Jonatán y David

28 AGOSTO

1 Samuel 20 | 1 Corintios 2 | Lamentaciones 5 | Salmo 36

No hay muchos capítulos en la Biblia que le dediquen bastante espacio al tema de la amistad, pero 1 Samuel 20 es uno de ellos.

Hablando estrictamente, 1 Samuel 20 no trata sobre la amistad per se, de la manera en que un novelista dotado exploraría el tema. El relato se encuentra dentro de la extensa narración de la decadencia de Saúl y el ascenso de David, un momento importante de cambio en la historia de la redención. No obstante, la manera como se desarrolla el relato le da un énfasis importante en la relación entre Jonatán y David.

Jonatán resultó ser un joven sumamente admirable. Con anterioridad, había demostrado considerable valentía física cuando él y su escudero derrotaron a un contingente de filisteos (1 Samuel 14). Cuando David vino a formar parte de la corte real, uno podría esperar que Jonatán demostrara muchas emociones malignas: celos ante la popularidad de David y su competencia militar, e incluso temor de que algún día le usurpara su derecho al trono. Pero “el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo” (18:1). Hizo un “pacto” con David que le convirtió, efectivamente, en su propio hermano (18:3–4); es impresionante que un miembro de la realeza tome semejante paso con un plebeyo. Al llegar al capítulo 20, Jonatán es consciente de que algún día David será rey. No podemos estar seguros de cómo adquirió este conocimiento. Debido a su amistad, puede que David le contara a Jonatán el ungimiento que Samuel le hizo.

Jonatán no sólo no comparte la maldad de su padre, sino que, habiendo efectuado anteriormente una reconciliación entre Saúl y David (19:4–7), le cuesta creer que su padre esté tan implacablemente determinado a matar a David, como piensa David (20:1–3). Así, entra en vigor el plan elaborado de este capítulo. Jonatán descubre que su propio padre está decidido a matar a su mejor amigo. De hecho, su padre está tan furioso, que el mismo Jonatán está en peligro de muerte (20:33).

David y Jonatán se encontraron. Renovaron su pacto, algo que volverán a hacer más adelante (23:17–18). David, por su parte, promete cuidar a la familia de Jonatán cuando ya no esté, un presagio de lo que vendrá y muy distinto de la acostumbrada masacre que por lo general acontecía cuando un rey buscaba eliminar todos los potenciales herederos de una dinastía previa.

Pero tal vez lo más chocante es que Jonatán se queda en la ciudad con su padre. La realidad es que elegimos a nuestros amigos, pero no a nuestra familia; sin embargo, nuestra responsabilidad hacia nuestra familia ocupa un lugar primordial. De otra manera, la amistad misma se convierte en una excusa para un nuevo tipo de egoísmo.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 240). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El arrebatamiento de los creyentes

Los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

1 Tesalonicenses 4:16-17

El arrebatamiento de los creyentes

Estamos esperando la venida del Señor Jesús para que nos lleve al cielo. Es, en efecto, la promesa que hizo a los que creen en él. Examinemos lo que nos dice la Palabra de Dios sobre el arrebatamiento.

–¿Cuándo tendrá lugar?

En la Biblia, Jesucristo no nos da ninguna fecha exacta, pero prometió: “Vengo en breve” (Apocalipsis 22:20).

–¿Quién irá al cielo?

Todos los que durante su vida reconocieron que necesitaban el perdón y depositaron su confianza en Dios. Todos los creyentes, desde Adán hasta que Jesucristo regrese.

–¿Qué sucederá cuando tenga lugar el arrebatamiento?

Todo sucederá en un instante, “en un abrir y cerrar de ojos” (1 Corintios 15:52). Los creyentes que hayan muerto resucitarán con un cuerpo nuevo. Luego los creyentes que estén vivos en ese momento serán transformados y también tendrán un cuerpo nuevo (1 Corintios 15:52). Todos juntos serán llevados al cielo, al encuentro del Señor, quien vino a buscarlos.

–¿A dónde irán los creyentes cuando sean arrebatados?

Junto a Jesucristo, al cielo, a la casa del Padre. Cuando estaba en la tierra, el Señor Jesús declaró: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay… Si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:2-3).

2 Crónicas 13 – 1 Corintios 6 – Salmo 101:5-8 – Proverbios 22:8-9

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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La casa edificada sobre la roca

La casa edificada sobre la roca

8/27/2017

No cayó, porque estaba fundada sobre la roca. (Mateo 7:25)

La casa fundada sobre la roca representa la vida de obediencia espiritual. Es la vida que tiene una perspectiva bíblica de sí mismo y del mundo, como se describe en las Bienaventuranzas de Cristo en el Sermón del Monte. Es la vida que se preocupa más por la justicia interna que por la forma externa. Es una vida de autenticidad y no de hipocresía, y de justicia de Dios en vez de justicia propia.

