¿Qué significa “atar y desatar”?

¿Qué significa “atar y desatar”?

Tal vez Mateo 16:19 es uno de los versos bíblicos más abusados hoy:

“Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos”.

Muchas personas creen que, con estas palabras de Jesús a Pedro como base, y por extensión a los apóstoles y a todos los demás creyentes, podemos “desatar” bendiciones para nuestras vidas y “atar” toda maldición o espíritu malo que venga contra nosotros.

No es raro oír en algunas iglesias frases como “desato prosperidad para ti”, o “ato todo espíritu de mal en este lugar”. Incluso hay quienes “atan al diablo” para que no les haga daño.

¿Es esa la aplicación correcta del pasaje? ¿A qué se refiere la Biblia por atar y desatar?

UNA AUTORIDAD DADA POR JESÚS

Para entender este versículo, primero notemos esto: Jesús dice estas palabras luego de que Pedro, representando a los doce apóstoles, confesara por revelación de Dios que Jesús es el Cristo (v. 15-17).

Como afirma el pastor y exégeta John MacArthur, en sintonía con otros estudiosos, las llaves del reino de los cielos “representan autoridad, y aquí Cristo da a Pedro (y por extensión a todos los otros creyentes) la autoridad para declarar lo que era atado o desatado en el cielo”.[1]

El erudito William Hendricksen está de acuerdo. Él escribe que “el que ‘tiene las llaves’ (ver Ap. 1:18; 3:7) del reino de los cielos determina quién debe ser admitido y a quién se debe negar la admisión”.[2] Por otro lado, como bien comenta Jonathan Leeman,

“Algunos estudiosos bíblicos hablan acerca de atar y desatar como una actividad judicial o rabínica. Por ejemplo, el rabino decidía cuándo aplicar la ley a una persona en particular y bajo qué circunstancias. Básicamente, Jesús otorgó a los apóstoles esta clase de autoridad: la autoridad de colocarse frente a un confesante, considerar su confesión, considerar su vida y emitir un juicio oficial en nombre del cielo”.[3]

De manera que en Mateo 16:19 hay algo sorprendente: Jesús habla en representación del cielo, le dice a Pedro que su confesión vino del Padre que está en los cielos, y les da autorización a los apóstoles para también representar a Dios en la tierra, atando y desatando aquí lo atado y desatado en el cielo.[4]

En otras palabras, los apóstoles tendrían autoridad para juzgar en la tierra quién debía ser reconocido dentro del Reino de Dios y quién no. De hecho, esta autoridad se menciona otra vez en Juan 20:23, cuando Jesús le dice a los apóstoles: “A quienes perdonen los pecados, éstos les son perdonados; a quienes retengan los pecados, éstos les son retenidos”.

Si somos protestantes, esto puede sonar problemático a primera vista. Nosotros creemos que solo Dios puede perdonar nuestro pecado. No es de extrañar que la Iglesia católica romana use pasajes como estos para justificar algunas de sus enseñanzas sobre la autoridad de ella y el papado. Entonces, ¿cómo entender esto correctamente?

COMPRENDIENDO MEJOR EL PASAJE

La autoridad que Jesús dio a sus apóstoles en Mateo 16 debe entenderse según Mateo 18.[5]En este pasaje vemos cómo se aplica esta autoridad. Allí, Cristo da instrucciones no solo a los doce, sino también a las iglesias locales sobre cómo lidiar con el pecado en la iglesia:

“Si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano. Pero si no te escucha, lleva contigo a uno o a dos más, para que toda palabra sea confirmada por boca de dos o tres testigos. Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia; y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el Gentil (el pagano) y el recaudador de impuestos. En verdad les digo, que todo lo que ustedes aten en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desaten en la tierra, será desatado en el cielo”, Mateo 18:15-18 (énfasis añadido).

Esto nos enseña que la iglesia local tiene autoridad para declarar si alguien debe ser considerado como creyente o no (y por tanto miembro de ella o no), dependiendo de lo que diga la Biblia sobre el estado de esa persona, y dependiendo de si la profesión de fe de la persona es creíble. Por ejemplo, alguien que no se arrepiente de su pecado cuando se le aplica el proceso descrito en Mateo 18 deja de tener una profesión de fe creíble según la Palabra.

Como dice MacArthur:

“La suma de todo esto significa que cualquier cuerpo de creyentes debidamente constituido, actuando de acuerdo con la Palabra de Dios, tiene la autoridad para declarar si alguien es perdonado o no perdonado. La autoridad de la iglesia no es determinar estas cosas, sino declarar el juicio del cielo basado en los principios de la Palabra. Cuando hacen tales juicios sobre la base de la Palabra de Dios, pueden estar seguros de que el cielo está de acuerdo. En otras palabras, todo lo que ‘atan’ o ‘sueltan’ en la tierra ya está ‘atado’ o ‘desatado’ en el cielo. Cuando la iglesia dice que la persona que no se arrepiente está atada al pecado, la iglesia dice lo que Dios dice acerca de esa persona. Cuando la iglesia reconoce que una persona arrepentida ha sido liberada de ese pecado, Dios está de acuerdo”.[6]

Una interpretación errada de algún pasaje bíblico puede conducirnos a confusiones, y dejarnos sin entender y obedecer lo que Dios nos dice.

El siguiente ejemplo puede ayudarnos a entender mejor este asunto.[7]

Supongamos que eres colombiano y extravías tu pasaporte mientras estás en otro país. Vas a una embajada de tu nación, explicas tu caso, y ellos hacen su trabajo y concluyen que eres colombiano. Entonces la embajada te da un nuevo pasaporte. La embajada, entonces, no te hace colombiano. ¡Ya eras colombiano! Simplemente te reconoce como uno y testifica eso ante el mundo.

De igual manera, la iglesia local no te hace cristiano ni puede convertirte en uno. Pero tiene autoridad para reconocerte o no como tal. Ella puede decidir si tratarte o no como ciudadano del Reino de Dios según la Biblia. Se trata de una autoridad que ningún cristiano tiene por sí solo, y que está relacionada al tema de la membresía y disciplina de la iglesia.

Por supuesto, la iglesia no es perfecta, y a veces erramos en el ejercicio esta autoridad. En ocasiones, por ejemplo, podemos no reconocer como creyente a alguien que sí debería ser reconocido como tal. Por eso necesitamos buscar ser bíblicos en todo, de manera que los juicios que emitamos estén conformes a lo que Dios declara en el cielo.[8]

HERMANOS, USEMOS BIEN LA PALABRA

Como puedes ver, hay un abismo enorme entre la interpretación más común que se enseña en muchas iglesias sobre lo que significa atar y desatar, y lo que la Biblia en verdad enseña.

Mateo 16:19 es un texto que nos ayuda a tener un entendimiento de la iglesia más bíblico. Nos habla de la autoridad que tenemos como creyentes para recibir en el nombre de Jesús a otros creyentes en el evangelio, y para dejar de reconocer como creyentes a quienes se aparten de la verdad y no se arrepientan conforme a la Biblia.

Sin embargo, una interpretación errada de este y cualquier otro pasaje bíblico puede conducirnos a muchas confusiones, y dejarnos sin entender y obedecer lo que Dios nos dice. Esto nos recuerda la importancia de 2 Timoteo 2:15: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad”.

