8-¿Es una secta…? – La iglesia

¿Es una secta…? – La iglesia

a1Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia. (1 Pedro 2:9–10)

A continuación se incluyen preguntas sobre la iglesia en sí para poder discernir si ésta va por el buen camino:

1. ¿Mantiene la congregación comunión con otras iglesias, o existe el sentir de que «somos los únicos con la verdad»? La secta cree ser única poseedora de la verdad, por lo tanto no se junta con otras iglesias. Durante un tiempo, Benjamín, un miembro de nuestra congregación, mantuvo un diálogo con dos compañeros de trabajo que eran miembros de una semisecta. Debatían cuál es la iglesia verdadera. Benjamín insistía en que Jesús es el camino, la verdad, y la vida (Juan 14:6), y que hay un sinnúmero de iglesias fieles a esta verdad central. En cambio, los amigos alegaban que sólo la iglesia de ellos predicaba la verdad, e invitaron a Benjamín a que asistiera a su grupo para observar. Benjamín, sin ningún problema respondió que sí, poniendo como única condición que después ellos asistieran a nuestra congregación. Sus dos amigos se miraron con temor en los ojos.

—No podemos —fue su respuesta—. Nuestra pastora no permite que asistamos a las reuniones de otros grupos.

¿Por qué no se les permitía a estos jóvenes gozar de la comunión de otras iglesias? Por algunas de las mismas razones que, a veces, iglesias evangélicas no desean que sus congregantes visiten otras iglesias: a) Para no perderlos; b) por la sospecha de que encontrarán «algo» de su agrado que nosotros no tenemos o no hacemos; c) para que no se contaminen.

Sin embargo, en el caso de las sectas, éstas temen perder control sobre las vidas de los feligreses si ellos observan la libertad en Cristo que gozan los verdaderos discípulos de Cristo.

Nunca olvidaré cómo gritó de alegría un joven, ex líder del grupo juvenil de una secta, cuando recibió al Salvador. Abrió la ventana y exclamó en voz alta: «¡Soy libre, soy libre, soy libre!»

Una de las grandes bendiciones que disfrutamos como cristianos es la unidad en Cristo y el poder declarar a un mundo perdido que «somos uno en Cristo» (Sal. 133; Gá. 3:28). No es buena señal cuando a los integrantes de un grupo se los priva de gozar de esta gran bendición.

2. ¿Se pide lealtad a Jesucristo, o al grupo y al líder? Un objetivo de la secta es que el individuo deje sus opiniones personales y en su lugar asuma las opiniones de los líderes. El razonamiento es que los líderes son más sabios que nosotros en temas espirituales y sus criterios están dados para nuestro bien. Durante el retiro al que asistieron Joel y Cristina con sus amigos, hubo oportunidad de dar testimonio. Puesto que esa iglesia enseña un sistema de obras humanas, no es de sorprenderse que la gente diera gloria a la iglesia, a su grupo de discipulado y al líder del grupo de discipulado, pero poca gloria a Dios. Para ellos es importante ser fiel a la congregación local y a los pastores.1 Sin embargo, cuando las exigencias están por encima de la Biblia y toman el lugar de Jesucristo, la resultante obediencia no es lealtad a Jesucristo sino un abuso por parte de los líderes. El fiel predicador de una iglesia verdadera enseña la Biblia y pide lealtad a Jesucristo (2Timoteo 4:1–4), y promueve el crecimiento en la vida de todos en la congregación (Efesios 4:11–16).

3. Para estar en plena comunión, ¿debe uno conformarse a una lista de reglamentos humanos? Toda iglesia verdadera cuenta con ciertas normas para ser miembro en plena comunión (por ejemplo, ser verdadero cristiano, bautizarse, haber asistido a una clase de membresía). Pero la secta (o el grupo que está convirtiéndose en secta) va más allá de los requisitos normales y establece cierto legalismo para mantenerse fiel a Dios.2 El legalismo apela al ego pero nunca desarrolla discernimiento. El legalismo quita la responsabilidad al individuo y la pone en manos de una persona o un grupo de personas que dirige la iglesia (y como ya mencionamos, pocas veces los líderes obedecen su propia lista de reglas —Gálatas 6:13). El legalismo condena a la persona a una vida de inmadurez espiritual (en el mejor de los casos) y cierra la puerta del cielo (en el peor de los casos). Es posible ser sincero, ser religioso, obedecer mandamientos, vivir una vida severa y, sin embargo, no entrar en el reino de Dios.

Francisco y Ana se convirtieron a Cristo en nuestra iglesia. Empezaron a crecer en la fe hasta que se les cruzó gente de una secta. A esto se sumó una riña con otro miembro de la congregación, y terminaron yéndose a dicha secta. Meses después cuando volvimos a verlos, notamos soberbia y celo por sus nuevas creencias, que entre otras doctrinas especifica que para ser aceptado por Dios uno debe ser vegetariano. Hay cierta «gloria» (gloria pasajera) en las obras de la carne (2 Corintios 3:7). Sin embargo, Cristo vino para redimirnos de «obras muertas» (Hebreos 9:14) y darnos una gloria permanente que es Cristo en el corazón, algo que nunca terminará (2 Corintios 3:17–18).

No pensemos que el legalismo es sólo un problema de nuestro tiempo. Los fariseos sufrían del mismo mal en el primer siglo de esta era. Usando el legalismo como trasfondo, Jesús dice: «Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos» (Mateo 5:20). Es posible contrastar el legalismo (personificado por la vida de los fariseos) con la justicia que Cristo produce.

J U S T I C I A

Fariseos

Cristo

1. Externa

1. Interna

2. Apariencia

2. Del corazón

3. Fabricada

3. Genuina

4. De la carne

4. Del Espíritu

5. Impresionar al hombre u obtener el favor de Dios

5. Agradar a Dios y servir al hombre

6. Resultado: orgullo

6. Resultado: humildad

4. El grupo en cuestión, ¿enseña la gracia y la misericordia de Dios hacia los pecadores? Al llegar a un grupo con características sectarias, es común que el aspirante descubra no un Dios de gracia y misericordia sino un dios que demanda activismo para probar que somos siervos dignos. La persona no encuentra gracia sino obras externas sin una realidad interna. No halla luz y vida sino autoridad humana y una carga de culpa insoportable. En contraste, Jesús afirma: «…mi yugo es fácil, y ligera mi carga» (Mateo 11:30). El apóstol Pablo, un sectario convertido al evangelio de la gracia, ofrece una apta descripción de los sectarios: «…tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita» (2Timoteo 3:5).

5. ¿Tiene prioridad la iglesia por sobre la familia? Abundan ejemplos de sectas que declaran que el miembro ya forma parte de otra familia (la congregación), y por lo tanto no es necesario obedecer ni honrar a su familia carnal. Tanta es la lealtad que exigen, que a veces los mismos familiares no saben dónde se halla la persona. Mientras escribía este libro, se hizo pública la triste noticia del suicidio masivo de treinta y nueve miembros de una secta en California. Entre la cantidad de historias escritas acerca del grupo, estaba la de una familia que durante dos años estuvo buscando a su hija. No habían recibido de ella ni siquiera una nota.

Nuestro propósito al escribir este libro es hablar sobre las marcas que revelan que un grupo está en terreno peligroso, al borde de convertirse en secta. A continuación relato algo que ocurrió en una semisecta cuyo fundador se ha divorciado dos veces debido a que sus «esposas no fueron útiles en el ministerio». Una joven pareja que sólo hacía un año que asistía a esta semisecta, siguiendo el consejo del líder, no invitó a sus padres inconversos a su boda a fin de no contaminar la ceremonia matrimonial. Por supuesto los padres quedaron decepcionados y ya no quieren saber nada del «cristianismo».

El proceso de privar a alguien de la compañía de amigos y familiares que no pertenecen al grupo, muchas veces está más implícito que explícito en las enseñanzas del grupo. Por ejemplo, es común escuchar «…no hables con tus padres sobre lo que pasa en el grupo porque no van a entender». Para la secta, cualquier persona que no adhiere al grupo es un inconverso, un pagano o un no-cristiano.

Por otra parte, la Biblia promueve la obediencia de los hijos a los padres (Colosenses 3:20; Efesios 6:1), indica la necesidad de honrarlos (Efesios 6:2), y de proveer para ellos cuando tengan edad avanzada (1 Timoteo 5:8, 16) aunque sean inconversos. Si hay distanciamiento entre los miembros de una familia, que sea por la cruz de Cristo e iniciado por quienes rechazan el verdadero evangelio (Mateo 10:34–38; Lucas 12:51–53).

6. ¿Se administra el dinero con honestidad e integridad? En un caso que los medios de comunicación hicieron famoso, los miembros de una secta fueron obligados a entregar todas sus pertenencias al cuidado del grupo y a permitir que los líderes administraran el dinero. En la secta típica existe una nube oscura y densa sobre el manejo del dinero.

Tiene que haber integridad en la administración del dinero en la iglesia y en grupos paraeclesiásticos. El pastor que hoy quiera mantener un testimonio transparente, debe mantenerse totalmente ajeno al manejo del dinero. Conviene que reciba un sostén fijo y ¡absolutamente nada más! La administración debe estar a cargo de otros cristianos santos y los libros de contabilidad deben permanecer abiertos a la inspección. En una secta esto sucede muy pocas veces.

