Del llamamiento eficaz

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Capítulo Diez

Del llamamiento eficaz

X.1 A todos aquellos a quienes Dios ha predestinado para vida, y solamente a ellos, le agradó en su tiempo señalado y aceptado, llamarlos eficazmente, por medio de su Palabra y Espíritu,218 de aquél estado de pecado y muerte en el que están por naturaleza, al estado de gracia y salvación por medio de Jesucristo; iluminando sus mentes espiritual y salvíficamente para entender las cosas de Dios,220 quitándoles su corazón de piedra y dándoles uno de carne; renovando sus voluntades, y determinándoles a hacer lo que es bueno por su poder todopoderoso y acercándoles eficazmente hacia Jesucristo;223 de tal manera que vienen a Él más libremente, pues por su gracia son hechos dispuestos.

X.2 Este llamamiento eficaz proviene únicamente de la libre y especial gracia de Dios, no por cosa alguna previamente vista en el hombre, el cual es totalmente pasivo en ello, hasta que siendo vivificado y renovado por el Espíritu Santo,226 la persona es por ese medio capacitada para responder a este llamamiento y para abrazar la gracia ofrecida y trasmitida en él.

X.3 Los niños elegidos que mueren en la infancia, son regenerados y salvados por Cristo mediante el Espíritu, quien obra cuando, donde y como le agrade.229 De la misma manera son regeneradas y salvadas todas las otras personas elegidas que son incapaces de ser llamadas externamente por el ministerio de la Palabra.

X.4 Otros que no son elegidos, aunque sean llamados por el ministerio de la Palabra, y tengan ciertas operaciones comunes del Espíritu,232 sin embargo, nunca vienen verdaderamente a Cristo, y por lo tanto no pueden ser salvados; mucho menos pueden, los hombres que no profesan la religión cristiana, ser salvos de ninguna otra manera, aunque sean tan diligentes como para conformar sus vidas de acuerdo a la luz de la naturaleza, y a las leyes de aquella religión que profesan.234 Y el afirmar y mantener que ellos sí pueden salvarse, es muy pernicioso y debe ser detestado.

Alvarado, A. R. (Trad.). (2010). Los estándares de Westminster y la forma de gobierno de Westminster (pp. 40–43). Guadalupe, Costa Rica; San Juan, Puerto Rico: CLIR; Sola Scriptura.

Del libre albedrío

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Capítulo Nueve

Del libre albedrío

IX.1 Dios ha dotado a la voluntad del hombre con aquella libertad natural, de modo que no es forzada ni determinada hacia el bien o hacia el mal, por alguna necesidad absoluta de la naturaleza.

IX.2 El hombre, en su estado de inocencia, tenía libertad y el poder para desear y hacer lo que es bueno y agradable a Dios; pero esta inocencia era mutable, de tal manera que podía caer de ella.208

IX.3 El hombre, mediante su caída en el estado de pecado, ha perdido totalmente toda capacidad para querer algún bien espiritual que acompañe a la salvación; de tal manera que, un hombre natural, siendo completamente opuesto a aquel bien,210 y estando muerto en pecado, es incapaz de convertirse, o prepararse para ello, por su propia fuerza.212

IX.4 Cuando Dios convierte a un pecador y lo traslada al estado de gracia, lo libera de su esclavitud natural bajo el pecado, y sólo por su gracia lo capacita para desear y hacer libremente aquello que es espiritualmente bueno;214 pero a pesar de aquello, debido a la corrupción que aún queda en él, éste no obra perfectamente, ni desea solamente lo que es bueno, sino que desea también lo que es malo.

IX.5 Solamente en el estado de gloria, la voluntad del hombre es hecha perfecta e inmutablemente libre para hacer únicamente lo que es bueno.

Alvarado, A. R. (Trad.). (2010). Los estándares de Westminster y la forma de gobierno de Westminster (pp. 38–39). Guadalupe, Costa Rica; San Juan, Puerto Rico: CLIR; Sola Scriptura.

