Un malhechor en el paraíso

Un malhechor en el paraíso

(El malhechor) dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. – Lucas 23:42-43

El malhechor crucificado al lado de Jesús estaba al borde de la eternidad. De repente descubrió que al salir de las manos de la justicia humana, iba a caer en las de la justicia divina. La única perspectiva para este hombre era: sufrimientos de este lado de la muerte y sufrimientos del otro lado. Momentos antes, al igual que su compañero, blasfemaba; ahora se hacía preguntas.

Pero en medio de su angustia vio un resplandor que emanaba de aquel que, a su lado, estaba crucificado al igual que él, pero que hablaba con amor a los suyos e imploraba el perdón para sus verdugos. Este resplandor lo atrajo, iluminó su estado pecaminoso y lo llevó a creer que Jesús reinará. Entonces le pidió que se acordase de él.

La respuesta fue más allá de lo que esperaba: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (v. 43). ¡Cuánto consuelo daría esta promesa al ladrón en medio de su agonía, y qué alivio a su sufrimiento moral! ¡Esto también regocijó al Salvador! Jesús, rechazado también, iba a llevar consigo a este hombre a quien la sociedad excluía y condenaba. Un malhechor arrepentido iba a ir al paraíso. Entraría como testigo del poder de la muerte de Jesús para salvar a pecadores como él. Cristo, crucificado a su lado, iba a morir por él. Días antes el Señor había anunciado que él era como esa semilla de trigo que cae en tierra y muere, pero “si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24). ¡Y ese malhechor era uno!

“Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18).

Ezequiel 19 – Hechos 25 – Salmo 36:1-6 – Proverbios 12:5-6

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La ignorancia garantiza la impiedad

MARZO, 23

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La ignorancia garantiza la impiedad

Devocional por John Piper

Pues su divino poder nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia. (2 Pedro 1:3)

Estoy maravillado del poder que la Biblia otorga al conocimiento.

Consideremos 2 Pedro 1:3: «su divino poder [de Dios] nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia».

Literalmente, todo el poder disponible de Dios para vivir y ser piadosos viene a través del conocimiento. ¡Increíble! ¡Qué gran valor deberíamos darle a la doctrina y a la instrucción de las Escrituras! La vida y a la piedad están en juego.

No es que el saber garantice una vida piadosa. No lo hace; pero parece ser que la ignorancia garantiza la impiedad, porque Pedro dice que el poder divino que lleva a la piedad es otorgado a través del conocimiento de Dios.

He aquí tres implicancias, una advertencia y una promesa:

1. ¡Leamos, leamos, y leamos! Pero cuidado con perder el tiempo con doctrinas espumosas. Leamos libros ricos en doctrina acerca de «aquel que nos llamó para su gloria y excelencia».

2. ¡Meditemos y meditemos! Vayamos más despacio. Tomemos el tiempo para pensar en la Biblia. Hagamos preguntas. Escribamos un diario. Permitamos ser turbados humildemente por cosas confusas. Las percepciones más profundas vienen al tratar de ver la raíz que une las dos ramas aparentemente antagónicas.

3. Discutamos y discutamos. Seamos parte de un grupo pequeño al que le importe mucho la verdad. Que no sea un grupo al que simplemente le guste hablar y plantear problemas, sino un grupo que crea que hay respuestas bíblicas a problemas bíblicos.

Una advertencia: «Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento» (Oseas 4:6). «Tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento» (Romanos 10:2).

Una promesa: «Y ninguno de ellos enseñará a su conciudadano ni ninguno a su hermano, diciendo: “Conoce al Señor”, porque todos me conocerán,
desde el menor hasta el mayor de ellos. Pues tendré misericordia de sus iniquidades, y nunca más me acordaré de sus pecados» (Hebreos 8:11-12).

 

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¿Por qué dormís?

¿Por qué dormís?
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Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación.
Lucas 22:45-46
Algunas preguntas de la Biblia

Jesús acostumbraba retirarse a Getsemaní, un huerto ubicado al este de Jerusalén. Este lugar ha quedado grabado en la memoria de los cristianos: allí Jesús estuvo muy triste, fue traicionado y detenido. Allí, en medio de intensas oraciones, más allá de lo que podemos comprender, Jesús aceptó ir a la cruz y derramar “su vida hasta la muerte” (Isaías 53:12).

Jesús tomó consigo algunos de sus compañeros para que estuviesen con él y orasen. Luego se alejó y, solo con su Dios, oró: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). Ningún discípulo comprendió la intensidad de ese combate espiritual, sin embargo Jesús les había dicho: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo” (Mateo 26:38).

