Por qué cedemos ante el pecado sexual

AGOSTO, 16

Por qué cedemos ante el pecado sexual

Devocional por John Piper

Hazme oír gozo y alegría; que se regocijen los huesos que has quebrantado… Restitúyeme el gozo de tu salvación, y sostenme con un espíritu de poder. (Salmos 51:8, 12)

¿Por qué el salmista no está rogando por continencia sexual? ¿Por qué David no está pidiendo por un grupo de hombres que lo ayuden a no pecar? ¿Por qué no está pidiendo ojos protegidos y una mente libre de pensamientos sexuales? En este salmo de confesión y arrepentimiento después de básicamente violar a Betsabé, uno esperaría que David pidiera algo así.

La razón por la que no lo hace es porque sabe que el pecado sexual es un síntoma y no la enfermedad.

Las personas ceden ante el pecado sexual porque no tienen la plenitud del gozo y la alegría que hay en Cristo. Su espíritu no es consistente, ni está firme, ni establecidos, sino que flaquea. La tentación se les presenta y ceden porque Dios no ocupa el lugar que debería ocupar en sus emociones y pensamientos.

David sabía esto acerca de sí mismo y es verdad acerca de nosotros también. David nos muestra, por la manera en que ora, cuál es la verdadera necesidad de aquellos que caen en pecado sexual: gozo en Dios.

Esto es sabiduría profunda para nosotros.


Devocional tomado del sermón “Al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás”

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1 Samuel 7–8 | Romanos 6 | Jeremías 44 | Salmos 20–21

16 AGOSTO

1 Samuel 7–8 | Romanos 6 | Jeremías 44 | Salmos 20–21

Hasta donde sabemos, Jeremías 44 contiene la última profecía de Jeremías. La del capítulo siguiente está fechada explícitamente en un periodo anterior, y probablemente el grupo de profecías contra las naciones, que encontramos en las capítulos 46–51, también pertenecen a una época previa. Las palabras que tenemos ante nosotros son la última declaración pública de Jeremías recogida.

No podemos decir que el ministerio de Jeremías acabase de forma destacada. Todos somos llamados a ser fieles; y algunos lo son en tiempos problemáticos y decadentes. No valoremos la labor del profeta según la cantidad de personas que convenció, de desastres de los que advirtió o de avivamientos que experimentó. Debemos hacerlo analizando si fue o no fiel a Dios, si agradó o no al Señor. Con nosotros, es exactamente igual. Dudo que muchos de los que vivimos en Occidente hayamos comprendido la gran influencia que ejerce el síndrome del éxito sobre nuestra vida y la de los demás; en algunas ocasiones porque nos hace estar ávidos de éxito a toda costa, y en otras, porque nos hace sospechar del mismo en todo momento, en una forma de pseudoespiritualidad invertida. No obstante, el éxito no es lo importante; lo es la fidelidad.

Lo que encontramos en este capítulo es una rebelión irreparable. Los judíos de Egipto, tanto los que han descendido allí como los que aparentemente se habían asentado con anterioridad en esa tierra en un intento de escapar de las dificultades que acontecían en su patria, han sustituido los dioses cananeos que adoraban en su casa por las deidades egipcias que les rodean. La manera como interpretan su propia historia es totalmente diferente a la de Jeremías. Se remontan a la época en la que dejaron su adoración pagana (44:17–18): están pensando probablemente en la reforma llevada a cabo por el rey Josías. Los desastres que han caído sobre ellos han tenido lugar desde entonces. Así pues, razonan que deben servir a la Reina del Cielo y otras deidades paganas, y se deciden a hacerlo.

