«ME HA HECHO QUEDAR MAL»

12 mar 2016

«ME HA HECHO QUEDAR MAL»

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio http://www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos:

«Conocí a una señora, la cual era mi vecina, y le [dejé usar] mi nombre en varias ocasiones para que le prestaran plata…. La cuestión es que me ha hecho quedar mal. Me han dejado de hablar ella, su esposo y su hija, y yo me he ganado un problema con el dueño de la plata. Me han formado escándalo. ¡Estoy desesperada; no sé qué hacer!»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimada amiga:

»Su vecina es una estafadora y usted dejó que ella la engañara. Casi de seguro ha hecho lo mismo con otras personas, y por eso no podía pedir dinero prestado a nombre propio…. Ella la engañó al convencerla de que era una verdadera amiga necesitada. Y de la bondad de su corazón, usted quiso ayudarla.

»Jesucristo mismo enseñó que, si bien el mandamiento más importante es amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas, el segundo mandamiento es amar al prójimo como a uno mismo.1 Amar al prójimo significa ayudarlo de cualquier modo que podamos, así que usted pensó que estaba haciendo algo bueno. ¿En qué se equivocó?

»Al autorizar a la mujer a que usara el nombre suyo, usted estaba dando su aprobación a la falta de honradez. Ella mintió, y usted dejó que lo hiciera. Usted le dio permiso para engañar al prestamista.

»Ahora tiene miedo de dar parte a la policía porque sabe que procedió de forma ilegal cuando permitió que ella usara su nombre. De ahí que la policía pudiera acusarla a usted de un delito al mismo tiempo que la acusen a ella. Mi consejo es que usted necesita contratar a un abogado para que la ayude a determinar cómo proceder.

»A no ser que el abogado pueda hallar una forma legal de obligar a la mujer a que pague la deuda, me temo que sea usted quien tenga que pagarla. El abogado le dirá si le conviene tratar de llegar a un acuerdo con el prestamista.

»Lamentablemente ha aprendido por las malas que nunca es aconsejable permitir que otra persona use el nombre suyo para obtener un préstamo. Amar al prójimo no quiere decir pedir dinero prestado ni mentir a petición de él, como tampoco prestarle dinero si uno no está en condiciones de perder lo que ha prestado.

»Hay muchas personas buenas que creen que se justifica mentir o engañar con tal de hacerlo por lo que consideran una buena razón. Hasta emplean la expresión «mentira piadosa» para describir una de esas mentiras. Sin embargo, el mandamiento que Dios le dio a Moisés no contempla ninguna excepción.2 … De seguro que Dios la perdonará si se lo pide. Ojalá que el prestamista sea tan misericordioso como Dios.»

Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, puede leerse con sólo pulsar la pestaña en http://www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 242.

http://www.conciencia.net/

«¿Qué significa ser un Cristiano nacido de nuevo?»

a1Pregunta: «¿Qué significa ser un Cristiano nacido de nuevo?»

Respuesta: ¿Qué significa ser un cristiano nacido de nuevo? El pasaje clásico de la Biblia que responde a esta pregunta es el de Juan 3:1-21. El Señor Jesucristo está hablando con Nicodemo, un fariseo prominente, y miembro del Sanedrín (un principal entre los judíos). Había venido a Jesús de noche para hacerle algunas preguntas.

Mientras Jesús hablaba con Nicodemo, El dijo “…De cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Nicodemo le dijo, “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” Jesús contestó, “De cierto te digo, que el que no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo…” (Juan 3:3-7).

La frase “nacido de nuevo” literalmente significa “nacido desde arriba.” Nicodemo tenía una necesidad verdadera. Él necesitaba un cambio de corazón – una transformación espiritual. El nuevo nacimiento, el nacer de nuevo, es un acto de Dios por el cual la vida eterna es impartida a la persona que cree (2 Corintios 5:17; Tito 3:5; 1 Pedro 1:3; 1 Juan 2:29; 3:9; 4:7; 2:1-4, 18). Juan 1:12,13 indican que “el nacer de nuevo” también transmite la idea de “volverse hijo de Dios” al confiar en el nombre de Jesucristo.

La pregunta viene de manera lógica, “¿Por qué una persona necesita nacer de nuevo?” El Apóstol Pablo en Efesios 2:1 dice, “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados…” A los Romanos en Romanos 3:23, el Apóstol escribió, “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” De manera que, una persona necesita nacer de nuevo a fin de que sus pecados sean perdonados y para poder tener una relación con Dios.

¿Cómo ocurre eso? Efesios 2:8,9 formulan, “Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” Cuando uno es “salvo”, él (o ella) ha nacido de nuevo, ha sido renovado espiritualmente, y ahora es hijo de Dios por el derecho de este nuevo nacimiento. Confiar en Jesucristo, en Aquel quien pagó la penalidad del pecado al morir Él en la cruz, es lo que significa “nacer de nuevo” espiritualmente. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es…” (2 Corintios 5:17 a).

