¿Cuál es la edad correcta para casarse?

¿Cuál es la edad correcta para casarse?

 

La Biblia no nos habla de una edad exacta para casarse. Nos habla de la belleza y el propósito de Dios en el matrimonio.

Para saber si es el tiempo de casarse, cada joven debe sumergirse en las Escrituras, buscar el consejo de sus padres, buscar el consejo de sus pastores porque, como dicen las Escrituras, en la multitud de consejeros está la sabiduría.

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DEJE ESOS MALOS HÁBITOS

Noviembre 27

DEJE ESOS MALOS HÁBITOS

El efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre.

(Isaías 32:17)

La conducta limpia produce paz y estabilidad espiritual, pero la conducta pecaminosa produce inestabilidad. Eso es así no solo en el reino milenario, donde un día Cristo gobernará la tierra con justicia, como lo indica el versículo de hoy, sino también en la vida del creyente. Jacobo el hermano de Jesús dijo: “La sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica… Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz” (Stg. 3:17-18).

Contentamiento, consuelo, calma, quietud y tranquilidad acompañan a la conducta cristiana, que se basa en la Palabra de Dios. Hacer lo bueno no es solamente la manera de vencer lo malo (Ro. 12:21), sino también la práctica que se espera de todo creyente. Al cultivar buenos hábitos gracias al poder de Dios, disminuirán sus malos hábitos, y su vida será más estable.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

 

¿Qué le digo a mi adolescente enamorada?

¿Qué le digo a mi adolescente enamorada?

 Chárbela El Hage de Salcedo 

Hace un tiempo me tocó hablarle a un grupo de adolescentes acerca del noviazgo. Desde que entré al salón podía ver las mejillas sonrojadas de aquellas niñas. Había mucha emoción. Las extrovertidas del grupo se dejaron sentir, sentadas todas en primera fila, cuchicheando intensamente. Las introvertidas, con su quieto sentar y sus miradas fijas en mí, lo decían todo sin una palabra.

Hablar con adolescentes no es fácil. ¿Cómo les explico? ¿Cómo conecto con ellas? Esa charla era mi única oportunidad para llegar a esos corazones y dejarles algo.

Comencé por hacerles algunas preguntas: ¿Qué es el noviazgo? ¿A qué edad puedes tener novio? ¿Para qué necesitas un novio? Las respuestas variaron; desde “ser novios es tomarse de las manos”, “puedo tener novio ahora mismo”, “los novios son para darle cariño”, hasta respuestas más sensatas como “el noviazgo es tener un compromiso con un varón”.

Pero a pesar de haber recibido algunas buenas respuestas, me di cuenta de que muchas de estas adolescentes no tenían instrucción adecuada sobre el significado real del noviazgo.

Lo que Dios piensa, no lo que yo pienso

Lo primero que hablé con ellas fue acerca lo que Dios tiene que decir sobre el noviazgo.

El noviazgo es una etapa de la vida que deben de cruzar aquellos que buscan casarse y, como cristiana, mi anhelo debe ser glorificar a Dios en ella. Los novios no son dos personas que se agarran de la mano, ni dos personas con derecho a darse un beso, ni son dos personas que hablan mucho por teléfono.

Les expliqué que un noviazgo no debe empezar porque quiero sentirme amada o valorada. Todo eso es egoísta. El noviazgo es una relación de dos personas con miras al matrimonio, para amar y cuidar uno del otro.

Aunque la Biblia no da instrucciones específicas para una relación de noviazgo, sí da lineamientos morales y arroja sabiduría divina para manejarnos en esta etapa. Aunque no contiene relatos de relaciones de noviazgo como las vemos hoy en día, sí se nos describen relatos de personas comprometidas para matrimonio.

Por ejemplo, en Apocalipsis 19:7 se nos habla de una “novia” que se convertirá en “esposa”.  El versículo dice: “Regocijémonos y alegrémonos, y démosle a El la gloria, porque lasbodas del Cordero han llegado y su esposa se ha preparado”. Por supuesto, Apocalipsis es un libro profético y este versículo está hablando de la futura boda de Cristo y la Iglesia, pero aun así puedo aprender algo de cómo Dios ve la relación del novio y la novia. La frase que llama mi atención es, “y su esposa se ha preparado”.

El noviazgo es un tiempo de preparación que precede a la boda. La novia ya está “preparada”; no dice “se ha preparado” o “se va a preparar”.