De la caída del ser humano, del pecado y su castigo

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Capítulo Seis

De la caída del ser humano, del pecado y su castigo

VI.1 Nuestros primeros padres, siendo seducidos por la sutileza y tentación de Satanás, pecaron al comer del fruto prohibido. Dios, según su sabio y santo consejo, quiso permitirles este pecado, proponiéndose ordenarlo para su propia gloria.125

VI.2 Por este pecado cayeron de su rectitud original y de su comunión con Dios,127 y de esta manera quedaron muertos en el pecado, y totalmente contaminados en todas las partes y facultades del alma y del cuerpo.129

VI.3 Siendo ellos la raíz de toda la humanidad, la culpa de este pecado fue imputada y la misma muerte en el pecado y la naturaleza corrompida fueron transmitidas a toda la posteridad que desciende de ellos por generación ordinaria.

VI.4 De esta corrupción original (por la cual estamos totalmente impedidos, inhabilitados y opuestos a todo bien, y completamente inclinados a todo mal)133 proceden todas las demás transgresiones.

VI.5 Esta corrupción de la naturaleza permanece durante esta vida en aquellos que son regenerados; y a pesar de que por medio de Cristo sea perdonada y mortificada, sin embargo, dicha naturaleza, tanto en sí misma, como todos sus efectos son verdadera y propiamente pecado.136

VI.6 Todo pecado, tanto original como propio, siendo una transgresión de la justa ley de Dios, y contrario a ella, por su propia naturaleza trae la culpa sobre el pecador,138 por lo cual, éste queda supeditado a la ira de Dios y a la maldición de la ley,140 y de esta manera queda sujeto a la muerte, con todas las miserias espirituales,142 temporales y eternas.144

Alvarado, A. R. (Trad.). (2010). Los estándares de Westminster y la forma de gobierno de Westminster (pp. 24–26). Guadalupe, Costa Rica; San Juan, Puerto Rico: CLIR; Sola Scriptura.

De la providencia

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Capítulo Cinco

De la providencia

V.1 Dios, el gran Creador de todas las cosas, sostiene, dirige, dispone y gobierna a todas las criaturas, las acciones y las cosas,98 desde la más grande hasta la más pequeña, por medio de su más sabia y santa providencia,100 según su infalible presciencia y el libre e inmutable consejo de su propia voluntad,102 para alabanza de la gloria de su sabiduría, poder, justicia, bondad y misericordia.

V.2 Aunque todas las cosas acontecen inmutable e infaliblemente con relación a la presciencia y decreto de Dios, quien es la causa primera; sin embargo, por la misma providencia, Él las ha ordenado para que sucedan de acuerdo con la naturaleza de las causas secundarias ya sea necesaria, libre o contingentemente.105

V.3 En su ordinaria providencia, Dios hace uso de medios; no obstante, es libre de obrar sin ellos,107 sobre ellos y contra ellos,109 según le plazca.

V.4 El poder todopoderoso, la inescrutable sabiduría y la infinita bondad de Dios, se manifiestan de tal manera en su providencia que se extiende hasta la primera caída y a todos los otros pecados de ángeles y de los seres humanos; y eso no por un mero permiso,111 sino también limitándolos de manera sapientísima y poderosísima, ordenándolos y gobernándolos de varias maneras en una dispensación multiforme para sus propios fines santos; pero de tal modo que lo pecaminoso sólo procede de la criatura,113 y no de Dios, quien es santísimo y justísimo, y no es ni puede ser el autor o aprobador del pecado.

V.5 El más sabio, justo y clemente Dios, muchas veces, por un tiempo, deja a sus propios hijos en diversas tentaciones y en la corrupción de sus propios corazones, para castigarlos por sus pecados anteriores o para descubrirles la fuerza oculta de la corrupción y de lo engañoso de sus corazones a fin de que se humillen; y para elevarlos a una más íntima y constante dependencia de la ayuda de Dios, y para hacerlos más cuidadosos ante todas las ocasiones futuras de pecado, y para otros fines santos y justos.116

V.6 En cuanto a los seres humanos malvados e impíos, a quienes Dios, como Juez justo, los ha cegado y endurecido por sus pecados anteriores, no sólo les niega su gracia, por la cual podrían haber sido iluminados en sus entendimientos y obrado en sus corazones,118 sino que también algunas veces les retira los dones que ya tenían y los expone a cosas tales que su corrupción las hace ocasión de pecado; y a la vez los entrega a sus propias concupiscencias, a las tentaciones del mundo y al poder de Satanás.121 Por lo cual, sucede que se endurecen a sí mismos, inclusive bajo aquellos medios que Dios usa para ablandar a otros.

V.7 Aunque la providencia de Dios, en general, alcanza a todas las criaturas, así también, de una manera muy especial cuida de su iglesia y dispone todas las cosas para el bien de ella.

