Cuando todos nos abandonan

MARZO, 28

Cuando todos nos abandonan

Devocional por John Piper

En mi primera defensa nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron; que no se les tenga en cuenta. Pero el Señor estuvo conmigo y me fortaleció, a fin de que por mí se cumpliera cabalmente la proclamación del mensaje y que todos los gentiles oyeran. Y fui librado de la boca del león. El Señor me librará de toda obra mala y me traerá a salvo a su reino celestial. A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. (2 Timoteo 4:16-18)

Esta mañana me detuve a pensar en esas magníficas palabras que le rompen el corazón a uno. Pablo estaba bajo custodia en Roma. Hasta donde sabemos, no lo soltaron. Su última carta termina de esta manera.

¡Consideren esto y queden atónitos!

Él fue abandonado. Un hombre mayor, un fiel servidor en una ciudad ajena, lejos de su casa, rodeado de enemigos y en peligro de muerte. ¿Por qué? Respuesta: Para poder escribir esta oración maravillosa a nuestras almas: ¡«Pero el Señor estuvo conmigo»!

¡Oh, cuánto amo esas palabras! Cuando los amigos más cercanos nos abandonan, ¿clamamos en contra de Dios? ¿Será que nuestro dios en realidad es la gente en nuestra vida? ¿O será que esta verdad gloriosa nos llena de coraje: «Estaré con ustedes hasta el fin del mundo»? ¿Se fortalece nuestro corazón con el juramento inexorable: «Nunca te dejaré ni te desampararé»?

Entonces digamos: «¡El Señor estuvo conmigo!».

Pregunta: ¿Cuál era la amenaza en el versículo 18? Respuesta: ¡Que Pablo no llegara a salvo al reino celestial del Señor! «El Señor… me traerá a salvo a su reino celestial».

Pregunta: ¿De qué manera estaba en peligro el hecho de que Pablo alcanzara el reino celestial? Respuesta: «toda obra mala». «El Señor me librará de toda obra mala y me traerá a salvo a su reino celestial».

Pregunta: ¿Cómo puede ser que una obra mala ponga en peligro el hecho de que Pablo alcance el reino celestial? Respuesta: al tentarlo a abandonar su lealtad a Cristo por medio de la desobediencia.

Pregunta: ¿Fue esta tentación de «la boca del león» de la que él fue librado? Respuesta: Sí. «Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quién devorar. Pero resistidle firmes en la fe».

Pregunta: ¿Entonces quién se lleva la gloria de que Pablo no cediera ante esta tentación sino que permaneciera en fe y obediencia hasta el final? Respuesta: «A Él [el Señor] sea la gloria por los siglos de los siglos».

La última pregunta: ¿Por qué? ¿No fue acaso Pablo quien se mantuvo firme? Respuesta: ¡«El Señor estuvo conmigo y me fortaleció»!

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Tal como soy (1)

Tal como soy (1)

Jesús les dijo:… No he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Marcos 2:17

Al que a mí viene, no le echo fuera. Juan 6:37

(Jesús dijo a la mujer:) Tus pecados te son perdonados… Tu fe te ha salvado, ve en paz. Lucas 7:48, 50

Charlotte Eliott, artista inglesa del siglo 19, tenía un don especial para la música y la poesía. Alabada por sus talentos, apreciaba los placeres de la vida mundana. Pero a la edad de 32 años, una enfermedad degenerativa trastornó su vida. A partir de entonces, los dolores, la discapacidad y la dependencia fueron su porción diaria. Se sumió en la desesperación y la rebeldía: «Si Dios me amara no me trataría así», pensaba.

Un amigo de la familia, el evangelista César Malan, fue a su casa. Mientras comían, preguntó a Charlotte si era cristiana. Ella respondió con insolencia: «¡Métase en sus asuntos!». Los días pasaban, pero el malestar de Charlotte no se apaciguaba. Entonces decidió ir a ver a César Malan, le pidió perdón por su forma de hablar insolente y reconoció que le gustaría ir a Jesucristo, pero no sabía cómo. ¿Tenía que volverse buena y hacer progresos espirituales?

César Malan la miró y le respondió simplemente: «Vaya a Jesús tal como es, con sus luchas, sus temores, su resentimiento, su orgullo, su vergüenza…».