7. ¿Requiere el grupo que un miembro esté «cubierto», «discipulado» o «pastoreado» a tal grado que deba rendir cuentas ante el pastor o el discipulador de todas sus acciones, incluyendo las que no están específicamente delineadas en la Biblia? Cada gran error comienza con una verdad. En nuestras iglesias existe falta de discipulado. Sin embargo, la secta o semisecta lleva esto al extremo de controlar y manipular la vida de los feligreses. Ha habido casos donde los grupos de discipulado forman una pirámide o cadena de mando que coloca al pastor principal en la cumbre. El modelo que los grupos imitan no es Jesucristo, a pesar de que afirmen que sí; el modelo es este pastor, ungido, apóstol o líder.

Conozco el caso de una mujer que recibió la profecía de que cierta joven debía casarse con cierto muchacho en la congregación. La chica, no queriendo desobedecer «la voz de Dios», trató de empezar a conocer al joven mencionado en la profecía. Para su horror, descubrió que asistía a los cultos por las lindas muchachas y no era un verdadero cristiano. Poco tiempo transcurrió hasta que él salió de la iglesia por cuenta propia. La joven me explicó que no había hecho nada pero no olvidó el incidente. Meses más tarde ocurrió de nuevo: hubo otra profecía de que ella debía casarse con otro muchacho, que esta vez por lo menos era creyente. La joven me confesó: —Es un buen chico, pero no era para mí, y yo estaba confundida.

Ella acudió al director de su grupo de discipulado pues debía rendirle cuentas de sus acciones y recibir aprobación para tomar decisiones. El líder del grupo le advirtió que era necesario obedecer la profecía. Ella objetó y apeló al pastor principal. Como resultado, la disciplinaron por «rebeldía». La tarea de la iglesia es hacer discípulos de Cristo enseñando principios bíblicos a fin de que los fieles aprendan tomar decisiones agradables a Dios. En el día del juicio el discipulador no estará presente para ayudar a la persona a rendir cuentas ante Dios.

Frustrada, la joven de esta historia dejó la iglesia y, gracias a Dios, encontró una buena congregación donde conoció a un excelente muchacho y se casó. La iglesia que ella abandonó no es propiamente una secta, pero abusar de los miembros bajo el rótulo de «discipulado» constituye una señal peligrosa.

1 Para una explicación de la responsabilidad de los miembros en la iglesia local, ver capítulo 9.

2 Legalismo es cualquier esfuerzo humano para obtener el favor de Dios.

Mirón, J. (1997). ¿Iglesia o secta? (pp. 65–71). Miami, Florida, EE. UU. de A.: Editorial Unilit.

MÁTALO DE CHIQUITO

MÁTALO DE CHIQUITO

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-12
“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros”. Estas sencillas pero a la vez profundas palabras dejadas por el apóstol Pablo como legado a la humanidad nos revelan un secreto de vital importancia. Si logro matar el pecado en mi pensamiento no tendré que lamentarme luego de haberlo cometido. Si estuviste atento el primer versículo culmina diciendo “en esto pensad” y el siguiente: “esto haced”. Es que somos lo que pensamos, o dicho de otra manera lo que somos es el resultado de nuestros pensamientos. Debemos someter hoy el pecado de nuestra mente si no queremos que nos someta mañana a nosotros. Existe una secuencia conocida por todos pero nunca tarde para volver a repetirla: “Concibe un pensamiento y se tornará en una acción. Actúa de acuerdo a ese concepto y formará en ti un carácter. Persiste en ese estilo de vida y acabarás con un destino de acuerdo a esa conducta”. ¿Dónde comenzó todo?… Sí, en tu propia mente. La mente es la oficina del alma y de la vida toda. En un aspecto somos como recipientes sin tapa. Todo el día entran a nuestra cabeza conceptos, palabras, imágenes, modelos funcionales o disfuncionales. Pero todo lo que entra nos va formando.

Debemos tener un filtro en nuestros pensamientos si no queremos que nuestra mente se transforme paulatinamente en un tacho de basura. Basura informática, relativismo moral y propaganda consumista y cruel que nos condiciona al momento de la toma de decisiones. Estamos en guerra. Nuestro conyugue lo está, nuestros niños en la escuela, nuestros jóvenes en la universidad. Por tal motivo debemos tener bien puesto el casco que defienda nuestras mentes. ¡Y ese casco es la salvación en Jesús!

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Debemos someter hoy el pecado de nuestra mente si no queremos que nos someta mañana.

EL ASESINO SILENCIOSO

16 mar 2016

EL ASESINO SILENCIOSO

por el Hermano Pablo

a1La noche estaba fría, como suelen ser las del otoño en Toronto, Canadá. Dentro de la casa el ambiente era grato. Había habido una rica cena, con diez personas alrededor de la mesa familiar. Habían disfrutado juntos de un buen programa de televisión, y ya era hora de ir a la cama. Así que todos —padre, madre y ocho hijos, entre los once y los veinticinco años de edad— se retiraron a dormir.

Encendieron el calentador de gas, apagaron las luces, se arrebujaron entre sus cobijas, y se durmieron. Hasta ahí, todo fue normal. Pero jamás volvieron a despertarse. El gas del calentador, asesino silencioso, dio cuenta de los diez durmientes. La familia entera pasó de un sueño al otro, sin sentir nada.

Muchos son los casos registrados de personas que mueren por el gas de los calentadores. Este caso en el Canadá es impresionante por tratarse de una familia entera, una familia seguramente amorosa y unida porque todos vivían juntos, incluso los hijos mayores de dieciocho años. Pero el gas se los llevó a todos sin darles tiempo de reaccionar o defenderse.

La característica más ominosa que tienen estos gases, especialmente el monóxido de carbono, es que primero producen un adormecimiento agradable, una sensación placentera de tranquilidad, de serenidad, de paz. Pero luego que adormecen a sus víctimas, las matan sin piedad.

Por esa característica del tal llamado asesino silencioso, al gas letal lo podemos comparar con el espíritu del mal que reina en este mundo. Es el espíritu que comienza adormeciendo la conciencia. Produce una sensación de bienestar, de calma. Da la impresión de que todo está bien, que la vida es buena y hay que disfrutarla. Y las víctimas se adormecen. Su conciencia entra en un estupor donde ya no reacciona con nada, y cuando la víctima se da cuenta, ya está atrapada.

Así es como toma auge el mal uso de las drogas, la inmoralidad sexual, la irreverencia, el materialismo y el descreimiento. Estos gases mortales se han infiltrado en la sociedad occidental y la tienen ya en sus garras.

Podríamos decir: ¿Qué importa? Lo que importa es que, sin saber por qué, sufrimos consecuencias desastrosas que poco a poco destruyen nuestra vida.

Pero todavía hay tiempo para reaccionar. El único remedio contra el gas letal es el aire puro, el oxígeno vital y renovador. Así mismo, el único remedio contra el adormecimiento espiritual es el Espíritu de Jesucristo. Abramos nuestro corazón a Cristo. Su doctrina es nuestra salvación, y su persona, nuestro Salvador.

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7- ¿Es una secta…? – Los miembros

¿Es una secta…? – Los miembros

a1Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.

(Ef. 4:11–16)

Es posible discernir si una iglesia está en peligro de convertirse en secta. Para ello hay que formular seis preguntas:

1. Los miembros que dejan la iglesia, ¿son animados a encontrar otra iglesia y a seguir adelante en su vida cristiana? En las ilustraciones que el pastor ofrece desde el púlpito, ¿hace referencias frecuentes a diversos ex miembros de la iglesia? Si los llama apartados, infieles, muertos, depravados, perros, publicanos, paganos o algo semejante, es mala señal. Los sectarios suelen enseñar que las demás iglesias no poseen la verdad o, peor todavía, que están bajo el control de Satanás. Unos amigos íntimos de Joel, nuestro hijo, se mudaron a otra ciudad por motivos de trabajo. Joel y Cristina, su esposa, nos esperaban en el aeropuerto cuando regresamos de una cruzada evangelística en Honduras. En forma inmediata mi esposa y yo vimos preocupación en el rostro de los dos. Habían visitado a sus amigos durante un fin de semana y habían ido a un retiro de la nueva iglesia donde asistían estos amigos. Joel me explicó: —Papá, creo que están en una secta.

Entre las características de este grupo se destaca que quienes salen de esa iglesia para asistir a otra congregación, son considerados como apartados de la fe. Tiempo después los amigos visitaron a sus respectivas familias, pero se les prohibía asistir a la iglesia donde antes se habían congregado con Joel y Cristiana. Los había limitado a visitar congregaciones que correspondieran a ese mismo grupo.

Nuestra preocupación como líderes de la obra del Señor debe ser que los feligreses maduren en la fe, no que necesariamente asistan a nuestra congregación. En el discurso de Pablo a los ancianos de la iglesia en Éfeso, después de amonestarlos acerca de los peligros inminentes de los falsos profetas y maestros, los encomendó a Dios y a «la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados» (Hechos 20:32). Sabiendo que las iglesias tienen diferentes idiosincrasias y que de vez en cuando hay personas que por cierto motivo optan por cambiarse de iglesia, una congregación madura oraría por ellos encomendándolos a Dios y a la Palabra de su gracia. Al mismo tiempo, es importante ayudarlos a encontrar otra congregación que enseñe el verdadero evangelio.

En cierta iglesia en Centroamérica, el miembro que se cambia a otra congregación es oficialmente entregado a Satanás. Pablo, en vez de hablar mal de los hermanos, nos instruye: «Animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis… os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos» (1 Tesalonicenses 5:11, 14–15).