Alvarado, A. R. (Trad.). (2010). Los estándares de Westminster y la forma de gobierno de Westminster (pp. 19–23). Guadalupe, Costa Rica; San Juan, Puerto Rico: CLIR; Sola Scriptura.

De la creación

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Capítulo Cuatro

De la creación

IV.1 Agradó a Dios el Padre, Hijo y Espíritu Santo, para la manifestación de la gloria de su eterno poder, sabiduría y bondad,87 en el principio, crear o hacer de la nada el mundo y todas las cosas que hay en él, ya sean visibles o invisibles, en el período de seis días y todas muy buenas.

IV.2 Después que Dios hubo hecho todas las demás criaturas, creó al ser humano, varón y hembra, con almas racionales e inmortales,90 dotados de conocimiento, justicia y verdadera santidad, según su propia imagen. Ellos tenían la ley de Dios escrita en sus corazones92 y el poder para cumplirla; y sin embargo, con la posibilidad de transgredirla, siendo dejados a la libertad de su propia voluntad, la cual estaba sujeta a cambio.94 Además de esta ley escrita en sus corazones, ellos recibieron el mandamiento de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, y mientras ellos guardaron este mandamiento fueron felices en su comunión con Dios, y tenían dominio sobre las criaturas.96

Alvarado, A. R. (Trad.). (2010). Los estándares de Westminster y la forma de gobierno de Westminster (pp. 17–18). Guadalupe, Costa Rica; San Juan, Puerto Rico: CLIR; Sola Scriptura.

Del decreto eterno de Dios

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Capítulo Tres

Del decreto eterno de Dios

III.1 Dios, desde toda la eternidad, por el sapientísimo y santísimo consejo de su propia voluntad, ordenó libre e inmutablemente todo lo que acontece; pero de tal manera que Él no es el autor del pecado,66 ni violenta la voluntad de las criaturas, ni quita la libertad o contingencia de las causas secundarias, sino que más bien las establece.

III.2 Aunque Dios sabe todo lo que podría o puede acontecer bajo todas las condiciones posibles; sin embargo, no ha decretado nada porque lo previó como futuro, o como aquello que acontecería bajo tales condiciones.69

III.3 Por el decreto de Dios, y para la manifestación de su gloria, algunos seres humanos y ángeles son predestinados y pre-ordenados para vida eterna, y otros pre-ordenados para muerte eterna.71

III.4 Estos ángeles y seres humanos así predestinados y preordenados, están particular e inmutablemente designados, y su número es tan cierto y definido, que no se puede aumentar ni disminuir.

III.5 A aquéllos de la humanidad que están predestinados para vida, Dios, según su eterno e inmutable propósito, y el consejo secreto y beneplácito de su voluntad, los ha escogido en Cristo para gloria eterna, antes que fueran puestos los fundamentos del mundo, por su pura y libre gracia y amor, sin la previsión de la fe o buenas obras, o la perseverancia en ninguna de ellas, o de cualquier otra cosa que haya en las criaturas, como condiciones o causas que le muevan a ello,74 y todo para la alabanza de la gloria de su gracia.

III.6 Puesto que Dios ha designado a los elegidos para gloria, así también, por el eterno y más libre propósito de su voluntad, ha ordenado todos los medios para ello. Por lo cual, los que son elegidos, estando caídos en Adán, son redimidos por Cristo,77 son eficazmente llamados a la fe en Cristo por su Espíritu que obra a su debido tiempo, son justificados, adoptados, santificados y por su poder son guardados para salvación por medio de la fe.79 No hay otros que sean redimidos por Cristo, eficazmente llamados, justificados, adoptados, santificados, y salvos, sino solamente los elegidos.

III.7 Al resto de la humanidad por su pecado, agradó a Dios pasarla por alto y destinarla a deshonra e ira, según el inescrutable consejo de su propia voluntad, por el cual extiende o retiene misericordia como a Él le place para la gloria de su poder soberano sobre las criaturas, para la alabanza de su gloriosa justicia.

III.8 La doctrina de este alto misterio de la predestinación debe tratarse con especial prudencia y cuidado, para que los seres humanos al prestar atención a la voluntad de Dios revelada en su Palabra, y al rendir obediencia a ella, por la certeza de su vocación eficaz, estén seguros de su elección eterna. Así que esta doctrina debe ser motivo de alabanza, reverencia y admiración a Dios,84 y de humildad, diligencia y abundante consuelo a todos los que sinceramente obedecen el Evangelio.

