Entonces será revelada la gloria del SEÑOR, y toda carne a una la verá

24 de diciembre

«Entonces será revelada la gloria del SEÑOR, y toda carne a una la verá».

Isaías 40:5 (LBLA)

Aguardemos gozosos el día feliz cuando todo el mundo se convertirá a Cristo; cuando se arrojarán a los topos y a los murciélagos los dioses paganos; cuando el papismo desaparecerá y la media luna de Mahoma entrará en su cuarto menguante para que jamás proyecte sus funestos rayos sobre las naciones; cuando los reyes se inclinarán delante del Príncipe de paz y todas las naciones llamarán bendito a su Redentor. Algunos desesperan de esto: miran el mundo como una embarcación que se rompe y se hace pedazos para nunca más volver a flotar. Sabemos que el mundo y todo lo que en él hay tienen algún día que ser quemados y, después, aguardamos nuevos cielos y nueva tierra; pero no podemos leer nuestras biblias sin la convicción de que…

dominará Jesús el Rey

en todo país do alumbra el sol.

No nos desalentemos por lo largo de su demora; no estemos descorazonados por el prolongado período de tiempo asignado por Jesús a la Iglesia, en el cual esta debe debatirse entre el escaso éxito y las frecuentes derrotas. Creemos que Dios nunca permitirá que este mundo, el cual ha visto una vez la sangre de Cristo derramada en la cruz, sea para siempre la plaza fuerte del diablo. Cristo vino para librar a este mundo de la detestada dominación de los poderes de las tinieblas. Qué exclamación habrá cuando los hombres y los ángeles se unan para pregonar: «¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!» (Ap. 19:6). ¡Qué satisfacción experimentaremos ese día por haber tomado parte en el combate, por haber ayudado a quebrar «las saetas del arco» (Sal. 76:3) y contribuido a ganar la victoria de nuestro Señor! ¡Dichosos los que confían en este victorioso Señor y combaten a su lado, haciendo la pequeña parte que les corresponde en el nombre y con el poder del Señor! ¡Cuán infelices son aquellos que están del lado del mal!, pues es ese el bando perdedor. Y perder en este combate significa perder y estar perdido para siempre. ¿En qué bando te encuentras tú?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 369). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Artífices de paz

domingo 24 diciembre

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Romanos 5:1

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Mateo 5:9

Artífices de paz

“¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz…!” (Lucas 2:14). Ese fue el cántico que los ángeles entonaron cuando Jesús nació. Pero el Príncipe de la paz fue rechazado, ¡y la humanidad sigue esperando esta paz! En nuestro entorno, la enemistad entre los hombres se manifiesta diariamente: disputas entre vecinos, entre esposos, entre herederos, entre compañeros… ¡Y cuántos conflictos económicos, guerras civiles, guerras entre naciones, entre etnias, entre religiones…!

Si nos sentimos desarmados ante los grandes problemas políticos, nos gustaría al menos establecer un clima de paz entre los que nos rodean. Pero, ¿cómo estar en paz con mis familiares y amigos si estoy lleno de tensiones interiores? Y finalmente, ¿cómo estar en paz conmigo mismo, si no estoy en paz con Dios?

Pues bien, hoy Dios nos ofrece esta paz. Fue rechazada por el mundo en general cuando Jesús vino a la tierra, pero ahora está a disposición de todo el que lo recibe en su corazón. El Señor nos invita a cada uno de nosotros a ir a él tal como somos, con nuestros pecados, nuestros conflictos, nuestras amarguras, para recibir la paz con Dios. Solo entonces podremos ser una fuente de paz entre los hombres. Reflejando a Cristo, a través de una humilde búsqueda de su voluntad, seremos verdaderamente artífices de paz.

Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy” (Juan 14:27).