Estas palabras tan sencillas produjeron un efecto liberador en Charlotte, quien llevó al Señor la carga de sus pecados y a cambio recibió una paz y un gozo que nunca antes había experimentado. Su enfermedad y su discapacidad continuaron, pero su vida cambió totalmente.

Unos años más tarde, aquellas palabras de César Malan le inspiraron el cántico: «Tal como soy…».

(mañana continuará)

Ezequiel 22 – Hechos 27:13-44 – Salmo 37:16-22 – Proverbios 12:13-14

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Diez resultados de la resurrección

MARZO, 27

Diez resultados de la resurrección

Devocional por John Piper

Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es falsa; todavía estáis en vuestros pecados. (1 Corintios 15:17)

He aquí diez cosas extraordinarias que tenemos gracias a la resurrección de Jesús:

1) Un salvador que no puede volver a morir nunca más: «…sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, no volverá a morir» (Romanos 6:9).

2) Arrepentimiento: «El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros habíais matado colgándole en una cruz. A éste Dios exaltó a su diestra como Príncipe y Salvador, para dar arrepentimiento a Israel» (Hechos 5:30-31).

3) Un nuevo nacimiento: «…según su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos» (1 Pedro 1:3).

4) Perdón de pecados: «Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es falsa; todavía estáis en vuestros pecados» (1 Corintios 15:17).

5) El Espíritu Santo: «A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís» (Hechos 2:32-33).

6) Ninguna condenación para los escogidos: «¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios» (Romanos 8:34).

7) Una relación personal con Jesús y su protección: «He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:20).

8) Pruebas de juicio venidero: «Él [Dios] ha establecido un día en el cual juzgará al mundo en justicia, por medio de un Hombre a quien ha designado, habiendo presentado pruebas a todos los hombres al resucitarle de entre los muertos» (Hechos 17:31).

9) Salvación de la ira venidera de Dios: «…y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de entre los muertos, es decir, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera» (1 Tesalonicenses 1:10; Romanos 5:10).

10) Nuestra propia resurrección de entre los muertos: «…sabiendo que aquel que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros. (2 Corintios 4:14; Romanos 6:4; 8:11; 1 Corintios 6:14; 15:20).

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Tú fuiste realmente misericordioso conmigo

Tú fuiste realmente misericordioso conmigo

Si confesamos nuestros pecados, él (Dios) es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

1 Juan 1:9

Habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

1 Corintios 6:11

Testimonio

«Nací en una familia cristiana, pero realmente me convertí a los 17 años. Hasta ahí me debatía entre ser o no ser cristiano, pues sabía que si recibía al Señor Jesús como mi Salvador, tendría que aceptarlo como mi Señor.

Una noche estaba solo en mi habitación. Mi alma no estaba en paz. Sentado o acostado, no lograba hallar reposo. ¿Tenía que creer en el Señor Jesús, o no? Quería decir no, pero eso hacía que me sintiese incómodo en el fondo de mi ser. Había una verdadera lucha en mí. Entonces me arrodillé para orar. Al principio no sabía qué decir, pero finalmente muchos pecados vinieron a mi memoria. Nunca había vivido algo semejante hasta ese momento. Me vi a mí mismo como un pecador, y también vi la gracia del Señor. Fui consciente de toda la podredumbre del pecado, y también comprendí que la preciosa sangre de Jesús me purificaba y me hacía más blanco que la nieve. Era como si él extendiese sus manos para recibirme, diciéndome: ¡Te estaba esperando!

Antes me burlaba de los que creían en Jesús, pero aquella noche lloré y confesé mis pecados, buscando el perdón del Señor. Después de haber orado, comprendí que ya no tenía el peso de mis pecados, y me sentí lleno de gozo y paz. Solo en mi habitación, pude exclamar: Señor Jesús, tú fuiste realmente misericordioso conmigo».