Para ayudarlas a meditar en esto, le pregunté a las jóvenes qué profesión les gustaría ejercer en el futuro. Una de ellas me dijo que quería estudiar medicina. Yo le dije, “Como tienes ese deseo, mañana te llevaré al hospital para que comiences a ejercer tu labor como médica”. La chica no tardó en abrir sus ojos con asombro y responder, “¡No puedo!”. Le pregunté, “¿Y por qué no? Tú quieres hacerlo; es algo genuino y bonito; no tiene nada de malo ser doctora”. Ella respondió, “No puedo, no estoy lista; no tengo lo que se necesita”.

Aproveché su respuesta para decirle que eso mismo pasa con el noviazgo. Aunque quieran hacerlo, aunque el amor sea algo genuino y bonito, para ellas todavía no era el tiempo.

Para que una mujer esté lista, considero que hay tres áreas donde debe de experimentar formación: académica, emocional, y —la más importante— espiritual.

Formación académica

La academia ocupa mucho tiempo y esfuerzo, y el noviazgo también. Para que las relaciones  puedan florecer necesitamos invertir tiempo en ellas. Si le quito tiempo y concentración a la academia para invertirlo en el noviazgo, seguramente no estaré haciendo con excelencia lo que el área académica requiere. Habría que conocer cada caso para conocer cuán apropiado y en qué momento sería prudente iniciar una relación de noviazgo, pero con toda probabilidad en la adolescencia no se tiene la madurez necesaria para manejar estudios y noviazgo.

Formación emocional

En un noviazgo habrá roces, se requerirá mucha tolerancia y dominio propio (sobre todo para los límites en la parte física). Se necesitará perdonar y tener paciencia. Ciertamente la sabiduría no la dan los años, pero es indudable que el paso de estos contribuye con mi almacenamiento de sabiduría. El apóstol Pedro manda a las mujeres a que cultiven el “yo interno” (1 Pe. 3:4), y nos dice que lo “precioso” en una mujer es su espíritu tierno y sereno. Construir eso necesita tiempo.

Formación espiritual

Amar al Señor tu Dios con todo tu corazón, alma, y mente (Mt. 22:36-37) es el más grande mandamiento que Jesús nos dejó. ¿Estás cerca de esa meta? Si hoy Dios no está en el centro de tu vida, cuando venga el novio o el esposo, es muy probable que el trono en tu corazón lo ocupe él. La Biblia dice que nadie puede servir a dos señores (Mt. 6:24) y que la mujer que teme al Señor será alabada (Pr. 31:30).

En las relaciones interpersonales —y mucho más en las de noviazgo—, el carácter es como una maleta de herramientas. Si el novio pide paciencia, buscas en la maleta y sacas esa herramienta; si la relación requiere dominio propio, debes de ir a buscarlo ahí dentro también. La maleta con todas esas herramientas no la venden ni se adquiere de un día para otro… ni siquiera de un año para otro. El tiempo y la profundización en el conocimiento del Dios santo es lo que nos permite obtener esas herramientas, en la medida que avanzamos en nuestra santificación personal. Entre más “llena” esté mi maleta de herramientas, mejor podré manejar la relación.

Ciertamente, Dios nos hizo seres emocionales. Somos personas con sentimientos y deseos de relacionarnos con otros. La atracción hacia el sexo opuesto es parte del diseño de Dios. Pero, como todo, tiene su tiempo.  Si somos seres sexuados y desde los 12 años hay niñas que pueden físicamente tener un hijo, ¿es este el momento adecuado para tenerlo? Claro que no. Dios mismo a través de su creación nos revela que aunque “se pudiera”, aún no es el tiempo.

El porqué de la falta de instrucción de los padres

No podemos esperar un razonamiento agudo de este tema de parte de un adolescente. La misma inmadurez de la etapa en la que se encuentran no les ayuda a tener un pensamiento objetivo. Muchas veces el adolescente no puede ver la importancia de poder entenderlo de esta manera; para ellas lo que importa es la emoción del momento. Por eso, en esta etapa la instrucción directa del padre es vital.

Pero muchos padres han ignorado la importancia de tener una posición formada y pensada sobre el tema. Quizá no saben por dónde comenzar o no creen que tienen la moral para hacerlo, porque a su edad tuvieron novio y no les fue tan mal. A otros les pasa que no se enorgullecen de su pasado y por vergüenza no quieren tocar el tema. Hay algunos más que simplemente no lo ven como algo demasiado serio; lo ven como una emoción que pronto pasará y como ya prohibieron tener novio a esa edad, no va a pasar de ahí.

