Menú 31. El evangelio de oferta

Menú 31. El evangelio de oferta

a1La mentalidad igleburger se podría resumir en tres frases:

Lo quiero ahora, lo quiero para mí y quiero que me cueste lo más barato posible

No queremos pasar por procesos que nos hagan madurar, ni recorrer desiertos que nos hagan depender de Dios. Queremos que el Salvador nos solucione el problema y que nos sirva un manjar de frutos cuanto antes. Sin embargo, recibimos semillas que debemos sembrar, regar, cuidar y podar. Y eso quizás nos decepciona.

Además, cuando nos acercamos a Dios, tendemos a pensar en nosotros: Es para mí, yo soy el mayor necesitado, dame esto, facilítame aquello y nos convertimos en los grandes protagonistas del cosmos.

Y encima, queremos que no nos cueste nada. Cuanto más económico, mejor. Si puedo ahorrarme algo de mi vida que no tenga que entregar, muchísimo mejor, como si Dios entrará en esos negocios.

“Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones”. Mateo 19:16–22.

Dios amó a este joven. Él quería algo: heredar la vida eterna. Como aquel hijo pródigo que le pidió la herencia a su Padre aún vivo. Quería una solución ahora. Jesús le respondió que cumpliera los mandamientos, y este joven afirmó que los cumplía todos y cada uno de ellos. Pero entonces, Jesús le respondió que tenía que cambiar su perspectiva, entregar toda su vida a Él, vivir para los demás y que le siguiera. Le pidió lo que quizás más le costaba, en este caso, sus riquezas, y no quiso pagar el precio, mucho menos para que lo disfrutaran otros. Así que se fue triste.

La oportunidad que se nos ofrece es un regalo, y si Dios realmente trabaja en nuestras vidas podremos cambiar nuestra mentalidad de igleburger y tendremos la capacidad de tomar la decisión correcta y no irnos tristes.

Dios quiere que seamos pacientes, que sepamos esperar y entrar en sus procesos. El tiene su tiempo y debemos aprender a seguir viviendo en la esperanza.

Dios quiere que cambiemos nuestra vida de enfoque y vivamos para los demás, porque Él es suficiente.

Dios quiere que estemos dispuestos a pagar el precio, porque sabe que vale la pena.

Ahora…….Paciencia proceso
Para mí….Para los demás
Barato……Pagando el precio

Además, no puedo evitar pensar que, detrás de lo que Dios quiere que hagamos, siempre hay recompensa, de algún tipo. Quizás no es la que imaginamos, quizás no en el tiempo que la imaginamos, quizás no en esta vida o quizás sí, pero no es lo importante. Sí, hay recompensa, una recompensa que no podemos ni imaginar, y otras que sí. Lo que sé seguro, es que el es galardonador de los que le buscan (busca la palabra galardonador en el diccionario). Hebreos 11:6.

Esto, sí lo vivimos juntos, hará la diferencia entre una comunidad y una comodidad. Se parecen, pero no tienen nada que ver. Hablemos de la iglesia.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 161–163). Álex Sampedro.

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