Gracias al evangelio de Cristo, quien vino para salvarnos y darnos comunión con Dios, tenemos su Espíritu Santo que nos guía a toda verdad, y recibimos perdón por todos nuestros pecados (incluyendo las veces que hemos usado mal la Biblia). Como pueblo redimido, tenemos la Palabra de Dios y lo necesario para profundizar en ella cada día más.

Oremos que el Señor nos conceda ser cuidadosos al leer la Biblia, de manera que podamos aplicar todo lo que nos corresponda aplicar, y enseñar todo lo que nos toca enseñar.


[1] NASB: The MacArthur Study Bible (Thomas Nelson), loc. 226741.

[2]  William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio según San Mateo(Libros Desafío), p. 683.

[3] Jonathan Leeman, La membresía de la iglesia (9Marks), p. 72.

[4] Ibíd, p 71. Algunas Biblias, en sus versiones de estudio o notas al pie (como LBLA), señalan que esa última frase también puede traducirse como “lo que ates en la tierra, habrá sido atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, habrá sido desatado en el cielo”. Así se hace más evidente que esto no se trata de nosotros dictando la agenda del cielo, sino del cielo dictando la agenda que se cumple en la tierra.

[5] Vale destacar que estas son las únicas dos veces que Jesús menciona en los evangelios la palabra que traducimos al español como “iglesia”.

[6] NASB: The MacArthur Study Bible (Thomas Nelson), loc. 226741.

[7] Esta ilustración está tomada y adaptada de Leeman, p. 31-32.

[8] “Jesús condenó definitivamente todo atar y desatar que fuese arbitrario, caso en que el prohibir y permitir, el excluir y admitir y readmitir equivale a una transgresión del mandamiento de Dios (15:1–20; 23:13). Cuando una persona es excomulgada injustamente, el Señor la recibe (Jn. 9:34–38)” (Hendriksen, p. 684).

 

 

 

¿Cómo debemos responder a la Palabra de Dios?

¿Cómo debemos responder a la Palabra de Dios?

Las Escrituras han estado bajo ataque desde que surgió la alta crítica en la época de la Ilustración. Distintas filosofías han cuestionado la inerrancia, infalibilidad, suficiencia de la Biblia, y el impacto de ella en las personas.

El ataque continúa hoy. El nuevo ateísmo con sus argumentos, el movimiento de la nueva era con su mezcla de prácticas orientales, o el secularismo avasallante buscan dejar a la Biblia fuera de la ecuación de la sociedad. Nos llaman a abrazar las novedades y dejar en el pasado el “opio” de la religión.

Sin embargo, es innegable el poder transformador de la Biblia en la vida de millones de personas a lo largo de la historia. En la Biblia conocemos a Dios de manera especial y por eso necesitamos responder a ella correctamente. ¿Cómo hacerlo? Primero, necesitamos mirar qué tenemos en la Biblia.

El Dios que se revela

Dios siempre se ha revelado a nosotros, empezando por su revelación en la creación. El ser humano niega esta realidad debido a su pecado, como Pablo escribe a los Romanos:

“Porque desde la creación del mundo, Sus atributos invisibles, Su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que ellos no tienen excusa. Pues aunque conocían a Dios, no Lo honraron como a Dios ni Le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido”, Romanos 1:20-21.

El rey David también habló de esto en el Salmo 19: “Los cielos proclaman la gloria de Dios” (v. 1). Sin embargo, ese salmo no solo señala la forma en que la creación habla de Dios, sino que también celebra su ley, la Palabra escrita, como otra forma en la que el Creador se ha revelado (v. 7-11). En ella aprendemos cosas sobre Él que no vemos en la creación. Por eso los teólogos hablan de la Biblia como revelación especial de Dios.

A Dios no solo le interesa que sepamos que Él ha hecho todo lo que existe, sino que también desea que conozcamos su carácter. Desea que seamos sus hijos y nos ha dado por escrito su revelación especial: la Biblia. Nota las cualidades que tiene esta Palabra de acuerdo al salmo: es perfecta, confiable, recta, clara, pura, verdadera, más deseable que el oro puro, dulce como la miel, nos advierte, y es una gran recompensa (Sal. 19:7-11).

Solo en la Escritura conocemos el evangelio que puede cambiar nuestras vidas.

Pero el Señor no se detiene allí. Él coronó esta revelación y afirmó su amor haciendo carnesu Palabra. Dios mismo ha venido a estar con los hombres. La Palabra que creó todas las cosas, que estuvo antes del principio y que sostiene todo lo que existe, se humilló a sí mismo y se hizo como uno de nosotros: “El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn. 1:14).

Cristo, la mayor revelación de Dios (Heb. 1:1-2), vivió de forma perfecta, se hizo hombre, fue a la cruz, y se entregó allí por nuestros pecados. “Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8). Él no se quedó para siempre en una tumba, sino que venció a la muerte al resucitar. Ahora, tú y yo podemos conocerlo en las páginas de la Escritura.

Nuestra respuesta coherente

Solo en la Biblia podemos conocer todas estas verdades y mucho más sobre Dios. La Escritura es revelación especial de Dios para nosotros hoy. Y cuando vemos toda esta revelación, y el interés de este Dios por el ser humano —su creación más preciada—, demanda una respuesta humilde de nosotros.

Nuestra respuesta debe iniciar con una solicitud de misericordia. La revelación especial de Dios produce un reconocimiento de pecado y una respuesta en arrepentimiento y fe que solicita Su perdón. “¿Quién puede discernir sus propios errores? Absuélveme de los que me son ocultos” (Sal. 19:12).

La misma Palabra provoca que el corazón arrepentido pida ser protegido de sentirse independiente de su Hacedor: “Guarda también a tu siervo de pecados de soberbia” (Sal. 19:13). Finalmente, esa Palabra provoca en el individuo un deseo de que tanto su meditación como lo que exprese con sus labios sean agradables a su Señor (Sal. 19:14). Una maravillosa revelación de Dios demanda una humilde respuesta.

En medio de una época llena de ataques contra la Palabra de Dios, necesitamos aferrarnos a la Biblia y aprender cómo dar defensa de nuestra fe (1. Pe. 3:15), porque solo en la Escritura conocemos el evangelio que puede cambiar nuestras vidas.

Entonces, ¿qué haremos con esa Palabra? ¿No deberíamos exponernos a ella día tras día, convencidos de que no es posible vivir separados de ella? ¿No deberían estar nuestras casas, redes sociales, actividades, e iglesias saturadas de ella? ¿No deberíamos defenderla con pasión? ¿No deberíamos consumirla y someternos a ella?

¿Cuál es la voluntad de Dios para mi vida?

¿Cuál es la voluntad de Dios para mi vida?

R.C.Sproul

¿Qué dice la Biblia sobre la dirección de Dios? Dice que si reconocemos a Dios en todos nuestros caminos, Él dirigirá nuestras sendas (Pr. 3:5-6). Las Escrituras nos animan a aprender cuál es la voluntad de Dios para nuestras vidas, y lo hacemos al enfocar nuestra atención no en la voluntad de decreto de Dios, sino en la voluntad de precepto de Dios. Si quieres saber la voluntad de Dios para tu vida, la Biblia te dice: “Porque ésta es la voluntad de Dios: su santificación” (1 Ts. 4:3). Así que cuando alguien se pregunta si debe tomar un trabajo en esta ciudad o en aquella, o si casarse con Johana o Marta, debe estudiar cuidadosamente la voluntad de precepto de Dios. Debe estudiar la ley de Dios para aprender los principios por los cuales debe vivir su vida diariamente.

