
Serie: Introducción a la Teología Sistemática
Plan de estudio: https://drive.google.com/file/d/1-Al6rOq6Tox4zb4wBU2nWqekLnhk6l9W/view
Iglesia Bautista Internacional

Serie: Hasta los confines de la tierra
35/62 – Jesús es el Evangelio
Miguel Núñez
Miguel Núñez
Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.
Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría
Queda prohibida la reproducción total o parcial de este recurso, por cualquier medio o procedimiento, sin para ello contar con nuestra autorización previa, expresa y por escrito. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en las leyes internacionales de Derecho de Autor. Derechos Reservados.
Ravi Zacharias Ministerios Internacional

Pensemos con Ravi Zacharias
1/2 – Dios y los recuerdos
Ravi Zacharias

“Pensemos con el Dr. Ravi Zacharias” es una producción de RZIM y es un excelente recurso para los cristianos que anhelan entender la fe y testificar con inteligencia.
BITE

Serie: Biografías
La historia de conversión de MARTÍN LUTERO
Martín Lutero dio sus primeros pasos en el ministerio como un fiel monje agustino.
La Orden agustina era muy conocida por su disciplina. Los monjes descansaban y estudiaban en pequeñas habitaciones sin calefacción. Hacían votos de castidad, de obediencia y de pobreza. Todos debían participar en una misa diaria que empezaba a la 1:00 a.m, sesión que se realizaba siete veces al día.
Pero Lutero luchaba con crecientes sentimientos de duda y culpabilidad. Así que buscó en su religión y a sus líderes para que le ayudaran con su culpa. Entonces, se volvió a los sacramentos de la Iglesia, específicamente a la confesión.
Pero la confesión se convirtió en un suplicio para Lutero, y para sus confesores. El joven monje se confesaba frecuentemente, a veces a diario, y en ocasiones se tardaba hasta seis horas en una sesión de confesión.
Si la confesión no estaba resolviendo la culpa de Lutero, tampoco lo estaban logrando los ayunos.
Pero el contacto de Martín Lutero con las Sagradas Escrituras empezó a darle una salida de su angustia.
Lutero formuló las preguntas correctas: ¿Como puedo salvarme siendo Dios justo y yo injusto? y recibió las respuestas correctas. Leyendo el inicio de la Carta a los Romanos el Apóstol Pablo afirma que “en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: mas el justo por la fe vivirá”.
Antes, Lutero entendía que la justicia de Dios mencionada en este versículo se refería a Su justicia activa y vengadora que castiga a pecadores, y por eso odiaba la justicia de Dios.
Pero mientras meditaba en este pasaje, en lo que posteriormente Lutero llamaría “La experiencia de la torre”.
De pronto, como si un rayo de luz divino hubiera alcanzado su oscuro corazón, Lutero comprendió el verdadero significado del texto: la justicia de Dios es recibida como un regalo únicamente por medio de la fe en Jesucristo. Luego dijo al respecto:
“Al fin, por la misericordia de Dios, meditando día y noche, presté atención al contexto de las palabras ‘en el evangelio se revela la justicia que proviene de Dios, la cual es por fe de principio a fin, tal como está escrito: ‘El justo vivirá por la fe’’. Allí comencé a comprender que la justicia de Dios es aquello por lo cual el justo vive gracias al don de Dios, es decir, la fe. Y este es el significado: la justicia de Dios es revelada por el evangelio, es decir, la justicia pasiva con la cual el Dios misericordioso nos justifica por fe, como está escrito: ‘El justo vivirá por la fe’. Entonces sentí que había nacido de nuevo por completo y que había entrado al paraíso a través de puertas que estaban abiertas”.
Lutero entendió que la justicia de Dios tenía dos dimensiones. Por un lado se trataba de una cara que exige que los hombres fueran justos y que anunciaba un juicio pero, por otro lado, poseía también un rostro salvífico que actuaba en los seres humanos mediante la fe en Cristo. El descubrimiento de esa doctrina provocó en Lutero un cambio definitivo.
Así fue que Lutero entendió que el hombre pecador no es salvo por sus buenas obras. Más bien, la justicia de Cristo es imputada a los pecadores sólo sobre la base de la fe, Lutero llamó a esto una «justicia ajena», es decir, no del hombre. Dicha justicia viene de fuera de él y es dada libremente por Dios. Gracias a su entendimiento de esta verdad, la justificación que es solamente por la fe —sola fide— se convirtió en la esencia de la Reforma, es decir, la materia misma del evangelio.
Según el propio Lutero semejante experiencia lo liberó de la ansiedad, del temor del pecado y lo llenó de paz y de sosiego.
BIBLIOGRAFÍA
La heroica valentía de Martín Lutero, Steven J. Lawson: https://bit.ly/2EROCmf
El legado de la Reforma, César Vidal: https://bit.ly/2y5cYEm
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El Proyecto Biblia

Serie: Antiguo Testamento
16/42 – Lee la Biblia: Isaías cap. 40-66
Antiguo Testamento
Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre los capítulos 40-66 del libro de Isaías, que analiza el diseño literario del libro y su flujo de pensamiento. Isaías anuncia que el juicio de Dios purificará a Israel y preparará a su pueblo para la llegada del rey mesiánico y de la nueva Jerusalén.
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Serie: Introducción a la Teología Sistemática
Plan de estudio: https://drive.google.com/file/d/1-Al6rOq6Tox4zb4wBU2nWqekLnhk6l9W/view
Biblia y Teología es un podcast del Dr Larry Trotter, dedicado a la exposición bíblica y la enseñanza teológica. Larry es pastor de Florida Coast Church en Pompano Beach, Florida y profesor adjunto de Knox Theological Seminary en Fort Lauderdale, Florida.
Vivió veinticuatro maravillosos años como pastor en México y conferencista en distintos países de Latinoamérica. El propósito de Biblia y Teología es proporcionar enseñanza avanzada y en una forma accesible.