W. N.

Ezequiel 21 – Hechos 27:1-12 – Salmo 37:8-15 – Proverbios 12:11-12

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Segunda Temporada – Programa 4 – «La Biblia, el libro de Dios»

«La Biblia, el libro de Dios»

Segunda Temporada – Programa 4

Eduardo Saladin – Sugel Michelén – Marcos Peña

 

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

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Cómo deleitarse en la Palabra de Dios

MARZO, 26

Cómo deleitarse en la Palabra de Dios

Devocional por John Piper

¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!, más que la miel a mi boca. (Salmos 119:103)

Nunca hemos de reducir el cristianismo a un asunto de demandas, resoluciones y fuerza de voluntad. El asunto es qué es lo que amamos, qué es lo que nos da gozo, y qué es apetitoso para nosotros.

Cuando Jesús vino al mundo, la humanidad estaba dividida de acuerdo a lo que los hombres amaban: «La luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz» (Juan 3:19). El justo y el malvado están separados por aquello en lo que se deleitan: la revelación de Dios o los caminos del mundo.

Alguien podría preguntarse: ¿Cómo puedo deleitarme en la Palabra de Dios? Mi respuesta sería dual:

Oremos por nuevas papilas gustativas en la lengua de nuestro corazón, y meditemos en las extraordinarias promesas de Dios para su pueblo.

El mismo salmista que dijo: «Cuán dulces son a mi paladar tus palabras» (119:103); dijo antes: «Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley» (119:18). Él oró, porque tener papilas gustativas santas en la lengua del corazón es un don de Dios. Ningún hombre tiene hambre por la sabiduría de Dios y se goza en ella de manera natural.

Pero cuando hayamos orado, incluso mientras oramos, meditemos en los beneficios que Dios promete a su pueblo y en el gozo de tener al Dios Todopoderoso como nuestro ayudador ahora y como esperanza para siempre.

¿A quién no le gustaría leer un libro cuya lectura lo cambiara de ser paja a ser un cedro del Líbano, o de ser el efecto dust bowl (cuenca de polvo) en Texas a ser un huerto de árboles frutales en Hawái? En el fondo, ninguno de nosotros quiere ser paja —sin raíces, sin peso, inútil—. Todos nosotros queremos tomar fuerzas del río profundo de la realidad y convertirnos en personas útiles y productivas.

Ese río de la realidad es la Palabra de Dios, y los grandes santos se han hecho grandes por ella.

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Llevar su cruz

Llevar su cruz

Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. – Mateo 16:24

Que seáis llenos del conocimiento de su voluntad… para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo. – Colosenses 1:9-10

Hoy, en el lenguaje común, «llevar su cruz» significa soportar un sufrimiento largo y persistente debido a una enfermedad, una discapacidad o, más generalmente, un problema que nos parece sin solución. Esta expresión tiene su origen en la Biblia, pero no es realmente esto lo que Jesús pide a sus discípulos.

Tomar “su cruz cada día” (Lucas 9:23), en sentido espiritual, es vivir diariamente la nueva condición en la que la cruz de Cristo me colocó. “Con Cristo estoy juntamente crucificado” (Gálatas 2:20). No es una dura obligación, sino todo lo contrario, una verdadera liberación: “Y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”, añadió el apóstol Pablo.

Nuestros pecados fueron borrados mediante la cruz de Cristo, pues él murió en nuestro lugar. Por ella también hemos sido liberados de lo que éramos, ya que hemos muerto con él. Si lo recibo por la fe, entonces puedo vivir “en vida nueva” (Romanos 6:4-5).

Tomar nuestra cruz es, pues, afirmar que nuestra identidad cambió, es vivir la vida de Cristo resucitado. Hemos pasado a ser hijos de Dios: “Ahora somos hijos de Dios” (1 Juan 3:1-2).

“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 5:1-2).

Ezequiel 20:23-49 – Hechos 26:19-32 – Salmo 37:1-7 – Proverbios 12:9-10

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Satisfechos para siempre

MARZO, 25

Satisfechos para siempre

Devocional por John Piper

Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed. (Juan 6:35)

Este pasaje señala el hecho de que creer en Jesús es alimentarse y beber de todo lo que Jesús es. Abarca tanto como decir que la sed de nuestra alma se satisface con Jesús, de manera que no tenemos más sed.

Él es el fin de nuestra búsqueda de satisfacción.

Cuando confiamos en Jesús de la manera en que Juan quiere que lo hagamos, la presencia y la promesa de Jesús nos satisfacen tanto que ya no estamos dominados por la atracción de los placeres del pecado (ver Romanos 6:14). Esto explica por qué ese tipo de fe en Jesús anula el poder del pecado y hace posible la obediencia.