La casa fundada sobre la roca describe la vida que se deshace del orgullo y de las buenas obras humanas y es humilde y contrita debida a su propio pecado. Tal vida procura, con la ayuda del Espíritu, entrar por la puerta estrecha de la salvación y ser fiel al camino angosto de Cristo y de su Palabra. La vida edificada sobre la roca confía en la voluntad de Dios y espera en su Palabra por encima de todo. ¿Dónde descansa su esperanza y dónde radica su confianza?

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Todos nuestros enemigos bajo de los pies de Jesús

AGOSTO, 27

Todos nuestros enemigos bajo de los pies de Jesús

Devocional por John Piper

Entonces vendrá el fin, cuando [Cristo] entregue el reino al Dios y Padre, después que haya abolido todo dominio y toda autoridad y poder. (1 Corintios 15:24)

¿Cuán lejos se extenderá el reinado de Cristo?

El versículo 25 dice: «Pues Él debe reinar hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies». La palabra todos nos muestra la extensión.

Lo mismo hace la palabra todo en el versículo 24: «Entonces vendrá el fin, cuando [Cristo] entregue el reino al Dios y Padre, después que haya abolido todo dominio y toda autoridad y poder».

No hay enfermedad, ni adicción, ni demonio, ni mal hábito, ni falta, ni vicio, ni debilidad, ni temperamento, ni mal humor, ni orgullo, ni conmiseración por uno mismo, ni conflicto, ni envidia, ni perversión, ni codicia, ni pereza, que Cristo no haya planeado vencer por ser enemigos de su honor.

Esta promesa nos llena de aliento porque, cuando nos preparamos para pelear contra los enemigos de nuestra fe y nuestra santidad, sabemos que no peleamos solos.

Jesucristo está ahora, en esta era, poniendo a todos sus enemigos debajo de sus pies. Todo gobierno, toda autoridad y todo poder serán conquistados.

Por eso, recordemos que la extensión del reinado de Cristo tiene alcance sobre todos los enemigos de su gloria: desde el más pequeño hasta el más grande, todos serán derrotados.


Devocional tomado del sermón“He must reign”

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«En tus manos encomiendo mi espíritu; tú me has redimido, oh SEÑOR, Dios de verdad»

27 de agosto

«En tus manos encomiendo mi espíritu; tú me has redimido, oh SEÑOR, Dios de verdad».

Salmo 31:5 (LBLA)

Muchos hombres santos han citado estas palabras en la hora de su muerte, y nosotros podemos meditar provechosamente en ellas esta noche. El objeto de los afanes del hombre fiel, tanto en la vida como en la muerte, no es el cuerpo ni son los bienes, sino el espíritu. Como el espíritu es su precioso tesoro, si este está seguro, todo le va bien. ¿Qué son esos bienes humanos comparados con el alma? El creyente encomienda su alma en las manos de su Dios. Esa alma la recibió de Dios y, por tanto, a él le pertenece; él la ha sustentado desde hace tiempo y la puede cuidar ahora: es, pues, muy propio que Dios la reciba. Todas las cosas están a salvo en las manos del Señor. Lo que le confiamos a él estará seguro, tanto ahora como en aquel Día hacia el cual marchamos apresuradamente. Confiar en la protección del Cielo significa una vida en paz y una muerte gloriosa. En todo momento debemos encomendar nuestro ser entero en las fieles manos de Jesús; entonces, aunque nuestra vida penda de un hilo y nuestras adversidades se multipliquen como la arena del mar, nuestras almas vivirán confiadas y se deleitarán en sosegados lugares de reposo.

«Tú me has redimido, oh Señor, Dios de verdad». La redención es una sólida base de confianza. David no había conocido el Calvario como lo conocemos nosotros; pero la redención temporal lo alentaba. ¿Y no nos alentará a nosotros una redención eterna? Las liberaciones que hemos experimentado en el pasado constituyen un motivo extraordinario para esperar ayuda en el presente. Lo que el Señor ha hecho lo hará otra vez, pues él no cambia. Él es fiel a sus promesas y bondadoso para con sus santos. Él no se apartará de su pueblo.

No habré de temer ni desconfiar

en los brazos de mi Salvador;

en él puedo yo bien seguro estar

de los lazos del vil tentador.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 250). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Justificación y la Santificación

27 AGOSTO

1 Samuel 19 | 1 Corintios 1 | Lamentaciones 4 | Salmo 45

Los evangélicos suelen crear una línea divisoria entre la justificación y la santificación. La justificación es la declaración por parte de Dios de que un pecador individual es justo, una declaración que no se fundamenta en que la persona sea justa, sino en que Dios acepta la muerte de Cristo en lugar de la del pecador, al que Dios le imputa la justicia de Cristo. Marca el inicio del peregrinaje del creyente. Desde el punto de vista de este, ser justificado es una experiencia vinculada a los buenos propósitos de Dios en la muerte de Cristo, de una vez y por todas.