Desde hace 2000 años la enseñanza de la Biblia ha inspirado buen número de leyes destinadas a definir un marco justo y armonioso para la vida en sociedad. Pero a menudo esas leyes son ignoradas, transgredidas; la injusticia social, la violencia, la inmoralidad son las características dominantes de la sociedad actual. En ese campo, los países llamados cristianizados dan más bien un triste ejemplo a las otras naciones. Aún más, hoy nuevas leyes autorizan lo que Dios reprueba.
¿Se debe concluir que el cristianismo ha fracasado y que el mal ha triunfado sobre el bien? No, porque no es la enseñanza de Cristo lo que ha fallado, sino los habitantes de esos países. En su conjunto, no han creído, y mucho menos vivido, la enseñanza de Aquel cuyo nombre llevan. Se puede hablar bien de la moral cristiana, pero no se quiere a Cristo quien es la fuente, el modelo y la fuerza de esta.
Nosotros que decimos ser cristianos, ¿somos conscientes de que ese nombre nos vincula a Cristo? (Santiago 2:7). Para ser cristiano no basta figurar en el registro de bautismo de una iglesia. Lo que es vital es tener su nombre escrito en el Libro de la vida, para ser admitido en la presencia del Señor (Apocalipsis 21:27). Este contiene el nombre, que nadie puede borrar, de todos los verdaderos cristianos, los que han sido redimidos con la sangre de Cristo.
Si mi nombre está escrito allí, yo soy responsable de vivir hoy como cristiano, es decir, siguiendo el modelo: Jesucristo.
Alimentemos El Alma

Serie: Cuando aumenta la presión
11/12 – Paciencia En Medio Del Sufrimiento
Santiago 5:7–12
La carta de Santiago fue escrita al pueblo de Dios en medio de la aflicción. Ellos sufren por causa de Cristo. Están buscando una salida de su sufrimiento. Ellos ven su situación de la misma manera en que el mundo la ve. Quieren salirse con la suya.
Ya no buscan la voluntad de Dios en su sufrimiento. Se critican los unos a los otros. Hacen planes para ganar algo para sí mismos. Ven todo lo que los ricos tienen y quieren lo mismo. En fin, ellos se enfrentan a las mismas tentaciones nuestras.
Jacobo les escribe para animarles a seguir adelante. No deben dejarse vencer por causa del sufrimiento, ni buscar una salida. Deben aguantar la persecución y esperar a ver la bendición que Dios quiere mandarles por medio del sufrimiento.
Ellos tienen que confiar en el Señor frente al sufrimiento. La fe que les hace falta es una fe viva, una fe que produce obras.
El mensaje principal del libro se presenta por medio de dos principios fundamentales que Jacobo les enseña en el primer capítulo. El primer principio es que una fe viva soporta la tribulación (1:2–12). Este principio se realiza cuando el creyente tiene presente el buen propósito de Dios para su vida, a través de la aflicción.
El segundo principio básico que deben a prender es que una fe viva vence la tentación. En vez de tirar la toalla y echarle la culpa a Dios, quien confía en Dios reconoce que Dios le da la capacidad para vencer la tentación y se queda firme.
A base de estos dos principios, el autor se dirige a los problemas específicos que ellos tienen que enfrentar en medio de ese sufrimiento (2:1–5:6). Una fe viva les capacita para enfrentarse a estos problemas y salir triunfantes.
En 5:7–20 se presenta la conclusión del mensaje. Se les da una serie de tres exhortaciones prácticas que ellos deben seguir en sus propias vidas.
Lo que deben hacer es lo contrario de lo que han venido haciendo. Ellos han peleado. Han luchado por su propio bien. Ellos buscan la venganza personal por lo que han sufrido. Necesitan este consejo que Jacobo les presenta.
EXHORTACIONES PRÁCTICAS EN MEDIO DEL SUFRIMIENTO 5:7–20
LA EXHORTACIÓN A LA PACIENCIA 5:7–11
La primera exhortación es que esperen con paciencia al Señor. El libro regresa al punto de partida que se observó en 1:2–4. Se les pide lo opuesto a lo que ellos han estado haciendo. Ellos deben esperar con paciencia y fe la venida del Señor.
Ellos han estado luchando, con la esperanza de sobrevivir por sus propios esfuerzos. Han probado todo con el fin de mejorar su situación y satisfacer sus necesidades. En vez de buscar la manera de escaparse de la aflicción, ellos deben aprender a poner la mirada en el plan de Dios para ellos y su climax cuando El venga.
Jacobo les señala tres aspectos de la forma en que deben esperar con paciencia la venida del Señor. Cada una se presenta por medio de una exhortación específica.
Que mantengan firme su esperanza 5:7–8
El autor presenta el ejemplo del labrador de tierras. El aprovecha la lluvia temprana para la preparación del terreno, antes de sembrar la semilla. Después, al final del proceso, espera la llegada de las lluvias tardías que vienen antes de la cosecha para darle el último toque. Esta hace más rica la cosecha. Un labrador impaciente que quiere cortar el proceso que Dios ha establecido no podrá aprovechar la misma calidad en la cosecha.
Así también ellos deben esperar pacientemente la cosecha, hasta cuando las lluvias tempranas y tardías han producido su obra completa, para que haya fruto abundante. Entonces Cristo vendrá y ellos recibirán los beneficios de haber esperado con paciencia.
El mismo concepto se presenta en 2 Pedro 3:7–9. El juicio viene pero hay que esperar la última lluvia. Dios espera para que muchos crean. Pero no se debe malinterpretar la gracia de Dios. El no tiene prisa. El puede esperar pacientemente para que otros respondan. Sin embargo, el fin vendrá y Dios juzgará en Su tiempo. Sus hijos tienen que aprender a esperar el tiempo que El ha elegido para cumplir la promesa.
También se enseña la misma verdad en 2 Tesalonicenses 1:5–12. Dios juzgará a los injustos cuando El venga. Sin embargo, El espera ahora para que El sea glorificado en ellos. Sabiendo esto, podemos esperar con paciencia. Podemos tener firmeza de corazón.
