Menú 36. Tómate un respiro: Venid a mí todos los que estáis cargados

Menú 36. Tómate un respiro: Venid a mí todos los que estáis cargados

a1“Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”. Romanos 14:17.

¿Sabes? Dios nos llama a descansar. No nos llama a tener una vida acomodada y burguesa, pero sí a descansar. Muchos creyentes creen que “haciendo muchas cosas” obtendrán el visto bueno de Dios. Quizás no lo dicen, porque sabemos en teoría que todo es por gracia. Pero sí lo pensamos. Si mi vida cristiana es un continuo desasosiego y no tengo paz, ni gozo, y vivo agobiado constantemente, quizás no estoy viviendo correctamente mi vida cristiana.

Esto lo digo para aquellos hiperactivos, como yo, que quieren hacer y hacer, pero no dejan espacio para descansar, literalmente, físicamente, mentalmente, de todos sus quehaceres, y disfrutar de lo que Dios hizo, hace y hará. Si estás trabajando mucho, pero no disfrutas lo que haces, debes trabajar un poco menos o cambiar tu enfoque de trabajo.

Jesús nos dijo:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Mateo 11:28–30.

Cuando el Maestro nos invita a arrepentirnos y a cambiar nuestra manera de pensar, no nos llama a una vida continuamente ajetreada, a sentirnos agobiados por lo que Él nos demanda. Todo lo contrario. Él quiere darnos confort en el alma.

Dios nos perdona, nos salva, y entonces podemos sentirnos libres para servirle con humildad y alegría de corazón. Nuestra vida cristiana es en agradecimiento y por amor a nuestro Señor, no una pesada carga que debemos llevar. Actualmente, muchos de nosotros vemos las “costumbres espirituales” como una carga que debemos cumplir más que como una bendición. Nos cuesta orar, leer la Palabra, reunimos, hablar entre nosotros, servir a la comunidad, predicar. Es posible que en nuestro día a día lleguemos a desgastar nuestra mente porque tomamos la vida cristiana como una obligación, por intentar devolver el favor a Jesús a toda costa. Y eso a la larga es insoportable. Si nos sentimos solo siervos de Dios y no disfrutamos de Él, si no sentimos ese gozo y esa paz, no podremos servirle. Si no tenemos ese descanso interno que Él nos ofrece no podremos soportar las pruebas que vienen de afuera.

Cuando Dios me salvó, lo hizo para Él. Para disfrutar de Él, para conocerle a Él, para profundizar en Él, para ser libre de mí, para liberarme de la carga que supone vivir mi vida atado al Yo. Cuando Dios me salvó, lo hizo para darme el descanso que mi alma necesitaba, Él es mi sábado, mi reposo, porque mi alma no estará tranquila hasta que no le conozca. (Hebreos 4).

Y esa paz es la que me llevará a vivir para Él. Nunca debemos poner el carro antes que los caballos.

Todo empieza conociendo a Dios, y luego, en respuesta, le servimos, porque nuestro corazón está agradecido por lo que hizo, y porque confiamos en Él para nuestro presente y futuro. Lo que digo es muy diferente a lo que la igleburger llama la comodidad. El llamado de Dios no es un llamado a vivir acomodado según los patrones de este mundo, sentado en un sofá, viendo la tele ocho horas al día mientras comes palomitas; pero sí a reposar en Jesús. Y quizás por ese reposo que Él nos ofrece, que sobrepasa a la paz que este mundo nos puede dar, somos capaces de asumir la gran comisión y vivir para Él.

“Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos”. Colosenses 3:15.

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. Filipenses 4:6–7.

Su reino sobretodo es Justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Es decir, Jesús muere por nosotros y nos hace justicia delante del Padre, nos convierte en aceptos (aceptados) en el amado. Y eso nos lleva a tener esa paz, ese descanso que todos necesitamos en nuestra alma. Y esa paz con Dios nos trae el gozo, la alegría de vivir, vivir de verdad. Vivir para Dios.

JUSTICIA  –  PAZ  –  GOZO

“Yo he venido para que tengan vida, y vida en abundancia”. Juan 10:10.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 183–186). Álex Sampedro.

Menú 35. no vayas a la iglesia, sé la iglesia

Menú 35. no vayas a la iglesia, sé la iglesia

a1Un día Jesús fue al templo y echó a algunos que querían comerciar con Dios, que habían convertido su Casa en un mercado. Y empezaron a preguntarle.

“Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo”. Juan 2:19–21.

A pesar de lo que Jesús dijo, hoy aún creemos que los lugares sagrados existen. Lugares donde hay que portarse bien, o mejor de lo normal. Fuera de esos lugares puedes ser normal:), pero dentro de ese lugar hay que ser más santo, por que ese lugar es sagrado.

No solo eso, dentro de ese lugar, hay espacios más sagrados que otros. Como en el Antiguo Testamento, que estaba el lugar Santo y el lugar Santísimo.

Algunos los llamamos iglesia o templo. Y dentro de la iglesia está el altar, o la plataforma. Y no todos pueden estar ahí, solo los “levitas”. Los que no están acostumbrados a nuestra jerga y escuchan esa palabra, empiezan a imaginarse personas que vuelan… Y no están lejos de la realidad.

