Libreta de calificaciones

Marzo 24

Libreta de calificaciones

Lectura bíblica: 2 Corintios 5:21

Al que no conoció pecado, por nosotros Dios le hizo pecado, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en él. 2 Corintios 5:21

a1Armando tiene razón para gritar de entusiasmo. Podría festejar el hecho de que ha llegado al segundo año de la secundaria sin jamás tener una calificación que no fuera excelente. Pero ahora ha sacado la primera que califica como un “Muy bien” y tiene una cara que parece que lo han condenado a cadena perpetua.

En una sola oportunidad Armando sacó una calificación que no era tan, tan excelente. Cuando sus padres vieron su libreta de calificaciones, no lo felicitaron por las cinco calificaciones superexcelentes. Lo regañaron por la más o menos excelente. Le dijeron que se concentrara más en obtener calificaciones excelentes en lugar de “más o menos excelentes”. Después de eso, Armando juró nunca volver a sacar una “mala” calificación. Era su única esperanza de sentirse aceptado por sus padres.
Lo maravilloso de pertenecer a Dios es que no tienes que ser un genio en todas las materias para conseguir que te quiera.

Aun si nunca triunfaras en nada, Dios igual te aceptaría. No se sienta en el cielo dándole puntaje a tu día. No está contando los puntos que tienes para aceptarte.

Tu verdadero valor ya está establecido para siempre. No puede cambiar. No sube o baja según lo bien que te va en la escuela o cuánto te quiere la gente en el momento.

Dios define tu valor, y dice que eres tan valioso como la vida de Jesús, su Hijo. Cuando te sientes seguro de esta verdad, suceden varias cosas fantásticas.

• No te desesperas si fracasas. Dios te da la libertad de probar, ¡y de fracasar! Al saber que Dios no te rechaza, puedes esforzarte por alcanzar todo tu potencial y descubrir aquello para lo cual eres capaz.
• Te va mejor cuando tienes éxito. Tener conciencia de tu verdadero valor te deja volver a centrarte en Dios, quien te ama y acepta tal como eres. No tienes que adjudicarte el mérito por tus logros. No tienes que preocuparte tanto por conseguir que la gente te aplauda.

Y hay algo más. No tienes que desvivirte para que la gente te quiera. Es maravilloso que te vaya bien, pero no tienes que destacarte para ganarte el elogio de los demás. No tienes que hacer nada para merecer el amor de Dios. ¡Cuentas ya con su aprobación!

PARA DIALOGAR
Dios te acepta totalmente debido a Cristo. ¿Cómo te hace sentir esto?

PARA ORAR
Señor, gracias por aceptarnos tal como somos. Ayúdanos a demostrar hacia otros tu clase de aceptación.

PARA HACER
Elige hoy un amigo o familiar. Busca oportunidades para elogiar lo bueno que hace en lugar de enfocar lo malo.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Un día en la vida de cualquiera

Marzo 25

Un día en la vida de cualquiera

Lectura bíblica: 1 Tesalonicenses 5:9–11

Animaos los unos a los otros y edificaos los unos a los otros, así como ya lo hacéis. 1 Tesalonicenses 5:11

a1Nunca te ha tocado un día como el siguiente, ¿no es cierto?

7:45 Pierdes el transporte escolar y tu mamá te tiene que llevar a la escuela. Durante todo el trayecto no hace más que sermonearte sobre la puntualidad.
8:12 Te olvidaste la tarea, así que la maestra escribe tu nombre en el pizarrón debajo del encabezamiento “Olvidó su tarea”.
11:47 Llevas tu comida a la mesa donde están sentados tus amigos, pero ninguno se corre para hacerte un lugar.
16:33 Tu papá se olvida de ir a verte jugar el partido, otra vez.

Ahora bien, si cualquiera de nosotros tuviera un día tan infeliz, necesitaríamos un montón de ayuda. ¿Qué nos serviría de aliento? Vota “Sí” o “No” a estas ideas para levantarte el ánimo.

☐ Sí ☐ No Un amigo te dice: “Te crees que tú tienes problemas. Déjame que te cuente los míos (bla, bla, bla)”.
☐ Sí ☐ No Un amigo te explica: “Bobo, esto te pasó por lo siguiente y aquí tienes lo que debes hacer para que no te vuelva a suceder (bla, bla, bla)”.
☐ Sí ☐ No Recibes un mensaje electrónico de un amigo que dice: “Lamento saber que tuviste un día desalentador. Estoy orando por ti”.
☐ Sí ☐ No Aparece un amigo con un disco compacto de música cristiana. “Sé que has tenido un día difícil. Pensé que podríamos escuchar esto juntos”.