El salmista escribe: “¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores, sino que en la ley del SEÑOR está su deleite, y en Su ley medita de día y de noche!”. El deleite del hombre piadoso está en la voluntad de precepto de Dios, y el que se enfoca de esta manera será “como árbol plantado junto a corrientes de agua que da su fruto a su tiempo” (v. 3). El impío, sin embargo, no es así, más bien es “como paja que se lleva el viento” (v. 4).

Si quieres saber qué trabajo tomar, debes conocer los principios bíblicos a perfección. Al hacerlo, descubrirás que la voluntad de Dios es que hagas un análisis sobrio de tus dones y talentos. Entonces debes considerar si un trabajo en particular va de acuerdo a tus dones; si no va de acuerdo a ellos, no deberías aceptarlo. En ese caso, la voluntad de Dios es que busques un trabajo diferente. La voluntad de Dios también es que hagas compatible tu vocación, es decir tu llamado, con las oportunidades de trabajo que tengas, y eso requiere mucho más trabajo que usar una tabla Ouija. Significa que debes aplicar la ley de Dios a las muchas cosas de la vida.

Usualmente queremos saber la voluntad de Dios sobre el futuro, mientras que el énfasis en las Escrituras es en la voluntad de Dios para nosotros en el presente, y eso se refiere a sus mandamientos. 

Cuando se trata de decidir con quién casarte, debes mirar a todo lo que dicen las Escrituras con respecto a la bendición de Dios sobre el matrimonio. Habiendo hecho eso, quizá descubras que hay varias prospectas o prospectos que cubren los requisitos bíblicos. Entonces, ¿con quién te casas? La respuesta a eso es sencilla: cásate con quien quieras casarte. Siempre y cuando la persona que escojas esté dentro de los parámetros de la voluntad de precepto de Dios, tienes completa libertad para actuar de acuerdo a lo que te plazca, y no tienes por qué perder el sueño preguntando si estás fuera o dentro de la voluntad escondida o de decreto de Dios. Primeramente, no puedes estar fuera de la voluntad de decreto de Dios. Segundo, la única manera en que sabrás la voluntad escondida de Dios para ti hoy es esperar hasta mañana, y mañana será clara porque podrás mirar hacia atrás y saber que cualquiera cosa que sucedió es la obra de la voluntad secreta de Dios. En otras palabras, solo conocemos la voluntad secreta de Dios después de que se ha efectuado. Usualmente queremos saber la voluntad de Dios sobre el futuro, mientras que el énfasis en las Escrituras es en la voluntad de Dios para nosotros en el presente, y eso se refiere a sus mandamientos.

Siempre y cuando la persona que escojas esté dentro de los parámetros de la voluntad de precepto de Dios, tienes completa libertad para actuar de acuerdo a lo que te plazca. 

“Las cosas secretas” le pertenecen a Dios, no a nosotros. “Las cosas secretas” no nos incumben porque no nos pertenecen; son de Dios. Sin embargo, Dios ha tomado algunos de sus planes secretos y les ha quitado el secreto, y esas cosas sí nos pertenecen a nosotros. Él ha quitado el velo. A esto lo llamamos revelación. Una revelación es mostrar algo que antes estaba oculto.

El conocimiento que es nuestro a través de la revelación propiamente le pertenece a Dios, pero Dios nos lo ha dado. A eso se refería Moisés en Deuteronomio 29:29. Las cosas secretas le pertenecen a Dios, pero aquello que ha revelado nos pertenece, y no solamente a nosotros, sino también a nuestros hijos. A Dios le ha placido revelarnos ciertas cosas, y tenemos la bendición inefable de compartir esas cosas con nuestros hijos y con otras personas. La prioridad de pasar ese conocimiento a nuestros hijos es uno de los grandes énfasis en Deuteronomio. La voluntad revelada de Dios es dada en y a través de su voluntad de precepto, y esta revelación es dada para que seamos obedientes.

Como dije, muchas personas me preguntan cómo saber la voluntad de Dios para sus vidas, pero rara vez alguien me pregunta cómo puede saber la ley de Dios. La gente no pregunta eso porque sabe cómo conocer la ley de Dios: la encuentra en la Biblia. Uno puede estudiar la ley de Dios para conocerla. La pregunta más difícil es cómo podemos llevar a cabo la ley de Dios. Algunos se preocupan por eso, pero no muchos. La mayoría que pregunta sobre la voluntad de Dios quiere saber algo sobre el futuro, pero eso está cerrado. Si quieres saber la voluntad de Dios en términos de lo que Dios autoriza, de lo que a Dios le agrada, y por lo que Dios te bendecirá, de nuevo, la respuesta se encuentra en su voluntad de precepto, la ley, la cual es clara.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation.

¿Cuál es la voluntad de Dios para mi vida?

Hipócritas en la iglesia

Hipócritas en la iglesia

¿Por qué maldijo Jesús a la higuera en Marcos 11? Jesús, entre otras cosas, era un profeta. Una de las formas más gráficas de comunicación profética en el Antiguo Testamento era enseñar por medio de objetos. El profeta tomaba algo de la naturaleza o de la vida cotidiana, como lo hizo Amós con una plomada de albañil para comunicar la verdad de Dios. Aquí Jesús encontró un objeto que ilustraba el pecado de la hipocresía. Tenía la apariencia de fertilidad, pero en realidad era estéril. A lo largo de su ministerio terrenal, Jesús denunció fuertemente el pecado de la hipocresía. Esa era su crítica básica a los fariseos de su tiempo (Lucas 12:1).

En varias ocasiones Jesús reprendió a los líderes religiosos por demostrar espiritualidad y rectitud a pesar de su falta visible de fruto.

Eso debería ser una lección para nosotros. Un ministerio evangelístico encontró durante muchos años que una de las diez principales objeciones al cristianismo es la suposición de que la iglesia está llena de hipócritas. La gente veía las vidas de los miembros de la iglesia a lo largo de la semana y dijeron que se alejaron del cristianismo porque creían que los cristianos no vivían lo que profesaban.

Es cierto que la iglesia está llena de pecadores. De hecho, no conozco de ninguna otra organización en el mundo que requiera que una persona sea un pecador para unirse a ella. Sin embargo, mientras que todos los hipócritas son pecadores, no todos los pecadores son hipócritas. La hipocresía es solo uno de muchos pecados. Es injusto que nuestros críticos digan: “Fulanito es un cristiano, y lo vimos pecando durante la semana; por lo tanto, es un hipócrita”. Eso no es necesariamente así. Si yo afirmo no hacer algo pecaminoso y luego usted me ve hacerlo, soy culpable de hipocresía. Pero si usted me ve hacer algo pecaminoso que nunca dije que no hago, soy un pecador pero no soy un hipócrita. Tenemos que establecer esa clara distinción.