Alvarado, A. R. (Trad.). (2010). Los estándares de Westminster y la forma de gobierno de Westminster (pp. 12–16). Guadalupe, Costa Rica; San Juan, Puerto Rico: CLIR; Sola Scriptura.

De Dios y la Santa Trinidad

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Capítulo Dos

De Dios y la Santa Trinidad

II.1 Hay un solo Dios, vivo y verdadero,26 quien es infinito en su ser y perfección, un Espíritu purísimo,28 invisible, sin cuerpo, partes30 o pasiones. Es inmutable,32 inmenso, eterno,34 incomprensible, todopoderoso,36 sapientísimo, santísimo,38 totalmente libre y absolutísimo.40 Hace todas las cosas según el consejo de su propia inmutable y justísima voluntad para su propia gloria.42 Es amorosísimo, benigno, misericordioso, paciente, abundante en bondad y verdad. Perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado44 y es galardonador de aquellos que le buscan diligentemente. Además, es justísimo y terrible en sus juicios,46 que detesta todo pecado, y que de ninguna manera declarará como inocente al culpable.48

II.2 Dios tiene, en sí mismo y por sí mismo, toda vida, gloria,50 bondad y bienaventuranza.52 Él es el único todosuficiente, en y por sí mismo, no teniendo necesidad de ninguna de sus criaturas hechas por Él, ni derivando gloria alguna de ellas,54 sino que manifiesta su propia gloria en ellas, por ellas, hacia ellas y sobre ellas. Él es la única fuente de toda existencia, de quien, por quien y para quien son todas las cosas; teniendo el más soberano dominio sobre ellas para hacer por medio de ellas, para ellas o sobre ellas todo lo que a Él le plazca.56 Todas las cosas están abiertas y manifiestas ante su vista; su conocimiento es infinito, infalible, independiente de toda criatura58 de tal manera que para Él nada es contingente o incierto. Él es santísimo en todos sus consejos, en todas sus obras y en todos sus mandamientos.60 A Él son debidos toda adoración, servicio y obediencia que a Él le place requerir de los ángeles, de los seres humanos y de toda criatura.

II.3 En la unidad de la Divinidad hay tres personas, de una misma sustancia, poder y eternidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. El Padre no es engendrado ni procede de nadie. El Hijo es eternamente engendrado del Padre,63 y el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo.

Alvarado, A. R. (Trad.). (2010). Los estándares de Westminster y la forma de gobierno de Westminster (pp. 8–11). Guadalupe, Costa Rica; San Juan, Puerto Rico: CLIR; Sola Scriptura.

De las Sagradas Escrituras

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La Confesión De Fe

Capítulo Uno

De las Sagradas Escrituras

I.1 Aunque la luz de la naturaleza, las obras de la creación y providencia manifiestan la bondad, la sabiduría y el poder de Dios de tal manera que los seres humanos no tienen excusa delante de Dios; sin embargo, éstas no son suficientes para dar aquel conocimiento de Dios y de su voluntad que es necesario para la salvación.2 Por lo tanto, agradó al Señor, en diferentes épocas y de diversas maneras, revelarse a sí mismo y declarar su voluntad a su iglesia. Luego, para la mejor preservación y propagación de la verdad, y para el establecimiento y consuelo más seguros de la iglesia contra la corrupción de la carne, la malicia de Satanás y del mundo, le agradó también poner por escrito dicha revelación, en forma completa.4 Ello hace que las Santas Escrituras sean de lo más necesarias, puesto que ahora han cesado ya aquellos modos anteriores por los cuales Dios reveló su voluntad a su pueblo.6

I.2 Bajo el nombre de Santas Escrituras o Palabra de Dios escrita están contenidos todos los libros del Antiguo y Nuevo Testamentos, todos los cuales fueron dados por inspiración de Dios para que sean la regla de fe y vida. Estos libros son:

del Antiguo Testamento

Génesis

Éxodo

Levítico

Números

Deuteronomio

Josué

Jueces

Ruth

II Crónicas

Esdras

Nehemías

Esther

Job

Salmos

Proverbios

Eclesiastés

Daniel

Oseas

Joel

Amós

Abdías

Jonás

Miqueas

Nahum

I Samuel

II Samuel

I Reyes

II Reyes

I Crónicas

Cantar de los Cantares

Isaías

Jeremías

Lamentaciones

Ezequiel

Habacuc

Sofonías

Hageo

Zacarías

Malaquías

del Nuevo Testamento

Los Evangelios según:

Mateo

Marcos

Lucas

Juan

Los Hechos de los Apóstoles

Las Epístolas de Pablo a los:

Romanos

I Corintios

II Corintios

Gálatas

Efesios

Filipenses

Colosenses

I Tesalonicenses

II Tesalonicenses

I Timoteo

II Timoteo

Tito

Filemón

La Epístola a los Hebreos

La Epístola de Santiago

Las 1a y 2a Epístolas de Pedro

Las 1a y 2a, y 3a Epístolas de Jaun

La Epístola de Judas

El Apocalipsis de Juan

I.3 Los libros comúnmente llamados Apócrifos no siendo de inspiración divina, no son parte del canon de la Biblia, y por tanto no tienen autoridad en la Iglesia de Dios, ni deben ser aprobados o usados de otra manera que como escritos humanos.

I.4 La autoridad de las Sagradas Escrituras, por la cual deben ser creídas y obedecidas, no depende del testimonio de ningún ser humano o iglesia, sino enteramente de Dios (quien es la Verdad en sí mismo), el autor de ellas, y por lo tanto deben ser recibidas porque son la Palabra de Dios.

I.5 El testimonio de la iglesia puede movernos e inducirnos a tener una estimación alta y reverencial por las Santas Escrituras. Asimismo, constituyen argumentos por los cuales ellas evidencian abundantemente, por sí mismas, ser la Palabra de Dios: el carácter celestial de su contenido, la eficacia de su doctrina, la majestad de su estilo, la armonía de todas sus partes, el propósito de todo su conjunto (que es dar toda gloria a Dios), la plena revelación que hacen del único camino de la salvación del ser humano, las muchas otras incomparables excelencias y su total perfección. Sin embargo, nuestra completa persuasión y seguridad de su infalible verdad y de su autoridad divina, proviene del Espíritu Santo que obra en nuestro interior, dando testimonio en nuestros corazones11 mediante la Palabra y con la Palabra.

I.6 La totalidad del consejo de Dios concerniente a todas las cosas necesarias para su propia gloria y para la fe, vida y salvación del ser humano, está expresamente expuesto en las Escrituras, o por buena y necesaria consecuencia puede deducirse de ellas, a las cuales nada debe añadirse en ningún tiempo ya sea por nuevas revelaciones del Espíritu o por tradiciones humanas. Sin embargo, reconocemos que la iluminación interna del Espíritu es necesaria para una comprensión salvífica de las cosas reveladas en ellas.13 Reconocemos también que hay algunas circunstancias concernientes a la adoración de Dios y al gobierno de la Iglesia, comunes a todas las acciones y sociedades humanas, que deben ordenarse conforme a la luz de la naturaleza y la prudencia cristiana, según las reglas generales de la Palabra, las cuales siempre han de ser obedecidas.

I.7 Todas las cosas en las Escrituras no son igualmente evidentes en sí mismas, ni igualmente claras para todos. Sin embargo, todas aquellas cosas que son necesarias obedecer, creer y observar para la salvación están claramente propuestas y expuestas en uno u otro lugar de las Escrituras, para que no sólo los eruditos, sino también los que no son eruditos lleguen a una comprensión suficiente de ella mediante el debido uso de los medios ordinarios.16

I.8 El Antiguo Testamento fue escrito en el idioma hebreo (que era la lengua del pueblo de Dios desde tiempos muy antiguos) y el Nuevo Testamento fue escrito en el idioma griego (que era un idioma muy conocido por todas las naciones de aquel entonces). El Antiguo Testamento en hebreo y el Nuevo Testamento en griego, siendo directamente inspirados por Dios y conservados puros en todos los tiempos por su singular cuidado y providencia, son por lo tanto auténticos. Por esta razón, en toda controversia religiosa, la iglesia debe apelar a ellos.18 El pueblo de Dios tiene derecho a las Escrituras y también tiene interés en ellas. Es más, se le ha ordenado leerlas y escudriñarlas en el temor de Dios. Pero como los idiomas originales de las Escrituras no son conocidos por todo el pueblo de Dios, éstas deben traducirse al idioma vernáculo de toda nación a donde lleguen.20 Esto tiene como finalidad que la Palabra de Dios more abundantemente en todos, para que adoren a Dios de manera aceptable, y para que tengan esperanza mediante la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras.22

I.9 La regla infalible de la interpretación de la Escritura es la Escritura misma. Por tanto, cuando hay duda acerca del total y verdadero sentido de algún texto (el cual no es múltiple sino único), debe investigarse y entenderse mediante otras partes que hablen más claramente.