De cuando en cuando, todos los que conoces necesitan aliento. Alentar significa levantar el ánimo de la persona y confortarla al ayudarla a centrarse en las cosas positivas y buenas en la vida. Pero sólo un par de opciones de la lista anterior de respuestas “amistosas” realmente caben dentro de esa definición, ¿no es cierto? Las otras no ayudan para nada, y hasta pueden empeorar las cosas.

Según 1 Tesalonicenses 5:11, animar a otros es parte de lo que significa ser un buen amigo. Cuando aceptamos a Dios como nuestro amigo perfecto que nos alienta con su sabiduría perfecta, aprendemos cómo ser una auténtica fuente de aliento para nuestros amigos, aun en sus días más deprimentes.

PARA DIALOGAR
¿De qué modo tratas a tus amigos cuando están desalentados? ¿Has dejado que Dios te ayude a detectar la diferencia entre ayudar y perjudicar?

PARA ORAR
Señor, haz que seamos buenos amigos y que sepamos cómo alentar a los que más lo necesitan.

PARA HACER
Llama por teléfono a un amigo que podría beneficiarse de una palabra de aliento.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

PADRES ASESINOS

PADRES ASESINOS

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-25

a1Una estadística alarmante nos dice que en las últimas décadas millones de jóvenes han muerto, y lo más trágico es que sus propios padres y madres han sido cómplices de sus muertes. Claro, tú me preguntarás alarmado “¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo es posible que los propios padres hayan sido parte del crimen de sus hijos? ¡Qué tragedia! ¡A lo que hemos llegado!… Esta realidad la puedes leer en Proverbios 19:18, “Corrige a tu hijo mientras aun hay esperanza. No te hagas cómplice de su muerte.” ¿Lo ves? Y creo que no exagero. Pero quise presentártelo de esta manera gráfica para qué tomes conciencia del daño que le causas a tus hijos al sobreprotegerlos y al evitarles el castigo merecido solo para recompensar el tiempo que estás ausente de la casa. Hoy en día el concepto del castigo a los hijos (inclusive corporal, si fuere el caso) es penado por la ley. O sea que la misma ley que condena a los asesinos a sangre fría y los encarcela, al mismo tiempo aplaude el crimen de padres permisivos y condena a aquellos que, a través de una correcta disciplina, se esfuerzan por “salvar” las vidas de sus hijos formándolos para el futuro. ¡Esto sí que es alarmante!!! El diccionario tiene palabras para quien mate su padre: Parricida, o a su madre: Matricida. También para los que cometen el más antiguo crimen: Fratricida, pero descarta la cruel posibilidad de que alguien conciba el matar a su propia descendencia asemejándose a un animal.

Pero que los hay, los hay, son los progenicidas. Ocultos, ignorados, y aceptados, consientes o inconscientemente planifican, ejecutan y repiten sus crímenes detrás de las paredes de sus mismas casas. Padres ausentes y permisivos, madres sobre protectoras, intentan compensar las falencias de una esmerada crianza con regalos, permisos y ausencia de disciplina. Mañana, cuando acudas al entierro del futuro de tu propio hijo, teme. Hay un Juez justo que te mira desde el cielo.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

El padre que solo le interesa el progreso profesional de sus hijos está criando monstruos inteligentes.

 

MURIÓ «EN MI LUGAR»

25 mar 2016

MURIÓ «EN MI LUGAR»

por Carlos Rey

a1«Enrique velaba en su capilla, abatido y lleno de terror. Tenía la fiebre que acomete a los reos de muerte cuando no tienen la fortuna de contar con un corazón templado y un alma estoica….

»Sin creencias de ninguna especie, carecía… de la energía que da la justicia de una causa…. Él no había tenido más que ambición, y la ambición… cuando está sola no sirve de nada en los negros momentos de la adversidad, y mucho menos en presencia de la muerte.

»Enrique estaba desfallecido…. La convicción que tenía… de ser culpable, y la consideración de que ante todo el mundo su delincuencia estaba probada, era bastante para quitarle su vigor. Además, un hombre que ha hecho en el mundo numerosas víctimas y que no ha vivido sino para gozar, no llevando en su memoria ese tesoro de consuelo de las buenas acciones… no ve acercarse el fin de sus días sin estremecerse y sin abatirse.