2. ¿Existe un temor inexplicable en los miembros de la iglesia? Ya nos hemos referido al tema del temor, pero conviene mencionarlo otra vez porque se expresa de diferentes maneras. En líneas generales, el miembro de la secta teme perder la salvación si no asiste a todas las reuniones, si no se viste de cierta forma, si no obedece una lista de reglas, o si no recibe el visto bueno de los líderes antes de tomar una decisión. En el caso de los amigos de nuestro hijo, temen que se los llame «infieles» por no ofrendar cierta cantidad de dinero.

El temor demuestra que uno está sirviendo al hombre y no a Dios. El proverbio bien nota: «El miedo a los hombres es una trampa» (Pr. 29:25 VP). Por otro lado, el apóstol Pablo ofrece la pauta bíblica: «…no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres» (Ef. 6:6–7).

3. Las mujeres cuyos esposos no son de Cristo, ¿son instruidas a sujetarse a sus esposos (1 Pedro 3:1–6), o son adoctrinadas a seguir lo que dicen los líderes por encima de los deseos del esposo? Hemos visto grupos que enseñan a las mujeres que, a pesar de lo que dice el marido, ellas no deben faltar a ninguna reunión, deben responder siempre a las peticiones de dinero e insisten en que los niños obedezcan sólo la palabra de la iglesia. Como contraposición Pedro instruye: «Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa» (1 Pedro 3:1–2).1

4. ¿Se les enseña a todos los miembros la doctrina bíblica del sacerdocio de todos los santos, o acaso tienen que acudir a los líderes (o al predicador itinerante) para recibir una contestación, una bendición, la unción, etc.? Uno de los abusos corregidos por la reforma de la iglesia del siglo XVI fue el concepto del sacerdocio. Antes la autoridad residía en el sacerdote y por ende el feligrés debía acudir a él para recibir perdón, indulgencias, contestaciones, sanidad, etc. La Reforma volvió a hacer hincapié en que cada creyente es sacerdote, con sus correspondientes privilegios y responsabilidades.

Siempre ha existido confusión sobre la naturaleza de la iglesia y el rol de los creyentes. El apóstol Pedro era singularmente idóneo para hablar sobre estos temas. A él le habían sido dadas las llaves del reino de Dios cuya función era abrir el camino de la salvación a los gentiles (Mateo 16:18). Consideremos brevemente lo que Pedro enseña sobre la iglesia en 1P 2:4–10.

La naturaleza de la iglesia

El apóstol comienza hablando acerca de la naturaleza o carácter de la iglesia.

«Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo»

(1 Pedro 2:5)

«Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable»

(9)

La iglesia es una casa espiritual formada por piedras vivas. Es algo inmaterial. Dios no construye con ladrillos y acero sino con piedras vivas, es decir gente. Usted y yo somos la iglesia. «Dios…no habita en templos hechos por manos humanas» (Hechos 17:24). Él vive en los corazones de su pueblo. Las implicaciones son muchas: El edificio de la iglesia no es «la iglesia»; los verdaderos cristianos forman la iglesia. El santuario no es un lugar en el templo (edificio); el santuario es el corazón de cada cristiano (1 Corintios 3:16; 6:19).

De igual importancia es saber que somos un sacerdocio santo (1 Pedro 2:5) o real sacerdocio (9). El sacerdote tiene acceso directo a la presencia de Dios. En el Antiguo Testamento era una clase especial, descendientes de Aarón. La palabra proviene de «vicario» (puente). El sacerdote llevaba las peticiones de la gente a Dios. Él tenía derecho a acercarse a Dios. Constituía una especie de puente entre el pueblo y Dios.

Sin embargo, con la muerte de Cristo el velo (de separación) se rasgó en dos, de arriba abajo (Mateo 27:51), abriendo así el camino de acceso directo a Dios para cada creyente. En la iglesia de Cristo bajo el nuevo pacto los sacerdotes no son una clase especial. Cada creyente es un sacerdote. Todos tenemos acceso directo a la presencia de Dios.

Los hebreos siempre habían recibido la enseñanza (de la tradición, de sus padres y de la ley) de permanecer lejos de Dios. Había una sola persona que podía entrar en la presencia divina, el sumo sacerdote, y lo hacía una vez al año yendo al lugar santísimo. Según la tradición, ataban una soga alrededor de su pie para que si moría adentro fuera posible sacarlo sin la necesidad de entrar. Además, Moisés tuvo que poner límites alrededor del monte santo para que la gente no pasara: «cualquiera que toque el monte, ciertamente morirá» (Exodus 19:12). Con el arca del pacto sucedía algo similar. Dios mató a 50.070 hombres porque habían mirado dentro del arca de Jehová (1 Samuel 6:19). Uza perdió su vida cuando quiso sostener el arca (2 Samuel 6:6–7). El mensaje no podía ser más claro: Quedarse lejos de Dios. Los destinatarios del libro a los Hebreos crecieron con ese trasfondo. Sin embargo, reflejando la realidad del nuevo pacto, la exhortación es :

«…acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna»

(Hebreos 4:16 BLA)

Por medio de la muerte de Jesucristo todo cristiano tiene acceso directo a la presencia de Dios. No necesitamos a un cura, un pastor, un misionero, un evangelista o un predicador itinerante que interceda por nosotros. El concepto de que Dios habita en una persona en forma especial y debo acudir a tal persona para recibir una bendición, NO ES BÍBLICO. Es hora de que el pueblo de Dios madure y se valga de sus privilegios como sacerdocio santo.

5. ¿Existen rumores, chismes y acusaciones contra miembros que por algún motivo no son considerados fieles? Para ser visto como miembro fiel, la secta o semisecta generalmente mantiene una lista de normas externas. Cuando alguno no alcanza a cumplir toda la lista de leyes impuestas por la iglesia, en los pasillos y los baños (por así decirlo) se escuchan chismes en contra de esa persona. Se tolera el chisme y a veces se incita a él a fin de presionar a la persona a conformarse. Sin embargo Dios nunca tolera la chismorrería (Proverbios 20:19, 26:20; Tito 3:10).

En la iglesia de los amigos de nuestro hijo ni siquiera permiten la cara triste. A la melancolía se la considera falta de espiritualidad, y la persona es animada a confesarla, no a Dios sino al grupo. En los cultos públicos se espera que todos los asistentes tengan el rostro alegre. El Nuevo Testamento, por supuesto, aclara que existe una tristeza que agrada a Dios. Lo que se debe confesar es la tristeza mundana (2 Corintios 7:9–10).

6. ¿Se condena a un miembro cuando éste no ofrenda según las exigencias del grupo? ¿Qué tiene prioridad? ¿Las necesidades financieras del grupo o las necesidades de la familia de los miembros? En un caso, un hombre de negocios vació sus cuentas bancarias y dio todo el dinero al grupo. En otro caso una pareja joven tuvo que sacar un préstamo bancario para pagar a la iglesia una promesa hecha bajo coacción. Personas han dado hasta el dinero correspondiente a sus necesidades básicas para obtener las bendiciones prometidas —como que milagrosamente el dinero se devolviera duplicado.

Con relación al tema del dinero, la Biblia proporciona principios claros. Para entender la cuestión de la mayordomía (administración del dinero) en el nuevo pacto, en primer lugar consideremos la actitud que hallamos en 2 Corintios 8:9:

«Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos»

Jesús nos da el ejemplo para seguir, y todo comienza con «la gracia». Gracia significa bondad, generosidad, favor no merecido, misericordia. Todo esto es gracia, pero hay mucho más: «por amor a vosotros se hizo pobre». No podemos afirmar que hemos ofrendado hasta que nos haya costado hacerlo. El Señor Jesús, nuestro modelo, dio sin esperar que le devolviéramos nada. ¿Con qué propósito? «Que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos». Es decir, la ofrenda sólo adquiere su sentido completo cuando beneficia a otros y no a nosotros. Debemos escudriñar nuestro corazón y examinar nuestros motivos para tener la seguridad de que no estamos ofrendando a fin de conquistar el favor de Dios, duplicar el dinero o beneficiarnos.

En 1 Corintios 16:1–2 Pablo enseña que nuestras ofrendas han de ser hechas en forma regular: «Cada primer día de la semana». Para librarnos de la mala costumbre de ofrendar por un impulso o de vez en cuando, Pablo afirma que debemos ofrendar regular, sistemática y persistentemente, un hábito santo para toda la vida.

En segundo lugar, Pablo indica que todos debemos participar: «cada uno de vosotros ponga aparte algo…» Incluye a los ricos, pobres, jóvenes y adultos, hombres y mujeres. Nadie puede ofrendar en mi lugar. La ofrenda es una expresión del amor del corazón humano y nadie puede tomar nuestro lugar para expresar nuestro amor.

En tercer lugar, debemos apartar algo con premeditación, de antemano: «ponga aparte algo». La razón es que cuando se recoge la ofrenda en el culto, la persona no debe sentirse bajo presión o coacción (algo muy común en las sectas). En oración y bajo la dirección del Espíritu Santo cuando llega al templo el creyente ya debe tener su ofrenda preparada.

