Éxodo 6 | Lucas 9 | Job 23 | 1 Corintios 10

23 FEBRERO

Éxodo 6 | Lucas 9 | Job 23 | 1 Corintios 10

Hemos escuchado dos rondas completas de discursos de los tres “consoladores miserables”, más las respuestas de Job. Hay una ronda más, truncada y desequilibrada. Elifaz habla y Job replica (Job 22–24); Bildad habla muy brevemente y Job le responde largo y tendido (Job 25–31), con extraordinaria contundencia y fervor. Los “consoladores” no tienen nada nuevo que decir y se están viniendo abajo. La persistente defensa de Job de su integridad, aunque no les convence, les obliga a callar.

El último discurso de Elifaz (Job 22), aunque amplía los límites de su imaginería poética, no añade nada a su argumento; simplemente lo expone de nuevo. Dice que Dios es tan inimaginablemente grande, que no puede obtener ningún beneficio de los seres humanos. Así pues, ¿por qué pensaba Job que su justicia debía impresionar al Todopoderoso? Esa misma grandeza garantiza que el conocimiento y la justicia de Dios son perfectos, por lo que los sufrimientos de Job tienen fundamento: el Señor ha sacado a la luz los pecados ocultos de Job, pecados que Elifaz quiere hacer públicos realizando conjeturas.

Mientras responde con algunas reflexiones que ya ha empleado anteriormente, Job se embarca en una nueva línea de pensamiento (Job 23). Ahora, no acusa a Dios de injusticia, sino de ausencia e inaccesibilidad: “¡Ah, si supiera yo dónde encontrar a Dios! ¡Si pudiera llegar adonde él habita!” (23:3). No estamos ante un anhelo de escapar e ir al cielo, sino ante un deseo apasionado y frustrado de presentar su caso delante del Todopoderoso (23:4). Job no tiene miedo de que Dios le responda con terrorífico poder y le aplaste (23:6); más bien, teme que el Señor simplemente le ignore. Sin embargo, ninguna búsqueda geográfica que Job acometa encontrará a Dios (23:8–9).

Las palabras de Job son muy diferentes a la queja de la literatura moderna, que Dios está tan ausente que debe de estar muerto. Job no espera a alguien que no vendrá. Su fe en Dios no se tambalea. Está convencido de que su Señor sabe en qué situación se encuentra y conoce perfectamente la integridad fundamental de su vida (23:9–11). Esta no es la bravuconería de quien se define a sí mismo como independiente; Job ha obedecido minuciosamente las palabras de Dios, amándolas más que su comida diaria (23:12).

Esa es la razón por la que la ausencia de Dios no solo es desconcertante, sino aterradora (23:13–17). La confianza continua de Job en la soberanía y el conocimiento de Dios es precisamente lo que tanto le asusta, ya que la evidencia empírica demuestra que, al menos en esta vida, el justo puede ser destruido y el impío escapar. Los “consoladores” declaran que Job debería temer a la justicia de Dios; Job teme la aparente ausencia de Dios.

Cuando llegan esos días, es vital que recordemos el final del libro de Job y el de la Biblia.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 54). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Dios le tiende la mano

Viernes 23 Febrero

Extendí mis manos todo el día a pueblo rebelde, el cual anda por camino no bueno, en pos de sus pensamientos.

Isaías 65:2

Agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas… haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.

Colosenses 1:19-20

Dios le tiende la mano

Quizá no haya nada más opuesto a nuestros pensamientos naturales que la reconciliación tal y como la describe la Biblia. ¡Cuán sorprendente es que Dios, el gran Dios de los cielos y de la tierra, esté esperando nuestro sí para perdonarnos! ¡Qué diferencia con lo que sucede entre los seres humanos! Nos parece normal que la iniciativa de la reconciliación proceda de quien actuó mal. Este debe pedir perdón, presentar sus disculpas y, si es posible, reparar el daño. A menudo cada uno reconoce su parte de error y así se soluciona el problema.

¡Pero entre Dios y los hombres es muy diferente! Dios mismo es el reconciliador, es decir, él toma la iniciativa y paga los daños.

