¿Quién puede ser salvo?

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¿Quién puede ser salvo?

Algunas preguntas de la Biblia

Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios… ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios. – Marcos 10:25-27

alimentemos_el_almaJesús iba caminando cuando un hombre rico llegó corriendo y le dijo: “¿Qué haré para heredar la vida eterna?”. Este hombre siempre había respetado los mandamientos de la Ley, pero amaba las riquezas. Y cuando Jesús le dijo: “Anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme”, se fue triste (Marcos 10:17, 21).

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!” (v. 23). Sorprendidos, exclamaron: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?” (v. 26). Impregnados con ideas de esa época, consideraban la riqueza como una prueba del favor de Dios. Pero Jesús los miró y les respondió: “Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios” (v. 27).

Pobres o ricos, somos incapaces de salvarnos a nosotros mismos. Sin embargo, a los que no tienen nada les es más fácil aceptar el Evangelio… Seamos quienes seamos, reconozcamos que no podemos hacer nada para obtener la vida eterna y depositemos nuestra confianza en Dios. Él lo puede todo. Él da la fe y transmite la vida eterna. “Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8).

¿Quién puede ser salvo? Nadie, si Dios mismo no lo salva. Pero él puede y quiere hacerlo, y nos anima a ir a él cuanto antes, con confianza, por medio de Jesucristo.

1 Samuel 13 – Mateo 11 – Salmo 10:1-11 – Proverbios 3:19-20

La oración de un soldado

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(Jesús dijo:) Al que a mí viene, no le echo fuera.

Juan 6:37

Esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Juan 6:39

La oración de un soldado

alimentemos_el_almaEn 1972, un periódico clandestino de la Samizdat*, en la URSS, publicó el texto de una oración que había sido encontrada en el bolsillo de un soldado ruso, Alexander Zatzepta. La había escrito durante la segunda guerra mundial, momentos antes de una batalla en la que perdió la vida.

«¡Oh, Dios, escúchame! Nunca en mi vida te había hablado, pero hoy siento la necesidad de adorarte. Sabes que desde mi infancia se me dijo siempre que no existías, y yo, como un estúpido, lo creí. Nunca admiré tus grandes obras, ¡pero esta noche elevé la mirada desde una trinchera hasta el cielo lleno de estrellas! Y fascinado por su brillante magnificencia, de repente comprendí qué terrible es el engaño…

Dios, no sé si me tenderás la mano, pero te digo esto, y sé que me entiendes. ¿No es extraño que en medio de un terrible infierno se me apareciese la luz y que te haya descubierto? Simplemente estoy contento por haberte conocido.

A medianoche tenemos que atacar, pero no tengo temor, pues sé que velas por nosotros. ¡Es la señal, tengo que irme! Fue maravilloso estar contigo. También quiero decirte, y tú lo sabes, que la batalla será difícil: es posible que esta misma noche venga a llamar a tu puerta… Pero, ¿qué pasa? ¿Acaso estoy llorando? Mi Señor Dios, tú sabes qué sucedió: solo ahora he empezado a ver claramente».

*) Samizdat: Palabra rusa que significa: «copia y distribución clandestina de literatura prohibida por el Estado».

1 Samuel 10 – Mateo 9:18-38 – Salmo 9:1-10 – Proverbios 3:11-12

¿Quién decís que soy yo?

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¿Quién decís que soy yo?

Algunas preguntas de la Biblia

(Jesús) preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Mateo 16:13-16

alimentemos_el_almaJesús hizo dos preguntas a sus discípulos. Primero: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?”. Como respuesta expresaron las opiniones que se oían en aquella época. Saber lo que los demás piensan es útil, pero no resuelve nada. Luego Jesús les preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Con esta pregunta tenían que expresar sus convicciones personales. Entonces Pedro exclamó: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.

Esta pregunta también se dirige a mí: ¿Quién es Jesús para mí? No puedo esconderme detrás de la opinión de los demás; debo dar una respuesta personal, verdadera y honesta, la cual puedo encontrar en los evangelios. Leyéndolos descubro que Jesús es un hombre aparentemente parecido a los demás: tuvo hambre, sed, sintió el cansancio, la tristeza, la alegría… Pero Jesús es absolutamente único, y es mucho más que un hombre: es Dios mismo, el único camino para acercarse a Dios. Puede perdonar los pecados (Marcos 2:7-12) y dar la vida eterna (Juan 10:28). Dio su vida por los hombres perdidos y dijo que sería el Juez de todos.