Sin embargo, habiendo dicho eso en defensa de los cristianos que por su naturaleza caída continúan pecando incluso después de abrazar al Salvador, todavía exhorto a que todos tengamos cuidado de evitar el pecado de la hipocresía. Pablo habló de esto cuando dijo: “El nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de ustedes” (Ro. 2:24).

Los incrédulos nos ven predicando sin ponerlo en práctica, y eso no debería ser así entre nosotros.

Publicado originalmente en Ligonier. Traducido por la Coalición por el Evangelio.

R.C. Sproul

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor del Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

https://www.ligonier.es/

¿Deberíamos los cristianos tener un árbol de Navidad? ¿Tiene el árbol de Navidad su origen en antiguos ritos paganos?

¿Deberíamos los cristianos tener un árbol de Navidad?

¿Tiene el árbol de Navidad su origen en antiguos ritos paganos?

La costumbre moderna del árbol de Navidad no procede de ninguna forma de paganismo. No hay evidencia de ninguna religión pagana que decorara un árbol especial para celebrar sus festivales de invierno, aunque los romanos celebraban el solsticio de invierno con un festival llamado Saturnalia en honor a Saturno, el dios de la agricultura. Estos decoraban sus casas con plantas y luces e intercambiaban regalos. Más tarde en la edad media, germanos y escandinavos ponían árboles perennes dentro de sus casas justo afuera de sus puertas para expresar la espera de la próxima primavera. Los primeros árboles navideños fueron decorados por cristianos protestantes en el siglo XVI en Alemania. Nuestro moderno árbol navideño evolucionó de estas antiguas tradiciones alemanas, y esta costumbre, muy probablemente, llegó a los Estados Unidos con los emigrantes alemanes a Pennsylvania y Ohio.

No hay nada en la Biblia que prescriba o prohíba los árboles de Navidad. Algunos piensan, equivocadamente, que Jeremías 10:1-16 prohíbe cortar árboles y decorarlos de la misma manera como lo hacemos en Navidad. Sin embargo, aún leyendo superficialmente este texto, se comprende que Jeremías establece la prohibición de ídolos hechos de madera, cubiertos de plata y oro para luego adorarlos. Una idea similar aparece en Isaías 44, donde el profeta describe la necedad de los idólatras, que cortan un árbol, queman parte de él en el fuego para calentarse, y usan la otra parte para tallar un ídolo, ante el cual se inclinan. Entonces, a menos que nos inclinemos ante nuestro árbol de Navidad, tallemos un ídolo y oremos ante él, estos pasajes no deben ser aplicados a los árboles de Navidad.

No hay ningún significado espiritual en tener o no un árbol navideño. Cualquiera que sea nuestra elección, el motivo detrás de la decisión del creyente acerca de este punto, como en todas las cuestiones de conciencia, éste debe ser para complacer al Señor. Romanos 14:5-6ª establece en este pasaje el principio acerca de la libertad de elección. “Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor.” El Señor se contrista cuando los cristianos miran a otros con desdén, ya sea por celebrar o no la Navidad. Esto es orgullo espiritual. Cuando sentimos que de alguna manera nos hemos elevado a un plano superior de espiritualidad por hacer o no algo sobre lo que la Biblia calla, usamos equivocadamente nuestra libertad en Cristo, creando así divisiones en Su Cuerpo, y de esta manera, deshonramos al Señor. “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31).

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

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¿Qué significa ser una esposa consagrada / piadosa?

¿Qué significa ser una esposa consagrada?

Para definir una esposa consagrada a Dios, primero debemos considerar qué significa la palabra consagrada o piadosa. En 1 Timoteo 2:2, Pablo usa la palabra en relación con el hecho de ser «pacífica», «tranquila» y «digna». La biblia dice que el Espíritu Santo, que está en cada creyente, produce actos visibles e invisibles de piedad, «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza» (Gálatas 5:22-23). La definición fundamental de piedad sería «parecida a Cristo». La piedad implica un verdadero esfuerzo para imitar a Cristo, para ser como Él, tanto en el pensamiento como en la acción, así como el apóstol Pablo luchó para ser como Cristo (1 Corintios 11:1). Estas características de una actitud consagrada se aplican a cada creyente, sea hombre o mujer. Afortunadamente, la biblia da más cualificaciones específicas en cuanto a cómo es una mujer consagrada, especialmente una esposa.

En el libro de Proverbios, se pinta una hermosa descripción de una esposa consagrada al Señor. Las virtudes de una esposa piadosa no han cambiado, incluso a lo largo de miles de años. Una mujer piadosa es aquella que tiene la plena confianza de su esposo. Él no tiene que preocuparse de que ella será tentada por las artimañas de otro hombre, o que sobrecargue las tarjetas de crédito, o que pase todo el día viendo telenovelas. Él sabe que ella es digna, sabia, y dedicada (Proverbios 31:11, 12, 25, 26). Él está seguro del apoyo y el amor sincero de su esposa, porque ella no es vengativa ni lo crítica. Su marido tiene una buena reputación en la comunidad, y su esposa nunca habla mal de él, ni anda chismoseando acerca de él. Por el contrario, ella siempre lo está exaltando y dándole alabanza. Ella mantiene bien su hogar y tiene buena reputación (Proverbios 31:12, 21, 23).

Una esposa piadosa pasa menos tiempo frente al espejo y pasa más tiempo compartiendo sus bienes con los pobres y necesitados, porque ella es desinteresada y benevolente (Proverbios 31:20, 30). Pero ella no se olvida de sí misma; mantiene su cuerpo y espíritu fuerte y tiene buen estado de salud. Aunque ella trabaja duro y durante largas horas no se ve demacrada; se preocupa por cosas hermosas para ella y su familia (Proverbios 31:17, 21, 22).

Contrariamente a lo que muchos creen respecto a lo que debe ser el retrato bíblico de una mujer piadosa, Proverbios 31 revela que ella es emprendedora y ambiciosa. La esposa de Proverbios 31 es la dueña de una pequeña empresa que fabrica y vende prendas de vestir. Ella de manera independiente toma sus propias decisiones, y por sí sola decide qué hacer con sus ingresos (Proverbios 31:16, 24). Fíjese, sin embargo, que sus ganancias no las invierte en zapatos o carteras, sino en comprar un terreno donde ella puede plantar un viñedo, algo que beneficiará a toda la familia.

A través de todos sus esfuerzos, el servicio y el duro trabajo, la esposa piadosa o consagrada mantiene el gozo. Ella puede discernir que todo lo que está haciendo es rentable, que la impulsa a un sentimiento de satisfacción (Proverbios 31:18). Una mujer piadosa no debe preocuparse por lo que el futuro pueda deparar. Ella sonríe al futuro porque sabe muy bien que el Señor está en control de todo (Proverbios 31:25, 30). El versículo 30 es la clave de todo el pasaje, porque una mujer no puede ser una esposa piadosa sin primero tener temor al Señor. Cuando la esposa piadosa busca a Jesús y permanece en Él, hace que el fruto de la piedad se manifieste en su vida (ver Juan 15:4).