Debemos aprender dos importantes lecciones. En primer lugar, siempre podemos interpretar la historia de una forma que demuestre casi cualquier cosa que queramos. No quiere decir que no debamos saber nada de la misma, porque el Señor mismo dice al pueblo lo que deberían haber aprendido. Significa que lo que el pueblo de Dios debe aprender de ella tiene que estar moldeado por la lente de la revelación escrita del Todopoderoso, por su palabra profética, por nuestros votos del pacto. No podemos esperar que los paganos estén siempre de acuerdo con nuestra visión de la historia. En segundo lugar, este capítulo demuestra, en los términos más duros, que no hay esperanza para la raza del pacto, ninguna, fuera de la intervención de la gracia.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 228). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Jesús me conocía

Jueves 16 Agosto

Jesús mismo… sabía lo que había en el hombre.

Juan 2:24-25

Ahora, así dice el Señor, Creador tuyo… No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú… A mis ojos fuiste de gran estima… y yo te amé.

Isaías 43:1, 4

Jesús me conocía

Roberto se había convertido recientemente, es decir, había recibido a Jesús como su Salvador. Estaba lleno de celo; deseaba agradarle, pero muy pronto se dio cuenta de que seguía haciendo cosas malas. A pesar de su buena voluntad, se enfadaba con facilidad y por ello a veces se sentía muy abatido. ¡No quería decepcionar a Jesús, pues pensaba que su Salvador esperaba algo mejor de él!

Cierto día cuando todo le había salido mal, Roberto habló de ello a su abuelo. Este le invitó a leer el final del evangelio de Juan: Judas el traidor había conducido hacia Jesús a una multitud armada, que había venido para tomarlo por sorpresa y llevarlo a la muerte. “Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy” (Juan 18:4-5).

El abuelo de Roberto le explicó: Jesús sabía todo lo que iba a sucederle. Por lo tanto sabía el sufrimiento que tú, Roberto, ibas a costarle en la cruz debido a tus faltas. Cuando dijo: “Yo soy”, para ofrecerse en tu lugar, te conocía perfectamente. Te amó tal como eres, ¡su gracia cubrió todos tus pecados!

Pero también quiere hacerte progresar para agradarle, ahora que le perteneces. Confiésale sin temor tus fracasos, tus esfuerzos inútiles, pues desea ayudarte. ¡En tus luchas él nunca es tu enemigo, sino que está a tu favor! Escribió para ti su Palabra inspirada, que es “útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16).

Jeremías 20 – Lucas 22:1-23 – Salmo 95:1-5 – Proverbios 21:17-18©

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Cuidado con los falsos profetas

Cuidado con los falsos profetas

8/15/2018

Se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar. (Marcos 13:22)

Ha habido falsos profetas desde principios de la historia redentora (vea Dt. 13:1-5), y siempre encuentran quienes los oigan. En su sermón del Olivar, Jesús advirtió: “Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre… y a muchos engañarán” (Mt. 24:4-5). Años después el apóstol Juan les dijo a sus lectores que “muchos engañadores han salido por el mundo” (2 Jn. 7).

Los falsos profetas siempre han disfrutado de algún grado de popularidad porque muchas personas no quieren oír la verdad. Así que Juan exhortó a todos los creyentes: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Jn. 4:1).

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Para lo que fuimos creados

AGOSTO, 15

Para lo que fuimos creados

Devocional por John Piper

Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. (1 Pedro 3:18)

El evangelio es disfrutar de la comunión con Dios mismo. Esto está explícito en 1 Pedro 3:18 en la frase «para llevarnos a Dios».

Todos los demás regalos del evangelio existen para que éste sea posible.

• Recibimos el perdón para que nuestra culpa no nos mantenga alejados de Dios.

• Recibimos la justificación para que nuestra condenación no nos mantenga alejados de Dios.

• Recibimos vida eterna ahora, con cuerpos nuevos en la resurrección, para que tengamos la capacidad de disfrutar a Dios al máximo.

Prueben su corazón. ¿Para qué quieren el perdón? ¿Por qué quieren ser justificados? ¿Para qué quieren la vida eterna? ¿Es la respuesta decisiva «porque quiero disfrutar a Dios»?