Y por ejemplo, si un músico quiere estar en la plataforma, le exigimos más que a un cristiano de a pie. Y empezamos a estratificar la iglesia otra vez, empezamos a etiquetar a las personas según rangos. Fomentamos una doble vida: Lo que hacemos en el lugar sagrado y lo que hacemos fuera de ese lugar. Nos ponemos de los nervios si alguien hace algo extraño en un templo, como ir vestido como una persona normal, o hablar como una persona normal, sin decir: “Hermano, Dios te bendiga”. O si un predicador no pone esa voz rara que se supone que tienen que poner los buenos predicadores como si fueran del siglo XIX. Pero, en cambio, no pasa nada si la gente vive fuera de la iglesia como le da la gana, sin contar con Dios en sus trabajos, sus estudios, su familia, etc. Mientras vayan religiosamente al templo, y allí se comporten como los demás, el sistema estará bien y perdurará.

Así, la igleburger puede seguir con su trabajo de ofrecer servicio a las personas que quieren incluir en su plan un poco de espiritualidad cristiana. Eso sí, hay que tenerla controlada dentro del templo, no vaya a ser que se vaya a escapar.

Quede claro que no estoy en contra de tener lugares de reunión donde la comunidad exprese su fe, donde se reúna de forma periódica para celebrar a Dios, para partir el pan, orar, adorar, celebrar, hablar, comer, y todas esas buenas costumbres que hacen de nosotros cristianos que forman parte de un cuerpo. También el autor de Hebreos nos lo recuerda:

“Y consider émonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. Hebreos 10:24–25.

Pero al final, el local debe ser en nuestra mente un recurso, importante sí, pero un recurso al fin y al cabo.

Y su valor está en las personas que lo usan, y no al revés.

Y

¿Cuál es la alternativa que ofrece Jesús? ¿Qué templo quiere construir? ¿Qué es sagrado para Él?

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”. 1 Corintios 3:16–17.

Cuando decimos que el local (el templo) no es algo TAN importante como otras cosas, a algunos les salen las uñas. Tienen temor de que se desacralice la iglesia: “Los jóvenes tienen ganas de meter el mundo y sus maneras en la iglesia porque no están conformes” (…) tristemente eso es verdad en parte. Algunas personas quieren poner “la iglesia” a su gusto, porque prefieren hacer lo que siempre hacen, incluso en “la iglesia”, y no practicar en ningún caso las costumbres espirituales que nos definen. Y además, sin tener en cuenta a las otras generaciones. Esto también es fruto de la igleburger.

Pero hay otras personas que tienen una motivación diferente. Yo no quiero que “la iglesia” (el local, el templo) se desacralice. Todo lo contrario:

¡Quiero que toda nuestra vida sea sagrada! Jesús nos lo enseñó así. Tan importante es lo que hago dentro del local como fuera. Tan santo es el momento de reunión del domingo por la mañana como la tarde del martes que estoy en mi casa, solo.

Eso no le resta importancia al domingo por la mañana cuando estoy con mis hermanos de todas las edades. Solo los corazones que NO tienen un compromiso real con su iglesia local pueden usar eso como excusa.

Hago real mi vida espiritual. Ya no está enclaustrada en un lugar, sino que es libre para adorar en cualquier sitio.

“El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas”. Hechos 17:24.

El camino fácil es el de querer tener control sobre el Dios que vive en ese templo, al que podemos ir o no. Encerrado en su jaula de oro, no queremos que se inmiscuya en nuestra vida más allá de ese local al que “vamos”, y que tampoco nos afecte más allá de ese día a la semana, donde nos ponemos la corbata evangélica y la sonrisa forzada que desaparece el “bendito lunes”.

Frente a eso te digo:

Sé la iglesia,

quitémonos de una vez esa mentalidad consumista, y vivamos en comunidad el llamado de Jesús, en el mundo real.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 179–182). Álex Sampedro.

Menú 34. Comida basura

Menú 34. Comida basura

a1“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”. Filipenses 3:7–8.

Pablo, el de Tarso, estaba en la misión. En su mente no cabía una igleburger de ningún tipo. Él se dedicaba a fundar iglesias a lo largo y ancho del Imperio Romano, sin aviones, sin Internet, sin CDs de música ¡sin PowerPoint! Dios lo había llamado tirándolo al suelo, con una luz fulgurante que lo dejó ciego temporalmente. La conversación que tuvieron es interesante, hablaron de coces, aguijones y demás. La típica conversación que solemos tener con Dios…

“Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer”. Hechos 9:3–6.

Dios lo llamó para salvarle y para que Él viviera la aventura que jamás soñó. Mira lo que le dijo Dios a un profeta que tenía que curarle la vista a Pablo, después de su conversión.

“El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre”. Hechos 9:15–16.

Sí. Pablo iba a descubrir una vida entregada a Dios, una vida en medio de un huracán. Realmente apasionante.

Antes, Él había logrado muchas cosas. Tenía un curriculum digno de admirar en su época, había tenido los mejores profesores:

“Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible”. Filipenses 3:4–6.

“Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros”. Hechos 22:3.

Nosotros hoy también queremos conseguir muchas cosas parecidas. Un nombre, una posición, una buena formación, un buen trabajo, una carrera profesional que ascienda vertiginosamente, una familia acomodada, recursos y caprichos.

Cuando nos convertimos en cristianos y no dejamos atrás esos deseos nos acercamos a Dios pidiéndole que nos dé todas esas cosas que no tienen porque no ser lícitas. Y una y otra vez le pedimos y le rogamos por todas esas cosas.

Pero Pablo, que vivía sólo para Dios dice que estima todo eso como basura.

Estiércol podría ser una buena traducción. Y no es que Pablo crea que todo eso no sirva para nada, sino que en comparación con el conocimiento de Dios, es como basura. Lo tiene como pérdida, como algo que no le aporta en comparación con el amor de Jesús y el poder conocer a su Señor.