Es peligroso cuando existe presión, coacción, amenazas y constantes reclamos para que la persona ofrende. En una oportunidad fui testigo cuando el líder de un grupo exigió más ofrendas de su congregación con la amenaza de que no compartiría la palabra del Señor hasta que entrara cierta cantidad de dinero.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

1 Para una explicación de cómo una mujer cristiana ha de responder frente a un esposo que no es de Cristo, ver Jaime Mirón, Mi esposo no es cristiano. ¿Qué hago? (Miami: Editorial Unilit, 1990).

BLA «La Biblia de las Américas», 1986© por The Lockman Foundation.

Mirón, J. (1997). ¿Iglesia o secta? (pp. 57–64). Miami, Florida, EE. UU. de A.: Editorial Unilit.

¿DE QUIÉN ES ESTE MUERTO?

15 mar 2016

¿DE QUIÉN ES ESTE MUERTO?

por Carlos Rey

a1La encomienda sólo decía «La Oroya», así que la terminal de autobuses de Huancayo, Perú, remitió la caja a esa localidad. Era una caja de cartón, bien envuelta. Pero como permaneció dos días en La Oroya sin que nadie la reclamara, la devolvieron a Huancayo.

Tampoco la reclamó nadie en Huancayo, así que, como olía mal, dieron aviso a la policía. Cuando por fin abrieron la caja, descubrieron que adentro estaba el cadáver descompuesto de un joven, muerto de un balazo en el rostro. Luego de considerar las opciones, decidieron publicar el siguiente aviso: «Encomienda con un muerto adentro se halla en la estación de policía. Quien se crea con derecho a ella, puede venir a reclamarla.»

He aquí uno de esos muertos pobres e ignorados que permanecerán en el anonimato, quizá para siempre, hasta que en el día final se aclaren todas las cosas. Sólo podía deducirse que aquel joven desconocido había sido asesinado, envuelto en una frazada y colocado de cuclillas en una caja de cartón, y que lo habían despachado a La Oroya porque tal vez era de esa localidad.

¿Quién lo mató? ¿Quién envolvió su cuerpo en el paquete? ¿Quién lo despachó en Huancayo? ¿Quiénes eran su padre y su madre? ¿Tenía amigos, esposa, novia? Nada de esto llegó a saberse. Sólo se sabía que estaba muerto, y que tendría que ser enterrado en alguna tumba de misericordia.

Hay personas que pasan toda la vida solas, ignoradas, abandonadas, tristes, como si no tuvieran nombre ni destino que no fuera trágico. Forman parte de una gran compañía de seres humanos casi invisibles —entre ellos hombres, mujeres y niños— pobres, ignorantes, desvalidos, indefensos. Sufren viviendo porque viven sufriendo física, social y emocionalmente, y mueren en el misterio del anonimato.

¿Habrá alguien que tenga compasión de ellos? Sí, lo hay. Se trata de Jesucristo, el Hijo de Dios. Nadie los comprende como Él. Fue precisamente para identificarse con ellos que se hizo hombre y nació de la forma más humilde posible, en un pesebre, y murió de la forma más humillante posible, colgado semidesnudo en una cruz. Sintiéndose abandonado tanto por su Padre como por sus mejores amigos, dio su vida por todo el que alguna vez habría de sentirse abandonado.

Uno de esos amigos, Mateo, escribió en su biografía acerca de Cristo: «Jesús recorría todos los pueblos y aldeas… sanando toda enfermedad y toda dolencia. Al ver a las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban agobiadas y desamparadas, como ovejas sin pastor.»1 En el capítulo anterior Jesús se había identificado con esas multitudes desatendidas como Hijo del hombre: «Las zorras tienen madrigueras y las aves tienen nidos —había declarado—, pero el Hijo del hombre no tiene dónde recostar la cabeza.»2

De ahí que posteriormente nos hiciera la invitación a todos, y en particular a los que difícilmente soportan la vida que llevan: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso… Aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma.»3

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ZARANDEADOS

ZARANDEADOS

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-15
a1La vida del apóstol Pedro está repleta de matices humanos que nos identifican. Impetuoso, líder, emprendedor y valiente se sentía el hombre ideal para ponerse al frente del movimiento más trascendental de toda la historia como lo fue y sigue siendo el cristianismo. Precisaba aprender que para ser usado por Dios se necesita más humildad que capacidad. Y Dios usó justamente situaciones de crisis para forjar en él el hombre que quería. Fue en uno de sus tantos momentos de dificultad que negó al Señor para enfrentarse con ese verdadero Pedro. Entonces, horrorizado con su perfil traicionero, avergonzado por lo vil de su pecado, pasó toda la noche llorando amargamente. De esas lágrimas surgió un nuevo hombre a la manera de Dios. Su Maestro se lo había advertido: “Simón, Satanás te ha pedido para zarandearte como a un trigo, pero no temas pues yo he rogado por ti para que tu fe no falte. Y tú, cuando estés recuperado, pastorearás a tus hermanos”.
Mientras no vivamos situaciones que pongan a prueba nuestra vida probablemente nos haremos una idea errada de nuestra verdadera condición espiritual. No solamente nos convenceremos de la existencia de realidades que no son, sino que tampoco seremos conscientes de la verdadera naturaleza de nuestras debilidades. La crisis es lo que le pone fin al engaño de nuestras percepciones porque en medio de las crisis nos vemos tal cual somos. De ahora en adelante, cuando te veas probado y zarandeado como trigo levanta tu mirada al cielo y deja que Él te tome de la mano. Tu carácter se está forjando, hay cosas malas en tu vida que aun permanecen ocultas y deben ser expuestas. La zaranda justamente hace eso, deja en evidencia las impurezas y lo que queda es limpio. No estás a merced del diablo, Dios controla tu vida y nada de lo que suceda está ajeno a Su voluntad. Él sabe, Él siente, Él suple.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

La crisis es lo que le pone fin al engaño de nuestras percepciones porque en medio de las crisis nos vemos tal cual somos.

6-¿Es una secta…? – El líder

¿Es una secta…? – El líder

a1Pues el que preside la comunidad está encargado de las cosas de Dios, y por eso es necesario que lleve una vida irreprochable. No debe ser terco, ni de mal genio; no debe ser borracho, ni amigo de peleas, ni desear ganancias mal habidas. (Tito 1:7 VP)

Muchas iglesias comienzan siendo parte de la corriente cristiana evangélica, pero gradualmente se alejan de la doctrina de Cristo. En los próximos tres capítulos presentaremos una lista de preguntas que ayudan a discernir si una iglesia tiene el potencial de convertirse en secta, comenzando con el líder del grupo.

1. ¿Es humilde el líder? (Santiago 4:6, 10). Los líderes sectarios anhelan los lugares de honor y los aplausos de los hombres. Los fariseos, los primeros sectarios en el Nuevo Testamento, son buenos ejemplos:

«¡Ay de vosotros, fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas»

(Lc. 11:43)

«¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?»

(Juan 5:44)

«Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios»

(Juan 12:43)

La Palabra de Dios, en cambio, toma precauciones para que los dirigentes en la iglesia no se hagan caudillos ni usurpen la autoridad de Cristo como Maestro y Guía:

«Pero ustedes no deben pretender que la gente los llame maestros, porque todos ustedes son hermanos y tienen solamente un Maestro. Y no llamen ustedes padre a nadie en la tierra, porque tienen solamente un Padre: el que está en el cielo. Ni deben pretender que los llamen guías, porque Cristo es su único Guía»

(Mateo 23:8–10 VP)

Para que no haya dudas, Cristo mismo describe al verdadero líder:

«El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido»

(Mateo 23:11–12)

2. ¿Es el líder irreprensible? (1 Timoteo 3:2). Muchos líderes sectaristas mantienen dos normas de conducta diferentes, una para la congregación y otra para sí mismos; es decir que son hipócritas. Por un lado predican que sus feligreses deben vivir una vida severa (que en realidad es una carga)1, pero por otro lado ellos se conceden ciertas libertades. Es más, hemos visto que ciertas sectas permiten o por lo menos toleran que el líder viva en pecado, y de alguna manera lo justifican.2

El pecado más visible, aunque no el único, es la inmoralidad sexual. Cuando era joven y recién convertido y estaba tratando de ubicarme en el panorama denominacional, con unos amigos visitamos las reuniones presididas por un hombre que encajaría dentro de las nuevas sectas contemporáneas —a pesar de ser entonces los años 50. Noche tras noche nos maravillábamos de las promesas que hacía al público si éste tan sólo daba su dinero. Hablaba mucho del ayuno y la oración, empleando su persona como modelo. Vendía porciones de su antigua carpa con la promesa de que la persona que se arrodillara sobre el pedazo de carpa y orara allí, recibiría siempre las contestaciones deseadas. Vimos a la concurrencia como hipnotizada, entregando hasta las llaves de su automóvil. Nos preocupamos por las ofrendas, que duraban hasta una hora.

Una noche estábamos de pie en la fila junto con los crédulos que esperaban una bendición del «ungido de Dios», cuando una de las muchachas en nuestro grupo que asistía por primera vez no aguantó más y protestó expresando en voz alta lo que todos pensábamos: —¡Es un fraude!

Uno de los asistentes del ungido nos miró, y con un guiño replicó: —Sí, pero es un buen fraude.

Desilusionados, decidimos esperar hasta que terminaran todas las actividades para poder conversar con el «ungido». Los cultos duraban hasta seis horas, y por lo tanto el hombre no salía hasta las dos de la madrugada. Para nuestro horror, esperando a la salida había prostitutas para cada uno de la comitiva del predicador (y por cierto para él mismo). Años más tarde este supuesto ungido de Dios murió solo en un hotel a causa de cirrosis al hígado por haber bebido demasiado. Murió con 10.000 dólares en efectivo en su bolsillo.

