Vuelve a Dios y él te acercará

Vuelve a Dios y él te acercará

Catherine Scheraldi de Núñez

“Así dice el Señor de los ejércitos: ‘Volveos a mí’ —declara el Señor de los ejércitos— ‘y yo me volveré a vosotros’ —dice el Señor de los ejércitos.” (Zacarías 1:3).

Nuestro Dios no es solamente un ser santo, sino que él es tres veces santo y cohabita con nosotros. Cuando estamos en pecado es tan traumático para nosotros que, por nuestro bien, él se esconde. Él no se aleja, somos nosotros quienes nos alejamos y entonces nos es más difícil oír su voz.

Adán y Eva, antes de Génesis 3 tenían una relación cara a cara con Yahweh; sin embargo, tan pronto el pecado entró en ellos, su reacción fue esconderse. ¿Por qué? Por miedo (Gn. 3:10). La reacción de Isaías fue parecida como leemos: “¡Ay de mí! Porque perdido estoy, pues soy hombre de labios inmundos y en medio de un pueblo de labios inmundos habito, porque han visto mis ojos al Rey, el Señor de los ejércitos” (Is. 6:5).

La reacción de Pedro en Lucas 5 no fue diferente, cuando él había estado pescando toda la noche sin éxito, Jesús le mandó echar las redes de nuevo y la cantidad de peces fueron tantos que las redes estaban rompiéndose; leemos en Lucas 5:8: “Al ver esto, Simón Pedro cayó a los pies de Jesús, diciendo: ¡Apártate de mí, Señor, pues soy hombre pecador!”. Esta es la razón por la cual Dios nos había dicho en Éxodo 33:20: “No puedes ver mi rostro; porque nadie puede verme, y vivir”. La analogía o comparación más cercana en que puedo pensar es esta: si nos acercáramos al sol, su brillantez quemaría nuestros ojos produciendo una ceguera, y el calor nos quemaría hasta la muerte.

En nuestra naturaleza, hay cosas que son imposibles para nosotros, y estar en la presencia del Señor sin haber recibido perdón por nuestros pecados, ¡es una de ellas!

Hay otra razón por la cual sentimos alejamiento de Dios que también es beneficiosa para nosotros, y es para que su ausencia produzca en nuestros corazones el deseo de volver donde él. En Salmos 27:5 leemos: “Porque en el día de la angustia me esconderá en su tabernáculo; en lo secreto de su tienda me ocultará; sobre una roca me pondrá en alto”.

Vivimos en un mundo caído, en medio de una guerra espiritual y las fuerzas de las tinieblas, aunque no son visibles, son palpables. Sin la protección de Dios, viviríamos sobrecogidos de miedo, con preocupaciones, ansiedad y vergüenza. El único sitio donde estamos protegidos es cuando estamos caminando con él. Es como si fuéramos caminado bajo la lluvia, mientras estamos bajo el paraguas de Dios, quedamos secos. Sin embargo, tan pronto salimos del paraguas, la lluvia nos moja. La única forma de erradicar estas emociones es a través del perdón de pecado por la obra de Jesucristo en la cruz, para que seamos adoptados en la familia de Dios. Y como hijos podemos decir: “si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Ro. 8:31). Nuestra capacidad de tener éxito depende totalmente de nuestra caminar con él (Jn. 15:5), y cuando persistimos en pecado, no solamente perdemos su protección, más aún Dios mismo es quien nos entrega a nuestros enemigos, de nuevo para nuestro bien, con el propósito de que volvamos a él (Ez. 39:23), porque sin él, la vida no solamente se vuelve de mal y peor, sino que carece de propósito.

Como cristianos tenemos muchos enemigos, ¡incluyendo nuestro propio corazón! Isaías 64:7 nos enseña: “Y no hay quien invoque tu nombre, quien se despierte para asirse de ti; porque has escondido tu rostro de nosotros y nos has entregado al poder de nuestras iniquidades”. Gálatas 5:17 nos demuestra la razón: “el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis”. Los deseos naturales de nuestro corazón son pecaminosos y la única forma de dominarlo es “Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne” (Gá. 5:16). Es importante identificar que nuestros enemigos incluyen los principados y potestades, el sistema del mundo y nuestro propio corazón. Sin el poder del Espíritu Santo iluminando nuestras vidas, nuestro corazón nos engaña (Jer. 17:9) y empeoramos cada día hasta destruir nuestras propias vidas.

Sin embargo, servimos a un Dios misericordioso, quien renueva su misericordia diariamente. Esto requiere que nos humillemos y volvamos a él.  “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Limpiad vuestras manos, pecadores; y vosotros de doble ánimo, purificad vuestros corazones” (Stg. 4:8). Sin arrepentimiento, el rostro de Dios sigue escondido, pero cuando volvemos a él, él es fiel y nos sana (Jer. 3:22). Por su misericordia, aún su disciplina tiene el propósito de sanarnos y volvernos a él (Is. 54:8).  Aunque su rostro se esconda, su oído se mantiene inclinado para oír nuestras suplicas (Sal. 22:24). Él es fiel a los suyos y “está cerca de todos los que le invocan, de todos los que le invocan en verdad” (Sal. 145:18).

Cuando nos volvemos a él, suplicamos su perdón y obedecemos de nuevo a sus estatutos, su presencia de nuevo se hace real a nosotros (Mal. 3:7). Dios es un Dios bueno, misericordioso, lleno de compasión y su anhelo es tenernos cerca para recibir su protección y para completar los planes de bienestar que él tiene para nosotros. Y aún más, cuando nos mantenemos cerca de él, tenemos la garantía que “los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a su clamor” (Sal. 34:15).

Y “como todas las cosas cooperan para bien” (Ro. 8:28), la misma misericordia de Dios es lo que produce el vacío y dolor en nuestras vidas cuando estamos en pecado para crear nuevamente el anhelo de estar cerca de él. Él no es un juez malo, sino un juez justo que está dándonos una nueva oportunidad de obtener los beneficios que Él anhela darnos. Regresa a él, para que él te limpie y te dé un corazón nuevo.

Puedes encontrar más contenido de Catherine Scheraldi de Núñez en su programa Mujer para la Gloria de Dios, dirigido a mujeres con el fin de  orientarles acerca de cómo vivir su diseño para la gloria de Dios, en Radio Eternidad.

Lo fundamental del liderazgo es el carácter

Lo fundamental del liderazgo es el carácter

Nota del editor: Este es un fragmento adaptado de Un líder de convicciones: 25 principios para un liderazgo relevante. Albert Mohler. B&H Publicaciones.