Por otro lado, en la tradición protestante, la santificación se ha entendido normalmente como el proceso mediante el cual los creyentes se van tornando progresivamente más santos. (En griego, como en español, las palabras santo, santificado y santificación tienen la misma raíz.) Esto no es una experiencia de una sola vez, sino que refleja un peregrinaje de toda la vida, un proceso que no se completará hasta llegar el nuevo cielo y la nueva tierra. No es algo a lo cual Dios nos invita, sino que es lo que debemos ser, por el poder que él nos da para serlo.

No distinguir entre la justificación y la santificación suele provocar que se desdibuje la idea de la justificación. Si esta toma un matiz de crecimiento personal en justicia, fácilmente se pierde la naturaleza forense y declarativa de la justificación, y empezamos a dejar que se cuele por la puerta de atrás una especie de justicia por obras.

Históricamente, por supuesto, queda justificada la advertencia. Uno siempre debe estar vigilante para preservar el énfasis de Pablo en la justificación. Pero este análisis no siempre ha favorecido a la familia léxica de la palabra SANTIFICACIÓN. Los estudiosos de Pablo se han dado cuenta de que a veces se habla de ser “santificados” en un sentido POSICIONAL o por DEFINICIÓN; es decir, estas personas están separadas para Dios (POSICIONAL) y por ello ya son santificadas (por DEFINICIÓN). En dichos pasajes, no se habla de un proceso de volverse progresivamente más santo.

La mayoría de las ocasiones en las que Pablo habla de ser “santos” o “santificados” queda dentro de este campo de la teoría POSICIONAL o por DEFINICIÓN. Ciertamente es así en 1 Corintios 1:2: Pablo escribe “a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús y llamados a ser su santo pueblo”. Los corintios ya son santificados; han sido separados para Dios. Por lo tanto, han sido llamados a ser santos; es decir, a vivir su vida de acuerdo con su llamado (en lo cual, a nivel general, han fracasado olímpicamente, a juzgar por el resto del libro).

Por supuesto que hay muchos pasajes que hablan de crecimiento y mejoría que no usan la palabra SANTIFICACIÓN; para empezar, medita en Filipenses 3:12–16. Si decidimos tomar prestado de la teología sistemática el término SANTIFICACIÓN para describir este crecimiento, no está mal. Pero entonces, no debemos darle este significado al uso de Pablo cuando se trata de otra cosa.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 239). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Qué está esperando?

domingo 27 agosto

En una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende.

Job 33:14

Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.

Hebreos 4:7

¿Qué está esperando?

En 1910, una joven estaba cuidando un rebaño de vacas en la montaña. Sentada sobre una gran piedra y apoyada contra un árbol, contemplaba la belleza de la naturaleza. De repente sintió como una presencia a su lado. Se dio vuelta y no vio a nadie, pero escuchó una voz interior murmurarle: «¿Qué está esperando?». Desde hacía mucho tiempo esta joven sabía que necesitaba tener una verdadera relación con Dios, pero siempre posponía el momento de ir a él. Ese día respondió: «¡Voy tal como soy!». Entonces recibió la convicción del total perdón de sus pecados debido a lo que Jesucristo había hecho por ella.

Dios habla a los hombres con amor a través de circunstancias muy diversas. Quiere que todos confíen en su gracia, que se arrepientan y reciban la vida eterna aceptando a Jesús como su Salvador.

A los que quieren dejar para más tarde esta decisión de vivir con Cristo, les decimos: ¿Qué está esperando? Esta hoja que está leyendo es todavía un llamado de Dios para que vaya a él ahora mismo.

“He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2).

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

“Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación” (Salmo 25:5).

“¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?” (Hebreos 2:3).

2 Crónicas 12 – 1 Corintios 5 – Salmo 101:1-4 – Proverbios 22:7

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El sólido cimiento

El sólido cimiento

8/26/2017

Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. (Mateo 7:24)

El prudente edificará su vida sobre la roca. La roca a la que Jesús se refiere en el versículo de hoy es la Palabra de Dios, la Biblia. El edificar sobre la roca es por tanto equivalente a oír y obedecer las palabras de Cristo, y para nosotros eso significa vivir según la Biblia.

Después que Pedro confesó “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, nuestro Señor le dijo: “…no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia” (Mt. 16:16-18). La palabra de Jesús para “roca” en este versículo es la misma que empleó en Mateo 7:24. Es la base de la revelación de Dios, su Palabra. La roca del sólido cimiento es la dirección segura y divina que Pedro recibió, y es el único fundamento sobre el cual puede descansar la verdadera vida cristiana.