»Enrique, pues, tenía miedo…. Tenía los cabellos erizados y los ojos fuera de las órbitas….

»De repente… el centinela de vista [abrió la puerta].

»Era Fernando Valle.

»Enrique se levantó azorado.

»—¿Qué desea usted aquí, Fernando? —preguntó tartamudeando….

»—Vengo a salvar a usted.

»—¡A salvarme! ¿Cómo?

»—… Si usted no hubiese traicionado, es seguro que yo no habría tenido motivo para acusarlo; de modo que la traición de usted es la verdadera causa de que se halle así, próximo a ser ejecutado….  Pero, en fin —continuó Fernando—, yo lo acusé; y la causa indirecta de su condenación soy yo…. La muerte de usted emponzoñaría con su recuerdo mi vida entera. Quiero ahorrarme esta pena y, además, hay una mujer que moriría si lo fusilasen a usted. Quiero que viva y que sea feliz; ella lo ama, y a su amor deberá usted su salvación. He aquí lo que vengo a proponerle: Usted se vestirá en este momento mi uniforme, se ceñirá mi espada y mis pistolas…, se echará… el capuchón sobre la cabeza, y nadie podrá reconocerlo….

»Enrique quedó estupefacto… No podía creer aquello….

»—Pero usted, ¿qué hará?

»—Eso no es cuenta de usted, caballero; yo sabré arreglarme.

»—Es que [pudieran] fusilarlo a usted en mi lugar…. ¡Fernando…, es usted mi salvador!

»Luego que Enrique estuvo listo, Fernando le hizo señas de que saliese….

»—¡Adiós! —dijo a Valle.

»—¡Adiós! —respondió éste sin volver la cara….

»Fernando respiró como si algún enorme peso acabase de quitársele del corazón…. Dos gruesas lágrimas rodaron por sus mejillas, y murmuró con voz ronca:

»—¡No creía yo que había de morir así!1

Así como Fernando Valle, en efecto, fue fusilado en lugar de su amigo Enrique Flores al final de la clásica novela Clemencia, escrita por el ilustre autor mexicano Ignacio Manuel Altamirano en el siglo diecinueve, también nuestro Señor Jesucristo, en el primer siglo de la era cristiana, fue crucificado en lugar de cada uno de nosotros, a quienes considera sus amigos. «Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos»,2 dijo Cristo antes de dar su vida voluntariamente por nosotros. Y así como Fernando, que era inocente, murió por Enrique, que era culpable, también Cristo, el único que jamás pecó,3 murió por nosotros «cuando todavía éramos pecadores»,4 como dice San Pablo, «el justo por los injustos»,5 como dice San Pedro. Correspondamos cuanto antes a ese amor, al que debemos nuestra salvación eterna.


1 Ignacio Manuel Altamirano, Clemencia (Bogotá, Editorial Norma, 1990), pp. 175‑179.
2 Jn 15:13
3 1P 2:22
4 Ro 5:6‑8
5 1P 3:18

http://www.conciencia.net/

PACIENTE ARTESANO

PACIENTE ARTESANO

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-24

a1Sus pensamientos le confundían. Ante sus ojos se suscitaban escenas de horror, crimen, injusticia y violencia. ¿Dónde está Jehová, el Dios de nuestros padres?… Jeremías estaba comisionado por Dios para anunciar juicio a la desviada nación de Israel si no se arrepentía de su maldad. Pero sus palabras caían en saco roto pues la idolatría persistía. En medio de su estupor el profeta es enviado a la casa de un alfarero. Llama  a la puerta, pide permiso para entrar y mirar, solamente para mirar. Mientras el artesano gira la rueda de madera sobre su eje, toma una porción de arcilla nueva, la coloca sobre el centro, la moja y, con esmerada paciencia, la hace girar mientras sus callosas manos agrietadas por la experiencia intentan darle forma. Al principio es una masa amorfa, pero a medida que pasan los minutos una vasija comienza a asomar esbelta, nueva, brillante y única. Sí, única porque está hecha a mano, no en serie, no con moldes. Todo va bien hasta que en un momento algo sucede y esa forma simétrica pierde, de un momento a otro, sus curvas y se deforma,  se deforma tan rápido como se había formado. El profeta se inquieta, mira con espanto al artesano, pero este, sin perturbarse, vuelve a fundir la masa en un poco de agua, la coloca otra vez en el mismo sitio de antes, y, con las mismas manos y la misma paciencia, comienza nuevamente su trabajo, esta vez con éxito.