El amor que Dios nos ofrece en el evangelio es básicamente el regalo de sí mismo. Para esto fuimos creados. Esto es lo que perdimos por nuestro pecado, y esto es lo que Cristo vino a restaurar.

«En tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre» (Salmos 16:11).


Devocional tomado del sermón “Dios en Cristo: El Precio y Premio del Evangelio”

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1 Samuel 5–6 | Romanos 5 | Jeremías 43 | Salmo 19

15 AGOSTO

1 Samuel 5–6 | Romanos 5 | Jeremías 43 | Salmo 19

El Salmo 19 es una de las piedras preciosas del salterio. Consta de tres partes. La primera se deleita en la revelación de Dios sin palabras en las maravillas del universo (19:1–6); la segunda lo hace en la claridad, perfección y riqueza de la revelación escrita del Señor (19:7–11); después de un versículo de transición (19:11), la tercera parte define la respuesta apropiada del creyente, que debe hacer examen de conciencia y decidirse a obedecer a Dios.

Si el antiguo Israel se vio tentado alguna vez a adorar al orden creado (el sol, la luna y las estrellas), nuestra generación se inclina aún más hacia argumentos oficiales que nos califican como el producto de fuerzas impersonales y ya está. Ambas posturas son abominables. Debido al compromiso filosófico con el naturalismo predominante en nuestra cultura, la poderosa evidencia de una creación inteligente se margina hasta el punto de que ya no se puede ver lo obvio: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos” (19:1). La paradoja de una declaración sin palabras es deliciosa, así como la visión del discurso incontenible: “Un día cuenta al otro la noticia, una noche a la otra se la hace saber. Sin palabras, sin lenguaje, sin una voz perceptible, por toda la tierra resuena su eco, ¡sus palabras llegan hasta los confines del mundo!” (19:2–4).

No obstante, el nombre de Dios en el pacto, Jehová (“el Señor” en muchas de nuestras Biblias), aparece siete veces relacionado con esta revelación escrita de sí mismo (19:7–11). Los seis predicamentos (19:7–9) se solapan en cierto modo, pero juntos proyectan una visión de revelación escrita que constituye un adelanto de la exposición aún más completa del Salmo 119. Uno de los rasgos sorprendentes de estas seis afirmaciones es que varias de ellas no son meramente abstractas. El texto no sólo dice algo acerca de las palabras de Dios, sino también de su función en la vida de aquellos que las absorben y obedecen. Por ejemplo: “El mandato del SEÑOR es digno de confianza” (19:7). Así es, pero el salmista no deja las cosas ahí. Precisamente por ello, hace sabios a los simples. De nuevo: “Los preceptos del Señor son rectos” (19:8), una reflexión reforzada en el siguiente versículo: “Las sentencias del Señor son verdaderas: todas ellas son justas” (19:9). Por esta razón, alegran el corazón (19:8): estamos siguiendo los justos preceptos y ordenanzas del Señor, que nunca se corrompen ni son manipuladores.

Estas dos esferas de revelación exigen algo más que sobrecogimiento frente al poder trascendente o que un deleite en el Dios personal que nos habla. Requieren ambas cosas simultáneamente. De hecho, nuestra respuesta debe ser arrepentimiento y fe, y una oración ferviente, en la cual pidamos al Señor que purifique nuestro interior, ayudándonos a que nuestras palabras y meditaciones sean agradables a sus ojos (19:12–14).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 227). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La oración es una relación permanente

Miércoles 15 Agosto

Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar.

Lucas 11:1

Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.

1 Tesalonicenses 5:16-18

La oración es una relación permanente

Jesús estaba orando. Los discípulos lo observaron y luego le dijeron: “Señor, enséñanos a orar”. Como respuesta, Jesús les dio un modelo de oración, llamada el «Padre nuestro».

En sus primeras palabras, esta oración reconoce a Dios como Padre, aquel que nos dio la vida y cuida de nosotros. Luego viene el deseo de que Dios tenga el lugar de honor, por encima de todo, en nuestros pensamientos y en nuestro corazón: “Santificado sea tu nombre”.