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Sombras y arroyos

AGOSTO, 26

Sombras y arroyos

Devocional por John Piper

¡Sea para siempre la gloria del Señor! ¡Alégrese el Señor en sus obras! Él mira a la tierra, y ella tiembla; toca los montes, y humean. Al Señor cantaré mientras yo viva; cantaré alabanzas a mi Dios mientras yo exista. Séale agradable mi meditación; yo me alegraré en el Señor. (Salmos 104:31-34)

Dios se regocija en la obra de la creación porque ella nos señala, más allá de sí misma, a Dios mismo.

Dios quiere que nos maravillemos y nos asombremos por su obra de la creación, pero no por la creación en sí. Él quiere que miremos su creación y digamos: «Si la mera obra de sus dedos (¡solo de sus dedos!, como lo expresa Salmos 8:3) está tan llena de sabiduría y poder y grandeza y majestad y belleza, ¡cuánto más maravilloso ha de ser Dios mismo!».

Estas cosas no son mas que la parte posterior de su gloria, por así decirlo, vista oscuramente a través de un vidrio. ¡Cuán increíble ha de ser contemplar al Creador mismo! ¡No sus obras! Mil millones de galaxias no pueden satisfacer el alma humana. Dios y solamente Dios es lo que satisface el alma.

Jonathan Edwards lo expresó de la siguiente manera:

El deleite en Dios es la única forma de felicidad que realmente puede satisfacer el alma. Ir al cielo, disfrutar a Dios plenamente, es infinitamente mejor que las más placenteras comodidades en este mundo… [Estas] no son sino sombras; Dios es la sustancia. Estas no son sino débiles rayos de luz, mas Dios es el sol. No son más que arroyos; Dios es el océano.

Es por eso que Salmos 104:31-34 concluye de ese modo, con un énfasis en Dios mismo. Al final, no serán ni los mares, ni las montañas, ni los cañones, ni las arañas de agua, ni las nubes, ni las grandes galaxias lo que inundará de asombro nuestro corazón y lo que llenará nuestra boca de alabanza eterna. Será Dios mismo.


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Devocional tomado del libro “Los Deleites de Dios”, páginas 94-95

«Y en seguida toda la gente, viéndole, se asombró, y corriendo a él, le saludaron»

26 de agosto

«Y en seguida toda la gente, viéndole, se asombró, y corriendo a él, le saludaron».

Marcos 9:15

¡Cuán grande es la diferencia entre Moisés y Jesús! Cuando el profeta de Horeb estuvo cuarenta días en el monte, sufrió una especie de transfiguración, de suerte que su rostro resplandecía con un gran brillo y, como el pueblo no podía mirar su gloria, Moisés cubría con un velo su semblante. No ocurrió así con nuestro Salvador: él se transfiguró con una gloria mayor que la de Moisés y, sin embargo, no está escrito que el pueblo se haya visto deslumbrado por el resplandor de su rostro, sino que más bien se dice que la gente «se asombró, y corriendo a él, le saludaron». La gloria de la ley repele; pero la maravillosa gloria de la cruz atrae. Aunque Jesús es santo y justo, sin embargo, junto con su pureza hay tanto de verdad y de gracia que los pecadores corren sorprendidos hacia su bondad, fascinados por el amor que manifiesta. Ellos le saludaron, se hicieron sus discípulos y le aceptaron como Señor y Maestro. Lector, puede que precisamente ahora estés obnubilado por el brillo deslumbrante de la ley de Dios. Sientes sus demandas sobre tu conciencia, pero no puedes cumplirlas en tu vida. No quiero decir que busques faltas en la ley —al contrario, ella reclama tu más profunda estima—; sin embargo, de ninguna manera te sientes atraído a Dios por ella, sino que más bien la ley endurece tu corazón y te lleva hasta el borde de la desesperación. ¡Ah, pobre corazón, aparta tus ojos de Moisés, con todo su repelente esplendor, y mira a Jesús, que resplandece con glorias más amables. Contempla sus sangrantes heridas y su cabeza coronada de espinas. Él es el Hijo de Dios y, por eso, mayor que Moisés; es el Señor de amor y, por consiguiente, más tierno que el Legislador. Él soportó la ira de Dios y, en su muerte, reveló más de la justicia de Dios que el Sinaí con sus llamas de fuego. Sin embargo, esa justicia está ahora satisfecha, y de aquí en adelante será la guardiana de los creyentes en Jesús. Mira, pecador, al Salvador ensangrentado y, al sentir la atracción de su amor, arrójate en sus brazos y serás salvo.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 249). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.