Si nunca ha confiado en el Señor Jesucristo como su Salvador, ¿consideraría usted dar lugar al Espíritu Santo mientras El le habla a su corazón? Usted necesita nacer de nuevo. ¿Haría usted la oración de arrepentimiento para así volverse hoy una nueva creación en Cristo? “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Juan 1:12-13)

Si usted desea aceptar a Jesucristo como su Salvador y nacer de nuevo, aquí está una oración modelo. Recuerde, hacer esta oración o cualquier otra, no va a salvarlo. Es solamente el confiar en Jesucristo lo que le puede librar del pecado. Esta oración es simplemente una manera de expresar a Dios su fe en Él, y agradecerle por proveerle su salvación. “Dios, sé que he pecado contra ti y merezco castigo. Pero Jesucristo tomó el castigo que yo merecía, de manera que a través de la fe en El yo pueda ser perdonado. Me aparto de mi pecado y pongo mi confianza en Ti para la salvación. ¡Gracias por Tu maravillosa gracia y perdón – el don de la vida eterna! En nombre de Jesús, ¡Amén!”

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SALVOS DESPUÉS DEL JUICIO FINAL

SALVOS DESPUÉS DEL JUICIO FINAL

¿A dónde van a vivir los salvos después del Juicio Final?

David Logacho
Programa No. 2016-03-11
a1Asumo que cuando Ud. habla del juicio final, se está refiriendo a lo que se llama el Juicio del Gran Trono Blanco, porque ciertamente acontece al final de la historia de la humanidad en la presente tierra tal como la conocemos en la actualidad, antes de que Dios cree los cielos nuevos y la tierra nueva.

Apocalipsis 21:1 dice: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.”

Lo que relata este texto cronológicamente ocurre inmediatamente después del Juicio del Gran Trono Blanco. La presente creación será deshecha por fuego, a fin de que sea purificada de todos los efectos del pecado.

Esto es lo que podemos apreciar en 2ª Pedro 3:10 que dice: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.”

A todo esto, los salvos que habiten la tierra en ese momento, cuando llegue el final del reino milenial, serán puestos por Dios a buen recaudo, conforme a la promesa de 1ª Pedro 3:13 que dice: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.”

Tenemos entonces, que los salvos del milenio, se unirán a los salvos del Antiguo Testamento, a los salvos de la iglesia y a los salvos de la tribulación en la morada de Dios o el cielo o la nueva Jerusalén. Pero note lo que sucede después.

Apocalipsis 21:2-3 dice: “Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos, y ellos serán sus pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.”

Lo que estamos contemplando es una fusión de los cielos nuevos y la tierra nueva con la nueva Jerusalén y el resultado de esa fusión es lo que se llama el estado eterno, que no es otra cosa sino el cielo, la morada de Dios. Todo este razonamiento para llegar a la conclusión que los salvos en la tierra durante el milenio, pasarán a morar en el cielo por la eternidad.

http://labibliadice.org/pregunta-del-dia/salvos-despues-del-juicio-final/

3-Tres pruebas de una verdadera iglesia

3-Tres pruebas de una verdadera iglesia

a1Una y otra vez en su libro, Juan resalta tres pruebas principales para «probar los espíritus». Las tres deben estar presentes para que determinado grupo sea considerado auténtico. No es suficiente que un grupo exhiba una o aun dos de estas marcas sino que, según el apóstol Juan, las tres juntas dan la pauta de una verdadera iglesia. Al mencionar estas pruebas, es importante distinguir entre una iglesia separatista —o tal vez un poco rara— y una secta. Además, ciertas iglesias o grupos comienzan bien pero paulatinamente se convierten en sectas y lo manifestarán en alguna de las tres áreas. Las tres pruebas son la teológica, la moral y la social.

1. La prueba teológica. Esta prueba tiene que ver mayormente con Dios Hijo, Jesucristo. Me gustaría poder afirmar que las otras dos automáticamente surgen de la prueba doctrinal (como si doctrina correcta siempre llevara a comportamiento correcto) pero no es necesariamente cierto. Todos conocemos a personas o grupos enteros cuya doctrina es intachable y sin embargo hay frialdad, chismes, rencor, amargura y hasta odio hacia otros hermanos en Cristo. Esto no significa que la doctrina no sea importante porque nadie puede ser un verdadero cristiano sin creer que Cristo es lo que la Biblia declara que es. Sin embargo, simplemente asentir una declaración doctrinal ortodoxa nunca equivale a conocer al Salvador. «Por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7:20).

Las preguntas para probar al grupo teológicamente son: ¿Quién dicen ellos que es Jesucristo? Según esa doctrina, ¿qué debe hacer uno para ser salvo? (Hechos 16:30). Juan declara que el verdadero cristiano tiene que confesar al Hijo (1 Juan 2:23). Confesar literalmente significa estar de acuerdo o decir la misma cosa. Si el grupo que investigamos cree la verdad, deberá decir acerca de Jesucristo lo mismo que la Biblia declara sobre Él: que Cristo es Dios (Col. 2:9), que murió por nuestros pecados (Ro. 4:25), que la salvación se encuentra solamente en Él (Hechos 4:11–12) y es un regalo de Dios (Ro. 6:26) pero no consecuencia de obras humanas (Tit. 3:5).