Si tu razón de no abordar este tema con tus hijos es una de las anteriores, quisiera decirte algo. Primero, el hecho de que a ti te fue bien no quiere decir que a tu hijo le vaya ir igual. Debemos de aplicar lo que es sabio y bíblico; las excepciones las hace Dios. Si el problema son tus errores del pasado, entonces esta es una excelente oportunidad de hablar con nuestros hijos de nuestra necesidad de la cruz. Es el momento perfecto para compartir de cómo el Señor perdona, sana y limpia mis pecados, y redime mis malas decisiones. Finalmente, si tu razón es que no entiendes que es importante, evalúa las razones descritas anteriormente y convérsalo con tu líder espiritual.

Debes ayudar a tu adolescente enamorada a no ver a Dios como un ser masoquista que le da el deseo y no quiere que lo disfrute. El Señor es el inventor de todos los deseos, pero cada uno de ellos hay que disfrutarlos dentro de los parámetros que Dios ha diseñado. Él nos hizo y Él sabe lo que es mejor para nosotros.

Instruye a tu adolescente a manejar esos sentimientos. Dirígela a, como dice Filipenses 4:8,  pensar en todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio. Enséñala a poner todos sus pensamientos cautivos a los pies de Cristo (2 Cor. 10:2).

Motívala a creer que llegará el día donde podrá ver hacia atrás y decir, “qué bueno que no perdí mi tiempo”. Motívala a que “afine su piano”. ¿Sabes el trabajo que da afinar un piano? Un piano desafinado es mejor ni tocarlo, suena horrible. Afinar el piano es un trabajo, requiere ir cuerda por cuerda… y un piano tiene 218 cuerdas. Es muy aburrido a veces, pero una vez afinado, ¡la canción suena perfecta!

La vida de tu adolescente —su carácter y su mente— está siendo afinada por Dios para que pueda hacer música impecable. No detengas el afinamiento ni lo retardes, ocupando tu mente y tu tiempo en otras cosas.

Usain Bolt es el corredor más rápido del mundo y ha ganado varias medallas de oro en los juegos olímpicos. Pero algunos podemos recordar que el corredor más rápido del mundo, en una ocasión, perdió una carrera importante solo por “salir a destiempo”, y esa derrota está en su récord. Te toca a ti como padre entrenar el oído de tu hija para que pueda comenzar a correr después de que haya sonado el silbato. Que Dios les llene de sabiduría.

Chárbela El Hage de Salcedo es diaconisa en la IBI, y en la misma forma parte del ministerio de mujeres EZER. Está casada con el pastor Héctor Salcedo con quien ha procreado dos hijos Elías y Daniel. Junto a él sirve en el ministerio de jóvenes adultos solteros MAQUI. Chárbela posee una maestría en Formación Espiritual y Discipulado del Moody Theological Seminary, de la ciudad de Chicago.

Familia

 

Familia

Samuel Perez Millos

“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gn. 2:24). 

         La familia es la unidad básica de la sociedad establecida por Dios mismo. Esta unidad está afectada por las circunstancias adversas que el pecado produce contra todo lo establecido por Dios. El matrimonio es, por tanto, una institución controvertida y en crisis. Sin embargo, el matrimonio como base y la familia como consecuencia adquieren una dignidad peculiar en razón de los valores con que fue investido por Dios mismo desde el principio de la humanidad. Es un estado de alta estima y valor, a la vez que frágil, a causa del pecado humano. La institución matrimonial, conforme al propósito de Dios, es para toda la vida de los cónyuges. El matrimonio es también una esfera de intimidad máxima en todos los órdenes. Quiero conducir a una reflexión sobre este asunto, que por su extensión tendré que dividirla en, por lo menos, dos veces.

         El matrimonio es la base del hogar y de la familia. El término hogar, procede del latín focarem, lugar donde se coloca el fuego. El de familia, procede también del latín famula, que significa criado, dando una idea de servicio de unos hacia otros (Ef. 5:21). Uniendo los conceptos, el matrimonio debe expresar: unidad; convivencia (lat. convivium), una vida en común; cohabitación (lat. connubium), que tiene que ver con la esfera de la intimidad personal; consorte (lat. consortium), que significa compartir la misma suerte; vida en común (lat. conjugium), que significa aguantar bajo el mismo yugo, compartiendo juntos toda la problemática. Junto con esto calor entrañable de hogar y la ayuda mutua, vital en la relación.