Los líderes no son máquinas y sus seguidores tampoco lo son. Somos seres humanos de carne y hueso que debemos realizar constantes juicios en relación con la confianza. Pareciera que existe un instinto dentro de nosotros que gravita hacia aquellos en quienes podemos confiar y que mira con cautela a los que no inspiran tal confianza. Dentro de nosotros, tenemos una especie de detector de confianza que funciona constantemente, y aprendemos a depender de él incluso desde pequeños. El liderazgo es tan antiguo como la humanidad y también lo es la preocupación por el carácter de los líderes.

Nuestra dificultad para tratar la cuestión de carácter está directamente relacionada con que no tenemos un concepto común de lo que verdaderamente implica el carácter. Este es el punto en el cual el líder cristiano debe tener un llamado al carácter mucho más profundo y urgente; un llamado al carácter que no se trate solo de una cuestión de personalidad pública, no una mera negociación con las confusiones morales de nuestra propia era. Como seguidores de Cristo, sabemos que la afirmación de que podemos tener una vida privada y una pública con diferentes términos morales no tiene legitimidad. Además, también sabemos que los términos morales a los que nos debemos no los establecemos nosotros; Dios los ha revelado en Su Palabra. «Pues como piensa dentro de sí, así es» (Prov. 23:7, LBLA).

La Biblia revela que el carácter es una condición de nuestro corazón. El Antiguo Testamento contiene las leyes mediante las cuales Israel debía aprender sobre el carácter, y el Nuevo Testamento presenta a la Iglesia como una comunidad de carácter. Jesús les dijo a Sus discípulos que debían vivir ante el mundo de modo que su carácter fuera tan evidente que la gente diera gracias a Dios.

Aquellos a quienes lideramos esperan que vivamos y lideremos en concordancia con nuestras convicciones.

Como comunidad de carácter, los cristianos debemos reflejar los compromisos morales a los cuales se nos ha llamado. Tal como Jesús dejó en claro, la credibilidad moral del evangelio depende de aquellos que han sido transformados por la gracia y la misericordia de Dios, y que demuestran esa transformación en toda dimensión de la vida. Dentro de la iglesia, el liderazgo recae sobre aquellos cuya luz brilla con integridad y poder.

La Iglesia debe vivir de acuerdo a la Palabra de Dios y del evangelio de tal manera que los demás se queden rascándose la cabeza, preguntándose cómo es posible que la gente viva así. ¿Por qué se aman los unos a los otros? ¿Por qué son tan generosos? ¿Por qué siguen casados con su primer cónyuge? ¿Por qué viven con tanto esmero? El líder eficaz sabe que las expectativas con respecto al carácter comienzan desde arriba.

Aquellos a quienes lideramos esperan que vivamos y lideremos en concordancia con nuestras convicciones. No se quedarán satisfechos con el carácter que se presente solo en público, una simulación de algo que no somos. Tienen hambre y sed de un verdadero liderazgo y de verdaderos líderes. Han visto adónde conduce el liderazgo sin un carácter recto y no quieren saber nada con él. Una vez que declaramos nuestras convicciones, se esperará que vivamos de acuerdo a ellas en público y en privado. Las convicciones vienen primero, pero el carácter es el producto de esas convicciones. Si no, nuestro liderazgo se hará pedazos y se quemará.

El carácter es indispensable para la credibilidad y la credibilidad es esencial para el liderazgo. Los líderes de carácter producen organizaciones de carácter porque este, al igual que la convicción, es contagioso. Los seguidores se sienten atraídos a aquellos cuyo carácter es tal que lo desean para sí mismos.

El Dr. R. Albert Mohler Jr. es el presidente del Southern Baptist Theological Seminary(Lousville, Kentucky) y una de las voces de mayor influencia en el panorama evangélico de los Estados Unidos actualmente. El Dr. Mohler es conocido por su firme y clara defensa del evangelio y por su fidelidad a las Escrituras. Puedes seguir sus publicaciones mediante su sitio web, Twitter y Facebook.

Lo fundamental del liderazgo es el carácter

¿Qué tanta autoridad debería tener un pastor sobre la iglesia?

¿Qué tanta autoridad debería tener un pastor sobre la iglesia?

La iglesia es llamada «la grey de Dios» (1 Pedro 5:2), «la herencia de Dios» (1 Pedro 5:3), y «la iglesia de Dios» (Hechos 20, 28). Jesús es «cabeza de la Iglesia» (Efesios 5:23) y «el príncipe de los pastores» (1 Pedro 5:4). La iglesia pertenece a Cristo, y Él es la autoridad sobre ella (Mateo 16:18). Esto es verdad no sólo respecto a la iglesia local, sino al cuerpo universal de Cristo.

El modelo de Dios para edificar Su iglesia, incluye usar hombres con la función de pastor. El pastor es en primer lugar un anciano, y junto con los otros ancianos, el pastor es responsable de lo siguiente:

1) Supervisar la iglesia (1 Timoteo 3:1). El principal significado de la palabra obispo es «sobreveedor». La responsabilidad del pastor y de los otros ancianos, es la supervisión general del ministerio y el funcionamiento de la iglesia. Esto incluiría el manejo de finanzas dentro de la iglesia (Hechos 11:30).

2) Gobernar la iglesia (1 Timoteo 5:17). La palabra que se traduce como «gobernar», significa literalmente «comparecer ante». La idea es guiar o asistir, con un énfasis en ser una persona que cuida de manera diligente. Esto incluiría la responsabilidad de ejercer la disciplina en la iglesia y reprobar a aquellos que se han apartado de la fe (Mateo 18:15-17; 1 Corintios 5:11-13).

3) Alimentar a la iglesia (1 Pedro 5:3). Literalmente, la palabra pastor significa «pastor de ovejas». El pastor tiene una tarea de «alimentar el rebaño» con la Palabra de Dios y de guiarlos en la forma adecuada.

4) Mantener la doctrina de la iglesia (Tito 1:9). La enseñanza de los apóstoles fue encomendada a «hombres fieles» que enseñarían también a otros» (2 Timoteo 2:2). Preservar la integridad del evangelio, es uno de los llamados más grandes del pastor.

Algunos pastores consideran el título de «supervisor», como si fuera un mandamiento para estar haciendo de todo. Si se trata de manejar el sonido, de escoger algunas canciones para el domingo, o de recoger los cobertores para la sala cuna, algunos pastores sienten que su responsabilidad es estar involucrados en cada decisión. Esto no sólo es agotador para el pastor, quién además asiste a cada reunión del comité, sino que además obstaculiza a otros para que puedan usar sus dones en la iglesia. Un pastor puede supervisar y delegar al mismo tiempo. Así mismo, el modelo bíblico de una pluralidad de ancianos, junto con los diáconos nombrados para ayudar al pastor y los ancianos, evita que el pastorado sea controlado por una sola persona.