Juan 4:14 señala en la misma dirección: «pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna». De acuerdo con Juan 6:35, la fe que salva de la que se habla acá es como beber del agua que satisface los deseos más profundos del alma.

Ocurre lo mismo en Juan 7:37-38: «Jesús, puesto en pie, exclamó en alta voz, diciendo: “Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba. El que cree en mí, como ha dicho la Escritura: ‘De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva’”».

A través de la fe, Cristo se convierte en una fuente inagotable de vida dentro de nosotros que nos satisface para siempre y que nos guía al cielo. Esto lo hace enviándonos su Espíritu (Juan 7:38-39).

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¿Muy pocos serán salvos?

¿Muy pocos serán salvos?

Alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. – Lucas 13:23-24

Algunas preguntas de la Biblia

Alguien preguntó a Jesús si son pocas las personas que se salvan. El Señor no respondió directamente la pregunta, pero explicó lo que cada uno debe hacer para ser salvo. “Esforzaos a entrar por la puerta angosta” (Lucas 13:24). El camino de la salvación es accesible a todos y es el mismo para todos: Hay que pasar por la puerta estrecha, es decir, por Jesús crucificado. “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo” (Juan 10:9).

Entrar por esta puerta es reconocerse perdido y creer que Jesús es el único medio para ser salvo. Hay que renunciar a cualquier otro medio humano, por ejemplo: obras religiosas, adhesión intelectual, tradiciones, educación…

Antes de su conversión el apóstol Pablo, hombre muy instruido, animado por un celo salvaje por su religión, perseguía a los creyentes. Pero luego estimó como “basura” todas las ventajas que había recibido de su educación y de sus funciones religiosas. Su fe contaba solamente con la justicia que Dios da a aquel que cree (ver Filipenses 3:9).

Si rehusamos ir al Señor, buscarlo y creer en él, entonces permanecemos lejos de Dios, unidos al mal, y nos exponemos a escuchar esta terrible frase del Señor en el día del juicio: “No os conozco” (Mateo 25:12).

Ser salvo es primeramente tener la vida eterna mediante la fe en Cristo. Solo entonces podremos llevar una vida que agrade a Dios, y esforzarnos en permanecer arraigados a su gracia.

Ezequiel 20:1-22 – Hechos 26:1-18 – Salmo 36:7-12 – Proverbios 12:7-8

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El ministerio y el temor al hombre

MARZO, 24

El ministerio y el temor al hombre

Devocional por John Piper

No tengas temor ante ellos, porque contigo estoy para librarte —declara el Señor—. (Jeremías 1:8)

Un gran obstáculo para servir al Señor, especialmente en los jóvenes, es el temor al rechazo y a la oposición.

Muchos pensamientos me vienen a la mente acerca del hecho que a algunas personas pueda no gustarles la manera en que yo procedo. Puede ser que la gente esté en desacuerdo o que se ofenda. Puedo cometer un error y ser criticado.

El temor al hombre es un gran impedimento para el ministerio.

Por eso Dios dice: «No teman porque yo estaré con ustedes y yo los liberaré». La presencia de Dios y su aprobación son de más valor que todas las acoladas del hombre. Y Dios dice que en nuestros problemas y a través de ellos: «Yo los liberaré. Triunfarán al final. Serán más que vencedores».

Y lo mismo se nos promete en Cristo Jesús hoy día:

  • «Él mismo ha dicho: “Nunca te dejaré ni te desampararé”, de manera que decimos confiadamente: “El Señor es el que me ayuda; no temeré. ¿Que podrá hacerme el hombre?”» (Hebreos 13:5-6).
  • «Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?» (Romanos 8:31).

Dios le dijo a Jeremías, y le dice a los jóvenes a quienes él ha llamado a servirlo hoy: «No digan “Soy solo un joven”». ¿Por qué?

  • Porque la vida de ustedes está arraigada en propósitos de Dios firmes y soberanos. Han sido escogidos y consagrados y formados y designados para un gran propósito.
  • Porque la autoridad de Dios, no la de ustedes, está detrás de sus salidas y de las cosas que digan.

Porque el mismo Dios estará con ustedes para librarlos de todas las dificultades.

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