¿La lección?… Dios no se da por vencido cuando las cosas se echan a perder. El hecho de que Moisés asesinara a un egipcio no desvió el plan de Dios; el que Elías haya huido al desierto y haya deseado la muerte no le llevó a Dios a desestimarlo y buscar otro profeta, o que Pedro haya llegado a negar tres veces a Cristo no le costó la descalificación del apostolado. El divino Alfarero simplemente tomó lo que quedaba de su obra original y volvió a darle forma. Cuando Él ha escogido a alguien nada ni nadie podrá apartarlo de ese proyecto, aunque haya muchos contratiempos en el camino.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Dios jamás se cansará con nosotros,  el peligro es que nosotros nos cansemos de nuestros propios fracasos.

«DIOS HA DE APRENDER PADECIENDO»

24 mar 2016

«DIOS HA DE APRENDER PADECIENDO»

por Carlos Rey

a1Después de cuarenta y cinco años de ausencia, la anciana volvía a su país natal. En el vuelo de Ginebra a Madrid vio el cielo de España, y no pudo contener su emoción. Allí abajo estaba su patria, la tierra que abandonó en 1939, al terminar la guerra civil. Ahora, en su vejez, volvía a verla.

Se trataba de María Zambrano, escritora, pensadora y política republicana. Cuando los periodistas le preguntaron cómo se sentía al estar de nuevo en su tierra y qué ideas había aportado ella para el desarrollo del pensamiento, ella respondió: «Yo no he vivido de ideas sino de experiencias. No he conocido nada que no haya sufrido y padecido al mismo tiempo. He vivido ese saber que aparece en la tragedia griega, en Agamenón, cuando se dice que Dios mismo ha de aprender padeciendo.»

He aquí una frase que tiene repercusiones teológicas: «Dios mismo ha de aprender padeciendo.» La pronunció primeramente Agamenón, rey legendario de Micenas, en la tragedia griega que lleva su nombre, y la citó, quizá por haberse identificado con ella, la escritora española María Zambrano. Pero la frase es bíblica, y el pensamiento que encierra es uno de los más profundos de la teología. Sugiere que Dios mismo tuvo que aprender a identificarse con el hombre mediante el sufrimiento. Porque el sufrimiento es toda una escuela filosófica, en la que se aprenden verdades que de otro modo no se llegan a comprender.

En el libro bíblico a los Hebreos leemos lo siguiente: «En los días de su vida mortal, Jesús ofreció oraciones y súplicas con fuerte clamor y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su reverente sumisión. Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer; y consumada su perfección, llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen».1 De ahí que tuviera razón la frase de Agamenón. Jesucristo, el Hijo de Dios, se hizo hombre, y aprendió la obediencia mediante el padecimiento.

Cristo tuvo que sufrir los dolores del hombre, soportar sus tentaciones y conocer sus terrores. Pero por eso mismo es un Salvador perfecto y un Maestro y Consejero sin igual. Podemos acercarnos a Él con toda confianza y contarle todas nuestras angustias. Según el mismo escritor a los Hebreos, «era preciso que en todo se asemejara a sus hermanos, para ser un sumo sacerdote fiel y misericordioso al servicio de Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo…. Por lo tanto, ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos. Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos».2

MIS PROPIOS ERRORES

MIS PROPIOS ERRORES

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-16

a1Este salmo advierte sobre uno de los peores males que enfrenta el hombre y la mujer, a saber: El orgullo oculto. Tenemos gran capacidad de ver fallas en los demás pero no al momento de examinarlas en  nuestra propia vida. Este parásito asesino de nombre “Orgullo” tiene la facultad de permanecer mucho tiempo imperceptible en nuestro corazón esperando su oportunidad para manifestarse. Al mismo tiempo ejerce cierto efecto cegador y nos impide ver no solamente al mismo orgullo sino otros defectos también. El orgulloso no solamente se cree humilde sino que también se cree perfecto. Esto empeora las cosas dramáticamente. Pero el texto sagrado continúa: “Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí.”. Entonces este oculto parásito ya se ha transformado en manifiesto señor. Un amo cruel y déspota que te subyuga y te lleva a  hacer cosas que nunca hubieses imaginado, como pelearte con la persona que más amas (hijos, conyugue, amigos, Etc.) o vengarte de aquellos que te aman hasta extremos inimaginables.