El mandamiento de «gobernar» la iglesia, a veces se lleva al extremo. Una responsabilidad oficial del pastor es gobernar la iglesia junto con los ancianos, y su enfoque principalmente debe ser espiritual, atendiendo asuntos tales como edificar a los creyentes y equipar a los santos para la obra del ministerio (Efesios 4:12). Hemos escuchado de pastores que parecen más dictadores que pastores que tienen sus ovejas, exigiéndoles a las personas que están bajo su autoridad que deben solicitar su permiso antes de realizar una inversión, o irse de vacaciones, etc. Parece que estos hombres simplemente desean control y no son aptos para gobernar la iglesia de Dios (ver 3 Juan 9-10).

1 Pedro 5:3 contiene una descripción maravillosa de un ministerio pastoral equilibrado: «No como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey». La autoridad del pastor no es para que él se «enseñoree» de la iglesia; más bien, un pastor debe ser un ejemplo de verdad, de amor y de piedad, para que el rebaño de Dios lo pueda seguir. (Ver también 1 Timoteo 4:12). Un pastor es un «administrador de Dios» (Tito 1:7), y él es responsable ante Dios por su liderazgo en la iglesia.

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

«¿Qué dice la Biblia acerca del chisme?»

«¿Qué dice la Biblia acerca del chisme?»

La palabra hebrea traducida como “chismoso” en el Antiguo Testamento es definida como alguien que revela secretos que suceden a su alrededor como un chismoso o traficante de chismorreos. Este es alguien que le saca secretos a la gente, acerca de ellos mismos y de sus familias, y luego va repitiéndolos de casa en casa, ocasionando gran perjuicio para aquellos cuyos secretos le fueron confiados, así como para aquellos a quienes se los cuenta, y también para sí mismo. El chisme se distingue de compartir información por su intención. El traficante de chismorreos tiene como su meta edificarse a sí mismo por medio de hacer ver mal a los demás y por exaltar su gran conocimiento de los demás.

En el libro de Romanos, Pablo revela la naturaleza pecaminosa y la anarquía de la raza humana, declarando cómo Dios derramó Su ira sobre aquellos que rechazaron Sus leyes. Por haberse alejado de la instrucción y la guía de Dios, Él los entregó a sus mentes reprobadas. “…llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.” (Romanos 1:29b-32). Podemos apreciar en este pasaje, que tan serio es el pecado del chisme y que caracteriza a aquellos que están bajo la ira de Dios.

Otro grupo que era y que es comúnmente conocido por consentir en este comportamiento pecaminoso son las viudas. Timoteo previene a las viudas en contra del entretenido hábito del chisme y de estar ociosas. “incurriendo así en condenación, por haber quebrantado su primera fe. Y también aprenden a ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran.” (1 Timoteo 5:12-13). En razón de que las mujeres tienden a pasar mucho tiempo en las casas unas de otras, o trabajando muy estrechamente con otras mujeres, involucrándose en las vidas de mucha gente, ellas escuchan y observan una variedad de conversaciones o situaciones, las cuales tienen el potencial de llegar a distorsionarse, si lo que ellas ven no es mantenido en privado. Timoteo dice que las viudas caen en el hábito de andar de casa en casa, buscando algo para ocupar su ociosidad. Las manos ociosas son el taller del diablo, y Dios advierte contra permitir que ese pecado entre a nuestras vidas. “El que anda en chismes descubre el secreto. No te entremetas, pues, con el suelto de lengua.” (Proverbios 20:19).

Ciertamente no solo las mujeres son las únicas que son encontradas culpables de este pecado. Cualquiera puede involucrarse en el acto del chisme, simplemente con repetir algo que escuchó en confianza. El libro de Proverbios tiene una larga lista de versos que cubren los peligros del chisme y la potencial herida que resulta cuando no se toma el cuidado de pensar en los demás y en cómo pueden ellos reaccionar si es revelado algo que hayan querido mantener en privado. “El que carece de entendimiento menosprecia a su prójimo; mas el hombre prudente calla.” (Proverbios 11:12-13)

La Biblia nos dice que “El hombre perverso levanta contienda, y el chismoso aparta a los mejores amigos.” (Proverbios 16:28). Muchas amistades han sido arruinadas por un malentendido que comenzó con un chisme. Aquellos que se involucran en este comportamiento no hacen sino provocar dificultades y causar ira y amargura, sin mencionar las heridas entre amigos. Tristemente, algunas personas se benefician con esto y buscan oportunidades para destruir a otros. Y cuando tales personas son confrontadas, niegan las acusaciones y responden con excusas y racionalismos. En vez de admitir su error, culpan a alguien o a algo más, o intentan hacerlo sonar como si el pecado que cometieron no fuera tan malo. “La boca del necio es quebrantamiento para sí, y sus labios son lazos para su alma. Las palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta las entrañas.” (Proverbios 18:7-8).

“El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias.” (Proverbios 21:23) Así que debemos guardar nuestras lenguas y refrenarnos del acto pecaminoso del chisme. Si rendimos nuestros deseos naturales al Señor, Él nos ayudará a mantenernos rectos. Dios recompensa al justo y al recto, así que todos debemos luchar para permanecer como tales.

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

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¿Para qué sirven las buenas obras?

¿Para qué sirven las buenas obras?

“Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas” Efesios 2:8-10.

Muchas Iglesias están experimentado hoy en día un despertar a las verdades del evangelio. Sin embargo, al contemplar la gracia de Dios en la salvación del hombre es fácil caer a un entendimiento incorrecto de las buenas obras. –Si las buenas obras no nos salvan— pensamos, —¿por qué debo hacerlas?—.

En este video, el pastor Justin Burkholder reflexiona sobre Efesios 2 y el propósito de las buenas obras en la vida cristiana.

 

 

¿Para qué sirven las buenas obras?

La iglesia es una comunidad, no un servicio

La iglesia es una comunidad, no un servicio

Es prudente asumir que si no participas y permaneces dentro de un cuerpo local de discípulos (o como lo conocemos: la iglesia), entonces deberías de estar preocupado acerca de tu salvación. No te preocupes: no estoy intentando argumentar que tu salvación depende de tu asistencia a un servicio o de tu presencia dentro de un edificio. Ir a la iglesia no puede salvarte. De hecho, nada de lo que tú puedas hacer puede salvarte. Por eso Jesús tuvo que hacerlo, con su muerte en la cruz. Sin embargo, lo que me gustaría explicar hoy es que si bien ir a la iglesia no es la causa de tu salvación, ser parte de una es definitivamente un resultado.