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¡PENSEMOS! |
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Cuando suba la presión en nuestra vida, ¿Cómo reaccionamos? ¿Cómo se puede notar la diferencia en la vida del Hijo de Dios cuando espera con paciencia? ¿Qué hacemos cuando no esperamos con paciencia? ¿Qué haremos al esperar con paciencia la venida del Señor? |
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Haga un dibujo de dos columnas para comparar las dos reacciones, las de una persona que espera con paciencia la venida del Señor, y las de una persona impaciente que no tiene la mirada puesta en la venida del Señor. Sea realista en la comparación. |
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¿Está dispuesto a esperar, mientras sigue la presión, con la mirada puesta en la venida del Señor? |
Que no se quejen 5:9
Deben manifestar paciencia para con los demás hermanos. Mientras ellos esperan, deben dejar de quejarse y criticarse los unos a los otros. El pasaje indica que lo han estado haciendo. Al ver a otros que tienen lo que ellos no tienen, los han criticado. También critican a los demás por lo que ellos hacen, o por lo que no hacen.
Al poner la vista en la venida del Señor, dejarán de criticar a los demás por lo que tienen o no tienen, por lo que hacen o no hacen. No nos toca a nosotros juzgar a los demás. El juez verdadero ya viene. El dará las recompensas indicadas a cada uno.
Que imiten los ejemplos del Antiguo Testamento 5:10–11
Ellos deben estudiar con cuidado el ejemplo de los profetas del Antiguo Testamento quienes sufrieron mientras tomaban una postura firme para el Señor. Estos siervos del Señor nos han dejado un ejemplo de lo que es la paciencia verdadera que debemos seguir.
De la misma manera, Job sufrió y nos dejó un ejemplo de cómo debemos soportar el sufrimiento con esperanza, al confiar en el Señor. El aguantó la aflicción y Dios le dio el doble de lo que había perdido cuando le dio le recompensa (Compare Job 42 con Job 1–2).
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¡PENSEMOS! |
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Considere estos tres aspectos de la exhortación a la paciencia en medio de la aflicción. ¿Habrá algún aspecto donde se necesita un cambio? Tome nota de esta área y pídale al Señor que El le dé la victoria en esta área de su vida esta semana. |
LA EXHORTACIÓN EN CONTRA DE LOS VOTOS 5:12
La exhortación a no jurar as principalmente una llamada a establecer la fama de decir la verdad. Los hombres paganos en una sociedad deshonesta emplean los votos como una garantía de que su palabra es cierta. En una sociedad auténticamente cristiana no hace falta tal garantía.
Los filósofos judíos rechazaron el uso de los votos. Ellos dijeron: “No garanticen su palabra con nada material porque no se puede controlar lo que sucederá mañana”. No hay nada seguro.
Los juramentos dan un testimonio indirecto de la falta de honradez entre los hombres. Es mejor establecer la fama de decir la verdad siempre. Así no será necesario jurar. La fama de dar respuestas seguras inspirará la confianza de otros en su palabra.
Filón, un gran filósofo judío, dijo: “Se deben evitar los juramentos, o hacerlo con mucho cuidado si se le obliga hacerlo”. Su concepto era, mejor no jurar. La segunda elección era jurar honradamente. Lo peor era mentir. Su ideal era el hombre que no tiene que jurar porque sus palabras directas tienen fama de ser verdad; sus palabras en sí constituyen un juramento. Filón enseñaba que la misma boca no debe expresar el nombre de Dios y mentiras.
Este concepto judío parece ser el concepto de Jacobo también. Ellos no deben depender de los votos para establecer la verdad. Deben responder o que sí, o que no, y cumplir fielmente con lo que dicen.
El significado detrás del voto sale de su nombre. “Jurar” literalmente quiere decir: “agarrar firmemente”. En el caso de los juramentos indica que se agarra algo como una garantía. Dios lo puede hacer porque El mismo es lo más seguro en el universo. Nosotros no lo podemos hacer porque no hay nada, ni en el cielo, ni en la tierra, que podamos agarrar con tanta seguridad. Nosotros no controlamos el mañana. Es mejor que estemos seguros de dar una respuesta sencilla y cumplir con nuestra palabra.
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¡PENSEMOS! |
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Tome un momento para considerar esta exhortación. ¿Por qué se incluiría esta exhortación en medio de un ambiente de sufrimiento? ¿Cómo se usarían los juramentos en esta situación en especial? |
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¿Qué implicaciones habrá para nosotros hoy en esta exhortación? ¿Cómo lo debemos poner en práctica? |
LA EXHORTACIÓN A LA ORACIÓN Y APOYO MUTUO 5:13–20
La tercera exhortación es que dejen de ver por ellos mismos y ayuden a los demás por medio de la oración y apoyo mutuo. Esta exhortación se considerará más despacio en el próximo estudio.
A través de este pasaje se observa que los hermanos del primer siglo, en muchos sentidos semejantes a nosotros, no ponían en práctica las implicaciones lógicas de la fe. Al sufrir, pusieron la atención en ellos mismos y cómo escaparse, en vez de idear cómo ayudar a los demás y edificarse hacia la perfección.
Las exhortaciones de Jacobo son tan válidas para nosotros hoy como eran para estos cristianos. Debemos evaluar nuestra vida y pedirle a Dios que nos ayude a fijarnos en El y en Su plan para nuestra vida.
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¡PENSEMOS! |
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¿Cuáles son los aspectos en su propia vida donde Dios le ha señalado la necesidad de un cambio hoy? Apunte los pasos que usted debe tomar. Pídale a Dios que le capacite par llevarlos a cabo. |
Porter, R. (2003). Estudios Bı́blicos ELA: Cuando aumenta la presión (Santiago) (pp. 79–84). Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C.
Soldados de Jesucristo

¿Dios nos dará más de lo que podemos manejar?