Y de una forma muy real, Pablo perdió todo eso y lo tuvopor basura para ganar a Cristo. Es decir, para tenerlo a Él. Antes de ganar un buen trabajo, una buena reputación, serel mejor en los estudios, o antes de ganar un buen sueldo, prefería ganar a Cristo y estar en Él y con Él.

A la comida rápida, también se le llama comida basura, no porque sea algo imposible de comer, sino porque comparado con otros platos la verdad es que dejan mucho que desear. Aparte no es comida muy saludable, solo hay que ver el documental “Super Size Me”. Acabas teniendo problemas de colesterol, sobrepeso, etc. Y, aunque engorda, no es muy nutritiva. ¡Pero cómo nos gusta!

Y a pesar de que lo sabemos, hoy nos acercamos a nuestro Dios y la oración que más le repetimos es:

¡Oh Señor! ¡Dame más de todo esto que quiero! ¡Más comida basura! ¡Aumenta mi contenedor para que pueda albergar más basura! ¡Por favor! Te lo pido, en el nombre de Jesús. Amén.

Nuestra oración es un reflejo de lo que hay en nuestro corazón. Si en nuestro interior nuestras mayores preocupaciones son las que he mencionado más arriba, nuestra oración se parecerá bastante a esta. Y gracias a Dios, estas oraciones no siempre son respondidas. Dios no quiere darnos comida basura, quiere darnos lo que necesitamos.

Y lo que necesitamos es conocerlo, vivir en su Reino, y que se haga su Voluntad en nuestras vidas de una forma real, porque su Voluntad es la única que es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2).

Por eso te recomiendo que no pidamos más comida basura y dediquemos nuestra vida a vivir buscando lo mejor para ganar a Cristo.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 175–178). Álex Sampedro.

Menú 33. El Verbo se hizo carne: Hazte entender

Menú 33. El Verbo se hizo carne: Hazte entender

a1“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habit ó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. Juan 1:14.

La iglesia habla un idioma que el mundo no entiende. La gente no entiende nuestra jerga: “bendiciones”, “El Espíritu me ha revelado la santa voluntad del Cordero a través de la Palabra”, “tengo una raíz de amargura” ¿Alguien sabe qué significa aleluya? ¿Hosanna? ¿Maranata?

La gente tampoco entiende nuestras formas: ¿Por qué algunos se visten así? ¿Por qué nuestros lugares/iglesias son así? ¿Por qué los bancos son de madera? ¿Por qué son tan incómodos? ¿Cuánto más incómodos, más espirituales? ¿Qué ocurre con el dinero que da la gente? ¿Por qué nuestras Biblias son tan grandes? Y no voy a entrar en el tema de las corbatas, sobretodo en esos días de calor abrasador. En fin, todo esto no es malo. Me encantan los bancos de los parques, me encanta la palabra aleluya y lo que significa, creo que el diezmo es algo genial que debemos practicar y que me mantiene unido y comprometido a mi comunidad, y que cada uno se vista como quiera. Pero la gente que todavía no lo conoce ¿Lo entiende? Te digo más. La gente que acaba de conocerle ¿Lo entiende? ¿Sabemos explicarlo? ¿Sabemos transmitir el mensaje a los que tienen inquietudes espirituales?

Martín Lutero hizo algunas cosas interesantes con su vida. (Más bien Dios hizo cosas interesantes con su vida:)).

Por un lado, redescubrió algo muy importante de la teología propia ¿Te acuerdas de lo que era eso? (lo que creemos y sabemos de Dios, quién es y qué hace).

Volvió a las Escrituras y vio que Dios nos salvaba por gracia, y que quería que creyéramos en Él y en su Hijo como suficientes para salvarnos. No debíamos tener esa carga y culpa para siempre, y esperar toda la vida el juicio de un Dios que estaba ahí para castigar al pecador. Dios es amor y Lutero lo vivió. No hacía falta intermediarios para estar con Dios, Jesús era suficiente. No había que pagar ninguna cantidad de dinero a nadie para salvarse, Jesús lo había pagado todo. No teníamos que vivir en temor ni esclavitud, sino que podíamos clamar Abba, llamar papá a Dios, y confiar, y tener fe en Él para nuestra salvación. Esto supuso una verdadera revolución en su época, una Reforma. Había visto lo que el Verbo era, el verdadero mensaje de Jesús, pero no se quedó ahí. También quiso hacer comprensible un mensaje tan importante. Esta frase condensa lo que él creía:

Sola Fide, Sola Gratia, Sola Scriptura: Solo la Fe, solo la Gracia, solo la Escritura

Martín Lutero tradujo la Biblia del latín al alemán para hacerla comprensible a su gente y relevante para su sociedad. Además, utilizó la última tecnología de la época. Cerca de donde él vivía habían inventado algo que revolucionaría la historia: La imprenta. Y Martín fue de los primeros en utilizarla, no tuvo miedo a lo novedoso de los medios, él quería transmitir el mensaje y sabía que las formas se podían adaptar siempre y cuando el contenido fuera fiel a las Escrituras.

No solo eso, también era un buen músico y se puso a componer canciones que transmitieran el mensaje. Hasta ese momento las canciones que se cantaban en las iglesias solo las cantaban los monjes o las monjas y los sacerdotes. Pero Martín quería componer para el pueblo. Sus melodías eran parecidas a las que cantaban en las tabernas, en las calles, en las plazas. En aquellas tabernas (tabernas alemanas) cantaban canciones mientras chocaban sus jarras de a litro de cerveza unos con otros. Y Martín se inspiró en esas melodías, y en el salmo 46. y empezó a componer:

Castillo fuerte es nuestro Dios.…

Había cambiado el envase, pero fue fiel a las bases

Y así el Evangelio se extendía entre la gente. Tanto así, que le acusaban de que ¡Sus canciones las cantaban por las calles! Ojalá volvieran a acusarnos así.