No siempre lo entendí así. Recuerdo cuando era niño discutir con mis padres sobre el porqué tenía que ir a la iglesia. Incluso les dije una vez que prefería ir al primer servicio porque “podía salir pronto de ese asunto y continuar con los propios el resto del día”. Mis padres no estuvieron muy felices cuando dije eso. Aun de niño, ¡era un terrible pecador!

Creo que la razón por la cual no comprendía el propósito de ir a la iglesia era parcialmente porque eso era exactamente lo que comprendía (o entendía mal) sobre la iglesia: un lugar para ir o un servicio al cual asistir. Sin embargo, la descripción de iglesia que observamos en la Biblia no es nada de eso. Revisa Hechos 2:42-47:

Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración. Sobrevino temor a toda persona; y muchos prodigios y señales (milagros) se hacían por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común; vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos, según la necesidad de cada uno. Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos.

Revisa también Hebreos 10:24-25:

Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca.

Por último, revisa 1 Juan 3:11-18:

Porque éste es el mensaje que ustedes han oído desde el principio: que nos amemos unos a otros. No como Caín que era del maligno, y mató a su hermano. ¿Y por qué causa lo mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. Hermanos, no se maravillen si el mundo los odia. Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino, y ustedes saben que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él. En esto conocemos el amor: en que El puso Su vida por nosotros. También nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón contra él, ¿cómo puede morar el amor de Dios en él? Hijos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

¿Observas el modelo? La iglesia nunca fue algo a lo que los cristianos tenían que ir a, y no deberíamos de enseñar eso, especialmente si también creemos que el solo atender a un servicio o entrar a un edificio podría de alguna manera mediar en nuestra relación con Dios.

Ahora bien, si la iglesia no es un servicio o un edificio, entonces ¿qué es? Yo soy parte de un grupo que está plantando una iglesia en Guatemala y hay una frase que nos gusta usar para describir nuestras reuniones:

No somos un evento al que asistimos, somos una comunidad a la que pertenecemos.

La iglesia no es un edificio y tampoco es un servicio. El término “iglesia” viene de la palabra griega, ekklesia. Ekklesia era una palabra que se usaba con frecuencia para expresar “asamblea” o “una reunión de personas”. Sin embargo, su uso en el Nuevo Testamento es un poco diferente. Para Pablo, la iglesia no era un edificio ni era una reunión de personas (o lo que podríamos llamar hoy, un servicio de iglesia). La iglesia eran los reunidos (o mejor dicho “los que han sido llamados a reunirse”), las mismas personas. Nuestra identidad como iglesia debe ser como la de una comunidad que está enraizada en la persona y obra de Jesucristo, en quien mora la plenitud de Dios. La iglesia son las personas. Ninguno es perfecto. En realidad, esa es la mera razón por la que podemos ser una comunidad. Podemos venir de una gran variedad de trasfondos, pero todos tendremos dos cosas en común: todos somos pecadores, y más importante, todos tenemos a Jesús.

De manera que, los cristianos no deberíamos entrar a una comunidad de discípulos esperando encontrar perfección, sino esperando ver a Jesús operando en los corazones de sus miembros. Incluso entonces, ¿es perfección lo que realmente queremos ver? ¿Cuántos de nosotros nos sentiríamos completamente fuera de lugar, inseguros e inadecuados si nos uniéramos a una iglesia y nos diéramos cuenta que nosotros somos los únicos imperfectos? ¡No nos sentiríamos bienvenidos, nos sentiríamos condenados! Sin embargo, muchos de nosotros tratamos a la iglesia de esta manera: como una reunión de domingo donde todos pretendemos ser perfectos mientras el resto de la semana nos estamos ahogando en pecado preguntándonos cómo los demás lo hacen y parece que están bien. La verdad es: nadie está bien. Cuando Jesús murió en la cruz, él hizo evidente que nadie es perfecto. Así que en lugar de actuar como que lo somos, admitamos que nadie lo es y hagamos lo que estamos llamados a hacer: amarnos los unos a los otros y buscar la santidad. Toma tiempo crecer en una iglesia. Toma más que solamente entrar al edificio, sentarse durante un servicio, y salir cuando éste ha terminado. Después de todo, no solamente requiere que compartamos el evangelio: debemos compartir nuestras vidas (1 Tes. 2:8).

El Señor ha preparado Su iglesia para ti, llena de creyentes quebrantados y que son llamados a amarte, enseñarte y ayudarte en tu caminar con el Señor. Y ¡tienes que devolverles ese amor!

Quizá es de suma importancia que recordemos que la comunión con los otros en la iglesia es otra forma de comunión con Cristo. John MacArthur lo expresa mejor cuando dice, “Cualquiera que está en comunión con Cristo debería también estar en comunión con cualquier otro que también está en comunión con Cristo”.

Por lo tanto, mi oración por ti hoy es que en respuesta al amor de Cristo y el poder del evangelio, no solo asistas a la iglesia, pertenezcas a la iglesia.

 

Steven es uno de los pastores de Iglesia Reforma. Sirve como el director de operaciones de Coalición por el Evangelio. Él vive en Guatemala con su

esposa, Gabriela. Escribe para su blog Cultiva y habla sobre temas de fe, cultura y teología en su podcast Confesiones. Puedes encontrarlo

en Twitter e Instagram.

 

La iglesia es una comunidad, no un servicio

La Iglesia frente al mundo

John MacArthur

La Iglesia frente al mundo

Note que nuestro Señor consideró como un hecho que el mundo aborrecería a la iglesia.  Lejos de enseñar a sus discípulos que trataran de ganar el favor del mundo con adaptaciones del evangelio a las preferencias mundanas, Jesús hizo advertencias serias en el sentido de que la búsqueda de aprobación por parte del mundo es una característica de los profetas falsos: “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! Porque así hacían sus padres con los falsos profetas” (Lc. 6:26).

Además explicó: “el mundo…a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas” (Jn. 7:7).  En otras palabras, el desprecio del mundo hacia el cristianismo se deriva de motivos morales, no intelectuales: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.  Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Jn. 3:19-20).  Por esta razón, sin importar cuán dramáticos sean los cambios en el campo de la opinión mundana, la verdad cristiana nunca será popular para el mundo.

No obstante, casi en todas las eras de la historia eclesiástica ha habido personas en la iglesia que se han convencido de que la mejor manera de ganar el mundo es ofrecer lo que le apetece al mundo.  La aplicación de esa metodología siempre ha distorsionado el mensaje del evangelio.  Los únicos períodos históricos en los que la iglesia ha tenido una influencia significativa en el mundo han venido como producto de la firmeza del pueblo de Dios en negarse a ceder ante presiones externas, para proclamar con denuedo la verdad a pesar de la hostilidad del mundo.  Cada vez que los cristianos se niegan a cumplir la tarea de confrontar las tendencias populares, la Iglesia ha perdido esa influencia y en su impotencia ha quedado fusionada de manera inconfundible con el mundo.  Tanto las Escrituras como la historia atestiguan sobre la veracidad de este hecho.