La pregunta es primordial: ¿quién es Jesús para mí, personalmente? ¿Estoy dispuesto a escuchar a aquel que me ama y me dio la prueba de ello? ¡Puedo hablarle, incluso balbuceando, del mal que hay en mi corazón, de mis faltas y de mis errores! Puedo hacerlo con la confianza de que él desea ser mi Salvador, mi Guía.

1 Samuel 9 – Mateo 9:1-17 – Salmo 8 – Proverbios 3:9-10

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El día en que abrí la Biblia

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El día en que abrí la Biblia

Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata. Salmo 119:72

Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos. Salmo 119:162

Tu palabra es verdad. Juan 17:17

alimentemos_el_alma«Quería construir mi vida en torno al éxito social y material. Era un hombre activo, capaz de hacer varias cosas a la vez. Sin embargo estaba insatisfecho, angustiado, era incapaz de reconocer que, detrás de esta fachada, solo había un gran vacío y desesperación. Para colmar ese vacío buscaba los placeres que nuestra sociedad ofrece a profusión, pero esto solo me traía decepción y amargura. Cuando me di cuenta de que mi vida se había convertido en un verdadero lío y la única salida era la muerte, se produjo un verdadero milagro en mí.

Aquel día abrí un libro que nunca había leído, y que mucho menos había tratado de comprender: la Biblia. ¿De qué me hablaba? De la creación, del amor de Dios hacia cada persona. A pesar de mi educación religiosa, hasta ese día ignoraba lo que la Biblia permitió que comprendiese repentinamente: el origen y sentido de la vida, el destino del hombre sin Dios y el valor de la obra de Jesucristo.

Comprendí que el hombre tenía una profunda necesidad de relacionarse con su Dios creador. Entendí que Jesús había venido a morir en la cruz, no solo por el hombre en general, sino también por mí en particular. Dejé entrar a Jesús en mi vida y decidí seguirlo. Entonces se produjo un cambio inesperado: ¡me sentí liberado de mis pasiones destructoras y completamente transformado! Jesús mismo había tomado la dirección de mi vida». Alexandre

“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8).

1 Samuel 7-8 – Mateo 8:23-34 – Salmo 7:9-17 – Proverbios 3:7-8

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Consejos para leer la Biblia

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La recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.

1 Tesalonicenses 2:13

Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley.

Salmo 119:18

Consejos para leer la Biblia

alimentemos_el_almaEl mensaje de la Biblia se vuelve vivo si es leído, no como obra de los hombres, sino como la Palabra de Dios.

–Dios habló para que la gente lo comprendiese. Leamos, pues, la Biblia sin buscar explicaciones complicadas. Es mejor leer pasajes seguidos, página por página, que leer versículos aislados. Una lectura aislada impide captar el sentido general. Es más fácil empezar por un evangelio, por ejemplo el de Marcos.

–Los textos más recientes de la Biblia son de hace unos 1.900 años. A menudo toman como imágenes escenas de la vida de antes. Sin embargo, la enseñanza espiritual de la Biblia sigue siendo muy actual. La erudición es inútil para comprender el sentido moral.

–Leamos la Biblia con oración. No se trata de hacer un análisis literario de los textos, sino de recibir su mensaje con confianza y creerlo. Gracias al Espíritu Santo podemos captar y asimilar la Palabra de Dios.

–Leámosla sin ideas preconcebidas, haciendo abstracción de lo que hemos oído o leído. Cada vez que leamos la Biblia, hagámoslo en la presencia de Dios como si fuese la primera vez. Hoy en día esto es imprescindible, pues se difunden muchas opiniones contradictorias sobre la Biblia.

–Leámosla sin tratar de buscar en ella una enseñanza filosófica. Busquemos más bien aquello que necesitamos para nuestra vida espiritual de cada día. La Palabra de Dios se aclara cuando ponemos en práctica lo que comprendimos.

