Éxodo 3 | Lucas 6 | Job 20 | 1 Corintios 7

20 FEBRERO

Éxodo 3 | Lucas 6 | Job 20 | 1 Corintios 7

Cuando Pablo comienza a contestar a las preguntas de los corintios (“los asuntos que me planteasteis por escrito”, 1 Corintios 7:1), el primer asunto que considera es el matrimonio, y temas relacionados con el mismo (1 Corintios 7). La primera parte de su exposición trata del sexo dentro del matrimonio cristiano (1 Corintios 7:1–7).

(1) Como recurso típico de muchas de sus respuestas a esta iglesia dividida, Pablo pone aquí de manifiesto su sensibilidad pastoral con frase del tipo “Sí… pero”. “’Es mejor no tener relaciones sexuales’. Pero… cada hombre debe tener su propia esposa, y cada mujer su propio esposo” (7:1–2). “Preferiría que todos fuerais como yo. No obstante, cada uno tiene de Dios su propio don” (7:7). En otras palabras, el apóstol no sólo debe responder a sus preguntas, sino también a sus extremos. Idealmente, debe hacerlo uniendo a las facciones, elogiando a quienes aportan luz al asunto, pero al mismo tiempo ayudando a cada parte a darse cuenta de que no posee toda la verdad del tema y que en realidad está distorsionando la sabiduría.

(2) Algunos han traducido 7:1 de la siguiente manera: “Es bueno para el hombre no casarse”. Literalmente, el griego dice: “Es bueno para el hombre no tocar mujer”. Esos traductores suponen que estas palabras constituyen un eufemismo del matrimonio. Recientemente, los expertos han afirmado que ese no es el caso. Aparentemente, algunos cristianos de Corinto fomentaban un estilo de vida ascético. Pablo está preparado para decir que esa perspectiva es meritoria: después de todo, más adelante en el capítulo destaca las ventajas de permanecer célibe para el ministerio del Evangelio. No obstante, el ascetismo no es el único valor; de hecho, puede convertirse en un ídolo, o en una forma de despreciar los buenos regalos de Dios o de negarse a reconocer la diversidad de las bendiciones que el Señor concede a su pueblo. Después de todo, el matrimonio alivia la tensión sexual; decir que esta no existe y agarrarse desesperadamente al ascetismo puede desembocar en repugnantes pecados sexuales (como ha ocurrido con frecuencia). La respuesta social, bíblicamente hablando, no es el sexo libre ni la lascivia, sino el matrimonio, que no solo tiene este valor, por supuesto, aunque es muy real.

(3) Nótese cómo Pablo insiste en que, en el ámbito del matrimonio, los privilegios y responsabilidades sexuales son recíprocos: p. ej., “cada hombre debe tener su propia esposa, y cada mujer su propio esposo “, lo que dista mucho de tratar a la mujer como una esclava. ¿Cuántas afirmaciones recíprocas se encuentran en este párrafo?

(4) Dentro del matrimonio, ninguno de los cónyuges debe privar al otro de las relaciones sexuales normales, excepto si hay consentimiento mutuo o un propósito de dedicarse ambos a la oración. Incluso así, estas excepciones solo deben aplicarse temporalmente. Por tanto, según las Escrituras, el sexo nunca debe utilizarse como un arma, ofrecerse como soborno o retirarse como castigo.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 51). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿La mentira o la Biblia?

Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres… De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado… Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

Juan 8:32, 34, 36

¿La mentira o la Biblia?

El silencio reinaba en el taxi que me llevaba al hospital aquella mañana. El conductor estaba concentrado en la circulación y yo pensaba en la jornada que me esperaba…

Solo se oía la radio como ruido de fondo. De repente un locutor presentó al invitado del día: un vidente, y precisó que la gente podía llamar para hacer preguntas. Las llamadas se sucedían, ¡pero para dar aquellas respuestas no se necesitaba un gran don de videncia! A menudo eran respuestas de sentido común, o frases de doble sentido…

–¡No creo nada de eso!, susurró el conductor.

–Conozco un libro que contiene cientos de predicciones, y muchas de ellas ya se cumplieron, le respondí.

–¿Es verdad? ¿De qué libro se trata?

–¡De la Biblia!

Sorprendido, el conductor apagó la radio para que pudiésemos hablar mejor.

Cuando llegamos a mi destino, agradecí al conductor. Su mirada pensativa me confirmó que nuestra conversación le había hecho reflexionar…

¡Es extraño comprobar que a menudo los que rehúsan leer la Biblia consultan el horóscopo y a los videntes! Preferimos escuchar aquello que queremos escuchar, incluso si son mentiras.