En las sectas existen varias maneras de «negar al Hijo». La primera manera es negar directamente en su doctrina escrita que Jesús sea el único Hijo de Dios, el Mesías, el Salvador del mundo. Es lo que hacen los Testigos de Jehová. Otra manera de «negar al Hijo» es negar la eficacia de la obra de Jesucristo en la cruz. Una forma de hacerlo es la enseñanza de un sistema de obras para alcanzar y mantener la salvación. Numerosas sectas nuevas imaginan que uno tiene que hacerse digno de la salvación realizando obras humanas. Es notable que Jesús afirma:

«… no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento»

(Mateo 9:13)

Otra forma común de negar al Hijo, es agregar obras humanas al plan de la salvación: Cristo + otra cosa. Una iglesia cerca de casa alega que uno no es salvo si no se bautiza en esa iglesia. En un caso extremo, una mujer nos escribió atribulada porque su iglesia la había puesto bajo disciplina pues estaba en peligro de «no heredar el reino de Dios» porque llevaba un vestido verde, un color prohibido por el pastor. Es sólo un ejemplo de no confiar en Cristo para la salvación sino en algo externo, en un sistema de obras humanas.

Sin embargo, existe otra manera más sutil de negar al Hijo. Muchas sectas al principio intentan convencer al interesado de que su doctrina es ortodoxa, mientras por otro lado ocultan su doctrina de la salvación —algo que a menudo hacen los mormones. Sólo cuando uno alcanza «cierto nivel» descubre los grandes secretos de lo que en verdad es esa falsa doctrina.

«Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató…»

(2 Pedro 2:1)

2. La prueba moral. La confesión de que Cristo es el Hijo de Dios, el Mesías, el Ungido es tanto una verdad inalterable como algo práctico y personal en la vida de una persona. Con relación a la prueba moral, Juan nos exhorta: «Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él» (1 Juan 2:29). La membresía en la familia de Dios se hará evidente porque el creyente se va conformando más y más a la imagen del Hijo de Dios (Ro. 8:29). Por otra parte, la doctrina falsa conducirá a comportamiento hipócrita y vida falsa: «Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan…» (Tit. 1:16).

La prueba moral, entonces, consiste en preguntar: ¿Es gente santa? ¿Hay obediencia a la Escritura o acaso obediencia a una creciente lista de mandatos humanos? Existe una investigación adicional que uno puede hacer: Estudiar la vida de los fundadores y actuales líderes del grupo o iglesia. ¿Vivieron o viven una vida de santidad bíblica?

En cuanto a sus amigos y conocidos ya involucrados, pregúntese cómo les ha afectado la asistencia a este grupo en sus relaciones con Dios. ¿Los hace más conforme a la imagen de Cristo? La parte que ellos tienen con el grupo, ¿hace que Cristo sea más y más indispensable o los hace cada vez más subordinados a la iglesia? ¿Dan gloria a Dios, a un hombre o al grupo? Finalmente, preguntémonos sobre la actitud que ellos tienen hacia la Escritura. ¿Los induce a pasar tiempo en la Biblia de una manera práctica, o simplemente a memorizar ciertos pasajes que apoyan las creencias del grupo sectario?

No nos confundamos cuando al entrar en un grupo extraño una persona comienza a estudiar la Escritura más que antes. Al cambiar de ciudad por razones del empleo, unos amigos buscaron y hallaron una congregación cerca de su nueva casa. Era admirable el nuevo celo y el tiempo que pasaban estudiando la Biblia. Sin embargo, notamos una diferencia nada positiva en sus actitudes. Rehusaban llamarse «cristianos» para no ser confundidos con cualquier otra iglesia. Ahora eran «discípulos». Valiéndose de Stg. 5:16 insistían en que los fieles confesaran sus pecados a otros miembros de la iglesia, algo que alimenta un sistema de chismes que permite a los líderes controlar al grupo. Sus cultos incluyen mucha confesión de pecados los unos a los otros, hasta las cosas más insignificantes como «Te pido perdón por no haberte saludado esta mañana cuando entré».

Advertidos por estas señales y algunas otras, indagamos acerca de su estudio bíblico que nos había parecido tan admirable. Resultó ser que lo hacían para agradar al líder de su grupo de discipulado y para no perder la salvación. El motivo de hacerlo para mantener comunión con Dios, para conocer a Dios de manera más profunda o para estar conformados a la imagen de Cristo, no había pasado por sus mentes. Finalmente notamos que estudiaban sólo las porciones de la Biblia proporcionadas por los líderes de la iglesia.

