LAS “COSAS” DE ESTA VIDA.

LAS “COSAS” DE ESTA VIDA.

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-05
a1Entre las tantas frases trilladas que conforman nuestro cotidiano hablar está la tan conocida “son las cosas de la vida.” En verdad nada tan abstracto e indefinidito como la palabra “cosa”. ¿Qué es en verdad una cosa? Bueno, nada específicamente y todo en general. Nos referimos a “las cosas de la vida” como a todo ese cúmulo de situaciones que conforman nuestro diario andar. En esas “cosas” se nos va el tiempo, se nos va la vida. Llegan a conformar nuestro mundo, el tuyo y el mío. “Hoy tengo muchas cosas que hacer”, decimos fastidiados a nuestros hijos que reclaman de nuestro tiempo. “Es que no me alcanza el sueldo para comprar todas las cosas que ¿necesito?”, le reclama la esposa desconforme a su marido. “¿Puedo ayudarle en alguna otra cosa que necesite?”, pregunta amablemente la operadora telefónica ante el reclamo por mal servicio. Al fin y al cabo esas “cosas de la vida” son las que nos roban el sueño, la salud, la felicidad y los amigos. Pero al principio no fue así. Cuando Dios creó al primer hombre y a la primera mujer lo rodeó de “cosas” que había en el Edén. Frutos, animales, siembra y cosecha, aves, peces, un árbol prohibido y uno permitido. Pero todas estas cosas estaban bajo sus pies. La orden fue: “señoread sobre los peces del mar, las aves de los cielos, las bestias del campo”… “Señoread”. ¡Qué palabra tan olvidada!

Hoy son las cosas las que se enseñorean sobre nosotros, hoy somos nosotros los que vivimos arrastrados a los pies de ellas. Sí, el mundo está “patas para arriba”. ¿Qué pasó? Simplemente le hemos quitado a Dios el derecho de decidir lo que nos conviene y lo que no. En esta simple definición se resume la tragedia humana. Comimos del fruto del árbol del conocimiento de lo que es bueno y de lo que es malo, (según nuestra opinión, obvio). Nos prometieron ser “dioses” y acabamos siendo esclavos, quisimos alcanzar sabiduría y nos hicimos necios, codiciamos placer y nos convertimos en insatisfechos crónicos.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Si queremos cambiar nuestra historia volvamos al Edén. (Lucas 23:43)

«LO QUE NOSOTROS NO PODEMOS DARLE»

5 mar 2016

«LO QUE NOSOTROS NO PODEMOS DARLE»

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el caso de una mujer que «descargó su conciencia» en nuestro sitio http://www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que la citáramos, como sigue:

«Tengo treinta y un años…. El problema en mi vida ha sido la escasez de dinero…. Me casé hace un año, y pensé nunca tener hijos; pero ahora estoy embarazada de diez semanas y quiero dar en adopción a mi bebé. Quiero dárselo a una familia que tenga posibilidades económicas para que nunca le falte nada…. Mi bebé necesitará muchas cosas que yo no puedo darle….

»No sé si estoy haciendo bien ante los ojos de Dios. Pienso que, si lo adopta… una buena familia, él pueda ser feliz y que le den lo que nosotros no podemos darle.»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimada amiga:

»… La pregunta más importante que queremos hacerle es: ¿Qué piensa su esposo acerca de esto? Usted nos cuenta su caso en primera persona, dando así la impresión de que su esposo no tiene nada que ver con la decisión que se haya de tomar. O tal vez nos esté dando a conocer solamente lo que piensa usted debido a que su esposo no está de acuerdo, y usted quisiera que nosotros la apoyemos en este conflicto que está teniendo con él.

»Si usted sigue de cerca UN MENSAJE A LA CONCIENCIA, sabe que mi esposo y yo creemos de todo corazón en la adopción. A tres de nuestros cinco hijos los adoptamos, y creemos que la adopción es la opción acertada cuando una mujer da a luz un hijo y no puede cuidarlo por ser demasiado joven o soltera, o por no tener la preparación necesaria para ser madre.