Decir la verdad es un signo de amor. Y esto es precisamente lo que Dios hace en la Biblia, incluso si a veces nos cuesta escucharlo. Pero él no nos deja en ese estado doloroso; todo lo contrario, nos tiende la mano para liberarnos de aquello que nos encadena. ¡Confiemos en él, y la verdad nos hará libres!

Éxodo 4 – Hechos 5:1-16 – Salmo 25:1-5 – Proverbios 10:7-8

El tipo de frío que mata

FEBRERO, 19

El tipo de frío que mata

Devocional por John Piper

Envía sus órdenes a la tierra; su palabra corre velozmente. (Salmos 147:15)

Esta noche hará cuarenta grados más en el congelador de nuestra cocina que afuera, acá en Minneapolis. La temperatura más alta mañana será de cinco grados bajo cero (Fahrenheit). Recibimos esto de la mano de Dios.

Envía sus órdenes a la tierra;
su palabra corre velozmente.
Manda la nieve como lana;
esparce la escarcha cual ceniza.
Arroja su hielo como migas de pan;
¿Quién puede resistir ante su frío?
Envía su palabra y los derrite;
hace soplar su viento y el agua corre

(Salmos 147:15-18).

Este es el tipo de frío con el que no jugamos. Nos mata.

Cuando vine de Carolina del Sur a Minnesota, me vestí de manera apropiada. Sin embargo, no había preparado suministros ni un equipo de socorro en mi auto en caso de que se averiara.

Un domingo en la noche, en el regreso de la iglesia a la casa, en medio de un frío de este tipo, mi auto murió. Esto ocurrió antes de que existieran los teléfonos celulares, y yo tenía a dos niños pequeños en el auto.

No había nadie en ese camino, y de repente me di cuenta de que esto era peligroso.

Pronto fue muy peligroso. No venía nadie.

Vi a la distancia, a través de una cerca, una casa. Yo soy el papá, y este es mi trabajo. Trepé la cerca, corrí a la casa y toqué la puerta. Había gente. Les expliqué que tenía a mi esposa y a dos niños pequeños en el auto y les pregunté si nos dejarían entrar. Así lo hicieron.

Este es el tipo de frío con el que uno no juega.

Esta es una manera más en que Dios dice: «sea caliente o frío, alto o profundo, afilado o desafilado, ruidoso o silencioso, brillante u oscuro… no se juega conmigo. Yo soy Dios. Yo hago todas estas cosas. Ellas hablan de mí, así como la brisa tibia de verano lo hace, y la lluvia ligera, y la suave luz nocturna de la luna, y el sonido del agua a orillas del lago, y los lirios del campo y los pájaros en el aire».

Hay una palabra para nosotros en medio de este frío. Que el Señor nos dé piel para sentir y oídos para oír.


Devocional tomado del articulo “A Kind of Cold You Don’t Play With”

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Éxodo 2 | Lucas 5 | Job 19 | 1 Corintios 6

19 FEBRERO

Éxodo 2 | Lucas 5 | Job 19 | 1 Corintios 6

Nuestros dos pasajes están vinculados de una forma sutil.

La respuesta de Job a Bildad (Job 19) es impactante por su intensidad. Es casi como si estuviese dispuesto a explicar con detalle las tensiones y paradojas de su propia posición. Las palabras de Job se fundamentan en cuatro aspectos esenciales. Primero, Job continúa reprendiendo a sus miserables consoladores por su total falta de apoyo. Incluso aunque se hubiese “desviado” (19:4), no tienen por qué humillarlo. Segundo, Job concreta lo que ha ido dando a entender todo el tiempo: si está sufriendo injustamente y Dios controla la situación, entonces este le está perjudicando (19:6). Una vez más, una serie de versículos describe elocuentemente cómo el Señor lo ha destrozado y ha bloqueado su camino, envolviendo sus sendas en tinieblas. Tercero, Job provee algunas descripciones gráficas de su sufrimiento. Su aliento es repulsivo para su esposa; es repugnante para sus propios hermanos (19:17). En una cultura en que los jóvenes deben respetar a sus mayores, ve que incluso los niños pequeños se mofan de él. Su salud se ha desvanecido; sus amigos más íntimos no tienen piedad o compasión con él. Cuarto, sin embargo, el componente más paradójico es que Job sigue confiando en Dios. En un pasaje conocido por sus dificultades exegéticas (19:25–27), afirma que sabe que su “redentor” vive: se trata de la misma palabra que el libro de Rut utiliza para referirse a Booz (Rut 2:20), y probablemente tenga aquí un matiz de “defensor”. A pesar de lo evidente de sus sufrimientos, afirma que Dios, su defensor, vive, y “al final triunfará sobre la muerte” (a la luz del siguiente versículo, puede ser una referencia escatológica, o puede estar hablando del final del sufrimiento de Job, con Dios permaneciendo sobre su tumba). El propio Job verá al Todopoderoso con sus ojos, algo que su corazón anhela dentro de él.