3. La prueba social. El tercer elemento que debe existir en la vida de un creyente o grupo con la verdad es la palabra ágape, el amor de Dios (1 Juan 2:9–11; 4:7–8). La esencia básica de este amor se encuentra en 1 Juan 3:16:

«En esto hemos conocido el amor, en que él [Jesús] puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos»

Es evidente que yo no puedo redimir a alguien muriendo por él porque yo también soy pecador. Jesucristo es el único que puede efectuar la redención eficaz. Sin embargo, existen mil maneras en que puedo «poner mi vida» por los hermanos.

Consideremos el siguiente versículo:

«Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?»

(1 Juan 3:17)

Si alguien tiene una necesidad (una verdadera necesidad, no un mero deseo) y yo tengo lo que ese alguien necesita —ya sea tiempo, comida, dinero, transporte, un talento, una habilidad, u otra cosa —debo hacer lo posible por suplir esa necesidad.

La prueba social entonces es: ¿Existe esta clase de amor en el grupo? Usemos discernimiento al investigar este tema en particular. Ciertos grupos tienen la apariencia de «amor» y hablan mucho de ello, pero tal amor no está de acuerdo con la verdad de la Biblia; por otra parte, el amor de Dios siempre va de la mano de la verdad (Ef. 4:15). En realidad ese amor de las sectas es un «amor» egocéntrico y superficial, o son actos de caridad a fin de ganar el favor de Dios (o apaciguar la ira divina). No aman a su prójimo como a sí mismos (Gá. 5:13–14) y no se cumple lo que Cristo manda en Mateo 5:44 en cuanto a bendecir a los que nos maldicen, hacer bien a los que nos odian y orar por quienes nos hacen daño. Todo lo contrario, maldicen a quienes perciben como enemigos.

A veces escuchamos al ex miembro de una secta declarar que en nuestras congregaciones no ha podido encontrar las mismas amistades profundas que gozaba en la secta. Por un lado eso demuestra una gran falta en nuestras iglesias, la necesidad de profunda koinon entre los hermanos en Cristo.1 Por otro lado, a veces no será posible igualar «la calidez y el cariño» que sentían en la secta sin violar principios bíblicos.

En cierta instancia, por ejemplo, una dama que vino a nuestra congregación confesó inquieta que anhelaba entablar amistades tal como tenía antes. En la secta a la que había pertenecido, todos vivían en la misma calle. Criaban a los chicos en conjunto. Dormir con la esposa de otro no era considerado pecado con tal de que no lo hicieran por pura pasión. Incluso al líder se le permitía acostarse con la mujer de su antojo. Esta clase de relaciones «profundas» no se puede ni se debe igualar.

En otro caso, un hombre finalmente decidió apartarse del grupo sectario pero su esposa, por temor al infierno, decidió quedarse. Le aconsejaron a la esposa que se divorciara de él por ser «apóstata». Conclusión: para continuar con el matrimonio el hombre tendría que volver a la secta —y lo hizo.

Otra pregunta que toma en cuenta la prueba social es ¿existe en ese grupo amor al cuerpo de Cristo en general? ¿Se anima a los feligreses a participar en eventos con otras iglesias evangélicas, o hay una tendencia a condenar a los demás grupos? Por otra parte, ¿hay amor por los inconversos? ¿Está la iglesia participando en la gran comisión con conversiones a Cristo (Mateo 28:18–20), o está haciendo proselitismo entre miembros de otras iglesias?2 La Gran Comisión a la iglesia es «hacer discípulos» (Mateo 28:19–20), ser testigos de Cristo (Hechos 1:8), ser embajadores de Cristo (2 Corintios 5:20), predicar la Palabra (Ro. 10:14–15; 2Timoteo 4:2) a fin de convencer a los que no conocen al Salvador en forma personal a que se conviertan a El. Jamás es separar a los creyentes de sus iglesias haciéndolos dudar de su salvación afirmando que su grupo es el único con la verdad.

Quién los oye

Finalmente, hay otra cuestión que Juan hace resaltar: «Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error» (1 Juan 4:5–6). El apóstol nos insta a preguntarnos quiénes están escuchando a ese grupo o a su líder. Por más religioso que sea un grupo, si enseña doctrina falsa, es «del mundo». La pregunta que surge, entonces, es: la mayoría de los cristianos maduros que conozco, ¿están de acuerdo con este grupo? ¿O acaso quienes forman la mayor parte de esa congregación son los inmaduros, los que son arrastrados por el viento y echados de una parte a otra (Santiago 1:6)?

1 Ver el artículo por este autor, “La necesidad de la koinonía”, Continente Nuevo (Nº 28, 1993), 6–8.

2 La palabra proselitismo en el griego significa “agregado” o “el que se acerca” y originalmente se usaba en un buen sentido.  Todavía mantiene el significado de convertirse de una religión a otra pero ha tomado un sentido negativo de “robar ovejas”.

Mirón, J. (1997). ¿Iglesia o secta? (pp. 23–29). Miami, Florida, EE. UU. de A.: Editorial Unilit.