El primero que se esforzó en hacer comprensible el mensaje fue Dios mismo

¡El verbo se hizo carne! Se atrevió a juntarse con nosotros, unos pecadores profesionales, nos escuchó hablar, sentir, charlar de nuestros temas, se hizo como nosotros. Se hizo carne para llegar a nosotros. Hizo comprensible el mensaje del Evangelio que Dios desde el principio nos quería comunicar. Tenemos el derecho de cambiar las formas, tenemos la obligación de hacerlo, porque es parte de lo que se nos ha encomendado. Pablo lo hizo:

“Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él”. 1 Corintios 9:20–23.

Es importante que aprendamos a transmitir la verdad de Dios a nuestra sociedad y que estemos dispuestos a adaptar nuestras formas a las nuevas maneras de comunicarnos. Si el ser tan formal a la hora de compartir, usando un púlpito, una liturgia que recuerda a un mitin político, reuniones con una persona hablando y todos los demás diciendo solamente ¡Amén!, ya no alcanza a los perdidos, debemos cambiar nuestra forma de predicar (en el sentido amplio de la palabra) y bajarnos del púlpito, compartir de otras maneras, con otras palabras, traducir la Biblia a un nuevo idioma, siendo fiel a la Escritura y su mensaje, pero siendo sensible a los oídos e inquietudes de nuestra generación y, por ejemplo, tener reuniones que reflejen de otras maneras lo que es la Iglesia hoy.

No debemos tener miedo de las nuevas tecnologías, son herramientas de Dios para su Evangelio. Démonos la oportunidad de cambiar aquellas cosas accesorias e impulsemos la misión de Dios en esta tierra.

Quizás, el único cuidado que hay que tener es saber distinguir siempre entre el fondo y las formas, y no vender el mensaje del evangelio al mejor precio, sino saber adaptarnos a los tiempos y las culturas, manteniéndonos fieles al mensaje que se nos ha encomendado.

Jesús quiere que tengamos la misión en mente y vivamos para ella con todos los recursos que estén a nuestro alcance. ¿A qué estamos esperando?

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 169–172). Álex Sampedro.

Menú 32. Pero si la iglesia no es una hamburguesería, entonces ¿qué es?

Menú 32. Pero si la iglesia no es una hamburguesería, entonces ¿qué es?

a1La iglesia es un cuerpo, pero no un cuerpo cualquiera. Es el cuerpo de Cristo. Puede parecer que la iglesia es un club, o un hospital, una empresa, o cualquier otra cosa, pero es mucho más. Quizás puede ser todo eso en apariencia, pero en el fondo no.

“Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular”. 1 Corintios 12:27.

“Y Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia”. Colosenses 1:18a.

“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”. 2 Corintios 5:20.

Cuando Dios ve su iglesia, ¿Qué ve? Ve sus embajadores en la tierra, los que deben seguir haciendo lo que Jesús hacía cuando estaba aquí. Ve su Espíritu en la iglesia para continuar con el trabajo de anunciar las Buenas Noticias. Ve un cuerpo que debe volver a tocar a los leprosos, sanar a los enfermos, liberar a los cautivos, dar vista a los ciegos. Ve una comunidad que debe ser el cielo en la tierra, lo más parecido a lo que ocurriría si Jesús fuera el Rey, el Presidente de este mundo. Representantes de Dios. Porque la gente cuando ve a la iglesia, quiere ver a Dios, y si no lo representamos como Él se merece, las consecuencias son nuestra situación actual. Ve un cuerpo, que aunque no estamos todos juntos físicamente, de una manera extraña, si estamos trabajando con un objetivo común.

Ve a su novia, su esposa, los que estarán con Él, los que se unirán a Él de una forma que aún somos incapaces de entender en su totalidad. Y ve cómo lo amamos, cómo lo admiramos. (Apocalipsis 21:9).

Ve amigos, sus amigos, personas a las que les encomendó la tarea más importante: decirle al mundo que Dios quiere que nos reconciliemos con Él, y por eso nos ha dado trabajo: El trabajo de la reconciliación.

Ve potencial, un potencial que Él ha sembrado, talentos que ha dejado en nuestras manos, y que no nos es permitido enterrar o esconder.

Ve una comunidad de discípulos a su alrededor que quieren aprender de Él cada día más. Que tienen de Maestro, al Creador (Mateo 28:19–20).

Ve misioneros, que quizás no hacen grandes viajes o quizás sí, pero lo importante es que saben que viven en una misión, que son mucho más que trabajadores, o estudiantes, o evangélicos; son hijos de Dios y la creación los está esperando.

“Porque el anhelo ardiente de la creaci ón es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios”. Romanos 8:19.

Ve un pueblo diferente, con valores diferentes para vivir, relacionarse, pedir perdón, con bases diferentes para acercarse a otros. Ve gente sagrada, personas que saben que todo lo que hacen es en realidad para Dios.

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”. Colosenses 3:23.

Que no distinguen entre vida secular y cristiana porque son lo que son, estén donde estén. Ve una nación con objetivos muy diferentes a los de las otras naciones, con estructuras diferentes a las otras, constituida de forma diferente y con reglas diferentes.

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”. 1 Pedro 2:9.

Jesús ve un cuerpo, su cuerpo, del cual Él es la cabeza, y quiere enviar órdenes a su cuerpo para que éste se mueva, corra y cambie el mundo. Él lo ve. Y para Él es real ¿Lo ves tú?