»En cambio, usted no es demasiado joven y sí está casada. Así que sólo nos queda saber si usted tiene la preparación necesaria. Usted dice que, cuando se casó, pensó que nunca tendría hijos. ¿Lo dice porque no quería tener hijos? De ser así, ¿tomó esa decisión de común acuerdo con su esposo? …

»Todos los días hay mujeres que dan a luz niños a pesar de no tener dinero. Como quieren tener los niños, se sacrifican en otros sentidos a fin de darles a sus bebés lo que éstos necesitan. Si su esposo no está de acuerdo con el deseo que usted tiene de dar en adopción a su bebé, entonces los dos se las arreglarán para proveer para su sustento.

»En cambio, si su esposo está de acuerdo con dar a su hijo en adopción, afrontarán una fuerte oposición de parte de su familia y de sus amigos. Muchas personas los acusarán de haber abandonado a su hijo y tratarán de hacer que se sientan culpables. Así que tendrán que estar firmes en la convicción de que están haciendo lo debido.

»En todo caso, lo cierto es que Dios, nuestro Padre celestial, permitió que Jesucristo, su único Hijo, fuera adoptado por José, el esposo de María. Era necesario que Jesús creciera como parte de una familia humana para que posteriormente pudiera ser el que tomara sobre sí el castigo de nuestros pecados en la cruz. Así que Dios escogió a un padre terrenal para su Hijo a fin de asegurarse de que Jesús recibiera el debido amor y cuidado.»

Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, puede leerse con sólo ingresar en el sitio http://www.conciencia.net y pulsar la pestaña que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 241.

 

¿Quién decide qué es bueno o malo?

Marzo 5

¿Quién decide qué es bueno o malo?

Lectura bíblica: Génesis 3:1–7

Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:32

a1Tu mejor amigo te pasa un cigarrillo. Eso te sorprende mucho.
—¿Tú fumas? —protestas—. Fumar es malo. ¡Es tonto!
—¿Quién lo dice? ¿Tú mamá? —te pregunta burlonamente tu amigo.

Tú te mantienes firme:
—¿Qué te pasa? ¿Estabas durmiendo cuando pasaron esas fotos en la escuela? ¿No viste que fumar te deja los pulmones negros como el azabache?
Tu amigo te retruca:
—Esas fotos son todas mentiras. La única razón por la que los adultos nos dicen que no fumemos es porque no quieren que nos divirtamos.
Entonces tu amigo te lanza una última flecha:
—¿Por qué no decides las cosas por ti mismo?
Esa es una escena que todos enfrentamos al ir creciendo. Si el argumento no es sobre el cigarrillo, es sobre alguna otra actividad que “todos” dicen que es demasiado divertida para pasar por alto. Y la tentación se hace más fuerte cuando los demás te desafían a que decidas por ti mismo las cosas.

Allá en el jardín del Edén, Satanás convenció a Eva de que Dios no se ocupaba del bienestar de ella, y que hacer lo que ella quería era la manera de obtener lo que le convenía. El argumento astuto de la serpiente dio resultado, por supuesto. Satanás convenció a Adán y Eva de que eran bastante inteligentes para determinar ellos mismos lo que es bueno y lo que es malo.

¿Sabes una cosa? Satanás todavía quiere impedir que reconozcamos a Dios como el único juez de lo que es bueno. Le encanta ayudarnos a salir con excusas por conductas que Dios dice que son malas. Nos provoca a creer que es inteligente descartar los mandatos de Dios y discernir por nosotros mismos lo que es bueno y lo que es malo.
Eso es como un marinero en medio del océano que gira como un trompo y donde se detiene, decide que ese es el norte. En el pasado, antes de que los barcos tuvieran sistemas sofisticados de navegación que mostraran exactamente dónde se encontraban en el océano, los marineros se fijaban en cierta estrella —llamada la Estrella Polar— para saber en qué dirección estaba el norte. Cuando el marino se encontraba rodeado de agua, sin tierra a la vista, le era fácil desorientarse, no podía confiar en su sentido de dirección. Si no marcaba su curso guiado por la Estrella Polar, pronto se perdía. Si ignoramos el hecho de que sólo Dios nos da dirección, es seguro que nos extraviaremos.