         El matrimonio es honorable para todos (He. 13:4). La prohibición del matrimonio como algo que contribuye a alcanzar mayor nivel de espiritualidad en el servicio es una enseñanza, que el apóstol Pablo califica de diabólica (1 Ti. 4:1-3). Afirmar que el celibato es un estado superior al matrimonio contradice la  instrucción bíblica.

         Acudiendo a la Palabra, única autoridad en materia de doctrina y ética, se aprecia que cuando Dios creó al hombre, lo hizo con la determinación de delegar sobre él la responsabilidad y privilegio del gobierno del mundo, capacitándolo para ello (Gn. 1:26). El el proyecto divino estaba en crear a un varón, primero, y luego a una mujer, procedente de esa primera creación (Gn. 1:27). No es verdad que haya creado a un ser en el que había hombre y mujer, que luego serían separados, como enseña el Taillardismo, contrario a la verdad de la Palabra. La revelación divina está orientada a una familia en la que el gobierno es compartido por el varón y la mujer, notándose el plural que la Escritura usa (Gn. 1:28).

         La condición imperfecta en esa creación consistió en la presencia del varón solo, de ahí la observación divina: “no es bueno que el hombre esté solo” (Gn. 2:18). Eso marca un profundo contraste con lo que anteriormente dice Dios cuando observa la creación: “era bueno en gran manera” (Gn. 1:31). Toda la creación era buena incluyendo el propósito de la creación, tanto del hombre como de la mujer (Gn. 1:27). La presencia de un varón solo dejaba incompleto el programa divino para la humanidad. Dios acudió a la solución creando a la mujer (Gn. 2:2b-22). No fue para servir al hombre, para eso estaban los animales. No era para que gobernase sobre el hombre, ya que éste es la cabeza. La idea de ayuda idónea es la de un ser capaz de dialogar y mantener comunión en igualdad de condiciones.

         El matrimonio es una institución divina (Gn. 2:24). Dios como Padre trae la mujer al hombre. Éste la recibe como un don divino (Pr. 18:22). La esposa, por tanto, ha de ser tratada como tal don (1 P. 3:7). El Señor aclaró que esa institución es un mandamiento del Creador (Mt. 19:4-6).

         Dios establece la unidad matrimonial. Establece una relación exclusiva y excluyente: “El hombre… su mujer”. Cualquier otra relación con otro hombre o con otra mujer está excluida en el propósito de Dios. Establece también una relación reconocida: dejará. Los vínculos familiares anteriores se sustituyen por los de la nueva familia, creando otra unidad distinta. Esto no supone que se deje de “honrar padre y madre” (Ef. 6:2). Se establece también una disposición de entrega:se unirá. Cada una de las partes se entrega a la otra, pero en el texto comienza la obligación por parte del marido. Finalmente Dios establece una relación permanente: “serán una sola carne”. No está en la mente del Creador disolver la unidad matrimonial. Es más, esa relación no son dos yo, que se convierten en un nosotros, sino dos yo, que se convierten en otro yo. De manera que cuando se rompe la unidad matrimonial, no es un retorno de nosotros  a otros dos yo, sino la muerte irremediable de un yo, que no puede resucitarse.

         Un aspecto que se olvida hoy es el concepto de pacto matrimonial. Quiere decir que el matrimonio es el resultado de la decisión voluntaria de unión de un hombre y una mujer, aceptando lo establecido por Dios (Gn. 2:24). El garante del pacto matrimonial es Dios mismo (Mal. 2:13-14). Él se constituye en testigo de cargo contra quien rompa el pacto. El matrimonio es un convenio en el que Dios interviene. Pero algo más, el matrimonio es un estado sometido a juramento (Dt. 6:13), puesto se hace reconociendo y aceptando lo que Dios ha determinado. Por tanto es un pacto sagrado (Pr. 2:17), sin darle a esto un carácter sacramental como medio de gracia. La expresión más elevada del matrimonio es que Dios lo toma para referirse a Su relación con Su pueblo (Ez. 16:8), en el antiguo orden y de Cristo y la Iglesia en el nuevo.