La integridad y fidelidad de este hombre son asombrosas. Se niega a confesar porque no hay nada que confesar, pero nunca deja de reconocer que sólo Dios es Dios. Satanás está perdiendo su apuesta.

Resulta interesante que Pablo también haga un llamamiento a cierto tipo de integridad a los cristianos de Corinto (1 Corintios 6). La triste dimensión de este capítulo es que al menos algunos corintios estaban poniendo en peligro su integridad por no más razones que las tentaciones habituales sumadas a un deseo subliminal de actuar como la cultura que los rodeaba. No todos estaban pasando por el tipo de presión a la que Job fue sometido. Necesitaban aprender que los pleitos entre hermanos cristianos, cuyo fin era ganar al otro, ya constituían un símbolo de derrota (6:7); que la libertad cristiana nunca es una excusa para hacer lo que quisiesen, pues los creyentes buscan lo que es beneficioso y entienden que su cuerpo pertenece a otro (6:12–20). Job ya sabía estas cosas.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 50). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La bendición del Señor es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.

Lunes 19 Febrero

La bendición del Señor es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.

Proverbios 10:22

Conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.

2 Corintios 8:9

Las riquezas son efímeras

Era uno de los hombres más ricos del mundo. El gran público lo conocía especialmente por su ambición desmedida, sus locuras y su gusto por las fiestas excéntricas. Murió de un paro cardíaco mientras dormía. Acababa de cumplir 70 años, y era el símbolo del capitalismo triunfante de años prósperos.

La Biblia presenta el caso de un hombre muy rico que, satisfecho de su éxito, ponía su confianza en sus riquezas. Sin embargo, Dios le dijo: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (Lucas 12:20). Su vida le fue quitada bruscamente esa misma noche. Contando solo con su bienestar efímero, este hombre había olvidado a Dios, en quien están las riquezas eternas: su amor, su perdón, su paz y la vida eterna, ofrecida gratuitamente por medio del sacrificio de Jesucristo en la cruz.

El dinero no es lo único que deseamos poseer para satisfacer nuestras aspiraciones. Pero, ¿cuál es su valor? A menudo Jesús denunció la futilidad de las riquezas que acumulamos en la tierra, para invitarnos a hacernos tesoros en el cielo (Mateo 6:19-20; Lucas 16:13). Él mismo, aunque era rico porque era Dios, vivió en la pobreza para enriquecernos con los bienes de su amor.

Nuestra vida terrenal es tan solo una neblina que aparece por un poco de tiempo, y luego desaparece (Santiago 4:14). ¡No la malgastemos yendo tras cosas que tendremos que dejar! ¡Jesús nos ofrece la vida eterna!

Éxodo 3 – Hechos 4 – Salmo 24:7-10 – Proverbios 10:5-6

Cuando somos inmortales

FEBRERO, 18

Cuando somos inmortales

Devocional por John Piper

Cuando se hizo de día, los judíos tramaron una conspiración y se comprometieron bajo juramento, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubieran matado a Pablo.(Hechos 23:12)

¿Y qué pasó con esos tipos hambrientos que prometieron no comer hasta que hubieran tendido una emboscada a Pablo?

Leemos sobre ellos en Hechos 23:12: «Cuando se hizo de día, los judíos tramaron una conspiración y se comprometieron bajo juramento, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubieran matado a Pablo». No funcionó. ¿Por qué? Porque una serie de eventos poco probables ocurrieron:

· Un niño escuchó la conspiración.

· El niño era el hijo de la hermana de Pablo.

· El niño tuvo el coraje de ir donde el centurión romano que vigilaba a Pablo.

· El centurión lo tomó en serio y lo llevó al tribuno.

· El tribuno le creyó y preparó «doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros» para llevar a Pablo a seguridad.

Muy poco probable y extraño, pero eso es lo que ocurrió.

¿Qué es lo que hicieron mal los hombres hambrientos esperando en la emboscada? Fallaron en evaluar lo que le ocurrió a Pablo justamente antes de que ellos conspiraran. El Señor se le apareció a Pablo en la prisión y le dijo: «Ten ánimo, porque como has testificado fielmente de mi causa en Jerusalén, así has de testificar también en Roma» (Hechos 23:11).