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (p. 165). Álex Sampedro.

Menú 31. El evangelio de oferta

Menú 31. El evangelio de oferta

a1La mentalidad igleburger se podría resumir en tres frases:

Lo quiero ahora, lo quiero para mí y quiero que me cueste lo más barato posible

No queremos pasar por procesos que nos hagan madurar, ni recorrer desiertos que nos hagan depender de Dios. Queremos que el Salvador nos solucione el problema y que nos sirva un manjar de frutos cuanto antes. Sin embargo, recibimos semillas que debemos sembrar, regar, cuidar y podar. Y eso quizás nos decepciona.

Además, cuando nos acercamos a Dios, tendemos a pensar en nosotros: Es para mí, yo soy el mayor necesitado, dame esto, facilítame aquello y nos convertimos en los grandes protagonistas del cosmos.

Y encima, queremos que no nos cueste nada. Cuanto más económico, mejor. Si puedo ahorrarme algo de mi vida que no tenga que entregar, muchísimo mejor, como si Dios entrará en esos negocios.

“Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones”. Mateo 19:16–22.

Dios amó a este joven. Él quería algo: heredar la vida eterna. Como aquel hijo pródigo que le pidió la herencia a su Padre aún vivo. Quería una solución ahora. Jesús le respondió que cumpliera los mandamientos, y este joven afirmó que los cumplía todos y cada uno de ellos. Pero entonces, Jesús le respondió que tenía que cambiar su perspectiva, entregar toda su vida a Él, vivir para los demás y que le siguiera. Le pidió lo que quizás más le costaba, en este caso, sus riquezas, y no quiso pagar el precio, mucho menos para que lo disfrutaran otros. Así que se fue triste.

La oportunidad que se nos ofrece es un regalo, y si Dios realmente trabaja en nuestras vidas podremos cambiar nuestra mentalidad de igleburger y tendremos la capacidad de tomar la decisión correcta y no irnos tristes.

Dios quiere que seamos pacientes, que sepamos esperar y entrar en sus procesos. El tiene su tiempo y debemos aprender a seguir viviendo en la esperanza.

Dios quiere que cambiemos nuestra vida de enfoque y vivamos para los demás, porque Él es suficiente.

Dios quiere que estemos dispuestos a pagar el precio, porque sabe que vale la pena.

Ahora…….Paciencia proceso
Para mí….Para los demás
Barato……Pagando el precio

Además, no puedo evitar pensar que, detrás de lo que Dios quiere que hagamos, siempre hay recompensa, de algún tipo. Quizás no es la que imaginamos, quizás no en el tiempo que la imaginamos, quizás no en esta vida o quizás sí, pero no es lo importante. Sí, hay recompensa, una recompensa que no podemos ni imaginar, y otras que sí. Lo que sé seguro, es que el es galardonador de los que le buscan (busca la palabra galardonador en el diccionario). Hebreos 11:6.

Esto, sí lo vivimos juntos, hará la diferencia entre una comunidad y una comodidad. Se parecen, pero no tienen nada que ver. Hablemos de la iglesia.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 161–163). Álex Sampedro.

Menú 30. Las manchas de grasa…

Menú 30. Las manchas de grasa…

a1“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;

Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.

Lávame más y más de mi maldad,

Y límpiame de mi pecado.

Porque yo reconozco mis rebeliones,

Y mi pecado est á siempre delante de mí.

Contra ti, contra ti solo he pecado,

Y he hecho lo malo delante de tus ojos;

Para que seas reconocido justo en tu palabra,

Y tenido por puro en tu juicio.

He aquí, en maldad he sido formado,

Y en pecado me concibió mi madre.

He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo,

Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.

Purifícame con hisopo, y seré limpio;

Lávame, y seré más blanco que la nieve.

Hazme oír gozo y alegría,

Y se recrearán los huesos que has abatido.

Esconde tu rostro de mis pecados,

Y borra todas mis maldades.

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,

Y renueva un espíritu recto dentro de mí.

No me eches de delante de ti,

Y no quites de mí tu santo Espíritu.

Vuélveme el gozo de tu salvación,

Y esp íritu noble me sustente.

Entonces ense ñaré a los transgresores tus caminos,

Y los pecadores se convertirán a ti.

Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación;

Cantará mi lengua tu justicia. Señor, abre mis labios,

Y publicará mi boca tu alabanza.

Porque no quieres sacrifi cio, que yo lo daría;

No quieres holocausto.

Los sacrifi cios de Dios son el espíritu quebrantado;

Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.

Haz bien con tu benevolencia a Sion; Edifi ca los muros de Jerusalén.

Entonces te agradarán los sacrifi cios de justicia,

el holocausto u ofrenda del todo quemada;

Entonces ofrecerán becerros sobre tu altar”.

Salmo 51.

¿Te has sentido culpable de una manera tan profunda que te has considerado el pecador número uno? ¿Te has avergonzado de ti mismo? ¿Hay cosas que has hecho que crees que jamás contarías a nadie? A mí me ha pasado.

A pesar de que me había educado en un ambiente evangélico (alguno puede preguntarse ¿Qué diantre es un “ambiente evangélico”? En fin…) cuando era adolescente tenía mucha culpa encima. Me di cuenta de lo pecador que era. Y no solo por lo que los malpensados que estáis leyendo creéis, cuestiones referentes al sexo, Que obviamente sí:) sino porque me di cuenta de que en mis relaciones era muy egoísta, orgulloso, interesado. Además tenía un montón de complejos, de demasiado gracioso, de gordito, demasiado serio, demasiado “friki”, de pesado, complejo de que las chicas no me hacían caso (el típico: te quiero como amigo, ¡uff!) ¡qué sé yo! Y a todo esto súmale el acné.