         El matrimonio no se basa en disposiciones humanas reguladas por leyes, sino en preceptos divinos. Se utilizan con frecuencia textos que enseñan sobre la institución matrimonial en el Antiguo Testamento (Gn. 1:27; 2:24). Esa misma fue la enseñanza de Jesús (Mr 16:6 s.; Mt. 19:4 s.), como también por el apóstol Pablo (1 Co. 6:16; Ef. 5:31). El matrimonio es, conforme a la enseñanza bíblica, la vida en común de un solo hombre con una sola mujer. No se contemplan, sino como pecaminosas, otras uniones diferentes. El Nuevo Testamento enseña la unidad del matrimonio mientras vivan ambos cónyuges (Ro. 7:2-3). De ahí que la relación matrimonial exija lealtad absoluta (1 Co. 7:2).

         La normativa del Nuevo Testamento para la celebración del matrimonio, es también clara. No le confiere carácter sacramental, ni se establece como ordenanza para la iglesia, puesto que el matrimonio no es un aspecto religioso, sino una determinación soberana de Dios para la regulación de la sociedad humana. El poder civil es el que da testimonio del hecho y regula como debe celebrarse legalmente el matrimonio en el tiempo histórico de la ley. El creyente está obligado a la obediencia al poder civil y a las leyes que regulan el matrimonio (Ro. 13:1a). Los gobernantes regulan el aspecto de su celebración para que quede constancia del hecho, entendiendo que ejercen autoridad por delegación divina (Ro. 13:1-2).

         El cristiano debe recuperar estas verdades sobre el matrimonio, en un mundo donde la institución atraviesa por una de las mayores crisis de su existencia. El divorcio ha tomado carta de naturaleza en la sociedad y, lo que es más lamentable, entre cristianos. Las leyes permisivas de los hombres han degradado la institución permitiendo uniones distintas a la que Dios ha establecido, absolutamente perversas no desde el punto de vista de la moral religiosa, sino desde la norma natural. Es urgente una aproximación a este vital tema que iremos abordando en sucesivos temas.

Samuel Pérez Millos, es pastor en la Iglesia Evangélica Unida de la ciudad de Vigo, España, desde el 26 de septiembre de 1981. – Cursó los estudios de Licenciatura en Teología, en el Instituto Bíblico Evangélico, graduándose el 10 de junio de 1975.

http://www.perezmillos.com/

«Revolución Sexual»

Lanzamiento «Revolución Sexual»

Por Su Causa 2018: Sé Santo Porque Él es Santo, tuvimos la oportunidad de presenciar el lanzamiento del libro «Revolución Sexual: Una Perspectiva Bíblica y Un Análisis Médico» escrito por el Pastor Miguel Núñez y su esposa, la Dra. Catherine Scheraldi de Núñez. Puedes conseguir más información sobre este libro y como comprar una copia entrando a https://librosmiguelnuñez.com.

La Gracia Soberana

La Gracia Soberana

Paul Washer

 

Paul David Washer Nacido en Estados Unidos en 1961 es un misionero, pastor, evangelista, escritor, abogado, fundador y director de la Sociedad Misionera Heartcry que apoya el trabajo misionero con los nativos sudamericanos, también es predicador itinerante de la Convención Bautista del Sur.1 Aparte de sus viajes y predicas, Paul es profesor invitado en varios seminarios, en particular en el Seminario de Master (The Master’s Seminary)

¿Podemos estar unidos al Vaticano? Unas palabras sobre el ecumenismo

¿Podemos estar unidos al Vaticano? Unas palabras sobre el ecumenismo

Este artículo pertenece al libro De vuelta a Cristo: Celebrando los 500 años de la Reforma escrito por pastores hispano hablantes y publicado por Soldados de Jesucristo. Estaremos regalando los archivos digitales de este libro el 31 de octubre de 2018, en celebración del aniversario de la Reforma protestante.

«Como iglesias, debemos defender el evangelio bíblico—y nada más. Es nuestro llamado levantar en alto la verdad y exponer la falsedad… La Reforma no ha terminado… La causa de sola Scriptura, sola fide, sola gratia, solus Christus y soli Deo gloria continúa siendo la causa de y por la verdad bíblica» (R. C. Sproul).[1]

En el recibidor de mi casa tengo colgada una pequeña cruz de pizarra, una cruz de los hugonotes que traje un verano del sur de Francia. Escondidos entre los pinos del bosque de les Cévennes aquellos protestantes franceses celebraban sus cultos clandestinos usando púlpitos camuflados con forma de tonel. Cada día al salir de casa veo esa cruz y pienso en la persecución que muchos han sufrido por creer en la Palabra de Dios.