En últimas, el mensaje cristiano no puede ser torcido para conformarse a las vicisitudes de la opinión mundana.

La verdad bíblica es fija y constante, no sujeta a cambio ni adaptación.  Por otro lado, la opinión del mundo está en flujo constante y caprichoso.  Las diversas modas y filosofías populares que dominan el mundo cambian de forma radical y regular de generación en generación.  La única cosa que permanece constante es el odio del mundo hacia Cristo y su evangelio.

Lo más probable es que el mundo no acogerá por mucho tiempo la ideología que está en boga este año, cualquiera que esta sea.  Si el patrón de la historia sirve como indicador, durante el tiempo en el que nuestros bisnietos sean adultos, la opinión mundana será dominada por un sistema de creencias y valores diferente por completo al de la actualidad.  La generación del mañana renunciará a todas las modas y filosofías contemporáneas, pero una cosa permanecerá sin cambio: Hasta que el Señor mismo regrese y establezca su reino en la tierra, sin importar cuál sea la ideología que tenga mayor popularidad en el mundo, será tan hostil a la verdad bíblica como todos los sistemas y paradigmas que la hayan precedido.

Modernismo

Considere por ejemplo lo sucedido durante el siglo pasado.  Hace cien años la Iglesia recibió el embate del  modernismo, aquella visión del mundo basada en la noción de que solo la ciencia puede explicar la realidad.  En efecto, el punto de partida del modernista era la presuposición de que nada sobrenatural es real.

Debió ser obvio de inmediato que el modernismo y el cristianismo eran incompatibles en lo fundamental.  Si nada sobrenatural es real, la mayor parte de la Biblia es incierta y carece de autoridad: La encarnación de Cristo es un mito (lo cual también anula la autoridad de Cristo),  y todos los elementos sobrenaturales del cristianismo, incluido Dios mismo, deben ser definidos en términos naturalistas.   El modernismo se oponía al cristianismo en su medula.

No obstante, la Iglesia visible a principios del siglo veinte estaba llena de personas convencidas de que el modernismo y el cristianismo podían y debían ser reconciliados.  Insistieron en que si la Iglesia no marchaba al ritmo de los tiempos de los tiempos mediante su acogida del modernismo, el cristianismo no sobrevivirá el paso del siglo veinte.  Dijeron que la Iglesia se haría cada vez más irrelevante para las personas modernas y en poco tiempo moriría.  Por eso fabricaron un “evangelio social”  despojado del evangelio verdadero de salvación.

Por supuesto, el cristianismo bíblico sobrevivió sin problemas el paso del siglo veinte.  Allí donde los cristianos mantuvieron su compromiso con la veracidad y autoridad de las Escrituras, la Iglesia floreció.  En cambio, aquellas mismas iglesias y denominaciones que se acogieron al modernismo fueron las únicas que perdieron relevancia y prácticamente se extinguieron a finales de siglo.  Muchos edificios grandiosos pero vacíos dan testimonio mudo de los efectos letales de endosar el modernismo.

Posmodernismo

El modernismo ya es considerado en la actualidad como una manera anticuada de pensar.  La visión dominante del mundo en círculos seculares y académicos se llama hoy día posmodernismo.

Los posmodernistas han repudiado la confianza absoluta del modernismo en la ciencia como el único sendero a la verdad.  De hecho, el posmodernismo ha perdido todo interés en “la verdad” e insiste en que no existen verdades absolutas, objetivas ni universales.

Es evidente que el modernismo fue una necedad que debió abandonarse, pero el posmodernismo es un paso trágico en la dirección equivocada.  A diferencia del modernismo que por lo menos mantuvo su interés en la veracidad o falsedad de convicciones, creencias e ideologías básicas, el posmodernismo niega por completo de forma objetiva y cierta.

Para el posmodernista, la realidad es que el individuo quiera imaginar.  Eso significa que lo “verdadero “es determinado por la opinión subjetiva de cada persona y que no existe una verdad objetiva con autoridad para gobernar la realidad y que se aplique de forma universal a toda la humanidad.  El posmodernista cree que es inútil sentarse a discutir si una opinión es superior a otra.  Después de todo, la realidad no es más que una construcción abstracta de la mente humana y la perspectiva que una persona tenga de la verdad es tan válida como la de cualquier otra.

Tras dar la espalda al conocimiento de la verdad objetiva, el posmodernista se dedica más a bien a la búsqueda del “entendimiento” del punto de  vista de la otra persona.   Así las palabras verdad y entendimiento adquieren significados nuevos y radicales.  Lo irónico es que esa clase de “entendimiento” requiere que todos descartemos de entrada la posibilidad de conocer cualquier verdad.  De este modo, la “verdad” se reduce a simples opiniones personales que por lo general conviene no comunicar a los demás.

Esa es la exigencia esencial y no negociable que el posmodernismo impone a todos: No debemos ni siquiera pensar que se puede llegar a conocer alguna verdad objetiva.  Los posmodernistas sugieren con frecuencia que todas las opiniones deben tratarse con el mismo respeto.  Por eso en lo superficial, el posmodernista parece motivado por el establecimiento de una mentalidad amplia cuyas prioridades son la armonía y la tolerancia.  Todo suena muy caritativo y altruista, pero lo que sostiene el sistema de creencias del posmodernismo es una intolerancia absoluta hacia toda visión del mundo que plantee cualquier verdad universal, en particular el cristianismo bíblico.

En otras palabras, el posmodernismo comienza con una presuposición que es irreconciliable con la verdad objetiva y dada por revelación divina en las Escrituras.  Como el modernismo, el posmodernismo se opone de forma fundamental y diametral al evangelio de Jesucristo.

A pesar de esto, la iglesia está  llena en la actualidad de personas que defienden ideas posmodernistas. Algunas lo hacen de forma deliberada y consciente, pero la mayoría ni siquiera se dan cuenta de ello.  Han incumbido tanto en el espíritu del siglo que no pueden regurgitar más que opiniones mundanas.  El movimiento evangélico todavía intenta recuperarse de su larga batalla contra el modernismo y no está preparado para enfrentarse a un adversario nuevo y diferente.  En consecuencia, muchos cristianos no han reconocido el peligro extremo que representa el pensamiento posmodernista.