1 Samuel 6 – Mateo 8:1-22 – Salmo 7:1-8 – Proverbios 3:1-6

¿Quién escribió este poema?

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Nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

2 Pedro 1:21

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.

2 Timoteo 3:16

¿Quién escribió este poema?

Esta mañana la maestra encontró un bello poema sobre su mesa. Cada línea estaba escrita con un color y una escritura diferentes.

–¿De dónde viene este poema?, preguntó con curiosidad. Nicolás levantó el dedo y respondió: –Maestra, yo copié el primer verso con un rotulador rojo. Pablo continuó: –Y yo copié el segundo con lápiz de color azul. La maestra interrumpió a los niños: –Los rotuladores y los lápices solo son instrumentos de los cuales ustedes se sirvieron para escribir estas palabras. Pero, ¿quién compuso estos versos? ¿Quién es el verdadero autor?

Entonces los niños respondieron en coro: Fue Lea. Ella lo compuso para darle una sorpresa, y nosotros lo escribimos.

Algunos consideran la Biblia como lo hicieron Nicolás y Pablo. Se detienen en los múltiples instrumentos que Dios empleó: Moisés el legislador, David el pastor rey, Esdras el escriba, Salomón el rey glorioso, Mateo el recaudador de impuestos, Lucas el médico, Pedro el pescador… Los autores de los libros de la Biblia son numerosos y de diversos orígenes. Pero no fueron ellos quienes compusieron la Biblia. Dios les dictó, por su Espíritu, lo que debían escribir, cada uno en su tiempo y en su lugar. Este Libro, de origen divino, constituye, pues, un conjunto harmonioso y admirable, siempre actual.

“¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos!” (Salmo 139:17).

1 Samuel 5 – Mateo 7:7-29 – Salmo 6 – Proverbios 2:16-22

El día del Señor

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Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena.

Marcos 16:9

Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras… fue sepultado, y… resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.

1 Corintios 15:3-4

El día del Señor

alimentemos_el_almaLa palabra «domingo» viene del latín «dies dominucus», que significa: “día del Señor”. Es el día en que Cristo resucitó.

En varias ocasiones Jesús había anunciado a sus discípulos lo que iba a suceder: “El Hijo del Hombre será entregado… y le condenarán a muerte… y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará” (Marcos 10:33-34). Fue crucificado el viernes y resucitó el domingo.

Desde el comienzo del cristianismo, el domingo fue considerado como el primer día de la semana. Solo a principios del siglo 20 los diccionarios lo designan como el último día de la semana. Hoy en la expresión «fin de semana» se asocian comúnmente el sábado y el domingo.

En el evangelio leemos: “El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana… al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro” (Juan 20:1). “La noche de aquel mismo día, el primero de la semana… vino Jesús, y puesto en medio (de los discípulos), les dijo: Paz a vosotros” (Juan 20:19).

Es el primer día en el sentido de que la muerte y la resurrección de Jesús abrieron una nueva era en la historia, la época de la gracia. Su salida de la tumba constituye la prueba de su victoria sobre la muerte, y da a los cristianos la seguridad de la vida eterna. Por este motivo ellos dan un valor especial a este día.

1 Samuel 4 – Mateo 6:19-7:6 – Salmo 5:8-12 – Proverbios 2:10-15

¿Dónde estás?

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El Señor Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.

Génesis 3:9-10

Huía de la presencia del Señor

Jonás 1:10

¿Dónde estás?

Esta es la primera pregunta que Dios hace en la Biblia, y se dirige al primer hombre que, después de haberle desobedecido, se escondió y huyó de la presencia divina. Esta misma actitud continúa manifestándose hoy. Muchas personas se sienten incómodas con Dios, por eso huyen. Sin embargo, así como Dios trató de ponerse en contacto con Adán, también trata de hacerlo con cada uno de nosotros ahora.

¿Dónde estás? Esta pregunta no se refiere a nuestra posición geográfica, sino al estado de nuestro corazón. ¿Cuál es nuestra reacción al llamado de Dios? Podemos huir o encerrarnos en el ateísmo, escondernos en el materialismo de la sociedad de consumo, escudarnos detrás de razonamientos que parecen sensatos, ser indiferentes a lo espiritual…

Tratar de escapar de Dios no resuelve nada. Un día cada uno de nosotros comparecerá ante él y tendrá que dar cuenta de las decisiones que haya tomado durante su vida.