Conviene repetir que, según el apóstol Pablo, el verdadero líder será «irreprensible» (1 Timoteo 3:2). En el original griego, «irreprensible» significa «que no se puede agarrar». No significa que será perfecto, pero no dará motivos para acusaciones.

3. ¿Tiene el líder que dar razón de sus acciones a un grupo de hombres piadosos —junta de ancianos o como se llame? Una de las señales más evidentes de que algo anda mal es escuchar de los labios de un líder: «Yo doy razón de mis acciones solamente a Dios». Judas explica que una de las marcas de los falsos maestros es que «rechazan la autoridad» (Jud. 8). Pablo agrega que los engañadores son «rebeldes» (Tit. 1:10 VP). El Nuevo Testamento siempre habla de «ancianos», es decir en plural (Hechos 20:17; 1 Timoteo 5:17; Tit. 1:5; 1 Pedro 5:1) a fin de que se ayuden mutuamente. Salomón explica: «Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo» (Pr. 27:17).

Esta clase de líder cada vez se va aislando más, no tiene verdaderos amigos, se vuelve preponderante, recalcitrante y cada día se desvía más de la verdad. Cristo tuvo que lidiar con esta clase de «caciques» y anunció: «En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos» (Mateo 23:2). La cátedra de Moisés era una silla en la sinagoga reservada para el maestro que enseñaba la ley de Moisés. Aquí la expresión se refiere a aquel que asume el lugar de Dios. Es notable que la Biblia aclara que los escribas y fariseos «se sentaron» por sí solos; nadie los puso allí.

Después de estudiar la vida de 600 pastores y líderes cristianos, los autores Clinton y Stanley descubrieron que una de las cinco características principales de quienes llegaban bien al final de su carrera es que se relacionaban con personas que influenciaban su vida para bien, como así también con mentores capacitados.3 Ni el «llanero solitario» ni el hombre orquesta encajan dentro del cuadro bíblico. El caso de un famoso evangelista que cometió pecado sexual es una escuela de principios enseñados por vía negativa. Es posible analizar su vida y ministerio y aprender valiosas lecciones. Uno de los factores contribuyentes a su repentina caída fue la falta de autoridad espiritual en su vida y ministerio. Aun cuando su denominación se interpuso para ponerlo bajo disciplina, él la rechazó alegando que Dios le había dicho que debía seguir adelante.

Es preocupante cuando el líder no da razón de sus acciones a nadie ni es responsable ante un grupo de hombres espirituales. Recientemente quedó al descubierto inmoralidad en casi todo el liderazgo de cierta semisecta. Al indagar más, resultó ser otro caso de un autoproclamado profeta cuyo cuerpo de ancianos eran solamente sus familiares y amigos íntimos.

4. ¿Se jacta el líder de tener una «unción especial»?  La frase «unción especial» se usa inocentemente para referirse a que el Espíritu Santo ha dotado a cierto predicador de manera especial. Sin embargo, es más común adaptarla para que connote «algo» que un líder posee y los demás cristianos todavía no tienen o ni siquiera podrían tener.

Pensemos en la popular frase de nuestros días «no hay que tocar el ungido de Dios». Es lo que declaran personas que temen el juicio divino si intentan cuestionar al líder de una congregación. Consideremos lo que dice la Biblia.

Pablo explica que todo cristiano recibe la unción del Espíritu Santo cuando entra en el reino de Dios:

«Y el que nos confirma con vosotros es Cristo, y el que nos ungió, es Dios…»

(2 Corintios 1:21)

Al lidiar con los gnósticos que alegaban haber recibido una nueva luz o unción, el apóstol Juan asegura a todo cristiano:

«Pero vosotros tenéis unción del Santo, y todos vosotros lo sabéis»

(1 Juan 2:20 BLA)

En el Antiguo Testamento la palabra «ungido» se refería a personas apartadas para una tarea especial (Lv. 16:32; 1S. 16:6–13; 2S. 1:14; Is. 61:1). Ungido es un término basado en la práctica de ungir con aceite de oliva al que era escogido y consagrado como sacerdote o rey. Sin embargo en ningún momento la práctica comunica la idea de que no se puede confrontar al líder cuando éste cae o vive en pecado. Notemos que Natán «tocó» al ungido de Dios cuando confrontó a David por ser asesino y adúltero (2 Samuel 12:1–14). De igual manera, el sumo sacerdote Azarías junto con otros 80 sacerdotes enfrentó al rey Uzías cuando éste entró en el santuario para quemar incienso (2 Crónicas 27:16–21). Abigaíl previno a David, el ungido de Dios, para que en su enojo no matara a un hombre (1 Samuel  25). Pablo reprendió a Pedro «en su propia cara, porque lo que estaba haciendo era condenable» (Gálatas 2:11 VP). Los cristianos de Tiro avisaron a Pablo «por el Espíritu, que no subiese a Jerusalén» (Hechos 21:4). Ninguno recibió castigo por intervenir.

La expresión «ungido de Dios» también se encuentra en 1 Crónicas 16:22 y se repite en Salmos 105:15. En las dos ocasiones incluye a todo el pueblo de Dios como ungido; no se refiere a un individuo. El Nuevo Testamento enseña que todo cristiano es un sacerdote (1 Pedro 2:4–10) con iguales privilegios y responsabilidades. Nunca debemos escabullirnos de la responsabilidad de «probar los espíritus» y discernir, confrontar, avisar, prevenir, aconsejar, restaurar, animar, exhortar, y alentarnos los unos a los otros (He. 10:25) incluyendo, cuando sea necesario, a quienes Dios ha puesto por líderes.

5. ¿Admite el líder cuando está equivocado? ¿Está dispuesto a recibir sugerencias de los miembros de la iglesia? Es mala señal cuando el líder es inaccesible e intocable. Es notable que Pablo trabajaba en equipo y nunca estaba lejos de la ayuda espiritual de sus consiervos.

Por cierto que los líderes de la iglesia deben procurar cumplir la visión que Dios les ha dado, y evitar desviarse ante cada capricho de la tía Mabel o el tío Martín, y también es cierto que los feligreses deben sujetarse y obedecer a sus líderes (Hechos 20:27–30; He. 13:17; 1 Pedro 5:1–5). Sin embargo, autocolocarse en un pedestal distante de los miembros de la iglesia es rehusar la ayuda y la sabiduría de la congregación y negar que el Espíritu Santo ha dado dones a todo el cuerpo de Cristo a fin de servir a los demás (1 Pedro 4:10).

En una oportunidad Luis Palau tuvo que predicar a 2000 pastores en un congreso. En la primera fila del auditorio estaba uno de los más destacados predicadores de los últimos cincuenta años. Después del mensaje este predicador corrió a donde estaba Luis, lo abrazó y le susurró al oído: —Estoy enfermo y solo, ansioso de compañía y comunión. Oro por todo el mundo y nadie ora por mí.

En su iglesia se había construido una «torre» donde él podía subir para orar a solas. De esa manera, y en forma simbólica, el hombre se estaba distanciando de la gente. Llegó a tal extremo que no tenía amigos íntimos. Nadie sabía de su enfermedad ni de su soledad. Nadie podía exhortarlo, animarlo ni confortarlo. ¡Qué tragedia!

6. ¿Vive el líder libre del «amor al dinero»? Pablo aclara que «raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores» (1 Timoteo 6:10). Como ya indicamos, muchos líderes de sectas o semisectas viven vidas hipócritas. Al investigar el origen de los problemas, en la mayoría de los casos todo comenzó con amor al dinero; incluso muchos se estaban haciendo ricos.

Pedro instruye a que el líder bíblico no sirva a la iglesia «por ambición al dinero» (1 Pedro 5:2 VP). Uno de los requisitos de los líderes de la iglesia es ser «desinteresados en cuanto al dinero» (1 Timoteo 3:3 VP). Pablo condena a los avaros (1 Corintios 6:10) e instruye a la iglesia a «ni comer» con ellos (1 Corintios 5:11). El apóstol menciona que los sectarios enseñan falsa doctrina «para obtener ganancias mal habidas» (Tito 1:11 VP) y que usan la religión «[para] una fuente de riqueza» (1 Timoteo 6:5 VP). ¿Las consecuencias?

«…los que quieren hacerse ricos caen en la tentación como en una trampa, y se ven asaltados por muchos deseos insensatos y perjudiciales, que hunden a los hombres en la ruina y la condenación»

(1 Timoteo 6:9 VP)

Para nosotros lo que Pablo dice al pastor Timoteo nos sirve de advertencia: «Pero tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas» (1 Timoteo 6:11 BLA).

Evidentemente existe un creciente problema que nuestras congregaciones deben resolver: no pagar lo suficiente a sus pastores. Sin embargo otra cosa es que el líder se haga rico a expensas de los miembros de la iglesia.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

1 “Ahora pues, ¿por qué desafían ustedes a Dios imponiendo sobre estos creyentes una carga que ni nosotros ni nuestros antepasados hemos podido llevar?” (Hch. 15:10 VP).