Si este es tu caso apreciado amigo, amiga necesitas desparasitarte urgentemente (aunque padezcas por un tiempo los efectos secundarios), al final serás bendecido, liberado y limpio. Observa como culmina este salmo: “Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión.” Si lo leemos en su sentido opuesto quedaría algo así: “El que no ve su orgullo o viéndolo no lo confiesa vive expuesto a conflictos de magnitud a cada paso.”

PENSAMIENTO DEL DÍA:

“Cuando el hombre descubre su pecado Dios lo cubre, cuando el hombre tapa su pecado Dios lo destapa, cuando el hombre confiesa su pecado Dios lo perdona”.

MI DERECHO DE VENGANZA

MI DERECHO DE VENGANZA

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-14

a1Perdonar es cederle a otro mi derecho de venganza. Al ser agredidos, ofendidos, se activa en el interior de cada ser humano un natural mecanismo de autodefensa. Mi orgullo herido reacciona, mi yo interior, que se llama carne, grita. Todo mi ser arde de enojo y de ira. Algunos lo exteriorizan inmediatamente, otros mastican su rencor durante años o hasta toda una vida. Algo en nosotros se niega a perdonar. No es la reacción natural, todo lo contrario. Preguntas como: “¿Quién se cree que es? Acaso no sabe quién soy yo. ¿Cómo se le ocurre? ¡Ya me va a conocer y me las va a pagar!”, son las más oídas ante una amenaza real o potencial. Lo cierto es que vivimos en un mundo agresor y todos llevamos un agresor adentro. Estas dos realidades hacen de nuestro cotidiano vivir un caldo de cultivo, ideal para la ofensa, el rencor y la falta de perdón. Al no perdonar hacemos uso de nuestro justo derecho a la venganza. ¿Justo derecho?… Erróneamente pensamos que así castigamos al que nos lastimó. Digo erróneamente porque el lastimado soy yo. Basándonos en esta clase de argumento ahora tengo otro problema más, el primero es que fui ofendido y el segundo es que me enveneno el alma a no estar dispuesto a perdonar. Me lastimaron desde afuera y ahora soy yo el que me lastimó desde adentro. No, esto no debe ser así. Todos ofendemos y no pocas, sino muchas veces, dijo Santiago en su epístola magistral. Pedro estaba dispuesto a perdonar hasta siete veces (aunque al centurión le cortó la oreja ante la primera amenaza), y el Señor tuvo que enseñarle que no siete sino 490 veces y más también.

Pero, ¿qué hacer con mi orgullo herido? El consejo bíblico es ir a la cruz. Allí nos encontraremos con un Jesús injustamente crucificado, colgando semidesnudo ante sus captores, torturado y humillado, clamar: “Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Allí te enterarás que tú y yo hemos cometidos contra el Santo de Dios injusticias mucho peores que las que jamás alguien pueda cometer contra ti, ¡Y ÉL TE PERDONÓ! ¿Cómo no lo sabías? Búscalo en la Biblia, allí lo comprenderás.

PENSAMIENTO DEL DÍA:Vivimos en un mundo agresor y todos llevamos un agresor adentro.

¡Eh, tú, la del cabello anaranjado!

Marzo 23

¡Eh, tú, la del cabello anaranjado!

Lectura bíblica: Hebreos 13:5, 6

Nunca te abandonaré ni jamás te desampararé. Hebreos 13:5

a1¿Te ha sucedido alguna vez una situación embarazosa como las siguientes? A ver, levanta la mano cuando alguna de las siguientes situaciones se parezca a algo que te pasó a ti.

• Trataste de teñirte el cabello y te salió anaranjado fluorescente.
• Te agachaste y se te rompió el pantalón por atrás.
• Te salió un grano rojo en la frente que parecía un tercer ojo.
• Te dijeron que la ropa que usabas había sido hecha de las cortinas de tu abuela, y que su estilo no te quedaba tan bien a ti como a los chicos de La Novicia Rebelde.
• Descubriste que alguien te puso un letrero en la espalda que decía: “Soy un perdedor. Dame una patada”.
• Sentías un olor terrible, y descubriste que tú eras el del mal olor.