Zacarías 8 – Apocalipsis 17 – Salmo 146:8-10 – Proverbios 30:21-23

No hay lugar para Cristo

LA VERDAD PARA HOY – 23 DE DECIEMBRE

23 de diciembre

No hay lugar para Cristo

Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

Lucas 2:7

Estoy convencido de que la mayoría de las personas se pierden la Navidad. Observan la temporada navideña porque la cultura dice que es lo que debe hacerse, pero las multitudes no piensan en la realidad de lo que están celebrando. Se ha añadido tanto mito y fantasía a la festividad que las personas ignoran el verdadero milagro del nacimiento de Cristo. La emoción legítima de la festividad se ha dejado llevar por un desenfreno hipócrita. Hace poco vi un periódico que tenía dos páginas de entrevistas a personas en la calle que dieron sus opiniones acerca del verdadero sentido de la Navidad… Algunas fueron sentimentales, diciendo que la Navidad es un tiempo familiar, una época para los niños, y así sucesivamente. Otras fueron humanistas, diciendo que la Navidad es un tiempo para celebrar el amor a los demás seres humanos, el espíritu generoso y toda esa serie de cosas. Otras fueron insensatamente hedonistas, considerando la Navidad simplemente como otra excusa para festejar. Ninguna persona hizo mención del incomprensible milagro del nacimiento de Dios como un niñito.

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El indescriptible regalo de Dios

DICIEMBRE, 23

El indescriptible regalo de Dios

Devocional por John Piper

Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación. (Romanos 5:10-11)

¿Cómo recibimos reconciliación y gozo en Dios en la práctica? Una respuesta sería así: por medio de Jesucristo. Lo que significa, al menos en parte, crear el retrato de Jesús como está en la Biblia —la obra y las palabras de Jesús retratadas en el Nuevo Testamento— el contenido esencial de nuestro júbilo en Dios. El gozo sin el contenido de Cristo no honra a Cristo.

En 2 Corintios 4:4-6, Pablo describe la conversión de dos maneras. En el versículo 4, dice que es ver «la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios». Y en el versículo 6, dice que es ver «la gloria de Dios en la faz de Cristo». En ambos casos, podemos apreciar cuál es el punto. Tenemos a Cristo, la imagen de Dios, y tenemos a Dios en el rostro de Cristo.

En un sentido práctico, para regocijarnos en Dios nos regocijamos en lo que vemos y conocemos de Dios en el retrato de Jesucristo. Y lo experimentamos plenamente cuando el amor de Dios es derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, como dice Romanos 5:5.

Esto nos lleva al tema central la de Navidad: no solo Dios pagó por nuestra reconciliación mediante la muerte del Señor Jesucristo (versículo 10), y no solamente Dios nos dio la capacidad de recibir la reconciliación por medio del Señor Jesucristo (versículo 11), sino que también ahora, como dice el versículo 11, nos gloriamos en Dios mismo por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Jesús adquirió por precio nuestra reconciliación. Nos dio la capacidad de recibir la reconciliación y de abrir el regalo. Y Jesús mismo resplandece desde la envoltura —el obsequio indescriptible— como Dios manifestado en la carne, y despierta todo nuestro gozo en Dios.

Pongamos la mirada en Jesús esta Navidad. Recibamos el regalo de la reconciliación por la que él pagó. No lo dejemos sin abrir en un anaquel, ni lo abramos para luego convertirlo en el medio para obtener todos nuestros otros placeres.

Abramos y disfrutemos el regalo. Alegrémonos en Cristo. Hagamos de él nuestro deleite. Hagamos de él nuestro tesoro.


Devocional tomado del sermón “Nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”

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«Tuya también es la noche»

23 de diciembre

«Tuya también es la noche».

Salmo 74:16

Sí, Señor, tú no renuncias a tu trono cuando el sol se pone, ni abandonas el mundo en las largas noches de invierno, para que este sea presa del mal. Tus ojos nos vigilan como las estrellas y tus brazos nos rodean como circunda el Zodíaco el firmamento. El rocío del relajante sueño y todos los influjos de la luna están en tus manos, y tanto los sobresaltos como la quietud de la noche son iguales para ti. Esto me alienta grandemente cuando estoy en vela a altas horas de la noche o me muevo de un lado para otro en medio de mi dolor. Hay frutos preciosos que producen tanto la luna como el sol. Mi Señor puede hacer que yo sea un favorecido partícipe de ellos.