2 Ciertas personas entran en el ministerio o forman su propio grupo austero a fin de controlar un pecado desenfrenado.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

3 Roberto Clinton y Pablo Stanley, “Un buen final: Características de quienes llegan bien al final de la carrera,” Apuntes Pastorales (Vol. XIV Nº 3 Mar. 1997): 12–16. Las otras cuatro características son: Una perspectiva que permitió mantener un claro objetivo; intimidad con Cristo; continua renovación interior; disciplina en las áreas importantes de la vida; una actitud de positiva aprendizaje durante toda la vida.

BLA «La Biblia de las Américas», 1986© por The Lockman Foundation.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

BLA «La Biblia de las Américas», 1986© por The Lockman Foundation.

Mirón, J. (1997). ¿Iglesia o secta? (pp. 47–55). Miami, Florida, EE. UU. de A.: Editorial Unilit.

SEPARACIÓN ENTRE IGLESIA Y ESTADO

14 mar 2016

SEPARACIÓN ENTRE IGLESIA Y ESTADO

por el Hermano Pablo

a1El juicio estaba llegando a su fin. Toda la evidencia pesaba en contra del acusado. La sentencia de muerte sin duda caería sobre Carlos Chambers. Había matado a una mujer de setenta años para robarle. Seguramente lo condenarían a la cámara de gas.

El fiscal, a fin de reafirmar su tesis, tuvo la ocurrencia de citar la Biblia: «Dios dice que el que derrama sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada.»

Ante esto el abogado defensor pidió que se anulara la sentencia, y el juez se vio obligado a conceder la petición. La ley dictaba que no se podía citar la Biblia para acusar a un hombre. Esto se debía a que en ese país había estricta separación entre Iglesia y Estado. Así que por referirse a la Biblia, el fiscal perdió su caso.

He aquí un caso interesante. Sucede en un país donde ocurren toda clase de argucias jurídicas extrañas, y se presta para una seria reflexión. Un asesino merece la pena de muerte. No debiera haber escape. Pero al citar la Biblia para condenarlo, se ponen en juego tretas jurídicas, y el hombre se salva.

Vale la pena preguntarnos: Al fin de cuentas, ¿en qué se basan las leyes humanas de todos los países del mundo para definir un delito? Si no puede citarse la Biblia en el juicio de un asesino, tampoco debe poder citarse para condenar a un adúltero, o a un mentiroso, o a un ladrón, o a quien sea culpable de cualquier delito.

Los Diez Mandamientos, que se encuentran en el Libro Sagrado, fijan y establecen la moral humana. Si no hubiera Biblia y no existiera ese Decálogo de Moisés, el hombre no tendría ley a la cual sujetarse. ¿Cuál sería el resultado? Se regiría sólo por la violencia y la fuerza. Su única ley sería su propio capricho personal.

En los días previos al diluvio universal, nadie obedecía a nadie. No había ley, no había moral, no había norma de vida. Regía sólo la violencia. Cada uno establecía su propia ley. Fue entonces que Dios envió el diluvio, para comenzar un nuevo pueblo.

Lo cierto es que aunque Dios jamás hubiera mandado a escribir sus mandamientos en tablas de piedra o en ninguna otra parte, el homicidio sería criminal, el adulterio sería inmoral, el robo sería ruin, y todo pecado sería maligno. Lo que no está escrito en tablas de piedra, está escrito en la conciencia humana. Y todos hemos violado la ley de la conciencia.

¿Habrá salvación para el pecador? Sí, la hay, con toda seguridad. Por eso dio su vida Jesucristo en la cruz del Calvario: para pagar el precio de nuestra redención. Podemos acudir a Él. Cristo murió por nuestra maldad. Por eso se llama Salvador. Rindámosle nuestra vida.

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5-Lavado de cerebro

Lavado de cerebro

a1En forma breve y apoyándome en los expertos sobre el tema, quiero presentar los pasos que se han usado para lavar el cerebro tanto a prisioneros de guerra como también a miembros de una secta. No importa que sean grupos militares o religiosos, los principios son similares. Sin embargo, lo expresaremos en términos netamente religiosos.

En el mundo de las sectas, quienes se valen de estas técnicas no necesariamente están conscientes de ello. Los líderes pretenden saber mejor que nadie (a veces mejor que Dios y la Biblia) lo que la gente necesita. Pero el objetivo es claro: obtener para bien propio, el control de los feligreses y convencerlos de que es obra del Espíritu Santo.

El lavado de cerebro tiene cuatro fases básicas.

1. Para un exitoso lavado de cerebro es importante comenzar con información con la cual los oyentes estén de acuerdo. En los comienzos de una secta el líder predica mensajes que a primera vista parecieran gozar de apoyo bíblico. Es lo que hizo el copastor en el ejemplo del capítulo anterior. Había comenzado ganándose la simpatía de los congregantes y enseñando mensajes bibliocéntricos (echando así la base de lo que vendría después). Fui a escuchar a un famoso predicador que encabeza un movimiento considerado por muchos como secta. A pesar de que el pasaje bíblico en que basaba su sermón no enseña lo que él afirmaba que enseña, igual conquistó los corazones de la mayoría de los asistentes. El hombre usaba la Biblia pero no enseñaba la Biblia.

El mensaje basado en la Biblia otorga credibilidad al predicador y la gente comienza a confiar en él. Esta confianza es la clave porque una vez establecida, el oyente es susceptible a sugerencias humanas. La conclusión lógica de los crédulos de esta primera fase del lavado del cerebro, es que el líder es digno de confianza porque parece hablar la verdad.

2. Una vez que la confianza ha sido establecida, el siguiente paso es lo que algunos estudiosos llaman la etapa de la «sugerencia». Abusando de la confianza, se introduce una nueva enseñanza —no antibíblica sino extrabíblica, algo «profundo» que no se encuentra en la Palabra de Dios. Bien puede ser algo que Dios (supuestamente) ha revelado al líder en forma personal. ¿Quién no desea ser partícipe de algo que nadie más sepa?

Casandra creció con mi esposa. Provenía de una excelente familia cristiana. Durante los años universitarios a su hermano le diagnosticaron cáncer y en poco tiempo falleció. A partir de entonces Casandra comenzó una búsqueda espiritual y terminó en un grupo extraño que no era una secta propiamente dicha. El pastor principal era, en todo el sentido de la palabra, un caudillo. Era idóneo para predicar brillantes mensajes sobre la Biblia. De esta manera se ganó la confianza de miles de personas. Al poco tiempo el pastor comenzó a predicar cosas que no provenían de la Biblia, e incluía sus propias revelaciones y opiniones políticas. Deseosos de oír una nueva palabra de parte de Dios, la congregación seguía creciendo.

La conclusión deseada en esta fase del lavado de cerebro es, «bueno, él (o ella) no es antibíblico y es un hombre (o mujer) de Dios». A esta altura algunos de los creyentes maduros abandonan la iglesia, y el líder explica que no son espirituales y que Dios está purificando su grey.

3. Los sectarios siembran dudas sobre lo que uno ha creído y ha retenido como verdad. Llega el momento en que los feligreses hacen lo que el líder ordena. El grupo está bajo su control. El pastor ha tomado posesión de su congregación, y su palabra se considera ex cátedra, autoritaria y prácticamente infalible. Volviendo al pastor de Casandra, poco tiempo transcurrió hasta que comenzó a revelar su verdadero carácter. Mientras vivía en opulencia, regañaba a la congregación cuando no entraba suficiente dinero. Se divorció y se casó de nuevo. Ya años más tarde sigue con sus fieles (lo tratan como si fuera un dios) a pesar de que mientras predica fuma puros y emplea palabras groseras. Tristemente la congregación se «traga» todo. La iglesia se ha convertido en una secta. La amiga de mi esposa sigue leal al grupo y no está dispuesta ni siquiera a hablar del tema.

Durante esta fase otros dejan la iglesia y son catalogados como «traidores». La conclusión de quienes han quedado es que el líder es el ungido de Dios y no hay que tocarlo.

4. La última fase es asegurarse de que nadie más se vaya del grupo. La secta mantiene a sus miembros con todo tipo de presiones psicológicas: amenazas del infierno, expulsión del reino, imposición de manos, interrogatorios y cuestionamientos que hagan pensar y sentir al interlocutor que está disgregado, perdido y sin opción, y que la única alternativa es aceptar la oferta propuesta por el grupo. Los mantiene tan ocupados que no tienen tiempo para otras actividades o amistades fuera del grupo. Este aislamiento ha sido un arma potente y eficaz en las manos de los lavadores de cerebro. La demanda de tiempo, dinero y sacrificio son vistos como maneras de probar la entrega total a la causa. Mientras los miembros de una congregación evangélica pueden volver a casa, orar y decidir si participar o no en cierta actividad, los sectarios no gozan del mismo libre albedrío. Benjamín Zablocki, un sociólogo de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey en EE.UU. explica que los miembros llegan a ser adictos de la secta a la cual pertenecen.1

Una vez que el lavado de cerebro se completa los líderes se dedican a llenar la mente de los interlocutores con nuevos conceptos, utilizando una estrategia de seguimiento de tal manera que en poco tiempo convierten a todos no solamente en discípulos sino también en propagadores de la secta.

1 Ibid.

Mirón, J. (1997). ¿Iglesia o secta? (pp. 43–46). Miami, Florida, EE. UU. de A.: Editorial Unilit.