Dios nos ama tanto que no deja que lo bueno y lo malo sea cuestión de opiniones. Nos ama tanto que hace que sus mandatos sean claros y fáciles de comprender. Y no nos enseña lo que es bueno y lo que es malo para arruinarnos la vida. Quiere mostrarnos cómo lograr que la vida sea todo lo bueno que puede ser.

PARA DIALOGAR
¿En qué ocasiones te ha dicho la persona incorrecta lo que es correcto? ¿De qué forma dependes de Dios para que te diga lo que es bueno y lo que es malo? ¿Qué sucede cuando no lo haces?

PARA ORAR
Señor, sólo tú sabes lo que es lo mejor para nosotros. Hoy y siempre, queremos escucharte para que nos ayudes a discernir entre lo bueno y lo malo.

PARA HACER
Prepara una lista de personas y cosas que tratan de persuadirte a actuar de cierta manera. Dialoga sobre cuáles son dignas de escuchar, y cuáles te desvían para que no sigas los mandatos de Dios.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

¿A quién le corresponde el mérito?

Marzo 4

¿A quién le corresponde el mérito?

Lectura bíblica: Romanos 3:27, 28

¿Dónde, pues, queda el orgullo del hombre ante Dios? ¡Queda eliminado! ¿Por qué razón? No por haber cumplido la ley, sino por haber creído. Romanos 3:27 (DHH).

a1Hace muchísimos años, antes de que naciera ninguna persona que tú conoces —desde el año 1508 hasta el 1512 para ser exactos— Miguel Ángel, el extraordinario pintor, escultor, arquitecto y poeta italiano, acostado de espalda, se dedicó a decorar con sus obras de arte el cielo raso de la Capilla Sixtina en Roma. Pintó nueve escenas del libro de Génesis, incluyendo la creación de Adán, la creación de Eva, la tentación y caída de Adán y Eva, y el Diluvio.

Cuando de lo máximo en arte se trata, Miguel Ángel se lleva el premio. Pero esto es algo que nunca lo hubieras oído decir: “Me adjudico el mérito por la hermosura de mi expresión artística. Cada una de mis obras de arte —mi famosa escultura de David, las escenas que pinté en el cielo raso de la Basílica de San Pedro en Roma— las hice todas yo. Nadie me ayudó para nada”. No vas a encontrar esas palabras en ningún libro de historia, porque Miguel Ángel nunca las dijo.

A muchos nos gusta contarles a los demás las cosas importantes que hacemos. No tenemos que esperar mucho en el campo de juego o en los recreos o en el aula para oír los alardes impresionantes de algunos. Cosas como: “¡Una vez le di un puntapié tan fuerte a la pelota de fútbol que la reventé!”; o “Prepárate, porque es más que seguro que te gano en esta competencia!”; o “¡Mi papá tiene un furgón lleno de oro!”.

Pero la mayoría de las personas cuyos logros son verdaderamente importantes admiten que son solo parcialmente responsables de su éxito. Con frecuencia adjudican el mérito a Dios por sus habilidades, su inteligencia o talento. Por ejemplo, en el ocaso de su vida, Miguel Ángel escribió: “Creo que he sido designado por Dios para este trabajo… trabajo motivado por mi amor a Dios y pongo toda mi esperanza en él”.

Cuando logras algo excelente —sea grande o pequeño— ¿a quién le atribuyes tu éxito? Darle el mérito a quien le corresponde comienza con reconocer que tus habilidades en realidad provienen de Dios. Si él no te hubiera creado y dotado de todo tipo de talentos, no lograrías nada.

Y cuando del don del perdón se trata, en realidad nada tuviste que ver con eso. Tú no lo creaste, no te lo compraste, no te lo ganaste ni lo inventaste. No fue idea tuya. No es una obra de arte tuya. Perdonarte es algo que tu Dios lleno de amor hizo por ti. Te lo da como un regalo totalmente gratuito.

PARA DIALOGAR
¿De qué modo le has dado gracias a Dios por haber enviado a Jesús a morir en la cruz por ti?