Ahora que celebramos el quinto centenario de la Reforma, recordamos las grandes doctrinas que muchos defendieron con sus vidas… y nos sorprende que algunos aboguen por un acercamiento a Roma. ¿Ha aceptado el catolicismo romano las 95 tesis que Lutero colgó en 1517? ¿Se acabó el debate teológico?¿Se pueden obviar las diferencias? ¿Podemos estar unidos al Vaticano?

El ecumenismo está de moda. Oímos cada dos por tres de iglesias evangélicas que tienen cultos unidos con católicos. La unidad siempre suena políticamente correcta, pero ¿qué tipo de unidad propone Roma? En círculos ecuménicos se cita constantemente Juan 17, cuando el Señor ruega al Padre «que todos sean uno» (Jn. 17:21), y en breves palabras necesitamos dar respuesta a algunas preguntas cruciales que levanta ese pasaje: ¿Por quiénes ora el Señor en Juan 17? Y ¿por qué tipo de unidad ruega al Padre?

¿Por quiénes ora Jesús?

En Juan 17 Jesús ora por los suyos. No ora por todo el mundo, sino por los que ha sacado del mundo. El Señor usa expresiones como «he manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste» (v. 6), «Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me has dado» (v. 9), o «Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo» (v. 24). Cristo ora por los que el Padre le ha dado, y a éstos les da vida eterna.

Pero el pasaje de Juan 17 no solo nos dice quiénes son los cristianos, sino también cómo son. Los hijos de Dios conocen al Dios verdadero (v. 3), son los que reciben las palabras de Jesús (v. 8), los que creen que el Padre le envió (v. 8), y los que guardan la Palabra de Dios (v. 6). Jesús no habla de aquellos que se llaman a sí mismos cristianos, porque «No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos» (Mt. 7:21). Jesús ora por la Iglesia verdadera, y su Iglesia no está definida por una organización terrenal, sino por la realidad espiritual del nuevo nacimiento que se hace evidente en la obediencia a su Palabra. Cristo no solo oró por los creyentes —en general— sino por los creyentes en la Palabra de Dios. Al orar por ellos exclama «que sean uno». Entre los verdaderos creyentes hay una verdadera unidad espiritual, pero al mismo tiempo existe una tremenda separación entre el mundo y los que él ha llamado del mundo. Por los demás, por los que están en el mundo, Jesús ora diciendo «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc. 23:34).

¿Qué pide Jesús al Padre?

En referencia a los verdaderos cristianos, Jesús hace cuatro peticiones en Juan 17 (v. 11-26):

En primer lugar, Jesús ora por protección para los suyos. Le pide al Padre que los guarde del mal en su peregrinaje por la tierra. Que no los quite del mundo, pero que los proteja en un mundo hostil. Y en efecto, Dios el Padre guarda a los suyos hasta el final porque a pesar del odio, la persecución y el desprecio del mundo hacia sus discípulos «ninguno se perdió, excepto el hijo de perdición» (v. 12).

En segundo lugar, Jesús ora por santidad para los suyos. Esta es sin duda la mayor protección en un mundo de oscuridad. La santidad protege a la Iglesia del Señor frente a los dardos de fuego del maligno. Así como el bombero se viste de amianto, la iglesia se viste de santidad. Pero esa santidad no se genera espontáneamente, sino a través de la Palabra: «Santíficalos en la verdad; tu Palabra es verdad» (v. 17). La Iglesia del Señor se mantiene santa habitando en la Palabra de Dios, porque la Palabra transforma los corazones.

En tercer lugar, Jesús ora por la unidad de la iglesia. Pide que sean «perfeccionados en unidad» (v. 23) para mostrar al mundo el evangelio de forma viva. Esta unidad es una unidad sobrenatural. El Nuevo Testamento da evidencias de la respuesta a la oración del Señor. La iglesia primitiva la componían judíos y griegos, romanos y samaritanos, y después de Pentecostés entraron en ella creyentes de toda raza, lengua y nación. Gentes que humanamente hablando serían incompatibles, pero en Cristo son hermanos con una misma fe y una misma esperanza.

En cuarto lugar, Jesús le pide al Padre por la glorificación de los creyentes. Jesús le ruega al Padre que los suyos puedan ver su gloria, y que estén con él por siempre (v. 24).