MÁS EJEMPLO, MENOS PALABRAS

MÁS EJEMPLO, MENOS PALABRAS

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-11
a1Nuestro mundo cada vez está más repleto de palabras, palabreros, discursos, órdenes, mensajes y huecos profesionales de la oratoria. Pero escasean los ejemplos. Esas vidas genuinas que transmiten su mensaje silencioso pero efectivo. Alguien dijo que las palabras mueven, sí, pero son los ejemplos los que influencian y arrastran. Si hubo una persona que logró más con su ejemplo que con sus palabras ese fue Jesús. Tal es así que en los tramos finales de su vida terrenal se despedía de sus discípulos y lo hizo con un discurso que abarca tres capítulos del evangelio de San Juan comenzando con el 14.  Pero en el número 13 deja atónitos a los suyos cuando, en medio de la última cena, la de la pascua,  le ven agacharse y lavar los 24 pies sucios de cada uno de ellos y, de una forma silenciosa pero natural, acaba su  didáctica, vuelve  a la mesa y sigue comiendo. Recién entonces les explica lo que había hecho como para que no quede duda alguna de lo que les quiso comunicar. Así de sencillo, así de natural, sin palabras, pero con un fuerte ejemplo de amor y servicio que sería la materia prima que encendió el corazón de aquellos jóvenes discípulos para dar vuelta el mundo de aquel entonces con la llama del evangelio. Él no buscaba ejemplos que agregar a sus palabras, sólo le ponía algunas palabras a sus propios ejemplos. Tenemos que aprender  a transmitir más lecciones  con nuestro ejemplo que con nuestras palabras.

El principio básico de la educación es el encontrar situaciones en nuestras vidas que grafiquen las verdades que intentamos transmitir y aprovechar al máximo esas situaciones. De lo contrario sólo estamos informando pero nunca educando y la educación sin formación produce deformación. Jesús fue un educador modelo. Su cátedra ambulante durante los tres años que duró su ministerio fueron justamente esas situaciones cotidianas donde Él era siempre el ejemplo  a seguir y esas situaciones fueron el púlpito desde el cual impartía sus enseñanzas.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Educar es mucho más que informar, es formar desde tu propio ejemplo.

HASTA LA BASURA SIRVE PARA ALGO

11 mar 2016

HASTA LA BASURA SIRVE PARA ALGO

por el Hermano Pablo

a1Mirar desde la ventana de ese sexto piso era ver un paisaje gris y sombrío. Porque la ventana de ese apartamento daba a un oscuro callejón del barrio de Harlem, Nueva York. Y el callejón era, en sí mismo, un enorme depósito de basura infestado de ratas.

Fue por esa ventana, a treinta metros de altura, que cayó el pequeño Ramal Gentry, de dos años de edad, hijo de Rhonda Gentry. Pero la basura lo recibió blandamente, como los brazos mismos de su madre, y el pequeño no sufrió más que el susto. «Dios y la basura —declaró después la madre— hicieron el milagro.»

Es interesante cómo aquello que tenemos por inservible viene a veces a salvarnos de algún desastre. Se supone que la basura no sirve para nada. Por eso la quitamos de la casa, la metemos en bolsas plásticas o de papel y la llevamos a un basurero. O la dejamos en el sitio indicado para que la recoja la municipalidad.

Las grandes ciudades del mundo recogen cada día millones de toneladas de basura y la llevan lejos, para que no ofenda a nadie. Pero con esa basura se rellenan terrenos baldíos, o se pone la base para nuevos caminos, o se quema y se saca de ella energía.

En el caso del pequeño Ramal, la basura sirvió para salvarle la vida y para que su madre elevara una oración de gratitud a Dios.

En la célebre parábola del hijo pródigo relatada por Jesucristo, se cuenta del joven que vivió perdidamente derrochando toda su herencia. Lo gastó todo hasta que se vio pobre y derrotado, cuidando cerdos y comiendo basura. Pero esa miserable situación sirvió para que el pródigo tuviera una reacción moral, que lo hizo regresar a la casa de su padre y al albergue de la familia.

¿Será posible que nos hallemos hoy en medio de lo que consideramos un montón de basura? Es más, ¿nos consideramos nosotros mismos basura? Quizá la vida nos haya vencido. Quizá los vicios nos tengan derrotados. Quizá nos hallemos quebrantados, amargados, desalentados. Quizá hayamos perdido toda esperanza de recuperación y aun todo deseo de vivir.

Ha llegado entonces el momento de reaccionar. Ha llegado el momento de pedir socorro divino. Ha llegado el momento de confesar, como el hijo pródigo: «He pecado contra el cielo y contra ti» (Lucas15:21). Y clamar: «¡Ayúdame, Señor!» Jesucristo puede sacar a todo ser humano de cualquier basurero, no importa lo grande o maloliente que sea. Basta con que clame a Dios en medio de su dolor. Él sólo espera oír su clamor.