4-Por qué la gente acude a las sectas

Por qué la gente acude a las sectas

Por qué es difícil salir

a1Nos quedan algunas preguntas espinosas. ¿Por qué tanta gente acude a las sectas cuando «todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia…» (2 Pedro 1:3)? ¿Cómo es posible que gente sincera crea lo que en realidad es una mentira? ¿Por qué quienes están en una secta no se dan cuenta y simplemente salen de ella? Para contestar estas preguntas es necesario tomar en cuenta varias cosas:

1. Nunca olvidemos el poder y la astucia del enemigo de nuestras almas. Después de estudiar todos los pasajes relacionados con el diablo,1 llegué a la conclusión de que Satanás pasa la mayor parte de su tiempo en engaños y mentiras (Juan 8:44). Satanás es el creador de las sectas; presenta una religión que niega la eficacia de la muerte de Jesucristo y la sustituye por un camino que apela al ego humano; cuestiona la salvación de los fieles y los acusa haciéndolos sentir culpables (Apocalipsis 12:10); edifica grupos falsos que en realidad son «sinagoga de Satanás» (Apocalipsis 2:9). Además Apocalipsis 12:9 declara que él «engaña al mundo entero». Y «no es de extrañar, pues aun Satanás se disfraza como ángel de luz» (2 Corintios 11:13–14 BLA).

2. La secta proporciona a la persona un (falso, por cierto) sentido de la vida. Daniel Jerusalimiec, profesor del Seminario de Fe en Buenos Aires explica:

«Puede ser que estas personas han encontrado la hermandad y el compañerismo que la iglesia no supo proporcionar. Una secta sabe integrar rápidamente a un nuevo miembro haciéndolo sentir aceptado entre ellos. De esta manera, el nuevo integrante encuentra una sensación de seguridad y una organización que cuida de él. Más aun, la secta le ofrece una vida radicalmente diferente que le presenta un desafío atractivo. Esto le da “sentido a la vida”. En este nuevo grupo él empieza a sentirse valorado, [y] ya no le importa si es ridiculizado por sus vecinos o amigos pues él ahora ha encontrado dirección a la vida que nadie antes pudo proporcionarle.»2

3. Últimamente en la mente de muchos «éxito» equivale a »grande». En varios sitios de América Latina las sectas —no las importadas sino los grupos cultivados en casa— son los grupos más numerosos y cuentan con miles y miles de seguidores. La conclusión lógica es que porque es algo grande tiene que estar favorecido por Dios, o que porque hay mucho dinero Dios está bendiciendo. ¡Cuidado! Durante el tiempo del profeta Elías más personas seguían a Baal y a Asera que a Jehová. Jesús afirma:

«…ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan»

(Mateo 7:13–14)

4. La persona escuchará testimonios asombrosos de cómo el grupo ha cambiado la vida de alguien, cómo ha sanado a un niño, o cómo Dios ha contestado oraciones. Por eso no siempre es fácil detectar los peligros de participar en una secta. No nos dejemos cautivar por testimonios y aparentes milagros porque «se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos» (Marcos 13:22). El Señor advirtió: «Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad»(Mateo 7:22–23).

Además, después de un «lavado del cerebro» la persona no se dará cuenta de su situación pues el proceso habrá alterado su manera de pensar.

5. Gran parte de quienes recurren a las sectas es gente crédula, que sinceramente busca cómo apaciguar la ira de Dios por sus fracasos y pecados, cómo aliviar su culpa y cómo hallar una vida mejor. Las sectas prometen todo esto y más todavía: sanidad física, financiera y emocional; la divulgación de «misterios» antes ocultos y ahora revelados al «ungido»; prometen ser la única iglesia que verdaderamente sirve a Dios; aseguran una unción especial, cosas por el estilo. Todo eso cautiva, seduce, hipnotiza y finalmente atrapa a muchos. Pablo advierte al joven pastor Timoteo que debe seguir predicando la Palabra de Dios porque «vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas [mitos, BLA]» (2Timoteo 4:3–4). El mito, por definición, es algo inventado por los hombres. Puede ser algo bien pensado, bien enunciado, impactante y que inspira fe, pero sigue siendo algo inventado por la mente humana. Los cristianos somos personas de la verdad, de la Biblia.

6. Para muchos es más sencillo dejar que otro (los líderes del grupo) tome las decisiones y que les digan qué creer y qué hacer. La secta ofrece una manera visible (externa) de medir la espiritualidad. El legalismo es externo y demanda obediencia a reglamentos humanos. Una mujer atrapada en una secta me confesó una vez: —Yo sé que ando bien con Dios porque no corto mi cabello, no voy al cine…

Ella había pedido hablar conmigo porque estaba molesta con el predicador Luis Palau por haber predicado que las relaciones sexuales fuera del matrimonio siempre son pecaminosas. La mujer estaba separada de su esposo y disfrutaba de una o dos aventuras sexuales al año «solamente con gente buena». Me dijo que Dios no la condenaría porque ella cumplía los mandamientos humanos que me había mencionado arriba (entre otros). Sin embargo, vivir por la gracia del Señor es algo interno y requiere responsabilidad, discernimiento, dominio propio y una relación íntima con Dios.

Para muchos es difícil comprender por qué la gente queda atrapada en una secta falsa. Sin embargo, sumando los seis aspectos ya citados, posiblemente sea más fácil apreciar y compadecerse de la situación de los prisioneros espirituales.

Ahora pasamos a una incógnita más espinosa todavía: ¿Por qué encontramos a tantos ex evangélicos en las sectas y semisectas?

Las sectas: ¿Una trampa para los evangélicos en particular?

No es de sorprender que los estudios hayan revelado que las sectas están llenas de gente que estaba asistiendo a una iglesia. Lo que sí desconcierta es la cantidad de ex evangélicos dentro de las sectas. Es bueno enfrentar la realidad y preguntarse por qué está sucediendo y qué podemos hacer para cerrar la puerta trasera de la iglesia a fin de que la gente no se aleje. Sin repetir los seis motivos ya mencionados (que, por cierto, son aplicables tanto a evangélicos como a no evangélicos) queremos presentar ciertas prácticas —en especial de los evangélicos— que ayudan a un terreno fértil para el advenimiento de una secta.

1. En nuestros círculos existe una fuerte tendencia a definir el cristianismo por lo que uno hace (orar, asistir a la iglesia, leer la Biblia, testificar, ofrendar, etc.) y por lo que uno deja de hacer (no fumar, no beber, no jugar y otras cosas que varían según la cultura) en vez de por una relación personal con Cristo a través de la Biblia. La mayoría de las sectas adhieren a las mismas prohibiciones que los evangélicos, y más todavía. Cuando un creyente que sinceramente busca ser más consagrado al Señor, encuentra a un grupo que hace más o ha dejado de hacer más que él (llevando una vida más severa), muchas veces llega a la conclusión de que tal grupo «tiene que ser más cristiano que yo». Esta forma de representar el cristianismo nos hace vulnerables a las sectas y al mismo tiempo causa que las sectas resulten atractivas. Una íntima amiga de mi esposa le confesó que admira a cualquier persona con una vida más rigurosa que la de ella, y que si no fuera por la buena doctrina enseñada en su iglesia, llegaría a la conclusión de que tal persona es más espiritual que ella.

Durante los últimos tres años notamos un ambiente extraño en una congregación muy querida por nuestra familia. El pastor es un joven dinámico con un profundo anhelo de vivir una vida consagrada al Señor; es lo que predica desde el púlpito. La congregación crecía y estaba haciendo planes para ampliar el templo. Para aliviar la carga de trabajo que tenía Esteban, el pastor, contrataron a un copastor, que parecía un hombre con vasta experiencia. Sutilmente y con el pretexto de ayudar a la congregación a consagrarse más a Dios y a la Biblia, el copastor comenzó a imponer ciertas reglas «más espirituales». Algunas eran: La mujer debe llevar faldas hasta los tobillos; para el hombre llevar corbata es más espiritual que no llevar corbata; no hay que tener TV en la casa; debe haber aislamiento del mundo en forma extrema; nadie puede enseñar a los hijos con excepción de los propios padres (el copastor llegó a tal extremo que no permitía que sus propios hijos asistieran a la escuela dominical a menos que él estuviera enseñando); no había que juntarse con otras iglesias para no contaminarse.

No sabemos lo que hubiera sucedido después porque la gente más madura de la iglesia comenzó a cuestionar al copastor alegando que había impuesto sus convicciones como si fueran mandamientos divinos. Después de sesiones extraordinarias del cuerpo de ancianos, reuniones congregacionales, chismes y personas heridas, la congregación se dividió. En ese momento alguien sugirió investigar los antecedentes del copastor. Descubrieron que había sido despedido como profesor de un seminario y que los directores no querían decir por qué; luego había tomado el pastorado de una iglesia y en dos años ésta se había dividido; había aceptado el pastorado de otra congregación, que también terminó dividiéndose. Como resultado de la investigación, el hombre fue despedido de la iglesia y comenzó su propio grupo, un grupo pequeño de seguidores que se reúne en su casa. La secretaria de la iglesia (divorciada dos veces) era la defensora número uno del copastor, y lo hacía buscando desesperadamente una vida más cerca del Señor. Es notable que el pastor Esteban originalmente también había creído todo debido a que «la consagración» del copastor lo había conmovido. Esto demuestra una vez más que el legalismo es llamativo, tiene su encanto y hasta personas maduras pueden caer en su trampa. Por gracia de Dios la iglesia sobrevivió el golpe y está volviendo a crecer. Debido al discernimiento de varios hombres y mujeres maduras fue posible detener el proceso de lavado de cerebro, ¡pero había comenzado!