La influencia del posmodernismo ya ha infectado a la Iglesia.  Los evangélicos bajan de tono su mensaje para que la verdad del evangelio no rechine tanto en el oído posmoderno.  Muchos se sienten demasiado intimidados como para afirmar que la Biblia es verdadera y que los demás sistemas religiosos y visiones del mundo son falsos.  Algunos que se llaman cristianos han ido más lejos y niegan a propósito la exclusividad de Cristo.   Se atreven a cuestionar su afirmación de que El es el único camino a Dios.

El mensaje bíblico es claro.  Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6).  El apóstol Pedro proclamó a una audiencia hostil: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hch. 4:12).  El apóstol Juan escribió:  “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Jn. 3:36).  Una y otra vez, la Biblia recalca que Jesucristo es la única esperanza de salvación para el mundo.  “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Ti. 2:5).   Cristo es el que único que puede hacer expiación por el pecado y por eso Cristo es el único que puede dar salvación.  “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y  esta vida está en su Hijo.  El que tiene al hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Jn. 5:11-12).

Esas verdades son antítesis al argumento central del posmodernismo.  Son afirmaciones de verdades exclusivas y universales que declaran a Cristo como el único camino al cielo y a todos los demás sistemas de creencias como senderos falsos y erróneos.   Esto es lo que enseñan las Escrituras.  Es lo que la iglesia verdadera ha proclamado a lo largo de la historia.  Es el mensaje del cristianismo y no puede ser cambiado para acomodarse a la sensibilidad de los posmodernistas.

A diferencia de ello, muchos cristianos pasan por alto las afirmaciones exclusivas de Cristo y mantienen un silencio vergonzoso.  Todavía peor, algunos en la iglesia, incluidos unos  cuantos líderes prominentes del mundo evangélico, han comenzado a sugerir que quizá las personas puedan salvarse sin tener un conocimiento personal de Cristo.

Los cristianos no podemos no podemos capitular al posmodernismo sin sacrificar la esencia misma de nuestra fe.  Es evidente que la afirmación bíblica de que Cristo es el único camino de salvación esta fuera de armonía con la noción posmoderna de “tolerancia”.  Sin embargo, es lo que la Biblia enseña con claridad rotunda y la Biblia, no la opinión posmodernista, es la autoridad suprema para el cristiano.  La biblia es lo único que debería determinar lo que creemos y proclamamos al mundo.  Sobre esto no podemos debatirnos sin importar cuánto se queje este mundo posmodernista de que nuestras creencias nos hacen “intolerantes”.

Por qué un único camino?

La defensa de credo exclusivo en un mundo inclusivo

John MacArthur

El Noviazgo: Tiempo de Preparación

El Noviazgo: Tiempo de Preparación

Héctor Salcedo

Después de varios años como pastor de jóvenes adultos puedo afirmar que uno de los temas que más interés despierta en dicho grupo, es el tema del noviazgo. Si me permiten ser algo hiperbólico, convocar a una charla de noviazgo es casi una garantía de llenar cualquier salón. Y aunque las razones para dicho interés pueden ser diversas, una cosa es cierta, hay mucha desorientación en cuanto al tema.

El problema, si es que podemos llamarlo así, de hablar o escribir sobre noviazgo es el “silencio bíblico” con respecto al tema. Son muchos los aspectos de la relación de noviazgo que no son tratados en la Palabra de manera específica. Ante esta situación muchos piensan que si la Biblia no habla de manera “específica” de algo, entonces podemos proceder como nos parezca más “lógico”, o más “conveniente” o como sea más “común”, lo que dicho sea de paso, es un error.

Lo cierto es que a pesar de la ausencia de pasajes específicos, la Palabra no nos deja sin orientación en cuanto al noviazgo. Ciertamente tal y como el salmista expresó “Lámpara es a mis pies tu Palabra, y luz para mi camino” [Sal. 119:105].

En este sentido, en Apocalipsis 19:7, el apóstol Juan nos dice, en cuanto a Cristo y su iglesia: “Regocijémonos y alegrémonos, y démosle a Él la gloria, porque las bodas del Cordero han llegado y su esposa se ha preparado.” Que hermoso momento será aquel, cuando la iglesia se una por la eternidad a su Salvador y Señor. Ese momento, esa “ceremonia” es llamada por Juan en el pasaje presentado como “las bodas del Cordero”. [Cristo].

Antes de explicar la relación que existe entre este pasaje y el tema que nos ocupa, que es el noviazgo, debo reconocer que el evento aquí descrito por Juan [las bodas del Cordero] no es una unión matrimonial típica, es decir, entre un hombre y una mujer, sino que es entre la iglesia como cuerpo de Cristo y Cristo como su esposo.

Por lo dicho anteriormente, algunos pensarán que extraer de este texto alguna enseñanza relativa al noviazgo o al matrimonio entre un hombre y una mujer sería sacar el pasaje de contexto. No obstante, debemos recordar que fue el apóstol Pablo en Efesios 5 el primero en usar la unión entre Cristo y su iglesia como parámetro para describir la relación matrimonial “típica”. A partir de dicha unión [entre Cristo y su iglesia] Pablo expuso cómo debía funcionar la relación matrimonial humana.

Dicho esto, ¿qué enseñanza podemos extraer de Apocalipsis 19:7 relativa al noviazgo? La respuesta es relativamente sencilla, según dicho pasaje, el período previo a las bodas, es uno de “preparación”. La esposa se ha “preparado” para unirse a su esposo en las “bodas del Cordero”. De eso se trata entonces el noviazgo, de preparación.

El período previo a las bodas, es uno de “preparación”…De eso se trata entonces el noviazgo, de preparación.

Mi experiencia es que muchas parejas de novios cristianos no ven su relación como una de preparación sino como una de “entretenimiento conjunto”. A pesar de que la pareja no se autodefine de esa manera, cuando se observa en qué invierten los novios la mayor parte de su tiempo, uno se percata que es en “pasarla bien juntos”, sin ser intencionales en su formación espiritual ni en conocerse el uno al otro en relación a los temas más importantes de la vida.

Adicionalmente, con tristeza a veces veo parejas más dedicadas a los “preparativos” de su boda que a la preparación personal para su matrimonio. Y esas dos cosas son muy distintas. La primera está enfocada en el evento, la segunda en el carácter. Y para nadie es un secreto que el éxito de la relación matrimonial no se encuentra en lo majestuoso de la celebración sino en el ser interior que los novios hayan cultivado antes de unirse.

El éxito de la relación matrimonial no se encuentra en lo majestuoso de la celebración sino en el ser interior que los novios hayan cultivado antes de unirse.

Ahora bien, la pregunta es entonces, ¿qué tendrían que hacer los novios para “prepararse”? ¿Cuál es el contenido de dicha preparación? y ¿cuál es el proceso a seguir para la misma? Aunque es tentador continuar desarrollando estas preguntas, por razones de espacio lo dejaremos para un próximo artículo.