Por último, una esposa piadosa o consagrada debe estar sujeta a su marido (Efesios 5:22). ¿Cómo es una esposa sujeta? No es lo que usted podría pensar. La biblia enseña que Jesús se sujeta a Su Padre (Juan 5:19). Sin embargo, Jesús es igual al Padre (Juan 10:30). Por lo tanto, una esposa sujeta no es menos valiosa que un ser humano; su papel no es menos importante, aunque es diferente. Los cristianos saben que Cristo es tan divino como el Padre (y el Espíritu Santo), pero cada uno de ellos desempeña un papel diferente en la redención. De la misma manera, los hombres y las mujeres juegan una parte diferente en el matrimonio. Entonces, para que una esposa esté sujeta a su esposo como Cristo está sujeto al Padre, significa que voluntariamente permite que su marido lidere. Jesús fue voluntariamente a la cruz, aunque con angustia (Mateo 26:39). Cristo sabía que lo que el Padre hacía era lo mejor. Una esposa piadosa siente que el camino de la sujeción a veces es doloroso, pero el seguir a Dios siempre tendrá como resultado recompensas espirituales que duran para toda la eternidad (1 Timoteo 4:7-8).

La biblia compara la sujeción a su marido con la sujeción a Dios (Efesios 5:22). En otras palabras, si una esposa no puede someterse al marido, puede ser un reflejo de su lucha para estar sujeta a Cristo. La sujeción no implica debilidad; una esposa sujeta no es «ignorante» o «sin importancia». La sujeción requiere fortaleza, dignidad y devoción, como nos lo enseña la mujer de Proverbios 31.

Proverbios 31 representa el ideal. Una mujer puede ser una mujer piadosa sin ser perfecta (sabemos que no existe tal cosa como la perfección humana). Pero en la medida que la esposa crece en su relación más íntima con Cristo, crecerá cada vez más de manera piadosa en su matrimonio. La piedad a menudo está en oposición de lo que la sociedad secular dice con respecto a lo que una mujer debe aspirar. Sin embargo, como mujeres de Dios nuestra primera preocupación debe ser siempre lo que le agrada a Dios.

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

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¿Qué significa ser un esposo consagrado?

¿Qué significa ser un esposo consagrado?

Cuando preguntamos cómo ser un marido consagrado, una de las primeras verdades que hay que reconocer, es que por naturaleza nadie es consagrado. Ni los hombres ni las mujeres pueden ser todo lo que Dios quiere que sean por sus propias fuerzas. Así que para ser una esposa o un esposo consagrado, se requiere en primer lugar que entreguemos nuestras vidas al señorío de Jesucristo. Ser «consagrados» significa que debemos tener a Dios. Cuando Su Espíritu vive en nosotros, Él nos empodera para vivir vidas consagradas (Gálatas 2:20; Tito 2:12).

Filipenses 2:3-4 establece una base para todas las relaciones piadosas, incluida la del matrimonio: «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros». En el matrimonio, esto significa que un esposo y una esposa ya no son sus propios jefes. Cada uno ha entregado voluntariamente al otro el derecho a hacer lo que quiera y cuando quiera. Esto puede ser particularmente difícil para los hombres, especialmente si habían estado solteros por un largo tiempo. Es posible que nunca se le pase al hombre por la cabeza que su esposa no es tan apasionada como él en cuanto a pasar el fin de semana en un partido de fútbol o en alguna otra actividad. Sin embargo, este pasaje nos instruye a considerar intencionalmente los sentimientos y las ideas de los demás, en lugar de suponer que piensan lo mismo que nosotros.

1 Pedro 3:7 dice, «Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo». El término «vaso más frágil» a menudo ha sido mal interpretado. Esto no implica inferioridad, ya que el versículo continúa diciendo que una mujer es coheredera con su marido. Dentro del contexto de este versículo, la frase «más frágil» significa que a una mujer no se debe tratar como si fuera «uno de los chicos». Ella es creada de forma diferente, tanto en cuerpo como en espíritu. «Entender » es la clave. Un esposo debe estudiar a su esposa, aprender quién es ella, y tomar decisiones que resalte sus fortalezas y belleza. El enfrentamiento físico, el matoneo verbal, intimidación y el abandono emocional no tienen cabida en un matrimonio cristiano. Vivir con ella de manera que se comprenda, significa que un esposo sabio controla sus propias necesidades y desea que las necesidades de su esposa se suplan. Él no la menosprecia, no minimiza su aporte a la familia o espera que ella haga lo que Dios le ha dado al esposo para hacer. La tarea que el esposo tiene de por vida es el estudio de una mujer, y quiere ser un experto en ella.

Efesios 5 continúa con la descripción de un marido consagrado. El versículo 25 dice, «Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella». Esta comparación con Cristo y la iglesia dice mucho. Los maridos tienen que mostrar un amor sacrificial e incondicional por sus esposas de la misma manera que Jesús nos ama; somos Su novia, aun cuando somos indisciplinados, desobedientes, y odiosos. El versículo 28 dice, «Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama». Los hombres generalmente no tienen ningún problema en amar sus propios cuerpos. La realización sexual, la destreza muscular y otras necesidades físicas a menudo son prioridades que están en los primeros lugares. Dios está instruyendo a los esposos para que le den a sus esposas la misma prioridad que le dan a las necesidades físicas. Jesús voluntariamente sujetó su propio cuerpo a los malos tratos, la humillación y a la necesidad por amor de su esposa, la iglesia. Este es el modelo a seguir que la escritura da para los esposos.

Las esposas cristianas desean un liderazgo consagrado al Señor y no dictatorial. Sin embargo, un hombre no puede guiar a donde él no ha estado. Un líder siempre va primero, forjando el camino, batallando en temas espirituales y, luego, presenta la instrucción de Dios para su familia. Una continua relación personal con Jesús es crucial para guiar espiritualmente a la familia. Dios responsabiliza a los hombres por el bienestar espiritual y físico de sus familias (1 Timoteo 5:8). Incluso si la mujer es mucho mejor que el hombre en la enseñanza y liderando, el marido aún tiene que involucrarse para enseñar a sus hijos. Él debe dar ejemplo cuando asisten a la iglesia, en la lectura de la biblia, la oración y las disciplinas espirituales. Es difícil que una mujer cristiana respete a su marido en otras áreas cuando él no ha sido coherente liderándola espiritualmente.

Tanto los hombres solteros y casados pueden beneficiarse de estas características de un líder consagrado a Dios. Un líder es:

• En primer lugar, un líder es un siervo (Mateo 23:11)

• Enseñable (Proverbios 19:20)

• Lleno del Espíritu Santo (Hechos 6:3)

• Entusiasmado con su función (Efesios 6:7)

• Un modelo de humildad y de perdón (1 Pedro 5:6; Efesios 4:32)

• Amoroso con aquellos que dirige (Mateo 5:46; Juan 13:34-35)

• Listo a admitir sus fracasos y las áreas donde necesita crecimiento (Filipenses 3:12).

Más específicamente, un hombre puede llegar a ser un marido consagrado a Dios considerando lo siguiente:

1. ¿Su horario indica que su familia es una prioridad en cuanto a tiempo, energía e interés?

2. ¿Está escuchando el consejo de 1 Pedro 3:7 y realmente está estudiando a su esposa?

3. ¿Están tomando la iniciativa para guiar espiritualmente a su esposa, compartiendo las cosas que Dios le está enseñando?

4. ¿Es sensible al estado físico y necesidades sexuales de su esposa? Son muy diferentes de las suyas, y un marido consagrado a Dios respeta eso sin hacer mala cara o tratar de «castigarla».