Aunque en realidad, en lo más profundo de mi ser, lo que me preocupaba, lo que realmente me entristecía era, ¿qué pensará Dios de mí?

¿Te ha pasado alguna vez?

En aquella época decidí leer la Biblia de principio a fin, buscar a Dios y preguntarle cosas. Además empecé a leer muchos libros que hablaban de Dios. En realidad buscaba respuestas acerca de mí. Quería estar limpio, para siempre. Quería ser lo que Dios quisiera, y no sabía cómo. Pero, poco a poco, Dios me enseñó cosas y empezó a limpiarme. Una vez estaba leyendo un Salmo. Y Dios me habló, o sea, no es que viera a Jesús, ni nada de eso, pero cuando leí ese Salmo supe que había sido escrito hace miles de años, y que había estado esperándome con paciencia en todas las Biblias de la historia. Porque realmente ese Salmo fue escrito para mí.

Era el salmo 119, puedes leerlo si quieres, es el capítulo más largo de la Biblia.

Después de eso tuve muchas experiencias que me ayudaron a acercarme más a lo que Dios espera de mí y a liberarme de mis errores.

En otra ocasión, un buen amigo hizo de sus oídos un bálsamo para mi vida. Le pude confesar todo lo que era y lo que había hecho en el pasado, y te puedo asegurar que me sentí más limpio que nunca.

Sé que Dios me perdona todos mis pecados, pero hablar de uno mismo al descubierto a un amigo es realmente sanador.

Si no lo has probado te lo recomiendo encarecidamente.

“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho”. Santiago 5:16.

Desde entonces he dejado que Dios me siga sanando a través de esta práctica que me mantiene unido a la gente, en paz, y me ayuda a avanzar para ser cada vez más como Jesús.

Y he experimentado lo que el salmista dice en el salmo 51.

Sí, esa es la experiencia de todos los que se han acercado a Jesús y han dejado que Él les limpie de todo error, de todo pecado. Y no hay mayor sensación que sentirte amado por Dios y libre de las manchas de grasa que he producido con mis actos, con mi mente e intenciones, con mi corazón y mi intelecto. Porque Jesús, entre otras cosas, es un Dios que limpia a sus hijos:

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. 1 Juan 1:8, 9.

No te preocupes del que dirán, a Dios no le asusta ni le sorprende nada de lo que hayas hecho, sé valiente y acércate al trono del regalo del perdón para el oportuno socorro. No te arrepentirás.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 155–159). Álex Sampedro.

Menú 29. El precio: la diferencia entre una hamburguesa y un bistec

Menú 29. El precio: la diferencia entre una hamburguesa y un bistec

a1¿Estás dispuesto a pagar el precio? Sí, hay un precio que pagar. Aunque Jesús nos salvó por gracia, seguirlo cuesta y cuesta mucho. El nos lo dijo así:

“Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo”. Lucas 14:27.

“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”. Romanos 8:17.

Jesús lo tenía todo, era el Hijo de Dios. Podía haberse hecho el rey del mundo sin necesidad de sufrir, pero eso no nos hubiera salvado. Tuvo que pagar un precio, pero no por Él, sino por los demás. Por eso la pregunta es ¿estoy dispuesto a pagar el precio por los otros?

Todos, si somos más o menos inteligentes, estamos dispuestos a sacrificar algo de nosotros por un bien mayor para nosotros. Por ejemplo, aunque me apetezca mucho salir esta noche con mis amigos, me sacrifico, me quedo a estudiar, sabiendo que mañana en el examen lo podré hacer bien, aprobaré y tendré la recompensa de mi terrible sacrificio. Es algo que hago por mí. Pero, ¿Me quedaría, no para aprobar yo, sino para que aprobara otro? ¿Estaría dispuesto a pagar el precio si la recompensa fuera para un tercero?

Pues ese es el llamado de Dios. El Señor nos ha llamado para servirlo, pero ¡no se puede servir a Dios directamente! Él no necesita nada de mí, lo tiene todo, sólo puedo servir a Dios a través de servir a los demás.

Yes que mi vida, después de la conversión, cambia de enfoque. Y aunque debo seguir esforzándome para ser cada vez mejor hijo de Dios, para buscar su voluntad, estar con Él, formarme como Dios quiere, etc. debo enfocarme en lo que puedo hacer por los demás: cómo buscar nuevos hijos de Dios, buscar su voluntad en otros, ayudar a otros a estar con Él, formarlos como Dios quiere, y traer su Reino a esta tierra.

Y entonces, lo que hago ya no me tiene a mí como protagonista, sino a Dios y a los demás.

“Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”. Lucas 10:27.

Estos son los mandamientos que Jesús nos enseñó como los más importantes. Y alguno podría decir: Entiendo que tengo que amar al Señor, y también lo haré con mi prójimo, pero ¿Qué hay de mí?

El Señor sabe que somos capaces de hacer muchas cosas para nosotros. ¿Somos capaces de hacer lo mismo por Dios y por los demás? Ese es el precio a pagar al que nos llama el Señor.

Dios ya ha hecho todo lo necesario por nosotros, ya pagó el precio que hacía falta para rescatarnos, ahora es nuestro turno. Y en realidad, pagar el precio, trae consigo una vida cristiana plena, justicia, paz y gozo. En el fondo, ésta es la verdadera felicidad, lo que realmente alimentará tu alma. No hay mayor alegría que cumplir con estos dos mandamientos.