John Piper Responde
Episodio 41

Es el fundador y escritor principal de DesiringGod.com y es presidente de Bethlehem College & Seminary. Durante 33 años Piper ha servido como pastor de Bethlehem Baptis Church. Ha escrito más de 50 libros, entre ellos Cinco puntos y Viviendo en la luz: dinero, sexo & poder.
Es uno de los escritores cristianos más reconocidos de las últimas décadas. Su escritura es caracterizada por un corazón pastoral y un estilo confrontador, pero también alentador. Sus más de 30 años de ministerio están recopilados gratuitamente en artículos y vídeos. Los puedes encontrar en: DesiringGod.org.
El pastor John Piper vive en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos con su esposa Noel. Tiene cinco hijos y catorce nietos.
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Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática
Clase 6/26
Doctrina de la Creación – Parte 2
¿De dónde venimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Existe un propósito, un objetivo detrás de todo lo que vemos y experimentamos? ¿O es la vida un gran accidente cósmico sin dirección y propósito? Estas son preguntas directas para las cuales la Biblia tiene respuestas directas.
Ve conmigo a Génesis 1:1: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas Y dijo Dios…, Luego dijo Dios…».
En el principio creó Dios. La creación no es consecuencia de fuerzas fortuitas e impersonales, sino de Dios. Los orígenes comienzan con él.
El creó ex-nihilo, de la nada. «En el principio…», no «cuando Dios comenzó a crear» como si existiese una materia atemporal, alguna plastilina cósmica con la cual Dios se topó un día y decidió remodelar y moldear. Esta era la idea griega detrás del cosmos. Pero según la Biblia, en el principio, no era la materia, sino Dios. Él es eterno, autónomo. Todo lo demás debe su existencia a él.
Él creó por su palabra. Uno de los refranes frecuentes de Génesis 1:1-2:3 este: «dijo Dios, y dijo Dios». El cuadro no muestra a Dios sudando, trabajando arduamente. El cuadro no es uno de ensayo y error, como un inventor enloquecido rascándose la cabeza. La Palabra de Dios es poderosa (crea) y perfecta (crea exactamente lo que él quería que creara).
Él creó todas las cosas. De eso trata Génesis 1:1-2:3. Comprende todo el relato de nuestros orígenes, desde las estrellas y galaxias hasta las criaturas más pequeñas que se arrastran por el suelo.
Génesis 1:1-2:3 es la visión Google Earth de la creación. El gran cuadro. Y luego en Génesis 2:4ff, vamos a la visión Google Street. Hacemos zoom en la creación de la humanidad y todo lo que sucede. No son dos relatos separados, sino relatos complementarios desde diferentes puntos de vista.
Deberíamos recordar que la división de los capítulos y el número de los versículos fueron colocados en la Biblia a partir del siglo XVI. La intención de Moisés es que el segundo capítulo se lea conjuntamente con el primer capítulo y que cada capítulo sea identificado como parte del mismo acontecimiento. El tema teológico de la humanidad siendo creada a imagen de Dios continúa en el capítulo 2, y así el tema de la semejanza entre Dios y el hombre encuentra una explicación más amplia.
La semana pasada vimos 6 perspectivas contemporáneas y dominantes acerca de la creación, y las ventajas y desventajas de cada una. Y finalmente la clase culminó con la comprensión de que la Biblia no nos da todos los detalles necesarios para entender exactamente la edad de la tierra. Lo que a Dios le importa es que entendamos quién creó la tierra —Dios— y por qué la creó… para su gloria, lo cual se demuestra en y a través del evangelio de Jesucristo.
El día de hoy: damos un paso atrás y preguntamos, ¿cuál es la relación de Dios con la creación que ha hecho? Cómo entendemos esa pregunta hace toda la diferencia entre el cristianismo y las falsas religiones. De manera que en primer lugar, veremos cuatro perspectivas no cristianas. Luego, observaremos específicamente cómo la Biblia describe la relación de Dios con su creación. Y por último, veremos la corona de la creación: la humanidad. Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen para extender su gobierno real sobre la creación. ¿Qué significa eso para nosotros y para lo que somos?
Ha habido muchas cosmovisiones filosóficas para explicar la relación de Dios con su creación. Este punto de vista es una perspectiva antigua, que está disfrutando un poco de un renacimiento.
a) El panteísmo (los estoicos del primer siglo, el budismo, las religiones orientales y de la Nueva Era en la actualidad): Enseña que Dios es todo (pan=todo) y, por tanto, todo es Dios. Oprah Winfrey, en una entrevista dice esto acerca de su definición de Dios: «Mi definición de Dios es el todo… el todo en el todo, a través del todo, sobre el todo, en el todo». Oprah Winfrey es una panteísta. Así que de acuerdo al panteísmo lo que necesitamos hacer es «entrar en contacto», «volvernos uno» con lo divino «aquí adentro», y lo divino «allá afuera». Dios no tiene una personalidad definida. No es inmutable o inalterable, porque el universo siempre cambia. Dios no es en ningún sentido moralmente santo, porque el mal en el universo también es parte de Dios.
Un gran desafío para el panteísmo es que lo divino existe tanto en los actos más reprensibles moralmente como en la belleza o en una deliciosa comida. Incluso más importante, no hay Dios en el exterior que pueda entrar y rescatarnos. No hay esperanza de liberación, solo aceptación. Razón por la cual, para muchos de los estoicos del primer siglo, y muchos cada vez más en Occidente, la única respuesta viable es el suicidio.
b) El dualismo: El dualismo es la idea de que existen dos grandes fuerzas en el universo, el bien y el mal, algunas veces presentadas como Dios y la materia. Gran parte del pensamiento platónico y gnóstico es dualista. Una manera fácil de recordar qué es el dualismo es pensar en la palabra con sus múltiples significados. Dual = Dos; el bien y el mal. Duelo = Una batalla. Así, el dualismo es una batalla entre el bien y el mal. Y el bien y el mal están en una larga y prolongada batalla cósmica por la supremacía.