5. ¿Está aceptando una responsabilidad igual para con los niños? Incluso si su esposa es mejor en algunos aspectos de la crianza de los hijos, sus hijos son su responsabilidad. Su esposa necesita un compañero que voluntariamente comparta la carga con ella.

6. Examine el tono de voz. ¿Ha caído en el hábito de la dureza, la culpa, o la desaprobación sutil?

7. ¿Alguna vez acude al abuso verbal o físico en cualquiera de sus formas? Si necesita ayuda para el manejo de la ira, consígala.

8. En las áreas donde su esposa es débil, ¿está ayudándola a crecer en lugar de criticarla o menospreciarla?

9. ¿Es un buen oyente? Las esposas necesitan compartir lo que hay en sus corazones, y usted debe ser el lugar más seguro para que ella lo haga.

10. ¿Es usted el guardián de su corazón, de sus sueños y su autoestima? No puede ser Dios para ella, pero puede animarla a conectarse con Dios de tal manera que sus más profundas necesidades emocionales sean suplidas por Él.

Los hombres suelen medirse por las apariencias que están fuera de su control. El dinero, la fama, la capacidad física y el poder son pasajeros y temporales. Sin embargo, un esposo puede llegar a definir el éxito por lo bien que ha seguido el mandamiento de Dios de cuidar a su esposa y de guiar a su familia. Una mujer feliz es un testamento para su marido. Mientras que él no es responsable por la forma en que su esposa responde, cada esposo puede controlar lo bien que está siguiendo el modelo de Jesús en amar y guiar a las personas que Dios le ha confiado.

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

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 «¿Qué cosas en este mundo tienen un valor eterno verdadero?»

 «¿Qué cosas en este mundo tienen un valor eterno verdadero?»

 Sobra decir que las únicas cosas de valor eterno en este mundo son aquellas que son eternas. La vida en este mundo es temporal, no eterna, y por lo tanto, la única parte de la vida que tiene valor eterno es la que dura hasta la eternidad. Claramente, lo más importante en este mundo que tiene un verdadero valor eterno, es tener una relación con Jesucristo, sabiendo que el regalo de la vida eterna viene sólo a través de él para todos los que creen (Juan 3:16). Como Jesús dijo, «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al padre, sino por mí» (Juan 14:6). Todo el mundo va a vivir en algún lugar por la eternidad, cristianos y no cristianos por igual. Y el único destino eterno distinto diferente al de estar en el cielo con Cristo, es el que ofrece un castigo eterno para aquellos que rechazan a Jesús (Mateo 25:46).

Con respecto a las abundantes cosas materiales que este mundo ofrece y que muchos buscan obstinadamente, Jesús nos enseñó a que no acumuláramos tesoros terrenales que pueden ser destruidos o robados (Mateo 6:19-20). Después de todo, no hemos traído nada a este mundo, y sin duda nada podremos llevarnos. Sin embargo, siempre se pasan por alto nuestros principales valores cristianos en nuestra búsqueda diligente del éxito y el bienestar material, y en medio de estas búsquedas terrenales con frecuencia nos olvidamos de Dios. Moisés abordó este tema hace 3.500 años cuando su pueblo estaba a punto de entrar a la tierra prometida. Les advirtió de no olvidar a Dios, porque él sabía que una vez que «construyeran casas donde habitaran» sus corazones se enorgullecerían y se olvidarían de Dios (Deuteronomio 8:12-14). Es cierto que no hay valor eterno en vivir nuestras vidas para nosotros mismos, buscando obtener todo lo que podamos de la vida, como el sistema mundial nos quiere hacer creer.

Sin embargo, puede haber valor eterno importante en lo que hacemos con nuestras vidas durante el tiempo extremadamente breve que estamos aquí en la tierra. Aunque la escritura deja claro que nuestras buenas obras acá en la tierra no nos salvan o nos mantienen salvos (Efesios 2:8-9), es igualmente claro que estaremos eternamente recompensados de acuerdo a lo que hayamos hecho mientras estamos aquí en la tierra. Como Cristo mismo dijo, «Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras» (Mateo 16:27). De hecho, los cristianos son «…hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas» (Efesios 2:10, énfasis añadido). Estas «buenas obras» tienen que ver con servir al señor lo mejor que podamos con lo que él nos ha dado y dependiendo totalmente de él.

El apóstol Pablo explica la calidad de las obras que pueden traer recompensas eternas. Comparando a los cristianos con «constructores» y la calidad de nuestras obras con materiales de construcción, Pablo nos dice que los buenos materiales que sobreviven a la prueba de fuego de Dios y que tienen valor eterno son «oro, plata y piedras preciosas», mientras que el uso de materiales de menor calidad tales como «madera, heno y hojarasca» para construir sobre el fundamento que es Cristo, no tienen valor eterno y no recibirán recompensa (1 Corintios 3:11-13). Básicamente, Pablo nos está diciendo que no toda nuestra conducta y todas nuestras obras merecerán recompensas.

Hay muchas maneras en que nuestro servicio al señor nos traerá recompensas. En primer lugar, debemos reconocer que cada verdadero creyente ha sido apartado por Dios y para Dios. Cuando recibimos el regalo de la salvación de parte de Dios, recibimos ciertos dones espirituales (1 Corintios 12:7, 11). Y si pensamos que nuestros dones son insignificantes, debemos recordar que, como Pablo le dijo a la iglesia de Corinto, el cuerpo de Cristo está compuesto de muchas partes (1 Corintios 12:14). Y «Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. . .los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios» (1 Corintios 12: 18, 22 énfasis agregado). Si estás ejercitando tus dones espirituales, estás jugando un papel importante en el cuerpo de Cristo y haciendo lo que tiene valor eterno.

Cada miembro del cuerpo de Cristo puede hacer aportes significativos cuando humildemente buscamos edificar el cuerpo y glorificar a Dios. De hecho, cada pequeña cosa se puede sumar al hermoso mosaico de lo que Dios puede hacer cuando cada uno de nosotros hacemos nuestra parte. Recuerda que, en la tierra Cristo no tiene cuerpo, excepto el nuestro, no tiene manos excepto las nuestras, no tiene pies excepto los nuestros. Los dones espirituales son la forma en que Dios administra su gracia a los demás. Cuando mostramos nuestro amor a Dios obedeciendo sus mandamientos, cuando perseveramos en la fe a pesar de toda la oposición y persecución, cuando en su nombre mostramos misericordia a los pobres, a los enfermos y menos afortunados, y cuando ayudamos a aliviar el dolor y el sufrimiento que está a nuestro alrededor, entonces ciertamente estamos edificando con «oro, plata y piedras preciosas» que tienen un verdadero valor eterno.

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

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Predicación Expositiva

Iglesia Evangélica de la Gracia

David Barceló & Paul Washer

 

A continuación encontrareis el listado de preguntas que se formularon en el panel junto con el link al minuto en el video.

Bendiciones.