Por eso debes escoger entre vivir con la mentalidad de igleburger y disfrutar del evangelio solo para ti, o decidir probar el bistec de vivir para Dios y para los demás.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (p. 151-154). Álex Sampedro.

Menú 28. Desayuno nutritivo: Café y maná

Menú 28. Desayuno nutritivo: Café y maná

a1“Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche”. Éxodo 13:21.

“Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no”. Éxodo 16:4.

“Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: Al caer la tarde comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios. Y venida la tarde, subieron codornices que cubrieron el campamento; y por la mañana descendió rocío en derredor del campamento. Y cuando el rocío cesó de descender, he aquí sobre la faz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra. Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer”. Éxodo 16:11–15.

¡Libertad! Sí, pero ahora viene la aventura. A veces las cosas se pondrán tan difíciles que querré volver a tener las costumbres de Egipto. El desierto es un lugar muy duro para vivir. De hecho, si Dios no hubiera estado con ellos, hubieran muerto en el desierto por falta de comida y agua, sin contar con las inclemencias del tiempo, un calor abrasador durante el día y un frío que helaba los huesos por las noches.

Seguir a Jesús es imposible sin la ayuda de Dios. Es un camino de libertad sí, pero a veces será difícil. Hay una tierra prometida al final del camino, pero necesitamos a Dios para llegar allí.

En el desierto, Dios estaba presente en forma de nube de día, que les cuidaba del sol y una columna de fuego en la noche para guarecerse del frío. Sin esa presencia sobrenatural el pueblo de Israel hubiera desaparecido antes de llegar a ningún sitio. Esa presencia los guiaba, los detenía, los protegía, cuando la columna se movía, ellos también, cuando la columna paraba, ellos acampaban. Dependían de la columna de Dios.

Hoy, muchos cristianos pretenden vivir la vida espiritual, la libertad del Espíritu, sin su Espíritu. Sin el Espíritu Santo.

Su Espíritu no es algo que nosotros tenemos y que podamos controlar, Él nos dirige a nosotros a través de la Palabra, no nosotros a Él. Él nos tiene.

No es nuestra mascota para que le mandemos que haga cosas a la de una, dos y tres. El Espíritu Santo es Dios, y va por delante.

Si te alejas de su nube acabarás chamuscado en la aventura, así de simple. Nuestro llamado es a seguirlo allí donde nos quiera llevar, y no amedrentarnos.

Para tener fuerzas en esta travesía es necesario alimentarnos bien, y Dios, en este caso también proveyó. Se puso a cocinar un manjar de los cielos y se lo envió cada día a los israelitas: El maná.

Tiene buena pinta. Cada día recogían para su sustento, excepto el viernes que recogían para dos días. En ese alimento estaban todos los nutrientes necesarios para crecer, fortalecerse, cobrar ánimo y caminar mucho. Por un desierto. Algunas veces los israelitas se quejaron de la dieta, quizás porque les parecía poco nutritiva o variada, pensaban que no sería demasiado saludable y querían algo “mejor”, como una buena carne, ¿Qué tal una hamburguesa? Sin embargo, el maná siempre los mantuvo con vida. Todo lo que se preparaba tenía el maná como ingrediente principal, era su ingrediente secreto para todas sus recetas, algo que jamás se volvió a repetir. En el cielo pediré una ración a ver que tal.

Y no lo comieron durante una semana o dos, sino durante cuarenta años en el desierto, por varios motivos. En resumen, hubo toda una generación que no se atrevió a luchar y a seguir con la aventura y que pereció en el desierto.

Los que entraron a luchar por la tierra prometida fueron los niños y niñas que se habían criado a base de maná. Esos niños, indefensos al salir de Egipto, fueron los guerreros que años después de desayunar, comer y cenar maná, y de las duras situaciones que tuvieron que vivir, estaban preparados para pelear contra quien se pusiera delante, incluso gigantes. Liderados por Josué hicieron cosas increíbles.

Hoy,

Dios nos ha sacado de Egipto, y algunos pensábamos que automáticamente todo estaría solucionado. Y aunque, en cierto sentido es verdad, ahora es cuando comienza nuestra aventura. Habrá desiertos, habrá decisiones difíciles que tomar, diferentes caminos que elegir, inclemencias, situaciones adversas, ¿Qué clase de aventura sería si no? Y, por supuesto, al final espera una tierra prometida.

Y te quiero decir que estás loco si pretendes vivir fuera de tu Egipto sin la ayuda de Dios.

Dios ha provisto de su Espíritu para ti, esa nube de día y fuego de noche, que estará siempre contigo y te guiará, te consolará.

Su presencia es lo más importante, sin ella no vayas a ningún sitio, sé siempre consciente de que vives para Él, frente a Él, y que tu obsesión sea seguirlo. En medio del desierto es una cuestión de vida o muerte. Él nos dio su Espíritu para que no andemos como antes, aprovecha la relación que tienes con Dios para vivir hacia donde Dios te ha llamado.

Y necesitas alimentarte bien. Deja tu mentalidad “igleburger” y comienza a probar el maná. Jesús nos dijo que era el Pan que descendió del cielo:

“Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”. Juan 6:35.

Él es el maná, Él es suficiente, Él es lo que nos nutre, Jesús y nadie más. Muchos pretenden saber muchas cosas y parece que Jesús ya les resulta demasiado aburrido, ese tema ya está pasado, necesitan algo más profundo. ¿Más profundo? ¿Qué puede haber más profundo?

“Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado”. 1 Corintios 2:2.

Jesús se dio por nosotros como maná, y si queremos vivir aquí, necesitamos alimentarnos de nuestra relación con Él cada día. Conocerlo más, nutrirnos más de Él y de su Palabra; sin ella estamos perdidos.