Cristianos, nos quedamos pensativos y admirados ante tal tristeza y tales sufrimientos… El combate del Señor nos hace sentir el horror que Dios tiene al pecado, y la grandeza de su amor.

Según las profecías, el Salvador fue dejado solo, no tuvo ningún consolador (Salmo 69:20). Los discípulos se durmieron de tristeza. Jesús no les hizo ningún reproche, solo les dijo: “¿Por qué dormís?”. Luego los animó, como lo hace con nosotros: “Levantaos, y orad para que no entréis en tentación” (Lucas 22:46). El sueño espiritual equivale a los momentos, a los días que el cristiano pasa lejos de Cristo. Son ocasiones propicias para que la tentación nazca en nuestro corazón.

 

Ezequiel 18 – Hechos 24 – Salmo 35:22-28 – Proverbios 12:3-4

La tienda de golosinas de Satanás

MARZO, 22

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La tienda de golosinas de Satanás

Devocional por John Piper

 

Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado. (1 Pedro 4:1)

Al principio, esto confunde. ¿Acaso Cristo tuvo que dejar de pecar? ¡No! «El cual no cometió pecado» (1 Pedro 2:22).

Luego hace clic. Cuando nos armarnos del pensamiento de que Cristo sufrió por nosotros, nos damos cuenta de que nosotros morimos con él. «Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia» (1 Pedro 2:24). Cuando morimos con él, dejamos de pecar.

Es precisamente lo que dice Romanos 6: «…sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Él, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; porque el que ha muerto, ha sido libertado del pecado… Así también vosotros, consideraos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús» (Romanos 6:6-7, 11).

Pedro dice: «vosotros también armaos del mismo pensamiento».

Pablo dice: «consideraos muertos».

El arma para nuestras vacaciones es un pensamiento, una consideración.

Cuando la tentación de Satanás venga —tentación de lujuriar, robar, mentir, codiciar, envidiar, tomar represalias, apocar, temer— armémonos de este pensamiento: Cuando mi Señor sufrió y murió para liberarme del pecado, ¡morí al pecado!

Cuando Satanás nos diga, ¿Por qué te niegas el placer de la lujuria? ¿Por qué lidiar con embrollos cuando lo puedes evitar mintiendo? ¿Por qué no seguir adelante con el lujo inofensivo que tanto codicias? ¿Por qué no buscar justicia devolviendo el mismo mal que recibiste?

Respondámosle: El Hijo de Dios sufrió (¡verdaderamente sufrió!) para liberarme del pecado. No puedo creer que él haya sufrido para hacerme miserable. Por lo tanto, lo que compró al morir debe ser mucho mejor que los placeres del pecado. Como yo confío en él, mi susceptibilidad a tus seducciones se ha marchitado y muerto.

¡Atrás, Satanás! Mi boca ya no babea cuando paso por tu tienda de golosinas.

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Las riquezas

Las riquezas
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A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.
1 Timoteo 6:17

La crisis económica y financiera que empezó en 2008 reveló la arriesgada gestión de las obligaciones estatales y de los préstamos bancarios. ¡Se perdieron enormes cantidades de dinero! Programas demasiado ambiciosos y el afán de ganar dinero fácil hicieron que mucha gente especulara imprudentemente y perdiera todo.

La Biblia nos advierte que las riquezas materiales no son fiables y que pueden desaparecer rápidamente. “Vuestro oro y plata están enmohecidos” (Santiago 5:3). El cristiano es exhortado a no aferrarse a ellas. “No te afanes por hacerte rico; sé prudente, y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas como alas de águila, y volarán al cielo” (Proverbios 23:4-5).

Los bienes materiales nos son prestados por Dios para nuestra vida en el mundo, y los abandonaremos cuando dejemos esta tierra. Nuestra responsabilidad es administrarlos correctamente, no solo para nuestras necesidades personales, sino para el bien de todos, permaneciendo fieles a nuestro Maestro celestial, es decir, demostrando sabiduría, bondad, justicia…

No olvidemos que tendremos que rendir cuentas de nuestra administración, como el mayordomo de Lucas 16:1-2. Esforcémonos para ser de aquellos a quienes Dios podrá decir: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21).

Ezequiel 17 – Hechos 23:12-35 – Salmo 35:15-21 – Proverbios 12:1-2
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La mejor promesa de Dios

Marzo, 21

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La mejor promesa de Dios

Devocional por John Piper

El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con Él todas las cosas? (Romanos 8:32)

La promesa de mayor alcance sobre la gracia venidera se encuentra en Romanos 8:32. Para mí, este es el versículo más precioso de la Biblia. Parte de la razón es que la promesa es tan vasta, que está presente para ayudarme en prácticamente cada paso de mi vida y ministerio. Nunca ha habido, ni habrá, una circunstancia en mi vida donde esta promesa sea irrelevante.