Cristo dijo que Pablo iría a Roma, y eso sucedió. Ninguna emboscada puede oponerse a la promesa de Cristo. Hasta que llegara a Roma, Pablo sería inmortal. Había un testimonio final que debía ser dado, y Cristo se aseguraría de que Pablo lo diera.

Nosotros también tenemos un testimonio que dar, y seremos inmortales hasta que lo hayamos dado.


Devocional tomado del articulo “Nothing Stands Against Christ”

Éxodo 1 | Lucas 4 | Job 18 | 1 Corintios 5

18 FEBRERO

Éxodo 1 | Lucas 4 | Job 18 | 1 Corintios 5

El segundo discurso de Bildad de Súah (Job 18) contiene una nota de desesperación. Cuando el argumento es débil, algunas personas simplemente gritan más fuerte.

Prácticamente, Bildad comienza diciendo a Job que no tiene sentido hablar con él hasta que adopte una postura sensata (18:2). Job está más que equivocado: es perverso o está loco. Según Bildad, está dispuesto a desbaratar el propio tejido del universo para justificarse: “Es tal tu enojo que te desgarras el alma; ¡mas no por ti quedará desierta la tierra, ni se moverán de su lugar las rocas!” (18:4).

El resto del capítulo se dedica a una terrible descripción de lo que ocurre al impío, que acaba destruido, despreciado, atrapado, sometido a calamidades y desastres, aterrorizado, quemado y apartado de la comunidad. “Borrada de la tierra ha sido su memoria; de su fama nada queda en el país” (18:17). Tanto los pueblos de oriente como los de occidente “se asombran de su suerte” (18:20), una lección moral para aquellos que lo ven.

Llegados a este punto, los tres “consoladores miserables” se han puesto de acuerdo en que Job es impío. A no ser que el último versículo del capítulo sea una simple analogía, la acusación parece ahora intensificarse un poco: “Así es la morada del malvado, el lugar del que no conoce a Dios” (18:21). En otras palabras, Job no es únicamente impío, sino totalmente ignorante de Dios.

Es tiempo de reflexionar sobre este tipo de acusación. Por un lado, lo que Elifaz, Bildad y Zofar siguen diciendo concuerda totalmente con un tema repetido en las Escrituras: Dios es justo, hará justicia, y todo ello se verá. Todo el mundo reconocerá un día que Dios es justo, en la sumisión reverente de la fe o en el terror que clama por rocas y montañas donde puedan esconderse de la ira del Cordero (Apocalipsis 6). Este asunto es recurrente prácticamente en todas las partes importantes de la Biblia. La alternativa al juicio es espantosa: no existe el juicio final y perfecto, por lo que no hay justicia, ni distinción entre lo correcto y lo incorrecto, entre el bien y el mal. De no haber juicio, se estaría negando el significado del mal.

Sin embargo, aplicar esta perspectiva con demasiada rapidez, o mecánicamente, o como si tuviésemos acceso a todos los hechos, es anular el significado del mal desde otro ángulo. El sufrimiento inocente (como hemos visto) está descartado. Llamar malo a un buen hombre a fin de preservar el sistema no solo es personalmente cruel, sino que relativiza el bien y el mal; cuestiona a Dios al decir que no existe diferencia entre ambos. En algunas ocasiones, debemos apelar simplemente al misterio de la impiedad.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, pp. 49–50). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La expresión de la victoria

Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.

Juan 19:30

La expresión de la victoria

Las siete expresiones de Jesús en la cruz (6)

“Consumado es”. La sexta frase de Jesús está llena de poder; expresa una seguridad, subraya con fuerza un resultado. Al final de esas seis horas de la cruz, en el momento que precedió la muerte de Jesús, algo que había sido anunciado pero que hasta ahora no podía ser comprendido, halló su sentido definitivo. ¿Cómo entender esta expresión? La respuesta es vasta e infinita…

Por medio de ella se cumplieron las Escrituras, es decir, todas las profecías relacionadas con la venida, el ministerio y la muerte de Jesús, pero igualmente todo lo que Dios había dicho sobre los sacrificios, es decir, los ritos prescritos por la ley de Moisés. Jesús fue el Cordero de Dios ofrecido en sacrificio.

La obra de salvación se llevó a cabo en sus múltiples aspectos. Jesús se convirtió en el que redime, el redentor, pues pagó la deuda que teníamos con respecto a Dios debido a nuestros pecados; en aquella época la expresión “consumado es” aparecía al final de una factura e indicaba que esta había sido totalmente pagada. Jesús fue nuestro sustituto en la cruz: “llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2:24). Fue nuestra propiciación, es decir, ahora Dios nos es propicio, favorable.