Ese maná debe ser el ingrediente fundamental de todo lo que hagamos, no puede haber un mensaje sin Jesús, no puede haber un ministerio sin Jesús y su cruz, no puede haber una comunidad que no tenga al maná divino como ingrediente principal.

Si decides que Jesús sea lo principal en tu vida y te alimentas de Él, y sustentas tu vida en Él, crecerás, incluso en el desierto, y Dios te dará la capacidad para entrar en la tierra prometida.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 145–149). Álex Sampedro.

Menú 27. Despedida de soltero: La última cena

Menú 27. Despedida de soltero: La última cena

a1Muchos, muchos años después se celebró otra cena, en Jerusalén, que recordaba a aquella que se celebró en Egipto. Era la Pascua, la fiesta de los panes sin levadura, durante miles de años se había celebrado recordando que era Dios el que salvaba, que nadie podía hacer nada para ser libre, solo Dios los podía rescatar, y lo hizo con toda su fuerza en Egipto. El cordero sobre la mesa sin un hueso roto como marcaba la tradición, y ese pan sin levadura recién hecho todavía estaba caliente, recién sacado del horno. Y nada como un buen vino mediterráneo para acompañar una buena carne. Y ese Dios que en el pasado los liberó, ahora estaba sentado en la mesa con ellos, disfrutando de aquel banquete.

Su Pascua. La que el instituyó para que recordáramos.

Jesús sabía que después de esa fiesta, en la madrugada, lo iban a apresar, sería traicionado por uno que compartía mesa y plato con Él. Y en unas horas moriría en una cruz. Era su última cena. Su última fiesta, y quería aprovechar ese momento con sus amigos. Él vino a esta tierra a por su novia, una novia que había sido esclava por mucho tiempo. Por eso dejó la gloria del Padre. ¡Jesús vino a la tierra para buscar novia! Pero sabía que eso le iba a costar muy caro. Quería traer salvación a este mundo, a todo el que clamara a su Nombre. Todos habíamos decidido negar su amor, intentar hacer las cosas por nuestra cuenta sin contar con Él. Pero, a pesar de todo, Él vino por nosotros. Para librarnos del temor a la muerte.

“… y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre”. Hebreos 2:15.

Pero sabía que igual que en aquella pascua de antaño, alguien tenía que pagar para salvar a los esclavos. Alguien tenía que morir.

En aquella despedida de soltero Jesús les estaba diciendo a sus amigos que Él iba a pagar por nuestra redención (El pago que hace falta para que un esclavo sea libre), y que nos esperaría para celebrar la boda pronto.

“Yles dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios”. Lucas 22:15, 16.

Aquellos que estaban en la mesa tomaron pan, el pan de la Pascua, y vino (del bueno, ¿Qué exégeta serio puede defender, a día de hoy, que era mosto?). Jesús les dijo que eso representaba su vida. En el texto falta el ingrediente principal de la mesa, el Cordero. EL que de verdad iba a sufrir.

El Señor les dio a entender que aquella salvación que se había celebrado durante años, aquel símbolo repetido cada Pascua, se iba a hacer realidad delante de ellos. Y no sólo para un pueblo, sino para todos los pueblos. Y que no iban a ser libres solo de un sistema, iban a ser libres del sistema que gobierna todo el mundo. La esclavitud de la muerte, el destino de todos.

“Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte”. 1 Corintios 15:26.

Porque, cuando uno vive en ese Egipto, cree que no tiene opción, que nació para ser esclavo y al final morir. JHVH vino a romper con eso. A salvarnos a cada uno de nosotros para hacer un nuevo pueblo, a rescatarnos de nosotros mismos, de nuestros pecados, de nuestra vida sin sentido, y a darnos verdadera libertad.

Jesús pagó por nuestros pecados, sufrió injustamente, como aquel cordero de la Pascua. Por eso lo llaman el Cordero de Dios. El primogénito que iba a morir a cambio de los demás.

“Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios”. Juan 1:36.

En aquella cena, Jesús estaba celebrando la libertad que iban a vivir aquellos que estaban con Él. Pero, a la vez, por dentro, su alma estaba angustiada. Sabía que ahora le tocaba a Él. Él era la verdadera Pascua, Él era el verdadero Cordero, el que fue inmolado antes de la fundación del mundo. (Apocalipsis 13:8).

Él era el plan de Dios, incluso antes de Adán, no lo improvisó. Fue su eterno plan, lo que iba a ocurrir desde un principio. ÉL mismo, el Ser perfecto se iba a entregar por su creación. El amor elevado al infinito, el Creador que muere por su creación. La humildad del Ser más grande del universo. Y así, Jesús me salvó, y por eso me siento en su mesa, y recuerdo (celebro) con el pan y el vino, que Él es el Cordero que murió por mí, que no lo merecía, pero me sacó de mi Egipto para llevarme a vivir una aventura eterna. Por eso recuerdo aquella despedida de soltero, cada vez que me siento con mis amigos a recordar aquella Pascua, esperando el día en el que me siente en la boda de mi amigo Jesús, lo que la Biblia llama “las bodas del Cordero”. Aquel día Jesús volverá a tomar vino conmigo.

“Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado”. Apocalipsis 19:7.
Mientras tanto, como amigo del novio que soy, sigo buscando a quién más puedo invitar a esa boda. ¿Te apuntas? Hoy disfruto de su libertad, disfruto de mi familia, disfruto del pan y el vino.
Mientras tanto, en los postes, el vertical y el horizontal, la sangre del Cordero.
Sampedro, Á. (2013). Igleburger (p. 141-144). Álex Sampedro.