Primera fecha en la que el hermano Paul Washer enseña públicamente después de su infarto y 19 meses de convalecencia. Damos gracias al Señor por fortalecerle.
Soli Deo Gloria

1. ¿Cómo se elabora y qué criterios utilizar para confeccionar un plan de predicaciones a largo plazo para equiparar a una congregación en todo el consejo de Dios? 04:08

2. ¿Cómo contextualizarías los evangelios si estos han sido escritos años después? 09:49

3. Para predicar expositivamente, ¿debo predicar versículo por versículo o estoy haciéndolo un estudio de esa forma? 11:39

4. ¿Qué consejo nos darías cuando después de terminar una predicación terminas desanimado y debilitado? 22:30

5. Cuando estoy preparando un sermón ¿cual debería ser el balance para ser expositivo? 31:40

6. ¿Hasta qué punto tenemos que exponer el pasaje y esperar que el Espíritu explique a la congregación? 35:00

7. ¿Cómo podemos discernir que una persona sea realmente idónea para encargarle la predicación de la palabra? 39:00

8. ¿Cómo sé que el Señor me esta llamando a predicar? 43:20

9. ¿Cuál es el limite en la predicación expositiva? 48:40

10. ¿Qué lugar de importancia tienen las ilustraciones en el desarrollo del mensaje? 52:30

11. ¿Cómo puedo mejorar mi predicación en un idioma que no es mi lengua materna? 59:38

12. ¿Cómo puedo no caer una especie de fariseísmo con la predicación expositiva? 01:06:00

13. ¿Cómo podría utilizar salmos imprecatorios en la predicación? 01:10:50

14. ¿Cómo puedo trasmitir el mensaje de una manera clara pero simple sin caer en el intelectualismo? 01:18:16

15. ¿Qué consejo nos darías para no caer en el «error» de ver a Cristo en todos los lados? 01:35:19

16. Si el Señor nos lleva a una situación como la que pasaste, ¿te has preguntado como has aprovechado tu vida? 01:43:50

Paul David Washer

Nacido en Estados Unidos en 1961 es un misionero, pastor, evangelista, escritor, abogado, fundador y director de la Sociedad Misionera Heartcry que apoya el trabajo misionero con los nativos sudamericanos, también es predicador itinerante de la Convención Bautista del Sur.1 Aparte de sus viajes y predicas, Paul es profesor invitado en varios seminarios, en particular en el Seminario de Master (The Master’s Seminary)

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

Pecadores en manos de un Dios airado

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Edwards: Pecadores en manos de un Dios airado

Un análisis del sermón evangélico más famoso de todos los tiempos.

AUTOR Will Graham | 02 DE JULIO DE 2016 | 23:40 h

Esta misma semana hace 275 años, el gran teólogo norteamericano Jonathan Edwards (1703-58) predicó el sermón evangélico más famoso de todos los tiempos: ‘Pecadores en manos de un Dios airado’ (8 de julio 1741).

Hoy, entonces, queremos hacer tres cosas. Primero, resumir el bosquejo de aquel mensaje tan poderoso. Segundo, contrastar la homilética de Edwards con el tipo de predicación que predomina en el siglo XXI. Y tercero, defender a Edwards ante varias críticas injustas que se han lanzado contra él a lo largo de los años

1.- El resumen del sermón

Después de leer Deuteronomio 32:35 –“A su tiempo su pie resbalará”- Edwards hizo cuatro observaciones iniciales sobre los incrédulos mencionados en el versículo:

  • Estuvieron siempre expuestos a destrucción.
  • Estuvieron siempre expuestos a una rápida destrucción repentina.
  • Estuvieron expuestos a caer por su propio peso.
  • La razón por la cual no han caído todavía es “porque el tiempo señalado por Dios no ha llegado”.

Siguiendo el método exegético puritano, antes de procurar aplicar la Palabra al pueblo Edwards primeramente estudia el pasaje bíblico con el fin de llegar a su médula doctrinal. Esta doctrina luego se convierte en el eje central de todo el sermón. ¿Cuál es la grandiosa verdad que Edwards encontró en Deuteronomio 32:35? Respuesta: “Que no hay otra cosa que mantenga a los hombres impíos fuera del infierno en todo momento que el mero placer de Dios”.

Edwards prosiguió a desarrollar diez observaciones evangélicas sobre esta doctrina bíblica. En sus propios términos:

  • A Dios no escasea en poder para arrojar a los impíos en el infierno el momento que lo quiera. Es fácil para Dios, cuando le place, arrojar a sus enemigos al infierno.
  • Los impíos merecen ser echados en el infierno.
  • Los impíos ya están bajo una sentencia de condenación al infierno.
  • Los impíos son los objetos de ese mismo enojo e ira de Dios que es expresado en los tormentos del infierno.
  • El diablo está lista para caer sobre los impíos y asirlos para sí; momento que Dios permitirá.
  • En las almas de los impíos reinan principios infernales que estuvieran actualmente encendidos y llameando en el infierno de fuego si no fuera por las restricciones de Dios.
  • No es seguridad para los impíos el que en ningún momento haya medios visibles de la muerte a la mano.
  • El cuidado de los impíos para preservar sus propias vidas o el cuidado de otros para preservarlos a ellos, no les brinda seguridad en ningún momento.
  • Todas las luchas y maquinaciones que los impíos usan para escapar del infierno, mientras siguen rechazando a Cristo, no les libra del infierno en ningún momento.
  • Dios en ningún momento se ha puesto bajo ninguna obligación por alguna promesa que haya dado de mantener al impío fuera del infierno.

Después de compartir sus diez observaciones teológicas, Edwards –una vez más fiel al legado puritano- se preocupa por aplicar lo antedicho a la congregación. Se dirige a los incrédulos de su congregación explícitamente: “Este terrible tema puede ser útil para despertar algunas personas incrédulas en esta congregación. Esto que has oído es el caso de cada uno de ustedes que se encuentra fuera de Cristo.

Ese mundo de miseria, ese lago de azufre ardiente se extiende debajo de ti. Allí está el espantoso abismo de las llamas ardientes de la ira de Dios; allí está la ancha boca del infierno abierta de par en par; y no tienes nada sobre qué permanecer en pie, ni nada de donde agarrarte; no hay nada entre ti y el infierno sino sólo el aire; es tan sólo el poder y el puro placer de Dios el que te soporta”.

Mediante metáforas vívidas y con gran dolor en el alma, Edwards exhorta a los incrédulos a huir de la ira venidera. Aplica la doctrina a su congregación a través de los siguientes cuatro puntos:

  • Mira de quién es la ira. Es la ira de un Dios infinito.
  • Es a la furia de la ira de Dios a la que estás expuesto.
  • La miseria a la que estás expuesto es aquélla que Dios infligirá con el fin de mostrarte lo que es la ira del Señor.
  • Es una ira eterna.

Antes de cerrar el mensaje, Edwards siguió luchando por despertar y salvar las almas de los réprobos. Dice: “Hay razón para pensar que hay muchos ahora en esta congregación oyendo este discurso que eventualmente serán sujetos de esta miseria por toda la eternidad.”. Y de nuevo: “¡Cuántos de ustedes recordarán este discurso en el infierno!”

Como buen evangélico, señala a Cristo como la única vía de escape: “Ahora tienes una oportunidad extraordinaria, un día en el que Cristo tiene ampliamente abierta la puerta de la misericordia, permanece allí llamando y gritando con alta voz a los pobres pecadores […] Dense prisa y escapen por sus vidas; no miren tras sí, escapen al monte, no sea que perezcan”.