Esta es la cosmovisión que subyace a la serie Star Wars. Están los señores Jedi y los señores Sith, fuerzas rivales del bien y el mal. En el dualismo, el espíritu es bueno, pero el cuerpo es malo. El deseo es escapar del reino material para un reino de formas superior (reino espiritual). Pero el dualismo niega el señorío de la creación de Dios y la bondad del mundo creado. En los nuevos cielos y la nueva tierra, no seremos espíritus incorpóreos, sino almas con cuerpos recreados y renovados.
c) El deísmo: El deísmo es la perspectiva de que Dios no esta presentemente involucrado en la creación. Él la creó, pero ahora está distante y alejado de lo que ha hecho. Así que si tienes familiares, amigos o compañeros de trabajo que afirman alegremente que hay un dios que creó el mundo, pero que ya no tiene nada que ver con él, están comunicando esencialmente una cosmovisión deísta. En otras palabras, Dios es el relojero divino que creó el «reloj de la creación», lo terminó y ahora lo deja correr por sí mismo. Esto se opone al cristianismo porque el cristianismo afirma que Dios no solo está actuando actualmente para sostener a la creación, sino que también ha actuado en la creación a lo largo de la historia, más notablemente en la Encarnación.
d) El materialismo (o naturalismo): La cosmovisión naturalista no es una donde sus seguidores están buscando volverse ricos y comprar ropas de marca. El materialismo es la perspectiva de que el universo material es todo lo que hay. Hombres como Richard Dawkins y Sam Harris son defensores contemporáneos de esta visión, así como el fallecido Christopher Hitchens, cuyos escritos siguen vivos.
El materialismo también acoge una serie de nombres distintos. Así que si alguien dice ser un naturalista, fisicalísta o filósofo naturalista, entonces es un materialista. El materialismo dice que vivimos en un mundo cerrado. Ninguna fuerza del exterior, llámese Dios o como sea, puede entrar y perturbar el mundo físico. Nuestras vidas son gobernadas por leyes impersonales que operan sobre fenómenos estrictamente naturales.
El prestigioso filósofo ateo Bertrand Russel lo expresó así: «… El hombre…, su origen, su crecimiento, sus esperanzas y miedos, sus amores y creencias, no son más que el resultado de las colocaciones accidentales de átomos. … todos los trabajos de las edades, toda la devoción, toda la inspiración, todo el brillo de mediodía del genio humano, están destinados a la extinción en la gran muerte del sistema solar, y el templo entero del logro del Hombre inevitablemente debe ser enterrado debajo de los restos de un universo en ruinas. …solo dentro del andamiaje de estas verdades, solo sobre la base firme de la desesperación inquebrantable, puede la habitación del alma en adelante construirse con seguridad» (citado en Driscoll y Breshears, Doctrine).
La creación no es un regalo dado por un creador amoroso, sino un «accidente épico, sin propósito». ¡Debes tu propia existencia esta mañana a un accidente épico y sin propósito! ¿Eso te hace sentir optimista por dentro? A Richard Dawkins se le preguntó si tal punto de vista lo deprimía. Él dijo: «No… pero si alguien lo hace, ese es su problema… El universo es sombrío, frío y vacío. ¿Y qué?».
Si este mundo creado se reduce a la simple materia en movimiento, los conceptos como «bueno» y «malo» son simplemente construcciones humanas. Pero al final, tal cosmovisión es falsa, y finalmente conduce al nihilismo: sentido de falta de sentido y desesperación. Nos vemos obligados a argumentar que las acciones de violadores, asesinos en serie, depredadores de niños no son realmente «incorrectas» en ningún sentido objetivo. En un universo materialista, las acciones no son morales o inmorales. Simplemente son. Si eso es todo lo que es la vida, entonces también podríamos arrojar nuestras manos «comer, beber y ser feliz porque mañana moriremos».
Estas primeras cuatro perspectivas se oponen al relato bíblico, porque o niegan la superioridad de Dios sobre su creación o eliminan su relación con ella.
Dios es distinto a la creación; sin embargo, Dios siempre está involucrado en la creación y la creación siempre depende de Dios. Como hemos mencionado, la creación no se autocreó y, por tanto, no puede autosostenerse. La estabilidad de la humanidad y de todo el universo depende del poder sustentador de Dios. Pablo afirma la dependencia del ser humano de Dios cuando dice que Dios «da a todos vida y aliento y todas las cosas» y «en él vivimos, y nos movemos, y somos» (Hechos 17:25, 28).
Sin embargo, el evangelio habla de un Dios que está por encima de toda la tierra y está tan preocupado por su creación que envió a su Hijo Jesucristo al mundo para salvarlo. Y así, la forma tradicional en que los cristianos han hablado acerca de la relación de Dios con el mundo es en términos de su trascendencia y su inmanencia…
a) Trascendencia
Cuando hablamos de la trascendencia de Dios, estamos hablando de su realeza, majestad y santidad. La trascendencia de Dios significa que Dios es distinto y soberano sobre su creación.
Entonces, él es distinto de la creación. No es parte de ella porque la creó y la gobierna. Considera las siguientes referencias a la trascendencia de Dios…
Isaías 55:8-9: «Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos».
Salmo 113:5-6: «¿Quién como Jehová nuestro Dios, que se sienta en las alturas, que se humilla a mirar en el cielo y en la tierra?».
Juan 8:23: «Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo».
O imagina la escena de Isaías 6:1-5 donde Isaías ve al Señor sentado en un trono, en lo alto y glorificado.
Entonces la trascendencia de Dios se comprende mejor, no como un concepto espacial, sino como una referencia a su realeza. Su trascendencia significa que es soberano sobre sus criaturas.
No obstante, no queremos cometer el error de creer que Dios es tan diferente que no interactúa con la creación, eso sería caer en el deísmo.
b) La Escritura claramente enseña que Dios no solo es trascendente, sino que también es inmanente o presente. La inmanencia se refiere a su presencia en la tierra, y especialmente a su cercanía para con su pueblo. Considera los siguientes pasajes:
Deuteronomio 4:39: «Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro».