Por sí sola, esta promesa tan extensa probablemente no haría que este versículo fuera tan valioso. Hay otras promesas de gran amplitud, como Salmos 84:11: «nada bueno niega [Dios] a los que andan en integridad»; y 1 Corintios 3:21-23: «…todo es vuestro: ya sea Pablo, o Apolos, o Cefas, o el mundo, o la vida, o la muerte, o lo presente, o lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios». Es difícil exagerar la espectacular extensión y alcance de estas promesas.

Pero lo que sitúa a Romanos 8:32 en una categoría única es la lógica que eleva la promesa y hace que sea tan sólida e inamovible como lo es el amor de Dios por su Hijo infinitamente admirable.

Romanos 8:32 contiene un fundamento y una garantía tan fuertes, tan sólidos y tan seguros, que no existe en lo absoluto la posibilidad de que la promesa pudiera ser quebrantada alguna vez. Esto es lo que hace que sea una fortaleza siempre presente en momentos de gran confusión. Sin importar qué ocurra, qué nos decepcione, o qué falle, esta promesa tan extensa de gracia para el futuro nunca puede fallar.

«El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros…». Si esto es verdad, dice la lógica del cielo, ¡entonces Dios ciertamente dará todas las cosas a aquellos por quienes él dio a su Hijo!

 

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Id y vedlo

Id y vedlo
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(El Señor) me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.
2 Corintios 12:9
(Jesús dijo:) Separados de mí nada podéis hacer.
Juan 15:5
Lea Marcos 6:34-44

“¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo”, dijo Jesús a sus discípulos. Estaban ante una multitud de cinco mil hombres, y Jesús les había ordenado que los alimentasen. Los discípulos hicieron cuentas y respondieron: “Cinco, y dos peces” (v. 38). ¿Qué hacer?

Entonces Jesús les pidió que le trajesen los panes y los peces, y que hicieran sentar a la gente. ¡Por su poder, cinco mil hombres fueron saciados, y quedaron abundantes restos!

¿Por qué Jesús insistió en que sus discípulos contasen los panes? ¿Pensaba que tenían suficiente para alimentar a cinco mil hombres? ¡Seguro que no! Él conocía la respuesta. Y si hubiesen tenido la mitad o diez veces más, para él hubiese sido lo mismo. Podía alimentar a esa multitud a partir de nada, pero mediante esta pregunta quería que los discípulos se diesen cuenta de que sin él no podían hacer lo que les pedía.

Esta escena está llena de enseñanza para los creyentes. Incluso si no nos necesita, Jesús quiere que participemos en su trabajo. Si le llevamos lo poco que tenemos, puede sacar de eso una abundante bendición para los demás. ¡Incluso “sobró”, es decir, no saldremos perdiendo! No seamos, pues, presuntuosos ni perezosos. Presuntuosos, pensando que podemos hacer mucho por nosotros mismos. Y perezosos, estimando que no vale la pena poner lo “poco” que tenemos al servicio del Maestro.

Ezequiel 16:35-63 – Hechos 22:22-23:11 – Salmo 35:9-14 – Proverbios 11:31
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Jesús murió por este momento

MARZO, 20

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Jesús murió por este momento

Devocional por John Piper

Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gálatas 2:20)

Cuando el despertador sonó a las 4:59 esta mañana, pensé por una fracción de segundo en la completa realidad de la muerte y el presentarme ante un Dios completamente santo, sin nada que me recomiende aparte de mi propia vida.

El horror de este pensamiento solo fue sobrepasado por un flash de la realidad: Cristo Jesús murió por este momento.

Entonces el pensamiento desapareció.

Mi sentir inmediato fue el siguiente: esta es la esencia de lo que ocurre cuando alguien se convierte. Esta es la manera en que una persona descubre que Cristo Jesús es real. Es así como alguien llega a deleitarse en el amor de Cristo. De pronto, por primera vez, llegan a ver con los ojos del corazón y a sentir la realidad innegable de tener que encontrarse con Dios con cargo de culpabilidad.

El impacto de esa visión es devastador. Hace que se den cuenta de que la única esperanza es un Mediador. Parados solos, sin nada para recomendarlos aparte de su propia vida pecaminosa, están completamente perdidos. Si hay alguna esperanza de pasar la eternidad en la presencia de este Dios, necesitaremos un Redentor, un Sustituto, un Salvador.