Nuestro objetivo en esta primera entrega sobre el noviazgo ha sido cumplido y era llamar la atención sobre la falta preparación y de cuidado que vemos en muchas parejas de novios que aunque con buenas intenciones confunden el “pasarla bien juntos ” con una buena relación antes de casarse. Ojalá hayamos motivado a muchos a ver el tiempo de noviazgo como lo que es, a saber, la oportunidad que se tiene de prepararse para lo que será la relación humana más significativa que se tendrá, esto es, el matrimonio.

Héctor Salcedo sirve como pastor ejecutivo en la Iglesia Bautista Internacional IBI de Santo Domingo, República Dominicana. Es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos en el tradicional Moody Bible Institute de Chicago. Como economista, cursó estudios de Maestría en Macroeconomía Aplicada en Chile a mediados de los 90’s para ejercer dicha profesión durante casi 15 años en el medio económico-empresarial. Ha laborado desde los inicios de la IBI, pasando por diversas asignaciones conforme el crecimiento lo requirió. Desde 2006 es uno de los pastores de la IBI, y desde 2009 lo ha sido a tiempo completo. Entre sus funciones se encuentran el manejo administrativo y financiero de la IBI e Integridad y Sabiduría. Asimismo, está a cargo del Ministerio de jóvenes adultos de la IBI [M-Aquí]. Cuando las circunstancias lo requieren, es una de los pastores que predica en la IBI. De hecho, la enseñanza de la Palabra de Dios es su mayor pasión, sobretodo su aplicación práctica a la vida. Está casado con Chárbela El Hage y tiene dos hijos: Elías y Daniel.

El Noviazgo de Nuestros Hijos

El noviazgo de nuestros hijos

Consejos para padres en cuanto al noviazgo de sus hijos.

Preparado en base a un curso impartido por Marcos Peña

En asociación con  Iglesia Biblica del Señor Jesucristo

Introducción

Sobre el curso 

¿Por qué dar una charla de noviazgo para padres? Porque hemos encontrado en el pasado que solo se trata el tema con los jóvenes, pero los padres que son los que tienen la autoridad final al respecto, posiblemente no han oído o leído del tema desde el punto de vista bíblico y con frecuencia tienen ideas distorsionadas o equivocadas, influenciadas por la cosmovisión secular.

Sobre Marcos Peña

Fue llamado a salvación en algún momento de su adolescencia pues su madre lo expuso desde pequeño a la Palabra de Dios. Siendo un adolescente le predicó el evangelio a otros jóvenes que posteriormente fundaron Iglesia Biblica del Señor Jesucristo en 1978. Desde los inicios de nuestra Iglesia fue uno de sus jóvenes líderes, pasando algunos años de estudios teológicos formales entre el 1979 y 1980 en el Instituto Bíblico Quisqueyano. Fue elegido como diácono en febrero de 1987 y en abril del 2001 comenzó a formar parte del cuerpo de pastores de IBSJ. Ha dado clases del Antiguo Testamento en el Instituto Bíblico Logos.

Actualmente es responsable del grupo de jóvenes, imparte clases de Escuela Dominical y predica. El pastor Marcos Peña está casado con Carmen Julia Linares y es padre de tres hijas: Ika Marcel, Jennifer y Susan.

Sobre Iglesia Biblica del Señor Jesucristo

La Iglesia Biblica del Señor Jesucristo fue fundada en Santo Domingo, República Dominicana, el 13 de agosto de 1978 en la perspectiva de glorificar al Dios de las Escrituras a través de la promoción de su adoración, la evangelización de los pecadores y la edificación de los santos.

Para más información sobre la Iglesia Biblica del Señor Jesucristo, favor visitar su página web.

PARTE UNO

Un noviazgo radicalmente diferente

Al hablar del noviazgo desde el punto de vista cristiano somos conscientes de entrar en un terreno donde no tenemos muchas directrices bíblicas específicas al respecto. Sin embargo, hay muchos principios generales que se aplican, así como también principios de sabiduría y prudencia.

Esto hace que el noviazgo de nuestros hijos sea, o deba ser, radicalmente diferente al noviazgo del mundo que nos rodea. Y, en algunos aspectos, independientemente de si son creyentes o no.

PARTE DOS

Cultivando la pureza sexual en el noviazgo

¿Pureza sexual en el noviazgo? Esto es casi ya un término obsoleto. Vivimos en una época donde las relaciones prematrimoniales son más la norma que la excepción. Pero nosotros como cristianos no podemos ni debemos aceptar ese esquema porque la Escritura tiene directrices específicas con respecto al contexto de las relaciones sexuales.

Como padres somos responsables ante Dios de todo lo que ocurre bajo nuestra esfera de autoridad/responsabilidad. Sus valores y no los del mundo deben ser nuestros valores

Eso significa que aún nuestros hijos no sean creyentes deben manejarse en sus relaciones bajo ciertos estándares, pues Dios espera y demanda de cada hombre el cumplimiento de sus principios. 

Aprendiendo de Débora

 

Aprendiendo de Débora

¿Conoces la historia de Débora? Si no la conoces en detalle, estoy segura de que por lo menos has escuchado algunas frases que tienen que ver con ella: «Levántate como Débora la guerrera»; «Déboras al frente de la batalla», «Fuimos creadas para ser mujeres guerreras». Frases como estas son el producto de una distorsión de las Escrituras, y una incorrecta interpretación de la historia de esta mujer. Es por esto que quisiera que me acompañes a conocer la historia de Débora de manera correcta.

¿Conoces la historia de Débora? Si no la conoces en detalle, estoy segura de que por lo menos has escuchado algunas frases que tienen que ver con ella: “Levántate como Débora la guerrera”; “Déboras al frente de la batalla”, “Fuimos creadas para ser mujeres guerreras”. Frases como estas son el producto de una distorsión de las Escrituras, y una incorrecta interpretación de la historia de esta mujer. Es por esto que quisiera que me acompañes a conocer la historia de Débora de manera correcta.

Un poco de su historia y contexto

Débora fue una mujer casada (Jueces 4:4), profetisa, y también jueza (Jueces 4:5). Su posición en aquel entonces tendría cierta equivalencia con la de una mujer casada y profesional en el día de hoy.

En el Israel antiguo, como su religión estaba directamente relacionada con su política, los líderes –como los reyes y los sacerdotes– siempre fueron hombres. La única excepción fue la reina Atalía, hija de Jezabel y Acab, y ella no fue nombrada como reina sino que robó el reino cuando su esposo, que era el rey, murió ¡y luego ella mató a todos los hijos de su esposo para que nadie le quitara del reino!

