Cristo es el cumplimiento de las Escrituras

Cristo es el cumplimiento de las Escrituras

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Bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron. – Mateo 13:16-17

Cada uno de los cuatro evangelios presenta un aspecto diferente de Jesús. El primero, Mateo, revela a Jesús como el Mesías esperado, aquel que cumple las profecías. Marcos evoca el siervo de Dios; Lucas, el hombre perfecto; y Juan, el Hijo de Dios.

El evangelio según Mateo es como un puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Los profetas del Antiguo Testamento anunciaban las profecías concernientes al Mesías, el Cristo, y esperaban su cumplimiento. Los discípulos de Jesús las estaban viviendo, pues Jesús era el Cristo. Estaban viendo y oyendo lo que los creyentes de otro tiempo habían esperado. Mateo describe a Jesús no como un profeta más, sino como aquel que cumplió la profecía. El Reino de Dios, esperado desde hacía tanto tiempo, había llegado en la persona del Señor Jesús, pero no fue recibido.

Jesús también es Aquel que cumple la Ley de Dios revelada en el Antiguo Testamento. Algunos pensaban que Jesús no la respetaba, por ejemplo cuando sanó a una persona el día sábado. Pero Jesús pudo decir: “No he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mateo 5:17). Jesús fue más allá de un simple respeto exterior a la Ley. Era esta justicia del corazón, y no de las palabras, lo que animaba su vida. Los motivos que le hacían actuar eran los de Dios, quien es amor y luz. Jesús vivía “de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4).

2 Samuel 8 – Mateo 28 – Salmo 22:22-24 – Proverbios 9:10-12

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Cristo es el medio y el fin

FEBRERO, 14

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Cristo es el medio y el fin

Devocional por John Piper

Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gálatas 2:20)

¿Para qué creó Dios el universo y por qué lo está gobernando de la manera que lo hace? ¿Qué es lo que Dios está logrando? ¿Es Jesucristo un medio para este fin, o es el fin de este logro?

Jesucristo es la revelación suprema de Dios. Él es Dios en forma humana. Como tal, él es el fin, y no un medio.

La manifestación de la gloria de Dios es la razón de la existencia del universo. Es esto lo que Dios está logrando. Los cielos y la historia del mundo «declaran la gloria de Dios».

Sin embargo, Jesucristo fue enviado a hacer algo que debía hacerse. Él vino a remediar la caída del hombre. Vino a rescatar a los pecadores de la destrucción inevitable por su pecado. Los que sean rescatados verán y saborearán y reflejarán la gloria de Dios con gozo eterno.

Otros continuarán amontonando desdén hacia la gloria de Dios. Así que Jesucristo es el medio para lo que Dios quería lograr en la manifestación de su gloria para el regocijo de su pueblo.

Pero en ese logro en la cruz, al morir por los pecadores, Cristo revela de manera suprema el amor y la justicia del Padre. Esa fue la cumbre de la revelación de la gloria de Dios —la gloria de su gracia—.

Por lo tanto, en el preciso momento de su acto perfecto como medio para llevar a cabo el propósito de Dios, Jesús se convirtió en el fin de ese propósito. Al morir en el lugar de los pecadores y al resucitar por la vida de ellos, Cristo se convirtió en la revelación central y suprema de la gloria de Dios.

El Cristo crucificado es, por lo tanto, tanto el medio como el fin del propósito de Dios en el universo.

Sin su obra, el fin de revelar la plenitud de la gloria de Dios para el regocijo del pueblo de Dios no habría ocurrido.

Y en esa misma obra como medio, Cristo se convirtió en el fin —aquel que será por siempre el centro de nuestra adoración, mientras pasamos la eternidad viendo y saboreando más y más de lo que él reveló de Dios cuando se convirtió en maldición por nosotros—.

Jesús es el fin por el que el universo fue creado, y es el medio que hace posible que podamos gozar de ese fin.


Devocional tomado del articulo “A Good Friday Meditation: Christ and the Meaning of the Universe”

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¿Cómo lee usted?

¿Cómo lee usted?

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(Jesús) le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? – Lucas 10:26

No les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. – Hebreos 4:2

Un hombre que conocía perfectamente el Antiguo Testamento, sobre todo la Ley dada por Dios, preguntó a Jesús qué debía hacer para heredar la vida eterna. Es una buena pregunta que nos concierne a todos. Sin embargo, el que formuló esta pregunta no era sincero, pues deseaba probar a Jesús. Entonces Jesús le hizo dos preguntas: “¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?”.

El primer punto capital es saber qué contiene la Biblia. Algunos hablan de este libro sin haberlo leído realmente. ¿Formamos parte de los que lo leen? ¿Conocemos su mensaje? Leer libros que hablan de la Biblia no es suficiente; necesitamos un contacto directo con el texto. Podemos leerla solos o con otras personas.

La segunda pregunta va más lejos, es decir, tiene que ver con la manera en que leemos la Biblia. Jesús interpeló sobre este punto al que le hizo la pregunta. El Señor conocía sus intenciones y quiso alcanzar su conciencia. En efecto, para leer bien la Biblia hay que leerla con una mente recta, abierta y sincera.