2.- El contraste entre Edwards y nosotros

Con tan solo leer el bosquejo del mensaje, no cabe duda alguna de que Edwards predicaba de una manera muy diferente a la nuestra. Antes que nada, su metodología era cien por cien exegética, doctrinal y teológica. Quiso encontrar las perlas escondidas dentro de un determinado versículo bíblico y se limitó a hablar únicamente sobre esta verdad doctrinal sin desviarse de ella en ningún momento.

Todo lo que dice en su sermón está explícitamente relacionado con la doctrina que sacó de su texto en Deuteronomio. Sólo después de esa labor exegética y doctrinal, empezó Edwards a aplicar el mensaje al pueblo. Hasta sus aplicaciones están fundamentadas en el texto.

Nuestra metodología evangélica actual es bien distinta. Sabemos de lo que queremos hablar en el púlpito aun antes de estudiar las Escrituras. Lo que hacemos es buscar cualquier texto bíblico que diga algo parecido a lo que ya tenemos en el corazón y empleamos aquel texto como un pretexto para dar nuestra charla. Prevalecen versículos como “Todo lo que puedo en Cristo” o “Yo sé los planes que tengo para vosotros” totalmente divorciados de su contexto inmediato.

En cuanto a contenido, he apuntado seis diferencias entre Edwards y el siglo XXI.

Primero, el mensaje de Edwards está saturado de la Palabra. No solamente se dedica a exponer un determinado versículo sino que apoya todo lo que dice a lo largo del mensaje con pasajes paralelos. ¡Menuda manera de fortalecer a una iglesia en las Escrituras! Nosotros, sin embargo, hacemos casi todo nuestro énfasis en ilustraciones, experiencias, testimonios personales, chistes y aplicaciones.

Segundo, el estilo de Edwards es teocéntrico. Todo el mensaje gira en torno a la grandeza de la gloria de Dios. Edwards despliegue la gloriosa soberanía de Dios de una manera sin precedentes.

En nuestros días, no obstante, los mensajes son antropocéntricos, centrados en el ser humano y su supuesta importancia, por ejemplo, “Tú eres un campeón” o “Sueña cosas grandes” o “Dios te necesita” o “Tú vales mucho para Dios”. Edwards nunca predicaría semejantes aberraciones.

Tercero, Edwards nos habla sobre todas las facetas de Dios. Es verdad que cuando leemos muchos otros sermones de Edwards, él habla más sobre el amor divino y su misericordia revelada en Cristo que sobre cualquier otro atributo divino; pero no se olvidó nunca de la justicia, la majestad y la santa ira y furia del Altísimo. Era valiente.

Predicó todo el consejo de Dios. Mas el siglo XXI ya no cree en la ira de Dios. El ‘dios’ de nuestros días es una mariposa, una muñeca de Barbie, un dios afeminado, dulce, un osito de peluche. Nunca se enfadaría con nadie. ¿Entonces quién tiene la razón? ¿Edwards o nosotros? La Biblia demuestra que Edwards está en lo correcto.

Cuarto, Edwards instruyó a los de su generación sobre la profundidad y la seriedad del pecado humano. Nos habla acerca del hombre en base a la doctrina de las Escrituras. Nosotros, sin embargo, creemos la mentira pagana de que todos somos buenos. “Todos metemos la pata pero en esencia somos buena gente”. Hemos resucitado la doctrina de Pelagio. En este sentido Edwards tiene mucho que enseñarnos.

Quinto, las cosas eternas se hacen reales mientras uno lee un mensaje de Edwards. No sé cuántas veces habré leído ‘Pecadores en manos de un Dios airado’, pero cada vez que lo hago, enseguida pienso en mi muerte, en la eternidad, en que no voy a estar aquí para siempre. Las predicaciones contemporáneas, sin embargo, nunca nos hablan sobre temas tan solemnes como la condenación eterna ni el infierno ni la muerte. ¡Ni pensarlo! ¡Algunos predicadores sencillamente no quieren perder a sus clientes!

Por lo tanto, los sermones de hoy se centran en cómo arreglar nuestros problemas y dolores de cabeza en el aquí y ahora. Impera un espíritu light, liviano, poco solemne donde nadie tiembla ante la Palabra del Altísimo. ¿Me pregunto si estamos bajo la maldición de Amós 8:11?

Sexto, la cristología de Edwards es excelsamente bíblica. En el sermón que hemos resumido la gloria de Cristo es anunciada a través de su grandioso ministerio de salvación. El Cristo de Edwards es un Salvador varonil e indomable. No es el ‘Jesús novio’ de nuestra generación que pasa todo el día llorando porque no le dejamos entrar en nuestro todopoderoso corazón.

En todos estos sentidos, se respira otro aire en los mensajes de Edwards que ya no sopla en nuestros días.

3.- Críticas injustas

Amé a Edwards y al Dios de Edwards mientras vivía en Irlanda. No fue hasta que vine a España en el 2007 cuando oí a ciertas personas hablar mal de él. Me molesto bastante. En realidad todos lanzaban la misma crítica una y otra vez, a saber, que “Edwards sólo habla sobre la ira de Dios”.

Debo mostrar mi desacuerdo con este juicio porque carece de solidez. No tiene justificación alguna. Basta con leer ‘Pecadores en manos de un Dios airado’ para entender que esta postura es insostenible. Hay que fijarse en cómo Edwards habla sobre el pacto de Dios con su pueblo a través de Cristo como el único lugar de refugio de la ira venidera. “Ciertamente Dios no ha dado promesas acerca de la vida eterna o de alguna liberación o preservación de la muerte eterna, sino aquellas que están contenidas en el pacto de la gracia, las promesas son sí y amén”.

Edwards explica la obra del Espíritu a lo largo del mensaje e insta a los pecadores a arrepentirse con la santa exclamación “¡oh!” continuamente en sus labios. “Oh pecador”, “Oh cuán terrible debe ser eso”, “Oh, si tan sólo consideraras esto, ya seas joven o viejo”, “Oh señores, es peligroso en extremo”. Edwards luchó con los pecadores para su bien eterno. Un varón que predica la verdad de Dios con dolores de parto en el alma merece nuestro respeto y admiración.

Con respecto a los que siguen acusando a Edwards de hacer demasiado hincapié en la ira de Dios, he llegado a las siguientes dos conclusiones:

  • O simplemente no saben de lo qué están hablando porque nunca se han tomado la molestia de estudiar ‘Pecadores en las manos de un Dios airado’ ni de indagar en el ministerio tan eficaz que el Señor le concedió a su fiel soldado, Jonathan Edwards.
  • O son falsos maestros que nunca han pronunciando una solo palabra acerca de la ira de Dios desde sus púlpitos. “Son atalayas ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir”. Total, critican a Edwards con el fin de apaciguar sus conciencias.

Así que si tengo que elegir entre 1) un ignorante, 2) un perro mudo o 3) Jonathan Edwards, sé muy bien con quién me voy a quedar, con el hombre que dé más gloria a Dios.

Dios levante a 100.000 más como Jonathan Edwards en nuestros días para la gloria de Cristo y el bien del Evangelio.

Los pecadores del siglo XXI siguen estando en las manos de un Dios airado.

Los pecadores del siglo XXI siguen necesitando ser salvos a través del único camino de refugio, el bendito Salvador Jesucristo.

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