http://www.conciencia.net/

MANIFESTACIONES NO CONVENCIONALES

MANIFESTACIONES NO CONVENCIONALES

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-10
a1Cada vez que intentemos encasillar el obrar de Dios a nuestros estereotipados prejuicios saldremos perdiendo oportunidades y bendiciones. Porque Dios no obra como a nosotros nos parece que debiera obrar, por el simple hecho de que su forma de pensar dista mucho de la nuestra. Él no se mueve en base a códigos humanos sino divinos. Es, en palabras de Jesús a Nicodemo, como el viento, no sabes de dónde viene ni a dónde se dirigirá dentro de una hora. La tarde ya había caído. El Señor despedía a una multitud con sus estómagos repletos de alimentos por la milagrosa merienda que les acababa de ofrecer gratuitamente. Embarcó a sus discípulos en un bote y acordó encontrarse con ellos en la otra orilla dentro de dos horas, que es lo que se tarda en cruzar el Mar de Galilea. Pero habían pasado ya ocho horas y ese bote se debatía en medio de una feroz tormenta. Hacia las tres de la madrugada el Señor se aparece a sus discípulos caminando sobre el mar. A tal punto que estos experimentados y rudos pescadores se abrazaron como niños en medio de la barca y, con voz de miedo, exclamaron: ¡Un fantasma! Claro, parecía Jesús. Su silueta y su voz audible lo confirmaban. Pero… ¿caminar sobre el agua?… Eso es raro, muy raro. Su presencia no coincidía con la imagen del Cristo que habían conocido. Sus estructuras mentales no encontraban herramientas para definir esta situación. Es que Dios te va a parecer muchas veces raro, muy raro. ¿Y? ¿Acaso Él debe revelarse a tu vida como tú te lo esperas o te lo imaginas, o  como Él considere necesario?… De la misma manera la gente del pueblo no podía aceptar que, siendo un humilde carpintero, sea el prometido Mesías.

De la misma manera nosotros, cuando nos hemos formado una idea sobre un asunto, difícilmente la modificamos aun teniendo tanta evidencia que demuestre lo contrario. Así nos perdemos bendiciones como tantos contemporáneos a Jesús. De ahora en adelante, cada vez que Dios se presenta a tu vida, no veas fantasmas.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Permite que suba a tu barca aun cuando te dé miedo navegar a su lado.

EL DOLOR

EL DOLOR

David Logacho
PROGRAMA NO. 2016-03-09
a1Saludos cordiales mi amiga, mi amigo. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos tratando el tema de los sinsabores de la vida. Los hemos llamado valles. Lo último que vimos fue acerca del valle de la muerte. La Biblia nos presenta algunas metáforas de la muerte para ayudarnos a entender mejor lo que la muerte significa. La muerte es un lazo que atrapa por sorpresa. La muerte es una ligadura que causa dolor y angustia. La muerte es una sombra que parece amenazante, pero para los creyentes es inofensiva. La muerte es un aguijón que ha perdido su poder en aquellos que hemos confiado en Cristo como nuestro Salvador. En el estudio bíblico de hoy hablaremos acerca de una de las consecuencias de la muerte, el dolor.