Leámosla con seriedad y aplicación. Pero, sobre todo, leámosla en oración, con una actitud de verdadera escucha, con nuestros pensamientos volcados hacia Dios, aquel en quien esperamos y en quien creemos. ¡Dejémonos interpelar por lo que está escrito! ¡Tomémoslo en serio y creámoslo! Luego tendremos que poner en práctica lo que leímos y creímos. ¡Esto nos transformará! En efecto, la Biblia, la Palabra de Dios, “vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23).

2 Samuel 7 – Mateo 27:32-66 – Salmo 22:16-21 – Proverbios 9:7-9

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Orar con los labios o con el corazón

Orar con los labios o con el corazón

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El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.

2 Corintios 9:6-7

Un hombre rico, que decía ser cristiano, oraba con su familia para que Dios cuidase de los pobres y los desdichados. Pero cuando un mendigo llamaba a su puerta, se apresuraba a responder que no le quedaba nada, que solo tenía para sus propias necesidades.

Tristemente su pequeño hijo había asistido muchas veces a esas escenas en las que su padre despedía a esos menesterosos. Sin embargo, al llegar la noche oraba sin falta por aquellos que no tenían lo necesario.

–Papá, le dijo su hijo un día, ¡cómo me gustaría tener tu dinero!

–¿Qué harías con él, hijo mío?

–Respondería tus oraciones.

¿No nos sucede, queridos cristianos, que pronunciamos hermosas oraciones sin estar motivados por lo que pedimos, y sin darnos cuenta de que a veces tenemos nuestra propia responsabilidad para que sean respondidas? Por ejemplo, si decimos: “Hágase tu voluntad”, ¿nos damos prisa para saber cuál es y hacerla?

En los evangelios a menudo escuchamos a nuestro Señor denunciar a los fariseos hipócritas que, so pretexto de hermosas oraciones, solo buscaban su reputación religiosa y sus intereses personales. ¿Nos parecemos a ellos?

Un contraste perfecto es el Señor Jesús en su vida de olvido de sí mismo, compartiendo las tristezas de los demás y mediante una total abnegación. ¡Una vida así debería caracterizar a cada uno de los que dicen pertenecer a él!

2 Samuel 6 – Mateo 27:1-31 – Salmo 22:12-15 – Proverbios 9:1-6

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La ciudad perfecta

FEBRERO, 13

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La ciudad perfecta

Devocional por John Piper

Pues [Dios] les ha preparado una ciudad. (Hebreos 11:16)

Sin contaminación, ni grafito, ni basura, ni paredes despintadas o garajes de podredumbre, ni césped muerto o botellas quebradas, ni lenguaje grosero de la calle, ni confrontaciones con actitud desafiante, ni violencia doméstica, ni peligros en la noche, ni incendios provocados o mentiras o robos o asesinatos, sin vandalismos y sin monstruosidades.

La ciudad de Dios será perfecta porque Dios estará en ella. Él caminará y hablará y se manifestará en cada parte de esta ciudad. Todo lo que es bueno y hermoso y santo y pacífico y verdadero y feliz existirá en ese lugar, porque Dios estará ahí.

La justicia perfecta estará presente, así como recompensa que retribuye mil veces cada dolor sufrido en obediencia a Cristo. Y nunca se deteriorará. Es más, brillará cada vez más a medida que la eternidad va estirándose hacia una era infinita de gozo creciente.

Cuando deseamos esta ciudad por sobre todas las cosas en la tierra estamos dando honor a Dios, quien, de acuerdo a Hebreos 11:10, es el arquitecto y constructor de la ciudad. Cuando honramos a Dios, él se agrada y no se avergüenza de ser llamado nuestro Dios.


Devocional tomado del sermón “La esperanza de los exiliados en la Tierra”

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La providencia de Lincoln

La providencia de Lincoln

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Devocional por John Piper

¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! (Romanos 11:33)

Abraham Lincoln, quien naciera en este día en 1809, en lo que respecta a religión permaneció escéptico, y hasta a veces cínico, como hasta los cuarenta años. Es por eso que llama la atención cómo el sufrimiento personal y nacional llevó a Lincoln hacia la realidad de Dios en lugar de alejarlo.

En 1862, cuando Lincoln tenía 53 años, su hijo de 11 años, Willie, murió. La esposa de Lincoln «trató de lidiar con la pena acudiendo a médiums de la Nueva Era». Lincoln recurrió a Phineas Gurley, pastor de la iglesia New York Avenue Presbyterian Church en Washington.

Varias largas conversaciones llevaron a lo que Gurley describía como «una conversión para Cristo». Lincoln contó que «fui movido muchas veces a ponerme de rodillas debido a un sentimiento de convicción tan incontenible que no tenía adonde más ir».

De manera similar, los horrores de las muertes y soldados heridos lo torturaban a diario. Había cincuenta hospitales para los heridos en Washington. La rotonda del Capitolio acomodó 2000 catres para soldados heridos.