Aunque siempre haya tendido la mano a los hombres, estos no siempre escucharon, pues son un “pueblo rebelde”. El hombre incrédulo es indiferente a Dios, incluso hostil, pero Dios se acerca a cada uno de nosotros. Si acepto tomar su mano, descubro que me ama y que quiere cambiar mi hostilidad por su amor. ¿Cómo es posible? ¡Mediante la muerte de su Hijo! Cuando Jesús fue crucificado, llevó sobre sí nuestra hostilidad y nuestro alejamiento de Dios; luego resucitó. Jesús destruyó la barrera de nuestros pecados, la cual se interponía entre nosotros y Dios.

La reconciliación que la muerte de Cristo produjo se hace efectiva para todo el que la acepta. No descansa sobre una mejoría de su comportamiento, sino sobre la obra cumplida por Jesús una vez para siempre en la cruz.

Éxodo 7 – Hechos 7:1-29 – Salmo 25:16-22 – Proverbios 10:13-14

Gozar de su plenitud

FEBRERO, 22

Gozar de su plenitud

Devocional por John Piper

Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia. (Juan 1:16)

Justo antes del culto del domingo pasado, la pequeña banda de santos que oran estaba orando con fervor por la fe de nuestra gente, por las iglesias del área de las ciudades gemelas y por las naciones. En un momento, un hombre oró las palabras de Juan 1:14-16:

Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad… Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia.

Fue uno de esos momentos de epifanía para mí. Dios permitió que en ese momento la palabra «plenitud» —de su plenitud— llevara una plenitud cuyo efecto fuera extraordinario en mí. Sentí una medida de lo que la palabra realmente conlleva: la plenitud de Cristo.

Sentí un poco de lo maravilloso que es que de su plenitud ciertamente haya recibido gracia sobre gracia; y en ese momento estaba recibiendo gracia sobre gracia. Sentí, en ese mismo momento, que nada habría sido más dulce que simplemente sentarme a sus pies —o leer la Biblia— toda la tarde, y sentir su plenitud desbordarse.

¿Por qué es que esta plenitud tiene tal impacto en mí, y por qué hasta este momento sigue constantemente teniendo un impacto en mí? En parte, porque…

…Aquel de quien cuya plenitud estoy siendo saturado por la gracia es el Verbo que estaba con Dios y que era Dios (Juan 1:1-2), de manera que su plenitud es la plenitud de Dios: una plenitud divina, una plenitud infinita;*

… este Verbo se hizo carne y fue uno de nosotros y nos perseguía con su plenitud: es una plenitud accesible;*

…cuando este Verbo apareció en forma humana, su gloria fue vista: su plenitud es gloriosa;*

… este Verbo era «el unigénito del Padre», de esa manera la plenitud divina estaba siendo mediada para nosotros no solamente de parte de Dios sino a través de Dios: Dios no envió a un ángel sino a su Hijo único para impartir su plenitud;*

… la plenitud del Hijo es una plenitud de gracia: no me ahogaré en esta plenitud sino que seré bendito por esta plenitud en todo sentido;*

… esta plenitud no es solo una plenitud de gracia sino también de verdad: no estoy siendo lleno de gracia con halagos que hacen caso omiso de la verdad; esta gracia tiene sus raíces en la realidad de una roca sólida.*


Devocional tomado del articulo “From His Fullness We Have All Received Grace upon Grace”

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Éxodo 5 | Lucas 8 | Job 22 | 1 Corintios 9

22 FEBRERO

Éxodo 5 | Lucas 8 | Job 22 | 1 Corintios 9

1 Corintios 9:19–23 es uno de los pasajes más reveladores del Nuevo Testamento en cuanto a la visión de la ley por parte de Pablo.

Por un lado, el apóstol afirma que, para evangelizar a los judíos, se ha vuelto como uno de ellos; concretamente, se ha vuelto como “los que viven bajo la ley”, aunque “yo mismo no vivo bajo la ley” (9:20). Así pues, aunque Pablo ciertamente se reconoce como judío de raza (véase, por ejemplo, Romanos 9:3), en este momento de su vida no se ve bajo la ley-pacto. Cuando se dispone a acometer la tarea de ganar para Cristo a sus hermanos judíos, quiere eliminar toda ofensa innecesaria, por lo que adopta la disciplina kosher; en este sentido, se vuelve como un judío, como uno que está bajo la ley.

Por otro lado, cuando se prepara para evangelizar a los gentiles, se vuelve como “los que están sin ley”. Siendo consciente de que esta postura podía entenderse como simple rebeldía, Pablo añade, entre paréntesis, que eso no significa que estuviese libre de toda ley. Todo lo contrario; el apóstol escribe: “No estoy libre de la ley de Dios sino comprometido con la ley de Cristo” (9:21).