Josué 2:11: «Porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra».
Isaías 57:15: «Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados».
La inmanencia se refiere a la presencia del pacto de Dios, en su creación y entre su pueblo. Considera las implicaciones de esto en tu vida. A menudo pensamos que la teología sistemática es seca o aburrida, pero qué podría ser más relevante, más emocionante, más importante para ti que saber que el Dios sagrado y trascendente del universo que mora en la luz inaccesible, también se acerca a ti. «Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras» (Salmo 145:18).
Pero Dios también está muy involucrado en la creación. La creación depende continuamente de él para su existencia y correcto funcionamiento. Él es inmanente, lo que significa que «permanece en» la creación. Vemos esto en Hebreos 1:3 donde se describe a Jesús como sustentador de todas las cosas por el poder de su palabra.
En la cosmovisión bíblica, el cielo y la tierra no son uno y lo mismo (panteísmo), o completamente separados (deísmo/naturalismo), pero de alguna manera Dios relaciona cielo con tierra. Vemos esto en la visión de Jacob de una escalera que baja del cielo; en la columna de nube de día y fuego de noche; en la tienda de reunión que sirvió como lugar de encuentro portátil entre el cielo y la tierra; y en Jesucristo, el Verbo hecho carne. Trascendencia e inmanencia.
Luego, el verdadero el clímax de toda la creación es cuando Dios creó a Adán y Eva. «Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida; y fue el hombre un ser viviente» (Génesis 2:7).
Después de eso, Dios creó a Eva del cuerpo de Adán. Los versículos 21 y 22 dicen: «Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre» (Génesis 2:21-22).
Aunque distintos como hombres y mujeres, como sexos distintos con roles distintos, Adán y Eva primero comparten algo que los hace iguales y cualitativamente diferentes del resto de la creación. ¿Qué es? Están hechos a imagen de Dios. «Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Génesis 1:27).
La creación especial de Adán y Eva muestra que podemos parecernos al resto de la creación con respecto a nuestros cuerpos físicos, sin embargo, somos muy diferentes. No somos simplemente animales adultos. Somos únicos «a imagen de Dios». ¿Qué significa eso? Tres cosas. Reflejamos a Dios (1) en nuestra esencia/naturaleza; (2) funcionalmente; (3) relacionalmente.
Primero, en nuestra esencia o naturaleza, el hombre es singularmente intelectual, racional, moral y espiritual. Los castores no construyen altares a los dioses castores y se inclinan ante ellos. Los elefantes, aunque son muy sofisticados socialmente (incluso tienen su propia forma de entierro), no escriben libros y construyen bibliotecas para contener su creciente conocimiento. No es que poseamos la imagen de Dios en un grado diferente que otros animales, es una cuestión de bondad. La humanidad en nuestra esencia, quienes somos, está hecha de manera única a imagen de Dios.
En segundo lugar, reflejamos funcionalmente a Dios en el sentido de que debemos gobernar. En Génesis 1:28 a la humanidad se le ordena multiplicarse, llenar la tierra y someterla. Debemos gobernar sobre ella, dice la Biblia en Génesis 1:29. No como tiranos que la destruyen para su propio beneficio, sino como aquellos a quienes se les da una administración para «labrarla y guardarla» (Génesis 2:15). Somos viceregentes de Dios, ejerciendo su buena autoridad sobre lo que ha hecho y declarado bueno. En ese gobierno, funcionalmente, debemos representar a Dios.
En tercer lugar, reflejamos a Dios relacionalmente. Fuimos creados para tener relaciones entre nosotros, pero fundamentalmente, con Dios. Bromeé sobre el castor antes, pero la realidad es que los animales no forman ídolos ni construyen templos en un esfuerzo por comunicarse con algo que está fuera de ellos. Nosotros lo hacemos porque fuimos creados exclusivamente para estar en relación con Dios, a pesar de que el pecado ha cortado esa relación y pervertido nuestra adoración.
Prácticamente, es porque fuimos creados a su imagen que la vida humana es sagrada. Tiene valor. No somos como los perros. No elegimos simplemente poner «a dormir» a otro ser humano cuando no puede funcionar bien, o porque hemos perdido nuestra utilidad. Hemos «encontrado» la eutanasia solo porque primero «perdimos» lo que significa ser hechos únicamente a imagen de Dios.
Pero debido a que somos hechos a su imagen, el verdadero conocimiento de Dios no es un sueño imposible, es posible. No estamos andando a ciegas en la oscuridad, en lo desconocido. ¿Hay un Dios o dioses? ¿Podría saber algo de él, ella o eso? Debido a que Dios nos creó y nos hizo estar en relación con él y todo lo que hizo, y es ordenado y bueno, podemos saber mucho acerca del mundo, e incluso acerca de él. El relato bíblico de la creación fundamenta nuestra capacidad de conocer cosas verdaderas acerca de Dios, de importancia crítica.
Algunos pueden objetar y decir que Génesis no pretende retratar a Adán y Eva como individuos literales. Este es un tema acaloradamente debatido hoy, no solo en denominaciones más teológicamente «liberales», sino en denominaciones históricamente muy conservadoras como la PCA. ¿Por qué alguien no querría retratar a Adán y Eva como un hombre y una mujer literales? Usualmente porque tienen compromisos previos (por ejemplo, compromisos evolutivos) que dependen no solo de un hombre y una mujer, sino que dependen de los procesos naturales de mutación y selección natural, de modo que no haya un solo hombre y mujer, sino miles en toda la tierra.
¿Que decimos? La narrativa histórica en Génesis debe ser entendida como un relato fiel de la historia. No se nos presenta como un libro de texto científico, ya que es muy estilizado y, a menudo, poético, pero no deja de ser verdadero.