¿Por qué tipo de unidad ora?

En Juan 17 Jesús ruega por cuatro cosas para aquellos que el Padre le ha dado. Ora por nuestra protección, nuestra santidad, nuestra unidad y nuestra glorificación, para que podamos estar con él y ver su gloria (v. 1-6). La oración de Jesús es una realidad. La protección de los creyentes, la santidad de su pueblo, la unidad de los cristianos y la glorificación de sus hijos es algo tan cierto, que la Palabra incluso se refiere a ello en pasado, porque a ojos de Dios él ya nos glorificó (Ro. 8:30).

Nuestra glorificación es una realidad, y así mismo nuestra unidad en Cristo. La Iglesia de Cristo está unida, porque la unidad de los cristianos no es algo institucional que debamos fabricar, sino algo espiritual que Dios crea. No es la unidad político-teatral en la que tantos se esmeran. La unidad de los verdaderos cristianos es del mismo tipo que la que hay entre el Padre y el Hijo: «Para que todos sean uno. Como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros» (v. 21) ¡Somos uno en Cristo! (Ef. 4:4-6). Todos los que en verdad creen en el nombre del Señor han recibido el Espíritu Santo y forman parte de un solo Rebaño, un Cuerpo, una Nación, un Pueblo adquirido por Dios que es su Iglesia Universal (1 P. 2:9).

¿Qué pretende el ecumenismo?

La unidad de los creyentes en Cristo Jesús es una realidad que todo cristiano verdadero experimenta continuamente. Es una oración del Hijo contestada por el Padre. El ecumenismo que vemos en nuestros días no tiene nada que ver con la unidad de la que habla Juan 17. El ecumenismo de moda es una unidad de plástico que atiende a los intereses políticos de Roma. Al compás del Concilio Vaticano II, el movimiento ecuménico quiere acercar a todos los «hermanos separados» a la «santa madre iglesia». Según Roma, las iglesias evangélicas son solo «comunidades» que necesitan regresar allá donde —según ellos— continúa la sucesión apostólica.

Ecumenismo es un eufemismo para describir la ambición de Roma por recuperar su poder de antaño. El término «oikoumene» o «tierra habitada» se utilizaba en los tiempos del Imperio Romano para referirse a las tierras conquistadas. Hoy día la conquista no se pretende con dura represión sino con dulce persuasión. Ecumenismo es el nombre de la casita de chocolate en la que Roma espera que los Hansel y Gretel evangélicos acaben entrando.

¿Es más lo que nos une?

¿De verdad? Eso creen algunos. Es cierto que el catolicismo no niega la Trinidad, ni la doctrina de Jesucristo, ni las Sagradas Escrituras, ni la fe, ni la gracia… Pero lo más llamativo de las Solas de la Reforma no es lo que afirman, sino que afirman que creemos solo en lo que afirman, sin añadir nada más. Roma puede decir amén a todo lo que nosotros creemos, pero nosotros no a lo que ellos creen.

  • No creemos en la autoridad del papa, y no creemos que sea el sucesor de Pedro, porque la Roca sobre la cual Cristo construye su Iglesia es el testimonio de los apóstoles y profetas (Ef. 2:20). Dios es el Santo Padre, no el papa. Jesucristo es el Sumo Pontífice, no el papa. El Espíritu Santo es el Vicario de Cristo en la tierra, no el papa (Mt. 23:9).
  • No creemos en el magisterio de la iglesia romana. Creemos en la suficiencia de la Palabra de Dios, y rechazamos los dogmas, tradiciones y catecismos que deforman la verdad (2 Ti. 3:16; Col. 2:8).
  • No creemos que la iglesia de Roma tenga el copyright de los medios de gracia, ni que haya siete sacramentos, sino solo dos, que son el bautismo y la Cena del Señor como símbolos de realidades espirituales (Hch. 1:5; 1 Co. 11:23-27).
  • No creemos que la justificación dependa del bautismo, ni que el bautismo borre el pecado original. Cada creyente es salvo por medio de la fe en los méritos de Cristo (Lc. 23:42-43). La sangre del Cordero de Dios nos limpia de todo pecado y Dios nos declara justos por sus méritos (Ro. 5:1).
  • No creemos que los sacerdotes puedan perdonar los pecados, ni creemos en su intercesión, ni la de María, ni la de los santos, sino solo en la mediación de Cristo, a través del cual tenemos acceso al Padre (1 Ti. 2:5).
  • No creemos en el «evangelio» que predica Roma, porque Roma predica otro evangelio, enseñando que la sangre de Jesús no es suficiente, sacrificándolo de nuevo en cada misa, y añadiendo a su obra los méritos humanos (Ef. 2:8-9; Gá. 1:8).