Así pues, por un lado, Pablo no está bajo la ley; por otro, no está libre de la ley de Dios, sino que se encuentra bajo la ley de Cristo. ¿Qué significa esto?

(a) La “ley” bajo la que Pablo se ve no puede ser exactamente la misma que la Torá (el Pentateuco) o, de forma más general, las exigencias de Dios en las Escrituras del Antiguo Testamento. Es verdad que Pablo dice en otro pasaje: “Lo que importa es cumplir los mandatos de Dios” (1 Corintios 7:19). No obstante, estos no son los mandatos que encontramos en el Antiguo Testamento.

Después de todo, la línea anterior dice: “Para nada cuenta estar o no circuncidado; lo que importa es cumplir los mandatos de Dios”. El judío reflexivo respondería: “Pero la circuncisión es uno de los mandamientos de Dios”. No para Pablo: guardar los mandamientos del Señor u obedecer su ley no es, para él, lo mismo que observar la ley mosaica.

(b) Lo que obliga a Pablo y establece los límites de su flexibilidad en su afán por evangelizar tanto a judíos como a griegos es “la ley de Cristo” (9:21). Sus afirmaciones no tienen sentido si “la ley de Cristo” es exactamente idéntica a la de Dios, tal como encontramos en la Torá. Debe bajarse de su “tercera posición” (la del cristiano) para ser como un judío o un gentil.

(c) Saber cómo es la relación entre la “ley de Dios” mosaica y “la ley de Cristo” es complejo y Pablo lo vislumbra en Romanos 3:21–26 (véase la meditación del 31 de enero). Aquí es suficiente con observar que el motivo de la magnífica flexibilidad cultural de Pablo es poder “ganar a los débiles”, “a fin de salvar a algunos por todos los medios posibles” (9:22).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 53). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La protección divina

Jueves 22 Febrero

Guárdame, oh Señor, de manos del impío; líbrame de hombres injuriosos.

Salmo 140:4

Me guardarás de la angustia; con cánticos de liberación me rodearás.

Salmo 32:7

La protección divina

Joshua, un evangelista, iba a ser ejecutado en una cárcel africana. Siempre había predicado el mensaje del amor y del perdón divino. Pero la policía secreta había informado al dictador que la iglesia crecía, y este había ordenado que el pastor fuese arrestado. Joshua sabía que los prisioneros eran torturados antes de ser ejecutados, y que muchos no soportaban los golpes. Entonces clamó al Señor: Tengo miedo, ayúdame, Señor. No tengo miedo de la muerte, sino de ser torturado antes de morir. Por favor, haz que el primer golpe sea mortal… Joshua cuenta cómo intervino Dios: «De repente vi una luz que brillaba en mi celda y escuché como una voz que me decía: No estás solo, yo estoy contigo. El temor desapareció y caí de rodillas alabando al Señor. Debí cantar muy alto, pues la puerta de mi celda se abrió y dos policías me sacaron. Pensé que el momento de mi muerte había llegado, pero continuaba cantando a mi Señor. Cuando el oficial me vio dijo a los policías: ¿Han oído cómo canta? Este hombre está totalmente loco. ¡No sirve de nada matarlo, láncenlo fuera! Un instante después estaba libre».

Este creyente experimentó lo que otros han experimentado: “El Señor guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre” (Salmo 121:8).

En la Biblia, un relato similar (Hechos 16:22-34) nos muestra cómo el guarda de una cárcel, junto con su familia, creyó en Jesús después de que dos presos cantaron himnos a Dios.

Éxodo 6 – Hechos 6 – Salmo 25:11-15 – Proverbios 10:11-12

Nuestro siervo Jesús

FEBRERO, 21

Nuestro siervo Jesús

Devocional por John Piper

Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. (Marcos 10:45)

Él no fue solo siervo de su pueblo mientras vivió en la tierra, sino que también será nuestro siervo cuando regrese. «Dichosos aquellos siervos a quienes el señor, al venir, halle velando; en verdad os digo que se ceñirá para servir, y los sentará a la mesa, y acercándose, les servirá» (Lucas 12:37).

No solamente eso: él es nuestro siervo ahora. «”Nunca te dejaré ni te desampararé”, de manera que podemos decir confiadamente: “El Señor es el que me ayuda; no temeré. ¿Qué podrá hacerme el hombre?”».

