuando hayamos echado nuestra carga sobre él, en oración, su paz guardará nuestros corazones.

Dios sabe de antemano todo lo que nos va a suceder. Todos los acontecimientos forman parte de sus planes y no cambian en nada su amor por nosotros. Por gracia podemos disfrutar de sus tiernos cuidados. ¡Él nos escucha! Por eso, en todas las circunstancias, en vez de preocuparnos y pensar que va a suceder lo peor, presentemos nuestras oraciones a Dios y contémosle todo lo que carga nuestros corazones. Podemos confiar en su perfecto amor y exponerle con libertad nuestras peticiones: su respuesta siempre será una respuesta de gracia, incluso si no es la que esperamos.

¡Mantengamos firme nuestra confianza teniendo presente que le hemos confiado nuestras dificultades! Creamos que él está por encima de todas las situaciones que podrían turbarnos. Entonces experimentaremos que él tranquiliza nuestro pesado corazón dándonos su paz, que “sobrepasa todo entendimiento”.

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3).

2 Reyes 16 – Efesios 4:1-16 – Salmo 71:7-11 – Proverbios 17:11-12

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Mi nuevo nacimiento a los cuarenta y ocho años

miércoles 14 junio

Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.

Efesios 2:8

La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

Romanos 10:17

Mi nuevo nacimiento a los cuarenta y ocho años

«A los veinticinco años, cuando fui nombrado sacerdote, cursé un ciclo de estudios universitarios superiores. Allí empecé a sentir el vacío que había en mi interior. Me habían enseñado que la Biblia solo tenía un valor relativo y que en muchos ámbitos su veracidad era discutible. No obstante, decidí leer la Biblia para saber lo que ella misma dice. Así comprendí que ella es, al contrario, perfectamente fiable, que proviene de Dios y que enseña grandes verdades. Los hechos históricos que hallamos en ella son verídicos; todas las promesas de Dios son verdaderas, igual que las profecías. Los mandamientos bíblicos hacen que vivamos según la justicia (2 Timoteo 3:16-17).

Finalmente, después de largo tiempo, a los cuarenta y ocho años comprendí, solo mediante la Palabra de Dios, que Cristo murió en mi lugar en la cruz. Estaba maravillado al ver cómo la gracia de Dios puede actuar eficazmente solo por medio de la Biblia, presentando la persona del Señor Jesús…

Para explicar la vida abundante que Jesús ofrece y de la que gozo en la actualidad, no existen palabras más expresivas que estas: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:1-2)».

Richard

2 Reyes 15 – Efesios 3 – Salmo 71:1-6 – Proverbios 17:9-10

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¿Cómo es posible?

martes 13 junio

Como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos… Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.

Romanos 5:19-20

Os es necesario nacer de nuevo.

Juan 3:7

¿Cómo es posible?

¡Apagué la radio, estaba horrorizado! Acababa de escuchar el reportaje de un juicio, con detalles cada vez más repugnantes. Estaba indignado… pero no me sentía concernido.

Sin embargo, ¿quién es el acusado? Si vamos al origen, su padre se llama… Adán. ¿Y el mío? ¡Si vuelvo al origen… también! Tenemos el mismo padre. ¡Qué escándalo! Yo, que soy una persona honesta y de buena moral, ¿tengo el mismo ascendiente, la misma naturaleza que este infame individuo?

Sí, Adán, hombre pecador, solo pudo engendrar hombres con la misma naturaleza que él. Así como un manzano produce manzanas, un hombre pecador engendra hombres pecadores que producen… pecados. Por lo tanto, tengo la misma naturaleza que el acusado del que estaba horrorizado. Unos manzanos producen mucho fruto, otros poco, pero no dejan de ser manzanos. Y el descendiente de un hombre pecador es, inevitablemente, un hombre pecador; el pecado “mora” en él (Romanos 7:20).

¡Qué conclusión negativa e indignante!, dirá usted. ¡Pero la historia de la humanidad no ha hecho más que confirmarlo!

No obstante, si acepto la sentencia de Dios sobre la descendencia de Adán, también aprendo que Dios sacrificó a su Hijo para liberarme de esta mala naturaleza. Por la fe en Cristo nazco de nuevo. Entonces recibo su naturaleza sin pecado, y paso a ser hijo de Dios. La gracia de Dios me permite pertenecer a un nuevo maestro: Jesucristo.

2 Reyes 14 – Efesios 2 – Salmo 70 – Proverbios 17:7-8

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Jesús habla a las mujeres (7) – “Ni yo te condeno”

Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.

Juan 8:10-11

Jesús habla a las mujeres (7) – “Ni yo te condeno”

Juan 8:1-11

Unos hombres religiosos llevaron a Jesús una mujer que había sido sorprendida en flagrante delito de adulterio. Querían que Jesús cayese en la trampa: a él, quien traía la gracia, querían ponerlo en contradicción con la Ley divina.

La acusación había sido pronunciada, el círculo de los acusadores y la mujer presentada ante Jesús estaban esperando. Jesús se agachó y escribió con el dedo en la tierra.

El silencio era tenso… Los acusadores insistieron, entonces Jesús se levantó y dijo: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” (v. 7). Luego volvió a escribir, y su silencio fue más elocuente que las palabras.

¡Ellos también se callaron! Y salieron “uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros” (v. 9). Ahora, ¿tenían un juicio más justo sobre sí mismos?

¡Solo había uno que no tenía pecado! Solo había uno que podía condenar. ¡Y se abstuvo de hacerlo! Jesús no vino para condenar, sino para salvar. Pudo perdonar a la acusada e invitarla a tomar un nuevo camino: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (v. 11).

Un nuevo futuro se abría ante esta mujer que no tenía ninguno. ¡Para ella y para los hombres que de repente se habían quedado en silencio, era posible empezar de nuevo! ¡Y para usted, sea quien sea, también! Todos nosotros, que a menudo somos tan hipócritas, ¡podemos volver a empezar!

2 Reyes 13 – Efesios 1 – Salmo 69:29-36 – Proverbios 17:5-6

2 Reyes 12 – Romanos 16 – Salmo 69:19-28 – Proverbios 17:3-4© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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