Solo después vienen las peticiones. Esto nos muestra que la oración no se reduce a hacer peticiones a Dios. Es más bien la expresión de la relación de una persona con Dios.

La comunicación con Dios tiene lugar en dos sentidos: nosotros le hablamos y él nos habla. Para escucharlo, nuestro corazón y espíritu tienen que estar atentos. Dios nos habla a través de la Biblia y a veces mediante las circunstancias de nuestra vida. También puede enviarnos a alguien o emplear acontecimientos…

Dios es espíritu, por lo tanto solo podemos percibirlo espiritualmente (1 Corintios 2:14). Gracias al Espíritu Santo comprendemos cuál es la voluntad de Dios y formulamos oraciones conformes a ella. Podemos estar seguros de que Él comprende cada uno de nuestros pensamientos, nuestros deseos y las necesidades de nuestro corazón. ¡Quiere que cada una de nuestras meditaciones se transforme en alabanza y cada uno de nuestros deseos en oración!

Jeremías 19 – Lucas 21:25-38 – Salmo 94:16-23 – Proverbios 21:15-16

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El grupo correcto

El grupo correcto

8/14/2018

Pocos son los que la hallan. (Mateo 7:14

Quienes son atraídos por el Espíritu de Dios para que entren por la puerta estrecha y anden por el camino angosto están en el grupo espiritual correcto. Quienes están en el grupo espiritual equivocado son todos los paganos y cristianos nominales, todos los ateos y devotos fanáticos superficiales, todos los teístas nominales y humanistas seculares, y personas de todos los grupos étnicos y económicos que no tienen una fe salvadora en Jesucristo. Entran por la puerta ancha y van por el camino espacioso que lleva a la destrucción.

Jesús dijo: “Muchos son llamados, y pocos escogidos” (Mt. 22:14). El grupo correcto no es pequeño sencillamente porque la puerta de entrada es demasiado estrecha o el camino es muy limitado. Los creyentes son pocos porque muchas personas se niegan a arrepentirse de sus pecados y a confiar en Cristo para salvación. Prefieren morir en las tinieblas (vea Jn. 3:19).

Todo el que quiera ir a Jesucristo puede hacerlo con la ayuda de Dios: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera” (Jn. 6:37). Y quienes van a Cristo estarán para siempre en el correcto grupo espiritual.

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Dios perdona y aun así es justo

AGOSTO, 14

Dios perdona y aun así es justo

Devocional por John Piper

El Señor ha quitado tu pecado; no morirás. Sin embargo, por cuanto con este hecho has dado ocasión de blasfemar a los enemigos de Señor, ciertamente morirá el niño que te ha nacido. (2 Samuel 12:13-14)

Esto es indignante. Urías estaba muerto, Betsabé había sido violada, el bebé iba a morir, y Natán dijo: «El Señor ha quitado tu pecado».

¿Así de simple? David había cometido adulterio, había ordenado el asesinato de un hombre, había mentido, había «hecho lo malo a los ojos del Señor», había «dado ocasión de blasfemar» a Dios, y el Señor quitó su pecado.

¿Qué clase de juez justo es Dios? Uno no pasa por alto tan fácilmente un abuso sexual y un asesinato y la mentira. Los jueces justos no hacen eso.

Veamos lo que dice Pablo en Romanos 3:25-26:

Dios exhibió públicamente [a Cristo] como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús.

En otras palabras, la indignación que podamos sentir cuando Dios parece simplemente pasar por alto el pecado de David sería una indignación valida si Dios simplemente hubiera escondido el pecado de David debajo de la alfombra, pero no hizo eso.