Además, las genealogías bíblicas presentan a Adán y Eva como figuras históricas. Jesús asume un Adán y Eva literales en Mateo 19 cuando habla del divorcio. Pablo asume lo mismo en Romanos 5, 1 Corintios 15, 1 Timoteo 2. En cuanto a Romanos 5 y 1 Corintios 15, Pablo afirma la existencia del Adán «unigénito», por medio del cual el pecado vino al mundo, y basa su discusión de la obra representativa de Cristo como el segundo Adán, estampado después del primer Adán. Romanos 5:19: «Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores (Génesis 3), así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos». Aquí está la clave. Si no hay Adán, la Biblia no solo está equivocada en la creación, sino que está equivocada acerca del pecado y la salvación.
El Dios del pacto es Dios de la creación.
El Dios de la creación, tiene el poder de crear una nueva creación. Nuestra esperanza futura de salvación, está edificada sobre un Dios que tiene el poder de hacer que todas las cosas sean hechas nuevas.
Estudia el capítulo de Frame acerca de la creación en Doctrine of God. Hay cosas buenas acerca de la conexión entre la liberación de Israel de Egipto y el Dios de la creación.
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Enfrentando la vergüenza
W. Duncan Rankin
Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie «La vergüenza», publicada por la Tabletalk Magazine.
Avasalladora y desmoralizante, la vergüenza nos distancia tanto de Dios como del hombre. Pero ¿dónde comenzamos como creyentes a desenmarañar nuestra vergüenza? Debe haber una respuesta cristiana para esto, porque Dios no abandonaría a Sus amados en medio de su más profunda decadencia emocional.
Como hijos de nuestro primer padre Adán y nuestra primera madre Eva, cada uno de nosotros siente vergüenza por causa del primer pecado. Todos caímos en la rebelión de Adán en el huerto: su pecado fue nuestro pecado, ya que él fue nuestra raíz y cabeza (Ro. 5:12-18; I Co. 15:21-22). Culpables bajo la ira de Dios, desde ese momento hemos necesitado un Salvador. Escondiéndonos entre los arbustos, avergonzados de nuestra corrupción por naturaleza, sentimos diariamente la imago Dei (imagen de Dios) en nosotros desfigurada y conocemos la desolación del pecado y el dominio de Satanás (Tit. 3:3; Heb. 2:14-15).
Como si el fruto del pecado de Adán fuera poco, nuestra vergüenza solo empeora. Nuestras propias transgresiones se van amontonando, haciendo que nuestra deshonra crezca día tras día (Ro. 3:23). Algunos de nuestros pecados nos son conocidos: vemos y sentimos su fuerza en nuestras almas. Otros pecados parece que escapan de nuestra vista por causa de nuestras mentes finitas y caídas (Ro. 1:21-25). Nuestras obras tenebrosas algunas veces son simples, actos francos de desobediencia. Otros pecados son más complejos y difíciles de rastrear, que reflejan las vidas enredadas que tan a menudo llevamos, aun como creyentes, de este lado de la Gloria (Col. 3:5). Con frecuencia sorprendente, aún nos engañamos a nosotros mismos con giros mentales y de corazón que invitan a la falsa vergüenza, donde en realidad no hay ninguna (I Re. 19:1-10). En todo momento, la sombra de vergüenza cae cada vez más oscura sobre nuestro rostro.
El pecado de otros es una tercera y poderosa fuente de vergüenza en nuestras vidas. Un ejemplo es los vecinos que deberían ayudarnos, nos hieren, nos hacen daño o nos abandonan (Lc. 10:21-37). Tanto de manera individual como colectiva, otros en este mundo caído amontonan falsa vergüenza sobre falsa vergüenza, como se observa en los interlocutores de Job (Jb. 4-37). Aun nuestros compañeros cristianos pueden cargarnos falsamente de vergüenza por lo que dicen y lo que hacen (I Cor. 1:10-13; Gál. 2:12-13). El problema de la vergüenza es universal entre los hombres.
Entonces, ¿cómo desenmarañamos nuestra vergüenza? La esperanza en uno mismo solo saca de quicio, tal y como nos consta por nuestros repetidos fracasos y frustraciones. El secreto para la vergüenza debe yacer fuera de nosotros mismos, en la única esperanza que siempre hemos tenido: Jesucristo nuestro Señor. Por medio de Su cruz, Jesús alivia nuestra culpa, así como a su prima, la vergüenza.
Al ser redimidos y reconciliados con nuestro Padre celestial por medio de Su Hijo amado, la base de nuestra verdadera vergüenza es tratada y nuestro distanciamiento es eliminado.
La encarnación de nuestro Señor fue parte del remedio para nuestra culpa. Así que, “por cuanto los hijos participan de carne y sangre, Él igualmente participó también de lo mismo” (Heb. 2:14). El Hijo de Dios,en perfecta armonía con Dios el Padre y Dios el Espíritu Santo,se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn. 1:14). Viviendo una vida perfecta, el Salvador encarnado fue el Cordero inmaculado de Dios, quien agradó a Su Padre celestial en toda manera posible (Mt. 3:17).
Pero Su vida no solo fue para vivir: Jesús nació para morir. Se requería Su expiación para aliviar nuestra culpa. “Por tanto, tenía que ser hecho semejante a Sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote en las cosas que a Dios atañen, para hacer propiciación por los pecados del pueblo” (Heb. 2:17). Los creyentes son justificados por medio de la fe en este Salvador, el sacrificio sustitutorio que expió sus pecados y culpa (Ro. 3:23-26). El perdón del pecado y la libertad de la culpa son nuestros solo por la unión con Cristo, el encarnado y crucificado.
Estas no son las únicas bendiciones de la encarnación y expiación de Cristo. Así como sucede con nuestra culpa, Jesús también remedia nuestra vergüenza a través de Su persona y obra.