En este punto de terrible crisis, nada brilla más que el evangelio de Cristo Jesús, «quien me amó y dio su vida por mí». En esa fracción de segundo, antes de que él estuviera ahí, se me concedió ver la oscuridad sobrecogedora y el horror del juicio; no fue una inferencia teológica, ni una conclusión meramente racional, ni un simple pensamiento, sino un vistazo con el ojo interior, con pleno conocimiento y sentimiento y seguridad.

Nuestro Dios es fuego consumidor. Él no verá maldad. Estamos completamente perdidos. Mi culpa fue tan enorme, tan real, tan incuestionable en esa fracción de segundo, que no existe ni la más remota posibilidad de dar excusas. Fue súbito, envolvente, e infinitamente desesperanzador.

En este momento Jesús es lo único que importa. ¡Oh Cristo! ¡Oh Cristo! ¡¿Puede mi corazón contener la oleada de gratitud?! ¡Oh Don de Dios, mi única y desesperada Necesidad!

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¡Es maravilloso!

¡Es maravilloso!

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Jesús les dijo:… ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza? – Mateo 21:16

De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él. – Lucas 18:17

El mensaje más bello que puedo escuchar y creer es el del Evangelio: ¡Jesucristo murió en la cruz para borrar mis pecados!

Este testimonio fue dado por Alicia, una niña de cinco años que había acompañado a su hermana al grupo de los «grandes» de un curso bíblico. El tema era la muerte de Jesús. Todos esos niños creían que, por amor a los que quería salvar, Jesús aceptó ser crucificado para llevar sus pecados. También habían escuchado lo que decían los burladores: “Desciende de la cruz… para que veamos y creamos” (Marcos 15:30-32). Entonces la maestra hizo la siguiente pregunta: ¿Por qué el Señor Jesús no podía bajar de la cruz?

Para sorpresa de todos, Alicia levantó su pequeño dedo. Con sus ojos azules fijos en la maestra, respondió seriamente: ¡Porque es maravilloso!

Jesús era Dios y hombre al mismo tiempo, pero sin ningún pecado. Por lo tanto, él sufría injustamente en la cruz, así como lo dijo el que estaba crucificado a su lado: “Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas este ningún mal hizo” (Lucas 23:41). No eran los clavos lo que lo retenían, sino su amor por los hombres.

Alicia expresó simplemente con todo su corazón y en una palabra lo que había comprendido, y quién era Jesús para ella. Esta expresión de fe infantil animó durante muchos años a la joven maestra en su obra misionera en China.

Ezequiel 16:1-34 – Hechos 21:37-22:21 – Salmo 35:1-8 – Proverbios 11:29-30

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Resumen del evangelio en cinco puntos

MARZO, 19

Resumen del evangelio en cinco puntos

Devocional por John Piper

Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. (1 Pedro 3:18)

He aquí un resumen del evangelio, para ayudarlos a entenderlo ¡y poder gozarse en él!

1) Dios nos creó para su gloria:

«Trae a mis hijos desde lejos y a mis hijas desde los confines de la tierra, a todo el que es llamado por mi nombre y a quien he creado para mi gloria» (Isaías 43:6-7). Dios nos creó a todos a su propia imagen para que proyectemos esa imagen, o reflejemos su carácter y belleza moral.

2) Todo ser humano debería vivir para la gloria de Dios:

«Entonces, ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10:31). La manera de vivir para la gloria de Dios es amándolo (Mateo 22:37), confiando en él (Romanos 4:20), siéndole agradecidos (Salmos 50:3) y obedeciéndole (Mateo 5:16). Cuando hacemos estas cosas, estamos proyectando la imagen de la gloria de Dios.

3) Todos hemos pecado y ninguno puede alcanzar la gloria de Dios:

«Por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios» (Romanos 3:23). «Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias… y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen» (Romanos 1:21-23). Ninguno de nosotros amó a Dios, ni confió en él, ni le agradeció, ni le obedeció como debía.

4) Todos nosotros merecemos castigo eterno:

«Porque la paga del pecado es muerte (eterna), pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 6:23). Aquellos que no obedecieron al Señor Jesús «sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder» (2 Tesalonicenses 1:9). «Y estos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna» (Mateo 25:46).

5) En su gran misericordia, Dios envió a su único Hijo Cristo Jesús para darle a los pecadores un camino a la vida eterna:

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16). «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros» (Gálatas 3:13). «Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios» (1 Pedro 3:18).

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