PARA ORAR
Señor, mereces todo el mérito por todas las cosas que podemos hacer. Y te damos todo el mérito por el regalo de tu perdón

PARA HACER
Ayuda a alguien hoy, sin esperar recibir algo a cambio.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

LABERINTO DE IDEAS.

LABERINTO DE IDEAS.

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-04
a1Como todos sabemos existe un problema creciente en nuestra sociedad. Todos los sectores, y tal vez en especial en el de la juventud, están siendo atrapados por un laberinto moral de ideas contradictorias acerca de cómo deben vivir. Este laberinto moral está lleno de una amplia variedad de estilos de vida como el aborto, la eutanasia, el homosexualismo, el matrimonio de unión libre y el sexo prematrimonial. Además existen las decisiones cotidianas donde, por ejemplo, se ven empujados a hacer trampa en un examen o decir la verdad o no a las autoridades.  Estas y otras tantas decisiones parecen ser cada día más difíciles de contrarrestar debido a la contaminación cultural que se ha formado en este laberinto de opiniones moralmente relativistas.

Debemos ser factores de cambio que ayuden a nuestros semejantes a atravesar esta niebla cultural y navegar con un curso de acciones claro a través de este laberinto moral. Parecería una “Misión imposible” pero deja de serlo cuando contamos con el modelo claro del hombre culturalmente perfecto, moralmente íntegro y socialmente aceptable como lo fue el Señor Jesucristo en su paso por nuestro mundo. Sumado a esto, la clara luz que arroja la Palabra de Dios como manual de ética de vida nos ayuda a entender cómo tomar buenas decisiones morales. Pero todo este asunto de mantener coordenadas correctas en medio de una marea de opiniones y modelos disfuncionales será una utopía hasta que no quebremos nuestro orgullo y reconozcamos nuestra incapacidad ante la soberanía de Aquel que nos dio la vida.  Este fenómeno socio cultural que presenciamos tuvo su origen. Fue en aquel Edén perdido, donde nuestra voluntaria decisión de separarnos de Dios dañó nuestro sistema de vida dependiente de nuestro Creador.

La única manera, entonces de volver a ese estado es volviendo a aquel Edén y encontrarnos con el Nuevo Adán: Cristo, el hombre perfecto. Así, dejando que su vida y su perfección nos posea, estaremos capacitados para navegar en medio del mar de la vida sin naufragar y llegar a  buen puerto sano y salvo.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Jesús fue el hombre culturalmente perfecto, moralmente íntegro y socialmente aceptable.

SESENTA SÁBANAS HACIA LA LIBERTAD

4 mar 2016

SESENTA SÁBANAS HACIA LA LIBERTAD

por el Hermano Pablo

a1Se necesitó bastante paciencia hacer nudo tras nudo. También hizo falta paciencia para juntar habilidosamente tantas sábanas, sobre todo en ese lugar tan vigilado. Pero el hombre coleccionó sesenta sábanas e hizo ciento veinte nudos. Y deslizándose por esa cuerda de sábanas, bajó catorce pisos.

Una hora después de su hazaña, Ahmad Shelton, de veintiséis años de edad, llamó por teléfono al periódico «Los Ángeles Times» y dijo: «Gracias por las sábanas. Sirvieron para escaparme. Se las dejé a la policía.» Quién sabe cómo logró conseguirlas del periódico, pero ahora que había escapado, las devolvía.

Cuando lo arrestaron en la sección de investigación de robos y lo detuvieron en la Comisaría de policía de Los Ángeles, California, batió un récord mundial. Nunca nadie antes se había escapado de una cárcel anudando semejante cantidad de sábanas: ¡nada menos que sesenta! Así había descendido catorce pisos hasta poner los pies en el suelo.

Si bien precisó de sesenta sábanas para conseguir la libertad de aquella cárcel, ¿cuántas sábanas más habría necesitado Ahmad Shelton para lograr una libertad absoluta?

Para una libertad completa no habría necesitado sábanas, pero sí le habrían hecho falta por lo menos sesenta páginas de descargos escritos por un buen abogado. Habría necesitado sesenta días para pensar bien cómo responderles a los jueces cuando lo volvieran a arrestar, o sesenta mil dólares para contratar al mejor abogado posible, y sesenta años para pensar seriamente en los delitos de su vida.