I.10 El Espíritu Santo, que habla en la Escritura, y de cuya sentencia debemos depender, es el único Juez Supremo por quien deben decidirse todas las controversias religiosas, y por quien deben examinarse todos los decretos de los concilios, las opiniones de los antiguos escritores, las doctrinas humanas y las opiniones individuales.

Alvarado, A. R. (Trad.). (2010). Los estándares de Westminster y la forma de gobierno de Westminster (pp. 1–7). Guadalupe, Costa Rica; San Juan, Puerto Rico: CLIR; Sola Scriptura.

Usted es la persona indicada, 2ª Pte.

Usted es la persona indicada, 2ª Pte.

John MacArthur

              Pablo, en su segundo viaje misionero, cumplió el ministerio que Dios había planeado para Galacia, una provincia grande del imperio romano. Él fortaleció, animó y confirmó exitosamente a los santos. La tarea, en ese entonces, se cumplió. Pero Pablo no había terminado, él se estaba moviendo. Él fue un modelo de persistencia.

             Pablo se fue al oeste, sin saber específicamente la voluntad de Dios, pero estaba en movimiento para que Dios lo pudiera guiar. La siguiente provincia fue Asia menor con sus ciudades de Éfeso, Esmirna, Filadelfia, Laodicea, Colosas, Sardis, Pérgamo y Tiatira. Pablo se fue con Silas y Timoteo hacia Asia Menor, emocionado por el prospecto de llevarle el evangelio a la gente de allí.

             De repente, como si fuera una muralla de concreto en una autopista, el Espíritu Santo les prohibió predicar el evangelio en Asia (Hech. 16:6). No sabemos cómo Dios los detuvo, pero lo hizo. La puerta cerrada cambió su dirección y se fueron al norte a Misia, esperando entrar a la provincia de Bitinia. “Pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió” (16:7). Otra barrera en el camino. Se les había detenido de ir al norte, al sur y al este, hacia Galacia. ¿Y ahora qué? A estas alturas podríamos haber dicho: “Todas las puertas están cerradas, será mejor que nos vayamos a casa”. Pero Pablo no dijo eso. ¡Todavía quedaba el oeste! De manera que siguieron la frontera entre Asia Menor y Bitinia hacia el oeste hasta que llegaron al mar Egeo. Estaban en la ciudad playera de Troas, “y por la noche se le mostró a Pablo una visión en la que un hombre de Macedonia estaba de pie rogándole y diciendo: ‘¡Pasa a Macedonia y ayúdanos!’” (Hech. 16:9). Nunca más se volvería a considerar al cristianismo como otro culto asiático. Se estaba dirigiendo a Europa, toda una cultura diferente, ¡un nuevo mundo!

             Dios quiso que estuvieran en Macedonia todo el tiempo. Pero nunca se los dijo hasta que demostraron su fe y persistencia y no podían dar otro paso más.

             Manténgase en movimiento, ¡qué principio! Hay tantas personas que se quedan sentadas esperando que la grúa celestial los mueva y dicen: “No sé lo que Dios quiere que haga”. Ellos necesitan comenzar a moverse para que Dios pueda guiarlos a esa área de servicio que él ha planificado. Conocer la voluntad de Dios puede significar a caminar por un camino estrecho hasta llegar a un callejón sin salida. En ese momento, Dios abrirá una puerta tan ancha que usted no podrá ver lo que está a su alrededor, ¡sino sólo a través de ella!

             ¿Cuál fue la respuesta de Pablo? Se encuentra registrada en el libro de Hechos: “En cuanto vio la visión, de inmediato procuramos salir para Macedonia, teniendo por seguro que Dios nos había llamado para anunciarles el evangelio” (Hech. 16:10).

             Pablo respondió inmediatamente y esa es la única reacción cuando un corazón persistente se encuentra con una puerta abierta.