¿De verdad es más lo que nos une? El ecumenismo pretende que las diferencias sean ignoradas, que oremos juntos, que nos llamemos hermanos, que no evangelicemos a los católicos para que Roma no pierda terreno frente al avance del Reino… Cinco siglos después, esas 95 tesis de Lutero aún siguen colgadas en la puerta de la catedral de Wittenberg, y Roma es también la misma de entonces. Volver al Vaticano es negar la verdad defendida por los reformadores y burlarse de la sangre de nuestros mártires. El ecumenismo es exactamente lo contrario a la Reforma.

Todos los cristianos que creemos (solo) en la verdad de la Palabra de Dios, estamos unidos con una unidad creada por Dios mismo. En nuestro caso, como escribió nuestro querido José Grau, «nuestro problema es ver cómo cultivamos un ecumenismo evangélico entre evangélicos», para acercarnos más a los que Cristo sacó del mundo, «porque a la desaprobación de lo que creemos errado debe seguir no sólo la protesta, sino la realización de lo que creemos es bíblico».[2]

No se trata de volver al Vaticano, sino de acercarnos juntos cada vez más a Cristo Jesús y su Santa Palabra.

[1] R. C. Sproul, Are We Together? A Protestant Analyzes Roman Catholicism [¿Estamos juntos en verdad? Un protestante analiza el catolicismo romano] (Orlando, FL: Reformation Trust Publishing, 2012), pos. 1965 de 2409.

[2] José Grau, El ecumenismo y la Biblia (Barcelona, España: Ediciones Evangélicas Europeas, 1973), 77.

David Barceló

David Barceló es originario de Palma de Mallorca, licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona, Master en Teología Bíblica por el Seminario Westminster en California (MA) y Doctor en Consejería Bíblica por el Seminario Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la ACBC (Association of Certified Biblical Couselors) y graduado en Consejería Bíblica por el Instituto de Consejería y Discipulado Bíblico de La Mesa, California (IBCD). Profesor de Consejería Bíblica en el seminario IBSTE de Castelldefels (Barcelona). David sirve en la Iglesia Evangélica de la Gracia en Barcelona desde sus inicios en 2005, siendo ordenado al pastorado en Junio de 2008. David y Elisabet están casados desde 1998 y son padres de cuatro preciosos hijos: Moisés, Daniel, Elisabet y Abraham.

http://sdejesucristo.org/podemos-estar-unidos-al-vaticano-unas-palabras-sobre-el-ecumenismo/

Invertir para Cristo

Jueves 25 Octubre

Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento.

Eclesiastés 12:1

Invertir para Cristo

Conocí a una cristiana mayor, enferma y muy dependiente. Había sido una profesora de idiomas muy activa y había viajado mucho. Ahora, casi sorda y ciega, vivía en casa de unos parientes.

Su buena actitud, su gozo sereno y su fe viva siempre reconfortaban a los que iban a visitarla. Estaba agradecida por los cuidados que recibía y alababa la bondad de su Señor. Se interesaba de forma especial en la vida de los creyentes y en las familias que iban a verla. Oraba por cada uno de esos creyentes durante sus largos insomnios. Expresaba su gozo por haber leído mucho la Biblia durante su juventud. Ahora recordaba capítulos enteros y numerosos himnos.

Durante su juventud había acumulado un capital espiritual, y ahora, que dependía totalmente de los demás, disfrutaba de lo que podríamos llamar «intereses espirituales», lo que también beneficiaba a otros.

El versículo de hoy no solo se dirige a los incrédulos, sino también a los hijos de Dios. El tiempo de la juventud es especialmente propicio para memorizar textos bíblicos e himnos cristianos, los cuales producirán un enriquecimiento interior que durará toda la vida. ¡Es una inversión segura!

“Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos… El que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace” (Santiago 1:22-25).

Deuteronomio 19 – Juan 11:38-57 – Salmo 119:41-48 – Proverbios 26:5-6

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Una doctrina sana para iglesias sanas

Una doctrina sana para iglesias sanas

Miguel Núñez

 

Miguel Núñez

​Miguel Núñez es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

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