Normalmente, morían cincuenta soldados al día en estos hospitales transitorios. Todo esto llevó a Lincoln de una manera más profunda a la providencia de Dios. «No podemos hacer otra cosa más que creer que Aquel que creó el mundo lo sigue gobernando».

La declaración más famosa que hiciera sobre la providencia de Dios en relación a la Guerra Civil fue su Segundo Discurso de Toma de Posesión, pronunciado un mes antes de que fuera asesinado. Es notable por no presentar a Dios como simpatizante ni de la causa de la Unión ni de la causa de la Confederación. Dios tiene sus propios propósitos y no justifica el pecado de ninguna de las partes.

Con gran afecto esperamos —con fervor oramos— que este tremendo azote de la guerra pueda pasar rápidamente…

Pero si es de Dios que esto continúe hasta que todas las riquezas acumuladas por doscientos años de trabajo duro de esclavos, sin contrapartida, se hayan acabado, y hasta que cada gota de sangre extraída con el látigo haya sido pagada con otra extraída con la espada, como fuera dicho hace tres mil años atrás, deberá decirse aún: «los juicios del Señor son verdaderos, todos ellos justos».

Oro para que todos aquellos que sufren pérdidas, daños y gran dolor, que el sufrimiento los despierte, así como lo hizo en Lincoln, para producir no un nihilismo vacío sino una profunda confianza en la sabiduría infinita y el amor de la providencia inescrutable de Dios.


Devocional tomado del articulo “Abraham Lincoln’s Path to Divine Providence” 

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Una exhortación oportuna

Una exhortación oportuna

Pastor Otto Sanchez

Otto Sánchez

Pastor de Predicación.

ottoRolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo. Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia. Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano. Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies y candidato al Phd, por la misma casa académica. El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.

Una predicación siempre actual

Una predicación siempre actual

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La palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.

1 Corintios 1:18

Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado.

1 Corintios 2:2

«La muerte de Jesús es el acontecimiento más sombrío y el más luminoso de la historia de la humanidad. Sombrío porque revela la amplitud del pecado del hombre, luminoso porque hace brillar el amor del Dios Salvador.

El Dios de santidad, que es muy “limpio… de ojos para ver el mal” (Habacuc 1:13), ¿podía ver favorablemente a su Hijo cargado con el pecado de los hombres? Aunque era inocente, Cristo se presentó ante el juez divino como si fuese responsable de nuestras faltas, como si las hubiese cometido él mismo, como si llevase ante Dios sus propios pecados, como si encarnase el pecado. Luego, como culpable de nuestros crímenes, sufrió el castigo que tendríamos que haber sufrido nosotros, usted y yo.

Cristo, por su muerte, pagó todo el precio de nuestra reconciliación con Dios. Dios no espera nada de usted ni de mí. Su Hijo pagó con su vida, con su sangre, todas nuestras faltas. Es el sustituto inocente que fue crucificado para que fuésemos perdonados. ¡Nuestra deuda con Dios está totalmente cancelada! ¡Pero a qué precio! Ahora el cielo está abierto gracias al Cristo Salvador, y podemos entrar libremente en su presencia (Hebreos 10:19).

El Dios soberano espera que usted vaya a él declarándose culpable y entregándole su vida. ¡Déjese juzgar interiormente mediante la evocación de este sacrificio. Dé ese paso, acepte vivir para él a partir de ahora, y él lo contará como uno de sus hijos. “Reconciliaos con Dios” (2 Corintios 5:20)».

(A. Adoul, texto adaptado)

2 Samuel 5 – Mateo 26:47-75 – Salmo 22:6-11 – Proverbios 8:32-36

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La mejor forma de esclavitud

La mejor forma de esclavitud

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Devocional por John Piper

Porque el que fue llamado por el Señor siendo esclavo, liberto es del Señor; de la misma manera, el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo. (1 Corintios 7:22)

Yo habría esperado que Pablo intercambiara los lugares de Señor y Cristo.

Él relaciona nuestra liberación con el hecho de que Jesús sea nuestro Amo y Señor («liberto es del Señor»), y relaciona nuestra esclavitud con Jesús como nuestro Mesías («esclavo es de Cristo»). Pero en realidad el Mesías vino a liberar a su pueblo de sus captores, y los amos toman el control de la vida de la gente que liberan.

¿Por qué lo dice de esta manera? Una sugerencia: el intercambio tiene dos efectos en nuestra nueva libertad y dos efectos en nuestra nueva esclavitud.

Al llamarnos «libertos del Señor», él asegura y limita nuestra nueva libertad:

1. Su señorío es por encima del de todos los otros señores, por lo que nuestra liberación no es disputada —está segura—.

2. Al ser liberados de los otros señores no nos liberamos de él. Nuestra libertad es misericordiosamente limitada.

Al llamarnos «esclavos de Cristo», él suaviza y endulza nuestra esclavitud:

1. El Mesías reclama a los que son suyos desde los confines del cautiverio a espacios amplios de paz: «el aumento de su soberanía y de la paz no tendrán fin» (Isaías 9:7).

2. Y él los hace suyos para darles el gozo más dulce: «…con miel de la peña te saciaría». (Salmos 81:16). Y esa peña o Roca es Cristo.

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