Tanto la noche de la aflicción como los luminosos días del verano cuando todo es gozo, están bajo la providencia y el cuidado del amoroso Señor. Jesús se encuentra en la tempestad. Su amor envuelve la noche como un manto; pero, para el ojo de la fe, ese manto negro es apenas un disfraz. Desde la primera vigilia de la noche hasta el amanecer del nuevo día, el eterno Observador vigila sobre sus santos y dirige las sombras y el rocío de la noche para el mayor bien de los suyos. Nosotros no creemos en deidades del bien y del mal que luchan por conseguir el dominio, sino que oímos la voz del Señor que dice: «El que forma la luz y crea las tinieblas […] yo soy el Señor, el que hago todo esto» (Is. 45:7, LBLA).

Las épocas tenebrosas de indiferencia religiosa y de pecado no están fuera del propósito divino. Cuando se profanan los altares de la verdad, los siervos del Señor lloran con amargo dolor, pero no pueden caer en la desesperación, porque las épocas más tenebrosas están regidas por el Señor y terminarán cuando él lo ordene. Lo que quizá parezca una derrota para nosotros, puede ser una victoria para él.

Aunque envueltos en oscura noche,

sin percibir ningún rayo de sol,

como el Señor se halla con nosotros,

no habremos de tener temor.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 368). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

2 Crónicas 27–28 | Apocalipsis 14 | Zacarías 10 | Juan 13

23 DICIEMBRE

2 Crónicas 27–28 | Apocalipsis 14 | Zacarías 10 | Juan 13

En Apocalipsis 13, descubrimos que todos los que estuvieran bajo la autoridad del triunvirato impío tienen una marca en su frente. Esto significa que pueden participar en el orden mundial del dragón y sus bestias, y ser librados de la ira de Satanás. Aquí en Apocalipsis 14, descubrimos que el pueblo de Dios también tiene algo en su frente: el nombre del Cordero y del Padre (14:1). Estas personas están de pie en el monte Sión con el Cordero y todas son libradas de la ira del Cordero. Por otro lado, los que llevan la marca de la bestia se enfrentan ahora a la ira del Cordero, bebiendo “el vino del furor de Dios, que en la copa de su ira está puro, no diluido” (14:10–11).

Las imágenes provienen de una visión muy distinta en Ezequiel 9, en la cual el profeta ve que Dios le pide a un hombre vestido de lino que ponga una marca sobre la frente de todas las personas en Jerusalén que guarden luto por su pecado. Cuando los verdugos angelicales pasan por la ciudad, decididos a la destrucción y a la matanza, pasan por alto a todos los que tienen la marca de Dios sobre su frente. Esta imagen se adapta ahora de dos maneras muy diferentes en Apocalipsis. Ahora todo el mundo tiene una marca en la frente. O tienes la marca de la bestia y eres librado de la ira de la bestia, pero te enfrentas al furor de Dios, o tienes la marca del Cordero, que implica que serás librado de la ira de Dios, pero tendrás que soportar las sanciones de la bestia.

¿Qué ira eliges soportar? Tendrás que enfrentarte a una de las dos. ¿Prefieres toparte con la ira de Satanás o la de Dios?

El Señor Jesús nos enseñó que debemos temer a Aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno (Mateo 10:28). En cuanto a ese tema, pocos pasajes son más aterradores que Apocalipsis 14. Se nos dice muy francamente que “el humo de ese tormento sube por los siglos de los siglos. No habrá descanso ni de día ni de noche para el que adore a la bestia y su imagen, ni para quien se deje poner la marca de su nombre” (14:11). No hay muchos pasajes más explícitos que este en cuanto a la duración eterna de ese castigo. La imagen gráfica final (14:19–20) es inimaginablemente horrenda. En el mundo antiguo, se usaban grandes lagares de piedra con agujeros en la parte de abajo. Estos se llenaban de uvas y jóvenes siervas entraban en ellos y las pisoteaban, exprimiendo el jugo que, a su vez, salía por los hoyos y se recogía para hacer vino. Pero ahora, a la luz de la última cosecha, debemos suponer que son personas las que se arrojan en el recipiente, pues lo que sale del “gran lagar de la ira de Dios” (14:19) es sangre que fluye en trescientos kilómetros.