Sin embargo, ni con todo eso habría encontrado aquel joven la verdadera libertad. Porque la libertad verdadera —libertad de vicios arraigados, libertad de remordimiento de conciencia y libertad de pecados—, sólo se encuentra en el perdón de Cristo.

Ahmad podría pasar sesenta años haciendo penitencia, o seiscientos años vagando como alma en pena, o convertido en un fantasma que habita en castillos medievales. Podría derramar sesenta litros de lágrimas, o flagelarse sesenta veces con sesenta escorpiones, pero con todo eso no lograría la libertad del delito del alma, que es el pecado.

Estar libre de una cárcel de piedra y de cemento, de celdas y de rejas, de guardias y de jueces, no garantiza la libertad. Podemos estar fuera de una cárcel y sin embargo ser los reos más presos del mundo. La cárcel más cerrada que existe es la del pecado. Y de ésa sólo Cristo nos libra. Sesenta sábanas darán libertad de alguna celda, pero sólo Cristo puede dar libertad del pecado. Él quiere ser nuestro Libertador.

 

http://

Jesús y yo

Marzo 3

Jesús y yo

Lectura bíblica: Romanos 3:24–26

Dios hizo que Cristo, al derramar su sangre, fuera el instrumento del perdón. Romanos 3:25 (DHH)

a1La siguiente demostración es una manera fabulosa de presentar la profunda verdad de que Jesús murió por nuestros pecados. Necesitarás un huevo crudo, un envase de lata vacío (abierto en un extremo), un trozo pequeño de madera y un martillo. Luego haz lo siguiente frente a tus amigos y familiares:

• Coloca el trozo de madera sobre la mesa y sobre él acomoda el huevo con cuidado. Por ahora, ten escondido el envase, pero pon el martillo sobre la mesa.
• Di: “Este huevo nos representa a cada uno de nosotros. La Biblia dice que todos hemos pecado, y que el castigo de Dios por el pecado es la muerte”.
• Muestra el martillo. “Este martillo representa el castigo de Dios por nuestros pecados”.
• Sostén el martillo encima del huevo y di: “¿Qué va a pasar cuando le dé un golpazo al huevo con este martillo?”. Quizá los presentes respondan diciendo cosas como: “¡Un gran salpicadero!” o “Huevo batido” o “Un salpicón de huevo”.
• Muestra el envase de lata y cubre con él el huevo.
• Dale un fuerte martillazo a la parte de arriba del envase. El sonido del golpe probablemente sobresalte a todos.

Si todo te sale bien, tendrás un envase bastante abollado, pero cuando lo levantas encontrarás al frágil huevo todavía intacto. Y aquí es donde impresionarás a todos con tu percepción espiritual:
Jesús recibió el golpe en lugar de nosotros, igual como el envase de lata recibió el golpe en lugar del huevo. La Biblia dice que muriendo en la cruz en nuestro lugar, Jesús se colocó entre nosotros y el juicio de Dios por nuestros pecados. No podríamos sobrevivir la ira de Dios contra nuestros pecados igual como el huevo no hubiera podido permanecer intacto si le hubiera dado un martillazo directo. Pero no tenemos que sufrir el juicio de Dios gracias a la disposición de Jesús de dar su vida por nuestros pecados. Escapar de la ira de Dios es un regalo que recibimos sencillamente por confiar en Jesús.

Ahora observen el envase abollado. Piensen en lo que le costó a Dios perdonarnos nuestros pecados. Durante las últimas horas de su vida, Jesús —que no había hecho nada malo— fue objeto de maldiciones, burlas, escupidas y azotes. Le colocaron una corona de espinas en la frente. Y fue clavado en una cruz.

Ese fue el enorme precio que Jesús pagó por nuestros pecados. Pero también representa el asombroso valor que tenemos para Dios. Dios nos amó tanto que envió a su Hijo para morir por nuestros pecados y así pudiéramos ser sus amigos.

PARA DIALOGAR
¿Qué sientes cuando piensas en el sacrificio que Jesús, por amor, hizo por ti? ¿Te das cuenta de lo increíblemente valioso que eres para él

PARA ORAR
Señor, cuando vemos lo que Jesús sufrió, comprendemos tu gran amor por nosotros. ¡Mil gracias!