En Su encarnación, el eterno Hijo de Dios, la segunda persona de la santa Trinidad, abrazó la culpa de la humillación: “tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres” (Fil. 2:6-7). Como lo describió el Reformador Juan Calvino: “En resumen, desde el momento en que Él tomó forma de siervo, comenzó a pagar el precio de la liberación a fin de redimirnos” (Instituciones 2.16.5). El escándalo y la vergüenza saturaron sus días. Concebido fuera del matrimonio, declarado maníaco por Su familia y despreciado por las autoridades, Jesús estaba familiarizado con los susurros, las miradas y los gritos de la vergüenza.
A cierto nivel, es un consuelo genuino para nosotros el hecho de que Jesús sintió el destello sonrojado de la vergüenza. Tenemos un Gran Sumo Sacerdote que puede compadecerse de nuestras debilidades y que conoce nuestra vergüenza desde dentro hacia afuera (Heb. 4:14-15). Su humanidad es real y verdadera, de modo que no pudo haber sido de otra manera (2 Jn. 1:7). Él nos toca en nuestra carne, evitando que tengamos que enfrentar la horrorosa carga de nuestra vergüenza por nosotros mismos. Aun así la encarnación en sí misma no fue suficiente para corregir nuestra vergüenza. El remedio de Dios para nuestra vergüenza también tuvo que viajar a través del Calvario.
Crucificado como un traidor blasfemo, Jesús fue una deshonra ante los ojos tanto de la iglesia como del estado (Jn. 19:12-22). La burla vergonzosa que tuvo que soportar no se compadecía de Su persona divina, adorado por los querubines y serafines en los cielos. Sus oficios mediadores de profeta, sacerdote y rey pasaron a ser el mero deporte de la guardia romana (Mt. 27:27-31).
En la cruz, Su agonía de vergüenza no fue accidental. Este instrumento romano era una maquinaria de desacato y ridículo público. Allí fue despojado de Su vestidura y expuesto al desnudo a la mira de todos (Jn. 19:23-24). Sudando, sangrando y sofocándose hasta la muerte, Él encarnó la deshonra y la inmundicia (Deut. 21:23; Gál. 3:13). Tan detestable era este instrumento que ningún ciudadano romano podría jamás ser tan deshonrado.
Pero Jesús fue tan deshonrado, no por causa de Sí mismo, sino por nosotros y por nuestra salvación. Conociendo muy bien lo que Él enfrentaría, voluntariamente escogió la cruz, a pesar de su vergüenza. Su decisión no fue ligera, como lo atestiguó la agonía de Su frente en el Jardín de Getsemaní (Lc. 22:41-44). ¿Por qué abrazar la vergüenza de la cruz? Él lo hizo, según se nos dice: “por el gozo puesto delante de Él… menospreciando la vergüenza” (Heb. 12:2).
¿Qué gozo fue el Suyo que hizo que la cruz valiera la pena? Él había dado Su palabra en el gran pacto de redención, en donde Él fue de una sola mente y corazón con Dios el Padre (Jn. 1:1; 10:27-29; 17:4-6; Ef. 1:3-5). Él le había prometido a Adán, Eva y aun al diablo que vendría y aplastaría la cabeza de la serpiente, la cual nos había engañado hacia el pecado y la vergüenza (Gén. 3:15). Y Él había profesado Su amor imperecedero por Su novia, por quien dio Su vida para salvarla (Cnt. 4: Is. 53). Pero sobre todo, el celo por la gloria de Su Padre, Su voluntad y honor lo consumían (Sal. 69:7-9; Jn. 2:17; Mt. 26:39-42). Así que Jesús puso Su mirada hacia ese bien, aborreciendo el horror y la vergüenza que se interponía. En el mismo momento y por el mismo método con el que Él lidiaba con nuestra culpa, Jesús también posteriormente resolvió nuestra vergüenza.
Identificándose con nosotros en nuestra vergonzosa condición, Jesús se hizo representante y sustituto de Su propio pueblo. En Su activa obediencia de toda la vida, Él ganó la perfecta justicia que fundamenta la paz de Su pueblo y que puede transformar su vergüenza (2 Cor. 5:21). En Su obediencia pasiva, personalmente tomó la más horrible forma de nuestra vergüenza humana para Sí mismo; como el Hijo eterno de Dios, Él abrazó la desgracia que se extendía desde las profundidades de la tierra hasta las alturas de los cielos como nadie jamás podría hacerlo. Solo en el Calvario podía ser correctamente sentida y medida la crueldad de la vergüenza humana. Allí nuestra recompensa es grandiosa (Ro. 6:23)
Nuestra vergüenza comienza a desenmarañarse a medida que vemos Su estimada persona y entendemos Su obra incomparable como nuestra. Unidos a Él por fe por medio del Espíritu Santo, nuestra posición cambia completamente (Ef. 2:4-9). Al ser redimidos y reconciliados con nuestro Padre celestial por medio de Su Hijo amado, la base de nuestra verdadera vergüenza es tratada y nuestro distanciamiento es eliminado.
Jesús tomó para Sí mismo el grito del abandono (Mr. 15:34) para que ya no seamos abandonados. Él nos da la bienvenida con brazos abiertos, invitándonos a la verdadera comunión, paz y vida eterna por Su gracia por medio de fe. Shalom con Dios, con nuestros semejantes (incluyendo, sorpresivamente, a nuestros enemigos), y aun con nosotros mismos es progresivamente nuestro: “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gál. 5:25). A medida que andamos con Él por fe, llegamos a vivir, pensar y sentir cada vez más como Jesús, aun respecto a nuestra propia vergüenza.
Los creyentes pueden enfrentar la vergüenza de este modo mientras viven el resto de sus vidas cristianas por Su gracia y fortaleza. Esto significa que necesitamos de los medios de gracia que Él ha establecido: la Palabra leída, predicada, cantada, orada y observada en los sacramentos. También necesitamos esos medios secundarios de comunión (Hch. 4:32) y disciplina eclesiástica (Gál. 6:1). Usando todas estas respuestas prácticas para nuestra vergüenza, podemos sentarnos, gatear, caminar y correr para la Gloria de Dios, desenmarañando y menospreciando el oprobio que tan fácilmente nos enreda.