             Me acuerdo cuando era niño y me iba al parque de diversiones y pagaba unos pocos centavos para perderme en un laberinto. Estaba lleno de espejos, espacios abiertos y vidrios transparentes. La idea era encontrar los espacios abiertos y abrirse paso para salir del laberinto. Un niñito se rindió y se quedó parado en un lugar llorando hasta que viniera su mamá. ¡Yo no! Yo me golpeaba con los vidrios y los espejos hasta encontrar los espacios abiertos y salía después de 15 minutos.

             Usted puede rebotar contra muchas puertas cerradas, pero esa es la forma en que Dios lo guía a la fuerza hacia la puerta que él tiene abierta. ¡Muévase! Sea persistente.

             ¿Sabe qué? La voluntad de Dios no es primordialmente un lugar. La voluntad de Dios no es, ante todo, un sitio donde ir o un lugar donde trabajar. La voluntad de Dios tiene que ver con usted como persona. Si usted es una persona que está en la condición correcta, entonces puede seguir sus deseos y cumplirá así con la voluntad de él.

             “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, que es vuestro culto racional. NO os conforméis a este mundo; más bien, transformaos por la renovación de vuestro entendimiento, de modo que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Rm. 12:1,2).

             Y cualquier cosa que pase en su vida, a lo largo de su recorrido dé gracias, porque “esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús” (1 Tes. 5:18). Él está usando eso para amoldarlo a su voluntad.

Extraído del libro, “La voluntad de Dios” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Mundo Hispano. 

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Éxodo 8 | Lucas 11 | Job 25–26 | 1 Corintios 12

25 FEBRERO

Éxodo 8 | Lucas 11 | Job 25–26 | 1 Corintios 12

1 Corintios 12 comienza una unidad de tres capítulos que trata de lenguas, profecía y otros “dones de gracia” (charismata), y su relación con el amor, que es el “camino” supremo (no un don) para el cristiano. Podemos seguir al menos cómo fluye el pensamiento.

En primer lugar, 1 Corintios 12:4–6 afirma que hay diversidad de dones pero solo una fuente. La referencia implícita a la Trinidad es sorprendente: diferentes dones, dados por el mismo Espíritu; diferentes tipos de servicio, pero el mismo Señor [Jesús]; diferentes tipos de obra, pero el mismo Dios. Esto no significa que Pablo esté dividiendo estas cosas de forma absoluta, como si, por ejemplo, los dones viniesen del Espíritu pero no de Jesús o de Dios. Más bien, se trata de un recurso del predicador para dejar claro que, por muy diversos que sean los dones y las gracias, únicamente existe una fuente: el Dios trino.

En segundo lugar, Pablo se extiende en este principio de unidad entrelazando toda esta diversidad (12:7–12). Los muchos dones mencionados, el mensaje de sabiduría, el de conocimiento, la fe, los dones de sanación y demás, no solo constituyen manifestaciones del único Espíritu, sino que su propósito principal es el bien común (12:7). Así que, tanto por su fuente como por su propósito, sirven a la unidad en su diversidad. Además, aunque Pablo dirá, en un momento dado, que los cristianos deben buscar mayores dones (12:31), aquí declara que en definitiva es el Espíritu quien los distribuye como cree conveniente, lo cual significa que nunca debe haber soberbia por tener este o aquel don, ni se debe codiciar el que pueda tener otra persona.

En tercer lugar, el tema del capítulo se explica en una analogía (12:12–20). El cuerpo es uno, pero está formado por muchas partes que deben funcionar juntas. La analogía es apropiada, pues Cristo bautizó a los cristianos en un Espíritu (que aquí es el medio en que ellos son bautizados, no el agente que lo lleva a cabo, que es Cristo) dentro de un cuerpo, la iglesia. Claramente, todas las partes del mismo son necesarias: no serviría de nada que el cuerpo fuese un gigantesco globo ocular, por ejemplo. Así pues, debe mantenerse la diversidad y la distribución de dones en la iglesia.

En cuarto lugar, se deduce, además, que ninguna parte del cuerpo tiene derecho a decir a otra que no se le quiere o necesita (12:21–27). De hecho, en cierto sentido, se debe conceder más honra a las partes menos presentables precisamente porque de lo contrario no lo tendrían. Debe existir tanta empatía entre las diversas partes, que si una de ellas recibe honra, todas se sienten honradas; si una parte sufre, todas sufren.

Aunque las aplicaciones para la iglesia son obvias, Pablo se preocupa de explicarlas detenidamente (12:27–31).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 56). Barcelona: Publicaciones Andamio.