PARA HACER
Presenta esta demostración ante un amigo que no conoce a Jesús, y explícale ¡cuánto lo ama Dios!

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

«POR MIS HIJOS SIGO CON MI ESPOSA»

3 mar 2016

«POR MIS HIJOS SIGO CON MI ESPOSA»

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» en nuestro sitio http://www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:

«Vivo desde hace nueve años con mi esposa. Todo el tiempo discutimos y peleamos. Yo ya me cansé y quiero separarme; pero tengo dos hijos que son mis amores, y por ellos sigo con ella. ¡Pero ya no la aguanto! ¿Qué puedo hacer?»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimado amigo:

»Lo felicitamos por darle mayor prioridad al bienestar de sus hijos que a su propia comodidad y a sus preferencias personales. Está tomando la decisión acertada al optar por seguir siendo parte de la vida de ellos….

»Estas son algunas cosas que usted puede hacer para que sus desacuerdos sean más productivos y menos conflictivos: Aparte tiempo para escuchar a su esposa de modo que ella sienta que a usted le importa la opinión de ella. El acto de escuchar demuestra que usted la valora y la respeta, aun cuando más tarde no esté de acuerdo con ella en cuanto a los pormenores de la situación. Sin embargo, muchos hombres se tapan los oídos porque se convencen de que están demasiado cansados o estresados para emprender el arduo trabajo de la negociación. Esto resulta en la aflicción emocional de muchas esposas y en discusiones con palabras cada vez más fuertes e irrespetuosas. Una vez que se manifiesta el enojo, es mucho más difícil resolver el conflicto. El sabio Salomón dijo: “La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego.”1

»Decidan juntos que se concentrarán en un solo problema presente. No traiga a la memoria desacuerdos del pasado u otros problemas que necesitan resolverse. Túrnense escuchándose mutuamente, sin interrumpirse. Haga una lista de todas las maneras que se les ocurra para resolver el problema, y luego negocien a fin de hallar una solución que ambos puedan aceptar. Esfuércese por ceder parte de lo que usted quiere para que su esposa pueda obtener parte de lo que ella desea. Así ella estará más dispuesta a ceder parte de lo que ella quiere para que usted pueda obtener más de lo que usted desea. Ustedes pueden negociar así como lo hacen las empresas y las naciones….

»Es muy probable que se hayan ofendido mutuamente con palabras hirientes, y que con eso hayan levantado un muro de heridas entre los dos. Aunque seguramente ambos son culpables, dé usted el primer paso de pedirle perdón a su esposa por las palabras ofensivas que usted ha pronunciado. Es muy probable que su esposa entonces le pida perdón a usted. Así como debemos pedirle perdón a Dios por nuestros pecados repetidas veces, también debemos pedirle perdón a nuestro cónyuge con frecuencia por nuestra conducta y nuestras palabras nada afectuosas. El perdón es como un botón de reinicio que nos ayuda a comenzar de nuevo.»

Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, puede leerse con sólo ingresar en el sitio http://www.conciencia.net y pulsar la pestaña que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 379.

1 Pr 15:1

LA VIÑA DEL PEREZOSO

LA VIÑA DEL PEREZOSO

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-03
a1De camino a mi trabajo paso por el frente de varios conjuntos de viviendas. Yo vivo en uno de ellos. La persona que está a cargo de la administración de alguna manera le transmite a la fachada y al estado de ese conjunto su idoneidad. Una fachada sucia, abandonada y descuidada habla de una administración y hasta también de un administrador así. Pero un lugar bien cuidado y decorado, con el césped cortado y sus veredas barridas, habla mucho del tipo de administración o de administrador que tiene dicho barrio. Igual es con la vida, pues de quién la administre así será la “fachada de tu vida”. ¿Puedes verlo? el libro de Proverbios dice, refiriéndose a esta tipología: “Pasé junto al campo del hombre perezoso, y junto a la viña del hombre falto de entendimiento; y he aquí que por toda ella habían crecido los espinos, ortigas habían ya cubierto su faz, y su cerca de piedra estaba ya destruida. Miré, y lo puse en mi corazón; lo vi, y tomé consejo. Un poco de sueño, cabeceando otro poco, poniendo mano sobre mano otro poco para dormir… Así vendrá como caminante tu necesidad, y  tu pobreza como hombre armado.” ¿Prestaste atención quién era el dueño de esta viña en estado deplorable?… La pereza, ella era el dueño.