No te gustaría caminar por los pasillos llenos de chicos en la escuela bajo ninguna de esas condiciones tan poco divertidas. Verías que amigos y enemigos por igual se apartarían de ti. Escucharías que murmuran de ti, o algo peor. Y definitivamente no te sentirías nada seguro de ti mismo.

Cuando nos preguntamos si nos vamos a sentir aceptados, nos sentimos inseguros. Cuando nos miramos al espejo y lo único que vemos son defectos, empezamos a creer que nadie nunca querrá pasar el rato con nosotros.

Pero tú no tienes por qué sentirte así. ¿Por qué? Porque somos aceptados por aquel que más importa: Jesucristo. Nos acepta como amigos tal como somos: con el cabello anaranjado fluorescente, la nariz colorada, los pantalones rotos, con las medias que no hacen juego, y todo lo demás. Ha prometido nunca dejarnos ni abandonarnos. Quiere estar con nosotros no importa cómo nos sintamos con respecto a nosotros mismos.

Ahora piensa en lo que esto significa. Si Jesucristo, el Creador del universo, nos acepta, ¿qué importa si nadie más nos acepta? Eso no significa que dejamos de necesitar a otras personas, pero podemos dejar de necesitar su aceptación para sentirnos bien.

Cuando te das cuenta de que Cristo te acepta incondicionalmente, no tienes que centrarte en ti mismo. Puedes poner tu atención en los demás. Casi todos tus amigos se sienten inseguros, aunque quizá no lo demuestren. Necesitan a alguien que los ayude a satisfacer sus necesidades acercándose a ellos y señalándoles a Jesús. Saber que Cristo te acepta te deja aceptarlos a ellos como amigos así como Cristo te aceptó a ti.

PARA DIALOGAR
¿De qué manera saber que Cristo te acepta te ayuda a aceptar a otros?

PARA ORAR
Jesús, te damos gracias porque nos aceptas completamente.

PARA HACER
La mayoría no te va a creer si simplemente dices que los aceptas. Haz algo hoy para demostrar que aceptas a alguien con quien has sido antipático en el pasado.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

ORGULLO DISFRAZADO DE HUMILDAD

ORGULLO DISFRAZADO DE HUMILDAD

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-23

a1Hay aparentes actitudes de humildad que no son más que la manifestación de un orgullo disfrazado. La humildad es más difícil de practicar de lo que parece. Necesitamos conocer la verdadera pequeñez de nuestras grandezas. Nunca somos tan grandes como cuando nos humillamos, nunca somos tan insignificantes como cuando vanamente nos enorgullecemos. Disfrazamos esa tendencia natural y crónica que data desde tiempos edénicos a creernos más de lo que somos. Lo hacemos con una aparente fachada de humildad cuando en realidad anhelamos prestigio, reconocimiento y aplausos. Cierto día un predicador bajó del escenario y una hermana se le acercó y le dijo. “Lo felicito, pastor, nadie predica como usted”, a lo que el hombre le respondió: “Gracias, Satanás acaba de decirme lo mismo.” Si no estamos alertas contra este sutil flagelo seremos consumidos paulatinamente por sentimientos de envidia y celos hacia aquellos que creemos superiores o más bendecidos que nosotros. Pedro, confundido, quiso pasar por el más humilde cuando en realidad quería aparentar humildad que no es otra cosa sino orgullo. “No tendrás parte con migo”, fue la tajante respuesta del Maestro, porque en Su Reino no hay lugar para este tipo de predisposiciones. El orgullo es sumamente peligroso por la capacidad que tiene de pasar inadvertido, se disfraza. Es como algunos virus mortales para la humanidad que cuando son detectados ya es demasiado tarde. Ni exámenes, radiografías, o tratamientos lograron detectarlo, pero estaba allí, tan mortal y nocivo como siempre. Hasta que aflora en algún acto de ira o arranque de celos y nos espanta hasta a nosotros mismos.

Es entonces cuando debes, con la asistencia inequívoca de la Palabra de Dios y su Espíritu, tomar las medidas necesarias para sanearlo y erradicarlo. Cuando somos poseídos por Espíritu de Aquel que fue manso y humilde de corazón, entonces hallaremos el verdadero descanso, porque una vida de comedia agota luego de cada función.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Tengo razones para ser humilde sin embargo no conozco ni la mitad de ellas, y también sé que soy orgulloso sin embargo no conozco ni la mitad de mi orgullo.