¿Denigra esto al Cristo resucitado —el decir que él fue y es y será para siempre el siervo de su pueblo? Lo haría si siervo significara ‘aquel que recibe órdenes’, o si pensáramos que nosotros somos amos de él. Sí, eso lo deshonraría. Sin embargo, decir que somos débiles y necesitados no lo deshonra.

No lo deshonra que digamos que él es el único que puede servirnos con lo que más necesitamos.

No lo deshonra que digamos que él es una fuente inagotable de amor, y que mientras más nos ayuda y más dependemos de su servicio, más increíbles nos parecen sus recursos. Por lo tanto, podemos decir confiadamente: «¡Jesucristo está vivo para servir!».

Él está vivo para salvar. Él está vivo para dar, y está muy entusiasmado de que así sea.

No está agobiado con nuestras preocupaciones. Él florece al llevar nuestras cargas. Él quiere «obrar a favor de quien espera en él» (Isaías 64:4). Él «favorece a los que… esperan en su misericordia» (Salmos 147:11).«Porque los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente suyo» (2 Crónicas 16:9).

El servicio omnipotente de Jesucristo se desborda para el bien de todo aquel que en él confía.


Devocional tomado del articulo “Jesus Christ Is Alive to Serve!”

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Éxodo 4 | Lucas 7 | Job 21 | 1 Corintios 8

21 FEBRERO

Éxodo 4 | Lucas 7 | Job 21 | 1 Corintios 8

El segundo discurso de Zofar (Job 20) concluye la segunda ronda de los tres “consoladores miserables”. La respuesta de Job (Job 21) acaba con este ciclo.

Job dice que si no le pueden proporcionar ningún consuelo, lo mínimo que pueden hacer es escucharle cuando les responde (21:2). Cuando termine, podrán seguir con sus burlas (21:3).

El meollo de la respuesta de Job da que pensar a cualquiera que se preocupe de la moralidad y la justicia: “¿Por qué siguen con vida los malvados, cada vez más viejos y más ricos?” (21:7). No sólo parece que no existe un patrón obvio de juicio temporal sobre los abiertamente impíos, sino que muy frecuentemente se produce lo contrario: los malos pueden ser los más prósperos de todos. “Sus toros son verdaderos sementales; sus vacas paren y no pierden las crías” (21:10). Tienen muchos hijos sanos, cantan y bailan. Exhiben un total desinterés en Dios (21:14), pero disfrutan de la prosperidad (21:13). Es raro que su lámpara se apague (21:17). Proverbios populares como “Dios reserva el castigo para los hijos del pecador” (21:19) no impresionan a Job; a los verdaderamente malvados, no les preocupa dejar a su familia en la miseria, ya que ellos están cómodos (21:21). Por esta razón, los impíos necesitan beber “la ira del Todopoderoso” (21:20), pero esto no ocurre habitualmente. Es verdad que Dios lo sabe todo; Job no quiere negar el conocimiento y la justicia del Todopoderoso (21:22). Sin embargo, no se pueden ocultar los hechos. Una vez que el rico y el pobre mueren, ambos sufren la misma descomposición (21:23–26). ¿Dónde está la justicia aquí?

Incluso con las exageraciones de Job (después de todo, algunos impíos sufren juicios temporales), no debería despreciarse su reflexión. Si las cuentas de la bendición y el castigo se calculan únicamente en base a lo que acontece en esta vida, este mundo es muy injusto. Millones de personas relativamente buenas mueren entre sufrimientos, pobreza y degradación; millones de personas relativamente malas disfrutan de una vida completa y mueren durmiendo. Todos podemos citar ejemplos que demuestran la justicia de Dios en esta vida, ¿pero qué pasa con el resto de las historias?

El sistema moral de los tres interlocutores de Job, basado en el ojo por ojo, no puede gestionar los millones de casos complicados existentes. Además, como ellos, Job no quiere cuestionar la justicia de Dios, pero los hechos son los hechos: distorsionar la verdad y la realidad no es una virtud, ni siquiera cuando se está defendiendo esa justicia de Dios.

Con el paso del tiempo quedará más claro que la justicia definitiva se impartirá después de la muerte, y que el Dios de justicia conoce por sí mismo la injusticia, no solo por su omnisciencia, sino por su experiencia en una cruz.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 52). Barcelona: Publicaciones Andamio.

En el nivel más bajo de la escala

Dios es grande, pero no desestima a nadie.