Un antiguo refrán de “La biblia gaucha”, del autor José Hernández, reza así: “Debe trabajar el hombre para ganarse su pan, pues la pereza en su afán de perseguir de mil modos, llama a la puerta de todos y entra en la del haragán”. En verdad el ocio es la madre de los todos los vicios, y nada de eso de que “como a una madre hay que respetarla”. No, pues si tú la respetas a ella y escuchas sus sutiles consejos, ten por cierto que ella no te respetará ti, y cuando quieras darte cuenta, como lo acabas de leer en Proverbios, tu pobreza llegará como caminante o como combatiente (no tienen más que una mochila y andan con lo puesto).

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Por tres cosas mure el hombre: La fama, la lana y LA CAMA.

Aquí viene el juez

Marzo 2

Aquí viene el juez

Lectura bíblica: Romanos 3:21–23

Dios nos libra de culpa por medio de la fe en Jesucristo. Romanos 3:22 (DHH)

a1Un joven declarado culpable de un crimen serio se encuentra de pie esperando la sentencia del juez. El juez le lanza una mirada de desprecio:
—¿Admites que tus acciones fueron perjudiciales?
—Sí, Su Señoría —dice suavemente el acusado, su cabeza inclinada por la vergüenza.
—¿Y sabes que la ley dicta que debes ser castigado por tu crimen?
—Sí, señor.

El juez mira al joven y dice:
—Sobre la base de las evidencias y en razón de que reconoces que eres culpable, este tribunal te sentencia a pagar $10.000 de multa o un año de reclusión en la cárcel.
—Pero, Su Señoría —dice el joven tratando de contener sus lágrimas— no tengo $10.000.
—Joven —responde el juez con firmeza— la ley exige que pagues la multa o marches preso por un año.
Luego, da un golpe con el mazo, en señal de que el caso ha concluido.
Mientras el público se retira, el juez baja de su estrado y se acerca al joven.
—Ven conmigo —le dice.

El acusado sigue al juez hasta la ventanilla donde los delincuentes pagan sus multas. Mientras el joven observa, el juez saca una chequera del bolsillo. Escribe con cuidado un cheque por $10.000, la cantidad total de la multa. Lo firma y lo entrega al cajero. Luego se vuelve al joven y le dice con una sonrisa:
—Quedas en libertad. Puedes retirarte, hijo.

Al joven se le llenan los ojos de lágrimas:
—No merezco esto, pero gracias, papá.

Luego se abrazan.
¡Este es un cuadro de cómo te ama Dios! No puedes obedecer completamente la ley de Dios. Por tus pecados te mereces una condena que no puedes pagar. Y Dios, el juez perfecto, no puede perdonar tus pecados hasta que la multa no sea pagada. Pero Dios —quien es tu Padre que te quiere— baja de su estrado y paga él mismo la multa que te corresponde.

Lo único que tienes que hacer para recibir el inmenso perdón de Dios es aceptar su generoso regalo. ¿Cómo? Confiando en Jesucristo para que te quite tus pecados. Entonces, todo ha sido perdonado, y puedes disfrutar de que eres un hijo muy querido de tu Dios justo que te ama completamente.

PARA DIALOGAR
¿Qué si Dios no hubiera enviado a Jesús para arreglar las cosas entre tú y él? ¿Cómo te sentirías si todavía estuvieras bajo condena por tu pecado?

PARA ORAR
Señor, gracias por enviar a Jesús como la única manera para que nuestros pecados pudieran ser perdonados y así estar libre para seguirte.

PARA HACER
Dios te ha perdonado generosamente. ¿Quién te ha hecho un mal a ti y necesita saber que lo has perdonado? ¿Cómo puedes darle esa gran noticia?

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.