Este fue un tiempo oscuro en la historia de Israel, como también lo fue el tiempo de Débora. Israel había estado 200 años sin líder después de la caída de Jericó.

Débora y el diseño de Dios para la mujer

En la medida en la que vamos avanzando en la historia de Débora, quisiera que tuviéramos en mente el rol dado de parte de Dios a la mujer porque, como vimos al principio, muchos han distorsionado la historia de Débora haciendo de ella una guerrera. Si no conoces acerca del complementarianismo, te recomiendo algunos artículos como “¿Qué es eso del complementarianismo?”, “El rol de la mujer en la iglesia”, y este conversatorio, “Mi esposo es pastor: ¿por qué no soy pastora?”.

Entonces, ¿cuál es el rol que nos fue dado? Complementar a los hombres para que ellos pueden cumplir la labor que el Señor les ha asignado. Ser ayuda y columnas para ellos. Teniendo esto en mente, veamos lo que Débora hace en Jueces 4:6-7: “​Ella mandó llamar a Barac, hijo de Abinoam, de Cedes de Neftalí, y le dijo: “Esto ha ordenado el Señor, Dios de Israel: ‘Ve, marcha al Monte Tabor y lleva contigo a 10,000 hombres de los hijos de Neftalí y de los hijos de Zabulón. Y yo atraeré hacia ti a Sísara, comandante del ejército de Jabín, con sus carros y sus muchas tropas hacia el torrente Cisón, y lo entregaré en tus manos”.

Débora fue profetiza, mientras que Barac fue el guerrero. Baruc era conocedor de la guerra, y él no tenía duda de que el enemigo al que se estaba enfrentando era grande. A menos que él caminara paso a paso con Dios, le sería imposible ganar y sería un masacre para los judíos. Esta historia nos recuerda la suficiencia de Dios.

Por ser profetiza, Débora tuvo una mayor intimidad con Dios que Barac, y sabemos que él así lo reconoció: “Barac le respondió: “Si tú vas conmigo, yo iré; pero si no vas conmigo, no iré”, Jueces 4:8.

Recordemos que Israel había sido oprimido por los Cananitas durante 20 años, y el comandante de su ejército, Sisara, tenía 900 carros de hierro. Los Israelitas no tenían nada, sin embargo esta historia confirma una vez más que Dios es todo lo que necesitamos.

Los tiempos eran tan malos que esta frase era repetida varias veces a través del libro de los Jueces: “En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que a sus ojos le parecía bien”. Ellos no tenían un líder para animarlos, para dirigirlos o para guiarlos; y los carros de hierro del enemigo eran la última tecnología de aquellos tiempos. Los judíos, que no tenían una fuerza armada, sabían que sin la intervención de Dios esto era una fuerza invencible. Barac no quería ir sin la profetiza. Él sabía que la única forma de ganar esta batalla era a la manera de Dios.

Luego vemos que Barac convocó a Zabulón y a Neftalí en Cedes, y subieron con él diez mil hombres. Débora también subió con él. “Entonces Débora dijo a Barac: “¡Levántate! Porque éste es el día en que el Señor ha entregado a Sísara en tus manos. Ya que el Señor ha salido delante de ti.” Bajó, pues, Barac del Monte Tabor seguido de 10,000 hombres”, Jueces 4:14. Entonces, ¿quién fue al área de combate?, Barac y diez mil hombres no Débora. Ella estaba comportándose como su ayuda, ayudándole oír la voz del Señor.

Madre en Israel, no guerrera

Para poder entender los tiempos tan difíciles que Israel estaba viviendo, escuchemos lo que Débora dice en Jueces 5:6-7 “En los días de Samgar, hijo de Anat, en los días de Jael, quedaron desiertos los caminos, y los viajeros andaban por sendas tortuosas. Cesaron los campesinos, cesaron en Israel, 
hasta que yo, Débora, me levanté,
 hasta que me levanté, como madre en Israel”.

Obviamente las calles eran tan peligrosas que la gente tenía miedo de salir de su casa. Y ¿cómo es que Débora se llama a sí misma? ¿La guerrera? ¿La jefa?  “…madre en Israel”. Ella conocía muy bien su rol. Aunque fue el Señor que la eligió a ella como profetiza, y Él la llamó para decirle a Barac lo que Él debería hacer, no se nota en ella un espíritu de burla por el temor que él sintió, tampoco un espíritu de mandar como jefa, o de intimidar, sino de guianza, servicio y protección, como una buena madre hace con su familia.

Viviendo en sumisión

Viendo la sumisión y el rol de ayuda de Débora para con Barac, pudieras estarte preguntándote si ella era su esposa y la respuesta es no, ella estaba casada con Lapidot (Jueces 4:4). En ella tenemos el ejemplo de que el rol de la mujer es también en sumisión a los líderes, no solamente a sus esposos, aunque el grado de sumisión será diferente según el tipo de relación.

La sumisión a tu esposo no es igual a la sumisión a tu jefe o al vecino, pero nuestra actitud debe ser de sumisión y de respeto. Ahora bien la sumisión no es solamente para las mujeres: en la Palabra también encontramos sumisión de esclavo a amo (1 Ped. 2:18) que sería el equivalente a la sumisión a nuestros jefes; hacia las autoridades (Rom. 13:1), de los creyentes entre sí (Efe. 5:21) y la más importante, de los creyentes hacia a Dios (Stg. 4:7). Si el deseo de Dios es que seamos sumisas en nuestro caminar entonces, cuando no lo soy, a quien no estoy siendo sumisa es a Dios, y entonces estoy caminado en pecado. La sumisión puede resultar difícil en ocasiones, pero en Jesús tenemos el ejemplo perfecto de sumisión al Padre, y su muerte en la cruz nos ha capacitado para que podamos seguir su ejemplo.

¿Quieres ser como Débora? Procura tener una actitud y una vida de sumisión a Dios. Sé una mujer sometida a las autoridades que Dios puso en tu vida.

De hecho, resulta muy interesante que Dios había dicho que la victoria iba ser a través de una mujer, pero esa mujer no fue Débora. Fue una mujer llamada Jael quien terminó con la vida de Sísara (Jueces 4:17-21). Pero la realidad es que la batalla no fue ganada por Jael, ni Débora, ni Barac, sino por Dios, quien orquestó a estos personajes y luego envió una fuerte lluvia para que los carros del enemigo no pudieran avanzar (Jueces 5:21).

Esa es la historia de Débora: no como nosotras queremos interpretarla sino como la Palabra nos las está mostrando. Necesitamos ser mujeres que se acerquen a las Escrituras de manera correcta, no sacando de ella lo que nosotras queremos que diga, sino lo que Él quiere decirnos.