Entonces, ¿a qué ira prefieres enfrentarte tú?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 357). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Al pie de la letra

sábado 23 diciembre

Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.

Romanos 3:24

La fe sin obras es muerta… la fe se perfeccionó por las obras.

Santiago 2:20, 22

Al pie de la letra

En el siglo 19, una gran miseria había invadido algunos barrios de las grandes ciudades europeas, y muchos niños tuvieron que mendigar para encontrar un poco de comida. Una tarde, dos niños vestidos muy pobremente se colaron en una sala donde se anunciaba el Evangelio. Solo el predicador notó su presencia. Los niños se sentaron en el último banco y escucharon atentamente el comentario del pasaje de Isaías 55: “… los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche”.

Después de la reunión, los niños salieron tan discretamente como habían entrado, y el predicador quedó decepcionado por no haber podido hablarles. Pero cuando llegaba a su casa, sintió que alguien le tiraba de su chaqueta y oyó la voz de una niña que le suplicaba:

–Señor, por favor, deme un poco de lo que dijo, para llevarle a mi madre que está enferma.

–¿Darte qué, pequeña?

–Leche… No tenemos dinero, pero usted dijo: “los que no tienen dinero, venid”. Hemos traído una botella.

Esos niños habían tomado al pie de la letra una promesa de la Biblia que, como muchas otras, tiene un alcance espiritual. Pero Dios también responde a la fe sencilla de un niño. El predicador acompañó a los niños a su casa. Allí encontró a una madre muy enferma. Les dio la leche que había prometido y también pudo hablar de la salvación que se obtiene por medio del sacrificio de Jesucristo, salvación que ofrece gratuitamente a cada uno de nosotros, sin ningún mérito de nuestra parte.

Zacarías 7 – Apocalipsis 16 – Salmo 146:1-7 – Proverbios 30:18-20

No hay otro nombre

LA VERDAD PARA HOY – 22 DE DECIEMBRE

 22 de diciembre

No hay otro nombre

No hay otro nombre bajo el cielo.

Hechos 4:12

El ángel que apareció a José subrayó el significado del nombre de Jesús: «Dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt. 1:21). Jesús, del hebreo Joshua, o Jehoshua, significa «Jehová salvará». El nombre mismo era un testimonio de la salvación de Dios. Pero el ángel le dijo a José que el Hijo de María sería la encarnación misma de la salvación de Jehová. Él mismo salvaría a su pueblo de sus pecados.

Después de la resurrección de Jesús, Pedro, hablando ante el sanedrín, también subrayó la importancia del nombre de Jesucrist «Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos» (Hch. 4:12).

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Para que ustedes crean

DICIEMBRE, 22

Para que ustedes crean

Devocional por John Piper

Y muchas otras señales hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro; pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida en su nombre. (Juan 20:30-31)

Estoy plenamente convencido que aquellos que hemos crecido en la iglesia, que podemos recitar las grandes doctrinas de nuestra fe mientras dormimos y que bostezamos durante el Credo de los Apóstoles, necesitamos hacer algo que nos ayude a sentir otra vez la plenitud, el temor, el fervor, la admiración por el Hijo de Dios —engendrado por el Padre desde la eternidad, el reflejo de toda la gloria de Dios, siendo la misma imagen de su persona, a través de quien todas las cosas fueron creadas, y por cuya palabra de poder el universo se sostiene—.

Podemos leer todos los cuentos de fantasía de todos los tiempos, cada historia de misterio y de fantasmas, y nunca encontraremos algo tan impactante, tan extraño, tan extraordinario y fascinante como la historia de la encarnación del Hijo de Dios.