Job 36:5

Él levanta del polvo al pobre, y del muladar exalta al menesteroso, para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de honor.

1 Samuel 2:8

En el nivel más bajo de la escala

Hoy en día se habla de «ascensor social» para referirse al conjunto de medios que permiten a las personas mejorar su condición en la sociedad. Pero Dios quiere hacer mucho más. Él nos pone a todos, desde el punto de vista moral, en el mismo plano: “No hay diferencia, por cuanto todos pecaron” (Romanos 3:22-23). Si nos consideramos a nosotros mismos de forma realista, debemos reconocer que esta apreciación de Dios es totalmente justa. Pero al llegar a esta conclusión, Dios no nos deja sin recursos, pues nos dice que si creemos en Jesucristo, su Hijo, nos ofrece su gracia y su perdón. ¡Sí, todos los hombres pecaron, pero todos los que creen son “justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”! (Romanos 3:24). “No hay acepción de personas para con Dios” (Romanos 2:11), no hay parcialidad.

La Biblia presenta numerosos ejemplos de personas que, en nuestra opinión, se hallaban «en el nivel más bajo de la escala», y que fueron «exaltadas» porque confiaron en Dios:

–En la parábola, Lázaro era un hombre pobre y lleno de llagas, las cuales los perros lamían, y deseaba comer las migajas que caían de la mesa del hombre rico (Lucas 16:19-31). Cuando murió fue “llevado por los ángeles” al paraíso (Lucas 16:22).

–El ladrón crucificado al lado de Jesús reconoció sus crímenes ante el Señor y recibió esta respuesta: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

No hay una situación desesperada hasta tal punto que Dios no pueda atraernos a él.

Éxodo 5 – Hechos 5:17-42 – Salmo 25:6-10 – Proverbios 10:9-10

Clases de frutos espirituales

Clases de frutos espirituales

2/20/2018

Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra. (Colosenses 1:10)

¿Qué clase de frutos glorifica a Dios? Filipenses 1:11 dice: “Llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”. La justicia, que es hacer lo bueno, es el fruto que Dios desea en nuestra vida. Cuando hacemos lo bueno, glorificamos a Dios; cuando hacemos lo malo, no lo honramos. El fruto es sinónimo de justicia.

Hay dos clases de frutos espirituales: el fruto de la acción, que consiste en dar, guiar a otros a Cristo y expresar gratitud a Dios, y el fruto de la actitud. Gálatas 5:22-23 describe el fruto de la actitud: “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”.

¿Cómo puede usted asumir las actitudes correctas? El versículo 25 dice: “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”. Cuando le ceda al Espíritu Santo el control de su vida, Él impregnará su vida y producirá el debido fruto.

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Maravillado por la resurrección

FEBRERO, 20

Maravillado por la resurrección

Devocional por John Piper

Amados, esta es ya la segunda carta que os escribo, en las cuales, como recordatorio, despierto en vosotros vuestro sincero entendimiento… (2 Pedro 3:1)

Al acercarse la Pascua, despertemos nuestro agradecimiento y gozo y admiración y asombro ante lo que la resurrección de Jesús significa para nosotros. La maldición de nuestra naturaleza caída es que lo que alguna vez nos entusiasmaba se ha convertido ahora en normal. La realidad no ha cambiado; nosotros sí.

Esa es la razón por la que la Biblia existe. Pedro dice acerca de sus dos cartas que han sido escritas para «despertar» o «suscitar» en la forma de «recordatorio».

Por lo tanto, despertemos nuestro sincero entendimiento por medio de un recordatorio.

¿Qué es lo que Dios ha hecho al resucitar a Jesús de entre los muertos? He aquí algunas respuestas bíblicas.

Debido a la resurrección de Jesús, hemos vuelto a nacer a una esperanza viva.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos… (1 Pedro 1:3).

Debido a la resurrección de Jesús, ahora él tiene la gloria para la que fuimos creados. Nuestro destino final es verlo como él es.

Dios, que le resucitó de entre los muertos y le dio gloria… (1 Pedro 1:21).

Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera… Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo (Juan 17:5,24).

Que el Señor Jesús resucitado despierte nuestro sincero entendimiento a nuevas profundidades de adoración y fidelidad y gozo.


Devocional tomado del articulo “Deja que los resultados de la Resurrección de Jesús revivan tu pasión por Su supremacía sobre todas las cosas”