La reacción más común e inmediata ante la muerte de un ser querido es el dolor. Después de ello, habrá otras emociones como ira, enojo, temor, desesperación, abandono. Pero definitivamente el dolor es lo primero que aparece en la lista. En esta oportunidad me gustaría compartir con usted amable oyente, dos características del dolor que se produce por la partida de un ser querido o por la pérdida de cualquier otra índole. En primer lugar, el dolor expone nuestra vulnerabilidad. Todos nosotros en mayor o menor grado, inconscientemente unas veces y conscientemente otras veces, pretendemos tener control absoluto sobre nuestra vida. Pero no sólo la muerte sino también cualquier otra pérdida hace explotar esa ilusión así como una aguja hace explotar un globo lleno de aire. El dolor que experimentamos se produce porque de una forma violenta somos confrontados con nuestra fragilidad y vulnerabilidad como seres finitos, como seres mortales. La muerte irrumpe con violencia en los más recónditos lugares de nuestra alma y saca a la luz emociones que ni siquiera sabíamos que existían peor que teníamos que enfrentarlas. Nadie busca voluntariamente experimentar emociones de soledad, vulnerabilidad, inseguridad, nostalgia. Solamente cuando la muerte visita a alguno de nuestros allegados nos vemos forzados a reconocer estas emociones. El dolor por la muerte, ciertamente expone nuestra vulnerabilidad. Definitivamente no somos dueños de nuestra propia vida, no somos los que tenemos la última palabra en cuanto a nuestra existencia en este mundo. No somos quienes hacemos que las cosa sucedan. La muerte es una bofetada a la autosuficiencia del hombre. La muerte descubre la realidad de lo que somos y por eso causa profundo dolor y angustia. Al mirar el dolor bajo esta perspectiva, algunos llegan a pensar que tanto dolor es mucho que se tiene que pagar para obtener el gozo y la paz, que viene después. Por esto, muchos intentamos ignorar el dolor con la esperanza de no quedar a merced del mismo, pero recuerde lo que dice Proverbios 14:12 Hay camino que al hombre le parece derecho;
Pero su fin es camino de muerte.
Parece que fuera buena idea esto de ignorar el dolor en nuestra vida, pero si fallamos en enfrentar el dolor, perderemos oportunidades de experimentar el gozo que podríamos tener. En segundo lugar, el dolor puede elevarnos a encumbradas alturas o puede arrojarnos a profundos valles. Una de dos. Todos hacemos lo mejor que podemos tratando de evitar un encuentro frente a frente con el dolor producido por la partida de un ser querido o en general por la pérdida de cualquier cosa que consideramos de valor. Por eso cuidamos lo que amamos, sean personas o cosas. Por eso es que protegemos lo mejor que podemos nuestros bienes. Pero cuando a pesar de todo lo que hacemos por proteger lo que amamos, sean personas o bienes, nos visita la muerte o los ladrones o la bancarrota, nos embarga un profundo dolor. ¿Qué hacer ante la presencia de este dolor? Básicamente tenemos dos opciones. La una mala y la otra buena. La mala es dejar que el dolor nos domine y nos tornemos en personas amargadas, resentidas contra Dios. La buena es hacer que el profundo dolor nos eleve a una comunión más íntima y más estrecha con Dios. Muchos creyentes han pasado por experiencias así. El dolor no ha desaparecido inmediatamente. El dolor se ha quedado en la vida por un tiempo más, a veces por bastante tiempo, otras veces por poco tiempo, pero en algún momento, en medio del dolor ha brotado la dulce calma de confiar en Dios quien sabe a la perfección lo que está haciendo aunque a nosotros con nuestra mente finita nos parezca un despropósito. Sin temor a equivocarse se puede decir que la fe se fortalece cuando el dolor se mitiga por la intervención directa de Dios. La confianza en el Señor se fortalece cuando en medio del dolor podemos experimentar su maravilloso consuelo. Por eso, amable oyente, si este preciso momento usted está atravesando por alguna situación que le ha producido un profundo dolor, tal vez por la muerte de algún ser querido o por la pérdida de su trabajo, o por la pérdida de algún bien material, o por la pérdida de su honor, yo le animo a que no se deje dominar por el dolor causado por el percance, pensando que ha sido víctima del destino, o de la mala suerte, como si eso existiera, o algo por el estilo, o que Dios le ha abandonado y por eso está sufriendo ese intenso dolor. No, amable oyente, mas bien, deje que el dolor sea como el cincel en las hábiles manos del escultor, para sacar de su vida lo que no corresponde a la forma que Dios quiere darle. Deje que el dolor en su vida sea como las alas de águila que le lleva a alturas insospechadas. Sólo así podrá sacar el beneficio del dolor y experimentar el gozo que viene detrás de él. Cuando Mathew Henry, el famoso erudito bíblico fue despojado de su cartera por los ladrones que le asaltaron, escribió en su diario estas palabras: Señor, te agradezco primeramente porque nunca antes he sido robado, segundo, te agradezco porque aun cuando los ladrones se llevaron mi cartera, no me quitaron la vida, tercero, te agradezco porque aun cuando todo lo que tenía estaba en mi cartera, sin embargo no era mucho y cuarto, te agradezco porque yo fui quien fue robado y no fui yo quien robó. ¿Ve usted amable oyente? No hay ni un dejo de amargura por lo que le acababa de pasar. No hay ni huella de resentimiento ni contra Dios ni contra los ladrones. Sólo hay toneladas de gratitud a Dios y una confianza plena en los propósitos soberanos de Dios. Por algo dice la palabra de Dios en 1 Tesalonicenses 5:18 Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.
Los que oyen la palabra de Dios diciendo: No te desampararé ni te dejaré, son los que pueden decir en su corazón: El Señor es mi ayudador, no temeré lo que pueda hacerme el hombre. Cuando descubrimos el significado de esta verdad, podemos estar seguros que aun cuando otros nos abandonen, ya sea porque no quieren saber nada de nosotros o ya sea porque parten de este mundo a la eternidad, nos dejará un profundo vacío en el alma, sin embargo, el Señor no nos abandonará nunca y si él es por nosotros, ¿quién contra nosotros? Esta confianza no quitará el dolor como por arte de magia, pero en cambio nos capacitará para evitar que el dolor nos aplaste como una aplanadora. Así como el sol puede derretir el chocolate y endurecer el barro, el dolor también puede derretir el corazón de una persona para que se acerque más al Señor y hallé en él el consuelo y el gozo en medio de la tribulación. Pero también el dolor puede endurecer el corazón de una persona y volverle amargada, llena de resentimiento y rencor, controlada por la ira. La respuesta la tiene usted, mi amiga, mi amigo. Es usted quien puede hacer del dolor un terrible adversario o un fiel aliado. Si desea hacer del dolor un aliado suyo, necesita primeramente ver por fe al varón de dolores, experimentado en quebranto, nuestro Señor Jesucristo, quien con su sufrimiento, muerte y resurrección ganó para nosotros la victoria sobre la muerte y nos regaló un lugar junto a él por la eternidad. Usted necesita recibir a Cristo como su Salvador. Mi desafío a usted es que no ignore el dolor. Esto no traerá nada provechoso a su vida. Tampoco deje que el dolor le domine. Le animo que usted vea al dolor como un aliado para que le lleve a cumbres de la gloriosa comunión con Dios.