Hoy Dios desea tener un encuentro con nosotros tal como somos. Dejémonos iluminar por su luz, no le escondamos nada. Confesémosle nuestra incapacidad y nuestros pecados. No solo recibiremos un pleno perdón, sino también su gracia, que está basada en el sacrificio de su Hijo. Así es como uno se convierte en hijo de Dios; y entonces, en vez de escondernos, le hablamos como a un Padre.

“Vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él (de Cristo) los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:17-18).

1 Samuel 3 – Mateo 6:1-18 – Salmo 5:1-7 – Proverbios 2:6-9

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Reconciliaos con Dios.

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Reconciliaos con Dios.

2 Corintios 5:20

Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien.

Job 22:21

La felicidad

«Invierta en la felicidad». Esta era la publicidad que hacía una agencia inmobiliaria en una estación de deportes de invierno. Seguro que la publicidad tuvo mucho impacto, pues ¿quién no busca la felicidad? ¡La felicidad es una necesidad permanente del hombre! Ya el rey Salomón (hace 3.000 años) quiso encontrarla en la búsqueda intelectual, en el bienestar, la riqueza… No “aparté mi corazón de placer alguno”, dijo él (Eclesiastés 2:10). ¿Cuál fue su conclusión? “Vanidad de vanidades… todo ello es vanidad y aflicción de espíritu” (Eclesiastés 1:2, 14).

En el principio Dios colocó al hombre en el huerto de Edén. Pero su desobediencia lo alejó de Dios, y el paraíso en la tierra se acabó. Sin embargo Dios, quien es misericordioso, y cuyo amor es invariable, preparó un camino para que el hombre encuentre la felicidad.

¡Reconcíliese con él! Pero, ¿quién de nosotros puede borrar sus ofensas hechas a Dios? ¿Sobre qué base podemos encontrar la paz? Este es el mensaje tranquilizador pero solemne que la Biblia nos dirige: “Fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo…”. Jesús “fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 5:10; 4:25). Sobre él descansa nuestra reconciliación perfecta, porque Jesús hizo la paz mediante la sangre de su cruz (Colosenses 1:20). El mismo día de su resurrección mostró a sus discípulos sus manos y su costado traspasados, y les dijo: “Paz a vosotros” (Lucas 24:36). Los discípulos se llenaron de gozo cuando vieron al Señor, en quien está la fuente de la verdadera felicidad.

1 Samuel 2 – Mateo 5:21-48 – Salmo 4:4-8 – Proverbios 2:1-5

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No seas incrédulo, sino creyente

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(Jesús) dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

Juan 20:27

No seas incrédulo, sino creyente

(Lea Juan 20:24-31)

“Acerca tu mano, y métela en mi costado” (Juan 20:27). ¿Qué significa esta frase de Jesús dirigida a su discípulo Tomás? Este no creía que Jesús había resucitado, por ello Jesús le habló y le mostró que él era efectivamente el que había sido crucificado, y a quien el soldado romano había herido un costado con su lanza.

Jesús se dirige a nosotros de la misma manera, sobre todo cuando somos víctimas de la duda. No está lejos de nosotros; espera que nos acerquemos a él de manera personal y espontánea, con confianza y ternura, para hablar de corazón a corazón.

¡Acordémonos de Jesús, de su santa humanidad, de su humillación, de su vida de sufrimiento, de su muerte y también del día en que resucitó! Echemos de nuestro corazón la incredulidad al recordar las heridas de nuestro Salvador, las marcas de la crucifixión.

Efectivamente, fue Jesús, el hombre perfecto, el que murió y resucitó, quien se presentó a Tomás. Su gloriosa resurrección daba testimonio de que él era Dios; Tomás no debía ser incrédulo, sino creyente. Él respondió mediante una exclamación: “¡Señor mío, y Dios mío!”, exclamación de gozo y adoración muy personal. No dice «Señor Dios», sino “¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:28-29).

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios (la Biblia)” (Romanos 10:17).

1 Samuel 1 – Mateo 5:1-20 – Salmo 4:1-3 – Proverbios 1:24-33

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