Dios ve desde los tiempos de David, y por los siglos siguientes hasta la muerte de su Hijo, Jesucristo, quien moriría en el lugar de David, para que la fe de David en la misericordia de Dios y en su obra redentora del futuro lo uniera con Cristo. En la mente omnisciente de Dios, los pecados de David eran contados como pecados de Cristo, y la justicia de Cristo contada como justicia de David. Por eso, Dios pasó por alto el pecado de David justamente.

La muerte del Hijo de Dios es tan indignante, y la gloria de Dios que esta sostiene es tan grandiosa, que Dios es vindicado de pasar por alto el adulterio y el asesinato y las mentiras de David.

Por lo tanto, Dios conserva su justicia intachable mientras que, al mismo tiempo, muestra misericordia a aquellos que tienen fe en Jesús, sin importar cuántos o qué tan monstruosos fueran sus pecados. Esas son buenas nuevas.


Devocional tomado del sermón“A Broken and Contrite Heart God Will Not Despise”

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1 Samuel 4 | Romanos 4 | Jeremías 42 | Salmo 18

14 AGOSTO

1 Samuel 4 | Romanos 4 | Jeremías 42 | Salmo 18

Se cuenta una vieja anécdota de un hombre disoluto que escuchó un mensaje religioso, el cual le hizo pensar que debía reordenar su vida. Fue a hablar con un pastor. Este le dijo que lo mejor para él era dejar el alcohol, las mujeres y el juego. El hombre se quedó pensativo unos instantes, y dijo: “¿Sabe? Creo que no merezco lo mejor”. ¿Qué es lo segundo mejor?

Podríamos pensar que, tras la catastrófica destrucción de Jerusalén, anunciada durante mucho tiempo por Jeremías, el profeta gozaría de una enorme credibilidad entre los supervivientes. La triste realidad es que sólo la tiene hasta el punto de que se dirigen a él para consultarle, pero nada más (Jeremías 42). Únicamente les interesa la aprobación divina para el plan que ellos mismos han elaborado. No quieren lo mejor de Dios, o su voluntad, sino que él apruebe lo que ellos desean. Jeremías busca a Dios prudentemente y, diez días más tarde (42:7), la palabra del Señor viene a él. El contenido del mensaje es el siguiente: permanece en Judá y Dios te protegerá; huye a Egipto y él lo considerará como una señal más de rebelión. Si lo haces, su ira te perseguirá hasta allí y te destruirá, tal como ha hecho con tantos en Jerusalén y sus alrededores. Incluso en el momento en que está comunicando este mensaje, el profeta ve que las cosas no van bien y que la hostilidad contra el mismo y contra sí mismo se acentúa. El capítulo siguiente (Jeremías 43) recoge el escepticismo burlón de los líderes y su determinación de ignorar al profeta y sus mensajes, de desechar sus palabras por no ser ciertas y de reunir al remanente del pueblo con el fin de viajar a Egipto. Es lo que acaban haciendo, llevando a Jeremías con ellos.

La mayor parte de los movimientos que surgen del fértil terreno de la cristiandad apelan, de una forma u otra, a la voluntad de Dios. Pocos indagan en ella con demasiada profundidad. El Señor está por la evangelización; por tanto, está por la manera en que propongamos llevarlo a cabo y pedimos que su voluntad apruebe nuestros métodos. Dios es amor; así pues, está en contra de la disciplina en la iglesia excepto en los casos más graves (que nunca se dan y, si lo hacen, quedan rápidamente cubiertos por el amor del Señor), y suplicamos que su voluntad apruebe nuestra determinación de ser buenos. Dios quiere que su pueblo sea santo y apartado para él; por tanto, debemos unirnos, aislarnos del mundo y lanzar púas llenas de odio a todos los que no estén de acuerdo con nosotros. De nuevo, pedimos que la voluntad de Dios autorice nuestra dureza y cruel condescendencia. Resulta terriblemente fácil caer en esos desdichados pozos. Tan solo hace falta decidirse a no mostrar más interés en la voluntad de Dios que el necesario para la aprobación de nuestras preferencias.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 226). Barcelona: Publicaciones Andamio.