LOS QUE TRIUNFAN

LOS QUE TRIUNFAN

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-09
a1Después de una serie de experimentos infructuosos, un científico se negó a admitir su fracaso. “No hemos fracasado todavía”, le dijo a su colaborador desanimado. “Ahora sabemos que hay 1000 procedimientos que no dan resultado. Así que estamos mucho más cerca de hallar el correcto”. Su nombre: Thomas Edisson. Un muchacho era tan lento en aprender a hablar que sus padres creyeron que era anormal, con el tiempo llegó a ser un científico eminente. Su nombre: Albert Einstein. Hubo otro muchacho que tenía muy pocas probabilidades de tener éxito en la vida. Reprobó dos veces el examen de ingreso en una academia militar. Fue aceptado recién en la 3° vez, se puso a estudiar en serio y pronto el mundo comenzó a tener noticias de él. Su nombre: Winston Churchill, ministro inglés clave en la segunda guerra mundial y por quien el mundo fue libre de la amenaza de Hitler. Y la lista es larga de hombres y mujeres que no se desanimaron ante sus fracasos, que no escucharon la crítica destructiva y que no tuvieron temor de ser parte de las minorías. En realidad rara vez las mayorías tuvieron la razón. Fueron algunos pocos escépticos los que revolucionaron el mundo de la tecnología y el arte con sus ideas.

Jesús fue el mejor exponente de lo que intentamos decirte. Comenzó solo con un mensaje revolucionario. Reunió un pequeño grupo de adeptos a los que llamó discípulos, formó un pequeño organismo dependiente de su misma vida llamada iglesia que se asemejaba, en sus propias palabras, a una manda pequeña, pero su verdad sigue marchando y hoy somos un ejército que le sigue gritando al mundo el evangelio de siempre aunque les parezca locura.

Si sigues a las mayorías caerás en el engaño del diablo porque ancha es la puerta y espacioso el camino que conduce a la perdición, pero estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida eterna y solo algunos se salvan. No te engañes

 

PENSAMIENTO DEL DIA:

Cuando le preguntaron al escritor Riley el secreto de su éxito contestó: la goma de borrar que está al extremo de mi lápiz.

TOMAR LA VIDA EN VERSO

9 mar 2016

TOMAR LA VIDA EN VERSO

por el Hermano Pablo

a1Los versos estaban mal compuestos, pero de todos modos, eran versos. Es difícil lograr la rima y la cadencia de un Rubén Darío o de un Guillermo Valencia. Los versos decían así: «No debiste matar de noche / ni debiste matar de día. / Ahora debo sentenciarte / a prisión por toda tu vida. / Mataste a tu dulce esposa, / que tanto amor te tenía. / Ahora te han castigado: / ¡era lo que merecías!»

Los versos los compuso el juez Robert Fitzgerald para condenar a cadena perpetua a David Schoenecker, de cincuenta y un años de edad. Schoenecker había matado a su esposa. Es la primera sentencia en verso que se conozca.

Parece que el criminal había escrito también unos versos cuando mató a su esposa. Y aun después de oír la sentencia, escribió una cuarteta más: «Cuando yo escribí mis versos, / me encontraba muy enfermo. / Cuando el juez escribió los suyos, / no sufría de mal alguno.»

No tomar uno en serio sus ofensas, no sentirse avergonzado de sus agravios, no sentir remordimiento ante el daño que uno provoca, es añadirle mal al mal. Ponerle nombres bonitos a las cosas feas no las mejora en nada. Y escribir versos para constatar un asesinato no cambia en nada el horrendo acto. Incluso, los versos del juez, de amargo buen humor, no alivian tampoco la sentencia. Con todo y versos, el hombre habría de pasar el resto de su vida en la cárcel.

No hay que prodigar elogios al delito. No hay que cantarle loas a la muerte. No hay que pronunciar alabanzas al pecado. Algunos quieren hablarle con sarcasmo a la vida y proferir insultos al destino, pero no son más que pobres recursos del despecho que en nada aminoran el crimen.

Las palabras del rey David, confrontado por su pecado de tomar como mujer a Betsabé, esposa del soldado Urías, y de enviar a Urías al frente de batalla para que lo mataran, no eran palabras de un rey arrogante. Eran las de un pecador contrito y humillado. «Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor…. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu» (Salmo 51:1,10).

Y cuando Cristo quiso enseñarnos cómo debe un malhechor responder ante sus delitos, lo hizo poniendo una oración en labios de un desgraciado recaudador de impuestos. Las palabras son éstas: «¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!» (Lucas 18:13).

No miremos con impudencia nuestro pecado. No hay ni gracia ni perdón para el que no confiesa su mal. Reconozcamos nuestra rebeldía, admitamos nuestra indocilidad, confesemos nuestro pecado, y Dios en un instante nos perdonará y nos limpiará de toda maldad.