2. En nuestros círculos es común escuchar la frase «Dios me dijo» o «Dios me guió». La mayoría de nosotros quedamos impactados cuando Dios habla a un individuo. Somos fácilmente manipulados por cualquier dicho que suena espiritual. Las sectas abundan en todo tipo de frases similares que pretenden provenir de una línea directa del Señor. Primera Reyes 13 relata la historia de un profeta que engañó a otro profeta empleando la frase «…por palabra de Dios me ha sido dicho» (17). Jacob hizo lo mismo cuando engañó a su padre Isaac en Gn. 27:20.

Todos deseamos seguir a un líder fuerte, espiritual, con carisma, es decir un modelo. Cuando a este se le suma la tendencia (en la cultura latina) a pensar que en el pueblo de Dios hay diferentes niveles espirituales, terminamos con una situación ideal para el engañador. He sido testigo de que la gente acude al pastor o al predicador itinerante imaginando que, simplemente por ser predicador o pastor, goza de un acceso superior al trono de la gracia. Esta tendencia bien podría ser la base para que una persona, aprovechándose de la ingenuidad de los oyentes, forme su propio grupo.

Frente a tales tendencias ofrecemos varios consejos:

a) Ser escéptico cuando alguien declara: «Dios me dijo». Pablo mandó a los tesalonisences, «examinadlo todo; retened lo bueno» (1Ts. 5:21).

b) Resistir la tentación de responder a ilustraciones e historias que simplemente apelan a las emociones. En su lugar, prestar cuidadosa atención al contenido del mensaje y preguntar si las historias ilustran el pasaje o bien sólo recurren al elemento emocional. Es posible evaluar las palabras por medio de las Escrituras pero no existe lo mismo para evaluar las emociones.

c) Estar alerta cuando un predicador «usa» (en realidad abusa) de la Escritura en vez de predicar o exponer la Biblia. Cuando una persona cita la Biblia para apoyar sus argumentos, hay que seguir el ejemplo de la gente de Berea (Hechos 17:10–11), investigar si lo que dice es verdad.

Existen varias maneras comunes de usar la Biblia para fines propios en vez de exponer la Palabra de Dios. Menciono cuatro de los más comunes.

En primer lugar, lo más usual es valerse de pasajes fuera de su contexto bíblico. Empleando versículos fuera de contexto, es factible alegar que algo es Palabra de Dios cuando en realidad se persuade a la gente a creer una mentira.

El segundo es el método alegórico de interpretar la Biblia en el que cada personaje, objeto o evento representa o significa algo más. Por ejemplo, escuché a un predicador utilizar la historia de Abigaíl, Nabal y David (1S. 25) en un sentido alegórico. En dicho mensaje David representaba a Dios, Abigaíl al alma humana (o posiblemente al Espíritu Santo, no estaba claro) y Nabal la carne (la naturaleza humana). La idea principal era que hay que crucificar la carne (Dios mató a Nabal). Como consecuencia, Abigaíl y David deben casarse, es decir tiene que haber comunión entre la persona y Dios. Ahora bien, hay excelentes lecciones en este pasaje pero esta alegoría no es una de ellas. Es fácil entender cómo es posible «lavar el cerebro» de la gente valiéndose del método alegórico porque éste se presta para cualquier enseñanza.3

La tercera desviación en la predicación de la Biblia que es común en las sectas es tergiversar el pasaje para que respalde conceptos propios. Fui testigo cuando un predicador (que ya ha establecido su propio grupito) predicó un mensaje sobre Romanos 12. Nuestro hijo, Joel, quien en aquel entonces tenía sólo 12 años, comentó: «Papi, me parece que el pasaje enseña lo contrario de lo que el predicador dijo esta mañana». ¡Joel tenía razón!

Finalmente, hay predicadores que creen que los oyentes deben aceptar lo que ellos dicen sencillamente porque ellos mismos lo han dicho. En efecto, lo que han hecho es sustituir la Palabra de Dios con su propia palabra.

Por qué es difícil salir de una secta

La muchacha que escribió la triste historia narrada en capítulo 11 es sólo un ejemplo de los miles de personas que luchan para escapar de una secta aun después de haber tomado la decisión de salir. ¿Por qué?

1. Algunos temen salir debido a lo que les pasaría a ellos y a su familia. El libro de Hebreos es una exhortación a los destinatarios a perseverar, a seguir en la gracia y a no volver a obras muertas. Los hebreos habían salido de su vida de legalismo y habían entrado en la gracia del Señor, cuando inesperadamente las cosas cambiaron. No solamente fueron perseguidos por los romanos por ser judíos, sino también perseguidos por los judíos por ser seguidores del Mesías. Seguramente lo que pasó por sus mentes fue algo como: «¿Está Dios enojado con nosotros por haber salido de la »sinagoga» (la iglesia madre)? ¡Volvamos a ella!»

Las personas atrapadas en una secta han sido instruidas para creer que «aquí» (en la secta) Dios las ama y las bendice; y «allí» (fuera de la secta) Dios no las ama y tal vez las envíe al infierno. Además, muchos creen en la eficacia de las maldiciones. Al salir de una secta, cualquier cosa insólita que les sucede los lleva a creer que es resultado de una maldición instigada por el grupo. Sin duda ese temor (de una maldición) infundado por parte de muchos sectarios es el fundamento de la decisión de no salir.

2. El apóstol (ungido, siervo, profeta o cómo se llame) se ha sentado «en la cátedra de Moisés» (Mateo 23:2), es decir ha convencido a la gente de que él mismo posee la máxima autoridad y es vocero de Dios. ¿Quién se atrevería a contradecir al vocero de Dios?

Este líder «explota necesidades universales: el ansia de parte de algo, el deseo de cierto orden y seguridad, el querer conectarse con algo más grande que uno, el anhelo secreto de hallar un padre solícito que ofrezca protección y bienestar».4

3. Si la secta logra uno de sus propósitos, el interlocutor ha sido apartado de sus familiares y amigos. Este aislamiento causa que la persona esté más ligada al grupo y sea menos capaz de existir sin el grupo. Después de haber tomado la decisión de apartarse de la secta, la muchacha que cuenta su historia en el capítulo 11 permaneció otros seis meses porque «estaba sin amigos».

Un hecho notable a la lucha de quienes quieren salir de una secta lo constituyen aquellos que después de escaparse luchan para encontrar una nueva iglesia. Uno de los motivos se ilustra con la experiencia de un adolescente en México. Después de haber sido engatusado por una secta durante más de dos años, entró en razón, se dio cuenta de que el grupo estaba manipulando su vida y pudo salir. Cuando acudió a mí para pedir ayuda, andaba de iglesia en iglesia, no queriendo echar raíces en ninguna porque, decía, «ya no puedo confiar en nadie, y menos en los líderes».

Otro joven, después de haber salido de una situación similar, me explicó que tampoco se tenía confianza como para tomar la decisión de seleccionar una nueva iglesia. Confesó sentirse paralizado emocionalmente.

Cuando se juntan los varios ingredientes presentados en este capítulo: gente sincera pero crédula, la astucia de Satanás, el encanto del legalismo, las promesas de las sectas, la sagacidad del lavado de cerebro (ver capítulo siguiente), la desesperación de la gente por encontrarle sentido a la vida, la satisfacción al imaginar que uno está en presencia del «vocero de Dios», uno comienza a comprender por qué la gente entra en el mundo de las sectas y por qué simplemente no las abandonan cuando se dan cuenta de que se trata de sectas.

1 “Diablo” significa acusador o calumniador. La Biblia presenta también a Satanás como el tentador (1 Ts. 3:5). Además él es Abadón y Apolión (Ap. 9:11). El nombre tanto en hebreo (Abadón) como en griego (Apolión) significa “destructor”. La Biblia dice que él es Beelzebú, príncipe de los demonios (Mt. 12:24; 10:25; Mr. 3:27; Lc. 11:15, 18, 19). Beelzebú es una trasliteración de un nombre hebreo o arameo que quería decir “señor del cielo”. Además es el malo (RV) o el maligno (BLA) (Mt. 13:19, 38; 1 Jn. 5:18); el enemigo (Mt. 13:39); homicida y mentiroso (Jn. 8:44); príncipe de este mundo, príncipe de la potestad del aire, dios de este siglo (Jn. 12:31; 14:30; 16:11; 2 Co. 4:4; 1 Jn. 4:4; 5:19); Belial (2 Co. 6:15 —Belial es un nombre derivado de un vocablo hebreo que significa maldad 1 S. 25:25)—; león rugiente (1 P. 5:8); nuestro adversario (1 P. 5:8); el dragón (Ap. 12:3, 7, 9; 20:2); Satanás (1 Cr. 21:1; Job 1–2; Zac. 3:1–2).  Satanás significa adversario, oponente de Dios y de su pueblo.

BLA «La Biblia de las Américas», 1986© por The Lockman Foundation.

2 Daniel Jerusalimiec, “Cómo testificar a una persona que pertenece a una secta”, Continente Nuevo (N° 26, 1993): 7.

BLA «La Biblia de las Américas», 1986© por The Lockman Foundation.

3 Existen pasajes de la Escritura que fueron escritos para un entendimiento alegórico (como en el caso de Gá. 4:24) pero la gran mayoría de las veces la alegoría es especulativa.

4 Goode, 34.

Mirón, J. (1997). ¿Iglesia o secta? (pp. 30–41). Miami, Florida, EE. UU. de A.: Editorial Unilit.