¡Cuán muertos estamos! ¡Dios, cuán insensibles somos a tu gloria y a tu historia! Cuántas veces he tenido que arrepentirme y decir: «Señor, cuánto lamento que las historias creadas por hombres hayan conmovido mis emociones, mi impresión y asombro y admiración y gozo más que tu historia, que es verdadera».

Las películas de nuestros tiempos acerca de los viajes al espacio, como La guerra de las galaxias y El imperio contrataca, pueden hacernos este gran bien: pueden humillarnos y llevarnos al arrepentimiento, al mostrarnos que en realidad somos capaces de experimentar la fascinación y la admiración y el asombro que rara vez sentimos cuando contemplamos al Dios eterno, al inconmensurable Cristo y al contacto real y vivo entre ellos y nosotros en Jesús de Nazaret.

Cuando Jesús dijo «para esto he venido al mundo», lo que estaba diciendo era algo tan inconcebible y extraño e inquietante como cualquier afirmación de ciencia ficción que hayan leído.

Oh, cómo oro de todo corazón para que haya un avivamiento del Espíritu de Dios en nosotros, para que el Espíritu Santo irrumpa en nuestra vida de modo aterrador y nos despierte a la realidad inimaginable de Dios.

Un día de estos, un relámpago cubrirá el cielo desde el amanecer hasta la puesta del sol, y aparecerá en las nubes uno semejante a un hijo de hombre, con sus poderosos ángeles rodeado en llamas de fuego. Lo veremos con claridad. Y ya sea por terror o fascinación, nos estremeceremos y nos preguntaremos cómo pudimos vivir tanto tiempo con un Cristo domesticado e inofensivo.

Estas cosas fueron escritas para que creamos que Jesucristo es el Hijo de Dios que vino al mundo —realmente lo creamos—.


Devocional tomado del sermón “Christmas and the Cause of Truth”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«De sus hijos es la mancha»

22 de diciembre

«De sus hijos es la mancha».

Deuteronomio 32:5

¿Cuál es la señal secreta que caracteriza infaliblemente a los hijos de Dios? Sería una presunción vana intentar decidir esto siguiendo nuestro propio juicio. Es la Palabra de Dios la que nos lo revela, y donde tenemos por guía la revelación, podemos andar seguros. Ahora bien, respecto a nuestro Señor, se nos dice que «a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios». Entonces, si he recibido a Cristo Jesús en mi corazón, soy un hijo de Dios. Ese recibimiento se describe en el presente versículo como creer en el nombre de Jesucristo. Por tanto, si creo en el nombre de Jesucristo —esto es, si simplemente confío de corazón en el Redentor que fue crucificado, pero que ahora está exaltado—, entonces soy un miembro de la familia del Altísimo. Aunque no posea ninguna otra cosa, si cuento con esta: el privilegio de ser hecho un hijo de Dios. Nuestro Señor Jesús lo expresa en esta otra forma: «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen». Aquí lo tenemos resumido en pocas palabras. Cristo se manifiesta como Pastor a sus ovejas, no a las otras; y, tan pronto como lo hace, sus ovejas le reconocen, confían en él y se preparan para seguirle. Él las conoce a ellas, y ellas a él; es decir, hay un conocimiento mutuo, existe entre ellos una revelación permanente. Así, la única señal, la señal segura, la señal infalible de la regeneración y la adopción, es una fe sincera en el Redentor. Lector, ¿dudas acaso?; ¿no tienes la seguridad de poseer la señal secreta de los hijos de Dios? Entonces, no dejes pasar un momento sin decir: «Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón» (Sal. 139:23). Te suplico que no bromees con estas cosas. Si quieres bromear, hazlo con cosas de importancia secundaria: con tu salud, si así lo deseas, o con la escritura de propiedad de tu casa. Sin embargo, en cuanto a tu alma —tu alma inmortal y su eterno destino—, te ruego que te conduzcas con seriedad. ¡Asegúrate de trabajar por la eternidad!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 367). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.