Solo Jesús podía pronunciar esta frase. Ella lo muestra en el centro de los planes divinos. Dios nos pide solo una cosa: creer y apropiarnos de la total eficacia de la obra cumplida. ¡Qué pobres se vuelven las exhortaciones de las religiones que invitan al hombre a «hacer», al lado de esta frase de Jesús, dirigida a toda la humanidad: ¡“Consumado es”!

(continuará el próximo domingo)

Éxodo 2 – Hechos 3 – Salmo 24:1-6 – Proverbios 10:3-4

¿Cree verdaderamente en Dios?

¿Cree verdaderamente en Dios?

2/17/2018

[Abraham] tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios. (Romanos 4:20)

Decir que se cree lo que Dios ha dicho es mucho más fácil que confiar en Él verdaderamente. Por ejemplo, muchos que afirman que “Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas” (Fil. 4:19) caen en la ansiedad cuando afrontan dificultades económicas.

También la Biblia dice que, si damos generosamente con los motivos correctos, Dios nos recompensará (Mt. 6:3-4). Muchos dicen que creen también en ese principio, pero les resulta difícil ponerlo en práctica. Muchos cristianos también temen a la muerte, aunque Dios ha dicho que nos dará la gracia que necesitamos para afrontarla y que nos llevará después al cielo.

Creer en Dios significa que reconocemos su gloria, que es la suma de todos sus atributos y la plenitud de toda su majestad. Si Él es quien dice que es, entonces se le debe creer. Usted crecerá espiritualmente cuando le diga a Dios: “Si tu Palabra lo dice, lo creeré; si tu Palabra lo promete, lo reclamaré; y si tu Palabra lo ordena, lo obedeceré”.

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Los dulces designios de Dios

FEBRERO, 17

Los dulces designios de Dios

Devocional por John Piper

Pero cuando Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia… (Gálatas 1:15)

Meditemos en la conversión de Pablo, la soberanía de Cristo y lo que los pecados de Pablo tienen que ver con nuestra salvación.

Pablo dice que Dios «me apartó desde el vientre de mi madre», y que luego, en el camino a Damasco, «me llamó por su gracia» (Gálatas 1:15). Esto significa que, entre el nacimiento de Pablo y el llamamiento en el camino a Damasco, él ya había sido escogido pero aún no había sido llamado como instrumento de Dios (Hechos 9:15; 22:14).

Lo anterior significa que Pablo estaba golpeando y encarcelando y asesinando a cristianos como un escogido de Dios que pronto se convertiría en un misionero cristiano.

Y aconteció que cuando iba de camino, estando ya cerca de Damasco, como al mediodía, de repente una luz muy brillante fulguró desde el cielo a mi derredor, y caí al suelo, y oí una voz que me decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 22:6-7).

No había forma de negarlo o escaparse. Dios lo había escogido para esto antes de que él naciera, y ahora lo estaba llevando a cabo. La palabra de Cristo es soberana. No había negociación posible.

Levántate y entra a Damasco; y allí se te dirá todo lo que se ha ordenado que hagas (Hechos 22:10).

Damasco no fue el lugar donde el libre albedrío de Pablo cediera a Cristo después de décadas de intentos divinos inútiles para salvarlo. Dios tenía un tiempo para escogerlo (antes de que naciera) y un tiempo para llamarlo (en el camino a Damasco). Pablo cedió cuando Dios lo llamó.

Por lo tanto, los pecados que Dios permitió que ocurrieran entre el nacimiento de Pablo y su llamamiento fueron parte del plan, ya que Dios podría haber hecho la obra de Damasco antes.

¿Tenemos alguna idea de lo que el plan de esos pecados podría ser? Sí. Fueron permitidos para ustedes y para mí —para todos aquellos que teman que sus pecados estén fuera del alcance de la gracia—. Es de esta manera que los pecados de Pablo se relacionan con nosotros.

Aun habiendo sido yo antes blasfemo, perseguidor y agresor. Sin embargo, se me mostró misericordia… por esto hallé misericordia, para que en mí, como el primero, Jesucristo demostrara toda su paciencia como un ejemplo para los que habrían de creer en Él para vida eterna (1 Timoteo 13, 16).

¡Oh, cuán dulces son los designios de Dios, que en su soberanía salva a pecadores endurecidos!


Devocional tomado del articulo “God’s Sovereignty, Paul’s Conversion”

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